A/N: Hola mis queridos querubines, ¿cómo les va?, espero que todo en sus vidas vaya de maravilla, permítanme hablarles un poco de este capítulo, simplemente les adelanto que será un capítulo de mucha emoción, mucha tensión y enfrentamiento, pero sobre todo les advierto desde ahora, saquen sus pañuelos de lágrimas porque los van a necesitar en una que otra escena, nos estamos acercando poco a poco a la recta final, y solamente espero que este capítulo los deje como a mí a la hora de escribirlo, literalmente esta fue mi expresión O.O, me dije, Sabrina, como carajos escribiste algo así, después me di una palmada en la espalda y dije, seh les va a gustar… sin más por el momento quiero agradecer todos esos nuevos FOLLOWS, FAVORITES, y REVIWES; honestamente no sería posible sin esa inspiración que me brindan, GRACIAS.
Les dejo la recomendación de soundtrack para este cap, que es la Rabia e Tarantella de Enio Morricone. Disfruten.
24. Redoble Marcial.
#12 Grimmauld Place, Londres, Inglaterra. 2:00 a.m.
Estaban a un paso más de ganar esta guerra, pequeñas victorias, se permitirían disfrutar una pequeña victoria, aunque ignorasen lo que el mañana traería, disfrutaría el hoy.
Sin embargo, el silencio que se había alojado en la sala no tardaría en ser interrumpido por la lengua viperina de Severus Snape. Vociferando la duda que carcomía a todos desde hace meses que habían decidido iniciar con este plan, se alzó de su asiento mientras pasaba al lado de Marcus que lo miraba con un dejo de ironía; andaba con ese paso depredador y elegante que le caracterizaba, se puso en medio de la sala, con ese dejo de desprecio en su expresión que ya era familiar en él; especulando con voz sedosa, acentuando con manos elegantes sus palabras.
-Ahora que hemos llegado al punto sin retorno Albus—lo miro fijamente a los ojos, dos obsidianas negras llenas de dudas devolvían la mirada a esos brillantes ojos celestes— ¿serías tan amable de iluminarnos en este magnífico plan tuyo? —
El aludido se levantó del sillón en el que estaba con trabajos, recibiendo grácilmente la asistencia de Remus Lupin; siempre manteniendo esa sonrisa misteriosa en su rostro, los años comenzaban a pesarle al parecer ya que la lentitud en sus movimientos era notoria, quizás era la hora y el cansancio de toda esta situación en general; miró a todos los presentes, que al igual que el director de Slytherin le devolvían expresiones expectantes.
-Como bien sabemos, tenemos en nuestra posesión tres, de los seis horrocruxes sospechados, el guardapelo, el anillo de los Gaunt, que no ha sido nada fácil de adquirir—todos inmediatamente desviaron la vista a su mano llena de cicatrices y causi esquelética, el recordatorio constante de la lucha que estaban por librar—y por último, la copa; el diario de Tom fue destruido hace cuatro años en la Cámara de los Secretos—hizo una pequeña pausa dejando que la realidad de aquello se asentara en las mentes de los presentes—acordé a los cálculos establecidos por Vector, las predicciones de Sybil, las observaciones astrológicas de Sinastra, y por último, pero no por eso menos, las visiones que ha tenido Harry, la hora de una batalla final se acerca, sin embargo hace falta encontrar otro horrocrux más, uno que acorde a mis investigaciones y viajes en pos de desenmascarar a Tom, pudiese ser la diadema de Rowena Ravenclaw, y acorde a las observaciones de los señores Nott y Malfoy, la serpiente Naggini será el último—
-Sin embargo, el señor tenebroso jamás la deja fuera de vista, por lo que la única manera de asesinarla será en batalla—dedujo finalmente Marcus Nott con esa voz rasposa que lo caracterizaba.
Varias personas respiraron profunda y sonoramente al escuchar aquellas palabras, asesinar, batalla; la realidad interponiéndose duramente sobre todos los presentes, brindando una pequeña dosis de destino de lo que estaba a punto de pasar; la batalla final estaba a la vuelta de la esquina, y ni siquiera tenían los números necesarios para poder combatirlo, el ejército del Señor Tenebroso no solamente estaba compuesto de mortifágos, tenía a su disposición toda clase de criaturas tenebrosas, bestias y dementores… era una realidad aterradora comprender la situación tan simple y llana, los oídos les zumbaban a todos, la primera en emitir una silaba fue Molly.
-Oh—tan simple y rotundo como eso, sus ojos la traicionaban momentáneamente derramando lagrimas involuntarias frente a todos, se llevó una mano a su pecho tratando de calmar su corazón y borrar esa expresión de terror de su rostro, pero nadie mostró un gesto ante aquello, sus cuatro hijos presentes se acercaron lentamente, teniendo un pequeño momento de intimidad en aquella sala tan repleta; sin embargo no salía palabra alguna que ellos pudiesen brindarle para intentar dar algo de paz a su madre, es decir, ¿qué se le puede decir a una madre que es consciente de la participación de sus hijos en esta guerra tan absurda?, la mayor parte de su familia formaban parte de la orden, y aquellos que aún no estaban inducidos, seguramente lo estarían para finales de este año, Ron seguiría a Harry hasta la muerte, al igual que Hermione, Ginny.
-Molly cariño—su esposo, siempre fiel y amoroso, en cuclillas frente a ella, colocando ambas manos en su rostro, mostrando esa misma resignación que ella portaba en su mirada, debían… tenían que poder sobrellevar esto.
