We Will Rock You ― Queen
―Buenos días.
Helena sonrió al escuchar la voz de James en su oído y abrió los ojos lentamente.
―Buenos días.
―He preparado el desayuno. ¿Vienes a la cocina o prefieres que te lo traiga aquí?
―Voy a la cocina. ―Se incorporó un poco y se encogió de hombros―. Gracias por prepararlo.
―Era lo mínimo. ―James suspiró y se revolvió el pelo―. Helena, yo… Joder, no sé ni qué decirte después de lo de anoche. Te juro que es la primera vez que me pasa.
―¿No es eso lo que dicen siempre los tíos cuando les pasa esto?
―Pero te juro que es verdad. ―Se sentó y le acarició la mejilla―. Lo siento.
―¿De verdad que no te pasó porque te acojonaste? Sé que no tenemos nada serio y, de verdad, no espero nada. Si sigo siendo virgen es porque no he encontrado a nadie con quien me apeteciera hacerlo. No es que haya tenido muchas oportunidades, ¿no? ―Se mordió el labio―. Tampoco soy tan mayor, tengo 16 años.
―Lo sé.
―Pero me dijiste que eso no era ningún problema. ¿Ahora lo es?
―No, Helena, claro no ―insistió―. No sé por qué pasó, pero tú no tuviste nada que ver. Eres increíble y guapísima, muy inteligente, decidida… Eres maravillosa, de verdad.
―Y, entonces, ¿qué pasó? ―Insistió―. Venga, confía en mí. ¿Te… te acordaste de alguien? ¿De otra chica, quizás?
Jame suspiró. Claro que se había acordado de otra chica. ¿Cómo no iba a acordarse de Lizzy en aquella situación? Se acordó del ascensor y de Just the way you are. Se acordó de sus ojos llorosos el día que le dijo que no podía seguir con aquello. Y fue él quien no pudo seguir con aquello. Y eso que lo intentaron mucho.
―¿He acertado?
―Algo así pero, de verdad, no es importante.
―Si tú lo dices… ―Suspiró―. James, si tenemos un problema, tenemos que encontrar una solución, ¿no crees?
―Helena, son solo paranoias, en serio. Vamos a desayunar, anda.
―Si tú lo dices…
Apartó la mirada y James se sentó a su lado, la sujetó de la barbilla con delicadeza y la giró hacia él para poder besarla.
―Eres maravillosa ―repitió.
―¿Pero?
―Pero todo el mundo debería tener su primera vez con alguien que les quiera.
―Ya, bueno, yo no creo eso. Yo solo creo que hay que hacerlo con quien te apetezca y punto. ¿Para qué complicar más las cosas? Nunca he sido una de esas niñas tontas y cursis. ―Negó con la cabeza―. ¿Quiere esto decir que no vamos a vernos más?
―Claro que no. Me gusta salir contigo. ―Acarició su mejilla y sonrió―. No te enfades, ¿vale? No quiero que te precipites, ni que tomes decisiones de las que puedas arrepentirte.
―¿Y tú eres eso?
―Podría serlo. ―Volvió a besarla y la miró fijamente a los ojos―. Venga, vamos. O el café se enfriará, las tostadas se pondrán duras y el zumo perderá todas sus vitaminas.
La rubia se mordió el labio y asintió lentamente. Sabía que aquello afectaría a su relación, pero en aquel momento no podía hacer nada más.
Rose se despertó y arrugó el ceño al ver una luz cerca de su cara. Miró a Lizzy, que estaba con el móvil, y sonrió.
―Buenos días. ¿Qué tal la resaca?
―Horrible.
―Normal, menuda llevabas anoche.
―Muchas gracias por traerme aquí.
―No estabas como para quedarte sola.
―Lo sé. ―La morena suspiró y se incorporó―. Es que… no sé qué me dio.
―¿Quieres que te refresque un poco la memoria de lo que dijiste cuando llegamos?
―No hace falta, me acuerdo perfectamente. ―Lizzy se mordió el labio y bajó la mirada―. Pero estaba borracha. No me lo tengas en cuenta.
―Se supone que los borrachos y los niños siempre dicen la verdad y tú prácticamente confesaste que estabas enamorada de James.
―Creo recordar que solo dije que, a lo mejor, me gustaba un poco.
―¿Y eso no te parece suficiente? ―Rose también se incorporó y le dio un golpecito en el hombro―. Venga, Lizzy, no es malo sentir cosas. Es un poco idiota, pero definitivamente no es malo.
―No quiero hablar de esto, en serio.
―Está bien… ―La pelirroja suspiró―. ¿Te quedas a desayunar?
