~ Del odio al amor hay un paso. (SasuHina)
Género: Romance.
Categoría: T
Aviso: Este fic puede contener escenas fuertes y alguna que otra muerte. Algunas partes no están recomendadas para personas con salud frágil.
oOoOoOoOoOoOo~ Del odio al amor hay un paso ~oOoOoOoOoOoOo
- El idioma de los dioses –
"Me diste un don;
fuiste mi espada".
- Nach -
Estaba hecho.
Había dudado de sí mismo por un momento, había temido que no le quedasen fuerzas suficientes, pero no había sido el caso. El círculo había sido completado, y había sellado la unión de forma irrompible.
Saboreó el dulce momento. Aquella pequeña venganza personal en la que se había tornado todo. Cerró los ojos y se permitió recordar. Evocar los dulces momentos en los que su mujer tocaba la pequeña campana para avisar de que la comida estaba en la mesa, y acto seguido, él dejaba de entrenar a la pequeña pareja de gemelos de seis años. Los tres corrían a la casa en una carrera por ver quién era el más rápido de los tres, siendo siempre la pequeña pareja los primeros en aparecer en la cocina. Y cuando se sentaban a comer, su dulce mujer siempre sacaba una pequeña bandeja de fruta troceada con gotas de chocolate fundido.
Eran momentos felices, momentos por los que mataría, e Itachi había acabado con esos momentos. Una lágrima escapó de sus verdes ojos cuando la escena apreció en su mente. Cuando vio a los dos pequeños degollados, abrazándose el uno al otro, y a su mujer, abrazándolos a ambos, con los ojos abiertos como platos y el muerto rostro desencajado en una mueca de pánico.
Shonen notó la sangre encharcar sus pulmones y rio. Su clan moriría con él. Su linaje, continuaría con futuras generaciones. Una línea sucesoria que iba a sobrevivir contra todo pronóstico, y quiso reír a carcajadas. Itachi no tenía nada que hacer.
Lo veía todo a cámara lenta. Las figuras se movían como si pertenecieran a otro plano, y todo pareció congelarse en su mente. Quedó él, solo, desorientado, y en el silencio que le abrumaba, empezó a escuchar los susurros, los gritos desesperados… pero todo era irreal.
En su mente, las voces eran distantes, nada que ver con el bullicio ni con el ruido que le rodeaba. Y poco a poco, todo a su alrededor fue cobrando vida, todo empezó a moverse, pasando de ese estado de congelación a uno normal, y la batalla volvió a ser su foco de atención. Sin embargo, los gritos en su mente seguían. Y era la voz de Hinata, la que gritaba en socorro, la que martilleaba su mente hasta el dolor. Pero cuando la vio, cuando centró sus ojos en ella, sus labios pálidos estaban sellados.
Trató de incorporarse, pero su cabeza fue sacudida con fuerza, provocándole cierto mareo. El dolor no se mitigaba, no le daba tregua… pero hizo un esfuerzo por levantarse y erguirse. Trató de caminar, consiguiéndolo por un momento antes de caer de rodillas.
Frente a él, las explosiones y la batalla proseguía. Los ninjas se lanzaban sobre los intrusos, pero Kisame cumplía muy bien su papel, despachándolos a todos de inmediato. Apenas dejaba que nadie se acercara a él o a Itachi, y este último, no presentaba batalla alguna.
– ¡Necesitamos ayuda! – la voz de Shikamaru se alzó sobre el clamor de la batalla. – ¡Tenemos ninjas heridos!
Sasuke miró en su dirección, observando como el Nara reunía a un par de hombres y los distribuía por secciones, atendiendo a los caídos en el combate y a los heridos. Y tan pronto como los que podían continuar eran curados, volvían a presentar batalla. Las escenas se sucedían, y él se había quedado como un mero espectador. Su mente escuchaba cosas que su vista no procesaba, y se sintió desfallecer.
Echó la vista atrás, mirando el cuerpo de Shonen en el suelo. El hombre reía mientras tosía sangre. Se llevó las manos a la cabeza, tratando de detener aquella sensación y se dejó caer sobre sí mismo, quedando de rodillas.
– ¿Qué me has hecho? – le preguntó con un gruñido doloroso.
– Algo muy simple. – susurró. Una gruesa línea de sangre manchaba la comisura de sus labios, cayendo por su cuello hasta el suelo en un incesante goteo. – Te he transmitido mi don. – tosió.