Del otro lado de la habitación Narcissa Malfoy cuyo estoicismo había sorprendido a propios y extraños, emitió un bufido de enojo poco característico en ella llamando la atención de propios y extraños; la mujer no mostraba su frio e imperturbable rostro como de costumbre, junto a ella, Andrómeda Tonks mostraba una tormenta ensordecedora en sus ojos, el único umbral al interior de lo que realmente sucedía en la mente de las Black; tomaba fuerte la mano de su hermana menor entre la suya quizás el mayor gesto de cariño que se podía esperar de mujeres de su alcurnia.
Con una mirada determinada e inflexible enmarcando sus facciones, las expresiones de las hermanas Black asemejaban a la del Heredero de la Antigua y Noble Casa… sus expresiones eran ilegibles para quienes observaban, pero inspiraban temor para casi todos.
Sirius permanecía con la mirada fija en el retrato de su hermano que le saludaba, una antigua fotografía que daba un breve vistazo al ayer, a la relación tan unida que tenían antes de que ese bastardo y la locura de su madre le pasaran a su familia… le mostrarían a Voldemort porque la casa de los Black era tan temida y respetada, mostrarían porque su apellido era tan negro como la noche.
La ira que el maldito bastardo había logrado provocar en ellos era de proporciones bíblicas, por Régulus, por Alphard, por todo aquello bueno que había destrozado al contacto, por los años que le habían robado a Sirius, por la tortura que habían sufrido sus hijos a sus manos, por las muertes de Lily y James Potter, por los años de soledad de Remus, tendrían su venganza, la tomarían por su propia mano. Lo último que Voldemort gritará será el nombre de los Black.
Lucius y Marcus eran los únicos que sonreían, la locura brillando en los ojos azules del castaño atormentados por los fantasmas del ayer y del "hubiera". El único lugar donde la mente de Marcus Nott tenía silencio era en la batalla, en la fragua de esquivar maldiciones a diestra y siniestra, en el sudor de la adrenalina aperlando su frente, sabía como vencer a sus camaradas después de todo… una risa se escapó de su garganta helándole los huesos a quienes miraban con atención ese intercambio tan frío entre los mortifágos.
Orbes grises gélidos como glaciares mostraban un brillo particular, dotando a Lucius Malfoy de esa expresión dura y obscurecida por las atrocidades que seguramente había cometido, acompañó la risa de su amigo con una sonrisa de suficiencia, el momento que estaban esperando se acercaba. Severus Snape les lanzó una mirada de advertencia que no pasó desapercibida para nadie, la atmosfera del lugar se tensó un poco ante aquellas reacciones.
Escaparían una vez más a la muerte, la burlarían o se llevarían los cimientos con ellos en el proceso.
-¿Qué te divierte tanto Nott? —preguntó extrañado Remus Lupin que podía olfatear la adrenalina que emanaba de los hombres al final de la sala, era como si ansiaran la batalla, impregnaba sus fosas nasales despertando sus instintos más animales.
-Déjame contarte una historia divertida Lupin—la voz del aludido comenzó a elevarse llamando la atención de los presentes—la máscara de un mortifago tiene cierto nivel de representación un poco personal, no solamente son garigoleados bonitos en un material fino; es parte del pacto que aceptas cuando juras tu lealtad al señor Tenebroso; cada una de esas marcas en las máscaras se han añadido por las veces que hemos escapado a la muerte… morti, muerte; fagos, comer… somos los comedores de la muerte, no pretendo que lo entiendan, o que simpaticen con lo que les estoy diciendo, pero definitivamente es hilarante, jajajajajajajajajajajajajajajaja, saber que somos nosotros tres precisamente—hizo un ademan con su mano señalando a Lucius y Severus, mientras limpiaba las lágrimas de su rostro por la risa— seremos los que extinguiremos esa raza y agregaremos una última marca escapando de quien nos ungió, a nosotros y a nuestros padres, apuesto a que será la marca más hermosa eh Severus—
-Son unos monstruos—la voz de Molly Weasly no se dejó esperar, alzándose del sillón, señalándolos con un dedo índice acusador, todos observaban la escena perplejos por aquella confesión, nadie sabía que hacer o decir, la mirada perspicaz de Dumbledore seguía con fina atención al inestable hombre frente a él mientras lo dejaba sacar de su pecho lo que necesitaba realmente, su varita lista de ser necesaria.
-Lo se Weasly, se que soy un demonio, y honestamente no me importa—terminó diciendo con suficiencia el castaño que caminaba con una mirada delirante emitiendo aquella aura tan oscura—hay personas que no pueden ser salvadas y puedo vivir con eso, pero no olvides roja, sin nosotros seguirían en la nada, a oscuras, y seguramente con ninguna posibilidad de ganar la guerra—y cómo negarle aquello cuando estaban totalmente en lo cierto.
-Eso no justifica las atrocidades cometidas Marcus—dijo suavemente Andrómeda Tonks.
-Oh por favor, a estas alturas sentimentalismos, no les va, no cuando sabemos perfectamente bien que nosotros jamás dejaremos de ser unos, cuál era la expresión, unos malditos puristas, bueno déjenme aclarar algo: hay demonios que te inspiran a luchar Molly—escupió el nombre—y a estas alturas espero que no olvides el trato que hicimos Dumbledore, o lo que está en juego aquí, mi muchacho cumplirá al píe de la letra, cabalmente, lo que sea que le pidamos, al igual que Draco y Blaise… te han servido de carne de cañón al igual que Potter, o cualquier otro de tus preciados Gryffindors, simplemente se los advierto desde este momento y con toda la serenidad del mundo, incumplan su parte y créanme que la ira del Señor Tenebroso no tendrá comparación con lo que pueda hacerles… disfrutó bastante la cacería sobre todo la parte de desollar a mis presas, no habrá rincón o Madriguera donde puedan esconderse—la amenaza velada no pasó desapercibida para nadie, fue un trago amargo per a final de cuentas era el fino recordatorio de saber con quiénes estaban tratando.