―Te invito a desayunar fuera, anda. Bastante has hecho dándome cobijo esta noche. ―Lizzy sonrió―. Pero tienes que ponerte la ropa de anoche porque, si no, me vas a dejar fatal.
―¿En serio?
―Venga, tía. Así parecerá que las dos vamos de empalme y no que yo me emborraché y acabé durmiendo en tu piso.
―Bueno, vale, pero solo porque soy una buenísima amiga.
―Por eso, claro. ―La morena lanzó una carcajada y negó con la cabeza―. Oye, ¿no crees que debería invitar también a Scorpius? Te ayudó a traerme y fue súper amable anoche.
―Se rió de ti y discutió conmigo así que yo diría que no.
―Yo también me habría reído de mí misma, para ser sinceros. Y, ¿cuándo no discutís vosotros dos?
―Es que no acepta la verdad ―protestó―. Yo solo le dije que su abuela es una clasista.
―Joder, es un poco fuerte, ¿no?
―¡Pero es la verdad! ―Insistió―. Si la conocieras, dirías lo mismo que yo.
―Ya, pero decírselo así a la cara… Todos adoramos a nuestras abuelas, ¿no? Yo adoraba a las mías ―contestó―. Supongo que es difícil ver los errores de la gente a la que queremos.
―Qué sabia eres con resaca, ¿no?
―Soy sabia siempre, lo que pasa que no lo demuestro todo lo que debería. ―Sonrió y bajó la mirada―. Bueno, tampoco lo soy tanto.
―No creo que seas un caso perdido ―murmuró Rose, haciendo que la otra frunciera el ceño―. Lo que dijiste anoche. No todo el mundo puede hacer un doctorado, ¿sabes? Aunque no tengas beca es algo grande y el tema… bueno, hay que saber de todo, ¿no? Hay expertos en cosas rarísimas y yo creo que tu tema es interesante.
―Gracias.
―Anda, ¿nos vestimos y vamos a desayunar? Han abierto un sitio aquí cerca que hace unas tortitas que te mueres. Las ponen dulces con chocolate o caramelo o saladas con beicon o huevo.
―Eso suena demasiado bien. ―Lizzy asintió―. Venga, vamos. Aunque, en serio, voy a pasarme a darle al menos las gracias a Scorpius.
―Solo hizo lo que debía.
―Voy a hacerlo te pongas como te pongas. ―Se levantó de la cama y se estiró―. Dios, me duele todo. ¿Dónde está el baño?
―La puerta que hay justo al lado, no tiene pérdida.
―Gracias.
Se dirigió hacia allí y Rose suspiró y también se levantó. ¿Pero por qué parecía que a todo el mundo le caía bien Scorpius? De repente, una idea cruzó su mente. ¿Y si…? Cogió el móvil, buscó la canción en YouTube y le dio a play pero, justo cuando We will rock you comenzaba a sonar a todo volumen, cambió de opinión y cortó la música. Lo mejor sería no volver a iniciar la guerra. Suspiró, cogió la ropa que había dejado la noche anterior sobre la silla y negó con la cabeza. Necesitaba una ducha y, definitivamente, no iba a volver a ponerse aquello. Lizzy tendría que aguantarse.
―Oye, Lils, ¿podemos hablar?
Lily frunció el ceño al escuchar la pregunta de su hermano, pero asintió lentamente.
―Claro, habla.
―En privado.
―No hay nadie más en la habitación.
―Ya, pero Alice podría salir y escucharnos y… no quiero que se entere ―respondió, bajando cada vez más el tono de voz.
―Está bien ―accedió finalmente. ¿Le habría contado Alice por fin la verdad?―. Vamos a mi cuarto, anda.
Lo cogió del brazo y tiró de él hacia su dormitorio. Cerró la puerta nada más entrar y se sentó en la cama aunque Albus, en lugar de sentarse también, enarcó una ceja y negó la cabeza al ver todo el desorden.
―¿Cómo puedes vivir aquí?
―Paso poco tiempo aquí dentro y, cuando estoy, no me preocupa demasiado que haya cosas tiradas. Además, estoy muy liada. Tengo mucho que estudiar, no tengo tiempo de recoger ―protestó―. Bastante hago limpiando las zonas comunes.
―Hombre, no irás a hacer que la pobre Alice lo limpie todo, ¿no? ¡Que está muy liada con las prácticas!
―Mira, no vamos a empezar otra vez con esto. Yo solo te digo que no me vayas a comparar Química con Magisterio.
―No te lo comparo, pero tampoco te comparo a ti con el resto de tu promoción.
―Como si no me costara. ―Bufó―. Y, ahora, dime. ¿Qué pasa?
―Estoy preparándole a Alice una sorpresa para su graduación y necesito tu ayuda.
