Disclamer: Los personajes y lugares de esta historia son todos propiedad de la genial Rumiko Takahashi, yo solo los incordio con mi imaginación.

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Un Prometido de Verdad

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25.

Cada vez hacía más calor.

Los días eran cada vez más largos y luminosos y el profuso pelaje del panda Saotome se veía constantemente húmedo y encrespado por el sudor que transpiraba su enorme cuerpo.

Ranma le observaba ir y venir por la casa resoplando y gruñendo a causa de la fatiga; fruncía el ceño y sacudía la cabeza sin lograr entender por qué su padre pasaba cada vez más tiempo transformado en panda. ¡Con el calor que hacía! Ir con toda esa cantidad de pelo encima debía ser un suplicio.

Está de mal humor solía decidir el chico y no le daba más vueltas al asunto.

Tras la definitiva marcha de los Mouri de sus vidas lo esperable era que todo volviera a la normalidad en el dojo Tendo, sin embargo…

Y lo hará se decía Ranma. Algún día tendrán que superarlo añadía después, retirándose el molesto sudor de la frente con su antebrazo derecho. Supongo.

Ya habían pasado varias semanas desde el incidente ocurrido en el Furinkan, desde la "batalla" (si es que podía llamarse así) final entre Ranma y Mikishito, aunque pensándolo bien Ranma solo había luchado contra aquellos ninjas infernales y ni se había acercado a Mouri quien sí había recibido su merecido a manos de Akane. Por lo menos ella pudo desquitarse golpeándolo, tirándole al suelo y humillándole. Ranma solía sonreír cuando se acordaba de eso.

Después de que Zero Mouri acudiera al rescate de su insulso hijo y se lo llevara arrastras, los chicos regresaron al dojo para informar a la familia de que por fin, de una vez por todas, y de forma definitiva Mikishito Mouri se había rendido. Había renunciado al amor de Akane y se había marchado llevándose consigo sus locuras, sus hombrecillos clonados y, por supuesto, también su dinero.

Las reacciones de la familia ante tal noticia no fueron demasiado sorprendentes, aunque cada cual necesitó su tiempo para asumirlo.

Kasumi, por ejemplo, solo necesitó unos segundos. Asintió con una hermosa y sencilla sonrisa de resignación y obsequió a su pobre padre con un dulce gesto de compasión que venía a decir: ¿Qué se le va a hacer? Aunque en realidad lo que dijo fue:

—Te preparé un poco de té, papá.

En opinión de Ranma, esa fue una buena reacción a lo que había ocurrido. Claro que él ya sabía de antemano que no era de Kasumi de quien debía preocuparse.

La reacción de su padre había sido, por lo visto, una especie de protesta a lo salvaje. En cuanto asumió que la fortuna de los Mouri había volado lejos de sus garras negras y blancas (y después de chillarle a su hijo por ello) se sumió en un hosco silencio que dirigió hacia todos, no solo hacía Ranma.

Aunque el chico esperaba que su padre le estuviera haciendo la vida imposible durante semanas por el asunto del dinero, eso no ocurrió. Solo hubo silencio, frialdad y después esa prolongada transformación en panda. Era bastante desconcertante para él porque si su padre pensaba que de ese modo le haría sentir culpable se estaba equivocando de cabo a rabo.

Al menos así me deja tranquilo pensaba el chico.

Por su parte el tío Soun, tras el inevitable ataque de lloros e histerismo al conocer la noticia, demostró ser una persona más adaptable y práctica de lo que a Ranma le había parecido nunca.

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—¡Aquí tienes, Ranma! —exclamó Soun Tendo con una brillante sonrisa y un grandioso cuenco repleto de helado entre sus callosas manos morenas. Era una tarde especialmente calurosa y Kasumi había comprado helados para todos—. ¡Para ti la porción más grande, mi querido muchacho!

El aludido, que estaba echado perezosamente sobre las tablas de madera del suelo frente al jardín, entrecerró los ojos al mirar por encima de su hombro al interior del comedor.

De vez en cuando corría una milagrosa corriente de aire ligeramente refrescante y por eso las puertas estaban abiertas de par en par. Algunos pájaros rezagados piaban al sol aunque el zumbido de las cigarras era más fuerte. Un panda enfurruñado se zambullía una y otra vez en el estanque entre lastimeros quejidos y la campanilla que colgaba de lo alto de la puerta corredera llevaba todo el día tintineando con dulzura.

Aun así Ranma sudaba y resopló al incorporarse y girarse hacia la mesa. El cuenco seguía levantando y ofrecido hacia él como si fuera un tesoro.

—¿Para mí? ¿Seguro?

—¡Sí, claro! ¡Tómalo, hijo!

—Pero papá, tú siempre te quedas con la parte más grande…

—¡No, no Kasumi! ¡Insisto en que sea para Ranma!

El chico miró a uno y a otro. Clavó los ojos en la enorme y redondeada montañita de helado que sobresalía por el borde del cuenco y se le hizo la boca agua. Finalmente, aceptó el postre con una inclinación de cabeza.

—Gracias, señor Tendo.

El hombre del espeso bigote dejó ir el helado con una mueca de fatalidad. En sus ojillos negros, diminutos comparados con la robustez del resto de sus rasgos, brillaron desesperados.

—¡Oh, Ranma! ¡No me gusta nada que me llames así! ¡Llámame tío Soun como siempre has hecho! —Rogó el hombre apoyando los puños de forma dramática sobre la mesa—. ¿Cuánto más tendré que esperar para que me perdones por lo sucedido?

