¡Qué pena! Se supone que iba a subirlo ayer, pero realmente ayer no fue un buen día y ni siquiera encendí mi computadora. En fin, aquí está el capítulo, espero que les guste.
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Deja Vu
Makoto se estremeció de pies a cabeza cuando sintió el camino de besos que recorría su cuello. Las manos de Sousuke de repente se habían colado por debajo de la camisa de color verde, nublando sus pensamientos con deseo. Podía sentir el cálido aliento ajeno cerca de su oreja, cuando Sousuke comenzó a susurrarle "te necesito", "te deseo", "te quiero". Cuánto de todo eso era producto del efecto del alcohol, Makoto no lo sabía y tampoco era como si pudiera poner demasiado esfuerzo para pensar en ello. No cuando de repente la mano de Sousuke bajaba, y bajaba, y bajaba. Y… eso no estaba bien. Para nada bien. Bueno, sí que se sentía muy, pero muy bien que Sousuke lo masturbara, pero eso no era lo que él quería. Estaba actuando bajo los efectos del alcohol.
—Sou… ¡Ah! —Makoto se mordió el labio e intentó apartar la mano de Sousuke —Espe… ¡Ah! —la cabeza le daba vueltas y no podía pensar con claridad. La mano de Sousuke no cesaba en su movimiento de arriba abajo. Y cuando su pulgar tocó la punta, Makoto supo que estaba cerca —Si sigues v-voy a… —pero antes de que pudiera decir algo más, tenía la espalda sobre la cama y el cuerpo de Sousuke sobre él. Sousuke lo miraba con un gesto depredador que nunca antes había visto.
—Makoto —lo besó en los labios, pegándose más a él. Makoto era incapaz de reaccionar para alejarlo. Su cuerpo se había convertido en gelatina. Pero entonces…
—¿Sousuke? —el más alto se había quedado dormido encima de él. Makoto lo supo cuando escuchó su respiración acompasada cerca de su cuello —Santo cielo, ¿qué voy a hacer contigo?
Con cuidado de no despertarlo, Makoto lo acomodó sobre la cama – descubriendo entonces que de pronto parecía haber ganado bastante fuerza – y lo arropó con una sábana. Luego se sentó en la cama, cerca de él, mirándolo con devoción mientras le acariciaba los mechones negros. Rayos, cómo lo quería. No. Realmente no era sólo eso. Más que quererlo, lo amaba. La realización de sus verdaderos sentimientos lo golpeó con fuerza en ese momento, haciéndolo sentir extraño. De repente se preguntó si quizás algún día Sousuke podría amarlo así como había amado a Yazaki. Moría por preguntárselo, pero también sabía que jamás iba a ser capaz de hacerlo. Era demasiado cobarde.
El resto de la noche se la pasó velando su sueño. Sonrió tontamente al ver su rostro, casi angelical, totalmente relajado. Pasó sus dedos por el cabello ajeno, por los hermosos y varoniles rasgos de su rostro que, a sus ojos, era perfecto. No supo cuándo fue, pero no pasó mucho para que cayera dormido.
S & M
Le dolía horrores la cabeza y su estómago estaba completamente revuelto. ¿Cuánto había bebido? ¿Dónde estaba? Demonios, se sentía tan mal que ni siquiera sentía deseos de abrir los ojos. Pero la luz que de pronto lo golpeó en la cara comenzaba a fastidiarlo, así que no tuvo más opción que abrirlos. De no haberse sentido tan mal, la imagen que le dio la bienvenida habría sido mil veces más agradables. Makoto estaba acostado a su lado, con la boca ligeramente abierta y luciendo – si es que era posible siquiera – más angelical que de costumbre. Se acercó al rostro ajeno, con la intención de besarlo en los labios, pero su estómago se revolvió y tuvo que levantarse para ir corriendo al baño. Sí, ahí estaba él ahora, depositando en el retrete el contenido de su estómago. ¿Cuándo había sido la última vez que vomitaba luego de beber? No recordaba haber tenido una resaca tan terrible nunca.
Se incorporó y la cabeza le dio vueltas. Segundos después, estaba depositando lo que quedaba en su estómago dentro del retrete. Ah demonios, se sentía tan mal. De nuevo, ¿qué había tomado? ¿Cómo había podido ser tan imprudente? Entonces escuchó unos pasos apresurados y momentos después sintió unos suaves toquecitos en su espalda, como un delicado masaje. Levantó la cabeza y se encontró con los preocupados ojos de Makoto. Abrió la boca, pero vomitó nuevamente. Estuvo así cinco minutos más, con Makoto masajeando su espalda y quitándole el cabello sudoroso de la frente.
—¿Te sientes mejor? —preguntó Makoto, preocupado.
—Supongo que podría decir que sí —contestó, mientras intentaba incorporarse. Makoto lo ayudó a llegar al lavamanos, donde Sousuke se cepilló los dientes para quitarse el sabor desagradable de la boca —¿Qué haces aquí? —el castaño se mordió el labio.
—¿No… recuerdas lo que sucedió anoche? —mientras caminaban de vuelta al dormitorio, Sousuke vio las imágenes de la noche anterior pasar ante sus ojos.
—Maldita sea.
Lo recordaba, claro que sí. Nunca olvidaba ninguna de las estupideces que hacía cuando estaba ebrio, aunque a veces se hiciera el desentendido. Recordaba la fiesta. El alcohol. Había bebido una colorida combinación de tragos, desde ron hasta cocteles y… ah, si recordaba correctamente, también había tomado jager. Después… ¿qué había pasado después? Ah sí. Demonios. Lo que le había hecho a Makoto. Miró al castaño de reojo y lo vio levantarse para salir de la habitación. Se pasó las manos por el pelo, frustrado. ¡Había actuado como un completo idiota!