―¿Eh?
―A ver, le voy a preparar una cosa especial el fin de semana anterior. Voy a llevármela a París. Sé que es un cliché, pero nunca hemos estado y sé que a ella le haría mucha ilusión ir así que llevo desde que empezamos a salir ahorrando para poder llevarla. Ya tengo el vuelo y he reservado una habitación en un hotel que me ha costado un riñón, pero que tiene unas vistas increíbles, y quiero llevarla a cenar a un sitio bonito porque, aunque vaya a estar con ella en su graduación, entiendo que es un día que quiere vivir con sus padres y su hermano.
―Dios, eso es una puta pasada. ―Lily abrió mucho los ojos y la boca y tuvo que contener un grito―. ¡Albus, eres un romántico!
―Ya, bueno… ―Se rascó la cabeza y se sonrojó un poco―. El caso es que necesito que alguien le haga la maleta a Alice sin que se dé cuenta.
―Eso está hecho, ya verás. Dios, qué incómodo va a ser guardarle la lencería sabiendo que mi hermano va a quitársela. ―Puso cara de asco y negó con la cabeza―. Pero intentaré no pensar en eso.
―Eres la mejor.
―¿Cuándo os vais exactamente?
―El viernes 9 ―contestó―. Alice termina a las dos y tenemos el vuelo a las cinco. Iré a recogerla a la facultad y, si vienes conmigo, puedes quedarte con sus cosas de clase para no tener que llevarlas al viaje.
―Sí, claro.
―Cuento contigo y no le digas nada a nadie, ¿vale?
―Eso está hecho.
―Oye, por cierto… ―Enarcó ambas cejas y aguantó una sonrisa―. ¿Dónde está Theo?
―Se ha ido temprano.
―Últimamente pasa mucho tiempo aquí, ¿no?
―Es normal ―contestó, frunciendo el ceño―. Llevamos un tiempo acostándonos, no sé si te has enterado. Puedo darte detalles, si quieres, pero creo que nos incomodaría a ambos.
―No me refería a eso. Y no, no quiero esos detalles. Gracias.
―¿Entonces?
―No sé. Me preguntaba si, a lo mejor…
―No estamos saliendo así que ni lo insinúes ―lo cortó.
―Algún día tendrá que pasar, Lils.
―No, no va a pasar nunca. Ya salí con un tío en serio y acabé fatal, ¿no te acuerdas?
―Pero eso no significa que no puedas volver a salir en serio con nadie ―protestó Albus―. Y Theo y tú hacéis muy buena pareja.
―Sí y, ¿sabes por qué? Porque él tampoco quiere nada serio. ―Bufó y negó con la cabeza―. Anda, dejemos esta conversación y volvamos fuera, que seguro que Alice ya ha salido de la ducha y puede empezar a sospechar.
Se levantó de la cama y salió del dormitorio y su hermano, tras poner los ojos en blanco, no tardó en seguirla. No sabía ni por qué lo seguía intentando. Solo quería que su hermana fuera capaz de expresar sus emociones y dejara de guardárselas para sí misma. Él era una de las personas que mejor la conocía y sabía perfectamente que, bajo esa coraza de chica dura que pasaba de todo, había un corazón vulnerable que escondía para que nadie pudiera hacerle daño otra vez. Y eso no era bueno. Todos deberíamos ser capaces de expresar nuestros sentimientos sin miedo.
―Ey, ¿qué hacías? ―Preguntó Alice, secándose el pelo con una toalla.
―Nada. El imbécil de tu novio estaba soltándome la charla de siempre de «sé monógama; ten pareja estable; queda para algo más que para follar» ―contestó su amiga―. Parece que no es feliz si no me lo dice cada vez que empiezo a verme más de tres noches con un tío.
―Albus, deja a Lily tranquila. Ella es como es y tú deberías saberlo.
―Está exagerando ―se defendió el chico―. Yo no hago eso y solo le he preguntado si tenía algo un poco más serio con Theo.
―Pero eso solo nos incumbe a Theo y a mí.
―En eso tiene razón. ―Alice sonrió y apoyó una mano en el hombro de su novio―. Venga, cariño. No seas así.
―Y no lo soy, pero…
―Pero nada. ―Lily arrugó un poco el ceño―. Soy mayor y responsable.
―Lo sé. Siempre lo has sido.
―Entonces no tienes que preocuparte por nada.
―Solo preguntaba.
―Lo que sea. ―Negó con la cabeza―. Me voy a estudiar. Tengo el examen de Orgánica en nada y mi profesor está flipando conmigo. Dice que nunca ha visto a nadie remontar así la asignatura. Ese uno me sentó fatal, pero me vino muy bien. Como mínimo sacaré un sobresaliente, pero espero la matrícula.
