Descarga de responsabilidades: Haikyuu!, no me pertenece a mí -obvio-. Le pertenece a la gente que lo hace (?
Advertencia: Es Yaoi. No mariqueen que no se los advertí. +18. No beteado (tal cual lo terminé así lo subí, así que sorry por las incongruencias ortográficas y de redacción).
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Las mil plumas del cuervo
St. Yukiona
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25.- La cotidianidad de lo irreal.
Las bodas en Japón eran, como en muchos lugares, momentos en que solía existir cierto encanto y magia. No se podía explicar con veracidad si era el ambiente festivo, el amor que de forma implícita se tenía certeza flotaba en el aire o sencillamente todo el protocolo que se respetaba para realizar la unión. En cualquier caso, había algo de hermosa magia que se percibía y que mantenía a todos sumergidos en un momento de irreal fantasía, incluso después del culto cuando llegaba la hora del banquete y que todo se modernizara en sonidos eléctricos y voces famosas que amenizaban el ambiente con música y baile. De cualquier caso, Shoyo observaba con ojos encantados las decoraciones que había por todos lados. Era mágico.
Sin embargo, sólo estuvo un rato para después, escabullirse por ahí. La idea de una celebración como esa le asfixiaba un poco, sumado al humo que no hacía nada más que saturar su garganta que con esfuerzos podía filtrar el aire limpio de ese denso que siempre había en toda fiesta.
Más pronto que tarde se encontró con música de fondo, pero a diferencia del anterior ambiente todo parecía más controlado. No era la boda de unos jóvenes adultos rodeados por sus jóvenes amigos que alocados se mecían de un lado al otro, era un tranquilo bar que estaba cruzando la calle, muy buen negocio considerando que las fiestas por regla en salones de eventos se terminaban a las dos de la mañana, para ese entonces la algarabía seguramente ardía en la vena de los invitados y decedían seguir su celebración en cualquier otro lugar cuando llegara la hora de desalojar.
Debía de admitir que no estaba del mejor humor, muy a pesar que había viajado a Japón, otra vez, por la boda de su amigo, los viajes intercontinentales siempre le dejaban el peor humor del mundo gracias al jetlag que quedaba rezagado. Rascó su mejilla y agradeció cuando le sirvieron una cerveza y de reojo notó el masago que le estaban entregando. Era el único en la barra más allá había un grupo de oficinista, atrás adolescentes universitarios que serían un par de años más joven que él, seguramente.
—¿Qué haces aquí? —preguntó Kageyama mientras que miraba fijamente la cabeza pelirroja que sentada en el taburete de piel rojo embutía un tarro de cerveza al fondo. Esa ancha espalda y esbelta cintura ya no era la frágil figura que una noche había sostenido con titubeante determinación al sentirse inexperto. Ese cuerpo conocía otras manos y el placer de ambos no era más misterio entre sí. Aunque de eso, habían pasado muchos años.
—Tobio —murmuró el pelirrojo mientras dejaba de lado la cerveza y se limpiaba con una servilleta las comisuras de los labios. No se veía sorprendido, en realidad. Ambos habían estado en la boda de Daichi y Yui, ambos había intercambiado miradas durante todo el trámite legal y el rito religioso, ambos habían acordado sin decir una sola palabra de desistir de verse pues empezaban a verse sospechosos.
Aunque de vez en vez seguía lanzándose uno que otro gesto fue hasta que los novios se besaron que tanto Kageyama como Hinata arrugaron la nariz pues para su gusto Sugawara y Daichi siempre habían hecho una bonita pareja, éste pensamiento muy probablemente se les leyó en el rostro pues Tsukishima, que también había sido invitado a la boda, rechistó y gruñó algo como: "El que ustedes sean unos raritos, no significa que todo el mundo a su alrededor se va a convertir en homosexuales". Era chistoso que lo dijera, después de todo, ante tanta insistencia, él había aceptado con un gorgoteo desagradable que en efecto él salía con Yamaguchi, o al menos salían hasta que alguno de los dos encontrara algo estable con alguna mujer. A Yamaguchi no le importaba realmente y a Tsukishima mucho menos. Punto.
—¿Ah? Un hombre casado no debe de llamar por su primer nombre a otro hombre que no sea su esposo —declaró el moreno dejando de lado sus muletas para sentarse en el taburete de a lado de Shoyo.
El mayor lo vio sentarse, quedó ligeramente sorprendido por la declaración del menor, miró su cerveza una vez más a punto de decir algo, de corregir algo pero decidió quedarse callado sin agregar nada más y suspiró. Volvió a ver su tamago huntado en pequeñas galletas de sal y masticó una lentamente. La saboreó y dio otro sorbo a su cerveza. Kageyama pidió una cerveza y una orden de calamares. Shoyo en silencio lo veía por el rabillo del ojo.
