Los personaje pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es mía al igual que uno que otro personaje.
Capítulo Beteado por: Dess Cullen
Capítulo 21
Donde quiera que vayas.
Bella
El viento sopla en mis pies desnudos, la arena brillante los cubre del sol. Estoy llevando un vestido blanco con un ligero escote en v. Siento el cálido tacto en mi mano derecha y segundos después los dedos de Edward se entrelazan con los míos. Estamos en la playa bajo el sol de julio. La brisa del mar escuchándose en mis oídos, mi pelo alborotado cayendo en todas direcciones.
—¿Te imaginas tener una casa en la playa? —Pregunta Edward con entusiasmo. Al igual que yo, está vestido de blanco; pantalones de lino y una camiseta holgada.
—¿Tener esta vista todos los días? Sería fabuloso —Le contesto.
—Como en las películas, nosotros tres, un perro y la casa en la playa. Aunque primero tenemos que terminar la Universidad.
Me río— Cuando nuestra hija cumpla los 18 puede ser.
Se ríe de vuelta.
Seguimos caminando. Estamos acercándonos a la orilla del mar cuando una vocecita nos interrumpe.
—¡Mamá! ¡Papá! ¡Encontré conchas de mar!
Una pequeña niña de unos seis años salta alrededor de nosotros enseñando las conchas de mar que acaba de recoger. Su pelo es rubio, largo y delicado. Su vestido de flores ondeando alrededor de sus pies llenos de arena. Está riéndose y pronto sus ojos están clavándose en los míos. El azul intenso, tan intenso como el mar.
Edward se inclina para tenerla más a su altura.
—Cuando regresemos a casa las vamos a limpiar y podrás coleccionarlas como las demás.
La niña sonríe— ¿Podemos quedarnos un poco más? Quiero seguir buscando.
Edward se encoje de hombros.
—Creo que tienes que consultárselo a otra persona.
De pronto, ella vuelve a mirarme.
—¿Mamá, por favor?
Estoy fingiendo que pienso en ello y veo su rostro afligido. Me echo a reír, acariciando la punta de su pelo.
—De acuerdo —Le digo y ella salta alrededor, alejándose de nosotros para buscar más conchas— ¿Elif? —Se voltea hacia nosotros—Donde nuestros ojos te vean.
Despierto con un profundo dolor en la espalda y tengo que enderezar las piernas para volverlas a sentir. Parpadeo, odiando la luz del día y deseando dormirme otra vez. A diferencia de otras veces, los sueños normalmente se me olvidan, menos este. Y quiero revivirlo otra vez, incluso si nunca fue cierto.
Muevo mi adolorida cabeza en varias direcciones, gruñendo por el intenso dolor que tengo. Mi cuerpo está presionado contra una pared y creo no recordar cómo demonios llegué aquí. Según lo que estoy viendo, se trata de un callejón. Es oscuro y huele a estiércol, claro, si unos pocos metros más allá hay un tarro más grande que yo de basura. Me pongo de pie arrepintiéndome inmediatamente. Tan pronto lo hago estoy tambaleándome hacia la pared, casi estampándome la cara en la briqueta. ¿Dónde estás Bella? ¿Y cómo es que llegaste aquí? El por qué no es necesario, sé por qué vine aquí, lo que no recuerdo es cómo. Probablemente estaba tan cegada que no me di cuenta cuánto caminé durante la noche. Ni siquiera he bebido una gota de alcohol, las lágrimas y mi desdicha se encargaron de emborracharme y borrarme del mundo.
Miro el reloj en mi muñeca: 10:45 am.