―¡Otra para la colección! ―Exclamó su hermano.
―Tampoco tengo tantas.
―Yo tengo una ―murmuró Alice.
―Y yo ninguna y tú, si no llevo la cuenta mal y sé que no la llevo mal porque papá presume siempre de lo lista que es su princesa, tienes 25.
La pelirroja lo imitó con voz de pito antes de empezar a reír y meterse en su cuarto y Alice se acercó a Albus y apoyó el brazo en su hombro, poniéndose de puntillas.
―Maitea, tu hermanita es un genio, ¿qué le vamos a hacer? Todos los grandes genios son excéntricos y ella no quiere salir con nadie.
―No. No tiene nada que ver con eso ―replicó―. No quiere salir en serio con nadie porque un gilipollas le hizo daño con 15 años. No es como Rose, por ejemplo, que nunca ha pensado en parejas ni nada de eso. Lily creía en el amor, Alice.
―Y si tiene que volver a creer, volverá a creer ―le aseguró ella―. Pero ahora es feliz así y tú tienes que dejarla tranquila.
―Lo sé.
El pelinegro suspiró y su novia lo besó con dulzura.
―Maite zaitut ―murmuró. Empezó a besar su cuello y se pegó más a él―. ¿Vamos a mi cuarto?
―¿A qué… ? ¡Oh! ―Sonrió de medio lado―. ¿No tienes que estudiar?
―Puedo posponerlo.
―Mira quién está siendo una irresponsable de repente.
―Oye, ¿prefieres que te eche y me ponga a estudiar solita? ―Lo miró con picardía y sonrió y Albus la cogió en brazos―. ¡Albus!
―¿Pero no íbamos para tu cuarto? ―La besó y sonrió―. Dios. No sé qué haría sin ti.
La castaña se quedó callada unos instantes, sin saber muy bien qué decir y con la culpabilidad oprimiéndole el estómago.
―Albus ―murmuró―. Tengo que contarte algo.
―Claro, dime ―dijo él, dejándola en el suelo y mirándola con el ceño fruncido―. ¿Va todo bien?
―No. No. ―Negó con la cabeza y apartó con la mirada―. Mis padres me han dicho que no me van a dar más dinero cuando me gradúe.
―¿Y eso qué quiere decir?
―Que, si no encuentro trabajo pronto ―tomó una bocanada de aire y volvió a mirarlo―, tendré que volver a casa.
Ambos guardaron silencio unos instantes pero, rápidamente, Albus se acercó y la abrazó con fuerza.
―No pasa nada. Encontrarás algo, ya verás ―murmuró en su oído―. Te ayudaré a buscar.
Ella asintió. Debería terminar aquella conversación y decirle que estaba planteándose volver, que ya no le parecía tan mala opción. Debería preguntarle qué iban a hacer si, al final, se iba a Euskadi. Pero no lo hizo. No podía hacerlo. No quería plantearse una ruptura.
―Hazme el amor ―dijo, en un susurro.
―¿Estás…?
―Sí ―lo cortó―. Por favor.
Albus la miró fijamente a los ojos antes de besarla lentamente y conducirla hacia su dormitorio. Él también necesitaba aquello. La noticia lo había puesto muy nervioso y, simplemente, necesitaba sentir a Alice lo más cerca posible. No quería que se fuera tan lejos, no sabía qué sería de ellos si se marchaba. Las relaciones a distancia eran muy complicadas y… tenía miedo. Pero no era momento de darle vueltas a eso. Ahora solo quería perderse por completo en ella y dejar de pensar. Ya lo solucionarían.
Hola a todos :)
Ay, Albus es lo más cuqui del mundo queriendo llevar a Alice a París por su graduación (chicos del mundo, aprended, pls) y por fin Alice le ha contado lo que pasa (o, al menos, parte de lo que pasa). Ay, a ver cómo solucionan esto...
Y parece que James y Helena no pudieron rematar al final xDD Ay, vaya tela, pobrecillos.
Y, oye, parece que la relación de Rose y Scorpius mejora a pesar de las peleas (por lo menos esta vez no ha habido música a tope, ni cortes de luz xD).
Por cierto, como quería probar Wattpad y este AU es muy muy AU (en plan, solo uso realmente los nombres), he empezado a subir la historia como original en esa plataforma (por si lo veis o lo que sea, que sepáis que soy yo :)).
Y, dicho esto, un beso enorme y, como no actualizaré esta historia antes de Nochebuena probablemente, tened una muy muy feliz Navidad y no comáis ni bebáis demasiado ;)
María :)