—¿Por qué te saliste de la boda?
—Las odio —comunicó Kageyama sacándose la corbata que había utilizado por la mera formalidad, la seda se escuchó chillar contra el casimir de la camisa blanca—. Las odio desde que no pude impedir cierta boda por esta estúpida férula —indicó señalando su propia pierna que aún lucía la férula.
Shoyo puso los ojos en blanco y volvió a ignorarlo de momento. El silencio entre ambos se formó hasta que el mayor aclaró su garganta mirando nuevamente la férula blanca que se mantenía pulcra. Como se esperaba de Kageyama.
—¿Cuánto tiempo más vas a llevar eso? —preguntó el pelirrojo mientras que el menor alzaba los hombros masticando una aceituna que le habían puesto frente a él mientras esperaba su pedido.
—Como dos meses más del tiempo que habían dicho inicialmente, muy probablemente me sometan a operación pero han dicho que terminará bien —azuzó contra el vidrio grueso de su bebida apenas le fue servida con la espuma chorreando desbordante. Le bastó sólo un sorbo para dejarla de lado y pedir el menú, arrugó la nariz. Había olvidado lo mucho que odiaba la cerveza.
—Hmp.
—Míralo por el lado positivo, habrá más ingresos en casa —comunicó Kageyama empujando la jarra de cerveza hacia Shoyo para que él la bebiera pues el moreno señalaba un ruso blanco* en la carta para que le fuera servido—. Pues mientras esté fuera de la selección, Oikawa-san será el titular.
—Vaya —murmuró con desgana evidente el pelirrojo, vio la cerveza. La propia se había acabado así que aceptó la que su acompañante improvisado le estaba empujando hacia él. Dio un sorbo y tarde se dio cuenta que se habían besado de forma indirecta, no quiso hacer comentario en absoluto pues ya no eran adolescentes a los que les importará eso, además después de vivir ya un par de años en USA donde pasarse la botella era normal aquella costumbre arraigada del "beso indirecto" parecía no surtir ningún efecto en él.
El ruido de la música no era demasiado alto, sin embargo parecía aturdir a los borrachos que en el fondo del bar reían divertidos mientras que cantaban a voz viva las canciones populares que transmitían por los altoparlantes del establecimiento, uno estalló a carcajadas secundando al resto provocando más alboroto pero pronto volvieron a callarse y hacer su fiesta privada. Hinata y Kageyama observaban de reojo el espectáculo. Después la mirada de ambos se desvía hacia el televisor, como si estuvieran sincronizados alzan sus respectivas bebidas dando sorbos, aunque uno tardó menos tiempo en bajar su trago.
—Sabes —comenzó Hinata secándose la comisa de sus labios con la servilleta de papel que tenía rotulado el logo del bar en el que se encontraban—. Desde hace un par de meses que lo vengo pensando, sobre todo cuando te vi ganando el mundial hace un año… —no sabía si continuar hablando o quedarse callado, el reloj hacía tic-tac y pronto el tendría que irse a su hotel para recoger sus cosas y regresar a Los Ángeles, así que mojó sus labios y continuó—… pero me hubiera gustado haber estado contigo en ese momento, ahí alzando la copa del Prix mundial –dijo el pelirrojo.
—¿De verdad? —cuestionó el moreno—. Estar conmigo… en la cancha o…
—De ambas formas —soltó sin darle muchas vueltas al asunto. Sus ojos avellana se fueron al fondo del líquido ámbar del cual le quedaba poco, sus mejillas habían adquirido un tono rosado, y se acentuaba aún más por el naranja de su cabello. Debía de ir a cortarlo pronto—. Uno de mis peores errores de juventud fue no haber luchado incluso contra de mí mismo para seguir contigo, Tobio —inquirió sin mirarle—. No te confundas, sigo pensando que estuvo bien el no haber huído contigo hace dos años a Europa, pero esto viene desde más atrás… hay muchas cosas que me quedé con ganas de hacer contigo como levantar una copa dorada que nos coronara como campeones cuando ambos éramos aún jóvenes y no se esperaba mucho de nosotros… bueno, al menos de mí casi nadie esperaba nada, Tooru y tú se parecen porque todos esperan cosas grandes de ustedes.
—Shoyo…
—No te preocupes… —rió divertido—. Sólo… es algo que quería decirte, que no me quiero guardar.
