La negociadora
Rachel: Espero que tengas un buen plan para salir de ésta.
Amanda: ¿Y por qué yo? –preguntó en voz alta-.
Hombre: ¡Hey, vosotras! Dejad de gritar si no queréis que os meta un tiro –gritó apuntándoles con la pistola mientras su compañero metía el dinero en una bolsa-.
Rachel: ¡Quieres dejar de gritar! –susurró cerca de la morena-.
Amanda: ¿Probamos a acercarnos y agarrarlos para inmovilizarlos? –dijo pensativa-.
Rachel: Deja de ver tantas películas Amanda…
Amanda: No son películas Rachel; para éstas cosas nos entrenaban en el FBI -explicaba en voz baja observando los movimientos de los atracadores-.
Rachel: ¡Dios! ¡Quinn me va a matar! Y más aún si me pasa algo…
Amanda: Más me va a pasar a mí como no te saque de aquí viva y a tiempo para casarte –espetó mirando su reloj-.
Rachel: Me quedan unas cuatro horas para casarme. Eso si es que me preparo para la boda en media hora; más aparte la peluquería… ¡Uff! Estoy perdida –soltó derrotada mientras volvía agachar la cabeza-.
Amanda: Sólo esperemos. Estos tipos tienen pinta de coger el dinero y largarse.
Rachel: ¡Dinero! ¡El dinero del viaje Amanda!
Amanda: ¡Es sólo dinero Rachel! –exclamó al observar a la chica que se movía hacía los atracadores-.
Rachel: No voy a permitir que arruinen mi boda.
Rachel se acercó hasta los atracadores sigilosamente, pero con la mala suerte de que uno de ellos la vio y le apuntó con el arma a la cabeza.
Hombre: ¡Mira! ¡Tenemos aquí a una heroína! Ha sido un buen intento morena, pero fue tu peor error –gritaba mientras la agarraba del brazo para levantarla-.
Rachel: ¡No me toques capullo! –forcejeaba con el atracador mientras éste la registraba-.
Hombre: ¡Anda! ¡Unos anillos! Gracias guapa, me los quedaré para regalárselos a mi novia –comentó mientras se guardaba la caja negra en el bolsillo-.
Rachel: ¡Devuélveme eso! –lo amenazó-.
Amanda: Mierda… la va a joder –pensó en voz alta para sí misma a la vez que se levantaba del suelo-.
Amanda, sin pensárselo, corrió hasta uno de los atracadores para echarse encima y así impedir que Rachel cometiese una locura. No quería que le pasase algo a su amiga y mucho menos el día en el que supuestamente todo debía ser feliz para ella. El hombre, al ver a la chica correr hacía él, disparó haciendo que la morena cayese al suelo sangrando.
Hombre: ¡Otra heroína! Hoy es el día de los héroes… El próximo que intente algo, ¡le pego un tiro como a esa! ¿Entendido?
Amanda: Joder, ¡Cómo duele! –se retorcía de dolor mientras se taponaba el hombro herido-.
Hombre: ¡Mierda! ¡La policía! –gritaba al oír las sirenas-.
Rachel: ¡Suéltame! –continuaba forcejeando mientras veía a su amiga en el suelo sangrando-.
Hombre: Tú no te vas a mover de aquí, así que deja de moverte si no quieres acabar como tu amiga –la agarró por el cuello y la pegó a su cuerpo-.
Las sirenas de la policía se oían cada vez más cerca. Al parecer, alguien de fuera vio el alboroto que se había formado allí dentro y decidió llamar a la policía. Will ya había regresado de su viaje de novios y se dirigía con sus chicos hasta el banco, que se encontraba cerca de su zona.
Brittany: Espero que esto no dure mucho, dentro de unas horas tenemos que estar en la boda.
Santana: Vendrá bien para relajar los nervios. Rachel hubiese dado cualquier cosa por participar –bromeaba con media sonrisa-.
Brittany: No creo que le hiciera gracia hacer esto antes de casarse…
Santana: Espero que Amanda esté conteniendo a Rachel; capaz es de escaparse a casa de Quinn. Eso de llevar unos días separadas... la está poniendo irritada.
Brittany: Entre la despedida de soltera y la tontería de no verse el día antes de la boda… ¿Tú crees que Amanda tiene fuerza suficiente para retenerla?
Santana: ¿Estás de broma? ¡Amanda le saca tres cabezas a la enana!
Brittany: ¿Y Kate? ¿Cuándo llega? –preguntó cambiando de tema ilusionada-.