Ranma mantuvo su mirada serena al tiempo que empezaba a dar cuenta del helado. Su silencio solo hizo que insuflar de modo dramático los nervios a flor de piel de Soun.

—¡Vamos, hijo! ¡Entiéndelo! Soy un hombre humilde con un negocio no muy solvente y la jugosa propuesta de Mouri me hipnotizó. ¡Solo pensaba en sacar adelante a mi familia…!

—Sí, lo sé —dijo Ranma deteniendo un momento la cucharilla antes de metérsela en la boca—. Pero eso no cambia el hecho de que me siento herido…

—¡Oh, cielos!

—Y dolido…

—¡No, no!

—Y traicionado.

—Oh, vaya… —Las lágrimas salvajes de Soun Tendo comenzaron a caer por su rostro enrojecido. Kasumi suspiró abanicándose con una mano, con la otra le acercó una servilleta a su padre.

—Ay, papá… —suspiró.

—Le habrías entregado a Akane a Mouri —Le reprochó Ranma, como tantas otras veces había hecho ya—. Dijiste que él sería mejor marido que yo, que Akane le preferiría a él antes que a mí…

. Es lo que todos pensabais, ¿verdad?

—¡Me equivoqué! ¡Me dejé llevar! ¡Estaba desesperado! —Soun agitaba la cabeza cubriéndose los ojos con un brazo en un intento de ocultar su llanto. Pero no servía de mucho pues sus alaridos siguieron subiendo de volumen hasta sonar increíblemente chillones—. ¡Pero no es cierto! ¡Yo jamás habría permitido que ese chico se llevara a mi pequeña! ¡Debes saber que al final yo habría tomado la decisión adecuada, Ranma! ¡Y no hay duda de que no existe nadie mejor que tú para mi niña! ¡Vosotros estáis predestinados! —Soun se sorbió la nariz y por un momento pareció recomponerse. Una sonrisilla nerviosa y algo estrangulada nació en sus labios—. Por suerte eso ya no es un problema. ¡Ahora todo es perfecto! Akane y tú por fin estáis enamorados y pronto os casaréis. ¡Por fin las escuelas se unirán! ¡El dojo tendrá su heredero!

—Ejem — Ranma dejó la cucharilla en el cuenco y después todo ello sobre la mesa. El chico alzó los ojos hacia su tío—. Sobre eso… ejem… Akane y yo hemos roto.

Se produjo el silencio. La campanilla sonó y Kasumi cerró los ojos con las cejas ligeramente apretadas. Después miró, severa, a Ranma quien bajó los ojos y juntó los puños sobre sus muslos a la espera de la reacción de su tío.

—¿Cómo? —musito Soun en un murmullo. Sus ojillos incrédulos parecieron agrandarse hasta alcanzar un tamaño más normal en proporción a su varonil rostro, aunque casi al instante comenzaron a cristalizarse—. ¿Qué…? No… ¿Cómo has…? —El bigote se puso a temblar sobre la boca tensada en un prematuro puchero. Miraba a Ranma con una súplica muda atenazando el resto de sus rasgos, pero el chico endureció su semblante—. ¡¿Qué es lo que estás diciendo ahora?!

Los pajarillos del jardín dejaron de piar ante semejante grito y salieron despavoridos arrancando algunas de las quebradizas hojas de las ramas en las que se habían posado. Incluso el maleducado panda que se remojaba en el estanque alzó la cabeza, sus orejas se estiraron cual resortes en dirección a la casa.

—Estarás bromeando, ¿verdad, Ranma?

—No es ninguna broma, señor Tendo —insistió el chico.

—Pero… pero… pero… —Soun se trababa a causa de los espasmos, tuvo incluso que sujetarse al borde de la mesita—. Pero… ¡Si estabais enamorados! ¡Akane te escogió por encima de Mouri y tú la aceptaste! ¡Por fin habíais aceptado el matrimonio!

Ranma forzó una ligera tos al tiempo que la sombra de un rubor intentaba teñir sus mejillas.

—Bueno… sí —admitió no sin algo de dificultad. Se aclaró la garganta y por el rabillo del ojo vio que Kasumi le seguía mirando y sacudía muy despacio su cabeza—. Pero sentir toda la presión de nuestra propia familia contra nuestro amor ha sido demasiado insoportable. No nos lo habéis puesto fácil, han sido semanas muy duras…

. Al final Akane y yo hemos pensado que lo mejor para la familia era romper y volver a cómo estábamos antes.

—¡Nooooo! ¡Pero, ¿por qué?! ¡Cuando estábamos tan cerca de realizar el sueño de unir nuestras escuelas…!

Soun volvió a desplomarse sobre la mesita, aporreándola con un puño mientras sollozaba. Kasumi le acercó la taza de té a la cabeza y le pasó la mano por la espalda intentando animarle con suaves caricias y asegurándole con su tono de voz más dulce que todo iría bien.

Ranma arrugó la nariz sintiendo un ligero pinchazo de culpa viendo a su tío así. A pesar de que conocía bien la facilidad con que ese hombre podía deshacerse en lágrimas, el chico no era de piedra. No sentía ninguna satisfacción viendo a otra persona sufrir y por eso estuvo a punto de compadecerse de él, pero se pellizco la mejilla disimuladamente para cortar esos sentimientos gracias al dolor y desvió la mirada.

