Capítulo 25: Donde hubo fuego ¿cenizas quedan?
-¡Sirius Black!- entró gritando la pelirroja al cuarto de los merodeadores.
El grito resonó en la cabeza de Sirius, y Remus salió de una torre de mantas entrecerrando los ojos pues la luz le molestaba.
Sirius le lanzó a la pelirroja una mirada asesina. Nadie despertaba a Sirius Black de esa forma, menos después de una "noche de copas"-
-¿Pero a ti qué demonios te pasa?- le contestó furioso.
-No me hables en ese tono, Sirius…-
Hermione entró con una sonrisa pícara y el instinto conquistador de Sirius se alertó.
-Tranquila preciosa, no es contigo, es con tu "dulce y delicada" compañera.-
-Te puedes meter tu sarcasmo por donde no te llegue la luz, Black-
-¡Vaya! Pero se nota que eres toda una dama, Evans. Le diré a Prongs que reconsidere salir contigo, mira que los hijos les pueden salir como tú y perder toda la caballerosidad Potter.
-¡Cállate Black!-
-No le pongas cuidado Lily…- dijo Remus mientras acomodaba sus cosas y movía sus dedos sobre sus sienes. –A todas estas, ¿Qué hacen ustedes acá?-
-Pues verás mi querido "Moony"- comenzó Lily en un tono un muy cariñoso.- Me encantaría saber por qué demonios le siguen la corriente a James y dejan que Harry tenga tremenda borrachera un día de semana. Es más, sería bastante útil conocer la razón que los llevó a ello…- terminó con un tono peligroso.
Vaya, Lily podría llegar a ser una "madre" bastante sobreprotectora.
-Para realizar el ensayo que me deben entregar la próxima semana deben tener en cuenta el capítulo 14 del libro "Transformaciones humanas" de Gerard Moore…-
Hermione movía rápidamente la pluma y el rasgar de la misma sobre el pergamino era como una bomba para los oídos de los merodeadores, quienes la tenían bastante cerca.
Harry miraba a la profesora McGonagall escribir datos en el tablero y algo muy adentro de él le decía que debía hacer un pequeño esfuerzo y anotar, pero le era virtualmente imposible.
Odiaba a James, quién a pesar de estar viviendo lo mismo que él, parecía bastante concentrado en garabatear un pergamino en lo que parecía un milagro del universo. ¡James Potter estaba tomando notas! Es que el mundo se iba a acabar. ¿Para qué seguir respirando si en cualquier momento caía un meteorito gigante y extinguía a la especie humana?
Ok, tal vez era un poco exagerado, pero a tan extraordinarios eventos debería hacérsele una mención. Ron trataba de utilizar todo su autocontrol para no abarrotar a Harry de preguntas, y sobre todo, necesitaba toda su concentración para lograr que la mitad de su cabello dejara de ser de ese ridículo color azul y volviese a ser "normalmente pelirrojo".
Lily Evans era todo un ejemplo a seguir, al lado de Remus Lupin fijaban toda su atención en la profesora, mientras trataban de grabar directamente en sus memorias la cátedra de aquel día.
Nunca dos horas de transformaciones seguidas se habían hecho "tan" eternas. Era más de lo que habían vivido alguna vez, parece que el tiempo corría inversamente proporcional a sus ganas de estar en sus camas durmiendo.
Harry cabeceaba y apretó los ojos con determinación. Debía hacer algo.
Empezó a mover sus manos mientras se concentraba en algo y a la vez en nada en específico. Más en el mundo de los sueños, que despierto llevó su mano hacia sí mismo, y quién sabe en qué estaba soñando o qué estaba pensando, que una gran cantidad de agua proveniente del Gran Lago empapó a toda la clase.
Aquel suceso logró despertarlo lo suficiente como para que fuera consciente de lo que acababa de hacer. Demonios, maldita magia que no lograba comprender le estaba haciendo volver loco.
Todos sus compañeros revoloteaban mientras se quejaban de lo sucedido. Lily miraba peligrosamente a los merodeadores, quienes por primera vez no tenían que ver con el desorden causado en una hora de clase.
Harry trató de actuar lo menos sospechoso posible y se limitó a preguntar:
-¿Eso da por terminada la clase de hoy profesora?-
La profesora McGonagall asintió con una mirada severa y en menos de lo pensado el aula de transformaciones estaba desierta.
-Otros diez minutos ahí y les juro que me cortaba la cabeza.- dijo Sirius mientras se dirigían al Gran Comedor a almorzar.
-¿Por qué lo dices Padfoot? ¡No ves la clase tan entretenida que estaba! Que lo diga Harry- añadió James con cierto sarcasmo en su voz.
-¡Cállate o te vuelvo a bautizar!-
-¿Así que fuiste tú?- preguntó Remus interesado.
Lily le miró ceñuda y Ron y Hermione algo curiosos, no estaban acostumbrados a ese tipo de comportamiento en el pelinegro.
-Fue sin querer… Magia accidental. Estaba demasiado cansado y empecé a…- trató de explicarse Harry mientras movía las manos imitando lo que había sucedido.
Entraron al Gran Comedor y estaba algo vacío, pero era de esperarse, habían salido más temprano de lo habitual.
-No se ustedes, pero yo me muero de hambre.- dijo Hermione alegremente.
Se sentaron en la mesa y tan pronto apareció la comida se perdieron en ella. Era increíble la velocidad con la que alguien como Ron Weasley podía llegar a comer.
-Mastica Ron, tragar entero no te llenará más.- le regañaba Hermione.
-¡Pefo ef que efta boemifimo!- contestó el pelirrojo con lo que parecía ser un pedazo de filete de carne en su boca.