No lo veía, pero lo sentía.
No necesitaba ver su figura, el aroma se había quedado grabado en su mente, y sus nervios estaban disparados. Aquella sensación de alerta constante se había intensificado, y su mente gritaba en un grito de nerviosa ayuda. Itachi la tenía acorralada, y el dolor de sus ojos ardía, como si hubiesen sido arrancados de las cuencas. El dolor era superior a ella, y la doblegaba con pequeños espasmos que recorrían su columna.
Una descarga eléctrica subió desde la parte baja de la espalda hasta la nuca, cayó de rodillas y se agarró la cabeza. El doloroso latigazo había llegado a sus sienes y palpitaba con desesperación. Casi podía notar el fluir de la sangre… y vio.
La luz se hizo en su cabeza y vio. Con los ojos cerrados, cubiertos por la venda, la imagen se hizo en su mente… pero en esa imagen, se veía a sí misma junto a Itachi… No era su perspectiva.
Mierda… escuchó el susurro en su mente. Y la voz, fue relacionada con un rostro al instante.
¡Sasuke!
¿Qué? La pregunta contestó en su torció el rostro, tratando de localizarlo, sin embargo, sólo se veía a ella a lo lejos, haciendo pequeños movimientos con la cabeza.
¿Qué está pasando? Preguntó confusa. No lo sé, contestó el.
Tosió. Su pecho se aplastaba por momentos.
Ya no le quedaban fuerzas, y la pesada biga se hundía cada vez más. Había notado la rotura de dos costillas, y no sabía cuánto iba a poder aguantar. No disponía de chacra, se había empleado a fondo con Hinata para detener la hemorragia interna, y ahora sólo quedaba resistir.
– ¡Sakura! – el desgarrado grito le provocó el llanto. – ¡Aguanta! - podía escuchar como Naruto se desesperaba por sacarla de ahí. Trató de ser fuerte, de contener las tontas lágrimas que intentaban escapar, y lo consiguió parcialmente, conformándose con un llanto silencioso.
– ¡Sakura! – el grito de Ino le llamó la atención. La pelirrosa escuchó el sonido de los ladrillos al ser apartados. Un montón que le dio la oportunidad de distinguir un rayo de luz.
– ¡Aquí! – gritó.
Otro montón fue apartado, y distinguió una mano enorme. Tan grande, que era casi inconfundible. Nunca se había alegrado tanto de ver a Chouji. Rio, sabiendo que iba a poder salir de ahí. La claustrofóbica sensación la tenía crispada, con los nervios a flor de piel. La pesada biga fue retirada y ella se repantigó en el suelo, respirando a bocanadas y relajando los brazos y las piernas. Naruto corrió a ella, arrodillándose y acunándola en sus brazos.
– ¿Estás bien? – sus ojos azules, empañados en lágrimas, brillaban de dolor.
– Estoy bien. – confirmó en un suspiro. – Dolorida. – reconoció.
El chico la abrazó, hundiendo su rostro en el cuello y llorando, como un niño pequeño, abrazándola con fuerza. Sakura le devolvió el abrazo y le besó la oreja. La susurró un "te amo" y lo apartó de ella suavemente, poniéndose en pie y apoyándose en él para caminar.
– ¿Dónde está Hanabi? – preguntó a su rubia amiga.
– Tenten está con ella. – le informó.
– ¿Y Hinata?
– Con Itachi. – la rubia apartó los ojos. Sakura respiró hondo y torció los labios. Echó a caminar en dirección a la batalla.
– ¿Situación?
– Tenemos muchas bajas. – Ino le siguió el paso.
– Pues veamos en qué podemos ayudar.
Tsunade andaba de un lado para otro.
Había conseguido militarizar a las enfermeras, que ya atendían a los pacientes del hospital sin esa histeria que poco antes se había apoderado de ellas. La evacuación casi había terminado, y los enfermos más preocupantes estaban dentro de la montaña, resguardados junto al resto de civiles de la ciudad.
Tenten y Karin andaban de un lado para otro, ofreciendo agua y víveres a los más pequeños y tranquilizando a madres primerizas que temblaban de pies a cabeza mientras sostenían a sus bellas criaturitas en brazos. Desde allí, podía escucharse la batalla. Los gritos, los golpes… todo era un telón de fondo que crispaba los nervios de los hombres y los más ancianos.