No, no, no se dijo, tensando los brazos y girándose de nuevo hacia las puertas del jardín. Se merece sufrir un poco después de todo lo que me dijo.

Ranma no había olvidado ni uno de los comentarios que oyó durante esas semanas que le ponían en un lugar inferior con respecto a Mouri. Tampoco se le habían borrado de la memoria todas las atenciones y halagos que los Tendo y su querido padre le habían prodigado a ese intruso delante de sus narices. Y aunque no fuera el tipo de chico que guarda rencor a otros, sí que se había sentido dolido. Su orgullo seguía profundamente herido y aunque Tendo se había disculpado mil veces y le trataba con más afecto que nunca, no lograba sentirse mejor.

Lo único que aliviaba un poco esa oscura sensación de rechazo que le carcomía era pensar en Akane y en su apoyo incondicional que nunca, ni un solo instante, había flaqueado.

¿Hasta cuándo piensas hacer sufrir así a mi padre, Ranma? — le había preguntado ella en alguna ocasión al conocer sus intenciones.

Si bien Akane conocía el sufrimiento real de su prometido y por ello no trataba de meterse en cómo llevaba ese asunto, eso no significaba (ni por asomo) que no opinara una y otra vez, se quejara e hiciera miles de preguntas al respecto.

Seguiré hasta que olvide las cosas que dijo sobre Mouri y sobre mí.

Akane aún se agitaba un poco al oír ese nombre, pero disimulaba resoplando, sacudiendo el rostro o haciendo una mueca.

Vamos Ranma…

¿Es que tú ya no estás enfadada? ¿Has olvidado que casi te entrega a ese loco a cambio de un poco de dinero?

En este punto de la conversación Akane se ponía roja de indignación y trataba de soltarle un fuerte coscorrón que no siempre lograba dar en el blanco. La buena noticia era que no solía pasar de ahí; Ranma no había vuelto a ver el temible mazo de la chica precipitarse hasta su cara.

En primer lugar, mi padre no llegó a saber nunca lo rematadamente loco que estaba Mouri. En verdad pensaba que yo sería feliz— Enumeraba Akane, muy seria. Aunque después sus ojos castaños rodaban, débiles, hasta el suelo aunque ella siguiera insistiendo—. En segundo lugar… es mi padre. Le conozco y sé que se deja llevar por las promesas de ese tipo fácilmente; es como una urraca atraída por un objeto brillante —Entonces suspiraba y se encogía de hombros—. Pero sigue siendo mi padre y yo… yo debo…

Perdonarle.

Ella debía perdonarle y en realidad, ya lo había hecho. Lo mismo que al resto de la familia. Si algo tenía de bueno su prometida era que su tibio corazón no conocía el rencor. Y por orgullosa que fuera, el amor por su familia era mucho más poderoso.

Ranma lo respetaba. Incluso podía admirar dicha actitud (aunque no lo reconociera abiertamente), pero no lo compartía.

Como quieras —Le respondía él, ceñudo al principio para sonreír a los pocos segundos—. En estos momentos es cuando más pareces una chica.

Entonces Akane se enfadaba de verdad y le asestaba su golpe más letal que aun siendo con sus propias manos era muy doloroso.

Al recordarlo, Ranma se pasó la mano por la cabeza donde aún se notaba el rastro del chichón.

Nunca entiende mis cumplidos pensó, fastidiado.

—Disculpadme —murmuró.

Se levantó y salió del comedor dejando tras de sí una retahíla de sollozos y golpes sordos contra la mesita.

Salió al pasillo, cerró la puerta corredera y dejó caer los párpados al tiempo que respiraba hondo. No, no pensaba seguir molestando a su tío de esa manera mucho tiempo más… Aunque si eso le seguía consiguiendo las mejores porciones de helado de la casa igual se pensaba alargar la pantomima hasta el final del verano.

De pronto, un flash intensísimo le golpeó las corneas a pesar de tener los ojos cerrados. Gimió sorprendido y se agitó echándose hacia delante. Parpadeó unas cuantas veces y se topó con una enorme cámara de fotos casi pegada a la nariz.

—¿Qué te parece mi nueva cámara, Ranma? —Oyó la voz de Nabiki frente a él antes de que sus ojos lograran distinguirla a causa del deslumbramiento—. Ha costado mucho dinero, ¿sabes? —Un nuevo flash le dio de lleno, cogiéndole desprevenido. Ranma se llevó los puños a los ojos maldiciendo entre balbuceos—. Me gasté todos mis preciados ahorros y aun así tuve que comprarla a plazos. Debo una buena suma a la tienda —Otra flash más.

—¡Ah! ¡Basta ya, Nabiki! —Ranma extendió sus manos y estuvo a punto de arrancarle la máquina, pero la chica le esquivó.

—Lo hice así porque contaba con que podría saldar la deuda en cuanto Mouri nos pagara —continuó ella como si nada—. Pero eso ya no pasará, ¿verdad?

—¿Qué intentas decirme?

Nabiki alzó su rostro y Ranma sintió que se le helaba la sangre. Tenía la misma mirada malévola y temible con la que les miró a Akane y a él cuando anunciaron que Mouri se había ido. Desde entonces el chico había estado esperando su venganza, alerta, pero nada había pasado. Ni siquiera les había vuelto a dirigir la palabra hasta ahora.