—¿Acaso estás dudando ahora? ¿Después de tanto tiempo mi insistencia tiene efecto? ¿Sirvió de algo reunir las mil plumas para pedirle un deseo al cuervo mágico? —interrogó seriamente Tobio provocando una risa casi histérica por parte del pelirrojo que negó.
—No, no significa que esté menguando mi decisión, ni mucho menos quiero darte algún tipo de esperanzas porque fuese lo que fuese Tooru y yo…
—Puedo conseguir mil plumas más, Shoyo.
—Sé que puedes hacerlo, Tobio —murmuró Shoyo dando el último trago incorporándose para sacar su billetera—. Regresaré para despedirme apropiadamente de los novios.
—Shoyo.
—¿Sí? —el pelirrojo se ponía su gabardina.
—¿Eres feliz con Tooru?
El pelirrojo torció los labios desvió la mirada al exterior.
—Haces preguntas difíciles, Bakeyama.
Hizo una reverencia a su excompañero de equipo antes de caminar hacia la salida. El de la férula solo se quedó sentado en el taburete mientras la espalda del mayor se alejaba hacia el salón que estaba cruzando la calle.
Después de que ocurriera el desastre de su intentó por robar a Hinata de lado de Oikawa durante la visita de la universidad de éstos a Japón decidió que era tiempo de superarlo, dejar de seguirlo como un acosador y permitir que su corazón sanará a su ritmo. Obviamente no regresó con Ayame puesto que de algún modo el moreno comprendía que primero debía de resolver ese el dilema en el que Shoyo lo había dejado, el dilema moral de dejar todo tirado para fugarse, llegar a ese punto había sido demasiado para el menor y ahora se daba cuenta. Aunque al estar sentado con la nota de perfume de Shoyo en el aire le daba pie a pensar que de haber aceptado el pelirrojo él no se hubiera arrepentido de nada.
Bebió lo que resto de su ruso blanco y decidió pedir otro más. Siendo sinceros había salido no sólo porque odiaba las bodas sino como acto reflejo para seguir a Shoyo al que no había dejado de ver durante toda la noche, desde que había notado su presencia durante la ceremonia hasta ese instante en que sonriendo se había disculpado con quienes compartía mesa para partir en una huída silenciosa.
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Como prometió a Kageyama, entró al salón donde las parejas bailaban al son de alguna canción pegajosa que no reconoció de inmediato y él se acercó hasta el matrimonio. Yui lucía preciosa con el cabello largo, hacía un gracioso mohín mientras Daichi le manchaba la mejilla de betun de pastel. Cuando ambos se percataron de la presencia de Shoyo le pusieron atención, el moreno se puso de pie e intercambiaron un par de palabras. Hubo un par de abrazos y después una promesa de regresar pronto para jugar un set completo. Los del Karasuno de su generación que no habían ido por la senda del voleibol profesional como Kageyama, Tsukishima, Nishinoya y él se habían dedicado por cosas más normales pero ocasionalmente se juntaban a jugar tres de tres.
—Tener a todo el equipo junto será divertido.
—Supongo que sí, debemos de intentarlo algún día —dijo Shoyo sonriente.
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Pidió su abrigo en la recepción del lugar y empezó a alistarse. Llamaría un taxi. Y de pronto sus ojos se fijaron en la fotografía que daba la bienvenida a los invitados. En ella Daichi sonreía radiante a lado de su ahora esposa. Una foto igual pudo haber estado en la recepción de su boda. Pero era algo que ya no vería.
Probablemente Oikawa jamás lo iba a perdonar. Quizás sería una llaga más de esas que iban a hacer supurar su cuerpo mientras agonizaba en una dolorosa muerte. Pero ¿quién no moría en esos días? Todos lo hacían todos en todo momento un poquito más o un poquito menos. La muerte era un tratamiento del que se requería toda una vida para que diera resultado. Para algunos era más rápido, como por ejemplo él y su lento proceso de desarrollo de cáncer. Para otros era más lento, como por ejemplo un rápido accidente de autos. ¿Qué se podía decir?
Para mejorar o empeorar su humor su madre le había dejado de hablar, ni siquiera mencionar que su padre le había dejado muy enclaro que sentía asco de él, no por el hecho de ser homosexual –el señor Hinata había aceptado bastante bien el que su hijo fuera gay (dentro de la medida de lo posible)—lo que él repudiaba era el haberse enterado por el propio Hinta que se acababa el compromiso por haber sido "supuestamente" infiel, eso sí, mantuvo en anonimato el "canalla" con el que cometió su fechoría. Su hermana, era la única que parecía solo guardar silencio y observar todo lo que estaba ocurriendo sin emitir ningún tipo de juicio. Por el contrario, fue la única cómplice que le asistió en buscar un lugar donde quedarse puesto que Hinata no quiso regresar de forma inmediata a U.S.A., tenía permiso de un mes después de todo para estar fuera: el permiso inicialmente era por la cuestión de la boda y la supuesta luna de miel, pero no se había realizado ni una ni otra cosa.