Se alejó de la marea de gente bien protegida y se asomó al exterior, viendo la batalla. Y se dio cuenta de algo. Aquello en lo que nadie había reparado. Esa extraña figura negra entre los árboles, medio escondida. Y no necesitó pensar mucho para darse cuenta de quién era. Avanzó decidida y emprendió el camino.
Nadie iba a sembrar el caos en su aldea e irse de rositas.
Cayó al suelo, agotado. Necesitaba acercarse, poder tocarle… y aquella espada se lo ponía realmente difícil. Neji ya había notado como le había golpeado seis veces, como se habían abierto los cortes en sus brazos. No conseguía hacer nada, y ver a su prima a lo lejos, sólo lo empeoraba. Se sentía desesperado.
Volvió a envestir, avanzando y esquivando a la perfección. Volvió a ser golpeado, y el costado le ardió cuando la piel fue rebanada. Contuvo un grito y se apartó, quedando fuera de alcance. Su respiración acelerada no le permitía la tranquilidad que necesitaba. Se preparó para volver a atacar, cuando el suelo vibró bajo sus pies. Los ninjas junto a él, que ayudaban a sus ataques también lo notaron, y todos se quedaron inmóviles.
De repente, algo surcó el suelo. Energía, como un rayo, directa a Kisame, que quedó oculto por una explosión subterránea y por una nube de arena y rocas. Neji giró el rostro, y vio a Sakura con el puño incrustado en el suelo, pero lo más sorprendente, fue ver a Naruto, con el Rasenshuriken preparado.
Chouji lo cogió, con una de esas enormes manos y lo lanzó, en dirección al ninja fugitivo. Neji no pudo evitar sonreír. Naruto era un lunático… pero sólo él podía tener ideas tan descabelladas y espectaculares. Sin embargo, supo que era muy inteligente por su parte.
Aquel torbellino de energía impactó en Kisame. El cuerpo salió volando por los aires, y la espada cayó al suelo. El cuerpo del ninja parecía de trapo, como el de un muñeco maltratado. Sin embargo, vio como el fugitivo caía al suelo a un par de metros y su cuerpo se movía con pesadez. Tambaleándose, se puso en pie y estiró una de sus manos.
La espada salió volando en su dirección, con un elegante movimiento la esgrimió y la zarandeó, preparándose para volver a entablar batalla. No iba a ser tan fácil acabar con él, pero supo que podrían hacerlo. Sentía como poco a poco se perdían sus fuerzas.
La explosión la obligó a retroceder, presa del pánico inicial.
Sus ojos seguían ciegos, sin embargo, la visión en tercera persona ayudaba. Podía ver a Itachi frente a ella, cómo actuaba, cómo se movía… y cuando el hombre giró el rostro para localizar a su compañero, ella vio la oportunidad. Un derechazo directo al mentón que le hizo crujir los nudillos. Un golpe tan certero, que Itachi dejó lo que hacía y se volvió hacia ella.
¿Qué haces? La voz en su cabeza gritó. No prestó atención, y aprovechando la disparatada situación, volvió a soltar otro golpe. Esta vez, uno directo al costillar de aquel hombre. ¡Para!
¡No! Gritó en su fuero interno. Pudo distinguir la figura de Itachi doblegarse ligeramente, pero apenas fue una fracción de segundo antes de que el hombre le propinase una patada en el estómago que la mandó un par de pasos atrás.
Quiso gritar, llorar de rabia por haberse dejado golpear, y se enfadó consigo misma, por el simple hecho de que sabía a ciencia cierta que podía hacerlo mejor. Se enderezó y dejó caer los brazos, relajados. Sus músculos carecieron de aquella tensión que habían portado hasta el momento, y respirando profundamente, trató de concentrarse.
Sasuke la seguía mirando desde la distancia que los separaba. Un par de metros que le mantenían lejos, pero lo suficientemente cerca como para no perder detalle alguno. Con las rodillas hincadas en el suelo, lo sintió. Notó el aura de energía, la fuerza bruta que punzaba su estómago y subía poco a poco por su pecho. Una descarga tan salvaje de energía que quiso gritar presa de la euforia… y supo que aquello era obra de Hinata. El pequeño sello verde de su nuca resplandecía, igual que el de la ojiblanca. Se levantó. El dolor ya no era un problema. Había sido sustituido por la temible adrenalina que corría por sus venas. Se sentía activo, para nada cansado. Y Hinata se sentía igual.