Cuando Makoto regresó, llevaba consigo una pastilla y un vaso de agua. El castaño lo apremió para que tomara la pastilla y él obedeció. Su estómago agradeció el líquido frío y su garganta se sintió refrescada. Volvió a mirar a un Makoto que lucía nervioso, casi como si quisiera decir algo. Se estaba conteniendo de nuevo. Él lo sabía, que Makoto solía callarse lo que se sentía por temor a molestar a los demás. Dejó el vaso sobre la mesita de noche y se volteó hacia Makoto, tomándolo de las manos.
—Supongo que te debo una explicación —pero el castaño negó con la cabeza.
—No tienes que…
—Tengo que hacerlo —lo cortó —La razón por la cual bebí anoche y me comporté como un idiota. Tengo que decírtelo. Probablemente escuchaste algo de Rin mientras arrastrabas mi alcoholizado cuerpo hasta aquí.
—Él dijo… que tu estado podía ser un poco por su culpa —contestó —Aunque me parece difícil creer que él podría…
—No es su culpa. Nosotros… tuvimos una charla hace unos días, antes de que él dejara Samezuka —explicó —Él… sus palabras me hicieron recordar algo que creía haber enterrado para siempre en lo más recóndito de mi memoria. Yo… recordé uno de los sueños que tuve luego de que mi carrera como nadador acabara —jamás pensó que sería tan difícil recordarlo. Por eso había bebido, porque quería olvidarlo. Pero el efecto que otorgaba el licor era temporal y ahora se sentía como un idiota.
—No tienes que…
—Medicina deportiva —lo interrumpió, permitiéndose un momento de debilidad para recostar su frente en el pecho del castaño —Cuando mi carrera se vio truncada por la lesión me dije "quiero ser una persona que ayude a los atletas a superar, o incluso prevenir, lesiones graves como la mía o la de Rin". Sin embargo para ese entonces, las cosas en mi familia enloquecieron. Alguien filtró el hecho de que mi padre tenía una amante y que la había dejado embarazada no una sino dos veces. El honor de los Yamazaki había quedado destrozado por completo. Mi padre, uno de los mejores médicos del país, se había convertido en una deshonra.
"Entonces fue cuando me dije que yo tenía que traer de vuelta el orgullo y renombre de los Yamazaki. Escribieron cosas bastante desagradables acerca de mi padre, ¿sabes? Y fue cuando renuncié del todo a la idea de la medicina deportiva e ingresé a la escuela de administración de la Toudai. Me gradué con honores y estudié en el programa a distancia de varias universidades reconocidas en Europa. Me convertí en la persona más joven en ascender a un puesto administrativo importante en Samezuka, uno de los orgullos de este país.
La gente olvidó a Yamazaki Sousuke el nadador, el representante de la selección nacional, pero comenzaron a reconocer a Yamazaki Sousuke el empresario. Esto benefició a mi padre también y pronto recuperó su credibilidad. Nadie nunca dudó de sus habilidades, pero sí de su ética profesional. Pensaban que la muerte de su primera esposa lo había trastornado para siempre, pero ¿cómo podía un hombre trastornado criar a un "genio" como Yamazaki Sousuke? La familia Yamazaki recuperó su honor y papá comenzó a salir con Tachibana Maki-
Cuando ascendí a vicepresidente, pensaba que ya no me hacía falta nada, que no necesitaba nada, que mi inútil sueño se había convertido en parte del pasado. Hasta que Rin mencionó que finalmente, después de todos estos años, él había alcanzado su sueño. "No es tarde para ti", me dijo. "Estás aburrido de tu vida", ese argumento me golpeó y me di cuenta de que toda mi vida se había convertido en una aburrida rutina. Siempre rindo al 100%, porque es mi trabajo, porque es lo que se espera de mí, pero, ¿es realmente lo que quiero? ¿Lo que me hace feliz? Me di cuenta de que no podía responder a eso. Hace tiempo que no dejaba que el alcohol tomara el control. Lo siento, Makoto, actué como un completo idiota."
Sousuke se sintió protegido cuando los brazos de Makoto se enredaron alrededor de su cuerpo. Era como si le dijera "estoy aquí y no voy a irme". No era muy dado a hablar tanto, a dejar que los demás supieran tanto sobre él, sobre cómo se sentía. Pero se había sentido bien, como si se hubiera quitado – otro – un peso de encima. En los brazos de Makoto sentía que estaba bien mostrar debilidad, porque él no iba a juzgarlo. Una diminuta sonrisa se dibujó en sus labios, al tiempo que pasaba los brazos alrededor de la cintura del castaño.
—Creo que es genial —dijo entonces Makoto —tu sueño. Siempre lo supe, pero ahora estoy más seguro que nunca, tienes un gran corazón, Sousuke —el aludido levantó la cabeza y se perdió en aquellos ojos verdes que parecían decirle "todo está bien" —Y creo que Rin-san tiene razón. Si es lo que en verdad quieres, lo que hace feliz, nunca es demasiado tarde. Incluso podrías combinar tu trabajo con las lecciones en la universidad. Será agotador, pero si se trata de ti, estoy seguro de que estás bien.
Sousuke se encontró a sí mismo riendo. Pensar que él había estado dándole tantas vueltas y que unas pocas palabras de Makoto pudieran hacer que la luz regresara a él. Las cosas eran, quizás, más simples de que lo él había creído. Tal vez tenía que empezar a escuchar a sus menores. Tal vez las palabras de Makoto eran lo único que necesitaba para recuperar la paz, para darse cuenta de que se había estado ahogando en un vaso de agua. Sí, ese era Makoto, su luz de la esperanza.
—Gracias —dijo, besando la mejilla de Makoto. Un Makoto que de pronto se había sonrojado —¿Qué pasa?
—A-Ah e-es sólo que… lucías adorable cuando reías. Casi… parecías un niño —Sousuke lo soltó y lo miró, arqueando una ceja.
—¿Te estás burlando de mí?
—¡No, no se trata de eso! —se apresuró a añadir —¡E-Es sólo que…! ¡Oye! —de pronto Makoto se encontraba encima de Sousuke, atrapado entre sus brazos —¡Sousuke!
