Es una hermosa mañana

La plataforma nueve y tres cuartos estaba tan llena como cada primero de Septiembre. Padres e hijos caminaban por todo el lugar, tratando de encontrar a sus amigos.-

-¡Eh, Sirius, por aquí!

Sirius levantó la vista al escuchar su nombre y vio a James, saludándolo desde la puerta del último vagón.-

-¡Hola, James! –Gritó de vuelta.

-¡Sirius! Baja la voz, -siseó su madre, molesta.- Gritando como un vendedor cualquiera. Tus modales se han vuelto terribles estos últimos años. Si sólo Durmstrang te hubiera aceptado.

Ignoró el resto de las quejas de su madre, ya las había escuchado todas, y arrastró su baúl hasta el vagón.

James lo ayudó a subir sus cosas al tren. Cuando Sirius volvió a mirar la plataforma vio que su madre ya había desaparecido entre el montón de gente y sin duda caminaba hacia la barrera.

-Ni siquiera se despidió, -comentó James, sorprendido.-

-Sigue molesta porque no me pudo meter en Durmstrang, -Explicó Sirius.- El único momento en que paraba de quejarse era cuando me estaba tirando una chica encima.

-No me imagino a tu madre haciendo de Cupido.

-De verdad que no quieres, -murmuró Sirius.- Una de ellas me apuñaló con un tenedor, y otra hasta se animó a pedir "chequear la mercancía".

-¿Mercancía?

-A mí, -aclaró.- Quería que me desnudara durante la cena para poder ver qué iba a recibir.

-¿No lo hiciste?

-Afortunadamente para mí, mi tío Alphard comentó que habían niños presentes y no tuve que hacerlo.

James se rió fuertemente.- Quisiera haber estado ahí para verlo. Debiste haberlo hecho de todas formas, tienes un cuerpo decente.

-No sabía que me habías estado mirando, -contestó, aunque se puso colorado. Él solamente volvió a reírse y lo llevó por el pasillo hasta el compartimiento que ya había conseguido.-

-Y mira a quién encontré andando por la plataforma, -anunció con una sonrisa mientras abría la puerta.-

-¡Remus! –Exclamó- ¿Qué estás haciendo aquí?

-Voy a Hogwarts, -le contestó con una sonrisa.- ¿Qué estás haciendo tú aquí?

Sirius abrazó a Remus y lo despeinó.- Me refería a por qué estás aquí y no en la escuela. Has estado viviendo ahí todo el verano.

-Quería ir en el tren, -sonrió.- Dumbledore arregló que me dejaran ir a la oficina de la plataforma y venir con el resto de ustedes.

-¿La plataforma tiene oficina? –Preguntó James.-

-Claro que sí, -contestó Remus, girando los ojos.- No es que puedas comprar boletos en la parte muggle de la estación.

-Si sólo viniste por el viaje, ¿qué hay en la mochila? –Preguntó curiosamente.-

-Algo de comida y la túnica de la escuela.

-Hay un carrito que vende comida, -le dijo James.

-Lo sé, pero la profesora McGonagall parece estar bajo la impresión de que sólo tiene golosinas, así que insistió en que trajera sándwiches para nosotros. En realidad se ven buenos, pero no tanto como la cena de hoy.

-Tu primera cena en Hogwarts, -declaró Sirius.- Será genial. Desde ahora podrás sentarte con nosotros en el comedor. Ya no llevaremos comida al dormitorio, a menos que queramos comer de noche o algo.

-Te estás olvidando una cosa, -le dijo Remus en voz baja. Como los dos parecían no entender, suspiró y continuó.- Tienen que seleccionarme antes de que pueda sentarme con ustedes.

-No estás preocupado por eso, ¿o sí? –Preguntó James, riéndose.- Estarás en Gryffindor con nosotros. Tienes que estar.

-No se sabe.

-Supongo que tendremos que esperar para ver, -concedió Sirius.- Pero si no estás en Gryffindor me sorprenderé tanto que… que… bueno, no sé qué haré, pero será algo muy sorprendente.

Remus sonrió débilmente.- Veremos. Al menos para esta noche sabremos dónde me tocará.

-¿Dónde está Peter? –Preguntó Sirius, dándose cuenta su ausencia y preguntándose dónde se habría metido.-

-Preparando la broma, -contestó James, después de haberse fijado que nadie estuviera cerca de la puerta.-

-¿Qué broma?

-¿Qué broma? –Repitió James.- ¡Pedazo de idiota! La broma. La que teníamos planeada para el tren del año pasado.

-Se me había olvidado, -admitió Sirius.

-Qué bueno que a nosotros no. Será genial.

