DISCLAIMER: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.
SUEÑOS AJENOS
CAPITULO 24
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Octubre 20, 2005
Éste es el momento de tomar una decisión.
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- Tanya – gimió en reconocimiento
La joven, claramente confusa, se volteó con intención de volver a entrar en el departamento, aunque sus movimientos eran erráticos.
- ¡Tanya, espera! – la llamó corriendo hacia ella para detenerla
- No, déjame – dijo ella con la voz rota revolviéndose en su abrazo
- No, Tanya, cariño, espera – pidió
- Déjame, por favor. Quiero irme – susurró ella nerviosa – Tengo que irme
- Espera, Tanya, tenemos que hablar – le dijo y ella detuvo sus movimientos
Emmett se acercó a ellos.
- Edward, id al estudio – le ofreció para que tuvieran intimidad y también porque para llegar allí no tendrían que pasar por el salón donde estaban todos los demás.
Edward la rodeó con sus brazos y la guió hasta el estudio. La ayudó a sentarse en el sofá de piel marrón antes de dirigirse a la licorera y servir un vaso con whisky y entregárselo a la chica.
Las manos de Tanya temblaban sacudiendo el líquido ambarino. Las lágrimas rodaban sin control por sus mejillas, mientras sus preciosos ojos azules se enrojecían clavados en el vaso que tenía en las manos.
En silencio Edward se sentó en el mismo sofá aunque en la esquina opuesta, con una copa idéntica.
El silencio era ensordecedor, y aunque él sabía que tenía que decir algo, las palabras no lograban abrirse paso entre sus labios.
- ¿Quién es? – preguntó ella en un susurro por fin.
Edward la observó y nuevamente se sintió un canalla. Era tan preciosa, tan honesta, tan generosa, y él no era capaz de amarla como ella se merecía, y no lograba entender por qué.
- ¿Es importante? – murmuró pero no logró que la mirada de ella abandonara sus manos.
- No, – reconoció – pero necesito saberlo
Soltó un suspiro triste antes de hablar.
- Bella Swan – confesó y al fin logró que ella le mirara
- ¿Bella Swan? – gimió ella y nuevamente las lágrimas desbordaron sus ojos
La chica se recostó en el sofá y dio un trago a su bebida. Tras un largo silencio indagó.
- ¿Desde cuándo? – preguntó sin mirarle – ¿Desde que os reencontrasteis?
- Estuvimos juntos sólo una vez un mes después de esa noche, y decidimos que no podía ser, así que dejamos de vernos. Pero hace algo más de un mes, hemos vuelto a vernos y hemos estado juntos desde entonces – declaró con la mirada fija en su regazo
Era duro estar diciéndole todas esas cosas a Tanya. Era sin lugar a dudas lo más duro que había hecho en su vida, pero de alguna forma sentía estar liberándose.
Liberándose de la culpa y el remordimiento. Sabía que le estaba haciendo mucho daño a su novia, pero sabía que también le evitaría mucho más.
- ¿Tú la buscaste o te buscó ella a ti?
- Yo la busqué – reconoció avergonzado
- ¿Por qué? ¿No eras feliz conmigo?
- Oh, Tanya – gimió mirando a la chica – No, cariño, sí que lo era, claro que sí
- ¿Entonces? – sollozó
- No la busqué con la intención de traicionarte
- ¿Entonces por qué? ¿Para qué la buscaste?
- No lo sé. En un principio supongo que para recuperar una amistad que había sido importante para mí.
- ¿Y qué sucedió? ¿Por qué te acostaste con ella?
- No lo sé. Simplemente sucedió. Intenté convencerme que lo hacía sólo para cerrar una etapa…
- ¿Por qué me pediste que me casara contigo?
- Porque realmente creí que lo mío con Bella estaba terminado. Muerto y enterrado.
- Pero no es así – aventuró Tanya
- No. Ahora no puedo estar sin ella. – dijo profundizando la herida de la chica – Lo siento mucho, Tanya – reconoció sin atreverse a mirarla
- ¿Y su novio?
- Aún sigue con él. Están prometidos.
- ¿Va a casarse con él? – indagó confusa
- Sí – aceptó Edward sintiendo todo el dolor que siempre le producía pensar en Bella casándose con Garrett
- Y tú prefieres terminar con lo nuestro aún sabiendo que no podrás estar con ella – relató
- No sería justo para ti, Tanya. No es justo que estés con alguien que no está al cien por cien.
La chica sopesó sus palabras y tuvo que aceptarlas aunque eso le produjera un dolor que nunca antes había sentido y que resultaba insoportable.
Estuvieron en silencio lo que pareció una eternidad.
- Nunca podré competir con ella. – dijo al fin – Nunca podré competir contra alguien a quien has amado durante quince años
- Lo siento – murmuró con sinceridad
- Lo sé. Yo lo siento también. Y lo siento por ti.
Edward la observó extrañado hasta que al fin ella giró su rostro y le miró.
- Lamento que te hayas visto separado de la única persona a la que realmente has amado. Lamento que no puedas estar con ella, y lamento que vuelvas a perderla – dijo sin poder contener el llanto.
- Dios, Tanya – gimió acercándose a ella para rodearla con sus brazos
Tanya descargó su llanto en el pecho del único hombre al que había amado en toda su vida, y que le estaba produciendo un daño que sentía muy difícil de reparar.
Fue bastante después, cuando por fin su llanto cesó, que Edward decidió marchar.
- Deberíamos irnos – murmuró acariciando sus brazos
- No quiero verles – se quejó ella
- No te preocupes, yo recogeré tu abrigo y tu bolso – dijo separándose de ella
Tomó su rostro entre sus manos y con los pulgares intentó secar el rastro húmedo de sus mejillas.