Los cuatro muchachos presentes se pusieron frente a su madre inmediatamente, acción que provocó cierto nivel de gracia al castaño, que con estridentes carcajadas se burlaba de ellos. Era obvio para cualquiera que Marcus Nott había pasado peores situaciones y que los muchachos Weasley no representaban nada más que un aperitivo para él, por más talentosos que fuesen.
-Fue suficiente Marcus—la voz de Narcissa se alzó, tomándolo del hombro y sacándolo de aquel estado anímico que tanto mal le hacía.
-No, no Cissy; esto tiene que quedar claro, encontraremos el maldito Horrocrux, porque al parecer es bueno usarnos para el trabajo sucio donde su bendita moral no les deja ensuciarse las manos, lo acepto sin chistar porque sabemos el resultado final de esta alianza, seguiremos con cualquier parte del estúpido plan que se le ocurra al buen Director, haremos nuestra parte a la perfección, porque a diferencia de ellos no nos tentamos el corazón cuando se trata de una amenaza a los nuestros, así somos; pero quiero que tengan bien en claro lo siguiente: incumplan, maten este pacto… y yo los mataré doblemente, mi fidelidad reside con mi familia—
-El trato sigue en pie Marcus—la voz del director había perdido toda candidez o guiño particular—o acaso he hecho algo para provocar dudas, de ser así les ofrezco mis más sinceras disculpas; sin embargo, las amenazas son innecesarias e infructíferas—los ojos del anciano eran calculadores mientras medía al hombre frente a él—conozco perfectamente bien los términos de nuestro pacto Lucius, Marcus, Severus… Narcissa, y se perfectamente bien que esta alianza tiene una fecha de caducidad, no hay premura por recordarme, porque es mi trabajo saberlo—
-Siempre y cuando seamos claros Dumbledore—habló fieramente Lucius Malfoy por vez primera.
-Lo hemos sido durante todo el trayecto Lucius—replicó el anciano, mientras se quitaba sus gafas para limpiarlas un poco.
-Entonces tienen mi honor de que nuestra parte se cumplirá—
-¿El honor de un Malfoy? —escupió Sirius, vociferando el pensamiento generalizado de todos—¿cuánto vale? —dijo retóricamente.
-Y, sin embargo, lo tienen—finalizó Narcissa Malfoy con una mirada que no daba tela a seguir con aquella conversación.
Mientras tanto la mujer que había tenido la oportunidad de enseñar a todos los presentes se quedó en silencio y arrinconada en un lugar de la sala con vista favorable, todos y cada uno de ellos habían sido sus alumnos, sin excepción; no había intervenido en absoluto en aquel intercambio, porque sus ojos veían algo que ninguno de ellos lograba, era el miedo el que hablaba, estaban aterrados todos y con justa razón.
Conocía las fortalezas mágicas y debilidades de todos, sabía perfectamente bien de lo que eran capaces, y sin embargo Minerva se encontraba paralizada por primera vez en su vida del coraje, el enojo que la embargaban; que distinto hubiese sido todo de haber reaccionado correctamente la primera vez, de haber fortalecido la sociedad mágica con otro tipo de valores, un pensamiento utópico… pero la utopía te servía para seguir caminando de alguna manera.
Porque al observar a los adultos frente a ella, no podía evitar tener una regresión al pasado, una especie de visión nublaba su mente y los recuerdos la plagaban de inmediato.
Podía verlos… ver a los niños que habían sido en algún momento, recordar incluso ese brillo de perspicacia en Lucius Malfoy cuando levantaba su mano en clase para responder alguna pregunta, la risa estridente de Marcus Nott con ese dejo de arrogancia en su rostro; la luz en la mirada de Severus cuando observaba a Lily Evans a lo lejos… Lily, Marlene, Alice, Frank, Dorcas, Caradoc, Gideon, Fabian…
Sus ojos comenzaban a cristalizarse inevitablemente al ver a los únicos sobrevivientes de aquella generación hechos piltrafas, sombras del pasado que jamás cubrirían de todo el hoy, Sirius, oh Sirius, tan enfermo de soledad y rodeado por ese sarcasmo he inteligencia, como lo extrañaba, extrañaba al niño travieso con sonrisa angelical, capaz de ganarse su perdón de inmediato con un Minnie; y es que lo notaba en su mirada cada que veía a Harry, moría por ver una vez más a su amigo, jamás se les veía a uno sin el otro… James, un sollozo se escapó de su garganta, mientras sus avejentadas manos hacían fuertemente la repisa junto a ella, había sido una generación brillante para la casa de Godric Gryffindor la de ellos, quizás demasiado brillante; sin embargo el ruido de la discusión la regresaba a la actualidad, el reflejo y pecados de los padres que ahora serían pagados por niños… otra vez.
De pronto se sentía como una leona aterrada por proteger a sus críos y no sabía exactamente que hacer para solucionar aquello, eran niños, dieciséis años como máximo, nadie tiene porque enfrentar algo así a esa edad, absolutamente nadie, y sin embargo habría que hacerlo.
-Basta todos—alzo su voz haciendo gala de ese carácter temido por todos, y de inmediatos las voces se callaron.