Santana: La mata sanos llegaba esta mañana, Quinn y Charlie han ido a recogerla al aeropuerto.
Santana, Brittany y los chicos llegaban a la entrada del banco. Los atracadores, junto con los rehenes, se habían amotinado en el interior del local. Will cogió un teléfono móvil para comunicarse con los hombres y así saber sus condiciones para sacar a todos los retenidos de allí. El teléfono sonaba dentro del banco, junto a la ventanilla de uno de los empleados que todavía permanecía con las manos levantadas. El atracador que se encontraba junto a los trabajadores, cogió el teléfono.
Hombre: No quiero tonterías, ni trucos –espetó nada más descolgar el teléfono-.
Will: No vamos a hacer nada, sólo queremos hablar.
Hombre: ¡Como intentéis hacer algo me cargo a todo el mundo! ¿Está claro?
Will: Muy claro, sólo queremos que la gente que tenéis retenida salga con vida.
Hombre: Queremos un coche en la puerta.
Will: Está bien, dame unos 10 minutos.
Hombre: ¡Ni un minuto más! ¿Me oyes? –gritó antes de colgar-.
Will dejó el teléfono y se acercó a su unidad que ya estaba esperando órdenes. Santana se quedó extrañada al ver la cara de preocupación de su jefe.
Santana: ¿Está bien señor?
Will: Necesitamos un coche…
Santana: ¿En serio le va a dar lo que piden? –preguntó enfadada-.
Will: ¡No tenemos otra alternativa! Necesito un plano de la zona y del banco.
Brittany: Yo si quiere puedo conseguir ganar algo de tiempo; me formé en un curso como negociador.
Will: ¿En serio Brittany? –cuestionó no muy convencido-.
Santana: ¿Estás dudando de la capacidad de mi chica Will?
Will: Está bien, serás la encargada de mediar con ellos. Andy, por favor, ve a buscar los planos. Blaine, tú y Roger cubriréis la zona.
Santana: ¿Y yo señor? –preguntó al ver que no la nombraba-.
Will: Tú y yo intentaremos meternos dentro mientras Britt consigue más tiempo.
Santana: De acuerdo –contestó con una sonrisa de triunfo-.
Rachel seguía inmovilizada en el cuerpo de aquél hombre; el tipo parecía tener conocimientos de defensa personal o alguna modalidad de lucha porque por mucho que intentaba zafarse de él, conseguía el efecto contrario, como era el pegarse cada vez más al individuo.
Rachel: ¡Déjame salir!
Hombre: ¡No! Y será mejor que dejes de moverte si no quieres que te haga daño.
Rachel: Necesito ayudar a mi amiga –soltó preocupada-.
Amanda aún se encontraba tendida en el suelo con una gran cantidad de sangre a su alrededor; ya casi apenas se movía como lo había hecho minutos antes para intentar taponarse la herida. Un cliente se acercó a Amanda y la ayudó a taponar la herida con un trozo de tela; nadie se opuso ante tal acto, ni siquiera los atracadores. A Rachel, sin embargo, lo que más le preocupaba en aquél momento era el estado de su compañera y amiga, pues la chica tenía la cara totalmente pálida y brillante, debido al sudor que recorría su cuerpo.
Hombre: Ella solita se lo ha buscado y, si no te relajas, tú también acabarás como ella.
Rachel: ¡Hijo de puta! –lloraba de impotencia-.
El teléfono en el interior del banco volvía a sonar y el hombre, que estaba situado junto a él, lo cogía impaciente.
Hombre: ¡Quedamos en que iban a ser 10 minutos! –gritó al ver que habían pasado cinco minutos más de lo estipulado-.
Brittany: No es tan fácil encontrar un coche en 10 minutos –contestó con voz calmada-.
Hombre: ¿Quién coño eres?
Brittany: Mi nombre es Brittany, pero mis amigos me llaman Britt.
Hombre: ¿Y a mí que mierda me importa eso? ¿Y el otro poli?
Brittany: Ha tenido que irse a por el coche.
Hombre: ¡¿Esto no será una trampa?!
Brittany: ¿Trampa? Eso es para cazar cosas como osos, leones, cocodrilos…
Brittany empezó a nombrar a todos los animales que conocía y que se le pasaban por la cabeza en ese momento. El atracador se quedaba perplejo y no daba crédito al escuchar a la chica hablar.
Hombre: Ya, ya… ¡Basta! Me quedó claro que conoces a toda la especie animal –espetó cansado-.
Brittany: A mí me gustan los patos… ¿Y a usted? ¿Le gustan?