Suelto un suspiro tembloroso. No quiero regresar a casa todavía. Me aterra el hecho de volver, me aterra dar explicaciones, me aterra darme cuenta que lo he perdido todo otra vez. Mi celular está en silencio y jadeo cuando veo 30 llamadas perdidas de mi madre y Nessie. No quiero hablar con ellas tampoco. Hay un mensaje de voz de Edward y es suficiente para acobardarme de nuevo, así que lo termino apagando. Estoy completamente despierta cuando camino fuera del callejón, frotándome los ojos por el sol. Necesito un café urgente y casi me pongo a llorar cuando recuerdo que he traído la billetera. Pago por un cappuccino, recibiendo el cambio poco después. Mi cara tiene que estar horrible por la forma en que la cajera me mira, de seguro piensa que soy alguna vagabunda de por aquí. Mientras tomo un sorbo caliente de mi bebida, me miro en los ventanales de las tiendas de ropa. Y vaya. Horrible es una palabra muy pequeña para describir como me veo. Tengo los ojos hinchados de tanto llorar, las lágrimas marcadas en mis pómulos, mi cabello desordenado y la mayor parte de mi ropa arrugada. No me importa que me vean así, no me importa mi aspecto, ni mi vida ni nada que se le parezca. Estoy cruzando la calle cuando rompo a llorar, sin notarlo a tiempo.
He llorado tanto que me arden los ojos cuando las lágrimas caen. Casi me siento adormecida, no puedo oler el café porque estoy congestionada.
Me acerco a la esquina de la calle, apoyando el cuerpo en la pared y dejando escapar todo el sollozo que vengo bloqueando. No puedo parar, intento parar de llorar y me es imposible. Estoy soltando todo lo que he aguantado y me siento incapaz de respirar. Es una desesperación que empieza desde la boca del estómago.
Soy miserable, soy infeliz, soy lo que he cosechado.
"Puedes tener otros hijos siendo más mayor" había dicho Charlie "Te vas a enamorar otra vez"
Él nunca supo condenadamente amar en su vida, así que ¿para qué el consejo absurdo? No entendió nada, nunca entendió nada. Por eso jamás se lo perdoné, ni siquiera en la asquerosa carta que dejó. Y yo nunca llegué a comprender su odio hacia mí. Así como miles de niños hoy en día no piden venir al mundo, yo tampoco lo pedí.
Me alejo de la pared para seguir caminando. Estoy deseosa de llegar a algún lugar, desplomarme en el suelo y dormir. Quiero césped, quiero sombra, quiero dejar de llorar.
No sé cómo enfrentar esto. Nunca supe cómo hacerlo. Cuando pensaba en ello siempre traté de evadirlo, pero jamás me imaginé que fuese tan difícil. Había decidido por mí misma a no decir nada, a callarlo siempre. No es como si Carlisle fuese el vecino de al lado. Es el padre de Edward, es el abuelo de mi hija. No pude. Nessie estaba de por medio. Y él tuvo razón en una cosa: Ellos iban a estar bien, no sería capaz de hacerles daño. Lo confirmé el día en que vi a Elif por primera vez. Tan hermosa, tan aterradora y angelical a la vez. Supe que las cosas a Carlisle se le habían salido de las manos. No bastaba con que él quisiera alejarme de su familia para siempre, porque nunca se esperó que Elif decidiera buscarme en primer lugar.
Llevo caminando tanto rato que no llego a ningún lado. Desconozco donde me encuentro, ni siquiera parece ser el centro de Seattle, así que debo de haber andado unos 20 minutos más o menos. Esto parece más un vecindario que una carretera, pero no puedo recordar la dirección.
Me apoyo cerca de un árbol, inspirando profundamente. Me siento agotada, mis piernas no dan más de agotamiento.
Escucho ladridos. Veo como un perro gigante se acerca a grandes zancadas hacia mí, desconfiado. Probablemente si me pongo a correr, el perro vaya a morderme y lo más posible es que termine muerta.
Bueno ¿Por qué no? ¿Qué más esperas en la vida, Bella? No tienes nada, nunca tuviste nada. Cuando lo tuviste lo dejaste ir sin luchar ¿para qué seguir? Además, tu hija no te va a perdonar, Edward te va a odiar y vas a acabar siendo una vieja decrépita en la calle, mendigando algo para comer.
A lo mejor el bastardo de Riley tiene razón, nadie me va a aguantar como él.
Maldita sea.
Mi impulso de arrancar del perro es enorme, pero por algún motivo me quedo de pie, viendo su lengua cerca de mi pierna. Aguanto la respiración tan pronto pasa de largo, esquivándome, dándome la espalda.