—Silencio, me dolerá la cabeza de nuevo si gritas.
—Ah, sí. ¿Te sientes mejor ahora? ¿Quieres que te prepare algo para la resaca? O tal vez un baño caliente. O mejor aún, podría… —Sousuke lo silenció con un beso.
—Sólo… quédate aquí, así, un rato —suspirando, Makoto se rindió, colocando las manos sobre el pecho ajeno. Ambos cerraron los ojos, mientras disfrutaban de la respiración acompasada del otro.
—¿Sousuke? —Makoto dio gracias porque Sousuke no pudiera ver su rostro. No sabía por qué, pero de repente sentía la necesidad de decirle… ¿qué era lo que quería decirle? Ah, sí, una tontería —¿Seguro que te sientes bien?
—Estoy bien. Pero más importante, ¿hay algo que necesites decirme? —el cuerpo de Makoto se tensó. ¿Podía ser que Sousuke se hubiera dado cuenta de que algo lo estaba incomodando? No, no podía ser. Como el castaño no respondió, Sousuke lo haló suavemente del cabello para hacer que lo mirara —Makoto.
—No es… nada —Sousuke arqueó una ceja —De verdad. Bueno, tal vez… —el más alto lo miró, expectante —C-Creo que… voy a intentarlo. La natación profesional. N-No creo que mi nivel sea suficiente, pero… quizás el esfuerzo pueda compensar mi falta de talento.
—¿Falta de talento? ¿De qué estás hablando? ¡Eres increíblemente talentoso! —replicó Sousuke, casi haciendo que Makoto se cayera cuando se incorporó de golpe —Ya habíamos tenido esta conversación, ¿no? —el castaño agachó la cabeza y se mordió el labio. La conversación se había "torcido" y de nuevo no había podido decirle qué era lo que en verdad sentía —Por cierto, no sabía que tenías "ese" tipo de talento —Makoto lo miró, confundido —Eres un modelo nato —las mejillas de Makoto enrojecieron al instante.
—¡S-Sousuke!
—No sabía que tenías ese tipo de talento, en serio. Te veías… —nuevamente, Makoto se encontró debajo de Sousuke, con los labios ajenos muy cerca los suyos —increíblemente sexy.
—¡N-No te burles de mí!
Sousuke no dijo nada y simplemente lo besó. Aquel era un beso que mucho distaba del roce brusco de labios que había compartido la noche anterior. Era como si… Sousuke le dijera de esa manera cómo se sentía, ya que, de momento, no era posible que le dijera cuáles eran sus verdaderos sentimientos. Makoto se entregó al beso, enredando sus brazos en el cuello ajeno, olvidándose – o más bien ignorando – de aquello que le preocupaba. Quizás lo lamentaría después – su falta de comunicación – pero de momento no quería arruinar las cosas.
S & M
Deja vu.
Los acontecimientos de la noche anterior no habían sido más que un doloroso deja vu. Estaba seguro. Había algo que Makoto quería decirle. Se lo gritaban sus ojos, y sus acciones, cuando se aferraba a él en medio de los besos y caricias. Makoto intentaba desesperadamente ocultarle algo, pero, ¿qué podía ser? Le inquietaba, sin embargo, no era capaz de preguntarle. ¿Por qué? Bueno, quizás no conocía la respuesta. Sí, esta vez también había recurrido a aquella táctica: sincerarse con él para hacerlo sentir más tranquilo, luego llenarlo de afecto. ¿Por qué de pronto sentía que estaba jugando con él?
Frustrado, Sousuke cerró su portátil, tomó el celular, las llaves del auto y salió de su oficina. Necesitaba despejarse. Informó a Yazaki que estaría fuera un rato y casi corrió al estacionamiento. Sólo había un lugar al que quería dirigirse en ese momento. Minutos después, había estacionado su auto en el campus de la Universidad de Tokio, su alma mater. Recordando el camino, se encaminó al gimnasio donde practicaba el equipo de natación. Se quedó fuera del recinto, escuchando el splash de agua y las voces agitadas de los nadadores. Sonrió con cierta nostalgia, poniendo la mano sobre la puerta.
—¿Sousuke? —el aludido se sobresaltó y se volteó, encontrándose con su antiguo entrenador de la selección —¡Vaya, sabía que eres tú, Sousuke! ¡Ha pasado mucho tiempo, muchacho!
—Ah, entrenador Shimabukuro —Shimabukuro era un hombre mayor con el cabello rubio y el bigote surcados por las canas, y un físico impresionante para su edad. Había sido entrenador de la selección de natación japonesa cuando Sousuke aún era un nadador activo —Es un gusto verlo. Yo sólo estaba…
—Has venido a ver a los muchachos, ¿verdad? Vamos, vamos, adelante —sin tener tiempo para replicar, Sousuke se vio arrastrado hasta el interior del complejo deportivo que tan bien conocía.
—Este lugar…
—Te trae recuerdos, ¿no? —dijo el entrenador —No ha cambiado demasiado, supongo, a excepción de algunos aparatos tecnológicos que tenemos aquí ahora para medir el rendimiento de los atletas. Por supuesto que no soy muy diestro en esto, pero los muchachos de medicina deportiva vienen y nos ayudan a analizar los datos.
—¡Makoto, es tu turno! —en cuanto escuchó ese nombre, Sousuke volteó la cabeza. Ahí estaba él. Ah, ¿desde cuándo Makoto usaba trajes de baño que le quedaban arriba de la rodilla?
—Por ejemplo, nuestro capitán —dijo Shimabukuro —es estudiante de medicina deportiva. Ha sido de gran ayuda para idear planes de entrenamiento y alimentación para los chicos. Makoto confía mucho en él y se llevan bastante bien. Supongo que a eso viniste.
—¿Eh?
—A ver a tu hermano.
