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25. Grises, sólo grises

Ginny Weasley abrió sigilosamente la puerta del baño de la suite que compartía con su mejor amiga y asomó a través de la rendija su cabeza colorina. Silencio. Una quietud pasmosa. Fijó sus ojos en la cama de su amiga y, aunque la luz del mediodía ya se filtraba por las cortinas iluminando la habitación, lo que no la dejaba apreciar si Hermione todavía se encontraba allí o no era el dosel opaco que ella había conjurado días antes. Por tanto, aguardó un poco más, tan inmóvil y sigilosa como le era posible, hasta que escuchó una respiración acompasada y profunda acompañada de un discreto silbido que ella sabía efectuaba la castaña cada vez que dormía. Bien. Justo lo que quería oír. Y, por si aún tenía dudas, en ese momento apreció una masa amorfa removerse perezosamente entre las sábanas, mientras la propietaria del cuerpo murmuraba algo con la voz apagada. ¿Había dicho Draco? Quizás fuera su cerebro que deformaba la realidad a lo que ella desearía haber oído, pero pensaba que era objetiva al asegurar que aquello, más que una simple mención al muchacho rubio, había sido un gemido. Cerró apresuradamente la puerta del baño para poder reír, y luego sonrió satisfecha. Había obtenido más evidencias juntas que las que hubiera llegado a soñar de que Hermione había vivido una noche bastante agitada. Volvió a abrir la puerta y salió completamente del baño, caminando casi a puntillas hasta la puerta de la suite. Una medida innecesaria pues el piso era de alfombra, de modo que amortiguaba todos los sonidos, y, además, su amiga parecía ir por el séptimo sueño. Mordió su lengua, absteniéndose de arrojarse sobre ella para despertarla y obligarla a que le contara todos los detalles de su noche candente, y apuró sus pasos hasta abrir la gran puerta de madera labrada, cerrándola sin hacer ruido a su espalda. Ni Ron ni Harry estaban saliendo de su habitación, tampoco se encontraban deambulando por los pasillos. Sólo en ese momento, pudo respirar tranquila.

Cuarto paso de la misión: completo.

A partir de entonces, se guió sin vacilaciones por distintos y numerosos pasillos, dejando tras ella muchas puertas e historias de alcoba que morirían en el anonimato. Tomó el ascensor y bajó los siete pisos que la separaban de la planta principal poniendo especial atención, al ingresar al hall, de no toparse con Harry o con su hermano, y cruzó el vestíbulo raudamente hasta ingresar en el amplio comedor en que a esa hora se servía el desayuno buffet. Pasó de largo entre las mesas y no buscó ninguna de ellas para sentarse, sino que siguió caminando a paso firme hasta llegar a la esquina donde amplias mesas abarrotadas de distintas variedades de comida cubrían a lo menos dos paredes completas del comedor. Recién entonces, aminoró su marcha. Alcanzó a echar una rápida mirada a sus costados para volver a cerciorarse de que ninguno de sus amigos estaba cerca cuando, de improvisto, una mano se cerró en torno a su brazo y la arrastró a las profundidades de aquel mismo pasillo de empleados en el que había estado días antes.

—Pecas. —saludó con tono divertido, y Ginny no tuvo tiempo de contestar nada pues los labios calientes de él cubrieron los suyos en ese momento. Avanzó, reteniéndola con su cuerpo hasta acorralarla contra la pared, y fue el duro golpe que la muchacha recibió en la columna lo que la hizo lanzar un quejido y separarse de él.

—Debemos encontrar otro sitio para emplazar nuestro cuartel secreto. —comentó, frunciendo el rostro y sobándose la espalda.

—¿Así es como llamas ahora a nuestro nidito de amor?

—Nidito de amor tu abuela, Zabini. —contestó, revoleando sus ojos— Hoy este sitio está en calidad de cuartel secreto, porque yo vine aquí para finiquitar el resultado de nuestro plan truculento, no para andarme besuqueando contigo.

—Oh, vamos, ese beso fue sólo mi encantadora forma de decirte "Hola".

—Bueno, pues yo te respondo de la forma políticamente correcta y que todo el mundo, a excepción de ti, ocupa: Hola, buenos días, mi nombre es Ginny, gusto en conocerte, ¿podemos ir al grano ahora sí?

—Cuidado que me congelo, Weasley. ¿Desde cuándo eres tan fría?

—Desde que Harry se enojó conmigo por haberte chivateado acerca del Cirque.

—Oh, no te hagas la víctima ahora, siempre supiste que se iba a enojar.

—Sí, pero nunca pensé que se iba a enojar tanto. ¡Ya no me habla!

—¿No es más adorable calladito?

—No más que de lo que lo serías tú. —pretendió usar un tono fuerte, pero su voz sólo sonó cansina. Chasqueó la lengua con impaciencia— Dale, a lo que vinimos…

—¿Por qué tan apurada?

—¡No quiero que Harry me vea contigo! ¿Quieres que te lo dibuje, ahora?

—Muy bien, muy bien… pero es injusto lo que haces, déjame que te lo diga. No deberías enfadarte conmigo sino contigo misma por lo que hiciste. Yo no tengo la culpa de nada, reaccioné como sabías que lo haría, así que ahora acepta las consecuencias.

Ni en su tono ni en su semblante había el más mínimo indicio de prepotencia, por lo que ella no tomó esas palabras como una agresión directa hacia su persona sino más bien como el balde de agua fría que necesitaba para espabilarse. Por muy turbador que resultara, Blaise tenía razón: la culpa era de ella y sólo de ella. Era una pendejada adjudicarle sus errores a otra persona.

—Ok, tú ganas. Me comportaré. ¿Feliz?

—Ajám. Si quieres podemos empezar todo de nuevo… partiendo por el saludo.

—A ti te dan la mano y te tomas del codo. —comentó con un deje de incredulidad, poniendo su brazo de intermediario entre el cuerpo recientemente aproximado de Blaise y ella. De todas formas, esbozó una leve sonrisa— Ahora sí, a lo que vinimos.

El ojiverde sonrió, se alejó medio paso y asintió.

—Draco llegó cerca de las cuatro de la mañana a nuestra habitación, y estaba tan, tan cansado, que ni siquiera se quitó la ropa para acostarse. Cuando me levanté para venir aquí seguía durmiendo como un lirón.

Igual que Hermione. Qué coincidencia… —murmuró Ginny con una sonrisilla colgándole de los labios— Eso sí, yo esperaba que llegaran hoy por la mañana… Pero al contrario, no tardaron nada. A la única conclusión que llego con eso es a que al parecer tu amiguito no aguanta tanto como presume, Zabini…

—Oh, no, de eso ni hablar. Draco es un toro embravecido si de mujeres se trata, eso ni lo dudes.

—¿Experiencia propia?

—Muy graciosa.