Había regresado a U.S.A. sólo un par de días después junto con Oikawa para organizar todo y ahora de vuelta en Japón para la boda de Daichi debía tomarse un respiro y pensar, qué iba a hacer.
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Podía escuchar claramente como Oikawa maldecía desde la habitación conjunta. Probablemente no encontraba alguno de sus suspensores o sus rodilleras. Solía empacar al final los implementos deportivos cuando viajaba pues de entre todas las personas, incluso más que Tobio, Tooru era el que más entrenaba. Siempre esforzándose y exigiéndose más de lo que su cuerpo se lo pedía. Durante esos años de relación él había sido su anclaje a la salud, a Shoyo le preocupó entonces dejar solo al castaño, sin embargo contuvo la respiración brevemente. Era momento de seguir, de no arrastrar al castaño a la misma espiral a la que había arrastrado a Tobio y que desde luego no le había hecho ningún bien.
Silencioso se acercó hasta el umbral de la puerta y ahí se asomó para ver cómo efectivamente el mayor revoloteaba alrededor de los cajones que ya sólo tenían cosas del castaño que frustrado lanzaba sus calcetines hacia la cama.
Shoyo suspiró mientras que se acercaba con tranquilidad y a su lado corría el cajón que estaba junto al que revisaba Tooru. El mayor a su lado dejó caer sus hombros de forma cansada sin voltear a ver la cabeza roja. No se atrevió a verlo de perfil, únicamente el momento en que en dos movimientos las manos varoniles del rematador extraían un juego de rodilleras elásticas médicas, se las ofreció y sus manos dudaron apenas un poco antes de tomarlas.
—¿A qué hora sale tu vuelo? —murmuró Tooru mientras que seguía con la mirada clavada a la tela elástica blanca, bajo su tacto era dócil y se moldeaba a sus dedos inquietos que la estiraban, la esforzaban y probaban su resistencia en un inútil intento por hacer que el nudo en su garganta desapareciera.
We're talking away
I don't know what I'm to say
I'll say it anyway
—A media noche —respondió Shoyo mientras caminaba hacia la cama donde dejó que el colchón se hundiera ante su peso—. El tuyo mañana temprano, ¿verdad?
—Sí —resolvió el castaño sin moverse de su sitio, sin alzar la mirada, aún con el escozor quemando en sus ojos y la ironía de la despedida en el cuerpo que se negaba a aceptar lo inevitable—. ¿Es mentira, verdad?
—¿El qué? —el pelirrojo ladeó el rostro.
—Que alguna vez me amaste, que de verdad querías pasar la vida conmigo y que…
—Tooru —azuzó Shoyo aspirando fuerte, no iba a romperse, no en ese momento.
El nombre le supo a veneno y vicio al castaño que empujó el cajón para cerrarlo, sin molestarse en acomodar de forma adecuada los calcetines que habían quedado a medio camino de su lugar original. Todo era un desastre y sólo pudo andar hasta donde su examante, sentándose a su lado.
Today is another day to find you
Shying away
Oh I'll be comin' for your love OK?
—Pero sí es mentira. ¿Cierto?
—…—¿Era capaz de seguir rompiéndole el corazón? Con el simple hecho de quedarse callado estaba haciendo poco menos de lo necesario. Sus labios haciendo un leve puchero, no podía tomarse la molestia de llorar, no se lo merecía y por el contrario, prefería saborear a carne viva el odio de Oikawa, pero al igual que Tobio en su momento, Tooru sólo veía el vacío sin comprender cómo es que el mundo seguía funcionando.
Desde que había pasado lo de Japón y la boda las cosas habían sido bastante extrañas. De pronto estaba ahí a horas de caminar al altar con la persona que le había enseñado que lo mejor de amar era ser correspondido, que el ser humano venía al mundo para ser feliz y volverse mejor persona en compañía de alguien que te hacía desear sacar lo mejor de uno mismo, y al siguiente segundo todo era caos y confusión. Muy a pesar de todo se pidieron las disculpas correspondientes y Tooru, ante todo pronóstico, fue todo un caballero en no comentar absolutamente de los motivos por el cual ninguno de los dos tomaría sake de la misma copa.