Suelto un gemido.
Puede que no sea tu hora de morir, Bellita.
Quiero que mi maldita consciencia se calle, por favor.
Eres una pobre mujer sola y amargada.
Cállate.
Elif va a pensar lo peor de ti cuando se entere.
¡Déjame en paz!
No tengo idea de la hora que es cuando llego a la entrada de un supermercado. Mi cuerpo tiembla de frío y me duelen los talones. Según el reloj de pared del lugar, son exactamente las 12 del día. Dios mío ¿cuánto caminé? Por algo no siento los pies. Me quedo sentada en una de las bancas a analizar mi vida. Mis manos están en los bolsillos, mi pierna moviéndose con insistencia.
Necesito volver a casa.
Tomo un taxi poco después, agradeciendo un poco el techo y el cómodo asiento. Cuando llego al edificio me arrepiento de decidir regresar, pero ya estoy aquí. Bill me mira sorprendido cuando entro, pero no me dirige la palabra, simplemente inclina la cabeza a modo de saludo. Cruzo rápidamente la recepción, subiendo por el elevador. Ya en casa todo es menos doloroso, aunque aún tengo la reacción de Edward en mi cabeza.
¿Dónde está Molly? Me pregunto tan pronto me doy cuenta que no está por ninguna parte. De seguro está con mi madre.
Antes de llegar a la habitación ya estoy desprendiéndome de mi ropa. Me meto al baño y me sumerjo dentro de la ducha, sintiendo el agua fría tensándome los hombros, pechos, espalda. Masajeo mi pelo, espumándolo con el champú. Unos minutos más tarde estoy cepillándome los dientes. Me miro al espejo ratificando que ni con eso se me va a quitar la cara que llevo.
¿Y qué esperas? ¿Convertirte en Marilyn Monroe?
Alcanzo el celular de la cama, sopesando si mirar las llamadas o el buzón de voz de Edward. Mis manos tiemblan cuando el celular se enciende. Rápidamente aparece en la pantalla más de 50 llamadas perdidas y dos buzones de voz. Mierda, los dos son de Edward.
Golpean a la puerta. Sí, golpean. No están tocando, están casi echándola abajo.
No alcanzo a amarrarme el pelo en la toalla, apresurándome para abrir antes de que terminen molestando a los vecinos. En cuanto abro, los brazos de mi hermana están rodeándome.
—¡Bella! ¡Dios mío, estás bien! —Me está apretujando tanto que no puedo respirar.
Mamá y Nany entran, cerrando la puerta.
Mamá chilla— ¡¿Dónde te habías metido?! ¿Te das una idea de cómo estamos por ti? ¡Pensábamos lo peor, Bella!
Nessie me empuja, mirándome a los ojos.
—¡No vuelvas a hacer eso! ¡Demonios, me gustaría golpearte! —Me dice entre dientes.
Nany parece ser la única serena.
—¿Estás bien, pecosita 1?
Después de descargarse en mi contra, Mamá y Nessie me miran preocupadas. No es necesario que responda, ellas ya lo saben, pero lo hago de todos modos.
—No tengo la cara llena de risa, si a eso te refieres —Ninguna me responde devuelta— Voy a vestirme.
Mamá me interrumpe.
—Dimos aviso a la policía, pensamos que algo malo te había pasado. Bella, escúchame. Ya sé que Edward se enteró de todo, allá… ellos ya todos lo saben.
La miro, los nervios despertando en mi estómago.
—¿Todos? —Pregunto con temblor en la voz— ¿A qué te refieres con todos?
—Si lo preguntas por Elif, sí, ella lo sabe —Me responde mi hermana, reafirmando que está enterada de todo. Seguramente Nany y mi madre tuvieron que explicarle la situación— Bella, tienes que hablar con ella.
Me voy a desmayar.
Mis ojos se llenan de lágrimas.
—No puedo
Mamá toma mis manos.
—Sí, sí puedes.
Niego— No soy capaz, mamá.
—Se acabó, Bella. Se acabaron las mentiras, se acabaron los silencios. Ahora es momento de enfrentarlo, sabías que esto iba a llegar algún día, lo que pasa es que nunca quisiste verlo.