Los nudillos masculinos golpearon su rostro, la mejilla empezó a enrojecerse en el acto, y el rodillada que se incrustó en su estómago la obligó, momentáneamente, a perder el equilibrio. Se apoyó en la pared tras ella, quedando acorralada, e Itachi la cogió del pelo, tirando de él y acercándola por la fuerza.
Sus rasposos dedos se aferraron a la venda que cubría sus ojos y tiraron de ella con fuerza. La tela se rasgó, sus ojos quedaron descubiertos y el grito ensordecedor le martilleó en los oídos. Itachi gritaba, maldecía. Expedía rabia e ira por cada uno de sus poros, y no supo por qué hasta que Sasuke no centró su atención en ella.
Sus ojos, de un tono blanco lechoso, habían pasado a ser de color verde. Tan fluorescente que casi brillaban, y lágrimas resecas de sangre manchaban sus pómulos inmaculados. Sus parpados, pestañas… todo estaba ensangrentado. Y los ojos verdes sobresalían aún más.
Un nuevo golpe fue lanzado por Itachi, y esta vez, sí lo esquivó. Puso su brazo junto a su cara para protegerse el rostro, y el puño impactó en su antebrazo. El dolor era notable, sin embargo, no lo sintió. Algo mitigaba aquella sensación. Sin perder el tiempo, movió su brazo con destacada rapidez y hundió el codo en la mejilla del hombre. Escuchó el duro crujido del pómulo, notó la rotura de la misma manera que supo que podía lidiar con aquello. Y eso, sólo fue el clímax inicial.
Kisame estaba en un apuro.
Se cansaba por momentos, su energía se desvanecía con cada movimiento, y cada vez, el número de enemigos era mayor. Tenía que preocuparse de aquella chica de pelo rosa, cada vez que golpeaba el suelo era un terremoto de energía que salía disparada hacia él en forma de pedruscos y graba. Tenía que mantener las distancias de aquel chico con coleta, que mandaba sombras hacia él a la menor oportunidad. Tenía que esquivar al chico de ojos blancos, que le golpeaba inagotablemente cada vez que podía, y aquella niña con pergaminos que lanzaba armas y pequeños cuchillos en su dirección. Y Naruto… Naruto era una fuente inagotable de clones que le desquiciaba.
Levantó la espada y la lanzó. El efecto bumerang fue el esperado, llevándose por delante a tres ninjas y volviendo a él como si el arma tuviese consciencia de lo que hacía. Sonrió. Aún le quedaban un par de trucos, y esperaba que Itachi se diera prisa. No quedaba mucho tiempo, y lo sabía.
Era un tremendo intercambio de golpes.
Cada vez que Itachi golpeaba, era golpeado. Tan duramente que había escuchado el crujir de sus huesos. Había visto como su hermano se doblegaba de dolor y cómo Hinata lo hacía. Un intercambio de roles que los sumía en una batalla de resistencia.
Ya no importaba la estrategia o las ideas. Aquello era pura y dura fuerza, soportaban el dolor y esperaban ver quien caía primero. Y cada vez que trataba de acercarse y ayudar, Hinata lo mantenía a raya. Su voz gritaba en su cabeza, recordándole que no se moviera, que siguiera mirándolos… que esta no era su batalla.
¡Y un cuerno! No podía quedarse de brazos cruzados, pero una parte de él se deleitaba viendo como Itachi recibía golpe tras golpe. Un puñetazo directo a las costillas, un codazo en el cuello, y rodillazo en la cara… y Hinata también los encajaba con gracia, aunque cada golpe que la ojiblanca recibía, sólo acrecentaba más aquella energía que destilaba.
Podía sentirla. Estaba seguro de que corría por sus venas de la misma manera que podía sentirla en el pequeño cuerpo femenino. Vio como Hinata propinaba un nuevo golpe, un puñetazo directo a la barbilla masculina. Otro golpe con la misma trayectoria, otro golpe que impactó en sus costillas, y otro que volvió a caer sobre su rostro.
Itachi se doblegó y Hinata levantó la rodilla, certero y contundente, el sonido se escuchó con claridad, y la sangre salió a borbotones de la nariz del mayor de los Uchiha. Tambaleándose, cayó al suelo, y cogiéndolo de la pechera de la túnica negra, Hinata se propinaba un golpe tras otro en la cara, lo que ahora era un amasijo de carne hinchada y sangre goteante.