—Eh… ah, bueno…
—Entonces, ponte cómodo y mira con atención —le dijo, mientras ambos se sentaban en una banca —Este chico es un genio del esfuerzo que ha logrado sacar a relucir todo su talento después del campamento de la semana pasada.
Makoto se acercó para intercambiar unas palabras con Nitori Aimaru y luego se colocó al borde de la piscina. Sousuke lo vio tomar una posición de salida que no era la de backstroke. Se quedó extrañado. Entonces, Aimaru dio la señal de salida. Makoto se arrojó al agua.
—¡E-Eso es…! —exclamó Sousuke, poniéndose de pie súbitamente y escuchando de fondo los vítores del resto de los miembros del equipo.
—Butterfly stroke —terminó el entrenador, mirando la forma de Makoto, complacido —Cuando este chico llegó por primera vez, supe que había encontrado a mi estrella para el relevo. Hacía años que no teníamos a un nadador decente en backstroke y con él lo tenemos cubierto. Sin embargo, él insistió en que quería dedicarse al butterfly stroke también. Su forma no era muy buena, pero la ha pulido de tal forma que puede estar orgulloso. Bueno, míralo tú mismo.
Su forma era impecable. Carente de movimientos innecesarios. Elegante y grácil. Tan diferente a su backstroke, pero a la vez igual de cautivante. Sousuke se dejó caer en su asiento, al tiempo que Makoto terminaba su vuelta y salía de la piscina, sacudiéndose el agua del cabello, de esa forma tan endemoniadamente sexy que había mostrado en el comercial. ¿Lo hacía al propósito acaso? Entonces lo vio revisar algo en la Tablet que Aimaru sostenía.
—La primera vez que lo vi nadar mariposa, recordé algo de tu estilo en él —continuó el hombre —Era como si quisiera parecerse a ti a toda costa. No te imaginas lo que me costó hacerle entender que tenía que encontrar su propio estilo y dejar de imitar el tuyo. Es un poco cabeza dura, pero mi insistencia valió la pena y este es el resultado. El hecho de que tenga un backstroke agresivo no significa que su butterfly tenga que serlo también, eso fue lo que terminó de comprender en el campamento.
—¡Entrenador Shimabukuro! —exclamó Aimaru —¿Podría venir un momento, por favor?
—Discúlpame un momento —el entrenador se levantó y se fue a hablar con Aimaru y Makoto. Vio que Aimaru le pasaba un brazo por los hombros a Makoto y sintió un pinchazo de celos. Qué infantil. Se quedó mirando fijamente a Makoto. Lucía feliz, haciendo lo que le gustaba. Se preguntó entonces cómo era que lucía él mismo cuando lograba firmar un contrato importante. No recordaba esa sensación de plenitud que Makoto parecía reflejar en ese momento.
—¿Sousuke? —levantó la mirada y se encontró con Makoto frente a él —¿Qué haces aquí? —miró el reloj, ni siquiera era mediodía, así que no podía usar la hora de almuerzo como excusa —¿Has venido a ver el entrenamiento? —realmente no estaba seguro de cómo había terminado ahí.
—Sólo pasaba por aquí y quise saludar al entrenador —contestó, con un tono de voz que le salió extrañamente frío —Lo haces bien. En butterfly stroke —el castaño sonrió ampliamente ante el cumplido —Pero no vayas a confiarte —añadió.
—Lo sé. Ya no queda mucho para el torneo, así que voy a esforzarme al máximo en los días que quedan.
—¡Muy bien, el entrenamiento termina por hoy! —se escuchó la voz de Shimabukuro resonar por toda la estancia —¡Todos a las duchas! Vamos a tener una charla con el equipo médico esta tarde para pulir algunos detalles, así que no vayan a faltar —Makoto se despidió con una ligera inclinación y se marchó junto con sus compañeros. Sousuke se puso de pie, dispuesto a marcharse —Lo hace bien, ¿verdad?
—No está mal. Pero no esperaba menos de un entrenador de tu calibre —pero Shimabukuro negó con la cabeza.
—Todo es mérito suyo, yo sólo le di un empujoncito. Ah, si tuviera que agradecerle a alguien, sería a ti.
—¿A mí? —repitió, visiblemente confundido —¿Qué quieres decir?
—"Yamazaki Sousuke es la persona a quien más admiro. Gracias a él es que puedo esforzarme tanto, porque algún día quiero llegar a estar a su altura". Eso me dijo una vez cuando lo encontré practicando y ya todos se habían marchado a casa. Es algo bueno que se hayan convertido en hermanos. Parece que eres una buena influencia para él, así que trata de halagarlo un poco más, ¿quieres?, eso lo motivará aún más.
Mientras caminaba de vuelta a su auto, Sousuke se sorprendió a sí mismo sonrojándose como una colegiala. ¿Qué le pasaba? ¿Se había puesto así porque había escuchado que Makoto lo admiraba? ¿Por qué de repente se sentía tan feliz?
S & M
Se había quedado de último, con la excusa de revisar el reporte de sus últimos números que Aimaru había resumido para él. Cuando se aseguró de que todos sus compañeros se habían marchado, Makoto se desvistió y entró en la ducha. Se llevó la mano al hombro derecho, conteniendo un quejido. Dolía, maldición. ¿Por qué dolía? ¿Por qué de pronto la piel se estaba enrojeciendo tanto? Dejó que el agua fría de la regadera aliviara un poco el calor de su hombro lastimado, tratando de recordar mientras tanto en qué momento se había lastimado. Ah. Quizás se había excedido un poco con el entrenamiento de pesas en el gimnasio. Pero necesitaba unos hombros fuertes para el butterfly stroke. Y el vendaje que había estado usando, en conjunto con los ungüentos deberían haber ayudado, ¿no? Entonces, ¿por qué de repente había comenzado a doler tanto?
Golpeó la pared con un puño, conteniendo un grito cuando escuchó pasos. Rayos, ¿todavía quedaba alguien? ¿Quién? Makoto sólo rogaba porque no fuera el entrenador.