—De todas formas, por muy "macho recio" que digas que es, aun así le conocí un lado que hasta podría calificar de tierno. —Blaise enarcó pronunciadamente una ceja, invitándola tácitamente a que corrigiera semejante disparate— Sí, sí, no me pongas esa cara. Tengo el sueño algo pesado, y no me habría dado nunca cuenta de que Hermione había llegado a la habitación –sobretodo por eso de que los esperaba a la mañana siguiente– de no ser por el jaleo que armó Malfoy para pasar la tarjeta, forcejear con la cerradura, volver a pasar la tarjeta porque se había equivocado de lado, abrir la puerta, cerrarla, avanzar por la habitación a oscuras sin caerse y correr el dosel de la cama de mi amiga, todo eso usando menos de una mano pues tenía tomada a Hermione en brazos cual príncipe a su princesa. Adorable, si me preguntas a mí. No conforme con eso, una vez la dejó en la cama se cuidó de arroparla bien, y se quedó mirándola largo rato… tanto que casi volví a quedarme dormida. Esperé un beso… pero nada, aunque noté que vacilaba cuando estiró su mano para acariciarle la mejilla, y finalmente no la tocó. Luego se fue.

—Para. ¿Seguimos hablando de Draco?

—Me parece que sí.

—Draco, ¿Draco Malfoy? ¿Mi amigo? ¿…Estás segura de que fue Draco Malfoy quien hizo todo eso?

—Sí, porfiado. Draco Malfoy, tu entrañable amigo que es más bravo que un toro y ex rey de Slytherin hizo todo eso. Lo vi todo y, aunque estuviera oscuro, ese olor tan delicioso que tiene es inconfundible.

—Eh, eh, ¿qué te andas fijando tanto en mi amigo?

—Soy mujer y tengo ojos, Zabini. Ah, y una nariz muy sensible, también. La misma que lo huele a él, a ti… —esbozó una sonrisa torcida y lo miró a los ojos antes de continuar— …y a Harry.

—Eres pérfida, pelirroja. —se quejó el moreno, achicando los ojos— ¿Pero cómo te las arreglaste para que tus queridos amiguitos no sospecharan nada de esto?

—Me llevé a Harry de allí con la verdadera esperanza de poder hablar con él… pero no le saqué ni media palabra y nos volvimos al hotel. Y Ron… bueno, él fue a los lavabos y no supe más.

—¡Ah, la comadreja! Sí, Pansy se ocupó de él. —ése fue el turno de Ginny para alzar una ceja colorina, exigiendo una aclaración— Dejémoslo así.

—Zabini, qué le hizo esa pútrida serpiente a mi hermano.

—Hey, sin ofensas, Pecas. Nada grave, tranquila.

—¿Nada grave? —repitió con sorna— ¿Esperas que me tranquilice con una respuesta como ésa?

—Por una vez en tu vida confía en mí. ¿Puedes confiar en mí? Nunca confías en mí.

—Oh, porque resulta que no tengo motivos para no hacerlo. —ironizó ella, mirándolo con expresión juzgadora— Nunca podré acostumbrarme del todo a serpientes como ustedes… —comentó para sí, meneando su cabeza resignadamente— ¿No tuviste problemas para distraer a Pansy? En tu caso sólo debías convencer a una persona, porque Malfoy ya sabía de qué iba la cosa, pero aun así…

—¡En absoluto! En este caso, jugó a favor el que Draco nunca le dé explicaciones de ningún tipo a nadie. Él se manda sólo y le enferma estar dando cuenta de los lugares a los que va o con quién va. Siempre ha sido así.

Ginny asintió, sin entender del todo aquella extraña idea de amistad que tenían ellos. Pero bueno… a lo importante:

Quinto y último paso de la misión: ejecutado.

Sonrió y él la imitó, y entre los dos se instauró un prolongado silencio. Silencio inocente que se mantuvo hasta que Blaise recordó dónde se encontraba y con quién se encontraba, y decidió ir al ataque una vez más.

—Bueno, ya que terminamos nuestra entrega de informes de inteligencia… ¿qué te parece un descanso? —le preguntó sugestivamente, volviendo a acercarse a ella hasta hacer que se apoyara en la pared, aunque sin tocarla mayormente.

—Sí, claro, porque hacer de cupidos cansa un montón, ¿no? —le devolvió, aunque no hizo un gran esfuerzo por apartarse.

—Demasiado para mi gusto. —concordó el moreno, apoyando sus brazos en la pared en torno a ella y comenzando a besarla suavemente en el rostro.

—Ya, Zabini, no te pongas pesado y déjame salir… —él se incorporó, mirándola seriamente.

—¿Por qué no me llamas por mi nombre? Planeamos una maldad juntos, no puedes seguir usando mi apellido para referirte a mí.

—Tú nunca me has llamado por mi nombre.

—No —aceptó—, pero sí te tengo un adorable apodo, Pecas.

—En ese caso podría yo inventarte uno.

—Sí, podrías. —asintió, acercando su rostro para volver a besarla en las mejillas y la curva del cuello.

—Pero por lo pronto… Blaise, quítate de encima.

—Tan esquiva… —musitó, apartando su cabeza del hueco tibio y oloroso de su cuello para contemplar de cerca aquellos seductores labios carmín. Comenzó a acercarse, con los ojos fijos en su objetivo.

—Al parecer este sitio les gusta bastante, ¿verdad?

El morocho, relajado, se incorporó para observar a la rubia camarera que antes los había sorprendido en una situación similar parada a dos metros de ellos, con los brazos cruzados y la ceja alzada. Se notaba realmente molesta, pero no parecía deberse a la situación sino, simplemente, a la visión tan directa de aquella petiza pelirroja que le caía como patada en el estómago. A la mente de ambas voló automáticamente el recuerdo del último encuentro que habían tenido: la pelea en el barro. Sin darse cuenta, apretaron los puños al mismo tiempo.

—¿Te demoraste mucho en recobrarte de la paliza que te di antes de ayer, enana?

—Qué coincidencia, justo iba a preguntarte lo mismo.

—Debo decir que se veían extremadamente sexys peleando…

Blaise fue ignorado.

—Por favor, no bromees… ¿tú, una paliza a mí? Tienes un sentido del humor bastante peculiar.

—Aunque me hubiera gustado ver un poco más de piel…

—Debes agradecer que nos hayan separado —comentó Ginny, sin prestar atención al moreno y esbozando una sonrisa de medio lado—, pues sino ni tu misma habrías reconocido tu cara después.

—Oh, me das tanto miedo, niñita…

Blaise chasqueó la lengua.

—¡Ya basta, chicas! Si no van a escuchar las chorradas que les digo y se van a dedicar sólo a asesinarse con la mirada sin prestarme ni el más mínimo de atención, entonces pueden ir a matarse a otra parte. —ambas dejaron de acercarse la una a la otra y se giraron al muchacho, mirándolo idénticamente con la ceja derecha enarcada— ¿Qué?

—Eres increíble… —profirieron al unísono. Volvieron a mirarse, esta vez con ambas cejas alzadas en expresión de sorpresa, pero luego achicaron sus ojos hasta volverlos dos finas rasgaduras en sus rostros y voltearon la cabeza hacia sentidos contrarios, taimadas.

—Parecen un espejo. —dijo Blaise, divertido, y dos miradas paralizantes fueron la respuesta a tal comentario— Es en serio.

—Como sea, no quiero encontrarlos de nuevo en algo parecido…

—¿Celosa? —interrumpió la pelirroja, altiva.