Hombre: ¿A qué coño viene esa pregunta?
Brittany: No sé, tanto hablar de animales me he acordado.
Hombre: ¡Estás loca!
Brittany: Eso dice mucha gente, pero San dice que soy más inteligente que todos. ¡Ah! San es mi novia, que no te lo había dicho. Es la mejor novia del mundo, aunque a veces aparente tener mucho carácter… en verdad lo hace por…
Hombre: ¡Cállate! ¡Me estás distrayendo! –interrumpió la conversación de la rubia algo nervioso-. ¿Y el maldito coche?
Brittany: ¿Qué coche?
Hombre: ¡El que pedí! ¿O es que estás tomándome el pelo? –dijo enfadado-.
Brittany: No se enfade que eso no es bueno para el corazón. Por cierto, ya que te estamos trayendo el coche… me gustaría que soltaras a alguien.
Hombre: Está bien –contestó al rato de meditarlo-.
Brittany: ¡Ok, te espero en la puerta! –colgó el teléfono-.
El hombre se quedó atónito ante el comportamiento de aquella chica; no le entraba en la cabeza cómo en la policía había gente tan pirada y rara.
Hombre: ¿Nos han traído el coche? –preguntó el hombre que llevaba a la morena agarrada-.
El hombre, cabreado, sin contestar a su compañero, se acercó a Amanda y la cogió del brazo que no estaba herido. La levantó y la arrastró hasta la puerta; la abrió y la empujó hacia afuera. Amanda se desmayó del esfuerzo y de la sangre perdida. Santana y Brittany, que observaban la escena desde más cerca, corrieron hacia la chica.
Santana: ¡Mierda! ¡Es Amanda! –gritó asustada-.
Blaine llamaba inmediatamente a la ambulancia mientras que Santana intentaba despertar a la chica para que reaccionara. Amanda, al sentir los golpes de la latina en la cara, abrió con pesadez los ojos.
Santana: ¡Hey, Mandy! ¡Por fin! ¡Qué susto nos has dado! –exclamó sonriendo-.
Amanda: Rachel está dentro San –soltó casi sin voz-.
Santana: ¿Rachel? ¡Oh dios! –dijo llevándose las manos a la cabeza-.
Brittany: Será mejor que no hagas esfuerzos Amanda… –comentó al notar cómo la morena quería moverse para incorporarse-.
Amanda: Ni se os ocurra avisar a Quinn o a Charlie, ¿de acuerdo? No quiero que se pongan más nerviosas.
La ambulancia llegó y se llevó a la morena hasta el hospital. Blaine, al ver el estado de Amanda, llamó a Quinn para informarle de que la chica había resultado herida y que se la habían llevado a urgencias.
Blaine: Quinn, estamos en un atraco con rehenes y han disparado a Amanda. Se la han llevado al hospital –comentó por teléfono-.
Quinn: ¡Qué le ha pasado a Amanda! –exclamó asustada-.
Charlie inmediatamente, al oír el nombre de su chica, se acercó preocupada hasta donde se encontraba Quinn.
Charlie: ¿Qué le ha pasado? ¿Está todo bien? –preguntó cerca del teléfono-.
Quinn: Espera Charlie. ¿A qué hospital se la han llevado? ¿Está bien?
Blaine: Está en el hospital del centro y está bien; ha perdido mucha sangre pero se encuentra bien, aunque…
Santana se percató de la acción que estaba llevando a cabo su compañero y se acercó hecha una furia hacia él para quitarle el aparato. Miró la pantalla y, al comprobar que era el número de su amiga Quinn, le echó una mirada matadora.
Quinn: ¡Blaine! ¿Qué pasa? ¡No me dejes así!
Santana: ¡Hola Quinn! –saludó resignada-.
Quinn: ¡San! ¡Gracias al cielo! ¿Estáis todos bien?
Santana: Verás, ha habido un pequeño problemilla en un atraco y, al parecer, Amanda y Rachel estaban dentro y…
Quinn: ¡¿Rachel está allí?! –exclamó alterada-.
Santana: Sigue dentro, pero está bien. Creemos que sólo estaba herida Amanda.
Quinn: Voy para allá.
Santana: Quinn, no hace falta que vengas. Hoy es el día de tu boda y deberías…
Santana no pudo continuar hablando, ya que la rubia le había colgado el teléfono. Charlie, después de confirmar el nombre del hospital donde se encontraba su chica, fue hacia allí para estar junto a ella, mientras tanto, Quinn y Kate salían en busca del banco dónde estaba sucediendo todo. Santana le devolvía enfadada el móvil a Blaine.