Jamás se aludió algo sobre problemas sentimentales o infidelidades, jamás se resolvió la intriga ni siquiera bajo los ojos acusadores de sus padres. Ambos pidieron disculpas a sus suegros a sus propios progenitores y prometieron recompensar el costo que habían invertido ambas familias. Inclusive, ambos regresaron juntos a USA sólo para concluir cada uno de los compromisos.
"Estás llevando todo esto demasiado lejos", dijo en algún momento Oikawa cuando después de un trámite que duró menos de tres horas hicieron una anulación del registro de unión en el juzgado de San Francisco y Hinata externo su deseo por acabar el contrato recién firmado con el equipo. Pero Shoyo no dio mayor explicación. De hecho, durante todo el tortuoso procedimiento que conllevaba dar por finalizada una relación como la de ellos, tan formal y llena de requisitos que compartieron consensualmente para hacer válido ante toda ley que estaban juntos, jamás habían vuelto a tocar el tema.
Tooru no estaba interesado en saber en qué momento había ocurrido la infidelidad y Shoyo no parecía querer revivir la experiencia en alguna explicación detallada.
Sería tan fácil apegarse a su código moral juvenil y dejar partir al segundo hombre que había amado con su alma o simplemente cogerle el brazo y rogarle que no se fuera, pero más allá de eso, él podía ver y sentir cuánto le dolía al propio pelirrojo todo lo que estaba ocurriendo. Era incoherente que ambos así de heridos se alejaran lentamente.
Take on me.
—Es por el cáncer, ¿no? —preguntó en voz baja Tooru con los brazos cruzados sobre su pecho viendo como el cuerpo de Shoyo se tensaba, enderezando su postura mientras que dejaba de observar el celular donde revisaba el recorrido del Uber que lo llevaría hasta LAX en espera del avión a Japón.
I'll be gone
In a day or two
—Como se esperaba del gran rey —masculló Shoyo volviendo a mirar su celular, se incorporó lentamente antes de deslizar su teléfono por su pantalón y mirarlo fijamente a los ojos. Ladeó el rostro. Porque era imposible que el amor se colara así como así, que se esfumara que se escurriera entre los dedos para solo desaparecer, evaporarse. Era imposible y en los ojos de Shoyo, Tooru, empezó a dejar de ver vida. Una agonía silenciosa en la que no se había querido involucrar porque era demasiado cobarde.
—¿Vas a estar bien? —murmuró Tooru apretándose los brazos evitando moverse de su lugar.
Y Shoyo sabía que Tooru era demasiado sensible, demasiado humano como para soportar esa mierda, como para pendular con ella al cuello y seguir un ritmo caótico. La carrera del castaño empezaba a coger fuerza y una pareja enferma sólo iba a ser un lastre. Mojó sus labios y aspiró por la nariz sufriendo para no echarse a llorar. Estaba haciendo lo correcto, porque dios no quería dañar a Tooru más de lo que ya lo había dañado con semejante mentira que le había montado horas antes de la boda. Una boda con la que el pelirrojo había soñado e idealizado al punto que ahora se volvería una pesadilla por haber estado tan cerca al grado que los olores de las flores, la textura de la tela bajo sus dedos y el calor de la magia a su alrededor no se borrarían fácilmente.
So needless to say
I'm odds and ends
But that's me stumbling away
Slowly learning that life is OK
—Sí, voy a estar bien —sonrió Hinata de la forma en que sólo el sol sabía calentar con sus rayos. En la manera en que lo celestial podía componer odas a Dios y las estrellas decorar una triste despedida.
Los hombres amaban a contrapelo, veneno contra veneno y la densidad de la tristeza infinita que sólo cabe en la palma de una mano que se agita en el aire mientras se camina hacia un auto que paciente espera por llevarte hasta tu futuro.
El pecho dolía, y Oikawa no sabía si era porque en el fondo había empezado a creerse las mentiras, se las había repetido tanto al grado que su propia imaginación dotaba de fechas e imágenes específica a los encuentros entre Kageyama y Hinata, encuentros que simplemente jamás se pudieron haber dado por el simple hecho de que él confiaba en Shoyo y estaba completamente seguro que no era verdad, no era posible. Un triste sofismo utilizado para protegerlo, y del cual él se había aferrado para mantenerse en una normalidad absoluta. Una cotidianidad que no quería perturbar, porque todo estaba bien y el cáncer era mejor expulsarlo. Se sintió enfermo.
