Espero que les guste éste nuevo capítulo.
Besitos ;).
Capítulo 24: Regalos de boda.
La visita a Hogwarts había sido menos que fructífera. A mitad de la noche, daba vueltas alrededor del pequeño salón de su hogar, pensando qué podía hacer. Cómo solucionarlo.
- El amo Snape tiene que comer y descansar o se enfermará. Effy preparó la cena.
Como podía pensar siquiera en comer, cuando su mente estaba llena de imágenes, donde Minerva seguramente tenía días sin comer, sin domir y víctima de un sin fin de abusos que seguramente nunca sería capaz de olvidar.
- No hay tiempo para dormir o comer, Effy. Dime alguna cosa que recuerdes de sus captores. - preguntó a la pequeña elfina, quién negó con la cabeza y bastante mortificada.
- Effy no puede recordar nada, ¡Effy tiene la culpa! La única cosa que recuerda Effy es que uno de ellos sonaba como una mujer. Parecía enfadada y quería irse rápido.
Una mujer al menos reducía sus opciones de búsqueda. Antes de que pudiera contestar, las llamas de su chimenea crepitaron y un par de sombras se arremolinaron en el pequeño salón. No esperaba visitas.
Molly Weasley y Ronald Weasley se encontraban en medio de su sala de estar y en su expresión reflejaba cualquier cosa, menos amistad de alguna clase.
- Dónde está Minerva. - fue lo primero que dijo la mujer y Snape no supo qué contestar. - Nos gustaría hablar con ella.
- Está dormida, no creo que despierte por un par de horas. - mintió pero Molly Weasley no le creyó.
- Entonces esperaremos.
- Pero no aquí, se encuentra en la mansión McGonagall con su tía Luce. - dijo como último recurso y esperó a tener suerte. Molly guardó silencio y luego de lo que pareció una eternidad, asintió en silencio.
- Mis hijos, los amigos de Minerva y yo, creímos que necesitaría un par de regalos de bodas.
- Regalos de boda. - dijo, con curiosidad. - por qué ahora.
- La boda nos tomó por sorpresa, no estábamos preparados. - dijo, mientras un par de paquetes flotaban a su alrededor. - aunque de preferencia, ella debería abrirlos.
- Soy su esposo, también deberán confiar en mí. - dijo casi en un susurro, pero Ron negó con la cabeza.
- Jamás podríamos volver a confiar en usted. Traicionó nuestra confianza, meses atrás. - dijo, manteniendo su varita fuertemente apretada con una de sus manos.
- Por ahora tendrán que confiar en mí. - dijo mientras alzaba su varita y los paquetes se organizaron pulcramente sobre la pequeña mesita de té en el recibidor. La pequeña elfina tomó los paquetes entre sus pequeños dedos.
- Si algo le ha ocurrido a Minerva, profesor Snape... - amenazó Molly y Snape simplemente chascó la lengua sin darle importancia.
- Minerva se encuentra bien, simplemente se re conecta con su familia y si la reunión ya terminó, pueden irse. No tengo su tiempo para perderlo.
Ambos desaparecieron en el acto y Snape se permitió respirar. Demasiado fácil pero agradeció que así fuera. No le convenía tener a media orden del fénix, sobre él. O lo que quedaba de ella. Se preguntó por qué Molly Weasley no le había delatado con Moody y el resto.
- Abre los obsequios, Effy. - le ordenó a la elfina y asintiendo, la pequeña criatura tomó el primer paquete, envuelto en papel rojo con el estandarte de la casa Gryffindor. Muy pintoresco.
- El amo Weasley lo envía. Dice que la ama Minerva puede usarlo en caso de que pierda la luz del camino. Es un desiluminador.
Por qué Weasley enviaría un objeto así. Con qué fin, en qué situación pensaban que Minerva se encontraría. Seguramente en una situación como ahora, en peligro y a punto de morir.
- Si la ama Minerva tuviera el desiluminador ahora... - murmuró la elfina, mirándolo con sus enormes ojos. Lo tomó cuidadosamente de los pequeños dedos de la elfina y lo estudió detalladamente.
Qué podía hacer, como encontraría su camino.
- Por favor... pare. - jadeó Minerva, apenas manteniendo los ojos abiertos ante el cansancio. - pare... - imploró mientras el mago mantenía su varita en alto y otra maldición imperdonable iluminó el ambiente. La mujer se contorsionó de dolor, mientras él sonreía. - si no quiere mi dinero, no quiere... algo que pueda tener...
- Sólo quiero enseñar una lección, es todo. Casi no le guardo rencor. Casi...
Apenas y podía pensar, como comer o dormir. Miraba los regalos de boda, miraba las cartas que Albus y Minerva se habían enviado en el pasado. No podía evitar pensar en todas y cada una de sus equivocaciones.
Una mujer estaba involucrada en su secuestro y no tenía en mente, a ninguna mortífaga a la que pudiera culpar. Narcisa siquiera era digna de ser llamada mortífaga.
- Una mujer... - repitió sobre la cama, cerrando los ojos pesadamente. Estaba exhausto, pero cada vez que cerraba los ojos y dormía, podía escuchar la voz de Minerva en un grito desesperado. Herida, gimiendo de dolor y quizá, víctima de repetidas violaciones. Apenas y podía respirar de sólo pensarlo.
Acaso Lucius Malfoy tenía razón y sentía algo más que una mera obligación. Que mera responsabilidad.
Qué podía sentir por una mujer que lo único que le profesaba era su odio. Admitía que la mujer ya no era lo mismo que solía ser en el pasado, si hablaba de su cuerpo y todas las experiencias que le tocaron vivir. Dos guerras diferentes, muertes de tantos a los que amaba. Jamás había experimentado sensación así, no podía juzgar cómo se sentía, si no tenia idea. Y en relación a su cuerpo, la magia envejecía lentamente y pues eran relativas, las marcas de edad. No era tan superficial como para despreciarla por su aspecto físico.
Minerva tenía un sin fin de cualidades apreciables. ¿Acaso sentía algo por ella? Desde su juventud, su relación había sido buena, durante años habían sido buenos amigos. Ambos eran reservados, pero habían encontrado una forma de llevarse bien. Y sin embargo, luego de un tiempo, la situación pareció cambiar y se llenó de mentiras, más por su parte que por ella. Minerva no tenía la culpa de sus decisiones.
- Dónde demonios estás, Minerva. - murmuró a la nada, abriendo los ojos e imaginándose lo peor. Imaginándose su sufrimiento. Jamás podría perdonarlo, todo lo poco que había podido avanzar, perecería. Tanto como su cuerpo, si no se apresuraba.
- ¿Amo Snape, piensa cenar... ?- preguntó la elfina de pie en medio de la habitación a oscuras. La única luz en la habitación, provenía del pasillo.
- No tengo apetito, puedes retirarte. - dijo sin siquiera mirarla. - gracias, Effy.
- El amo Snape debe comer o enfermará. La ama Minerva tampoco quiso comer y Effy teme que algo terrible pueda ocurrirle.
Severus Snape también.