Su viejo amigo le dirigió una sonrisa cómplice, la conocía demasiado bien.
-Lo siento Minerva, nos dejamos llevar—dijo el mago más grande de todos los tiempos como un niño regañado.
-Vas a revelar tu plan inmediatamente, Albus, para que esta noche pueda terminar y podamos retirarnos todos a buscar un poco de paz antes de la tempestad—
-¿Está listo el cuadro que te pedí, Minerva?—
-Me sorprende que dudes de mí—dijo la mujer con ese acento escocés que la caracterizaba—claro que está listo—
-¿Un cuadro Albus?—preguntó Sirius intentando seguir el hilo de todo esto.
-Así es Sirius, todos los directores de Hogwarts tienen uno—
-Todos los Directores que han fallecido tienen uno—puntualizó Remus Lupin mientras abría sus ojos un poco más grandes.
-Bueno, si supongo que tienes razón—dijo con toda la tranquilidad del mundo.
-¿Estás planeando morir en los próximos días Albus?—pregunto sarcásticamente el licántropo.
-Lo estoy planeando para dentro de dos días de hecho—finalizó con total franqueza.
La orden entera guardó silencio como esperando a que dijeran "es broma", para después despertar un bullicio seguido de "¿Qué?, ¿cómo?, ¿esto es de verdad?, ¿vas en serio?", los únicos que permanecían en silencio y en completa pasividad eran los Mortifagos y desde luego Alastor.
-Por favor Albus, dime que no planeas seguir con esa locura, si Voldemort te cree muerto, intentará apoderarse de Hogwarts inmediatamente—dijo Molly en un hilo de voz con total preocupación.
-Si Voldemort me cree muerto Molly, comenzará a actuar de manera más descuidada, verás existe algo bastante cierto en la leyenda que el tiempo le ha forjado a Tom, el único hombre al que le teme es a mí, si me piensa como un obstáculo menos, su primer objetivo será el Ministerio, no Hogwarts, porque créelo, Minerva hará el castillo impenetrable, los terrenos se han estado preparando con antelación para sobrevivir un ataque a gran escala, las barreras han sido fortificadas de manera periódica—
-Pero el Ministerio no sabe nada, Albus—dijo alarmado Arthur, mientras su rostro se mostraba cansado, como quien intentase digerir información y no lograra por completo captar todo. Y cómo sí hablar del Ministerio fuese un augurio que representaba la antesala de algo mayor.
En ese momento una última llamarada se prendió en la chimenea y todos los presentes apuntaron sus varitas a quien salía, llevándose una de las sorpresas más grandes de la noche, los últimos integrantes de la orden se presentaban.
Dora y Kingsley, estaban acompañados por nada más y nada menos que el Ministro de Magia en persona, no pasó desapercibido para Sirius que el grupo de Mortifagos permanecía imperturbables, ellos sabían perfectamente bien que esto era el paso siguiente, y no podía evitar sentirse herido, aunque lo entendía, sabía que era su naturaleza impulsiva la que le habían restado puntos de confianza.
-¿Cuáles fueron las últimas palabras que te dirigí en la oficina el viernes pasado?—preguntó Alastor Moody a su aurora preferida, mientras la chica adquiría un color arena en su melena similar al de su esposo.
-"Cuídate niña, eres valiosa para la Orden"—dijo con total seriedad la metamorofomaga.
-¿Qué forma tiene tu Patronus?—preguntó Remus al moreno que traía la pinta de necesitar dormir un poco.
-Es un Lince—
Albus Dumbledore se colocó al frente de todos, mientras solicitaba que bajar sus varitas con un ademán.
-Identifícate, por favor—dijo el director mientras observaba al hombre con aspecto de un león viejo, su melena lo cubría hasta los hombros, y sus centelleantes ojos delataban su astucia e inteligencia, rodeados de arrugas que lo dotaban de la experiencia que solamente los años pueden dar; un verde esmeralda miraba a todos los presentes midiendo las posibilidades de lo que estaba por acontecer.
-Rufus Scrimgeour, actual Primer Ministro de Magia, ex jefe del departamento de Aurores, y actualmente su mejor aliado si piensan salir vivos de la batalla—su voz tenía un tinte profundo, ronco, como un rugido que impone su presencia.
-¿Qué está pasando Albus?—preguntó desorientada Minerva McGonagall.
-Estamos pactando con el Ministerio—dijo el director con tranquilidad.
-El Ministerio está infiltrado—rugió con furia Sirius.
Acto seguido a esto el hombre frente a ellos levanto ambas mangas de su traje mostrando su piel limpia, demostrando porqué estaba ahí. Rufus Scrimgeour no se andaba con juegos, y deseaba que esta guerra terminase bajo su mandato, y que terminase de manera favorable para ellos.
-No soy estúpido Black, si mal no recuerdo fui yo quien los reclutó a ti y a Potter, así que sabes perfectamente bien cuál es mi modo de trabajar; tengo bien identificados a los funcionarios que trabajan bajo la influencia del imperio, todo gracias a los señores Malfoy y Nott, y se les ha colocado un rastreador en sus varitas, tengan por seguro que sé que movimientos se están realizando bajo mis narices; de igual forma, se perfectamente bien quienes están marcados, una vez más todo gracias a Malfoy y Nott, ahora respecto a quienes son fieles por voluntad propia, no podemos hacer otra cosa más que esperar el momento adecuado para atacar, la mayor parte de la burocracia en el ministerio está corrupta, sin embargo en el departamento de aurores tenemos a una gran cantidad de fieles listos para luchar—
-Esto debe de tener más de dos meses de planeación—siseo Remus para sus adentros, mientras miraba a Sirius a los ojos, los amigos portaban la misma expresión "¿qué más no nos están diciendo?".