Regreso a mi habitación cuando ya no puedo derramar más lágrimas. Las palabras de mamá me dejan peor. Termino de vestirme, sentándome finalmente en la cama, teniendo el teléfono encima del buró, deseando que desaparezca de mi vista pero no lo hace.
Me armo de valor, cogiéndolo y escuchando el primer buzón.
"Bella, contesta el teléfono, por favor. Tu madre y tu hermana están preocupadas por ti y yo también. Te ruego que no hagas ninguna estupidez."
Suspiro, no es tan malo como imaginé. Ni siquiera me detuve a pensar en nadie cuando apagué el maldito celular.
Presiono el siguiente.
"Bella, soy yo otra vez. ¿Dónde te metiste? Por favor, regresa. Elif está encerrada en su habitación y no piensa salir hasta que vengas a hablar con ella. Te lo suplico, solo… vuelve."
Luego de que terminara de escuchar "habitación" y "hablar con ella" no alcanzo a comprender lo último. ¿Elif encerrada en su habitación?
Aguanto la respiración, cambiando de lado el celular entre mis manos. Camino por todos lados tratando de calmar mis jodidos nervios. ¿Elif no quiere salir de su habitación? De seguro está furiosa.
Cierro los ojos, cayendo sentada en la cama.
Tengo que ir. Ahora.
Llego a la sala ante la atenta mirada de todas. No me sale la voz, estoy completamente choqueada conmigo misma.
—Tengo… tengo… —Es tan pero tan difícil— tengo que ver a mi hija.
Mamá me da una sonrisa ansiosa y no alcanzo a escuchar lo que opinan ellas porque estoy saliendo del departamento. Antes de bajar las escaleras, Ness llega corriendo, estirando la mano para mostrarme que sostiene las llaves de mi camioneta.
—Creo que te servirán.
Las sostengo— Gracias.
Bill y Jake me miran pasar, pero no tengo tiempo de decirles nada.
.
Toco con insistencia el timbre de la puerta, mis manos temblando y siento un escalofrío en la espina dorsal. Me siento como si estuviera por enfrentar a mis propios demonios. Tranquilízate, Swan. Ya estás aquí ¿acaso piensas irte?
Yo nunca más me iba a ir.
Cuando se abre la puerta y los ojos de Edward son lo primero que me encuentro, siento que me elevo del suelo. Tocando el cielo pero no de la buena manera. Al primer segundo él no reacciona con mi presencia, hasta que yo suelto un jadeo, parpadeando en su dirección.
—Bella… ¿estás bien? —Me pregunta preocupado. Asiento en respuesta— Tienes que hablar con ella.
Mis dientes castañean.
—Lo sé.
Abre más la puerta y entro rápidamente. No me dice nada más, me mira de una forma extraña, como si pensara en abrazarme o es solo mi imaginación. Me guía hasta la escalera, lugar que ya conozco, pero lo sigo de todos modos. Esme viene bajando cuando me ve, su rostro completamente compungido.
—No hay forma de sacarla de su habitación —Dice ella en mi dirección. Subo y cuando Edward pretende hacerlo, su madre lo detiene— Déjalas a solas.
Él me mira y asiente, así que sigo subiendo. Parece como si siempre hubiese subido y caminado por este pasillo porque no me cuesta encontrar su habitación, y eso que solo he venido dos veces. La primera estaba todo muy oscuro, la segunda me encontraba demasiado nerviosa –menos que ahora- para memorizar el camino. La puerta está cerrada y me quedo afuera un momento. Estoy deambulando en círculos, mi mano sobre mi corazón. Hazlo ya, Bella.
Tomo todas las fuerzas que tengo en ese momento para finalmente tocar a la puerta. Sin embargo, no obtengo respuesta. Vuelvo a tocar, ahora con más ímpetu, pero nada tampoco.
—Elif… soy Bella —Estoy con mi mano en el aire, agradeciendo que mi voz salga sin dificultad. Tardo en escuchar ruido. Ella no contesta, pero escucho como si estuviera empujando algo pesado. Mi corazón se acelera al sentir cómo le quita el seguro a la puerta. Y cuando al final me encuentro con su rostro, sus ojos tan llenos de tristeza, sé que fue buena decisión haber venido. Noto que ha estado llorando, su cabello desordenado, las manchas rojas en sus mejillas.