Sirius miró a Remus con una sonrisa.- ¡Será perfecta! –Corrigió.

Más tarde esa mañana, los cuatro estaban disfrutando la gloria que venía de haberle hecho una broma al tren completo. Habían, para alivio de Peter, Sirius y Remus, convencido a James de que la ventana del maquinista debía quedar sin nada, pero todos los demás recibieron un viaje sorpresa por el mundo.

El último grupo de admiradores acababa de dejar el compartimiento cuando el carrito de golosinas llegó.

-¿Helado? –Preguntó James esperanzado. La ventana ya no reflejaba el campo del norte, en vez de eso estaban viendo las Pirámides de Egipto, y aunque la temperatura era normal para los últimos días del verano, ver eso les daba a todos antojo de algo mucho más frío que una golosina.

La señora del carrito rió y negó con la cabeza.- Veré qué puedo hacer, -les dijo, antes de seguir su camino.

James se acomodó en su asiento, satisfecho por la broma bien hecha. Fuera de la ventana el paisaje cambió y se volvió el Monte Rushmore.

-¿Quién dijo el Monte Rushmore? –Gritó uno de los alumnos de sexto, que estaba tomando las apuestas de qué iba a verse después en las ventanas del expreso. Entonces se escuchó gritar la voz de una chica, contenta por haber ganado la apuesta, mientras tomaba su dinero e iba al carrito de golosinas.

-La mejor broma del mundo, -comentó Peter.

-Por ahora, -le contestó James.- Tenemos que esforzarnos para superarnos.

Sirius asintió y se puso a pensar en algo que pudiera superar lo que era, hasta el momento, su mejor broma.


Llegaron a la estación de Hogsmade justo a tiempo. Era un poco desconcertante ver un oscuro océano por la ventana, pero suelo sólido por la puerta, aunque a nadie parecía importarle.

-Los de primer año, por aquí, -llamó Hagrid.- Tú también, Remus.

-¿Qué? –Preguntó, alejándose de sus amigos, que se acercaban a los carruajes.-

-Todavía tienen que seleccionarte, -le recordó Sirius.- Supongo que tendrás que ir con el resto de los chicos de primer año. Te guardaré un lugar.

Remus asintió y vio cómo sus amigos se iban. Los de primer año parecían tan pequeños, resaltaría mucho al entrar al comedor con ellos. Todos sabrían inmediatamente quién era… el hombre lobo.

Los que no habían visto el Profeta al comienzo del verano preguntarían quién era, y quienes lo habían leído podrían adivinar su identidad y decírsela a los otros. Qué todos supieran que había un hombre lobo en la escuela era una cosa, pero que supieran que él era el hombre lobo era algo que no se le había ocurrido. Claro, sabía que los demás notarían al alumno extra, pero tontamente se había imaginado que podía mezclarse con ellos sin problema. No podía creer que realmente no se le había ocurrido que tendría que pararse con los otros alumnos de primero, en frente de todos.

Quizás no era tan buena idea.

-¿Subirás? –Preguntó uno de los niños, al ver que Remus se quedaba en el muelle. Él asintió y subió al bote.-

-Soy hijo de muggles, -susurró confidencialmente el chico.- Todo parece tan extraño, como si no fuera cierto. ¿Y tú?

-Soy mago, pero igual estoy nervioso, -contestó, apretando la varita que tenía en el bolsillo. No lo había sorprendido saber que su varita estaba hecha de corazón de dragón, y sonrió pensando en cuando la había comprado. A diferencia de la varita de Sirius, la suya no era de fresno, sino de sauce, y al practicar magia durante el verano, bajo la mirada de vigilante de varios profesores, su habilidad había mejorado más de lo esperado.

Remus miró al castillo mientras se acercaban. El chico a su lado exclamó asombrado, como varias otras personas en los botes. De verdad era la mejor vista de la escuela que había, y Remus no se arrepentía de estar ahí para verla.

Llegaron a la entrada sin incidente y se encontraron con la profesora McGonagall, cuyo deber era llevarlos al comedor. Remus se agachó ligeramente, tratando sin éxito verse más bajo de lo que era. Se movió nerviosamente, pero se enderezó bajo su mirada. Ella le sonrió y procedió a explicarles a todos sobre las casas, y los puntos que podían ganar o perder para sus "familias".

Entonces la siguieron hasta el comedor.

Remus había estado dentro del comedor, claro, pero nunca lo había visto tan lleno de alumnos como en ese momento. Caminó con los de primer año entre las mesas de Hufflepuff y Ravenclaw. A su derecha podía ver a Sirius, James y Peter, en la mesa de Gryffindor. Como había prometido, Sirius le había guardado un lugar a su lado, esperando que fuera con ellos. Les dio un pequeño saludo y James levantó sus pulgares.