—Decía, que no quiero encontrarlos de nuevo en algo parecido o tendré que dar cuenta a mis superiores.

—¿Y cuál es el problema, si esto no es ningún delito? —cuestionó Ginny, desafiante.

—Que están faltando al decoro público en un lugar que es de uso exclusivo del personal del hotel, cariño. Entiendes el problema de eso, ¿verdad?

—Mía, basta… Y está bien, nos controlaremos más de ahora en adelante.

—Pero si estás pretendiendo que con esto Blaise y yo dejemos de estar juntos, estás muy equivocada. Vas a tener que seguir tragándote los celos, linda. —Ginny sonrió de medio lado y la perversidad le chorreó por los labios. Mía apretó los dientes y abrió la boca para decir algo, pero la pelirroja se le adelantó y se giró poniendo toda su atención en el moreno— Bueno, yo me voy. Como que algo se pudrió en el ambiente… —dijo, y le dio una mirada despectiva a la muchacha de tirabuzones rubios— Gracias por la información, Blaise… podríamos trabajar juntos de nuevo. —dijo sugestivamente, retorciendo la remera de Blaise en el pecho, con un dedo. Sonrió coqueta, con la lengua asomándose levemente tras sus dientes, y se fue de allí con un contoneo de caderas y mirada altiva.

Pero una vez salió del pasillo del personal hacia el comedor, no aparentó más.

Idiota, imbécil, rubia teñida tarada…

Tensó su cara y volvió a apretar los puños. ¡Es que sencillamente no toleraba a esa rubia oxigenada! Ya no recordaba bien por qué había sido que empezó a odiarla, pero el punto es que el sentimiento no cedía sino aun aumentaba cada vez que la veía. Bufó, molesta.

Qué se cree, llegando como si nada y ordenándonos que dejemos de hacer cosas ¡que no-le-importan! ¿Acaso cree que si nos prohíbe juntarnos entonces Blaise correrá a sus brazos? ¡Ja! Ya quisiera ella. Ya quisiera esa estúpida, prepotente y muy, muy desagradable rubia oxigenada que ni siquiera se consiguió el dinero suficiente para comprarse una tintura que no le quede tan jodidamente mal…

Calló, de pronto. O dejó de pensar, que vendría siendo lo mismo. Su cerebro enmudeció, pues entró en su campo visual algo que le compuso el rostro de inmediato y le hizo esbozar una enorme y radiante sonrisa.

—¡Harry! —caminó hacia la mesa del moreno y se alegró de que no hubiera nadie más con él. Sin embargo, el muchacho no parecía demostrar el mismo entusiasmo que ella frente al encuentro— ¿Cómo amaneciste?

—Bien.

—¿Ron sigue durmiendo?

—Sí.

—Nunca fue muy bueno para madrugar, ¿no? —silencio— Ymm… ¿cómo está tu desayuno?

—Rico.

—Pero veo que no tienes mucho apetito.

—No.

—¿Sólo sabes hablar monosílabos?

—No.

—¿Sólo vas a hablarme monosílabos?

—Sí.

—¿Sigues enojado por haberle dicho a Blaise dónde íbamos?

—¿Así que ahora es Blaise?

—¡Me hablaste una oración completa! —apuntó ella, sonriendo. Harry pareció morderse la lengua, y a continuación se dedicó a comer un poco de la ensalada de frutas que se había servido. Ignorándola campalmente otra vez— Oh, no empecemos de nuevo… Harry, ya te pedí perdón.

Aquella pareció ser la fórmula mágica, pues el moreno levantó la vista de inmediato y clavó sus ojos verdes en Ginny, con los labios convertidos en una línea dura y tiesa. Ella tragó saliva y sintió empequeñecerse levemente, sometida a aquella mirada tan penetrante.

—¿De qué sirve que pidas perdón? ¿De qué sirve, si luego vuelves a cometer el mismo error?

—¡Yo no he vuelto a cometer el mismo error! De partida, sólo le he dicho a Blaise a dónde vamos una vez, y no he hecho ninguna otra cosa que amerite tu desconfianza o molestia.

—Pero sé que vas a hacerlo, Ginny, y viene siendo lo mismo. —dijo con tono cansino. Ella notó un deje de resignación.

—De eso no puedes estar seguro.

—Sé que estabas con él recién, en ese pasillo oscuro.

—¿Qué? Pero, cómo…

—Da lo mismo cómo —interrumpió—, el punto es que lo sé. Si eres capaz de andarte besuqueando con él en los pasillos del hotel, entonces es obvio que estás más que dispuesta a volver a chivatearlo acerca de dónde vayamos hoy, mañana o pasado.

—No, no, para ahí. Yo no me estuve besuqueando con él. El motivo de nuestra reunión fue… otro, que no tiene nada que ver con lo que acabas de decir. Más encima, aunque hubiéramos querido que pasara algo no habría pasado porque llegó esa rubia idiota, la tal Mía, a cagarme el día una vez más.

—Ah, sí, claro…

—¡Te digo la verdad! —exclamó, mirándolo directamente a los ojos— Harry, te lo prometo, no hicimos nada y nunca estuvo la intención tampoco… por lo menos de mi parte. Blaise se me tiró encima, por supuesto, pero yo no quise nada porque me sentía –y me siento– culpable por lo que hice. En serio, te juro que no pasó nada.

Harry volvió a mirarla, detenidamente, y notó sinceridad en los ojos azules de ella. Además, su ceño fruncido en gesto compungido terminó de derribarle todas las barreras que había puesto en torno suyo. Dejó caer los hombros, por tanto, derrotado, y se rindió ante el encanto de ella una vez más.

—Está bien, te creo. Te creo y… te perdono. —Ginny saltó en su silla, alegre, y se estiró por sobre la mesa para darle un sonoro beso en la mejilla. El muchacho esbozó una leve sonrisa y apartó un poco la cara— Pero no vuelvas a hacer algo como eso.

—Ehm… lo intentaré.

—Ginny…

—¡Lo intentaré! En serio, pero no quiero asegurarte nada. Luego me sacas en cara que te lo prometí y blabla, así que prefiero precaver.

Harry se limitó a menear la cabeza, ya genuinamente resignado, y continuó comiendo su ensalada de frutas. Ginny se quedó allí sólo mirándolo, ambos disfrutando de la mutua compañía. Sólo cuando sus tripas sonaron se dio cuenta de que aún no sacaba comida para ella, e iba a levantarse pero el muchacho se le adelantó.

—Deja, yo te traigo algo.

—Debería ser yo la que te consienta a ti, no al revés. —apuntó, sonriendo.

—Pues… soy un tanto anárquico, ya sabrás. —la pelirroja rió y así también lo hicieron los ojos verdes de él, quien procedió a alejarse rumbo a las largas mesas repletas de comida.

Ginny se recargó hacia atrás en su asiento, plenamente feliz. Hasta el momento, todo iba de lo mejor.

El día anterior, en el circo, había planeado una pequeña travesura con Blaise que involucraba directamente a los mejores amigos de ambos y, aunque en un principio partió sólo como una broma, se descubrieron trazando la logística del asunto con una meticulosidad digna de elogiar. Y lo pusieron en marcha.

