The Black Dragon Society

by Shougo Amakusa & Misanagi

Capítulo 25

"Lazos"

El anochecer hizo que las luces del Aoia se encendieran. Misao le había pedido a Saito que se quedara a cenar con ellos, a lo cual accedió sin mucha dificultad pues esperaba noticias de Cho, quien había quedado en encontrarse allí con él.

Sano (quien engullía trozos de pescado y arroz al mismo tiempo sin ni siquiera detenerse para respirar): Mñm, mñm, lo único que extrañaré de Kyoto, será esta fabulosa comida.

Kenshin: Vamos Sano ¿Y la comida de Tae qué?.

Sano (hablando con la boca llena): Ems buemna, pemro esmta ems mermjor. ¡Es gratis!.

Sayo (golpeando a Sano con el codo en su costado): ¡Sanosuke compórtate!.

Sano: ¡Oye!. Estoy comiendo.

Shougo (mirando al cielo y pensando para sí luego de suspirar): No sé que le vio mi hermana a este individuo, siempre será un...

Misanagi (trayendo una bandeja llena con tempura de vegetales y pescado guisado): Espero que les agrade, lo cierto es que mi fuerte no es la cocina.

Saito (chocando sus palitos con los de Amakusa cuando ambos trataban de servirse al mismo tiempo): Hoy nos has sorprendido gratamente, ¿No es cierto Mutoh?.

Shougo (mirando a Saito con recelo): Ciertamente, Hajime Saito.

Misanagi (mientras servía Sake en el vaso de Amakusa lanzó al Oficial una mirada más punzante que una de sus dagas): Sólo intento agradar a mi prometido.

Ante el comentario, Hajime extendió su mano hacía el Samurai e hizo una pequeña reverencia con su cabeza. Amakusa tomó a Misanagi de la cintura y la acercó a él, dándole a entender a Saito que estaba delimitando su territorio y luego un silencio molesto acompañó la comida por un rato. Quienes conocían a Saito se extrañaron por su comportamiento un tanto lisonjero para con la Ninja. Lo que no sabían era que no había nada malintencionado en sus elogios, sólo le agradaba la chica y trataba de hacerla sentir bien, aunque ni él mismo sabía porque al final más bien parecía que estuviese revoloteando a su alrededor como lo hace la mariposa a la flama de una vela.

Al terminar la cena, Misao y Kaoru trajeron té acompañado de tortas dulces, cuyo plato estuvo a punto de caer al suelo ante la embestida de Yahiko quien trataba de adelantársele a Sano. Soujiro entró justo a tiempo para atraparlo en el aire y se lo entregó sonriendo a la Onni, mientras Kaoru perseguía al niño por toda la habitación. Detrás de Soujiro venía Cho, con noticias acerca de la Sociedad.

Saito: ¿Y bien?.

Cho: Los barcos están atracados en una bahía cercana a la ciudad de Osaka.

Saito: Entonces llegó la hora.

Shougo: ¿La hora?.

Kenshin: Saito cree conveniente que ataquemos a Takashi sin demora.

Aoshi (quien hablaba por primera vez en toda la velada): Estoy de acuerdo.

Shougo: Bien y entonces ¿Cuál es el plan?.

Saito: Había pensado en atacar por dos flancos: Un grupo se encargaría de atacar su armada y el otro a la Hitokiri, Melders y al propio Takashi.

Misanagi: Suena apropiado.

Saito: Esperaba que nos acompañaras, imagino que tienes cuentas que cobrarle al Teniente alemán.

Shougo: Yo tengo una deuda pendiente con la Hitokiri.

Misanagi apretó los labios y bajó la cabeza, a lo que Shougo le tomó una de las manos firmemente. Soujiro viendo el gesto de Amakusa recordó que camino al Aoia un mensajero le había entregado un sobre.

Soujiro: Perdona Shougo, pero esto es para ti.

El cristiano abrió el sobre y pudo ver que estaba escrito en inglés; al ver la caligrafía supo que la intención del redactor era que nadie más supiera lo que el mensaje contenía y eso le intrigó deliciosamente porque sabía quien lo enviaba.

"Amakusa Shougo.

Our fight isn't over yet. I'll wait for you at the mountain's temple in two days.

Come alone. I won't let any disturb this time.

Klaudia."

El cristiano estuvo sumido en el silencio hasta que leyó el mensaje y una vez que terminó su rostro reflejó una gran consternación.

Misanagi: ¿Doushitano?.

Shougo (sin entender por qué le mentía): No es nada, sólo es un mensaje de mi gente en Holanda, debo ponerme en contacto con el consulado. Creo que no podré ir con ustedes, pero los alcanzaré apenas finiquite este asunto.

