25. Nostalgia

Cuando llegaron al cuarto de Antonio, encontraron la puerta abierta, adentro se escuchaba el sollozo de alguien, y de otra persona que había llegado antes. La escena que se visualizo ante sus ojos, los dejó helados. José se encontraba de rodillas, con la cabeza de Manuel entre sus brazos, con las manos cubiertas de sangre, mirando con expresión espantada a Antonio. Gruesas lágrimas corrían por sus mejillas y apretaba los dientes, en una expresión de dolor, incomprensión y decepción, tratando de detener la hemorragia de Manuel con su polera.

— ¿Por qué Antonio? ¡¿Por qué Carajo hiciste esto?! — repetía José, una y otra vez apretando los dientes. Por mucho cariño que le tenía, no era capaz de comprender las razones para llegar a esto.

Antonio solo lo miraba, con una expresión vacía, una tranquilidad que resultaba inquietante. Tal vez quería evitar que su mente se diera cuenta totalmente de lo que pasaba, olvidar, hacer oídos sordos a ese dolor que lo ahogaba. José se levanto del suelo, en un principio se acerco lentamente a Antonio, pero los último pasos se apresuro, encontrándose con su pecho, con un corazón que latía totalmente muy distinto a la expresión de su rostro. Y lo golpeo, una y otra vez, ese pecho, como si con eso fuera a lograr hacerlo reaccionar.

Pero ante la poca reacción de Antonio, se dejo caer de rodillas, llorando amargamente. No entendía, no quería entenderlo, pero sabía que la familia que habían sido, comenzaba a desmoronarse.

Rafa se acerco lentamente a Manu, fijándose en los ojos cerrados del chico, en su expresión triste, un dolor del alma que se reflejaba ahora en aquel pálido rostro. Pancho lo siguió fijándose en la triste mirada de Rafa, quien se arrodillaba junto a Manu.

— Lo siento — murmuró mientras gruesas lagrimas comenzaban a caer por sus mejillas — lo siento Diego — y dejo su frente sobre la mejilla de Manu.

— Rafa — Francisco no encontró que decirle. Solo levanto sus manos mirando a Antonio. ¿Cómo podía estar así tan tranquilo?, apretó sus manos y sin evitarlo corrió hacia Antonio. Una mezcla de dolor, de rabia y pena se agolpaban en su pecho.

Antonio alcanzo a ver a Francisco venir. Pero no quiso detenerlo. Recibió el golpe en su rostro, que lo boto al suelo. Y al caer lamentó que este no hubiera sido más fuerte. Fijo su mirada en el piso... y sintió que la sangre corría por su rostro, aunque la sangre de su alma le causaba más daño.

— ¡Maldito! — Le gritó Francisco — ¡maldito mal nacido!

Fijó su atención en el joven México que le gritaba, y su expresión de dolor dio paso a la sorpresa, Francisco lloraba. Lloraba apretando los dientes, y en sus ojos podía notar que lo odiaba. Francisco... lo odiaba...

Los ojos de Antonio se llenaron de lagrimas, y comenzaron a correr en sus mejillas, su rostro se descompuso y cubriéndose con las manos empezó a llorar amargamente. Es que acaso así se acababa todo, acababa de asesinar a uno de sus hermanos menores. Miró sus manos y vio que tiritaban. Y frente a él frente a sus ojos, Manuel en el piso con Rafa llorando. Abrió los ojos sintiendo que comenzaba a enloquecer. Aquellas manos, sus propias manos había acabado con su hermano.

"— ¿Como te llamas pequeña?
— ¿Pequeña?... ¿Que es eso?
— Te llamare Chile ¿te gusta ese nombre?
— No... Y quien te dio permiso para ponerme ese nombre tan feo y raro...
— Desde hoy seré tu hermano mayor, soy España... pero puedes llamarme Antonio
—Anto... nio... hermano - sonrió suavemente con la inocencia de su niñez."

Mantuvo su mirada fija en Manuel mientras aquellos recuerdos venían a su cabeza. Se agarró el pecho sin dejar de llorar, como si quisiera arrancar el dolor que sentía.

Una fría brisa entró por la ventana, movió los cabellos de todos, y curiosa se detuvo frente a Manu. Si hubieran podido verla hubieran notado la triste expresión de su mirada. Toco el rostro del chico con cariño, sabía que afuera a los lejos, en el bosque, la esperaba su nuevo amigo. ¿Qué le diría a aquel joven pirata de cabellos claros? Pero en eso su fría caricia hizo que el joven se estremeciera ligeramente, algo que solo lo notó ella. Volteó esperando que los otros se dieran cuenta. Pero no poseían el don de aquel joven pirata de ver a los espíritus del bosque. Y aunque con desesperación le hizo señas a cada uno, ninguno pareció notarla. Desesperada pensaba devolverse donde el pirata, pero titubeo ¿tendría el tiempo suficiente para ello?. Volteó acercándose a Manuel, y con decisión se lanzo a abrazarlo con fuerzas, en algún momento se quejaría con mayor fuerza al sentir frio, aunque sabía que podía ser peligroso.

Manuel se movió más inquieto y se quejo, Rafa enseguida se acercó más. E inmediatamente gritó a los demás.

—¡Manu aun esta respirando! — tenía miedo que solo fuera por unos segundos, pero tal vez sería suficiente tiempo.

Voltearon todos. Francisco dejo de prestarle atención a Antonio. Juanca se arrodillo al lado de Rafa.

—Enseguida Rafa, trae agua caliente y muchas gasas, debemos detener la hemorragia — ordenó mientras empezaba a limpiar la sangre del rostro de Manuel.

— Vamos Manuel, Diego siempre anda diciendo que eres el mayor testarudo que existe, no dejes a la muerte acercarse — exclamó Gustavo ayudando a Juanca.

— Es un tonto testarudo y se salvara — agregó Juanca sin poder evitar que algunas lagrimas se escaparan de sus ojos.

— Tú... - habló Gustavo sin poder terminar.

— No, se me metió algo en los ojos, los hombres no lloramos — pero la expresión de su rostro daba entender todo lo contrario, aunque en ningún momento lo miró.

La brisa que aun daba vueltas en la habitación los miraba preocupada. Volteó al ver a aquel alto hombre que se levantaba tambaleando del suelo. Y sintió pena al ver aquel rostro tan demacrado. Si sus manos hubieran sido tibias se habría acercado a darle calor, pero no lo eran.

Las vendas las pusieran con rapidez apretándolas con fuerzas y deteniendo así la hemorragia.

— Creo que... estamos listo — agregó Juanca con cansancio pero con expresión más tranquila.

— Buen trabajo — exclamó Gustavo sonriéndole.

— Entonces Manu ¿ya está bien? — preguntó Rafa inmediatamente, observando la expresión de los demás.

— Ya hicimos nuestra parte — agregó Juanca seriamente —, ahora le toca a él, pero ten seguridad que se pondrá bien, solo nos quiso dar un susto.

— A pesar de todo Juanca, tienes un buen corazón — señaló Francisco sonriendo con tristeza ante la expresión de sorpresa del joven, que jamás pensó recibir un elogió de él —, ahora solo nos queda esperar.

La suave brisa los miró preocupada, pero más tranquila. Luego de dar un par de vueltas a su alrededor, se alejo volando por la ventana, pero se detuvo en el jardín. Vio a Antonio que parecía mirar el horizonte con la mirada perdida. Lo observó tristemente. Sacudió ligeramente sus cabellos, como una especie de cariño. Y luego se alejó a encontrarse con el joven pirata de cabellos claros que la esperaba.