-Realmente esto tiene tres semanas de planeación, pero te sorprenderías Black de lo que puede suceder, cuando la gente hace lo que le corresponde, ahora estoy aquí por dos cosas, la primera es asegurarles que la labor titánica de mi parte no ha terminado, y que mi círculo de confianza se comprende únicamente de estas dos personas a mi lado, y la segunda es para entregarte esto Sirius—
Todos los presentes miraron el pergamino oficial con el sello del Ministerio, con la misma pregunta rondando sus mentes "¿Será posible?", un dejo de luz al final del camino se abría en los pechos de todos los presentes y la esperanza de lo que eso representaba.
-Vamos Sirius, ábrelo—lo urgió Fred.
-Anda Canuto—lo vitoreaba George.
El animago abría el pergamino que le era entregado de las manos del Primer Ministro, con manos visiblemente temblorosas, inmediatamente Remus estaba a su lado tomándolo del hombro y brindándole el soporte que necesitaba; las miradas de sus primas fijas en él, Sirius ocuparía el lugar que le correspondía.
Mientras sus ojos se cristalizaban, se paseaban una y otra vez por esas palabras que desde hacía más de quince años esperaba, sentándose de inmediato porque sus piernas le fallaban, no creyendo lo que esto representaba para él, para Harry, un gemido se escapó de su garganta siendo imposible poder controlarlo, podría restituir muchas cosas, le podría dar el hogar que él merecía por fin.
Remus le quitó el pergamino, mientras Kreackcher se aparecía en el umbral de la sala, ansioso por escuchar lo que todos, el licántropo leyó en voz alta para todos:
"A nombre de la Sociedad Mágica de Gran Bretaña, los titulares de los tres poderes presentes: Rufus Scrimgeour, Primer Ministro; Maphalda Hopkins, Secretaria Ejecutiva de la Junta de Gobierno del Wizengamot, Augusta Longhbottom representante de los sagrados veintiocho, y Albus Precival Wulfric Bryan Dumbledore, Gran hechicero, y Jefe de Magos del Wizengamot, presentes.
La oficina del Ministro de Magia hace sabedor a todo aquel interesado que por medio del presente y en amparo a la Ley Punitiva de la sociedad mágica de Gran Bretaña se le otorga el presente Indulto al ciudadano Sirius Orión Black III, siendo 31 de Octubre de 1996, a las 01:43 horas de la mañana, se toma lista a los presentes legisladores configurando el cuórum suficiente para que el pleno de este órgano jurisdiccional de fe y legalidad del acto a llevar.
Sus derechos mágicos, hereditarios, políticos y ciudadanos son restituidos inmediatamente, de igual forma la silla que por estirpe y derecho le corresponde como heredero de la familia Black en el Wizengamot
Este Ministerio es sabedor de la falta del debido proceso en su enjuiciamiento y posterior encarcelamiento el 31 de octubre de 1981, siendo incriminado injustamente y de forma inquisitiva, no respetando los principios de presunción de inocencia, cometiendo graves violaciones a sus derechos, por lo anteriormente expuesto se declara al Lord Sirius Orión Black III
Libre e inocente de toda culpa"
Todos los presentes se abrazaron, un atisbo de felicidad presente en las miradas de todos, Remus levantaba a su amigo del asiento y lo abrazaba sonoramente, los gemelos vitoreaban y aullaban a forma de celebración, en la oscuridad un pequeño elfo domestico se limpiaba lágrimas de felicidad por su amo.
-Sirius, quiero pedirte una disculpa por la tardanza que esto ha representado viejo amigo, los tiempos burocráticos y políticos son terriblemente lentos, cuando el Ministro esta en tu contra y tiene delirios de un golpe de estado, cosa que sucedió lamentablemente durante dos años enteros con Cornelius—dijo Albus con ojos brillosos—sin embargo, Sirius—pero el anciano director se vio interrumpido por el aludido.
-Sé que esto tiene un costo Albus, no tienes que decírmelo, está implícito en el escrito—soltó de manera reflexiva Sirius—tengo que ocupar mi silla en el Wizengamot, tengo que ocupar el lugar que me corresponde como Patriarca, hacer el ritual de reconocimiento en la antigua mansión Nigrus—
-Así es—
-Me necesitas en la silla de legislación y ocupando enteramente lo que representa el poder de mi familia Albus, ¿por qué?—
-Porque con el poder suficiente, lograremos ungir a Minerva como directora de Hogwarts, tu familia tiene una silla en la mesa de gobernadores del colegio, además de que el poder de los Black se extiende hasta las raíces de éste mundo mágico y sus leyes más antiguas, necesitamos ese poder, Harry te necesita—
-No utilices a mi muchacho en esto Albus—lo apuntó con un dedo acusador, sus ojos grises enfurecidos—no me creas ignorante al juego que esto representa, sé que solamente soy una pieza más en tu tablero de ajedrez, y me voy a prestar hasta que eso le sea benéfico a mi familia y a mí—
-He perdido tu confianza Sirius—afirmó de forma compungida y triste.
-Claro que no Albus—lo dijo con una sonrisa que irónicamente lo único que representaba era tristeza—confío en ti viejo amigo, solamente no pondría mi vida o la de mi muchacho en tus manos, espero y lo entiendas, ahora te veo realmente—
-Claro que sí, lo entiendo—
-Andrómeda, Narcisa, me acompañaran para atestiguar el ritual—al escuchar la voz del Patriarca de su casa ambas inflaron un poco más su pecho con el orgullo de lo que esto representaba para su antigua casa, asintieron inmediatamente con su cabeza—Kreackcher—la voz de Sirius retumbó.