Say after me
It's no better to be safe than sorry
Shoyo suspiró profundamente mientras que abordaba el Uber, cerrando la puerta viendo la fachada del que durante un par de años había sido su fortaleza. Observó como la cortina de la ventana de la sala desde muchas veces había esperado impaciente al hombre de la pizza, se movía ligeramente, detrás seguramente se encontraba Oikawa mordiéndose el orgullo y aferrándose a su sueño. Hinata no era absolutamente nadie para impedírselo. Por el contrario, la mejor manera para ayudar a que ese sueño se hiciera realidad era haciéndose a un lado, amarrándose las venas y procurando que el corazón no se le saliera por la boca.
—¿Un viaje largo? —preguntó el chófer que tomaba la avenida para evitar el tráfico y coger el Highway rumbo a LAX.
—Sí… —susurró Hinata aspirando por la nariz para enseguida sacar su inhalador y dar una pulsación, aspiró el vapor que el aparato le brindaba y sintió alivio al escozor que había empezado a irritar un poco más que antes. Cada día un poquito más.
Acarició su mentón y recorrió con sus dedos hasta el nacimiento de su mandíbula, para deslizar su dedo y en medio del cuello, ahí donde los besos de los labios dulces y palabras depravadas habían hecho nido, justo en ese lugar se había formado una especie de bola debajo de la piel. Durante la primera vez que había tenido que enfrentar el cáncer los tumores había crecido hacia dentro, ahora se exteriorizaban, llegaría un punto probablemente en que todo su cuello quedaría deforme. Había noches en que soñaba que esas bolas se reventaban y llenaban su garganta de ponzoña ahogándolo, revoloteando las manos como el aleteo desesperado de un pájaro envenenado.
Oh the things that you say
Is it life or just to play
My worries away
Acarició con insana satisfacción ese exceso de piel, era diminuto pero él podía percibirlo a la perfección, ese era su cuerpo y sabía cuando algo andaba mal. En esos momentos, todo andaba mal. Cerró los ojos recargando su nuca contra el respaldo acolchado del asiento antes de apretar los labios con cierta impotencia.
You're all the things I've got to remember
You're shying away
I'll be coming for you anyway
El teléfono de la cocina sonó sacándolo de sus pensamientos y de la mirada absorta a la nada. Sus pies descalzos recorrieron la distancia y la casa le supo silenciosa, desagradable. El pote de crema de maní seguía abierta con el cuchillo usado a un costado y el pan de caja envuelto en su empaque abierto. Descolgó el teléfono.
—Oikawa-san —un timbre japonés, no tendría que pensar demasiado en lo que diría en inglés porque sinceramente a esas alturas su cerebro estaba hecho un completo lío—. Soy Nahara Yuuta, estoy tratando de conseguir el número de su agente sin embargo no he logrado, lamento mucho interrumpirlo, fui compañera de la universidad de Iwaizumi-kun y él me proporcionó su número.
La chica parloteaba nerviosa y a Oikawa se le hacía un mayor nudo en los seos, los pensamientos y los sentimientos de amor y odio hacía sí mismo no hacían más que enredar todo un poco más.
—¿Yuuta-san, verdad? —respondió por fin el atleta y la chica se tensó al otro lado de la línea.
—Sí-í.
—¿Qué es lo que desea? —su voz sonaba oscurecida por una extraña razón, sonaba diferente a como ella había imaginado que sonaría la voz del rey sin corona que ahora retornaba a la corte que siempre había esperado por él.
—Una entrevista, deseo una entrevista con el mejor armador de Japón.
Tooru se quedó callado y suspiró.
—¿El mejor dices?
—Sí, el mejor.
—Yuuta-chan es muy buena adulando —rió burbujeante y la chica se sonrojo.
—Oikawa-san —recriminó en voz tenue casi ofendida, pero en un vago intento por no hacer claro que estaba avergonzada, abochornada y poquito enamorada, pero por dios, ¿quién no podía ser fan del volley japonés y no estar un poquito enamorado del rey de la cancha?
—¿Estás en Tokio?
—Me puedo mover hasta en cuanto usted me diga, Oikawa-san
—¿Te parece bien si nos vemos el sábado? Estaré el fin de semana en Tokio.
—Claro, me parece fantástico, Oikawa-san.
—Excelente Yuuta-chan. Tú escoges el lugar y yo te veo ahí.
—Muchas gracias, Oikawa-san.
—Yuuta-chan, te pones algo lindo para nuestra cita.
Sí, cualquier mujer con Oikawa soltero corría peligro.
Take on me
Colgó la llamada y suspiró. Miró el pote de crema de maní abierta. Quizás la dejaría así un poco más, con suerte la crema de maní caducaba y la tiraba sin tener que volver a cerrarla, así la tiraba directo al contenedor y con ella el resto de sus sentimientos por el pelirrojo.