—¿Y… por qué no… la devuelves y ya está? —probó él.

—Es un artículo de lujo. No aceptan devoluciones.

—Entonces debiste pensarlo antes de comprarte algo con un dinero que no tenías, Nabiki.

—Iba a tener el dinero —replicó ella sin alterarse—. Pero no ha sido así. Por tu culpa.

Ranma sacó pecho, fingiendo un valor que solo sentía a medias. Esa chica tenía algo siniestro, sus ojos eran como dos abismos en los que sabes que te vas a caer para morir en la más fría oscuridad.

—Eres una experta sacándole el dinero a la gente —repuso el chico—. Estoy convencido de que en poco tiempo la habrás pagado.

—No te quepa duda —murmuró ella con una sonrisa afilada y perturbadora—. Ahora que Akane y tú sois una pareja oficial se me ocurren muchas personas muy interesadas en conocer todos y cada uno de los secretos de este bonito y floreciente amor.

A Ranma no le gustó como se refirió a su supuesto amor. Por supuesto que él sabía a la perfección a qué personas se estaba refiriendo y eso sembró su mente de preocupación. Mientras Nabiki balanceaba la cámara aparentemente despreocupada, Ranma se imaginó la cantidad de escenas comprometidas que esa brillante lente podía captar para después ser divulgadas entre sus rivales, enemigos, prometidas que no se daban por vencidas…

La lista era interminable.

—Akane y yo no somos nada de eso —argumentó con seguridad—. Todo fue una artimaña para librarnos de Mouri.

—¿Eso es lo que ha hecho llorar a mi padre? ¿Y se lo ha creído? —Nabiki soltó una risita aterradora—. Por favor… ¡No sois nada discretos! Es evidente que algo ha cambiado entre vosotros; esas miraditas, esa forma de hablaros, esas discusiones forzadas… Por no hablar de que te oigo todos las noches ir y venir hasta el cuarto de mi hermanita.

—¡Eso no es…! —Ranma enmudeció ante un nuevo flash. Rechinó los dientes, furioso—. ¡Son solo imaginaciones tuyas!

—Ya lo veremos —replicó la otra dándose la vuelta para irse—. Sea como sea, vosotros dos me vais a pagar mi cámara nueva.

En lugar de pelear, prefirió dejar que Nabiki se marchara sin empeorar la situación. Aunque lo cierto es que le puso nervioso.

Akane y él habían decidido guardar en secreto, por el momento, su nueva relación. Después de lo que había pasado en el instituto y también en el puente al anochecer, los dos habían admitido sus sentimientos ante ellos mismos, pero no estaban preparados para hacerlo delante de sus entrometidos padres, no querían que estos precipitaran las cosas o trataran de casarles a traición. Fuera como fuera, seguían siendo casi unos niños.

Por más que Ranma recordara con nostalgia aquel sueño que tuvo una vez en el que se veía feliz casado con Akane, aún no era el momento para eso.

Le parecía que tal y como estaban ahora las cosas estaba bien y no le hizo ninguna gracia saber que Nabiki estaba husmeando en torno a ellos para sacar a la luz su secreto. ¡Y todo por una estúpida cámara!

Ranma gruñó y sacudió la cabeza. Miró hacia las escaleras y pensó en ir a ver a Akane. Faltaban horas hasta la cena y todo parecía tranquilo en la casa; con suerte nadie iría a molestarlos.

Subió los peldaños al principio de uno en uno, pero hacia la mitad se vio trotando y avanzando casi de tres en tres, impulsado por una alegre urgencia por llegar arriba lo antes posible, con el corazón ligeramente acelerado y un agradable cosquilleo en las manos.

Por desgracia, nada más llegar arriba del todo algo le detuvo de golpe.

—¡Ranma! ¡Bien! ¡Te iba a buscar ahora mismo!

El chico hizo una mueca.

—Ahora no, maestro. Estoy ocupado.

—¡Maleducado! —replicó el hombrecillo dando pequeños botes sobre el suelo. Su arrugado rostro se contrajo en una fingida mueca de desilusión, consiguiendo que sus ojos saltones parecieran aún mayores. Ranma resopló, fastidiado, no pudo controlar sus ojos que viajaron hasta el otro extremo del pasillo y se anclaron en la puerta con un patito de madera colgado—. ¡¿Cómo te atreves a ignorar así a tu maestro?! ¡Apenas me has hecho ningún caso desde que regresé de mi viaje hace tres días!

—Disculpe, maestro. Pero estoy ocupado —Trató de esquivarle pero Happosai era endiabladamente ágil y rápido para su edad; para más inri parecía haber vuelto con energías renovadas en su anciano cuerpo aunque el muy pillo no había consentido en revelar a nadie del dojo dónde diantres había estado.

—Si vuelves a despreciarme de ese modo, niño tonto, lo romperé.

—¿Qué romperá el qué?

—Apuesto a que es importante para ti, Ranma —replicó el maestro—. Si quieres recuperarlo, más te vale ser amable.

Ranma frunció el ceño, confuso. Happosai mostró una sonrisa ladina al tiempo que sacaba de uno de los pliegues de su kimono uno de esos odiosos sujetadores rosas con encaje. El chico se puso blanco y después rojo de ira al verlo; odiaba esas cosas con todas sus fuerzas.

—¡¿Qué pretende que…?!