Se quedó embelesado, casi hipnotizado por aquel despliegue de conocimientos y energía, por aquel inagotable fervor que la impulsaba a golpear más, más duro, más certero… Y aquella sensación recorría su cuerpo de la misma manera. Escuchó la llamada, la voz que lo devolvía a la realidad. ¡Tu turno!
Y acto seguido, tal y como lo tenía cogido de la túnica, Hinata lo agarró con ambas manos y lo lanzó en su dirección. Sasuke se movió con rapidez, dotando a su cuerpo de electricidad y activando su línea sucesoria. Y cuando cogió a su hermano por los aires y este se doblegó por la eléctrica descarga, le miró a los ojos. Y todo, absolutamente todo, se volvió rojo.
Neji volvió a moverse. Cada paso, era un golpe. Diez, quince, veinte… Ya no estaba seguro de las veces que había repetido aquello. No sólo estaba cerrándole los puntos de chacra, sino que se negaba a desperdiciar la oportunidad de golpearle, de crearle cardenales y arrancarle gritos a aquel tipo con cara de pez.
Era casi sádico, pero tremendamente placentero. El fugitivo intentó dar la vuelta, retroceder y reunirse con Itachi, pero unas veinte copias del rubiales de Konoha se lo impidió. Cayeron sobre él en una avalancha de carne humana y se aferraron a sus extremidades.
Kisame quedó de rodillas, hincado sobre los escombros que le rodeaban. La destrucción sembrada era en tapiz sobre el cual, las gotas de sangre y sudor caían. Él estaba agotado, y herido, igual que casi todos los ninjas que peleaban contra él. Echó un nuevo vistazo a su compañero, y lo que vio, no le gustó.
Itachi estaba suspendido en el aire, sujeto por los firmes brazos de su hermano, y el intercambio de rojas miradas era aterrador. Sin embargo, el pequeño de los Uchihas sonreía, y supo que Itachi ya no estaba con él. No podría ayudarle, y bajó la cabeza, aceptando su rendición. Era inevitable, y viniese lo que viniese, lo aceptaría con el poco honor que le quedaba.
– ¡Me toca!
Y lo último que vio, fue aquella enorme espada, empuñada por aquel enclenque muchacho, delgaducho y sin músculos. Demasiado débil a la vista… Y la certera estocada le cayó sobre su cuello, rebanándole la cabeza y partiendo su columna. La cabeza rodó, y el cuerpo sin vida se desplomó contra el suelo.
Estaba aturdida, cansada, y cuando logró enfocar su vista, quiso gritar.
Todo era rojo. El cielo, el suelo… todo era demasiado aterrador para ella, y los recuerdos la atormentaban hasta el cansancio. Vio la cruz, aquella donde Itachi estaba colgado mientras los cuervos picoteaban su piel, su rostro… los más osados, trataban de picar sus ojos, dejando las cuencas vacías y sangrantes. Y el hombre, atado y sin poder moverse, gritaba como único consuelo.
Estoy aquí. La voz sonó en su mente, y acto seguido, unos dedos rozaron su codo magullado. Su cuerpo tembló ligeramente mientras los dedos avanzaban por su piel hasta llegar a la mano, aferrándose a ella en un fuerte apretón. Los nudillos sangrantes le dolían. Cada una de sus extremidades había sido cruelmente forzada, y el dolor que sentía en los músculos amenazaba con dejarla caer al suelo en cualquier momento. Estoy aquí, repitió la voz, esta vez, cerca de su oído. No caerás.
– No creía que te atrevieses.
Tsunade permaneció quieta frente a él. No tenía miedo, ni el más ligero atisvo asomaba en su mente. Si tenía que morir, estaría orgullosa de hacerlo por su aldea, por aquellos que consideraba importantes… Eso era mejor que cualquier honor.
– Tampoco yo lo esperaba de ti. – la mujer se cruzó de brazos. – Pensaba que estarías dando guerra, y no aquí… escondiéndote como una rata asustada.
Itachi sonrió. Aquella mujer le provocaba, lo sabía. Sin embargo, no tenía ni tiempo ni fuerzas para perderlas con ella. Se apartó el pelo de la cara y la miró fijamente. Sus ojos eran totalmente negros. No se distinguía la pupila del resto del ojo. Hubiese retrocedido si no fuera por aquel impulso que sentía de golpearle. Pero se contuvo.