-Dígame Lord Black—el elfo apareció con un brillo especial en sus ojos, reverenciando fervientemente a su amo, su nariz casi pegando su nariz al suelo.
-Iras a la mansión Nigrus—la voz se le entrecortaba—prepararás todo para la unción de un nuevo patriarca, atestiguan Cissy y Andrómeda—jamás pensó que volvería a esa mansión, y que ocuparía ese lugar; cuando tenía quince años y había huido para no volver, jamás cruzó por su cabeza que la vida lo obligaría a base de necesidad, a tomar aquello que por estirpe le correspondía.
Decir que se sentía contrariado era poco, sin embargo un pensamiento solitario surcó su cabeza después de todo aquel debate interno, podría hacer las cosas bien y levantar el nombre de su familia.
-Claro amo—soltó el elfo fervientemente—cuáles son las órdenes del amo si Kreackcher encuentra otros elfos en la mansión—
-De haber más elfos en la mansión, la magia de este documento será suficiente para el vínculo mágico—le entregó el pergamino con el indulto al elfo—de así quererlo, los elfos presentes son bienvenidos a quedarse, quiero que todo esté listo para recibir a Harry, el cuartel general permanecerá en Grimmauld Place, es mi deseo que la mansión permanezca bajo el Fidelius, yo decidiré quien entra y sale—con sus órdenes el elfo se marchó a preparar todo lo que su amo le había solicitado, que no era tarea sencilla.
-Ha hablado un verdadero Patriarca—dijo Narcissa con una pequeña sonrisa adornando sus labios, se acercó a su primo metiendo la mano en su clotch una vez más, en su delicada mano encerrado, el anillo que había sido de su padre Orion, y al cual había renunciado aquella fatídica noche, lo creía perdido con Regúlus, y ahora, aquí estaba frente a él.
-¿Cómo?, ¿qué?, ¿Por qué lo tienes tú?—las palabras se atragantaban en su garganta, sus ojos desorbitados de emoción mientras miraba a la rubia frente a él, la misma mirada de emoción contenida apenas.
-Regúlus me lo confió antes de morir, y creo que es el momento de que regrese a su dueño original—dijo con total franqueza.
-Albus—dijo Sirius dándole el piso al director para que hablara una vez más, mientras se colocaba el anillo en su dedo anular izquierdo; adornado hermosamente con la cresta de los Black engarzando un diamante negro, sintiendo la magia vinculante de manera inmediata.
-Como bien sabemos el ministerio esta infiltrado, sin embargo, existen fieles a nuestra causa que dentro de poco serán inducidos dentro de la orden, para el mundo quien quedará a cargo de la Orden del Fénix será mi hermano Abeforth Dumbledore, él está al tanto de todo el curso de acción a seguir, y será únicamente mediante él que podré ser contactado; ahora requiero una última misión de ustedes antes de que tenga que morir para el mundo entero y pasar al anonimato durante algún tiempo… serán meses difíciles, y no pueden dudar unos de los otros, a pesar de las diferencias que puedan existir entre nosotros, somos nosotros, los presentes en este cuarto; la única esperanza que tiene el mundo mágico—
El peso de aquellas palabras se asentaba en las almas de cada uno de manera distinta, con mirada inquieta repasaban a todos los individuos en la habitación midiéndose.
-Tienen nuestra palabra—dijo Lucius Malfoy, mientras miraba con seriedad a todos.
-Hagrid ha tenido éxito en el parlei con los gigantes—informó Dumbledore a todos—ha encontrado un grupo de rebeldes, por lo que contaremos con algunos aliados de su parte, de igual forma las sirenas se encuentran de nuestro lado, su líder, Mihlruil, ha concedido las voces y armas de su pueblo para la batalla—
-No estamos ni cerca de poder contar con los números suficientes—soltó Charly haciendo las matemáticas en su cabeza, podrían contener el fuerte, pero perderían—puedo ir a ver si contamos con los rumanos en esto—ofreció inmediatamente.
-Gracias Charly, eso será de mucha ayuda—asintió el director, y sin más el fornido pelirrojo emprendió su camino, dedicándole una última mirada a su familia.
-Nosotros podemos contactar con Oliver Wood, no nos vendría mal una defensa aérea—concluyó Fred
-Y Merlín sabe que él es el mejor—completó George.
-La liga de Quidditch será un buen lugar para iniciar—meditó durante algunos momentos el anciano director—y creo que existen algunos aliados en Durmstrang que nos podrían ayudar—miró a los Mortifagos buscando algún tipo de confirmación.
Sin mediar mayor palabra los gemelos se colocaron sus capas de invisibilidad y salieron por la puerta de en frente para después desaparecer, Molly se encontraba haciendo fuertemente la mano a su esposo, mientras trataba de aceptar lo que sucedía, reconciliar la idea del hecho que sus hijos se había vuelto soldados en una guerra que estaba a punto de estallar.
-Si te refieres a Karkarov, está muerto—soltó abruptamente Marcus Nott—yo me encargué personalmente de finalizarlo—
Una vez más el silencio reinó en la sala ante aquellas palabras. Mientras que la atenta mirada de Rufus Scrimgeour guardaba cada uno de los sucesos, a su lado Kingsley Shacklebolt, con la misma expresión seria, sin embargo su pecho se inflaba con orgullo se saber que la causa por fin veía una luz al final del camino.