Frunce los labios mientras se aleja. Es todo lo que necesito para entrar, cerrando la puerta.
—¡¿Dónde estabas?! —Me reclama, su voz temblorosa— ¿Por qué no viniste hasta ahora?
Está demasiado alterada.
—Yo… no sabía cómo hacer esto.
Aparta un mechón de su pelo.
—¿Hacer qué? ¿O pensabas irte de nuevo?
Frunzo el ceño.
—¡No! No pensaba irme a ninguna parte. No sabía cómo enfrentarte, Elif. No sabía cómo mirarte a la cara ahora.
Sacude la cabeza, confundida.
—No entiendo nada, Bella. ¿Qué es todo este lío que armaste? —Camina para sentarse en la cama y yo la sigo, sentándome muy cerca de ella— ¿Me vendiste?
Mis ojos se agrandan.
—No, yo no te vendí.
—¿Y entonces por qué dicen que mi abuelo hizo eso… que dicen?
Dios mío, es tan difícil.
—Porque es la verdad. Él… ofreció dinero a cambio…
—A cambio de que me dejaras y tú ni tonta, lo aceptaste —Está atacando y no tengo cómo defenderme. Eso sonaba muy mal, horrible— ¿Y quién demonios es Charlie?
Sus ojos están llenos de confusión.
—Charlie es mi papá —Le contesto y la arruga en su frente, la arruga de confusión, desaparece. Está mirándome tan absorta que quiero echarme a llorar.
—¿Tu papá? —Pregunta, parpadeando— ¿Tu papá me vendió?
Mis labios tiemblan.
—Sí
Se queda en silencio demasiado tiempo. Mirando a la nada, a ratos viéndome a mí como si quisiera encontrar alguna mentira.
Después de algún momento, vuelve a hablar:
—¿Por qué no volviste antes? ¿Por qué nunca me buscaste? —Aclaro mi garganta, preparándome para explicarle. Intento decir todo lo mejor que puedo.
Le cuento como Charlie y Carlisle me convencieron de entregársela a su abuelo, y como de primeras, me aferré a ella, a no querer darla. Le narro también, como me amenazaron con mi hermana, acabando así de convencerme. A ratos sacude la cabeza, frunciendo el ceño, jadeando, pero parece realmente conmovida. Está escuchándome atentamente cada palabra que digo, tal vez tratando de memorizarlas o entenderlas— O sea que… preferiste a tu hermana.
Sacudo la cabeza, no sé por qué tuve la sensación de que iba a decirme eso.
—No se trata de preferir a nadie. Yo solo quería asegurarme que estuviera bien.
—Y claro, a mí que me partiera un rayo.
—No —Niego, tomando su cara entre mis manos— Mírame… Elif, por favor —Lo hace, me mira— Yo te amo, te quiero, te adoro. Y me hubiese gustado que las cosas fueran diferentes, haberte dado una vida diferente. No justifico el que no lo haya intentado, porque nunca hubiera sido suficiente, me di por vencida y he pagado esas consecuencias, te lo juro, pero tenías a Edward, lo tuviste todo siempre, yo sabía que tú estarías perfectamente…
Elif está llorando otra vez y eso me parte el alma.
—No me digas que lo tuve todo, no lo tuve todo. ¡No te tuve a ti!
Se aleja, mirando a otro lado.
—Lo siento tanto —Le digo llorando también— Tú también me faltaste siempre. ¿Me estás escuchando? —Le pregunto pero sigue viendo a otro lado. Estoy temblando, mi mano acercándose a su rostro y volviéndola hacia mí otra vez. Sus ojos llenos de lágrimas, llenos de miedo y de preguntas— Te estoy hablando.
—¿Cómo sé que no te vas a ir? ¿Qué no te vas a aburrir de mí? —Pregunta rápidamente, sonando desesperada.
Sonrío, es una pequeña sonrisa que ella nota.
