Gundam Wing
Atrapados
Capítulo XXV. Se supone que ya deberían estar en el reino de Sank, ¿no?
-No. –Dijo Hilde, con mirada acusadora.
-¿Por qué no? –Cuestionó con ternura Relena.
-Porque no. –Se sonrojó levemente, molesta. –Es vergonzoso.
-¡Pero si eres muy bonita! –Dijo Dorothy, con exagerado tono alto de voz, haciendo voltear a uno que otro espectador. –Así podrás atraer al libertino.
-Que no me gusta el libertino…
-¡Vamos! –La rubia se arrojó contra la chica, antes de que pudiera huir de la loca, quitándole de encima la bata blanca de baño que traía encima, y empujándola al frente con cierta fuerza. -¡Que estos no son los bailarines aceitosos!
Quatre soltó una carcajada al recordar tal incidente.
-¡D-Dorothy! –Se quejó Hilde, abrazándose asimisma. -¡No hables de eso! ¡Lo prometiste!
Se encontraban en la popa del enorme barco, en donde había una enorme piscina rodeada de sillas de playa con enormes sombrillas multicolores; los cinco pilotos se encontraban cómodamente recostados en tales sillas, con lentes de sol puestos, observando el panorama: Relena, en un esplendoroso bikini de dos piezas de tirantes color azul cielo con un moño rosado justo en medio de sus pechos, y Dorothy con su prácticamente inexistente bikini de color indescifrable, empujando a una cohibida Hilde a la que le habían puesto un bikini strapless (1) de color rojo carmesí, bastante atrevido al ver de ella.
-Se te mira bien. –Dijo Relena, sonriente, curiosa de ver por primera vez a Hilde desvestida de tal forma.
-¡No me siento cómoda! –Exclamó Hilde, abrazándose asimisma. –Siento que se me expone demasiada piel.
-¿Sabes que cuando te abrazas así se te miran los senos más grandes? –Dijo la maniaca oficial, entre risas.
-¡Ya basta!
-Creo que Dorothy mal influye a la gente. –Susurró el 03.
-Creo que tienes razón. –Contestó el 01, bebiendo tranquilamente de su coctel.
-Bueno, nos ha dado muy bonita vista, la chica tiene lindas curvas. –Wufei sonrió, malicioso. –No sé de dónde sacaron que estaba gorda. Si acaso sus pechos son... más grandes de lo normal, pero se miran muy bien.
Duo no comentó al respecto, pues opinaba lo mismo que el 05…cuarteto de pervertidos.
A lo lejos, una solitaria Sam miraba la mar, recargada en el barandal del barco, con el cabello rubio esponjado por el freeze y falta de plancha, así como raíces más negras que el cabello de Wufei, en un pants negro y holgado, mientras sostenía un bote con helado de napolitano, el cual comía con una cuchara metálica.
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-¿Te vas? –Cuestionó Relena, decaída.
Sam, morena como un trozo de carbón, demacrada, con su cabello rizado intensamente con frizz y raíces negras donde debería ser rubio, asintió con la cabeza, dejando a entender que era poco lo que quedaba de aquella flamante preventiva que conocieron… o eso fue lo que Hilde pensó; finalmente habían bajado del súper ultra lujoso barco, y ahora se encontraban donde los taxis/limusinas recogían a sus magnates/servidumbre. La mitad rubia mitad morena esperaba, con su pequeña maleta, la despedida oficial de sus compañeros mientras mantenía abierta la puerta del taxi que la llevaría hacia la próxima estación espacial.
-Sí, ya terminaron mis días de permiso. –Mintió. –Espero verlos después, nos la pasamos muy bien.
-Qué pena. –Susurró Dorothy, no tan acongojada como Relena.
-Cuídate, Sam. –Exclamó Hilde, apenada.
Quatre estaba asqueado con la escena. Los otros cuatro pilotos solo se despidieron con un movimiento de sus manos derechas, tan monótono y coordinado que parecía haber sido ensayado; la rubia miró a Trowa, como si esperara que él la detuviera, o que le dijera algunas palabras, pero el 03 bostezó y se estiró un poco, cansado de estar de pie.
-Bueno, adiós. –Dijo, metiéndose al taxi.
Todos miraron, silenciosos, como el taxi se alejaba por la larga avenida de recepción del puerto, el cual tenía una linda vista al mar; cuando el automóvil salió a la carretera, cuyo lado derecho era mar…
-¡Soy libre! –Gritó Trowa, cayendo de rodillas al suelo, alzando ambos brazos al cielo. -¡Gracias! ¡Gra-cias!