Paso uno: sacar a Harry del camino.

Esa tarea se la apropió, obviamente, ella. Blaise rezongó un poco, pero la pelirroja no desperdiciaría la oportunidad de estar a solas con el chico de la cicatriz para intentar arreglar la situación entre ambos. Se lo llevó, por tanto, a una hermosa playa de aguas cristalinas que había cerca, con la esperanza de que la caminata bajo la luz de la luna fuera un aliciente que consiguiera calmar los ánimos de él. Lástima que la obstinación del joven fuera más fuerte que la jocosa personalidad de ella.

Paso dos: deshacerse de Ron.

Ginny no había tenido idea hasta esa misma mañana, pero la desaparición tan oportuna de Ron no se debía a otra que Pansy Parkinson. Sinceramente dudaba de que hubiera pasado algo entre ellos, pero no se quejaba de que ella se hubiera ocupado de él, pues realmente su hermano era lo que más ansiedad le provocaba a la hora de idear una treta para hacer que no molestara. El ojiazul era difícil de persuadir. Aunque, al parecer, aquello no se aplicaba mucho para la morena de ojos negros. Ya le preguntaría más tarde qué había pasado luego de que se hubiera ido al baño en el Cirque.

Paso tres: convencer a Hermione de llevarse el auto.

Ese punto suponía el menester más complicado, según la apreciación de Ginny. Y es que el genio de su amiga era bastante conocido por ella, de modo que sabía que Hermione no se dejaría convencer sin antes estallar de rabia como el peor de los volcanes. Frases como "¡Estás loca, no lo haré!", "¿Dónde demonios me consigo los amigos?" y "Váyanse a la mierda" iban a ser empleadas con seguridad por la pasional castaña. Pero cuando ella, Ginny Weasley, le expusiera todos los detalles de la situación, Hermione no tendría otra que aceptar. Y entonces era cuando Draco entraría en acción. No habían acordado un papel específico para él, de todos modos. Blaise sólo le había dado cuenta de su idea, y se suponía que Draco seguiría la corriente y luego se las arreglaría solo. Ginny cruzaba los dedos por que ella aceptara la compañía del atractivo rubio –pues conociendo lo cabezota que era su amiga, bien podía mandarlo a freír monos sin siquiera darle una segunda mirada– pero pensaba que no era un buen antecedente para su tan insufrible orgullo la escena que había descubierto en los apartados baños del Cirque. Aquello que ella había presenciado en ese lugar no le daría cara a la trigueña para mostrarse fría y desentendida para con él.

Y, final y efectivamente, Hermione terminó aceptando hacer el viaje hasta Miami con Draco.

Paso cuatro: confirmar que Hermione haya llegado tarde y, en lo posible, que no apareciera en el hotel hasta la mañana siguiente.

De eso se había asegurado en la mañana, al levantarse. Los leves ronquidos de Hermione y la forma despatarrada en la que dormía daban cuenta totalmente de que había pasado una noche intensa y algo alcoholizada. Es cierto que había esperado que la joven llegara esa misma mañana, tratando de entrar sigilosamente al cuarto, y ni siquiera había pensado en la posibilidad de que él fuera a dejarla tan caballerosa y tiernamente hasta su propia habitación. Dada la hora en que habían llegado se le hacía un tanto extraño, pues habían tardado apenas siete horas en un viaje que duraba cinco. Y ella era de la idea de que con Draco Malfoy una noche completa no era suficiente, de modo que unas míseras dos horas para hacer todo lo que tuvieran ganas de hacerse le parecía insignificante. Pero bueno, debía haber una explicación razonable para eso. Una parte de ella le advertía que algo fuera de itinerario podría haber ocurrido, pero quería pensar positivo. O… tan positivo como le diera su conciencia, considerando la situación.

Quinto y último paso: corroborar información con Blaise, para asegurarse de que Draco se encontraba en similares condiciones que Hermione.

Y esa última parte también estaba completa. Según la reunión que habían tenido en su cuartel secreto –ya no tan secreto… ¡maldita Steevenson!–, la situación en el caso del rubio era similar. Dormía profundamente y en apariencia bastante cansado, según lo que Blaise le había dicho, y con eso sumado a otras técnicas de análisis que el moreno no había querido revelar, podía decirse que la noche de Draco había sido tan intensa como la de Hermione.

Ginny sonrió más ampliamente. Todo iba sobre ruedas, y bullía en ganas de preguntarle a su amiga qué era lo que había pasado realmente la noche anterior. Pero, a pesar de su regocijo, no podía evitar sentirse un poco culpable. Ella sabía que Malfoy no era precisamente la persona favorita de Hermione, pero pensaba que un rato a solas a ambos los ayudaría para conocerse mejor –en el amplio sentido de la palabra– y dejar de comportarse como los niños que solían ser en Hogwarts. Deseaba con todo su ser que su amiga comprendiera que las estúpidas diferencias de ideología habían quedado atrás, y que era posible relacionarse con una serpiente sin morir envenenada en el intento. Además, ya estaba harta de la exasperante odiosidad y saña que se expresaban ellos mutuamente, pues era más que obvia la atracción que sentían por el otro. Sólo faltaba que se colgaran un cartel al cuello que dijera "Quiero devorarte toda la noche". Y, en el hipotético y poco probable caso de que Hermione no quisiera nada o, más probablemente, prevaleciera la cabezota por sobre las hormonas, bien sabía que el rubio no la obligaría a hacer nada que ella no quisiera. Él era seductor y oportunista, pero nunca un degenerado aprovechado. Sí, el plan que había ideado con Blaise estaba bien. Más que bien. ¡Todo iba de maravillas! ¿Podía ocurrir algo mejor todavía?

—Te traje frutillas cubiertas con salsa de chocolate. —dijo Harry, una vez volvió a la mesa con un pocillo repleto de frutillas bañadas en chocolate frío y endurecido— Si quieres puedo dártelas yo, directamente… Digo, para que no te manches.

—Me encantaría.

Sí, aún podía ser mejor.

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En la mañana, mi cabeza era una bomba de tiempo a punto de explotar. Bueno, objetivamente no era mañana… pero para mí lo parecía. Faltaba ver los insoportables e insufribles rayos de sol que intentaban sin resultados filtrarse por el dosel que había conjurado para evitar aquel mismo mal, para entender el que yo aprecie que las dos de la tarde son parte de la "mañana".

En un primer momento me había sentido por completo desorientada, sin saber dónde rayos me encontraba. De a poco los recuerdos de la fatídica noche anterior habían comenzado a golpear mi cabeza sistemática y molestamente, aumentando el dolor palpitante que sentía. Pero en esos recuerdos yo me encontraba a bordo de un vehículo, y en este caso no era así. La superficie mullida sobre la que estaba tendida poco se asemejaba a la lisa y dura del suelo de la mini van, y las tersas sábanas que cubrían mis piernas y hasta la cintura también eran distintas a la nada que me rodeaba mientras íbamos en el auto. Y, además, no nos estábamos moviendo. Me encontraba en una cama. En… una…. una cama…. No. No. Él no habría sido capaz, no.