—Lo único que quiero es tenerte conmigo ¿Cómo me voy a aburrir de ti?
Se seca las lágrimas, mirándome incrédula.
—Nos conocimos hace poco, no puedes simplemente quererme de un día para otro.
Encojo mis hombros.
—Tú naciste de mí, así que te amaba incluso antes de verte por primera vez. Desde que te sentí en mi vientre, dentro de mí.
Me mira, analizándome.
—No sé qué pensar, Bella. Estoy peor que antes. De pronto me entero que mi abuelo hizo esto tan horrible y… todo se arruinó en segundos.
Tomo su mano entre las mías, acariciándola suavemente. Ella me deja hacerlo, mirándome de reojo.
—Me puedo imaginar lo que debes sentir, pero escúchame bien… nada de esto es tu culpa, nada ¿de acuerdo? Vas a ver que el tiempo va a curar todas tus heridas y la pena pronto se va a ir, tú solo ten paciencia.
Una lágrima solitaria cae por su mejilla.
—No puedo creer que mi abuelo haya hecho eso, —Sacude la cabeza— no parece ser él... o siempre fingió ser alguien que no es.
Nos quedamos calladas. Yo escuchándola sollozar, ella todavía dejando que sostenga su mano. No es necesario que hablemos, ya nos dijimos todo. Sin embargo, tengo estas ganas de abrazarla y no soltarla más, pero estoy segura que ella se alejaría.
Luego, cuando ya se le ha quitado el llanto, me pregunta:
—¿De verdad no te vas a aburrir?
Mis ojos encuentran los suyos rápidamente.
—No —Le digo—¿sabes por qué? —Niega con la cabeza— porque eres mi tesoro.
.
Estoy mareada cuando bajo la escalera. Tanto llanto y tantas verdades está terminando por acabar conmigo. Veo varios pares de ojos viéndome bajar y lo único que quiero es desaparecer. No quiero ver la lástima de ellos y tampoco quiero hacerles sentir incómodos con mi presencia. Edward está de pie esperándome, sus manos dentro de los bolsillos, su mirada diciéndome: ¿Todo está bien?
Estoy mirándolo a él, solo a él.
—Creo que está más tranquila —Digo con un hilo de voz.
Hay suspiros y Edward todavía no aparta los ojos de mí.
—Vamos al despacho. Tenemos mucho que hablar.
Asiento, siguiéndolo hasta una puerta ancha más allá de la escalera. No me topo con ninguno, no los miro hasta que desaparecemos. El despacho es amplio pero oscuro. En cuanto entro siento que tengo que salir corriendo. Me siento en un sofá verde, cerca de un calefactor eléctrico. Edward se sienta en el brazo del sofá posterior, que es negro. Al igual que Elif y Esme, Edward parece claramente acabado. Ojos dilatados, pópulos hinchados y las venas de su sien marcadas.
Y como he estado sensible desde anoche, quiero romper a llorar por su aspecto.
—Elif no quería a nadie más que a ti, ni siquiera a mí, Bella. No logramos que abriera su puerta hasta que llegaste tú. —Suspiro y a él lo veo morderse los labios— ¿Dónde estabas? ¿Pensaste en escapar?
—No, no pensaba hacerlo, pero no te voy a negar que la desesperación me hizo pensar cosas estúpidas.
Sacude la cabeza.
—¿No te das cuenta que ella te necesita? Esto no se trata de nosotros ni de lo que pasó con… con Carlisle —Dice su nombre con un estremecimiento— Se trata de una niña de 15 años que se encerró en su cuarto pensando que te habías ido.
Lo miro— ¿No se encerró por Carlisle?
Niega en respuesta.
—Creyó que de verdad te habías ido.
Siento una punzada en el corazón.
—Yo no voy a irme, Edward. Solo no sabía cómo enfrentar esta situación, fue demasiado, tenía demasiadas cosas en la cabeza. Entonces decidí salir a despejarme, pero nunca imaginé que caminaría tanto y que sería peor. Desperté esta mañana en… no recuerdo dónde, pero estaba muy aturdida, confundida y aterrada.