—Ah, Makoto, todavía estás aquí —era la voz del capitán. Cierto. ¿Cómo había podido olvidar que el capitán siempre se quedaba de último para cerrar?
—S-Sí —balbuceó, apretando la zona lastimada —E-En un momento termino. Lamento la demora.
—No hay problema, de todos modos yo también necesito tomar una ducha —dijo y Makoto lo escuchó entrar en la ducha que estaba al lado de la suya —Por cierto, quería preguntarte, ¿está todo bien? —el cuerpo de Makoto se tensó —El movimiento de tus brazos durante la última vuelta me pareció un poco rígido —el castaño maldijo la endemoniada capacidad de observación de su senpai —Bueno, supongo que debe ser el cansancio acumulado. El campamento no fue nada fácil, pero estarás bien con un poco de reposo.
—Sí, eso —casi suspiró aliviado, mientras escuchaba el grifo abrirse del otro lado. Levantó el brazo derecho para alcanzar el champú. Ah, dolor insoportable. Sin poder evitarlo, se le escapó un quejido, bajito pero lo suficientemente claro como para que Aimaru pudiera escucharlo.
—¿Makoto? ¿Está todo bien? —la botella se resbaló de entre sus dedos y el dolor hizo que las rodillas le fallaran un momento, teniendo que apoyarse en la pared para recuperar el equilibrio.
—E-Estoy b-bien, no te preocupes —Aimaru no contestó. En cambio la puerta enfrente de él se abrió. Aimaru apareció ante él, con una toalla amarrada en la cintura —Capitán… —Makoto se volteó para ocultar su lesión, pero el capitán lo agarró del brazo para ponerlo nuevamente de frente.
—¡Santo cielo! —Makoto agachó la mirada, dejando que su flequillo le ocultara los ojos —Makoto, ¿cómo fue que…? No, olvídalo, ¿desde cuándo tú…? —no contestó —¡Makoto! —el castaño miró al mayor a los ojos, con culpa, mordiéndose el labio.
—Lo siento.
—¿Lo sientes? ¡Dices que lo sientes! —exclamó el de cabello plateado —Makoto, ¿sabes cuántos días faltan para el torneo? —Makoto abrió la boca para responder, pero no dijo nada —Makoto, dime la verdad —Aimaru cerró el grifo y se acercó más a él —¿desde cuándo tienes el hombro así?
—¿U-Una semana? —respondió, encogiéndose en su lugar. Cuando el castaño miró a su senpai a los ojos, pudo ver la ira dibujada en ellos, por lo que no le quedó más opción que agachar nuevamente la mirada. Ninguno dijo nada y de pronto Makoto sintió una toalla caer sobre su cabeza.
—Sécate y vístete, vamos al consultorio —vio que Aimaru comenzaba a vestirse y, saliendo de la ducha, él hizo lo mismo, con cuidado de no lastimarse más el hombro —¿Estás listo? —preguntó Aimaru, cuando Makoto terminaba de meter su ropa en el maletín. Asintiendo con la cabeza, Makoto siguió al otro hasta entrar en el edificio de la facultad de medicina —¿Puede que esto haya sido mi culpa? —escuchó murmurar al otro —¿Tal vez no medí bien la cantidad de entrenamiento?
—¡No, esto… esto no es tu culpa! —exclamó Makoto, al tiempo que Aimaru sacaba una llave del bolsillo de su pantalón —Yo… estuve entrenando un rato más todos los días. A veces dolía, pero pensaba que era porque mis músculos no eran lo suficientemente fuertes. Usé hielo, ungüentos, incluso una protección para el hombro mientras no estaba nadando. El dolor se fue por un tiempo, pero hoy… en la última vuelta tuve que hacer un esfuerzo increíble para que el dolor no se me notara en el rostro. L-Lo siento mucho, capitán.
Aimaru lanzó un suspiro y le revolvió el cabello, haciéndole una seña para que entrara. Se encontraban dentro de una sala de rehabilitación, con moderno equipo médico. Afortunadamente no había nadie. Aimaru hizo que Makoto se acomodara en una silla y lo hizo mover el brazo, ejerciendo presión en algunos puntos. Makoto se mordió el labio cuando sintió el dolor recorrer todo su brazo.
—¿Está… muy mal? —preguntó, en voz bajísima. Aimaru no contestó, en cambio se levantó y revolvió el contenido de un cajón.
—Necesitaremos una radiografía. No creo que se trate de una fractura, pero no está de más confirmar. Parece más bien muscular. Tu hombro fue sometido a una gran cantidad de estrés por el exceso de actividad física. Sólo espero que… —Aimaru se volteó para mirarlo y le tendió un frasco de pastillas —no se trate de eso.
—¿Eso? —el mayor negó con la cabeza.
—Vas a guardar reposo por estos tres días. Nada de entrenamientos en el gimnasio ni prácticas en la piscina —Makoto iba a replicar, pero la mirada amenazante de su capitán lo hizo guardar silencio —¿Entendido? —asintió con la cabeza —Asegúrate de tomar estas pastillas, ayudarán a disminuir la inflamación. También, vas a ponerte una protección diferente —buscó en su maletín y sacó una protección de color negro —Suerte que traje esto conmigo cuando fui al consultorio de mi padre. Es fisioterapeuta, trabaja en el hospital y fue el mismo que trató a Yamazaki-san cuando le diagnosticaron "hombro del nadador", así que mañana iremos a verlo.
—El entrenador… ¿cómo…?
—A como están las cosas, no tendremos más opción que hacérselo saber.
—¡Pero! ¡Si hago eso él…! —el castaño se llevó las manos al rostro, frustrado. No podía hacerlo. Si no lo dejaban competir en el torneo, ¡todo su esfuerzo habría sido en vano!