—¡Te mato, Malfoy! —grité histéricamente, sentándome de golpe en la cama y mirando a mis costados con actitud paranoica. Lo que me respondió el chillido fue silencio.

Silencio y soledad.

No había nadie, pero descubrí que me encontraba en la habitación del hotel que compartía con Ginny. Y quise reprenderme por mi infantilismo. Sí, ese idiota de Malfoy era un desvergonzado aprovechador, pero no un violador. Sí… porque por mucho que me pese, todo lo que ocurrió anoche fue con mi estúpido e inconsciente consentimiento.

Y, de pronto y como si hubiera estado dormida en mi pecho, la bestia de la ira despertó brusca y caóticamente en mi interior, remeciendo todo hasta hacerme temblar de la furia. Apreté mis puños y comencé a golpear con ellos el colchón, chillando de frustración ante la simple aparición flotante del rostro de Malfoy en mi cabeza. Me miraba, me miraba fijo… con su sonrisa embustera su cabello traicionero y sus ojos mentirosos. Sus ojos calculadores. Sus ojos fríos. Sus ojos grises. Sus ojos fríos y grises. Por un momento había creído derretir el hielo que los escarchaba, traspasar la coraza que los protegía, acceder al mundo de sueños y temores de un hombre común y corriente, no del prototipo de Dios que se creía Draco Malfoy. Por un momento, por un grandioso y asquerosamente ingenuo momento, había visto cariño en sus ojos de plata. Había visto aprecio, no sólo deseo. Y, para mí, sus ojos no habían sido gris oscuro, sino de un gris brillante y encantador. Luminoso. Diáfano.

Pero no.

No, todo eso era mierda. Una mierda. Mierda. Mierda mierda mierda.

Todo aquello era una mentira. Una asquerosa y putrefacta falacia.

¿Luminosos? ¿Brillantes y sinceros? No, los ojos de Draco Malfoy no eran tal cosa. Eran grises. Grises frío. Gris opaco. Grises. Sólo grises.

Fui tan tonta, tan tonta, tonta, tonta…

Me dejé conquistar por las miradas, por las palabras. Me dejé engatusar por las sonrisas, por los gestos. Me dejé conquistar por sus manos, por sus ojos, por su pelo. Por sus labios. Y, peor que eso, me dejé conquistar por su vida, por su historia. Por él, por él mismo y todo lo que lo envuelve. ¿Podía llegar a mentir tanto? ¿Podía llegar a tanto su cinismo? Quería creer que no, pero con él ya nada era seguro.

Ayer… ayer fue un día especial. Desde el principio hasta el final, aunque hoy sólo pueda recordar la última parte de éste. Partiendo por la mañana, en que tuve que molerme la cabeza para pensar en una actitud coherente para reaccionar al ver a Malfoy luego del beso de la noche anterior. Pensé que hacerme la desentendida daría resultado, pretender que nada había pasado. Bueno, obviamente con él nada funciona, así que terminó robándome otro beso en el buffet del hotel. Y quise golpearlo. Y quise volver a besarlo. Y quise matarme por pensar cosas tan distintas pero ninguna con más intensidad que la otra.

Luego, el Cirque… el Cirque y sus sonrisas, el Cirque y sus miradas, el Cirque y sus caricias con sus piernas en las mías. El Cirque y nuestro encuentro en los baños. Definitivamente, el recuerdo que tengo del Cirque no son precisamente los shows. ¿Alguien dijo mierda?

Pero las cosas empeoraron… empeoraron y de pronto me encontré con él a bordo de un auto, con él conversando en un McDonald's en mitad de la carretera. ¡Y me dejé convencer! Caí en su trampa, en su juego. Dejé que me conquistara con sus historias y anécdotas, creí todo lo que decía quizás confiando demasiado en su sonrisa serena. Quiero creer que no fui tan tonta. Deseo confiar en que mi estupidez no es tan extrema. ¿Cómo iba a saber yo la verdad que se escondía tras todas aquellas atenciones? Quiero, necesito pensar que no fue ingenuidad mía, sino la extrema desfachatez y habilidad de él lo que me hizo sucumbir.

Y siento rabia, siento tanta rabia…

Siento rabia porque me siento timada. Esto va más allá de una pequeña mentira piadosa. Va más allá de un juego pervertido y retorcido. Porque él traicionó mi confianza, hizo que me traicionara a mí misma. Siempre pienso lo peor de la gente, es algo innato… voy por la vida desconfiando, sin bajar la guardia. Y era feliz así. Pero ahora, justo cuando por una vez quise dejar de pensar y a cambio confiar en que las intenciones de él eran buenas… ocurre esto. ¡Soy tonta, soy idiota!

Y quién te manda a confiar en Draco Malfoy…

Bueno, realmente daba igual cómo había pasado. El punto es que había pasado.

Él no fue sincero.

Se comportó lindo, tierno, delicado y sensible… todo con la vista fija en su objetivo final. Cada puto comentario que hizo fue esperando su recompensa final, el premio por tanto esfuerzo, por tanta dedicación al esbozar sonrisas suaves e hipócritas, por lanzar miradas límpidas y turbias. Claro, seguramente el aparentar ser tan buena persona le causó tal importante trabajo que merecía encamarse con una pobre idiota como yo. Porque sólo una inepta como Hermione Granger se tragaría todo su cuento.

Por supuesto.

Porque los besos para él no serían suficiente recompensa… no, el aspiraba al premio gordo. Al grande.

Y, obviamente, yo cedí.

Lo cierto, es que aquello que pasó en la mini van habría sido la culminación perfecta de una noche perfecta. De la noche perfecta que forjó mi mente ridículamente infantil y bienpensada. Pero no. Había sido la culminación infernal de una noche llena de patrañas. Quizás el final adecuado para el momento. Ése en que yo necesitaba despabilarme, el que me arrojaría el balde de agua que me haría reaccionar y ver la realidad con otros ojos. Y fue fría, el agua fue fría. Lástima que el agua no llegara antes. Porque luego de las patrañas… oh, luego estaba lo peor. En esa parte calza la representación física de mi rendición. De una rendición frente a la que siento pena. De ser otra persona, me daría vergüenza ajena. ¿Cómo caí tan fácil? ¡Mierda, y yo que pregono de ser tan puñeteramente inteligente! ¿Siempre la mejor estudiante en el colegio y ahora vengo a caer estúpidamente en la promesa de unos ojos? Diablos, si quiero reírme de mí misma…

Lo peor, lo peor de todo, lo peor de toditísimo TODO… es que lo disfruté.

Me regocijé en cada una de las caricias que ese canalla me prodigó, y lo peor, es que quedé con ganas de más. No debería desear al ser que aborrezco con cada partícula de mi ser, pero la penosa realidad es que lo hago. Porque, pese a que lo consiguió de la forma más reprochable que podría habérseme ocurrido, ese hombre me provocó el orgasmo más placentero que se hubiera podido experimentar en la vida. ¡Y sólo usando tres dedos de su mano derecha! No me había sentido tan desbordada por éxtasis en toda mi existencia, y dudo que volveré a hacerlo alguna otra vez. Pero, a pesar de la pasión y el deseo con que me exploraba, creí ver retazos de esmerada dedicación, de valoración. Sentí su dicha casi infantil por estarme provocando todo eso, su esmero afanoso por hacerme sentir bien. Sentí que le importé. Alojada entre sus fuertes brazos, me sentí protegida, en resguardo. Poseída por un hombre fuerte e imponente que me cuidaba dando todo de sí. Que sentía mi placer como si fuera suyo. Me sentí junto a un hombre responsable y cauteloso.