Happosai le mostró algo más. Algo que también llevaba escondido en su kimono, perfectamente doblado y que Ranma no reconoció enseguida. El pequeño y saltarín maestro tuvo que ponérselo delante de las narices para que lo viera bien y cuando lo hizo, Ranma trató de arrebatárselo con brusquedad pero falló.

Happosai seguía siendo muy rápido.

—Tranquilo, muchacho, pienso dártelo —Le aseguró mientras volvía a guardarlo en su bolsillo. Sus ojos enormes brillaron calculadores al tiempo que agitaba el sujetador como si fuera una bandera sobre su cabeza escasa de pelo—. Pero antes, Ranma, quiero que te pruebes las nuevas adquisiciones que he traído de mi viaje para mi adorada colección.

—¡¿Se ha vuelto loco?! ¡No pienso ponerme esas cosas! ¡Soy un hombre!

—Oh… bueno, podríamos pedírselo a Akane-chan —propuso Happosai adoptando una expresión, si cabe, más pervertida y ansiosa—. Puede que a ella no le resulte tan terrible.

Ranma le asestó un golpe tan certero que logró rozar la coronilla del hombrecillo, aunque no fue todo lo doloroso que hubiera querido.

—¡Ni se te ocurra acercar esas cosas a Akane!

—Entonces… Lo harás tú —Happosai le lanzó el sujetador y Ranma lo atrapó por puro reflejo, aunque con una mueca de repugnancia en su rostro—. ¿Qué dices? ¿Lo haces tú o lo hace ella?

Apretó la prenda femenina con tanto odio que estuvo a punto de hacerla añicos. Sus ojos furiosos quisieron fulminar al viejo pero volvieron a captar la pequeña figura del patito que colgaba de la puerta de su prometida. Apretó la mandíbula con su cuerpo tembloroso por el odio que estaba sintiendo, pero acabó por asentir.

—¡Yujuuuuu! —Happosai pegó un par de botes más y le indicó que le siguiera.

Ranma resopló intentando no preguntarse cuántas de esas cosas habría traído ese viejo verde a la casa de su viaje. ¿Sería mucha la tortura? Pero no, ¡no podía permitir que obligara a Akane a pasar por eso! Sería él quien se sacrificaría…

Pero eso sí. En cuanto tuviera la más mínima oportunidad, su venganza contra ese viejo pervertido sería terrible.

. .. … .. .

Ranma tardó horas en librarse de Happosai, incluso se perdió la cena y al enfado causado por la humillación a la que se había visto sometido a manos de ese bastardo, se unió el hambre voraz que torturaba a su estómago.

No obstante, ni se le pasó por la cabeza bajar a la cocina a reponer fuerzas. No había tiempo. Era mucho más importante ir a ver a Akane y mostrarle lo que había descubierto.

Atravesó el pasillo casi como una sombra, ni siquiera le parecía que sus pies tocaran el suelo aunque no pudo librarse de un ligero estremecimiento cuando pasó frente al cuarto de Nabiki. ¿Les estaría espiando ahora? ¿Habría oído sus pasos y estaría preparada con su cámara para pillarles cuando menos se lo esperaran?

Lo cierto es que Ranma no entendía por qué no podían dejarles tranquilos. Todos en aquella casa, que tanto se empeñaban en juntarlos y forzarlos a casarse eran precisamente quien más difícil les ponían estar juntos.

Estaba harto de sentir los ojos de los demás sobre él cada vez que se acercaba a Akane, cansado de las trabas y triquiñuelas de Happosai para ver a su lado femenino en sujetador, aburrido de las amenazas de Nabiki… Y cuando pensaba en el sueño que había tenido sobre su futuro con Akane y en que ambos seguían viviendo en aquella casa, rodeados de esos locos, el ánimo se le caía a los pies.

En fin, solo era un sueño. Todo podía ser diferente pero… ¿De verdad algún día escaparían de esa gente?

Por fin, llegó ante el patito. Echó un vistazo más a su alrededor, pero todo estaba en silencio así que se decidió a entrar.

La luz seguía encendida, aunque Akane ya se había puesto el pijama. Estaba sin embargo de pie, frente a la cama, observando con interés unas prendas de ropa que había extendido sobre la colcha cuando dio un respingo por la inesperada intromisión del chico.

—¿Dónde te habías metido? —Le preguntó en primer lugar—. Llevas horas desaparecido.

Ranma cerró la puerta a su espalda.

—No te imaginas lo que he encontrado…

—Mi padre se ha pasado la cena entera llorando —se quejó Akane, retirando la ropa de la cama. La amontonó en sus brazos y después la soltó sin cuidado sobre la silla de escritorio—. ¿Se puede saber qué le has dicho?

—Ah, nada. Solo que hemos roto.

Akane dejó caer los brazos para después llevarse la mano a la frente.

—Mira, ya sé que dijimos que guardaríamos en secreto… esto —murmuró, algo avergonzada—. Pero mi padre…

—¡Mira! —exclamó Ranma colocándose ante ella. Le mostró lo que llevaba en las manos interrumpiendo sus palabras y la chica volvió a resoplar. Después, sus ojos se abrieron poderosamente al fijarlos en el documento que su prometido le mostraba. Lo leyó a toda velocidad y soltó una exclamación.

—Es… es… ¡El documento de nuestro compromiso! —Lo cogió en sus manos y volvió a leerlo una vez más. Sorprendida, lo volteó varias veces como para asegurarse de que era el auténtico, pero no cabía duda de que lo era—. ¡Ranma, es increíble! ¡¿Dónde estaba?!