De nada.
-Trowa, ¿no te sientes ni un poco mal? –Cuestionó Relena.
Tras ella, Dorothy abrió una botella de champaña, y comenzó a servir el burbujeante líquido en copas del cristal que el buen mayordomo masónico le pasaba.
-Para nada, era una pesadez. –Dijo, tomando sin pensar una de las copas que Dorothy le ofrecía.
-Oh, te escuchas muy cruel. –Relena tomó también una copa. –Gracias, Dorothy.
-No es nada, ella estará muy bien.
Tras ellos se mira la larga carretera, que termina abruptamente en una curva cuya vista daba al mar; el dichoso y vistoso taxi donde iba Sam pierde misteriosamente el control y sale despedido por aquella curva, cayendo por esta así como Dorothy cuando chocó con el malecón, levantando una altísima cortina de agua de mar.
-¿Tu lo crees realmente?
-¡Claro! Estoy seguro hasta de que la volveremos a ver.
Tras ellos hubo una leve explosión, atrayendo a curiosos hacia aquella curva donde había caído el carrito; Hilde, desde su lugar con la copa en mano solo miró un leve resplandor rojo en el cielo.
-¿Pirotecnia? –Cuestionó, curiosa.
-La autora evidentemente festeja. –Dijo Trowa, sin voltearse a comprobar lo que pasaba, mientras se tomaba de golpe su copa y le pedía más a Dorothy.
-Bueno, creo que finalmente nos vamos a Sank. –Rió la loca. -¡Andando!
Hilde vació su copa en la de Duo sin que éste se diera cuenta antes de que pudiese subir a la rosada limusina de Dorothy; Peygan tomó el control de volante, mientras los muchachos se acomodaban en la parte trasera del auto, el cual tenía un mini bar con múltiples bebidas alcohólicas y un sistema de audio de última.
-Estaba preguntándome… la razón por la que huimos súbitamente de la casa de la playa. –Exclamó Quatre, bebiendo de su copa, cómodo en un asiento amplio y acojinado.
-Hay cosas que deben quedarse en secreto. –Contestó Heero, tomando una botella de "algo" y tomándola como si fuese agua, pensando que era agua, sabiendo que hubo algo turbio en aquella huída.
-Oye, ¿cómo te fue en el hospital? –Cuestionó Hilde.
-¡Perfectamente! –Rió la loca. –Son excelentes cirujanos, casi no me dolió la reparación de mi seño derecho, la última vez que lo reventé de un mordisco tardé un poco más en recuperación… deberías ir a visitarlos, si dices que eres mi amiga te harán un súper descuento.
-No gracias. –Susurró, retractándose de haberle preguntado algo. –Ya no quiero más caos.
45 minutos después.
-¡Alcáncenme si pueden, preventivos de mierda! –Gritó Wufei, trepado en el quemacocos de la limusina, mostrando el dedo medio de ambas manos, sin recordar que él mismo era un preventivo y que probablemente podrían reconocerlo.
La flamante limusina corría ahora de 80 km/h a 190km/h al ser conducida por la loca oficial, Dorothy, después de que el buen Peygan fuera brutamente atacado por el corcho de una botella de champaña que le dio directamente en la nuca, dejándolo fuera de combate. Tras ellos había una caravana de patrullas de preventivos, pues en una tienda local habían reconocido a Dorothy como una narcotraficante de estupefacientes caros; los pasajeros eran atacados por las horribles vueltas bomberas que daba la loca al tratar de perder a los preventivos… aunque poco podía hacer siendo que era una carretera libre con escasas curvas.
-¡No me atraparán viva! –Gritó Dorothy, riendo cual vil loca.
Tras la limusina era un escenario caótico: Heero y Relena se besaban indecentemente sobre uno de los asientos pequeños, imaginando que se encontraban totalmente solos pues tenían las manos metidas en las ropas ajenas; Duo dormía profundamente, tirado sobre el alfombrado suelo con una botella de champaña vacía en la mano. A su lado, Trowa y Quatre jugaban piedra papel o tijera de prendas, cada el que iba perdiendo tiraba una prenda por el quemacocos, donde aun estaba Wufei gritando obscenidades en todos los idiomas que conocía.
-Bueno, yo no entiendo por qué insisten en seguir bebiendo lo que Dorothy les ofrece. –Hilde, sentada en el sofá amplio con el cinturón puesto, exclamó en voz alta como si fueran a escucharla. –Supongo que ya les gustó la bebida adulterada. –Susurró, pateando una veintena de botellas vacías, ya no tan aterrada por el espectáculo frente a ella tras haberse negado a probar cualquier cosa que viniese de las manos de la loca oficial.