Pero, una vez más, no. No.

Con la misma rapidez e intensidad con que el placer había ascendido hasta la cúspide, descendió hasta el suelo, y en su lugar fue la ira lo que creció en mi interior. Y creció de forma vertiginosa, llenando mi cuerpo de rabia, de frustración y abatimiento, enervándome y destrozándome con la misma fuerza.

De todas formas, agradezco infinitamente al cielo que las cosas no hayan pasado de allí. Porque, ¿qué sería de mí si todo hubiera seguido su curso natural y nos hubiésemos acostado? Ése era el irremediable fin de aquella noche pues, aunque extremadamente placentero e increíble, lo que me arrastró a ese orgasmo era sólo el juego previo. En cualquier otro hombre habría sido meritorio recibir un aplauso por aquello y la agasajada quedaría conforme, pero en el caso de Draco Malfoy aquel episodio no era nada más que la promesa de su destreza, la llave que quitaba el candado y abría la puerta que se asomaba a un mundo de innumerables placeres, de deseos palpitantes y de sueños prohibidos. A un mundo ilimitado de colores y pasional efervescencia.

Y yo, sensatamente, mantengo esa puerta cerrada. Me asomé por ella y palpé lo que en su interior había, pero volví a cerrarla y espero que así se mantenga, con el candado duro y oxidado, inamovible para no recaer nuevamente en la tentación. No, no, ése último pensamiento fue idiota. ¿De qué tentación hablo si lo único que quiero es destripar vivo a ese infeliz? No me arrepiento de haberlo rechazado, porque mi furia es demasiado potente y real como para ser opacada por algún otro ridículo sentimiento. Lo odio demasiado como para pensar en otra cosa que no sea su juego sucio.

Un juego tan, tan sucio…

Actuaba cuando se comportaba como un caballero, se ganó mi confianza a pulso y luego supo aprovecharse de la situación. ¡Y qué manera de aprovecharse! He querido, bastantes veces, pensar que él realmente no planeó nada y que actuó como las circunstancias lo indujeron a hacerlo. Pero luego analizo todo fríamente y me resulta imposible pensar tal cosa. Probablemente, él había arreglado todo desde mucho antes. Sobre el asunto de que él fuera el único que estuviera en condiciones de acompañarme en el viaje todavía tengo mis dudas, pero la idea de que mis amigos se hayan confabulado con él para hacer algo resulta inadmisible. Nos encaminamos en el viaje y llegamos a la bomba de bencina con él comportándose de una forma dulcemente adorable todo el tiempo. Incorregible. Asqueroso mentiroso… En algún momento averió el auto usando la varita que negó cargaba, pero, ¿cuándo? Él nunca estuvo so…lo… ¡oh, sí! ¡ que lo estuvo! Un momento en que yo no tuve ni la más mínima idea de dónde se encontraba… cuando fui al baño y, al volver, él ya no estaba allí. Lo busqué y no lo encontré, y cuando iba saliendo… claro, él venía de afuera. Me extrañé, pero bastó que esbozara la sonrisa que llevaba volviéndome loca toda la noche para apaciguar mis suspicacias. ¡Tonta, débil Hermione! Y claro, fue en aquel mismo lapsus que compró todo aquel alcohol. Nos subimos al auto y al poco andar se echó a perder… y él se hizo el desentendido total. Nos tendimos en el capó y creí llegar a conocerlo más, tanto que me resultaba maravilloso e increíble… pero quizás estuvo fingiendo todo el tiempo. Después sugirió que jugáramos aquello de adivinar canciones, y ahí procedió a darme cerveza sin asomo de arrepentimiento para dejarme en un estado tan achispado que me impidiera reaccionar en contra de todo lo que pretendía hacerme. Pero, qué extraño que se haya negado a dormir junto a mí desde un principio… o… o no. No, no fue extraño. De esa forma, luego podía alegar que sus intenciones nunca habían sido las de aprovecharse de mí, porque cuando había tenido la oportunidad, él decidió dormir solo. Claro, entonces las cosas "sólo se habían dado". Y, muy seguramente, él mismo había descompuesto el aire acondicionado, consiguiendo así la excusa perfecta para trasladarse a la parte trasera de la mini van, donde me encontraba yo. Y… ¡Dios, no! Ni siquiera así podría decirse que fue su culpa, porque quien lo invitó a acostarse al lado mío fui yo. ¡Mierda, mierda, mierda! Entonces yo fui la verdadera culpable de todo… yo fui la débil, yo fui la ingenua, yo fui la ilusa que se tragó todo su cuento… Dio vuelta la tortilla y me hizo ir en contra de mí misma. Al final, la que cavó su propia tumba fui yo. Nadie más que yo.

—Pero… ¿pero qué mierda estoy pensando? ¡Yo no tengo la culpa de nada! ¡Yo fui sólo… la víctima en todo esto! La víctima que flaqueó ante la maquiavélica y asquerosamente fría mente de un rubio despótico. Sí… un escritor de novelas de terror desearía ser tan calculador como Draco Malfoy. Él tuvo la culpa y yo lo odio.

Oh sí. Claro que sí. Porque ahora lo odio, lo odio con todo lo que doy de mí. Lo odio por farsante, por cínico, por seductor, por aparentar ser buena gente, lo odio por sonreírme de esa manera, por mirarme de esa manera, por hacerme creer que había accedido a su corazón; lo odio por hacerme abrirle el mío. Lo odio por engatusarme, lo odio por mentirme, lo odio por utilizarme. Lo odio porque, a pesar de todo lo anterior, sigo estremeciéndome cada vez que recuerdo la noche pasada.

¡Merlín, cómo lo odio!

Quiero degollarlo, destriparlo, sacarle los ojos, cortarle la lengua, despellejarlo, hacer picadillos la esencia de su hombría, darle la cabeza contra una pared, rebanarle las manos y los pies, volarle todos los dientes, deshuesar cada uno de sus miembros, trapear el suelo con su reluciente cabello, todo al mismo tiempo, y luego volver a degollarlo y a destriparlo y a sacarle los ojos y a…

—¿Hermione, estás ahí?

Dejé de desplumar la almohada que no supe cuándo tomé entre mis manos y levanté la cabeza mirando hacia la puerta, sin ser consciente tampoco de en qué momento me había levantado de la cama. Tardé en responder, bastante turbada como me encontraba y, a cambio, procuré serenarme. Pero me costaba, pues la rabia volvía a aguijonear bajo mi piel al ser consciente de que nunca me había hiperventilado de esta forma. Claro, y esta primera vez también iba de la mano con la persona de Draco Malfoy. Maldito sea.

—¿Ron?

—Sí, soy yo. ¿Estás bien? —guardó silencio un momento, quizás esperando una respuesta que nunca le di— ¿Puedo pasar?