—No puedes ocultárselo, Makoto —dijo Aimaru —Si tu condición empeora, será peor para ti y para el equipo. Escucha, —se agachó y le puso las manos en los hombros, con cuidado de no lastimarlo —entiendo tus sentimientos, pero tu salud es lo más importante. Además, todavía no puedo darte un diagnóstico exacto de tu condición, por eso mañana iremos con mi padre, cuando tengamos su diagnóstico, te prometo que te acompañaré a hablar con el entrenador. Tomaré parte de la responsabilidad como capitán.
—¡No puedes…! —exclamó Makoto.
—También es mi responsabilidad como capitán. Por culpa de mis descuidos estás así ahora. Así que sin objeciones, ¿de acuerdo? —resignado, Makoto asintió con la cabeza —Por cierto, Makoto, ¿puedo hacerte una pregunta? —el aludido asintió con la cabeza —¿Tanto deseas ser como él? —el castaño parpadeó, confundido —Me refiero a Yamazaki Sousuke.
—¿E-Eh?
—Se lo dijiste al entrenador, ¿no? Que lo admirabas y que querías llegar a ser como él. Pero Makoto, Yamazaki es Yamazaki, y tú eres tú. No tienes que imitarlo para demostrar que eres un nadador increíble —de pronto el rostro del capitán estaba peligrosamente cerca del suyo —La flexibilidad que Yamazaki tenía en sus hombros no es algo que pueda aprenderse, creo que lo sabes. Entonces, ¿qué es lo que quieres demostrar? Dime por qué. ¿Por qué te hiciste daño de esa manera?
Makoto se quedó boquiabierto, incapaz de responder a esas preguntas. Las palabras del capitán, tenía que admitir que quizás sí tenía un poco de razón. Muchas veces se había sorprendido a sí mismo pensando cosas como "tengo que alcanzarlo", "tengo que convertirme en un gran nadador de butterfly stroke como él", "porque si lo hago tal vez… algún día pueda estar a su lado como un igual". Había momentos en los que sólo se sentía como un niño, alguien incapaz de permanecer a su lado y apoyarlo. Tal vez por eso era que Sousuke nunca le contaba nada, solía pensar. Nunca nadie lo había confrontado de esa manera acerca de sus sentimientos y que su senpai del club de natación lo hubiese notado tan fácilmente…
—Makoto, ¿estás enamorado de Yamazaki? —los ojos de Makoto se abrieron como platos y sus mejillas se tiñeron de rojo. ¿Eh? ¿Había escuchado bien? ¿Y por qué de pronto los ojos del capitán lucían tristes? ¿Qué debía hacer? ¿Qué debía responder?
—A-Ah… E-Eh… —sus balbuceos sin control no ayudaban, pero no podía simplemente decir algo como "sí, lo amo y estoy en una especie de relación con él". Un momento, ¿lo… amaba en serio? Y, ¿por qué Nitori seguía mirándolo de esa forma? ¿Por qué podía sentir su aliento en las mejillas?
—Lo siento, pregunté algo indebido —cuando quiso darse cuenta, Aimaru se había alejado de él y le daba la espalda —Olvida lo que dije, Makoto. Se está haciendo tarde para tu próxima clase —Makoto miró su reloj.
—¡Ah, es cierto! —aun nervioso por lo que acababa de pasar, Makoto trastabilló mientras daba unos pasos para recoger su maletín deportivo —M-Muchas gracias p-por todo, capitán
—Ni lo menciones. Te veré mañana a las nueve en la estación —le dijo —Ahora, márchate.
Makoto obedeció. Aimaru se derrumbó en el suelo cuando dejó de escuchar los pasos de Makoto por el pasillo. Se llevó las manos al rostro y suspiró. ¿En qué demonios estaba pensando? Decir una cosa como esa. ¿Y por qué de pronto había sentido unas insoportables ganas de besar a su kohai? Eso no estaba bien, para nada bien. No cuando era más que obvio que Makoto tenía sentimientos por Yamazaki que iban más allá de la admiración. Ah demonios. No podía estar enamorándose de él.
S & M
Las cosas más o menos habían vuelto a la normalidad entre ellos, por lo que Sousuke decidió hacerle una visita a Makoto. Después del trabajo, había visitado la pastelería donde Ai trabajaba medio tiempo y compró una inmensa torta de chocolate. Se suponía que Makoto estaba cuidando su alimentación para el torneo, pero un poco de chocolate no iba a matarlo. Condujo por las calles – curiosamente – poco transitadas y llegó en cuestión de instantes al apartamento de Makoto. Tocó el timbre y esperó, pero Makoto no apareció. Dio vuelta al pomo de la puerta y esta se abrió. Frunció el ceño. De nuevo Makoto dejando la puerta abierta.
—¿Es que este chico no va a aprender nunca? —no había rastro de Makoto en la sala cuando entró. Sobre la mesita de café estaba la computadora portátil de Makoto y un ¿frasco de pastillas? Sousuke tomó el frasco. Sus ojos se abrieron como platos —¿Pero qué…? —esas pastillas… él las conocía bien. ¿Por qué Makoto las tenía? —¡Makoto! —no hubo respuesta y comenzaba a preocuparse. Dejó la torta en la cocina y corrió a la habitación. Makoto no estaba ahí. Entonces escuchó el agua correr. ¡El baño!
La puerta estaba apenas cerrada. En conjunto con el agua que caía, Sousuke pudo escuchar unos quejidos. Alarmado, empujó la puerta, sólo para encontrarse con una imagen que le hizo sentir un deja vu. Makoto estaba sentado en el suelo de azulejo, con la espalda contra la pared, el rostro contraído por el dolor y… se estaba sujetando el hombro derecho. No. No. No podía ser.
—¡Makoto! —exclamó, al tiempo que entraba en el pequeño espacio y cerraba el grifo, arrodillándose frente al castaño —Makoto, ¿qué está…?