Después de haber saciado su hambre con tan "suculento banquete", como le llamó Ron, se prepararon para una tarde pesada: pociones dobles.
Harry se sentía mejor después de haber comido algo y ahora su mente trabaja a mil tratando de interpretar lo que había sucedido en transformaciones.
Caminaba despacio detrás de sus amigos, tenía muchas dudas y sentía que debía hablar con Dumbledore de lo que le estaba sucediendo. Luego reparó en que su magia había aumentado desde que había llegado los merodeadores, ¿Tendría que ver con eso?
A forma de lista mental, fue pensando en ciertos puntos que últimamente inundaban su cabeza. Tenía que descubrir que sabía James; debía hallar el origen de ese surgimiento de poderes; y lo más importante, debía planear su cita con Ginny Weasley.
Casi que automáticamente entraron al salón de pociones, nadie se imaginaba lo mucho que podía llegar a detestar esa clase, pero qué más daba… Quería ser auror, y para serlo, tenía que ver pociones. Dicen que los sueños cuestan, pues en cierta parte tenía claro que esa era una de las formas de pagar por ello.
Snape empezó la clase con una aburrida introducción de la poción que prepararían ese día. Filtro de sanación de heridas. Aunque su subconsciente le gritaba que eso era vital en su futura carrera como auror, no podía concentrarse. Miró a su alrededor y reparó que James estaba tomando notas nuevamente en su pergamino. ¿Qué se traía entre manos el ojimiel?
Una de las cosas que se atribuía James Potter era la facilidad de hablar con Sirius en clase. Siempre habían usado un par de pergaminos encantados que hechizaron desde tercer año. Era una conversación instantánea y tenía un plus: los hacía lucir como "alumnos estudiosos que ponían cuidado en clase".
El problema es que en ese momento no tenía ese pergamino consigo, lo había dejado en su tiempo, y tenía que volver al método antiguo de tirar papelitos y arriesgarse a que te cojan.
"Oye Canuto, creo que la pelirroja está cayendo a mis pies. Al fin está dando resultado. Tengo que organizar la mejor cita del mundo, tengo que demostrarle que sí valgo la pena. Había pensado organizar una cena en la casa de los gritos, tipo picnic… Velas iluminando el ambiente, una manta en el piso y decorar el lugar, ya sabes, tipo tu cita con Eli. ¿Qué dices? No se me ocurre nada más. Por cierto, no le hemos buscado apodo a Harry. Había pensado algo como «bigotes» ¿Qué piensas? Muy marica, ¿Verdad? ¿Te diste cuenta que le tomó casi la sexta parte del tiempo en llevar a cabo lo mismo que a nosotros nos tomó casi 3 años? Ese chico es fabuloso. Por cierto, necesito hablar contigo y con Remus, tengo una gran sospecha que necesito confirmar."
Mientras Snape terminaba de dar las instrucciones de la clase, James arrugó el pergamino y en un momento en que creyó que el profesor estaba descuidado, lanzó el papel a Sirius. Sin embargo James no contaba que casi el 80% de la atención de su excompañero de clase y ahora profesor estaba dirigida al grupo del pasado y mientras el papel iba por los aires, Snape lo convocó.
El color de James abandonó su cara y empezó a sudar frío. Sabía que no decía nada explícito pero muchas cosas importantes estaban especificadas en esas 8 líneas. Su secreto corría peligro y podían meterse en grandes problemas si se develaban.
-Parece que el señor McGrown no está muy interesado en la clase hoy. Prefiere mandarle notas de amor a su amigo el señor Sawford. Que pena con ustedes, pero este no es el lugar para hacer público su amor- dijo Snape con insolencia y algo de sorna en su voz.
James lo miró con odio y olvidando dónde estaban y su rol en esos momento, respondió automáticamente.
-La verdad Snivellus, estaba contándole que estás enamorado de él, y recordándole de tu cochina ropa interior que tuvimos que apreciar la otra vez en el lago-
Hermione ahogó un grito y Harry frunció el ceño. Tenía que hacer algo por detener eso o sino acabaría muy mal.
Snape se fue poniendo rápidamente rojo, estaba realmente furioso.
-Mira niñato, puede que antes las cosas hayan sido muy diferentes, pero ahora yo sé cosas que te pondrían los pelos de punta, y no tengo ningún problema en hacer uso de mis conocimientos.-
La clase entera estaba en suspenso. ¿Qué demonios estaba pasando?
-Profesor Snape, le recuerdo que se está dirigiendo a un alumno.- intervino Harry.
-Tu cállate Potter, terminarás igual que él, por algo es que eres su….-
-NO SE ATREVA!- gritó Harry enfadado. Todos los vidrios del salón se rompieron. Temblaba de rabia y no lo podía controlar.
Sirius sorprendido de la reacción del ojiverde volteó a ver a sus compañeros, pero ellos tenían su mirada dirigida a James. Estaba igual que Harry.
Ambos chicos temblaban y parecían desprender un aura que los inquietaba.
-No le voy a permitir que me hable así Potter.-
-Yo le hablo como se me dé la gana.-
Harry estaba salido de sí mismo. Parecía una persona completamente diferente.
Snape abrió los ojos y con un movimiento de la varita lanzó un hechizo de color naranja.
Remus y los chicos miraron boquiabertos en cuestión de segundos. Pero el hechizo nunca impactó contra Harry, porque había un campo que los encerraba a él y a James.
Eso era más de lo que Harry podía soportar. Dejó que todo lo que estaba sintiendo, toda la magia y el poder que sentía correr por su piel lo invadiera y lo dejó liberar.
Como si de una explosión se tratase, unas llamas de fuego salieron de Harry y dieron en todo el salón de clases.
Justo antes de darse cuenta de lo sucedido, Harry se desmayó.