Cuando quiso acordar había llegado al frente del comedor. El resto de los maestros estaban sentados en la mesa de profesores. Había una a quien no reconocía, y supuso que sería la nueva profesora de Defensa Contra las Artes Oscuras. Se había sentido aliviado al enterarse de que el profesor Spion no volvería a la escuela, y se preguntó qué pensaría la nueva maestra de los hombres lobo.

Pero no tuvo tiempo para pensarlo, porque el comedor se había quedado callado para dejar que el sombrero cantara su nueva canción.

-o-

Los fundadores de nuestra noble escuela

Fueron famosos en su tiempo,

Pero no a todos los magos en ese entonces

Les gustó lo que tenían para decir.

-o-

Ravenclaw y Hufflepuff

Eran brujas, como se sabe,

Y muchos pensaban que no debían enseñar,

Guardar sus cosas y abandonar.

-o-

No se les hizo fácil

En los primeros años de Hogwarts,

Pero siguieron a pesar

De los miedos prejuiciosos.

-o-

Eventualmente resultó

Que las mujeres fueron aceptadas,

Y las alumnas se unieron a la escuela,

Sin miedo de ser rechazadas.

-o-

Los prejuicios que sufrieron entonces

Eran lo más normal,

Y tristemente continúan,

Pero con diferente forma.

-o-

La escuela Hogwarts ahora está abierta

Para todos los que quieran estudiar,

Pero no todos pueden venir,

Algunos no tienen suerte.

-o-

Algunos no tienen dinero,

Otros lejos viven,

Pero los prejuicios en nuestra escuela,

Alejan a muchos más.

-o-

No busco decirles

Lo que está bien o mal,

Sólo trato de guiarlos,

Cantando mi canción.

-o-

Los Gryffindor no tienen temor,

La valentía ellos atesoran,

Y los Ravenclaw tienen la inteligencia,

Para juzgar con sus propios ojos.

-o-

Para los trabajadores Hufflepuff,

La lealtad es el credo,

Reciben a todos en la casa,

Donde cualquiera es bienvenido.

-o-

Los ambiciosos Slytherin,

Conocen el prejuicio y el temor,

Lo han aguantado y devuelto,

Por muchos años oscuros.

-o-

Todos y cada uno de ustedes

Es diferente del resto,

Y Hogwarts recibe a cualquiera

Lo que nos hace los mejores.

-o-

Remus siguió escuchando hasta que el sombrero terminó su canción. Supuso que había estado oyendo cosas en la oficina de Dumbledore, cosas sobre él y los que estaban en una posición similar, pero no eran lo suficientemente afortunados como para ir a la escuela. La ligera culpa lo incomodó por un momento, pero entonces comenzó la ceremonia.

-Adams, Melanie, -llamó la profesora McGonagall y una chica que parecía nerviosa caminó hasta el banquito. Al sombrero no le tomó mucho tiempo ponerla en Ravenclaw.

Lentamente continuaron con la lista de alumnos, tardando un rato en las "D" cuando los trillizos Davies tuvieron que ser seleccionados, dos en Hufflepuff y uno en Ravenclaw.

Finalmente llegaron las L.- Lupin, Remus, -llamó la profesora, mirándolo directamente y haciendo una seña para que se acercara.

Pudo escuchar algunos murmullos de las mesas y supo que al menos algunos habían oído de él. Mientras pasaba al lado de McGonagall notó que les mandaba una mirada a los culpables, pero cuando volvió a verlo le sonreía igual que siempre.

Se sentó en el banquito, sintiéndose como un gigante por el mueble tan pequeño.-

-El más joven de los hermanos Lupin, ¿eh? –No le sorprendió que el sombrero supiera quién era, pero lo que dijo después hizo que se le parara el corazón.- La casa de Hufflepuff estaría feliz de recibirte, de la misma forma que lo recibió a él.

-No, -susurró para sí mismo. No quería ser un Hufflepuff, quería ir con sus amigos a Gryffindor.

-¿Estás seguro de eso? ¿No preferirías Ravenclaw? Tienes el cerebro para esa casa, ¿sabes?

Supuso que no era lo suficientemente valiente para Gryffindor, pero en el momento en que lo pensó el sombrero lo percibió.

-¿No lo suficientemente valiente? No, tienes mucho coraje. No será fácil para ti, sin importar en dónde te ponga. Necesitarás toda la valentía que tienes, y es mucha.