—Eh… sí, espera un momento.

Caminé por sobre la alfombra de plumas blancas de las almohadas que destrocé, pues me di cuenta de que la cabecera de Ginny también había sido víctima de mi momento de enajenación, y fui en busca de la varita que reposaba en mi mesilla de noche. Arreglé todo el desorden y descorrí las cortinas de la habitación, dejando que la luz ingresara limpiamente a la estancia y acabara con ese aire lúgubre en que había estado sumida sin siquiera percatarme, quizás porque mis propios pensamientos eran tan oscuros como el ambiente que me rodeaba. Luego respiré hondo, intentando tranquilizarme definitivamente para no levantar sospechas actuando de alguna forma que delatara el caos que se está desarrollando dentro de mí.

—¿Pasa algo? —le pregunté mientras abría la puerta y me hacía a un lado para dejarlo pasar. Él pareció confuso cuando se volteó hacia mí, pero la expresión se acentuó aún más cuando me miró bien.

—¿Te pasa algo a ti?

—¿Por qué lo dices? —devolví, frunciendo el ceño y cambiando mi peso de una pierna a la otra. No puedo ser tan evidente, ¿verdad? ¿…Verdad?

Él me brindó otra mirada de arriba abajo y arrugó también su entrecejo.

—Estás con la misma ropa de ayer —indicó—. ¿Dormiste así?

—Me parece que es evidente si me encuentras con esta pinta justo después de que me estoy levantando.

—¿Acabas de despertarte? —inquirió incrédulamente, abriendo mucho los ojos.

—Hace una media hora, sí. ¡Deja de mirarme de esa forma! Ron, ¿cuál es el problema?

—Tú, aparentemente. —lo miré entrecerrando los ojos, ofendida y muy mosqueada ya que no tenía ganas de hablar en absoluto, ni menos de estar aguantando pesadeces. Él alzó las manos y meneó la cabeza, procurando que me sosegara— No bajaste a tomar desayuno, cuando siempre sueles ser la primera en hacerlo, y nadie te vio un pelo hasta ahora, que vienen siendo las dos y media de la tarde. Y, cuando vengo a ver si te pasó algo, me encuentro con que ayer te acostaste sin cambiarte de ropa y que recién te estás levantando.

—No veo el punto. —murmuré dándole la espalda para ir a sentarme a mi cama, previendo que el dolor de cabeza que me aquejara cuando me desperté volvería en gloria y majestad.

—¡Que todo esto es muy… muy… muy no-tú! —gritó caminando sobre mis pasos y su voz retumbó por todo mi cerebro. Hell yes, el dolor había regresado— ¿Estás segura de que no te pasa nada?

—Sí, Ron, estoy segura. —afirmé, apoyando mis codos en las rodillas y mi cabeza en las palmas de mis manos, cerrando los ojos. Él se sentó frente a mí y se quedó contemplándome un tiempo que me pareció prolongado.

—¿Cómo te devolviste ayer? —preguntó de pronto, y cuando lo miré tenía la cabeza ligeramente ladeada. Me costó comprender a qué se refería, pues el recién revivido martillazo en mi cráneo era insistente, pero una vez lo hice volví a cerrar los ojos y a masajearme las sienes.

—En el auto.

—Con quién. ¿Con Ginny?

—No —contesté levantando la cabeza nuevamente y frunciendo el ceño—, ella se fue con Harry. Creí que lo sabías. —Ron meneó la suya y sus mechones de fuego destellaron con el reflejo del sol.

—¿Sola, entonces?

—Tampoco. Malfoy vino conmigo. —procuré que mi voz no sonara titubeante, sino inflexible y serena.

—¿Qué…? ¡Con Malfoy! ¿¡Por qué te viniste con Malfoy, SOLA!?

Oh, claro que tenía un motivo… un muy buen motivo, y era hora de sacárselo en cara. Ellos tenían la culpa de todo.

—¡Pues porque ninguno de mis amigos tuvo la decencia de devolverse conmigo! —rebatí acaloradamente, y sentí mis mejillas enrojecerse de la rabia. Si ellos hubieran venido conmigo desde un principio, nada de lo que pasó habría pasado— ¡Al parecer, todos tenían mejores cosas que hacer, y no les importó dejarme sola! Qué triste es que hasta mi peor enemigo se compadezca de mí y decida acompañarme; tendrá para molestarme por el resto de su vida. Y eso, gracias a ustedes. A propósito, ¿qué tal tu noche con Parkinson, Ron? —terminé mordazmente, entre dientes.

—Yo no… No pasamos la noch… ¿cómo sabes que por ella no pude llegar contigo?

—Malfoy lo dijo.

—¡Ah, así que lo planearon entre los dos! —exclamó levantando sus manos y dejándolas caer sobre sus muslos. La saliva que pasó por mi garganta fue inusitadamente densa. Quizás no quería escuchar… ¿cuántas cosas más había arreglado Malfoy para que todo saliera como él quería?

—¿Él iba a planear que te fueras con ella a quién sabe dónde?

—¿Qué? —preguntó Ron tontamente, frunciendo el ceño.

—Malfoy nos dijo a Ginny y a mí que te había visto yéndote del Cirque con Parkinson.

—¿Qué? —repitió, y casi lo golpeo— ¡Oh, ese sucio mentiroso!

No me digas…

—Ron, ¿de qué otra forma te habría impedido ella que…

—¡Me encerró en el baño! —interrumpió, repentinamente airado, como si el simple hecho de recordarlo le alterara profundamente— Fui al baño en cuanto terminó la función, y cuando iba saliendo ella se presentó ahí y dijo algo de que era hora de fastidiarme un poco, y me encerró.

—¿Quieres decir en un cubículo?

—No, no en un cubículo, en el baño completo. Lo cerró por fuera, con su varita. Y yo no había llevado la mía, así que estuve desesperado viendo cómo diablos iba a salir de allí. Le grité y amenacé para que abriera la puerta, pero ella sólo se rió con aquella risa tan… burlona y malvada que tiene, y se fue. No sé cuánto tiempo me quedé ahí encerrado… quizás unos diez o quince minutos, pero para ese momento tú ya te debías haber ido, y me preguntaba por qué mierda Harry no iba a ver qué había pasado… bueno, ahora tú me dijiste que se había ido con Ginny. Al final, tuve que treparme por la pared de uno de los cubículos del baño y salir por una ventana de menos de cincuenta centímetros de ancho. Ahora que lo pienso, no sé cómo lo hice… y tampoco sé cómo no me fracturé una pierna al saltar de ahí al suelo pues, debo aclarar, la distancia era bastante grande.

—¿Que tú qué? —me sorprendí— Pero y… ¿y cómo regresaste aquí?

—Me aparecí.

—Pero… dijiste que no llevabas tu varita…

—Con la de Parkinson —aclaró—. Cuando logré salir del baño, me apresuré a volver donde habían estado ustedes, aunque realmente no tenía la esperanza de que siguieran ahí. En cambio, me encontré con Parkinson y Zabini, mientras ella le relataba la divertida anécdota de mi enclaustramiento en el baño. Juraría que estaban esperando a ver si lograba salir para reírse de mí, y te juro que de no haber sido una chica la golpeaba. Le dije a los gritos que ya que me había cagado de esa forma me tenía que dejar aparecerme con ella, y accedió entre exasperantes risitas. Así que volvimos al hotel los tres.