- ¿Estás bien? – preguntó sabiendo la respuesta
- No – dijo en un susurro – pero quiero irme
- Ahora vuelvo – prometió y besó su frente antes abandonar la habitación
Intentó coger aire recostado al otro lado de la puerta antes de dirigirse al salón, donde las dos parejas le esperaban expectantes e interrogantes.
- ¡Edward! – exclamó Alice levantándose de su asiento – ¿Qué sucede?
- Nos vamos – dijo como toda explicación
- Pero ¿por qué? – preguntó Rosalie intrigada – ¿Qué sucede? ¿Y Tanya?
- Tanya no se encuentra bien
- ¿Qué tiene? – dijo Rosalie levantándose de su asiento dispuesta a ir en busca de su amiga
- Hemos tenido un… – dudó buscando la palabra correcta para describir lo que sucedía pero no la encontró – …problema, pero no es buen momento ahora mismo, ya os lo explicaré más tarde
Rosalie se detuvo para mirarle dudosa.
- ¿Qué le has hecho? – preguntó indignada disponiéndose a salir, pero Edward la detuvo
- Rose, no es un buen momento – repitió
- ¿Qué le has hecho? – repitió mirándole molesta
- Rose… – le cortó Emmett
- Es mi amiga – discutió la rubia
- En este momento necesita que le des su espacio, Rosalie, por favor – pidió Edward – Ella hablará contigo cuando esté preparada. Por favor, dale un tiempo.
Las chicas le observaban entre dudosas y especulativas. Los hombres por su parte, intentaban deducir su estado de ánimo sin llegar a ninguna conclusión.
Edward recogió sus abrigos y el bolso de Tanya y volvió al estudio. Ayudó a la chica a ponerse su chaqueta y rodeándola con su brazo la dirigió hacia la puerta y hasta el coche.
Tanya caminaba a su lado en silencio.
En el mismo estado casi catatónico se dejó guiar hasta el departamento y se encontró sentada en la cama que habían compartido cada noche de los últimos diez meses.
- No puedo quedarme aquí – sollozó cuando se dio cuenta de dónde se encontraba
- Quiero que te quedes aquí
- Es tu departamento – gimoteó – Me iré a casa de mis padres
- Tanya, no tienes que hacer nada ahora – dijo sentándose a su lado – De verdad, cariño. Yo me quedaré en el departamento de Morningside Park. Tú, tómate todo el tiempo que necesites.
- No puedo quedarme aquí – repitió acongojada
- Duerme hoy aquí – pidió – Mañana ya podrás decidir lo que deseas hacer
- Sé lo que deseo hacer. Deseo olvidar todo esto, deseo despertar y darme cuenta que sólo es un mal sueño.
Edward la apretó contra él y solitarias lágrimas le asaltaron.
- Lo siento, Tanya. Te juro que lo siento muchísimo. No hubiese querido lastimarte. Eres la persona más especial que he conocido nunca y yo no tengo derecho a hacerte daño.
Tanya se aferró a las solapas de su chaqueta con desesperación.
- Dame una oportunidad, Edward – imploró – Dame una oportunidad de hacerte feliz. Yo te amo, Edward, te amo y sé que puedo hacerte feliz.
La rodeó con sus brazos estrechándola contra su pecho.
- Lo siento, Tan, lo siento mucho, cielo. No puedo hacerlo. Yo no podría hacerte feliz a ti.
- Sí que podrías. Claro que podrías. Lo has hecho todo el tiempo.
- Estábamos viviendo una mentira, Tanya. Yo no estaba siendo honesto.
- Fuimos felices antes, podremos volver a serlo, por favor – rogó antes de abalanzarse sobre los labios de él.
Se separó de ella con suavidad.
- No, Tan – susurró – No puedo hacerte feliz
- ¿No puedes o no quieres?
- No puedo. Quisiera hacerlo, te juro que desearía ser capaz de hacerte feliz, pero no puedo. No puedo y tú lo sabes. En este momento estás confundida, todo ha sido muy repentino y no ves con claridad, pero cuando tengas tiempo de pensarlo verás que no serías feliz con alguien que no te ama como te mereces.
La chica bajó los brazos derrotada y bajó la mirada.
- Iré a darme una ducha – dijo levantándose de la cama – Sería mejor que te hubieses marchado cuando salga – pidió y entró en el baño
Edward buscó una bolsa en el vestidor y metió en ella algo de ropa antes de abandonar con tristeza el apartamento y con él a la chica que tanto había creído amar en esos últimos años.
Sin duda ha sido triste ya que Tanya es una buena chica, pero estoy segura que igual todos prefieren a Edward con Bella.
Gracias a todos por todo, como siempre.
Dejo el adelantito:
- He dejado a Tanya – dijo sorprendiéndola y haciéndola olvidar la lluvia que comenzaba a caer.
Bella se volteó a observarle entre confusa y sorprendida.
- Lo he hecho – confirmó mirándola con atención
- Dios, Edward – murmuró sin saber qué decir o qué sentir – ¿Cuándo?
- Ayer por la noche.
- Dios mío. ¿Quieres contármelo? – preguntó cautelosa
- No, particularmente.
- Entiendo – aceptó recostándose contra él – Estoy para escucharte lo que quieras decir.
- No sé qué decir, Bells. Fue lo más duro que he hecho en mi vida, pero fue lo mejor para todos. Siento que me he liberado al fin, y siento que al fin he hecho algo bueno por ella, aunque en este momento ella piense que no es así.
Besitos y muy buen finde y mucha suerte con los Reyes Magos, (para quienes los esperen)!