En un momento el sombrero había exclamado "Gryffindor" y los alumnos en esa mesa aplaudían y animaban. Se paró y le devolvió el sombrero a la profesora McGonagall, que parecía feliz mientras le hacía señas hacia la mesa de Gryffindor.

Dio una última mirada por encima de su hombro a la mesa de profesores, y vio que la profesora Sprout le sonreía, le pareció que se veía un poco decepcionada, a pesar de que aplaudía con el resto.

Llegó a la mesa y se sentó en el lugar que Sirius le había guardado.

-¡Sabía que te quedarías con nosotros! –Declaró mientras hacía que Remus se sentara a su lado.-

-Quisiera haber estado tan seguro, -susurró Remus mientras el aplauso se acababa y la selección continuaba.

Estaba en Hogwarts y en Gryffindor, en ese momento no había nada más que pudiera pedir.


La sala común estaba llena y ruidosa esa tarde. Remus estaba acurrucado en uno de los sillones, disfrutando el ambiente que marcaba el comienzo de un nuevo año. Sirius estaba sentado en el piso, contra el sillón, ocasionalmente sonriéndole mientras hacía bromas con James sobre sus más nuevos y desastrosos intentos de enamorar a la afilada Lily Evans.

-Me volvió a decir idiota matón, -se quejó James.

Remus levantó una ceja, pero se mordió la lengua y no dijo que las palabras de Lily en realidad eran bastante ciertas.

Sirius comentó que seguramente cambiaría de opinión eventualmente.

-Noto que no estás en contra de lo que me dijo.

-¿Esperabas que lo estuviera? –Preguntó Sirius, dándole una mirada, haciendo que se pusiera colorado.-

-¿No habíamos dejado todo eso en el pasado? –Preguntó Peter.-

-Sí, -prometió Sirius.- Supongo que Lily es el tipo que guarda rencores por mucho más tiempo que yo y Remus.

-Supongo, -murmuró James, mirando a Lily, que se reía de algo que decía una de sus amigas. Se recostó para verla mejor, cuando alguien le tapó la vista y lo hizo caerse del sillón.-

-¿Querías algo? –Preguntó impacientemente.- He estado practicando todo el verano, así que será mejor que te cuides.

-Qué bueno escuchar eso, -contestó Charlene, apartando una silla.- Sólo vine a saludar al chico nuevo. Qué bueno ponerle nombre a la cara, Remus.

-Hola, -le contestó en voz baja.- Supongo que te debo unas gracias por no decir que me estaba escondiendo en la escuela el año pasado.

-Bueno, en el momento no sabía que te estabas escondiendo, -le dijo ella.- No hasta que saliste en el Profeta este verano, al menos. Creí que ibas y venías con esa capa que tienes.

James tosió y miró venenosamente a Remus.-

-¿Qué? –Preguntó Charlene.

-Resulta que es mi capa, no la suya, -resopló James.- Se suponía que fuera un secreto.

-¿En serio?

-Sí. Es una herencia de los Potter.

-¿Para qué la trajiste a la escuela, entonces?

-Es útil, lo fue el año pasado, ¿no?

-¿Pero para qué la usas ? –Insistió Charlene.- ¡Ah, no me digas! Para meterte en los vestidores de mujeres, ¿no?

-Sólo un par de veces, -dijo James, demasiado nervioso como para darse cuenta que se estaba incriminando más con cada palabra que decía.

Peter tosió por tratar de aguantar la risa. Sirius y Remus ni siquiera se molestaron en esconder lo gracioso que les parecía.

Charlene volvió a ver a Remus y sonrió tímidamente.- ¿Puedo preguntarte algo? –Susurró, mirando alrededor para ver si alguien los estaba escuchando.

-Supongo, -Respondió Remus dudosamente.-

-¿De verdad eres un… ya sabes… hombre lobo? ¿O el Profeta estaba inventando cosas de nuevo?

A pesar de que la palabra había sido susurrada, parecía atravesar la habitación y varios otros alumnos lo estaban mirando, esperando su respuesta.

Vio a Sirius tocar su varita y le puso una calmante mano en el hombro para detenerlo.

Sabía que tenía que elegir cómo iba a manejar las miradas y preguntas. Sabía que no todos lo aceptarían, y las cosas se le complicarían si tomaba la decisión equivocada.

No podía salir corriendo al dormitorio para esconderse de las preguntas, sin importar lo mucho que le hubiera gustado hacerlo.

Por un momento consideró mentir y decir que el Profeta estaba inventando cosas; no sería la primera vez. Pero sabía que tarde o temprano su mentira se descubriría y todos sabrían que no solamente era un hombre lobo, sino también un mentiroso; justo como el profesor Spion les había enseñado.