-Puedo buscar aliados entre los rompedores de maldiciones, no nos vendrían mal, la mayoría son buenos duelistas y letrados en maleficios que hoy día ya no se enseñan—ofreció Bill, mientras se retiraba y le besaba la mano a su madre.
-Gracias Bill—asintió el director que se sentía un poco abrumado por aquella respuesta por parte de sus camaradas.
-Puedo buscar aliados en Durmstrang, seré cuidadoso, los vampiros no se van a inmiscuir en asuntos de humanos, lo dejaron claro la última vez que el Señor Tenebroso envió una misiva y únicamente regresé yo con vida—los ojos azules de Marcus buscaban en los de Severus y Lucius para mayores ideas.
-Rusia quizás pudiese ser una buena opción—aportó Severus mientras buscaba confirmación en Lucius que asentía levemente con la cabeza.
-Todos sabemos que los rusos repudian al Señor Tenebroso—finalizó Lucius
-Nosotros buscaremos aliados en Francia—soltó Narcisa que tomaba fuertemente la mano de Lucius—podemos enviar a Andrómeda en nuestro nombre; el nombre Malfoy tiene mucho peso en la alta sociedad y antiguos revolucionarios—
-Una vez que este restaurada en el árbol de la familia Black—finalizó Sirius—no podemos enviarla sin ningún tipo de apoyo, Andrómeda representara a nuestras casa unidas, el ritual tendrá que hacerse de manera inmediata, el Wizengamot sesionará el martes, un día después de la supuesta muerte de Albus—
-Lo que ordene Patriarca—la aludida inclinó su cabeza mientras miraba a su familia, los ojos de todos llenos de orgullo y preocupación, sin embargo podían ver la luz al final del túnel, solamente tenían que sobrepasar estas horas inciertas.
De pronto todo comenzaba a tomar forma y había posibilidades de hacer frente a lo que se avecinaba, todo eran posibilidades lejanas, pero el fervor con el que actuaban gritaba por sí mismo, había esperanza.
-Bien, tienen dos días antes de que tenga que morir para el mundo entero—asintió el director sorprendiéndose por lo que estaban a punto de lograr, nostalgia tomando lugar en sus facciones—gracias, quiero agradecerles a todos—
-No termines de agradecernos hasta traer aliados Dumbledore—soltó bruscamente Marcus Nott—voy a Notthem, a reabastecerme y después me gustaría despedirme de mi hijo, Severus; darle las últimas instrucciones—
-Puedes entrar por mi oficina—dijo el aludido—¿qué le dirás al Señor Tenebroso?—
-Que voy siguiendo la pista de un grupo de vampiros rebeldes dispuestos a unirse a la causa, me comprará por lo menos tres días—
-Bien—dijo el director mientras se acercaba a Marcus y le daba una pluma de Fénix—muéstrale esto a Ivanov, te dará acceso al grupo de intelectuales del que él forma parte—
-Puedo intentar hablar con las jaurías—soltó Remus al aire.
-Eres un lobo solitario Lupin—soltó Severus, puntualizando lo absurdo de lo que aquello representaría—tendrías más suerte hablando con los centauros, que con una jauría de lobos que de momento se encuentra reestableciendo el orden del alfa caído—
-Muy bien hablaré con los centauros—
-Estaba siendo sarcástico—abrió los ojos de manera desorbitada—no creo que se inmiscuyan—
-Firenze me debe un favor—dijo Remus como que no quiere la cosa—estoy seguro que ayudaran—
-Solamente si estás seguro—advirtió Dumbledore. Habiendo dicho esto los Lupin se retiraron seguidos de los Tonks.
Poco a poco los presentes comenzaban a retirarse con sus misiones designadas, o auto asignadas.
-Minerva—
-Yo hablaré con Hermione, Albus—
Al escuchar el nombre del objeto de afecto de su hijo Narcissa Malfoy levantó la mirada inmediatamente, al igual que Molly Weasley que saltó del sillón automáticamente.
-¿Qué sucede con Hermione?—
-¿Qué sucede con la señorita Granger?—
Preguntaron ambas mujeres de manera simultánea. Fue Kingsley quien respondió la pregunta de las señoras.
-Nuestra inteligencia nos dice que sus padres están siendo perseguidos, son un blanco fácil, y tememos fuentes que afirman que Voldemort quiera utilizarles como un medio para un fin—
-El señor Tenebroso toma placer en ese tipo de acciones, el único modo de salvar a los muggles sería borrar sus memorias de plano—ofreció Lucius Malfoy que asentía la cabeza con entendimiento.
- ¡No pueden pedirle a Hermione que haga eso le partiría el alma!—exclamó Molly Weasley, de manera alarmada.
-Es peor vivir con la culpa de saber que pudiste haber hecho otra cosa—dijo de manera contundente Severus Snape.
-Minerva—la mujer pelirroja miraba a la Maestra de Transformaciones apelando a su razón, sus manos implorantes y su mirada entristecida de tan solo imaginar lo que Hermione tendría que hacer—seguro hay más opciones—
-Lo siento Molly, pero apoyo a Albus con esto, Hermione sabe demasiado, y es invaluable para Harry y la causa, no podemos dejar cabos sueltos—finalizó con tristeza.
-Es que son solo niños—terminó de romperse—son solamente unos pequeños, con todo su futuro por delante—
-Y estamos haciendo lo necesario para salvaguardar ese futuro—le contestó Minerva—sin embargo se requieren sacrificios en pos de un bien mayor—
Sin decir nada más Kingsley y el Primer Ministro se retiraron, el último dedicándole una significativa mirada a Sirius.