No me dice nada y nos quedamos mirándonos a la cara mucho tiempo.
Él finalmente dice:
—Ya sé por qué lo hizo… Carlisle.
Me enderezo en el asiento.
—¿Por qué? —Pregunto rápidamente.
Edward inspira antes de contestar.
—Él engañó a mi madre con su hermana Elizabeth. En un intento de que mamá no le pidiera el divorcio, no encontró mejor cosa que pagarle a tu padre para que te fueras y así mamá no se divorciaría.
Frunzo el ceño.
—Eso… eso es lo más absurdo que he escuchado —Le digo. Estoy sacudiendo la cabeza, la impotencia creciendo en mí— ¿Por eso hizo lo que hizo? Dios…
—¿Sabes si tu padre lo sabía?
—No lo sé, supongo que sí —Respondo sincera, recordando las palabras en su carta "las atrocidades que hizo por su familia" — Siento mucho esto, Edward.
Ladea la cabeza.
—No puedo creer que Carlisle haya destruido esta familia. —No le contesto, lo dejo refunfuñar para sí mismo, entendiendo perfectamente. Luego me mira— Al final de todo… mi padre era igual que el tuyo, salvo que Carlisle lo supo disimular muy bien. En serio, Bella ¿qué clase de padres tuvimos?
Encojo los hombros.
—Soy la menos indicada para reprochar nada sobre padres.
Va a preguntarme por qué, pero se da cuenta de inmediato a lo que me refiero.
—No te vas a comparar…
—Me comparo —Digo, poniéndome de pie— que Carlisle y mi padre hayan sido capaces de hacer lo que hicieron, no me hace sentir menos culpable. Me siento culpable, me siento mal por todo esto. Y nunca he sido madre para Elif, así que poco puedo opinar de absolutamente… nada —Camino alrededor del despacho, rápidamente familiarizándome— ¿Él se fue? —Pregunto, refiriéndome a Carlisle.
Se pasa una mano por el pelo.
—Sí, mamá lo echó de la casa. —Muerdo mi labio, asintiendo— ¿Por qué tu madre nunca hizo nada? ¿Y Nany? ¿Tu abuelo? ¿Qué pasó con ellos cuando te fuiste del hospital?
Me vuelvo a sentar en el sofá, mis manos entre medio de mis piernas, escondiéndolas.
—Mamá y mis abuelos se creyeron lo de la deuda. Cuando llegamos ese día a casa, mi mamá estaba muy sorprendida de verme y Charlie empezó a decir que teníamos que irnos rápidamente porque lo estaban buscando. Recuerdo la mirada que me dio mamá, ella estaba diciéndome que confiara en ella para decirle cualquier cosa, pero no pude hacerlo. Así que cuando Nany llegó a la sala, papá le dijo que finalmente había decidido dar a mi bebé en adopción pero como estaba escapando de la policía, dejamos todo en manos de ustedes y que yo estaba en perfectas condiciones para que me dieran de alta. —Recobro la respiración— En ese tiempo Nany y mi abuelo le creían todo a mi padre, todo. Cuando papá me gritaba, Nany siempre lo justificaba, aunque por supuesto me defendía, pero… no lo sé, ella creía que papá era bueno a su manera.
—Que equivocada estaba —Me dice.
—Sí, hace pocos meses le conté la verdad y… hasta antes de eso seguía recordándolo con cariño. Y mi madre se enteró que la deuda no existía al darme yo cuenta, se lo dije pero como le temía a mi padre tampoco hizo nada. Ella siempre dudó que yo hubiese decidido no quedarme con mi hija.
—¿Nunca sentiste que tu madre hizo poco por ti?
Niego— Yo le conté lo de Nessie. Ella no iba a permitir tampoco que le hicieran daño. Mamá le tenía demasiado terror a Charlie, más de lo que te puedas imaginar.
Edward mira al suelo, sus manos comenzando a temblar. Veo a sus ojos vidriosos, opacados.
—¿Cómo… se vive con odio, Bella? ¿Cómo has vivido odiando a tu padre tantos años, incluso estando ya muerto?
Sé que lo dice por Carlisle y en cierto modo lo entiendo, pero no tengo respuesta para eso.