Santana: ¿Por qué la has llamado? –preguntaba alterada-.
Blaine: Pensé que debería saberlo; son su amiga y su prometida.
Santana: Acabas de desatar una bomba –dijo volviendo junto a Will-.
Brittany volvió a coger el teléfono; tenía que cumplir la parte del trato, ya que los atracadores habían soltado a un rehén.
Brittany: ¿Hay alguien más herido? –preguntó con miedo-.
Hombre: No, era la única. Aunque, si seguís jugando de esa manera, van a haber muchos más.
Brittany: Ya tenemos su coche preparado en la puerta.
Brittany necesitaba ganar más tiempo pues Will y su chica habían conseguido entrar por una de las puertas traseras del banco, por dónde sacan el dinero para llevarlo en furgones blindados. Una vez en el interior, Will, Santana, Blaine y Andy se encontraban en la parte trasera de las cámaras; tan sólo una puerta los separaba del salón principal.
Santana: Estoy viendo a uno de ellos con el teléfono –comentó mirando por una rendija de la puerta-.
Hombre: Queremos que las calles estén despejadas de gente. No queremos que nos sigan.
Brittany: Si dejamos las calles libres de policías… ¿Quién protegerá a los ciudadanos?
Hombre: ¡Me importa una mierda los ciudadanos! Vamos a salir y más te vale que no veamos a nadie –espetó colgando con fuerza el teléfono-.
Santana: No te muevas pedazo de cabrón –hablaba para sí misma apuntándole en la cabeza por la espalda-.
Los chicos habían aprovechado que el hombre estaba distraído hablando con Brittany para salir.
Hombre: ¡La hija de puta me ha engañado! –gritó enfadado refiriéndose a Brittany-.
Santana: ¡No hables así de ella! ¡No tienes ni derecho a mencionarla! ¿Me oyes? –gritaba alterada mientras esposaba al hombre-.
Hombre: Así que eres la famosa San… ¿eh? –sonrió-.
Santana: Cómo coño sabes… ¡Dios, Britt! –se maldijo al caer en la cuenta-.
Will y Andy apuntaban al hombre que tenía presa a Rachel. Blaine se había escondido para no ser visto e iba rodeando la estancia para acercarse más al individuo sin llamar la atención; tenía que ser rápido y cuidadoso si no quería que Rachel sufriera algún inconveniente o saliera herida.
Hombre: No deis un paso más o le vuelo los sesos –comentó apretando la pistola contra la cabeza de la morena-.
Will: ¡Suéltala! Ya no podéis hacer nada… Están las calles rodeadas esperando a que salgáis.
Hombre: No me haréis nada mientras tenga a ésta chica conmigo –se acercó a la puerta para salir-.
Blaine aprovechó que el atracador tenía la mirada puesta en Will y Andy para acercarse hasta la altura del mismo y apuntarle directamente a la cabeza.
Blaine: ¡Suéltala o seré yo quien te vuele la cabeza! –gritó furioso-.
Hombre: Está bien, está bien… –soltó a Rachel mientras subía las manos-.
Quinn llegaba corriendo al lugar de los hechos; su taxi la tuvo que dejar dos calles más abajo debido a que la policía había acordonado la zona. Pudo reconocer a los lejos a Brittany, que estaba con gesto serio y preocupado.
Quinn: ¡Britt! ¿Dónde están todos? –preguntó angustiada-.
Brittany: Están dentro –le contentó sin quitar la mirada de la puerta-.
Quinn: ¿Qué ha pasado? ¿Se sabe algo de Rachel?
Kate llegaba minutos más tarde, pues la rubia la había dejado atrás al salir corriendo.
Brittany: ¡Kate! –se acercó para abrazar efusivamente a la chica-.
Kate: Yo también me alegro de verte pequeña –le devolvió el abrazo-.
Quinn: ¡Britt! –empezó a impacientarse-.
Brittany: Dos atracadores entraron, dispararon a Amanda, por lo que yo sé, y ahora están intentando sacar a todos de allí –pretendió resumirle lo ocurrido a sus amigas-.
Quinn: ¿Han disparado a alguien más? –preguntaba temiéndose lo peor-.
Brittany: No, hasta ahora. Amanda y el atracador me lo dijeron.