-Sí, -le contestó, simple y tranquilamente.

Algunos de los alumnos que habían estado parados cerca se alejaron ligeramente; grupos de amigos se estaban juntando protectoramente entre ellos. Sintió que se le hundía el corazón al notar cuantos lo miraban diferente ahora que sabían. Supuso que muchos no habían leído el Profeta durante el verano o simplemente se habían olvidado los detalles de la nota.

El chico de primer año con quien había compartido el bote con él lo estaba mirando con ojos grandes.

-¿Tienes algún problema con eso? –Preguntó Sirius, parándose y mirando venenosamente por la habitación.- ¡Y también va para ustedes!

Entonces James y Peter hicieron lo mismo, apuntando amenazantemente con sus varitas a todos los que creían que los estaban mirando con la expresión equivocada.

Charlene levantó las manos, en un gesto de rendición.- Yo sólo pregunté si era cierto, -les dijo.-

-Es verdad, -repitió Remus, parándose.- Dios, chicos, bajen las varitas. No estamos bajo ataque.

Pasó alrededor de los chicos y estiró su mano hacia Charlene.- Remus Lupin.

-Charlene Grahams, -respondió Charlene.- Charlie, para mis amigos. –Sonrió dudosamente.-

-Charlie, -probó cómo sonaba el nombre y le sonrió de vuelta.-

-Bienvenido a Hogwarts, -le dijo ella.- Sólo ten cuidado con los amigos que eliges, -Advirtió, mirando venenosamente a James y Peter.

-Siempre lo tengo, -le contestó.- Y esos tres ya me probaron que son los mejores amigos que podría querer.

Ella pareció dudarlo, pero no dijo nada más y fue al otro lado de la habitación.

Gradualmente, el resto de los alumnos volvió con sus amigos y actividades, dejando a Remus y sus amigos para disfrutar el resto de la tarde.


-Bueno, no fue tan malo, ¿o sí? –Comentó Remus mientras iban al dormitorio.- Nadie me empezó a tirar sickles de plata ni nada tonto como eso.

-¿La plata te quema? –Preguntó Peter, curioso ahora que había sacado el tema.

Remus se rió y negó con la cabeza.- No. Y si alguien hubiera sido lo suficientemente tonto como para tirarme sickles, los hubiera atrapado y gastado en Hogsmade lo más pronto posible.

Peter se rió y volvió a revisar su baúl.-

-Supongo que tenemos que desempacar, -comentó Sirius con un bostezo.

-Yo no, -sonrió Remus.- Una ventaja de vivir en Hogwarts es que ya estoy acomodado y me puedo ir a dormir. Menos mal que no me pusieron en otra casa.

-El próximo verano puedes preparar algunas bromas mientras vas por el castillo, -le dijo James.- Obviamente has estado perezoso estas últimas semanas.

Remus se rió y sacó su pijama de un cajón.- Veré qué puedo hacer, -prometió.

Peter, habiendo encontrado lo que buscaba, salió por la puerta y fue al baño. James lo siguió bostezando.-

-¿Vienes? –Preguntó Remus, juntando su ropa sucia.

Sirius asintió, pero Remus sabía que algo lo molestaba.- ¿Qué pasa?

-Sólo me preocupo, -le respondió.- No todos los alumnos parecían complacidos cuando contestaste la pregunta de Charlene.

-Lo sé.

-¿Piensas que causen problemas?

-Los Slytherin, seguramente, -murmuró Remus.- No estoy seguro de los Gryffindor. Parecían un poco asustados, pero tú también lo parecías cuando te enteraste.

-Ya no estoy asustado, -le dijo Sirius.- Ni un poco.

-Hace meses que no me ves en la luna llena, -comentó Remus.- Moony ha crecido, y es mucho más peligroso.

-No tienes que volver al bosque, ¿o sí?

-No. Volví al sótano para la última y puedo volver para el resto del año. El profesor Dumbledore arregló que su hermano me dejara usar el túnel que va a Cabeza de Puerco.

-Me pregunto si me dejará acompañarte. Necesitas que alguien te cuide en las mañanas, sabes, por si es una mala noche.

-Romulus estará ahí, -le dijo Remus.-

-¿Dónde está ahora? –Preguntó, mirando alrededor como si esperara verlo en una esquina.-

-No sé. Hace un par de días que no lo veo, pero me prometió volver cada luna llena.

-Sigo pensando que debería acompañarte.

-Hablaré con la profesora McGonagall y para ver si se puede.

-Estoy seguro de que no les molestará. Sigo teniendo las clases extra de hechizos sanadores, es tonto no usarlas.

Remus se rió.- ¿Podrías tratar de no sonar tan contento con la idea de probar tus dudosas habilidades en mí?