—Pues…

—¡Registramos toda la casa! No me digas que al final estaba en el jardín…

—No, no, no estaba en la casa —El chico suspiró—. Lo tenía el maestro Happosai.

—¡¿Qué?!

—Akane…

—¡¿Qué ese viejo malvado ha tenido el documento todo el tiempo?! ¡¿Por qué?!

Ranma retrocedió, un poco atemorizado y sus piernas se toparon con la cama que tenía detrás.

—Happosai guarda algunas de sus cosas en el armario que mi habitación —Le explicó a toda prisa, pero forzando un tono de voz tranquilo que sirviera para sosegar a su prometida—. Cuando hizo las maletas para irse de viaje cogió todos los papeles que encontró pensando que eran los textos de sus técnicas secretas; al parecer siempre las lleva consigo para que nadie se las robe…

. Al volver y colocar todo su equipaje en su sitio fue que se dio cuenta de que esto no le pertenecía y me lo devolvió.

Akane arqueó una ceja.

—¿Te lo devolvió? ¿Así sin más?

Ranma se puso rojo por la vergüenza y tosió, intentando apartar el recuerdo del precio que había pagado por recuperar aquel documento.

—El caso es que por fin lo tenemos —Afirmó el chico. Miró a su prometida, dubitativo—. ¿Por qué no mejor… lo guardas tú?

—¿Yo?

Ranma no iba a admitir que si Happosai se lo había llevado por error, en realidad había sido culpa suya por no guardarlo adecuadamente en su habitación. Ni siquiera lo admitiría ante sí mismo, ya había pagado bastante penitencia por ese pequeño descuido. Lo que estaba claro es que, mientras siguiera compartiendo cuarto con su padre y armario con ese viejo diablo, no tendría ni pizca de intimidad.

—Estará más seguro contigo —admitió con pesar. Sus ojos se desviaron un poco al tiempo que apretaba las manos a su espalda—. Es mejor que lo guardes tú hasta… ya sabes.

Akane parpadeó. Sobre la mesa del escritorio tenía una carpeta donde se apresuró a guardar el documento junto con otros papeles importantes, sin embargo no despegó los ojos del chico.

—¿Hasta ya sabes…qué?

Ranma enderezó la cabeza, mirándola fijamente.

—Ya lo sabes.

—¿Y cómo voy a saberlo si no hablas claro?

—¡Akane! —La chica, tozuda como siempre, se cruzó de brazos y Ranma apretó los puños corroído por la vergüenza. El rostro se le puso tan rojo que incluso notaba el calor en sus orejas—. Ya sabes… la boda.

La chica dio un nuevo respingo como si realmente eso la hubiera sorprendido. La piel de su cara también se coloreó.

—¿La… nuestra?

El chico sintió tal presión sobre él que creyó que se partiría en dos.

—¡¿Cuál si no?!

¡¿De qué otra cosa iba a estar hablando?! Estaba incluso un poco molesto porque le hubiese obligado a decirlo en voz alta, pero se le pasó cuando vio la dulce sonrisa que se formó en Akane. La chica soltó una risita cantarina y de un salto se precipitó sobre él con los brazos abiertos. Ranma logró sostenerla a tiempo, pero perdió el equilibrio y los dos cayeron sobre el colchón que hizo un ruido tremendo.

Oh, no pensó él, nervioso, pensando en cierta persona que podría estar escuchando todos esos sonidos al otro lado de la pared. La visión de la temible lente de la cámara rodó hasta sus pensamientos pero se olvidó de ella cuando Akane se levantó sobre él y le besó.

Su pequeño cuerpo se deslizó sobre el de Ranma y posó suavemente las manos sobre su pecho para sostenerse. Sus piernas se enredaron sobre la cama, sus cuerpos entraron en contacto y los brazos de Ranma se enroscaron en torno a ella intentando recordar que no debía apretar demasiado; Akane ya se había quejado de que a veces la sujetaba tan fuerte que no podía respirar.

Ranma todavía se asombraba de que, después de todas las veces que Akane le había golpeado y apaleado con mazos, espadas de madera y sus propios puños letales tan solo por acercársele un poco ahora fuera ella la que se lanzaba a sus brazos con esa facilidad y naturalidad. No parecía que le temiera en absoluto y no había vuelto a llamarle pervertido; ni siquiera cuando las manos de Ranma comenzaban a explorar lo que había debajo de las camisetas que la chica solía llevar por ese entonces.

La mano se deslizaba por la suave cintura y ascendía despacio y precavida por el vientre rumbo a zonas más elevadas. Ranma aún no había logrado llegar hasta ellas, su inseguridad le hacía desistir aunque Akane no le dijera nada.

Aquel día estaba a punto de rozar la parte inferior del sujetador de la chica, cuando esta alzó su rostro colorado sobre el de él y dijo una palabra que le desconcentró del todo.

—China.

Ranma parpadeó con la respiración acelerada. Su mano seguía bajo la camiseta de Akane y por alguna razón no se atrevió a moverla.

—¿Eh? —Murmuró perdido. Trató de pensar a qué venía China con lo que estaban haciendo pero no se le ocurrió nada—. ¿Eh?

—He estado pensando y deberíamos usar el dinero de Mouri para ir a China.