Se contuvo, precisamente, porque todo encajó en su mente.
– Dime algo… – continuó la mujer. – ¿Sabía tu perro guardián que estás aquí?
– Kisame es una pieza más. – el hombre se encogió de hombros, indiferente. – Puedo prescindir de él.
– Ya veo que lo has hecho. – Tsunade sonrió burlona. – ¿Y ahora, de que pieza vas a desprenderte?
– Aún puedo acabar contigo. – la amenazó. – No me provoques.
Itachi escondió su rostro tras la capa negra y dio media vuelta, dándole la espalda a la rubia y abandonando el lugar. Tsunade no lo detuvo. No había por qué hacerlo. Estaba más que acabado, y una minúscula parte de ella, sintió lástima por él. Un ninja tan prometedor, tan brillante… había tomado un mal camino que lo había llevado a un destino todavía peor.
Itachi estaba quedándose ciego. Eso, si no lo estaba ya.
Había leído acerca de aquello en los pergaminos secretos, en los documentos de medicina que había estudiado, y había pequeñas referencias en los pergaminos que Sasuke le había entregado tiempo atrás para tratar de curar a Hanabi. No había remedio para él, al menos, no fuera de esa aldea. Porque necesitaba los ojos de un heredero de una línea sucesoria. Un primogénito, tal y como él lo era. Y eso había colocado a Hinata en su punto de mira.
Sakura apenas perdió tiempo en correr hacia su amiga.
Hinata estaba tendida en el suelo, su cuerpo se había derrumbado precipitadamente, sin que nadie pudiese cogerla. Respiraba, sí. Pero muy pausadamente. Y sus ojos… sus ojos abiertos seguían brillando con aquel tétrico encanto. La sangre los rodeaba, como un antifaz sanguinolento.
A pocos metros, Sasuke soltó a Itachi y lo liberó de la batalla mental. El cuerpo cayó al suelo, casi a cámara lenta, y cuando tocó el suelo, el cuerpo desapareció entre sombras y cuervos. Los estruendosos graznidos le afectaron más de lo que había supuesto, y se vio a sí misma mirando a todas direcciones, tratando de saber dónde estaba Itachi.
– No te preocupes. – Sasuke negó con la cabeza. – No hay peligro.
Sus ojos rojos brillaban con luz propia, casi en tonos verdosos, pero Sakura no supo decirlo a ciencia cierta. Se inclinó sobre Hinata y comprobó que estaba bien. Inconsciente, pero sana y salva. Sonrió feliz de saber que no había nada que hacer con ella.
– ¡Sakura!
El grito la puso tensa de inmediato, y localizó la fuente del grito. Naruto estaba arrodillado en el suelo, junto al cuerpo de Shonen. Temió lo peor. Tropezó en su carrera, y estuvo a punto de perder el equilibrio, pero logró evitarlo y llegar junto al cuerpo del ninja.
La sangre cubría su rostro poco a poco. Trataba de balbucear, pero la sangre encharcaba su boca y le atragantaba. Sonreía y lloraba. Sus ojos, apagados, sin ese tono verde tan característico, estaban llenos de muerte y tristeza. Nada que ver con la ancha sonrisa de sus labios. Tosió. Y cuando Sakura trató de curarlo, en un último esfuerzo, Shonen azotó sus manos para alejarlas de él.
Tiene que ser así. La voz hizo eco en su cabeza, y trató de curarle nuevamente, recibiendo otro manotazo para apartarla de él. Ya no merece la pena… Sasuke sabrá que hacer. Trató de curarlo nuevamente, esta vez, Shonen la dejó hacer, y supo por qué. Como había dicho, ya no merecía la pena. No había nada que hacer. Estaba muerto y lo sabía, y por alguna extraña razón, aquello le causaba felicidad. Podía verlo en aquella expresión de impaciencia que el hombre mantenía en su rostro.
· Reviews onegai ·
NA: Si… últimamente escucho mucho a Nach. De ahí las pequeñas frases como breve entrada. En fin…una noche de insomnio que me ha servido para ir poniendo en orden todas las historias que tenía atrasadas, demasiado atrasadas, debo añadir. Y dado que esta está casi acabando, he decidido finalizarla de una vez por todas, ya que no me siento muy cómoda escribiéndola.
Espero que disfruten de la lectura.