-Bueno, tus habilidades en eso no son mucho mejores, -le dijo Sirius, pinchándolo en las costillas.

Remus se rió de nuevo y salió por la puerta.- Vamos, tonto, -lo llamó.- No va a quedar agua caliente si seguimos esperando.

Sirius buscó sus cosas y siguió a Remus. La próxima luna llena sería en casi dos semanas, lo que le dejaba mucho tiempo para hablar con los maestros y convencerlos de que lo dejaran acompañar a Remus. Sólo tenía que usar el viejo encanto Black.


Remus fue perdiendo tiempo por el baño, tratando de evitar quitarse la ropa frente a los otros alumnos. Era más fácil decirlo que hacerlo, porque habían varios que parecían curiosos por saber si tenía alguna cicatriz visible y obviamente estaban perdiendo el tiempo también, porque se veía que estaban listos para ir a dormir.

Entre momentos en los que se preocupaba por la mucha atención que recibía de los demás, se tomó el tiempo para decidir dónde iba a dormir. Como Gryffindor oficial, tenía su propia cama además de una mesita de luz y espacio en el armario para guardar su ropa. Pero además tenía un amigo con quien le gustaba acurrucarse en las noches más frías del año.

Pensamientos así le trajeron algo más que Remus no había considerado mucho durante el verano. Los últimos momentos antes de que el profesor Spion entrara en el dormitorio.

Sirius no había vuelto a mencionar el incidente durante el verano, aunque Remus había medio esperado que lo hiciera varias veces.

En realidad no estaba seguro de qué hubiera pasado si el profesor Spion no lo hubiera alejado de Sirius con su varita. En el momento había creído que Sirius iba a besarlo, pero eso se había vuelto dudoso porque él no había aclarado sus intenciones.

Sabía que, gracias a Rita Skeeter, algunos alumnos estaban convencidos de que a Sirius le gustaban los chicos y no las chicas. Remus había escuchado varias conversaciones mientras se escondía bajo la capa que no le había contado a su amigo. Sabía que Sirius seguía siendo sensible con el tema, y lo último que quería era molestarlo. Ese mismo miedo le impedía hablarle del incidente en el dormitorio.

No estaba seguro de si Sirius había estado por besarlo, podía haber tenido algo en los ojos, o podía haber estado mareado por la falta de comida, después de todo, apenas había comido un par de tostadas esa mañana. Incluso si no se le ocurría ninguna en el momento, habían muchas razones por las que podía estar parado tan cerca y acercándose a él, y la mayoría no tenían nada que ver con tocarle los labios.

Lo único que lo convencía de que Sirius no había estado por besarlo, era que su amigo no le había confiado que le gustaran otros chicos así. Eran amigos, y aunque Remus no había tenido muchos, sabía que los amigos solían decirse esas cosas. Sirius era su mejor amigo, y si le gustaban o no otros chicos debía saber que se lo podía decir. Había confiado en él con otras preocupaciones, ¿entonces por qué no sería lo mismo?

Claramente Remus estaba pensándolo mucho. Sirius no había estado por besarlo y él no tenía que preocuparse por rechazar a su amigo cuidadosamente. Tampoco podía ver otra razón para poner distancia entre ellos. Al fin y al cabo, le gustaba dormir en la misma cama que Sirius, y eso era todo lo que le importaba.

-Extrañaba esto, -murmuró Remus, acurrucándose al lado de Sirius después esa noche.-

-¿Qué cosa? ¿Los gruñidos de Peter y los ronquidos de James?

-No, -susurró Remus.- A ti. Bueno, a todos ustedes, en realidad. Pero especialmente a ti.

-Creí que ibas a dormir en tu propia cama, ahora que el Ministerio no te busca.

-¿Quieres que me vaya?

-¿Ahora quién es el tonto? –Se burló Sirius.- Entonces, ¿cómo fue tu primer día en Hogwarts como alumnos oficial?

-Perfecto, -contestó Remus.- Simplemente perfecto.


Sirius fue despertado su primera mañana de vuelta en la escuela por un codazo en las costillas. Gruñó y se dio vuelta, no queriendo dejar el calor de la cama.

-Sirius, levántate, -siseó Remus en su oído.-

-¿Qué hora es? –Murmuró, con los ojos todavía insistentemente cerrados.

-Son casi las seis, -le respondió él animadamente.- Vamos, es una hermosa mañana y tenemos clase en un par de horas.

Sirius frunció, abriendo un solo ojo.- Un par de horas son las palabras importantes aquí, Remus. Un par de horas quiere decir que, por lo menos, quedan dos horas y media para dormir.