La limusina finalmente llegó al famoso pueblo costero que Dorothy y los motoristas casi destruyeron; los pobres pescadores apenas arreglaban el caos anterior cuando vieron el enorme automóvil rosado correr a más de 190 km/h por la estrecha calle principal, espantando gente y puestos pequeños, seguidos por los preventivos, los cuales al tener autos demasiados grandes se estamparon contra muros de contención (que los locales pusieron después del incidente), casas de piedra y locales fuertemente instalados, haciendo trizas los automóviles y quebrando los huesos de los pobres e incautos conductores.
Sin embargo, entre el caos, los motoristas preventivos lograron pasar por la estrecha calle, como si fuesen súper héroes de todos los tiempos, siendo aplaudidos por los pocos que aun quedaban en pie… aunque también duraron poco en circulación puesto que tropezaron con el caos que había dejado la limusina a su paso.
-¡Jodanse! –Gritaba Wufei, arrojando un bóxer color rojo intenso a un motorista, el cual le tapó la visibilidad y salió volando al estrellarse con una barda. -¡Ja! ¡Idiota!
Finalmente, la vistosa limusina se perdió extrañamente en el pueblito, y los habitantes agradecieron a los cielos que finalmente se retiraran, aunque más caos del que dejaron ya no se podía hacer: casas parcialmente destruidas, negocios regados por doquier, animales sueltos atacando preventivos, peces en lugares imposibles, preventivos tirados en el suelo, automóviles y motocicletas destruidos y humeando… el presidente municipal, mirando todo desde lo alto de una casita de piedra que aun quedaba intacta, comenzó a dictar una carta a su secretaria pidiendo permiso para mover el pequeño pueblo costero a un lugar alejado de aquellos adolescentes locos.
Bien por ustedes, pueblito costero.
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-¿Qué pasó? –Susurró Relena, adolorida.
Era ya de noche cuando el flamante automóvil de Dorothy se detuvo frente a la enorme mansión de los Peacekraft; una comitiva de ocho empleados estaban de pie sobre la pulcra escalinata de mármol que servía de entrada de la residencia de los Peacekraft como si fueran militares esperando a su sentenciado. Uno de ellos se acercó hacia el automóvil, con toda la elegancia del mundo, y abrió la puerta sin pensarlo… provocando que Relena se fuera al pavimento, pues se encontraba totalmente recargada en ésta.
-¡RELENA! –Escuchó una aguda y terrorífica voz conocida.
La chica había caído hasta el pavimento de boca, quedando solamente de sus rodillas a los pies dentro del automóvil, con el vestido liviano playero fruncido hasta la cintura, dejando ver sus interiores mal puestos al haber sido removidos por manos ajenas; junto con ella también cayó un dormido Heero, completamente desnudo de la cintura a los pies, sobre la espalda de ella.
-¿M-mamá? –Cuestionó la nombrada, levantando la cabeza, adolorida por el golpe.
Frente a ella, a escaso un metro, se encontraba de pie su madre adoptiva, elegantemente ataviada con un vestido negro al cuerpo y un collar de perlas blancas, con el cabello sujeto en un elegante moño… con cara de terror supremo.
-¡Relena Darlian! ¡¿Por qué estás en esa posición?! ¡¿QUÉ estabas HACIENDO?! –Gritó la aterrada mujer. -¿Es ese… Heero Yuy, tu guardaespaldas? ¡¿Por qué no trae pantalón?! Oh, Dios mio. –Se llevó ambas manos a la boca, al ver a dos muchachos desnudos salir del auto. -¿Representante Winner? ¿Usted…?
Parados como espanto se encontraban Trowa, vistiendo únicamente un ajustadísimo bóxer color azul marino que no dejaba mucho a la imaginación, Quatre completamente desnudo y cubriendo sus partes con ambas manos, Wufei sin su usual colita de caballo (parecía la chica del aro con el cabello más corto) y con cara de drogadicto, así como Duo, también sin su usual trenza (él parecía más Rapunzel), y sosteniendo una botella vacía de champaña.
-Buenas noches… señora Darlian. –Saludó Quatre, ebrio, tratando de oírse formal, y extendió una mano hacia saludarla… retractándose al notar que la otra no le servía para cubrirse totalmente. –La saludaría, pero resultaría algo incómodo.