Misanagi (mientras observaba como Shougo guardaba el mensaje en su cinturón): ¿De verdad es sólo eso?.

Sayo: ¿Niichan?.

Shougo (viendo a Sayo y tomando a Misanagi de la mano): Puedo resolverlo solo, pero antes quisiera hacer algo. Temo por lo que pueda suceder al enfrentarnos a esta Sociedad y...no quisiera que nos separáramos sin antes casarnos. ¿Aceptas casarte conmigo mañana mismo?.

Todos se quedaron en el sitio. Kaoru estaba a punto de golpear a Yahiko, pero se petrificó de repente, Sano se atoró con un pedazo de pastel y Kenshin estaba atónito. A Misanagi, en vez de sorprenderle el anuncio, le preocupó el porqué Shougo precipitaba de esa forma los acontecimientos; sin embargo, lo amaba demasiado y no quería contradecirlo y; además, le agradaba la idea de ser su esposa. La mujer no dijo palabra, sólo lo vio fijamente y asintió. Él, en agradecimiento, besó el dorso de la mano que sostenía entre las suyas.

Shougo: Bien está dicho entonces, mañana nos casaremos.

Sayo: Hermano pero, ¿Has pensado bajo qué religión celebrarán la ceremonia?.

Shougo: No quiero imponerle a Misanagi nuestras creencias, creo que ya ha sacrificado bastante; además, no hay ningún sacerdote en el Japón que pueda casarnos según la fe cristiana. Por los momentos, nos casaremos ante la ley japonesa y según la costumbre tradicional.

Saito (levantándose y colocándose detrás de los novios): En la mañana hablaré con el oficial de ley para que los case en la tarde ¿Les parece bien?.

Aoshi (haciendo lo propio): Y yo lo haré con el monje del Templo.

Shougo (estrechando la mano de Saito primero y luego la de Aoshi): Gracias amigos, ciertamente se los agradezco.

Misao (levantando su mano izquierda mientras con la derecha se remangaba la manga de su kimono): Y tendremos un banquete. En una boda no puede faltar un banquete.

Sano y Yahiko: ¡Bien!. ¡Comida!.

Sayo y Kaoru: ¡No tienen remedio!.

La risa inundó la habitación. Era relajante no pensar en el combate y planificar una fiesta para el día siguiente. Cho, Soujiro y Saito se despidieron, pero éste último cuando se retiraba se acercó a Misanagi:

Saito: No pierdas la fe en ti misma, lograrás lo que desees si te lo propones y estoy seguro que serás una buena esposa para Mutoh.

Misanagi (recordando a alguien que ya le había dicho eso): Gracias...¿Podría pedirte un favor? ¿Podrías avisarle a Haita?, me gustaría que por lo menos él estuviese con nosotros.

Saito (abandonando el Aoia): Cuenta con ello.

La oscuridad de la noche envolvió la casa a medida que fueron apagándose una a una las luces que la iluminaban y los sonidos de los habitantes nocturnos se convirtieron en arrullo. Ya entrada la noche, una figura salió al patio, pero se encontró con que no era el único al que el sueño no había logrado vencer.

?: ¡¿Himura?!.

Kenshin: No era un mensaje de Holanda, ¿Cierto?.

Shougo: No. Es un reto de Klaudia. Quiere verme en el Templo de la Montaña.

Kenshin: Puede ser una trampa, ¿Lo has pensado?.

Shougo: La idea cruzó por mi mente, aunque ella es una Samurai y hasta ahora no tengo razones para dudar de su honor, pero nunca se puede estar totalmente seguro. Por eso es que quiero adelantar mi matrimonio con Misanagi. La amo demasiado y no quisiera que una decisión postergada la hiciera infeliz en un futuro; además, creo que podría ser como un aliciente para desear volver a casa, ¿No lo crees así?.

Kenshin (recordando la vez que literalmente "venció a la muerte" al pensar que alguien esperaba por su regreso): Eso es muy cierto, amigo mío.

Shougo: Sólo espero que ella sepa perdonarme esta mentira.

Kenshin: Aún creo que deberías decirle, tiene derecho a saberlo.

Shougo (colocando una mano sobre el hombro de Kenshin): Bueno, debo ir tratar de dormir un poco, mañana será un día muy largo.

Kenshin: Sí, que descanses.

Kenshin se quedó un rato a solas. El cielo estaba particularmente despejado y las estrellas trajeron a su memoria el recuerdo de una noche, en la cual las luciérnagas semejaban estrellas en la oscuridad, una despedida y la vez una promesa. Bajó la mirada y tocó la empuñadura de su espada. Asombrado de sí mismo por la decisión que acababa de tomar, entró y deslizó con sumo cuidado el panel de la habitación donde dormían Sayo y Kaoru. Se acercó a ésta última y le susurró mientras le tomaba de la mano:

Kenshin: Kaoru, despierta.