-Pero ahora estás despierto, -le respondió Remus.- Vamos, la sala común está vacía.

-Eso es porque cualquiera con sentido común sigue durmiendo.

-Ven conmigo a darles de comer a los thestrals, -pidió Remus, en una voz que estaba al borde de ser un quejido.

Sirius gruñó y miró venenosamente a su amigo.- No vas a parar de molestarme hasta que me levante, ¿cierto?

-Nope, vamos.

Sabía que no tenía caso discutir y de todas formas ya estaba despierto.- Sólo esta vez, -advirtió.- Me vuelves a despertar a las estúpidas en punto de la mañana de nuevo y puedes ir a darle de comer a las mascotas de Hagrid solo.

Remus asintió y saltó de la cama.- Te veo en la sala común, -le dijo, saliendo por la puerta.

Sirius se levantó de la cama, sacó su ropa del baúl, buscó uno de sus zapatos bajo la cama y se golpeó el dedo gordo con la mesita de luz. Maldijo en voz baja, pero aparentemente fue lo suficientemente fuerte como para despertar a James, que se sentó en su cama y lo miró venenosamente.

-¿Qué mierda estás haciendo? –Siseó.- Es el puto amanecer.

-Vuelve a dormir, -le dijo Sirius. Observó envidiosamente cómo James hacía lo que le decían, y en unos segundos volvía a estar dormido.

Cuando lo encontró, Remus caminaba de un lado al otro de la sala común.- ¿Qué tienen de bueno los thestrals? –Preguntó, mientras salían por el retrato.- Ni siquiera puedo verlos. ¿Y tú?

-No, pero siguen siendo fascinantes, -le dijo- Aunque no los estudiaremos hasta el año que viene.

-¿Cómo lo sabes?

-Hagrid me dijo. Ha estado dándome clases extra todo el verano para ayudarme a alcanzarlos.

-Qué suertudo, -sonrió Sirius burlonamente.-

-Ha sido genial, -discutió Remus, negando con la cabeza.- Como tener tutores. Qué mal que Hagrid no sea profesor, porque sus clases son muy entretenidas.

-No estabas tan contento cuando era tu hermano el que te enseñaba, -comentó Sirius.- O cuando te enteraste de que ibas a dar los exámenes con nosotros.

-No es lo mismo, -le dijo, levantando los hombros.- Ahora puedo estar con ustedes, ¿no es genial?

Conversando sobre las clases que tomarían, los dos llegaron hasta la cabaña de Hagrid. La mañana era fría y había un poco de niebla, pero Sirius podía ver que Remus tenía razón… iba a ser un hermoso día.


Habían pasado las ocho para cuando los demás salieron del dormitorio y aparecieron en el comedor.-

-¿Sirius? –Preguntó James, sentándose frente a él.- ¿Fue mi imaginación, o me despertaste esta mañana?

-Debes haberlo soñado, -le contestó.- Yo salí muy silenciosamente.

James resopló y se sirvió llenó su plato con huevos y tocino.

Peter estaba comiendo su desayuno como si fuera a desaparecer en cualquier momento. Después se fue a ver a las lechuzas, explicando que se había dejado un libro en su casa y tenía que pedir que se lo mandaran.

-Todos los años, el primer día de clases, recuerda algo que olvidó, -se rió James.

-¿No nos pasa a todos? –Se rió Sirius.- Al menos sus padres se lo mandan. Cuando me olvidé la tarea de transfiguración el año pasado, mi madre quemó mi tarea y me escribió para decirme que esperaba que aprendiera a guardar mis cosas con más cuidado.

-Al menos Remus no se tiene que preocupar por eso, -comentó James.

-Sí, si me olvidé de algo, seguramente sigue en el callejón Diagon. Yo no recibo correo.

Casi como si el destino quisiera probar que se equivocaba, un buho marrón eligió el momento para aparecer y posarse al lado de su plato.

-Decías, -habló Sirius, mientras el búho estiraba la pata y esperaba pacientemente que Remus le quitara el pergamino.

-Pero nunca recibo correo, -le respondió.- No conozco a nadie que no esté en Hogwarts. No me enviaste esto, ¿o sí? –Miró a Sirius acusadoramente.-

-No, ¿para qué haría eso? No es Damon, ¿o sí?

-No, todavía no me picó.

-Ahora se porta mejor, -murmuró Sirius.- Todos los viajes que hace para ver a Regulus lo cansan demasiado como para ponerse violento.

-Entonces, ¿de quién es? –Preguntó James, acercándose ansiosamente.

-No sé.

-Podrías abrirla para saber, -le dijo impacientemente.