Su corazón iba allá donde Shoyo arrastraba una maleta de rueditas hacia la puerta de abordaje donde esperaría su avión, sin embargo sus sueños y cuerpo, se aferraba ahí. A esa casa que de pronto estaba demasiado grande para alguien que estaba a punto de alcanzar la cima.
Take on me.
Probablemente Oikawa jamás se iba a perdonar. Pero había sacrificios que se requerían hacer y eso los dos lo sabían.
I'll be gone
In a day
Hinata Shoyo se contrajo en su cama mientras que el despertador sonaba. Restregó con sus nudillos el párpado buscando desaparecer las lagañas y hacer frente a la realidad. El recuerdo del día en que se había despedido por vez última de Oikawa había sido nada grato considerando que la noche anterior había estado hablando con Tobio. De hecho, sólo le bastaba girar su mirada para toparse con el rostro del armador oficial de Japón. Su rostro dormido y relajado. Entre ambos una almohada que era mero eufemismo pues solo le había tomado estirar la mano al moreno para alcanzar el estómago de Hinata para dormir en esa posición que de haber más confianza o menos alcohol probablemente hubiera sido una perfecta "cucharita".
Decidió empujar sus sentimientos de culpa y amargo final a lo más profundo de su cerebro antes de tomar su teléfono para ver la hora, eran las 9:00 am y era la primera vez en varios días que dormía de jalón, muy probablemente se debía a todo el trabajo que le costó la noche anterior mover a un borracho Kageyama hasta su modesto departamento en uno de los barrios que estaban alrededor de Shinjuku.
Fue justo después de salir de presentar sus respetos a los novios y despedirse de sus amigos que acomodaba su abrigo, el cubrebocas y una bufanda alrededor de su cuello parado en el umbral de la puerta del salón cuando vio a Kageyama tambalearse, venía del bar donde antes se habían encontrado. No le hubiese importado más al Pequeño Gigante pelirrojo, pero… era Kageyama en muletas.
Así que ahí estaba un domingo por la mañana en una cama que desconocía en un lugar que desconocía por completo pero lado a lado con un aroma que lo envolvía e inconscientemente había extrañado. Se incorporó lentamente zafándose de la mano de Kageyama, sabía de antemano que debía de estar avergonzado o tener el mínimo de decoro roto al haberse quedado a dormir en la casa de otro hombre, sin embargo él mismo era hombre y ese otro hombre era su ex. Cualquier le iba poder tachar de perra pero él no veía absolutamente nada malo en lo que hacía.
Cuando se sentó en la cama notó que el departamento era de un solo ambiente había una extraña revoltura de colores que le hizo recordar al Shiratorizawa: con una pared, la más larga, en color morado y el resto de las paredes en tonos grises que iban desde el más oscuro hasta el más claro que cualquiera confundiría con casi blanco. La cocina se veía más allá y la barra divisora que partía la cocineta con lo que parecía ser la sala. Unas cortinas de techo a piso recubrían gran parte de la pared que el pelirrojo dedujo eran ventanales. Más allá de eso, un silencioso caos: Ropa tirada por ahí, un par de platos sucios por allá, desde la cama Hinata podía ver claramente una capa de polvo sobre el televisor. El pelirrojo bajó la mirada hacia la férula de Tobio, probablemente se le dificultaba hacer las labores domésticas por sí solo y con lo quisquilloso que era dudaba mucho que permitiera que alguien más entrara para asistirle con las tareas.
El horario lo traía aún poco volteado, así que dudaba demasiado en que pudiese volver a conciliar el sueño, así que decidido, se incorporó. Pronto sería tiempo de tomar la primer pastilla del día, así que era tiempo de usar la cocina de Tobio, preparar un café y después esperar a que despertara para poder partir, le sabía un poco mal simplemente irse. Dudaba que Kageyama recordara cómo es que había amanecido en su cama con el pijama puesto y el traje vomitado fuera de su cuerpo. Ese se había quedado en una bolsa de plástico en la puerta de la terraza de afuera donde estaban unos cordones para sacar a refrescar el futón y una pequeña lavadora. Shoyo tuvo la intensión de meter el traje a lavar pero el fuerte hedor a alcohol y desechos le hizo que el estómago se le contrajera y decidiera pasar de la labor. Desde la universidad, casi un año atrás, no se enfrentaba a un recuento de daños posteriores a una borrachera.
Kageyama Tobio seguía siendo pésimo bebedor.
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Take on me.