—S-Sousuke… —la voz se le quebraba y Sousuke sintió que el mundo se le venía encima cuando vio su rostro cubierto de lágrimas. Aquellos ojos verdes llenos de tristeza, la respiración agitada por tanto llorar —S-Sou…
A Sousuke se le partió el corazón al verlo así. Y de repente fue como si se estuviera viendo a sí mismo, en aquel fatídico día cuando sus sueños habían sido destrozados. Y entonces lo envolvió con sus brazos. Rodeó el cuerpo tembloroso de Makoto, mojándose la camisa. Pero poco le importaba. Sólo quería… quería que Makoto supiera que él estaba ahí, que no estaba solo. Pronto sintió las manos de Makoto cerrarse alrededor de su camisa húmeda. Un doloroso quejido fue seguido por un llanto que Makoto no había sido capaz de contener por más tiempo. Lo abrazó con un poco más de fuerza y le acarició el cabello, sin decir nada, sólo dejando que se desahogara.
No supo cuánto tiempo había pasado, pero finalmente Makoto se calmó. Aflojó el abrazo y dejó que Makoto levantara el rostro, limpiando las lágrimas con sus dedos, tan dulcemente que se desconocía a sí mismo. Tomó el rostro ajeno con ambas manos y lo besó en la frente.
—¿Estás… mejor? —preguntó y fue en ese momento en el que se dio cuenta de que Makoto estaba completamente desnudo. Makoto asintió con la cabeza, ajeno a las sensaciones que estaba provocando en un Sousuke que de pronto sentía mucho calor.
—Lo siento.
—¿Por qué estás disculpándote? —preguntó, al tiempo que lo ayudaba a ponerse de pie.
—No quería… que me vieras así —contestó, agachando la cabeza y apoyando la frente en el pecho húmedo de Sousuke —Soy patético, ¿verdad? Me esforcé mucho para ganarme un lugar en el equipo, para poder competir en el torneo a pesar de ser de primer año y yo… simplemente… lo eché todo a perder al final.
—Makoto…
—Mi hombro… siento que está destrozado —admitió —No sé… qué tan grave es el daño o si seré capaz de nadar, pero… rayos, esto es tan frustrante. Yo sólo… ya no sé qué hacer, Sousuke. Duele. Mucho.
Demonios, lo sabía. Lo entendía. Esa frustración, esa impotencia. La rabia y el miedo. Él lo entendía bien. Porque lo había vivido. Porque él había estado en la misma posición. Se había obligado a enfrentarlo solo porque no quería que nadie viera su "debilidad". Y eso parecía ser lo que Makoto intentaba hacer también. Seguro que no esperaba que él fuera a aparecerse y lo viera así. Pero tenía que entenderlo. Que no estaba solo. Que él se preocupaba por él y se le partía el corazón al verlo así.
—¿Qué… se supone que haga ahora?
Sousuke se alejó de él para buscar una toalla y comenzó a secarle el cuerpo. Si pescaba un resfriado las cosas se pondrían mucho peor. Makoto solamente se dejó hacer. No tenía ganas de nada. Probablemente si Sousuke no hubiera llegado él seguiría tirado en el piso, llorando solo y lamentándose. Cuando Sousuke terminó con su labor, lo hizo ponerse una bata de baño y lo guio de vuelta a su habitación, donde terminó de secarle el cabello. Las gotas que se deslizaban por su cuello hasta caer en sus pectorales podrían excitarlo en otro momento, pero no ahora, no cuando Makoto la estaba pasando tan mal.
—¿Vas a contarme qué pasó? —le preguntó entonces, tomándolo de las manos. Makoto levantó tímidamente la cabeza y asintió.
—¿Puedo…? —las mejillas de Makoto enrojecieron, su mano se aferró a la camisa de Sousuke. Abrió la boca, pero no dijo nada —¿P-Puedo…? —repitió, pero no parecía capaz de completar su petición —¿P-Pue…? —entonces Sousuke lo envolvió nuevamente en un abrazo. Makoto se sobresaltó, pero no tardó en relajarse, envuelto por aquellos brazos que lo hacían sentirse seguro.
—No te contengas, llora si tienes que hacerlo —le dijo —Yo estoy aquí, no voy a irme a ninguna parte, ¿entiendes? —asintió con la cabeza y comenzó a contarle lo que había sucedido, mientras intentaba contener el llanto.
—Lo siento. S-Siento… ser tan patético.
—No lo eres —contestó Sousuke —No eres patético, Makoto. En realidad eres un chico genial —Makoto lo miró, confundido —Creo que eres el único hombre que podría seguir luciendo adorable, aun cuando está llorando como un bebé.
—¡N-No te burles de mí, Sousuke! —replicó Makoto, escondiéndose nuevamente en el pecho ajeno.
—No me estoy burlando —se quedaron un silencio un momento. Makoto levantó la cabeza y miró, curioso, cómo Sousuke se había quedado serio.
—Sousuke, ¿qué pasa?
—¿Hmm? Sólo estaba pensando —volvió a tomar el rostro de Makoto entre sus manos, besándolo en la mejilla —en lo mucho que nos parecemos. Cuando te vi ahí en la ducha, me pareció estarme viendo a mí mismo hace años. También me destrocé el hombro, debido a un entrenamiento excesivo, todo porque sentía que tenía que probarle al mundo que era un nadador de élite. Pero tú no tienes que demostrarle nada a nadie, Makoto.
—Sí tengo —replicó Makoto, en tono apenas audible.
—¿Qué?