Remus levantó los hombros y examinó el sello en el pergamino.- C.C.P. Chesire, -leyó en voz alta.

-¿Qué es C.C.P.?

Él negó con la cabeza y rompió el sello para ver qué había recibido.

-¿Qué es?

-C.C.P. Es por Campamento de Criaturas Peligrosas, -susurró Remus.- Es de Fenrir Greyback.

-¿Quién es ese? –Preguntó James.

-Ahora es mi tutor, -explicó Remus.- Es el hombre lobo que me mordió.

-¿No leíste el Profeta? –Preguntó Sirius.

-¿Para qué? Sabía que me escribirías para contarme lo que había pasado en cuanto supieras, y nunca mencionaste su nombre.

-¿Qué quiere contigo? –Preguntó Sirius, mientras él se guardaba la carta en el bolsillo.-

-Sólo me desea suerte en mi primer día y dice que si necesito dinero se lo pida. Además puso una carta dándome permiso para ir a Hogsmade.

-No parece un hombre lobo común, -comentó James, un poco desconsideradamente, si se tenía en cuenta con quién estaba.- ¿Planeas quitarle dinero?

-Claro que no, pienso devolverle las cuotas de la escuela tan pronto como pueda. No quiero deberle más de lo que le debo.

-¿Vas a responderle? –Preguntó Sirius.

-Supongo. Le escribí en el verano para agradecerle lo que hizo por mí.

-¿Le escribiste para darle gracias por morderte? –Preguntó James con la boca llena de huevo.

Remus giró los ojos y miró hacia arriba, como si le pidiera paciencia a los cielos.- Le escribí para agradecerle por ofrecerse a ser mi tutor. No tenía que hacerlo. Podía haber dejado que me ejecutaran.

Sirius asintió pensativamente, sintiendo un raro momento de gratitud hacia Fenrir Greyback.

-Pero voy a tener que esperar, -le dijo Remus.- Tenemos Herbología en diez minutos en el vivero número cinco.

-Nos queda mucho tiempo, -contestó James, metiéndose lo que quedaba de su tocino en la boca y tomándose el jugo de calabaza.

-No queremos llegar tarde el primer día.

Sirius negó con la cabeza mientras Remus se paraba para hacer que se apuraran.-

-¡Vamos! –Pidió, tirándolo del brazo.-

-Supongo que ya termine, -murmuró Sirius, agarrando una última tostada para comer en el camino.-

-Los encuentro en unos minutos, -les dijo James mientras estiraba la mano para agarrar lo que quedaba del tocino de Sirius.


El invernadero número cinco era caluroso y húmedo, pero Remus no se quejaba. Estaba disfrutando mucho su primera clase como alumno de la escuela.

-Diez puntos para Gryffindor, -anunció la profesora Sprout con una enorme sonrisa, después de que Remus contestara correctamente su segunda pregunta.

-Raro, -tosió James en su mano, con una sonrisa burlona desde el frente de la mesa.

Sirius esperó a que la profesora le diera la espalda para tirarle las hojas podadas con la varita.-

-Tus primeros diez puntos, -susurró.- ¿Cómo se siente?

-¡Genial! –Remus le sonrió.

El resto del día fue más o menos lo mismo. Remus era el primero en levantar la mano, y ganó puntos para su casa en casi cada clase.

La sonrisa que había aparecido, desde el momento en que se había levantado ese día permaneció en su cara. Ni siquiera las veinte pulgadas de pergamino que pedía la profesora McGonagall sobre transfigurar criaturas marinas en botes le cambió el humor.

-Veinte de McGonagall, doce de Slughorn, media docena de traducciones para Runas Antiguas y esta noche también tenemos Astronimía. –James suspiró cansado y se tiró en una silla de la sala común.

Sirius se estiró en un sillón y Remus se sentó en el piso a su lado.- ¿Sigues pensando que es genial? –Preguntó, tocándolo con su pie.

-¡Es perfecto! –Declaró Remus, por lo que pareció ser la centésima vez del día.

Sirius se rió y negó con la cabeza.

-Ya aprenderá, -les dijo Peter, haciendo como si susurrara.- Que le pongan algunas T en su tarea, una semana o dos de castigos y será tan miserable como el resto.

-No pasará, -le contestó Remus.- Me encanta estar aquí, hasta me encanta la tarea.

Peter y los demás se rieron a carcajadas.

-¡Fenómeno! –Bromeó Sirius, y esta vez Remus se rió junto con ellos.

¡Hola! Perdón por tardar tanto en actualizar, tuve unos problemas técnicos xD muchas gracias por dejar reviews, seguir el fic y ponerlo en favs. Nos vemos!