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El olor del café, el ruido de las cosas moverse o el sonido de la televisión, nada de eso despertó a Kageyama, que cuando entró en la última etapa del sueño: la incomodidad por permanecer tanto tiempo en un lugar, se percató que estaba en un lugar cómodo y que había un dolor general en su cuerpo. Un dolor denso y profundo que poco tenía que ve con ejercicio. A sus ojos le molestó la luz y el estómago se le estrujó debido al repentino cambio de posición que él mismo hizo para buscar respuestas.
Se rascó la cara, y a sus músculos le cayó un yunque de varias toneladas que hizo que se quejara en vivo. Odiaba la resaca. ¿Por qué había bebido en primer lugar? Claro, porque había visto a Hinata ir hasta aquel bar y por respuesta e inercia, lo siguió. Se tomó un ruso blanco, después otro y luego un shot de algún licor que le ofreció el bartender, al cual maldecía en esos momentos.
La boca pastosa y el sabor de ésta agria, odiaba la resaca.
—¿Prefieres agua para enjuagarte la boca y después café? ¿O agua para enjuagarte la boca y una soda de cola con galletas de sal? —interrogó una voz varonil a su lado. Los ojos azules de Tobio se alzaron y se fijaron en el rostro ligeramente desvelado de Shoyo que le hablaba a su altura—. ¿Kageyama?
El aludido se mareó y se dejó caer otra vez a la cama, llevó ambas manos a su rostro. Seguía borracho, las alucinaciones con Hinata se supone que eran cosa del pasado. Aunque por mero masoquismo y amor al dolor abrió un ojo, lo vio nítidamente sosteniendo el vaso de agua y unas pastillas. Sus manos mallugadas con uñas cortadas al ras, la camisa interior y el pantalón negro de vestir ligeramente arrugado. Sus brazos víctimas de un trabajo de ejercicio constante marcándose en medida y la hermosa clavícula sobresaliendo en la unión de su pecho y su hombro. Tobio gimió.
—Dime, por favor que tuvimos sexo alocado y decidiste divorciarte de Oikawa para quedarte conmigo.
Shoyo parpadeó y soltó una alegre y ronca carcajada, tosió un poco pero tragó duro para controlar el estruendo.
—No seas idiota, Bakeyama —murmuró el pelirrojo empujándole el agua. El moreno gruñó incorporándose con esfuerzo y tomando el agua, enjuagando su boca y escupiéndola en el balde que Hinata le ofrecía. Nuevamente se mareó al movimiento y cambio de posición, su tobillo lanzaba punzadas de dolor, probablemente había anulado el poder del medicamento con su rápida visita al mundo del alcoholismo.
—Bueno, ¿al menos tuvimos sexo? —Shoyo entreabrió los labios para responder ofendido pero ante la seriedad de Kageyama no le quedó más que quedarse callado y suspirar.
—Sólo te traje a tu apartamento, y cuide que no te ahogaras con tu vomito —susurró el pelirrojo incorporándose para llevarse el balde.
—… ¿vomité?
—Dos veces, y tu traje de gala está arruinado.
Kageyama se dejó caer otra vez a la cama y se cubrió el rostro con una almohada. Ahora era un sentimiento real, quería morir.
—Tranquilo, estamos a mano.
—¿Estamos a mano?
—Sí, cuando estábamos en Karasuno, creo vomité dos veces, y una fue sobre ti. Así que…
Kageyama rechistó. Había olvidado ese detalle y lo nervioso que se ponía Hinata en los primeros partidos, lo ignorante que era él a los sentimientos y lo fácil que era desligarse de cualquier cosa que no fuera el vóley. Cuando había cambiado. Su mirada orbitó en torno al rostro de Hinata lo mucho que también él había cambiado y como no quedaba casi ningún rastro que delatara inocencia o infancia. Él se había quedado en su corazón con las sonrisas cálidas y los sonidos tímidos que nacieron esas primeras veces que sus manos recorrieron con torpeza la piel suave del que en aquel entonces era su armador. Se preguntaba si al roce sus yemas iban a arder y a capturar el aroma como aquella primera vez.
—¿Eres feliz con Oikawa?
Shoyo lo miró suspiró.
—¿Por qué insistes en preguntar eso, Kageyama?
—Tengo la esperanza que me digas que no.
Take me on
I'll be gone
In a day
.
Cronopios de la autor: Nada. Muchas gracias, Mazapanes de dios.
Este capítulo me costó poquitín más de trabajo sacarlo porque bueno, es transición. Estamos pisando los últimos capítulos y mi corazón hace doki doki haha. Me siento emocionada. Muchas gracias por su apoyo de verdad
St. Yukiona
Quién los ama de corazón, páncreas y pulmón.
¡Gracias por leerme!