—Sí tengo… tengo que demostrar que puedo triunfar en el mundo de la natación competitiva. Tengo que demostrar lo que valgo. Y todo empieza con este torneo. Es por eso que… si no pudiera nadar, no sé qué voy a hacer. Tengo miedo, Sousuke. Mañana tengo una cita con Nitori-sensei y… tengo miedo de lo que pueda decir, si el daño es irremediable, yo no sé qué…
—¡Tienes que ser positivo! —replicó Sousuke, levantando la voz —No puedes estar pensando que todo está perdido, Makoto —no supo en qué momento se había puesto de pie —Mi carrera se fue por la borda cuando me destrocé el hombro, pero eso no significa que vaya a pasarte lo mismo a ti, ¡tú no eres como yo! —de repente la respiración de Sousuke estaba agitada —Tienes unos hombros fuertes, algo que yo nunca tuve. A cambio de una flexibilidad increíble, mis hombros siempre fueron propensos a lesiones. ¡Pero ese no es tu caso, Makoto! ¡Todo va a salir bien! Simplemente… créelo —Makoto ahora lo miraba boquiabierto. Lucía adorablemente sorprendido y endemoniadamente sexy con la forma en que la bata mostraba su hombro descubierto y parte de sus largas piernas —¿Qué pasa? ¿Dije algo raro?
—No, no se trata de eso —contestó el castaño, conteniendo una risita —Sólo que te veías muy tierno mientras intentabas animarme —Sousuke frunció el ceño, al tiempo que un adorable sonrojo inundaba sus mejillas.
—E-Estoy hablando en serio, maldición.
—Gracias, Sousuke —dijo entonces Makoto, mostrándole su sonrisa de millones de watts. Sousuke se rascó la cabeza, nervioso, balbuceando algo que sonaba como a "no es nada" —Me siento mucho mejor ahora. Cuando el dolor se volvió insoportable, sólo pude pensar en lo peor. El capitán Aimaru revisó mi hombro y dijo que podía ser sólo una inflamación, pero que era mejor consultarlo con su padre. Voy a creerlo. Que todo va a estar bien y que podré nadar. De verdad, muchas gracias.
—Ya te dije que no es nada —contestó, dándole la espalda —Por cierto, ¿tienes hambre? Traje algo que sé que gustará. Puedo hacer un poco de té también —avergonzado, Sousuke salió de la habitación y entró en la cocina para preparar el té. Makoto fue tras él y se quedó mirando su espalda mientras calentaba el agua, pensando en lo mucho que quería a ese hombre que a veces podía ser un poco tsundere. Se mordió el labio y se acercó a él, rodeándole la cintura con los brazos —Demonios, me sorprendiste.
—Lo siento —Makoto aspiró el aroma de Sousuke, que pronto tuvo un increíble efecto calmante en él.
—Deja de disculparte. Mako… —el cuerpo de Sousuke se tensó cuando sintió las manos de Makoto recorrer su pecho, ahí donde su camisa todavía estaba húmeda —O-Oye… —las palabras se atoraron en su garganta cuando sintió los labios de Makoto en su espalda —M-Makoto… —las manos frías del castaño de pronto se colaron entre los botones de su camisa, acariciando su pecho. ¿Qué demonios estaba pasando? Makoto... usualmente Makoto era demasiado tímido como para tomar la iniciativa. Oh demonios. Se estaba calentando —Makoto, tú…
Sousuke se dio la vuelta y levantó a Makoto hasta que lo tuvo sentado en la mesa. Hizo que abriera las piernas, causando que la bata se abriera más y terminara de deslizársele por los hombros. Se colocó entre sus piernas y capturó sus labios, introduciendo su lengua en esa boca que lo volvía loco. Sus manos tocaron también. Sus abdominales duros como roca, sus pectorales firmes. Makoto gimió cuando Sousuke mordió su labio inferior, antes de atacar su cuello con besos húmedos. Makoto ladeó la cabeza para darle más espacio, mientras su mano izquierda acariciaba el pecho ajeno. El cuerpo del castaño se estremeció cuando Sousuke besó su hombro dolorido y enrojecido. Sus labios volvieron a unirse, sus brazos se buscaron cuando la necesidad de sentirse más cerca se acrecentó.
La magia se rompió cuando el teléfono de Makoto comenzó a sonar y el pitido fastidioso de la tetera se hizo insoportable. Con la respiración entrecortada se miraron con intensidad, antes de separarse. Sousuke terminó el té mientras Makoto, con el cuerpo tembloroso por la excitación, iba a la sala para contestar el celular. Sousuke no tardó en darse cuenta de que su acalorada sesión de besos había vuelto a dejarlo con un problema entre las piernas. Probablemente lo mejor era ir al baño y ocuparse de ello antes de que Makoto se diera cuenta. Por alguna razón, a pesar de lo mucho que lo deseaba, todavía no se animaba a pasar al siguiente nivel.
Mientras Makoto hablaba con Aimaru, Sousuke se ocupó de su problema y echó agua en la cara, buscando disminuir el calor que sentía. Vio a Makoto comiendo torta de chocolate, entretenido como un niño. Lucía más tranquilo. Sousuke sonrió y se quedó mirándolo hasta que el castaño reparó en su presencia.
—Esto está delicioso.
—No vayas a abusarte con el dulce.
—No lo haré —Sousuke sirvió el té y, a pesar de no ser fanático del dulce, se sirvió un pedazo de torta también.
—Makoto —el de ojos verdes levantó la mirada —tienes un poco de chocolate en el rostro.
—¿Eh? ¿Dónde? —Makoto se tocó las mejillas.
—Un poco más abajo. No, un poco más —se levantó y lo besó en la comisura de la boca —Ahí —provocando que las mejillas del más joven enrojecieran al instante —Ah, parece que tienes un poco más —lo besó en los labios, maravillándose con la forma en que el chocolate se mezclaba con el propio sabor del castaño —Pareces un niño —Makoto dejó la cuchara a un lado y Sousuke rió cuando lo vio hacer un puchero.
—Eres malo, Sousuke. Siempre estás burlándote de mí.
S & M
Makoto apretó los puños sobre su regazo, respirando profundamente antes de mirar fijamente al médico. Lo vio acomodar algunos documentos, antes de que dirigiera sus ojos azules hacia él. El rostro serio del médico no podía vaticinar nada bueno. El castaño tragó saliva, sintiendo la mano del capitán sobre la suya.
—¿Y bien? ¿Cómo está, papá? —preguntó Aimaru, que lucía casi tan nervioso como Makoto.
—La verdad es que…