La señora Darlian, aterrada, fingió desmayarse y se dejó caer sobre la escalinata… pero al no ser sostenida por algún sirviente (estaban demasiado atónitos con el espectáculo) cayó cual vil bólido sobre la escalinata, desmayándose de verdad al golpearse la cabeza con un escalón, desgreñándome; hubo flashazos de la parte alta de la escalinata, mientras un coro infantil cantaba el alegre "Feliz Cumpleaños", que fue súbitamente interrumpido al ver la posición tan comprometedora y a los sujetos semidesnudos y ebrios parados frente a la limusina destartalada como si la hubiesen agarrado a golpes.
-Mamá, ese señor se parece al tío Wufei que te visitaba en casa. –Dijo uno de los niños, apuntando a Wufei.
La mamá enrojeció y le tapó la boca a su vástago.
-Están todos los políticos y representantes conocidos de la famila, y hoy es el día en que la señorita Relena pierde la chaveta. –Susurró una de las sirvientas a su compañera de al lado.
Hilde observaba toda la escena, recargada en la puerta del lado del conductor, con los brazos cruzados y cara de lástima; había tomado el volante después de que Dorothy cayó inconsciente víctima del alcohol y sus pastillas, y ahora dormitaba sobre el inconsciente Peygan, abrazándolo como si fuese un muñeco de peluche.
-Qué oso. –Susurró Hilde.
Ya le tocaba.
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A pesar del caos ocasionado por la llegada tan emotiva de Relena y su caravana de locos, la representante fue obligada a atender a sus invitados no invitados por ella, por la finísima de su madre; la pobre chica estaba de pie, con un elegante y ultra conservador vestido color rosa pálido largo hasta sus pantorrillas, con cara de zombie ebrio que tenía una indigestión por exceso de grasosos cerebros, con prominentes y oscuras ojeras… contrastando con su radiante madre, sonriente y atenta, como si no hubiese visto el espectáculo de hacía un rato ni tenido un desmayo brutal y desgreñador. El buen Peygan se había ido en una ambulancia, a petición de la señora.
-Chicos, ustedes tienen un problema. –Exclamó Hilde.
En una curiosa fila de sillas pegadas a la pared se encontraban sentados los ex pilotos en este orden: Trowa, Wufei, Heero, Quatre, Duo y Hilde, los cinco primeros con un vaso enorme con agua efervecente, mientras usaban atuendos prestados al no llevar nada decente ni masculino en sus maletas.
-Justo cuando piensas que las cosas no pueden ponerse peor, a esta divinidad se le ocurre otra idea loca. –Susurró Trowa, asqueado con el líquido efervecente, con un severo dolor de cabeza.
-Y conste que no fue Dorothy. –La chica trenzaba el cabello de Duo como si fuese un chiquillo, después de terminar de peinar también al dolido Wufei. –Fueron ustedes que le dieron vuelo a las bebidas alcohólicas.
-Qué asco. –Wufei se tomó su vaso de golpe.
-Pues ella se mira muy bien. –Heero apuntó hacia la rubia loca.
Frente a ellos se encontraba una flamante Dorothy Catalonia, en un vestido negro bastante conocido, conversando animadamente con unos cuantos ancianos pervertidos que la hacían de políticos mientras le observaban descaradamente el escote, ella sosteniendo una copa de bebida alcohólica.
-Ella es una experta. –Susurró Quatre, malhumorado. –Eso, o siempre está ebria.
-Pues experta o no se quedó dormida al volante. –Exclamó Hilde, frunciendo los labios.
Todos la miraron, algo alterados.
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Hilde notó que el auto comenzaba a salirse de la carretera de forma lenta, y que el claxon del automóvil se había quedado pegado desde hacía unos minutos; algo asustada se fue gateando hacia la parte delantera, esquivando gente y botellas vacías bailarinas, mirando por la ventanilla a Dorothy profundamente dormida sobre el claxon, mientras el auto se dirigía a toda velocidad hacia un precipicio con mar.
-¡AAAHHH! –Gritó Hilde, lanzándose sobre el volante sin pensarlo, tumbando hacia un lado a la inconsciente Dorothy.
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-Es decir, que tú nos trajiste. –Dijo Wufei.
Ella asintió, visiblemente perturbada al recordar el incidente.
-Oye, Hilde, tú no sabes conducir, ¿no? –Completó Duo.
-Bueno, ya entiendes por qué el auto llegó en esa condición. –Contestó ella.
-¡¿Qué?! –Gritaron todos, asustados.
Ella negó con la cabeza, guardando todos esos recuerdos en algún lugar apartado y sombrío de su memoria.
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Eli Yuy.
(1)Strapless, que no lleva tirantes.