—¿Qué? —Seguía sin entender nada, pero hizo un esfuerzo supremo por sacar alguna conclusión rápida para que pudieran volver a los que estaban haciendo lo antes posible—. ¿Desde cuándo quieres tú ir a visitar China?

Akane puso los ojos en blanco y sacudió la cabeza. Se recolocó para tumbarse a su lado en la cama, así que Ranma tuvo que retirar la mano de la posición que había conquistado. Pero mantuvo su otro brazo alrededor de la cintura de la chica para que no se alejara demasiado.

—A mí no se me ha perdido nada en China —recalcó Akane—. Pero, si tú quieres, podemos usar el dinero para ir hasta allí y así tú podrías librarte de tu maldición —Le explicó. Ranma frunció el ceño y Akane añadió—. A mí no me importa, ya lo sabes. Pero sé que a ti sí y… después de todo lo que hiciste por mí en el asunto de Mouri, creo que es mi turno de ayudarte a ti.

—A… Akane…

—Así que si lo quieres, usaremos el dinero para ir en busca de tu cura.

La chica sonreía con sinceridad, no vaciló, no había dudas al respecto. Realmente estaba dispuesta a darle todo ese dinero para que él pudiera cumplir su sueño de volver a ser un hombre completo.

Por un instante Ranma lo consideró muy seriamente. Se acabaría lo de ser mujer, lo de ser acosado por otros chicos cuando era chica, lo de salir con miedo por si se ponía a llover o alguien le mojaba por la calle, lo de andar buscando desesperado agua caliente por todas partes… ¡Y se acabarían las manipulaciones de los demás! ¡No más sujetadores! ¡Ni fotos indiscretas! ¡Ni burlas que pusieran en duda su masculinidad!

Volvería a ser él mismo. Para siempre.

Akane debió ver todos esos pensamientos en su semblante pues antes de que él dijera nada, asintió feliz.

—Pues no se hable más.

¿Así de fácil? Después de todo lo que había sufrido, de todas las veces en que había creído que se curaría y después había resultado ser una mentira o una trampa de otros… ¿Akane le brindaría la cura sin más? ¿Sin esperar nada a cambio? Le daría todo su dinero, que era lo único que le había quedado como compensación por lo mal que se lo había hecho pasar el monstruo de Mikishito.

Ranma sintió algo pesado en su corazón.

Alargó los brazos y apretó a Akane a la altura de las costillas haciendo que la chica soltara una risa espontánea y se retorciera sobre el colchón. Cuando dejó de reír la miró y la dijo.

—No vamos a usar tu dinero en mi maldición.

—¿Qué? ¿Por qué no? Si tú lo odias…

—No es para tanto… ya me he acostumbrado —mintió Ranma sonriendo como si nada. Se giró hacia ella y quedaron frente a frente—. Además si a ti no te importa, entonces a mí tampoco —Y eso sí lo dijo con sinceridad—. Deberíamos guardarlo para algo más importante.

—¿Cómo qué?

—Como… una casa —reveló, de nuevo un poco nervioso—. Para… nosotros.

—¿Cómo que una casa?

—Ya sé que se supone que tenemos que hacernos cargo del dojo y todo eso, pero… quizás no haga falta que vivamos siempre con nuestros padres, con el maestro Happosai… —explicó Ranma—. ¿No quieres que vivamos… algún día… solos?

Akane abrió desmesuradamente sus ojos castaños, aleteó sus pestañas impresionada y su carita volvió a ruborizarse tanto que tuvo que ocultarla en el pecho de su prometido quien dio un respingo, sorprendido por semejante actitud.

—¡Pero, ¿por qué te pones tan nerviosa?! ¡No es para tanto! ¡¿A caso he dicho algo malo?!

—¡No! —exclamó Akane alzando la mirada—. Es que… resulta raro oírte hablar de la boda, de una casa para los dos… —Ranma sabía que llevaba razón y no estaba muy seguro de por qué le había dado por pensar tanto en esas cosas los últimos días. Él también se avergonzó y tuvo que girar la cabeza hacia otro lado—. No sabía que te preocuparan…

—¡¿Y qué problema hay con eso?!

—Ninguno. No hay problema —insistió Akane más tranquila—. Está bien. Me… gusta —admitió—. Hablas como… un prometido de verdad.

. Por fin.

Ranma levantó la cabeza de la almohada, ofendido.

—¿Por fin? ¡Oye, yo siempre he…!

Akane volvió a incorporarse sobre él y le miró con una sonrisa tierna y encantadora que le cortó las palabras. Deslizó sus pequeñas manos hasta el rostro de Ranma y lo cogió con dulzura para después volver a besarle. El chico volvió a atraparla entre sus brazos, tiró de ella hasta tenerla encima y respondió al beso con cada vez menos inseguridad y más pasión.

—Akane… —murmuró después. La contempló unos segundos tan cerca de él y sintió que la garganta se le secaba y las palabras que quería decir se le atascaban en la lengua. Luchó contra esa sensación apretando su cintura—. Yo te… te…

—¿Qué?

—Te… te…

Akane movió los ojos.

—¿Me… amas?

El corazón de Ranma saltó, se oprimió con fuerza en su pecho y amenazó con explotar. Sentía la cabeza pesada, el cuello rígido pero aun así se obligó a asentir en un gesto tosco y descontrolado.

—Sí —Empujó cada palabra con fuerza, como si fuera una pesada piedra que desprendía por un precipicio haciéndole sentir más ligero, liberado al fin—. Te… amo… Akane.