Los chicos salían del lugar con los atracadores esposados; gracias a una buena jugada del inspector Schuester habían conseguido atraparlos sin ningún problema. Rachel se encontraba más atrás intentando ayudar a salir a los demás rehenes. A lo lejos, divisó a su chica, con un semblante serio y preocupado, junto a Kate y Brittany.
Kate: ¡Ahí está Rachel! –soltó con una enorme sonrisa-.
Rachel se quedó paralizada y con cara de preocupación al observar cómo Quinn se acercaba corriendo hacia el lugar en el que se encontraba ella. Temía lo peor; pensó que su chica iba a reprocharle la situación o incluso dejarla por todo el follón que se había montado por su culpa el día de su boda. Cuando se vino a dar cuenta, la rubia se colgaba de su cuello mientras lloraba debido a los nervios que había estado acumulando.
Rachel: Lo siento Quinn –espetó apenada-. No quería hacerte pasar por esto.
Quinn: ¿Por qué? No lo sientas cielo, yo sólo estoy así porque estaba preocupada por ti.
Rachel: ¿No estás enfadada? –preguntó con un hilo de esperanza en la mirada-.
Quinn: Sólo un poco. Si hubieras hecho las cosas a su tiempo…
A Rachel se le vino un flash a la cabeza que le hizo separarse de su chica y salir corriendo hacia donde estaban Santana y sus compañeros. Will se incorporaba al coche en el que se llevaría a los detenidos cuando Rachel se puso delante del vehículo.
Rachel: ¡Espera! –gritó desesperada-.
Will: ¿Qué demonios haces Berry? –preguntó extrañado-.
Rachel: Necesito una cosa…
Rachel abandonaba su posición para ir hasta la puerta trasera del coche; abrió la puerta y se acercó hasta el atracador que la miraba con desprecio.
Hombre: ¿Has venido a por mí zorra? –preguntó insinuándose-.
Rachel: ¡Me das asco! –exclamó metiendo la mano en uno de los bolsillos del tipo-.
Will: ¿Qué estás haciendo Rachel? –preguntó al ver lo que hacía la morena-.
Rachel: Recuperar lo que es mío inspector –le explicaba mientras cogía la cajita negra con sus anillos-.
Will: ¿Puedo irme ya? –preguntó impaciente-.
Rachel: Enciérrelo y que no salga –sonrió a su superior-.
Hombre: Así que la putita era de la policía… ¡Verás cuando salga! –amenazó a la morena-. Me he quedado con tu cara.
Rachel: Mi amiga y yo te estaremos esperando –le contestó con media sonrisa-.
Quinn, al ver la interacción de su chica con el detenido, se acercó a preguntarle.
Quinn: ¿Qué haces Rachel?
Rachel: Recuperar lo que es nuestro –le enseñó la cajita de los anillos a su chica-.
Quinn: ¿Los habías perdido? –preguntó sorprendida-.
Rachel: Perdido no… ¡Robado! ¡Ese cabrón me había robado los anillos! –soltó enfadada-.
Quinn: Hoy creo que me va a dar algo… ¡Mierda! –exclamó de repente-.
Rachel: ¿Qué te ocurre? Ya están recuperados.
Quinn: No, no es eso… ¡Mis padres! Deben de haber llegado ya al aeropuerto y quedé en que yo los recogía –dijo dándole un beso a Rachel para después salir corriendo en busca de un taxi-.
Rachel y los demás chicos se fueron hacia el hospital al que habían llevado a su compañera Amanda. Al entrar al lugar, Charlie les informó que acababan de operar a su chica para sacarle la bala que se le había alojado en el hombro. La operación había sido todo un éxito, a pesar de que la morena había perdido mucha sangre y estaba muy débil.
Rachel: Menos mal –respiró tranquila-.
Charlie: En una hora la suben a planta. Ahora está en reanimación, despertando de la anestesia.
Rachel: Me alegro, Amanda se metió por medio para que yo no cometiese una locura y acabó llevándose ella el disparo –explicó triste y apenada-.
Charlie: ¡Hey… Rach! No te preocupes, ¿ok? Amanda es así, protege a lo que más quiere y creo que lo haría una y mil veces más –comentó mientras abrazaba a la chica-.
Rachel: Lo sé, ella es especial. Siempre lo ha sido –dijo sonriendo-.
Charlie: Y creo que tienes que irte ya; tienes una boda que celebrar y debes de arreglarte para estar guapa para tu chica –sonreía mientras la animaba a salir del hospital-.
Rachel: Cuando despierte me llamas, ¿vale? –le sonrió timidamente mientras salía del hospital-.
-Rachel… Es la hora…-.
¡Viva el drama!