—Es natural, es parte de mí. Charlie nunca me quiso, Edward, me lo confirmó en la carta. Desde que supo que había tenido una niña me odió, nunca me dio cariño ni se sintió orgulloso de mí por nada. Carlisle estuvo contigo desde siempre, y no me mires así, no estoy justificándolo. Solo… no es igual a cómo yo odio a Charlie, así que no sabría decirte lo que siento. Si es odio… lo tengo bien domesticado.
—Es que Charlie era un desalmado por donde se le mirara.
—Sí —Respondo segundos después, poniéndome de pie— Lo era. —Ambos quedamos en silencio unos instantes — Debería irme. —Realmente estoy agotada. Necesito descansar, y dejar un poco el tema.
—Bien
Fuera del despacho, no hay nadie que me haga sentir incómoda. Todos parecen estar en la sala, de modo que cuando salimos por la puerta, no tengo que despedirme. Me acompaña hasta dónde está mi camioneta, todo el camino en silencio y yo tengo que hacer sonar las llaves en mis manos para distraerme.
Ni siquiera me dice nada cuando abro la puerta del vehículo. Es por eso que decido cortar la tensión.
—Siento mucho lo que está pasando tu familia, Edward. Y me duele en el alma que Elif esté sufriendo por esto. —Mis ojos se llenan de lágrimas. Él asiente, jugando a empujar con su zapato una piedra en el suelo— ¿Podrás algún día perdonarme?
Se queda viéndome como si estuviera inspeccionándome, confirmando que sea yo y no una impostora. Quita las manos de los bolsillos, estirando un brazo.
—Ven aquí —Me dice, pero pienso que estoy alucinando. Él está estirando el brazo… hacia mí— Ven, Bella.
Estiro mi brazo y me tironea hacia él para darme un abrazo. Mi cabeza cae en su hombro y no aguanto las ganas de llorar. Lloro por lo que parece una eternidad. Sus grandes brazos rodeándome y apretándome hacía él. Estoy inhalando su perfume y no quiero separarme nunca. Cuando nos separamos, me doy cuenta que él también está llorando.
Jadeo, soltando un descontrolado hipo.
—Yo nunca dejé de pensar en ti —Reconozco.
Edward logra levantar un poco la comisura de su boca, las lágrimas manchando su rostro.
—Yo tampoco —Reconoce de vuelta. Asiento, entrando a la camioneta. Cierro la puerta, asegurándome de bajar un poco el vidrio. Tan pronto enciendo el motor, el rostro de Edward aparece con su mano encima de la ventana— y para que te conste, si vuelves a desaparecer, te voy a buscar … a donde quiera que vayas. Y estoy bastante seguro que Elif también lo haría.
Se aleja, secándose la cara y esperando a que me vaya, sin embargo no puedo irme en ese minuto. Me quedo contemplándolo a pesar de que ambos estamos todavía lloriqueando. Después decido que tengo que irme, así que cuando estoy alejándome, puedo sentirlo mirarme incluso cuando ya he desaparecido por la calle.
¿Ven que igual soy una buena persona? Les adelanté el capítulo del martes. Me puse a hablar conmigo misma y decidí subirlo porque me di cuenta que quedaron bastante colgadas con el capítulo anterior.
Me sorprendió como la mayoría creía que Riley tenía que ver con la desaparición de Bella, pero como ven, no le pasó nada malo. Ahora esperemos que como no hay más secretos entre ellos, puedan arreglarse las cosas. Bella y Elif dando un gran paso en su relación. La verdad es que este capítulo fue el más emotivo (para mí) de escribir, porque se ve que Elif realmente necesita a Bella.
¿Qué más puedo decir? Agradecer como siempre el apoyo de la historia, tanto aquí en fanfiction como en Facebook.
Esto está casi llegando a su fin, no podría decir cuántos capítulos, pero casi en la recta.
Y antes que se me olvide, varias me estuvieron preguntando si la historia tiene final feliz, no recuerdo si lo dije (pero parece que no) bueno, sí tiene final feliz ;)
Un beso enorme a todas y hasta el siguiente!