La opresión en su pecho desapareció. Respiró al fin hondamente y se sintió aliviado. ¡Lo había dicho! ¡Por fin lo había hecho! Sintió el impulso de echarse a reír como un poseso pero por una vez lo reprimió, aunque la alegría que estaba experimentado era tan abrumadora que a duras penas podía contenerse.

—Te amo. Ja, ja. Te amo. ¡Te amo, Akane! —Apretujo a la chica contra sí con fuerza y alguna carcajada más escapó de su cuerpo mientras seguía declarando su amor cada vez más alto. Al final, tuvo que ser ella quien evitó que se pusiera a chillar tapándole la boca con la mano.

—¡No tan fuerte! ¡Nos van a oír! —Le previno y por fin Ranma volvió en sí. ¡Era verdad! Nabiki podía estar espiándoles desde su cuarto. Se calló al instante y asintió con la cabeza dando a entender que había comprendido. Akane retiró la mano, sonrojada y conmovida—. Yo también te amo, Ranma.

Intercambiaron más besos, más caricias y la mano de Ranma hizo un nuevo intento de llegar al lugar prometido. Estuvieron hablando echados sobre la cama de la chica, hubo risas y cosquillas y las horas fueron pasando mientras la noche se hacía cada vez más oscura.

Por más que Ranma estuvo atento no oyó nada que le indicara que alguien los estaba espiando hasta que le fue imposible seguir pensando que existiera alguien más en el mundo que no fueran ellos dos. Ni pretendientes pesados, ni prometidas incansables, ni maestros pervertidos, padres entrometidos o hermanas vengativas… aunque, por desgracia, todo eso era real y seguía existiendo más allá de las paredes de ese cuarto. Y tendrían que enfrentarlo, quizás al día siguiente.

Pero… ya lo pensaría mañana. A fin de cuentas, era el gran Ranma Saotome y nada de eso le asustaba.

Akane se quedó dormida con la cabeza apoyada en su hombro, acurrucada contra él. Ranma tiró de la sabana y los cubrió a ambos con ella. No le apetecía levantarse a apagar la lamparita del escritorio, así que simplemente giró la cabeza para que el resplandor no le molestara mientras afianzaba el brazo con que rodeaba a la chica.

Aquello se parecía mucho a ese sueño extraño que tuvo. Sentía algo cálido en su corazón, una emoción extraña que se instaló en su pecho y le hizo sonreír mientras cerraba suavemente los ojos.

No, aquello era mejor que el sueño. Aquello era de verdad.

FIN

¡Hola a todos y todas !

Hemos llegado al final Espero que os haya gustado este último capítulo.

Sin duda es el que más me costó escribir. Cuando empezaron mis problemas de ansiedad, solo me faltaba este capítulo para acabar esta historia y durante semanas me sentaba frente al ordenador y no era capaz de escribir una sola palabra. Espero que ninguno de vosotros hayáis padecido nunca la ansiedad y ni tengáis que hacerlo porque es terriblemente incapacitante. Como estar encerrada en un cuarto sin poder hacer nada de lo que te gusta.

Pero, he mejorado un poco y en cuanto pude me puse a escribir esta historia para acabarla. No sé, aún, si este capítulo está a la altura del resto de la historia debido al parón que hice, pero he intentado escribir lo que tenía en mente desde el principio y me he esforzado mucho.

Aunque no puedo contestar a todos los maravillosos, increíbles y geniales mensajes que me habéis dejado a lo largo de la historia, si quiero mencionaros a todos y todas los que en algún momento habéis querido animarme a seguir escribiendo esta historia porque ha significado mucho para mí: Nicobethshiper27, elechan, atomicanne, Shojoranko, nancyricoleon, Lapocho, Maritza559, Akai27, Haruri Saotome, ag1292, akanitacuri, caro, DanisitaM, Marisol rdz, Akanita87, MLowri, SoryesV, James Birdsong, Marisol Salinas, znta, Afrika, anymary79, Elena Bronte, A.R Tendo, ivarodsan, Akane-Chan98, mnj2327, Akire-chan, bj, Jojo, yoa, salviohexia, ANGeux , vanesa112, Flor Pacheco, Deby23, kariiim, Elizabeth tendo, Nira, SakuDai, Yo-Atzin, Jen Jen Jojo, Edisa Inu, VIP98, paulayjoaqui, Cecy, Clau jun, nancyriny, Adeste, mia, Ronoel, miladis, DULCECITO311, Azussa marin, vivianabenavidescordova, gigimore, Liyun bash, Ranma x Akane, adeste28, Midori, iselaglezcam, Emiilu, Ekishka, Valeria, Frida-chan, Hikari, LumLumLove, OlorAPetricor y Gwendy Olvera.

Espero que la historia os haya gustado, que el final os haya emocionado y solo me queda daros las gracias a todos y todas los que habéis escrito reviews, mensajes, la marcasteis como favorita y la habéis seguido todo este tiempo. Ha sido genial compartirla con vosotros y conocer vuestras opiniones capítulo a capítulo. Ranma ½ se ha convertido en uno de mis animes/mangas favoritos y me ha encantado conocer gente con quien compartir esto.

Y espero, en un futuro, seguir compartiendo historias por aquí y seguir leyendo vuestros comentarios.

Y ahora sí que se ha terminado. Gracias y hasta pronto ^^

Besotes para todos y todas =)