Kaoru (entreabriendo los ojos): ¡¿Nani?!. ¡Kenshin!. ¿Acaso sucede algo malo?.

Kenshin: Quiero hablar contigo un minuto, pero no aquí.

Kaoru tomó la manta y se la colocó a los hombros. Ambos salieron de la habitación y se sentaron en el porche del Aoia, tal y como acostumbraban hacer en ocasiones en el del Dojo cuando querían conversar a solas.

Klaudia, Melders y Takashi ultimaban los detalles de su plan contra el Aoia; así como la estrategia para iniciar la Guerra Civil.

Takashi: ¿Están tus hombres preparados Klaudia?.

Klaudia: Aún no, pero dentro de muy poco estarán listos.

Melders: Aún no puedo creer que esos monos ojirasgados estén vivos.

Klaudia (molesta): Te recuerdo que yo también soy Japonesa, ¿Acaso me llamas de esa forma a mí también?.

Melders: Tómalo como quieras...Kraudia.

La mujer se sorprendió con las palabras de Melders, sobretodo con la última palabra "Kraudia", hace mucho tiempo que no escuchaba su verdadero nombre; ella adoptó el nombre de "Klaudia" cuando se fue al extranjero, fue muy duro para ella aprender esos idiomas, especialmente por el endemoniado sonido de la "ele" que tanto le costaba imitar; pero al final lo logró y se dio cuenta que su nombre sonaba mejor como "Klaudia"; y, de ese modo cuando regresara no levantaría sospechas. ¿Quién iba a creer que una mujer de facciones finas, cuerpo envidiable y acento inglés sería la misma que asesinó a tanta gente en el Japón años atrás?. Todos estos pensamientos no le llevaron a Klaudia sino pocos segundos y finalmente le replicó al alemán.

Klaudia: ¿Cómo demonios sabes mi nombre?.

Melders: Eres Japonesa y en su idioma el sonido de la "ele" no existe, así que al escucharte pronunciar tu nombre supe que no era el verdadero; pero tenía la duda de cómo habías hecho para imitarlo de forma tan perfecta, la respuesta me la dio Takashi cuando dijo que te había conocido en Europa; y, bueno pensé que habías usado "Klaudia" como variante Europea de "Kraudia".

Klaudia (sonriendo): Vaya, bien, es cierto, mi verdadero nombre es Kraudia; pero aún no me respondes la pregunta y de verdad no quisiera tener que cortar partes de tu cuerpo para obligarte a hacerlo.

Melders (desenfundado): Eso me gustaría verlo.

Takashi: ¡Dejen de pelear!. Si combatimos entre nosotros mismos nos debilitaremos y nuestros planes se irían al infierno. Melders, te agradecería que dejaras esos comentarios, sabes que son muy hostiles y crean discordia.

Melders (algo incomodado y retirándose): Como sea.

Klaudia: No debiste pedirle nada, pudiste haberlo asesinado o al menos torturarlo un poco.

Takashi: Sabes que no lo haré, tengo honor y cumpliré los términos de mi alianza con él, además es un estratega admirable y sus contactos ya están dando frutos.

Klaudia: Tú sabrás.

En el Aoia, dos figuras se miraban fijamente mientras sostenían una charla; la joven Kamiya ni siquiera se imaginaba la razón por la cual Kenshin la había despertado de forma tan intempestiva y su corazón estaba tranquilo sin saber que pronto se aceleraría sin remedio.

Kaoru (viendo en la expresión del Samurai): ¿Qué sucede Kenshin? Te noto extraño, un tanto ansioso. ¡Vamos sabes que puedes decírmelo!.

Kenshin: Creo que te parecerá apresurado, pero estuve hablando con Amakusa y me dijo algo muy cierto; el esperar mucho tiempo para tomar una decisión a veces puede hacer infeliz a quien uno ama.

Kaoru: Wakarimasen.

Kenshin (tomando ambas manos de la chica temblorosamente entre las suyas): Kaoru...¿Te casarías conmigo mañana?

La joven sintió que la sangre comenzaba a recorrer su cuerpo a tal velocidad, que el frío de la noche desapareció y tuvo que quitarse la manta de encima para no sofocarse de calor.

¿Habrá doble boda? ¿Ensombrecerán las acciones de la Sociedad del Dragón Negro un momento tan especial para nuestros amigos? Prepárense para una celebración sorprendente en el próximo capítulo.