—…Vaya. —fue lo único que pude decir cuando concluyó su relato.

Todo aquello resultaba, a lo menos, interesante. ¿Le habría dicho Malfoy a su querida amiguita que encerrara a Ron para así librarse de un potencial dolor de cabeza que le cagara los planes? No era tan rebuscado… Pero el que se deshiciese de Ron no le aseguraba la desaparición de Ginny y Harry, aunque ésta sí se produjo de todas formas. Pero en eso él no tuvo influencia, lo sé. Y, después de todo, el que la ex-Slytherin le quisiera jugar una broma pesada a mi amigo no era tan extraño o fuera de lo común. Pero entonces… ¿por qué Malfoy mintió y dijo que se habían ido juntos? Bueno, quizás… quizás sólo se aprovechaba de la circunstancia para sacar provecho y obtener un beneficio personal. Como siempre hacía. Maldito, malditomalditomaldito…

—¡Hermione! —gritó Ron de pronto y alcé la cabeza, asustada— Vaya, hasta que me escuchas. Llevo llamándote hace siglos… y si sigues estrujando la almohada de esa forma acabarás por romperla.

Bajé otra vez mi vista y me percaté de que nuevamente estaba descargando mi ira con la cabecera. La solté de inmediato, avergonzada, y me hice la loca evitando los ojos inquisidores de mi amigo. Pero fue muy tarde, porque él nuevamente estaba ceñudo.

—Oye, en serio… ¿qué te pasa? —preguntó con suavidad, y de pronto pareció caer en la cuenta de algo. Abrió sus ojos como platos y se puso intempestivamente de pie— ¡Malfoy! Esa sucia rata… te hizo algo, ¿verdad? ¡Dime qué te hizo, Hermione, qué!

—Ron, él no…

—¡Lo mato, te juro que lo mato! Es que… ¡obviamente! ¿Para qué otra cosa habría querido viajar solo contigo? ¿Cómo no te diste cuenta antes, Hermione? ¿Cómo no…

—Ron.

—¿Cómo dejaste que se subiera al auto contigo? ¡En qué estabas pensando!

—Ron.

—Esa serpiente rastrera lo único que quería era meterse en tu cama, Hermione… aunque realmente no haya sido en una cama sino en un auto, pero…

—Ron, basta —le corté parándome también, con un tono seco y potente que lo hizo a él recular—. Tendré que ponerme realmente agresiva si sigues diciendo ese tipo de estupideces. Y volvemos al mismo problema de años atrás… parece que tú no cambias. ¿Por qué cada vez que un hombre se acerca a mí tiene que ser con esas intenciones? ¿Acaso no puede tener otro tipo de interés? Si no es para sacarme información, es para acostarse conmigo. ¡Por qué crees que todos quieren sacar un provecho personal tratándose de mí! ¿Tan poca cosa soy que nadie podría interesarse en mí sólo porque le llamo la atención como persona?

—Hermione, estamos hablando de Malfoy…

—¡De Malfoy o de cualquier otro! Siempre has parecido creer que cada hombre que se acerca a mí lo hace para meterse en mi cama. ¡Merlín, si desde que salimos de Hogwarts que no dejas de controlarme! Y, ¿sabes qué? Yo soy más, mucho más que un pedazo de carne.

—¡Hermione! —exclamó, entre sorprendido y pasmado.

—No, Ron, es verdad. Para ti, nadie que no seas tú puede estar conmigo, porque sólo tú tienes buenas intenciones, sólo tú me ves como soy… y, ¿sabes qué más? Eso es mierda. —terminé con los dientes apretados, y procedí a empujarlo hacia la puerta.

—No puedes decir eso, yo… ¡yo sólo pensé lo que es evidente! Hermione, escúchame. —ordenó con tono firme, dándose la vuelta una vez lo empujé fuera de mi habitación y sosteniendo la puerta con la mano para que no se la cerrara en la cara— Estamos hablando de Malfoy. Yo no creo que todos los hombres busquen sólo acostarse contigo, ¡por supuesto que no! Pero, repito, estamos hablando de Malfoy. Y sabemos que él no es precisamente la mejor persona del universo… ¡Honestamente! ¿Qué otro motivo lo impulsaría a querer pasar toda una noche contigo? ¿Que se hicieran amiguitos? ¿Contarte su vida y saber de la tuya? ¿Ignorar que se odiaron por siete años para empezar de nuevo? Sinceramente, no es verosímil.

—Ron, cállate —espeté y, muy a mi pesar, la voz me salió estrangulada por el nudo que oprimía mi garganta. ¿Por qué todos parecían entender eso y yo no? ¿Verdaderamente fui la única ilusa que podría haber caído en la trampa de Malfoy? ¡Aajjj mierda! Sin yo quererlo, sentí que se me aguaban los ojos. Él pareció espantado— Malfoy no me hizo nada. Ahora lárgate, y no se te ocurra volver a golpear esta puerta o te voy a meter mi varita en un sitio que no te agradará mucho. —y, con rabia y mucha fuerza, le cerré la puerta en las narices.

De todas formas, estoy segura que alcanzó a ver la primera lágrima traicionera resbalar por mi mejilla.

x·x·x·x·x·x·x·x·x·x·x·x·x

x·X·x

I do not have words, really. Oh yes, maybe I actually have: 'M so so so sorry!

Siento mucho la demora, de verdad, pero la razón es la de siempre. Trabajos, trabajos y más trabajos. Juro que no tuve tiempo para mí en siete meses. Recién ahora, en septiembre, terminé todos los trabajos y cosas internacionales que me pide el BI (Bachillerato Internacional, un programa especial que tiene mi colegio y que es reee jodido, más difícil), y sé lo que es el tiempo libre de nuevo. Les juro que el lunes pasado llegué a mi casa y no podía creer que no tuviera nada que hacer para el día siguiente. Nada. Pensaba aprovechar mi tiempo leyendo un libro del que me fueran a hacer una prueba después, o un informe de biología de 25 páginas de los que me pedían siempre, trabajos de literatura mundial, investigaciones de matemática de 20 páginas cada una, etc etc, pero NADA. Freedom.

Jaja así que para que vean. Ahora sí pude actualizar, y qué bueno que a este capítulo ni tuve que hacerle correciones porque así pude subirlo más rápido.

Espero que les haya gustado, quizás fue medio largo y tedioso pero bueno, era necesario. Quizás encuentren muy melodramática a Hermione pero pobrecita, de verdad. Con lo noble que suele ser y descubrir que la engañan así; cualquiera se espanta. ¿Y Ginny? Cerebro criminal para las "travesuras", yes sir.

Y eso. Perdón por el atraso de nuevo, espero no demorarme tanto para la próxima vez.

Muchos besos! Ah, y gracias por los reviews! A pesar del tiempo, siguen llegando y lo valoro mucho :)

Nos leemos! (sí, NOS, porque sé que estás ansiosa por darle click a la barra verde de acá abajo ;))

.valiita