-Harry no soportará el enterarse de tu muerte—dijo Sirius al director.
-Tendrá que sufrirla solamente unos momentos, lo suficiente para que sea creíble Sirius—la mirada del director lejana, y entristecida por tener que provocarle un dolor tan profundo al muchacho, cuando apenas el año pasado había estado a punto de perder a su padrino.
-Los muchachos están listos, cada uno sabe lo que tendrá que hacer, están perfectamente bien cronometrados—terminó diciendo Severus Snape.
-El golem está listo—terminó de decir Minerva.
-Un golem, me sorprendes Minie—dijo de manera cadenciosa Sirius, robándole una sonrisa a la profesora.
-No entiendo de que te sorprendes niño, fui yo quien te enseñó— le respondió la mujer
-Así que utilizaran un golem para suplantarte al momento de tu muerte, básico, inteligente e insospechable—terminó diciendo Lucius.
-Fuiste tú quien lo sugirió Lucius—respondió Dumbledore
-Un plan por demás inteligente—asintiendo su rubia melena—nos retiramos—
-Malfoy—asintió su cabeza.
-Lord Black—dijo de manera sarcástica y pedante, con una sonrisa que apenas se marcaba en la comisura de sus labios.
Cuando Sirius y Dumbledore se encontraron solos, fueron las últimas palabras que salieron de Sirius las que brindaron finalidad a todo aquello, una especie de resignación a lo que estaba por suceder.
-Lo demás le corresponde a Harry—
-Así es, lo demás le corresponde a Harry—contestó Dumbledore.
…..
Hogwarts, el salón del quinto piso, 3:00 a.m.
Ginny no esperaba encontrarlo ahí, lo había visto surcar su camino algunas veces, y se lo había topado directamente en tres ocasiones, pero no podía darle la respuesta que él esperaba o necesitaba.
Estaban rotos, y por demás decirse, que, después de lo que había transpirado aquella noche la confianza quedaría de la misma manera, sin embargo esperaba que su Patronus lo encontrara en la soledad de su dormitorio, no sabía exactamente qué le diría ni como terminaría aquello, pero necesitaba hablar con él, necesitaba verlo, sobre todo después de las palabras de Ronald.
-Solía tener un caballo sumamente parecido a tu Patronus, hermosa criatura—su voz la sorprendió por completo, logrando que brincara al momento de escucharle, soltando un pequeño alarido, y arrancándole una sonrisa en el acto al moreno.
-Me asustaste—dioses el hombre era toda una visión para sus ojos, lo extrañaba, lo extrañaba demasiado.
-Lo siento Ginebra—la miraba con dolor presente en sus hermoso ojos verdes en forma de avellana, su rostro se veía cansado y con falta de sueño.
-No has dormido bien—soltó la joven.
-Es que tengo un problema—
-¿Qué problema?—
-Estoy enamorado, y mi amada me roba el aliento, mis suspiros y hasta el sueño—dijo con total franqueza, mientras un sentimiento similar al anhelo tomaba lugar en sus ojos, Ginny conocía muy bien esa mirada, pero no podía permitirse flaquear o claudicar, tenían que zanjar muchas cosas antes de que esto terminase, con ella enredada en sus brazos.
-Blaise—
-Dime que me amas como yo a ti y te juro que no importará un carajo lo que pueda suceder—rogó desde el fondo de su alma el moreno mientras se acercaba con pesado andar a ella, conforme se acercaba Ginny lograba divisar que se encontraba desalineado, cosa que no era común en él.
Su traje estaba mal puesto, y su pelo no estaba cortado como de costumbre, sus chinos cerrados comenzaban a provocarle un tipo de afro que no le sentaba mal, tenía un poco de barba crecida y había bolsas debajo de sus ojos.
-Es más complicado que eso—odiaba sentirla tan lejana a pesar de tenerla frente a él.
-Explícame—el tono de súplica una vez más haciéndose presente.
Los ojos de Ginny derramaban lagrimas que ni siquiera se había dado cuenta que se habían formado; se llevó una mano a su rostro para intentar limpiarlo, pero terminó de romperse en el acto cuando lo vio, como si de un espejo se tratase, lo veía a él derramar lágrimas por igual.
-Mi familia jamás lo aceptaría—dijo débilmente
-Me los ganaré—la finalidad y la confianza en aquellas palabras eran impresionantes.
-Me siento traicionada Blaise—gritó casi de forma histérica—levantaste tu varita en mi contra, jamás me dijiste la verdad, me mentiste, cómo sé que no me estabas utilizando para ganar información—
-Para ahí un momento—era la primera vez que él le levantaba la voz—se te ha ocurrido quizás en esa hermosa cabecita tuya que no todo gire en torno a ti mi amor, lo nuestro fue algo fortuito Ginebra, fue en común acuerdo y jamás te obligué a nada que no quisieras, no te voy a mentir, primero te vi como una distracción, una distracción de mi maldita realidad tan enervante, después te convertiste en algo más, algo completamente nuevo, o acaso creías que planeaba enamorarme, claro que no es algo que se planee, simplemente pasa, y me paso, mierda me enamoré hasta la medula de ti y no crees que merezca si quiera la oportunidad de explicarme, lo que quiero es que reconozcas Ginny, me dejaste entrar en tu vida—
-Y ese es el maldito problema Blaise—contratacó ella—el problema es que te dejé entrar en mi vida de la manera más irresponsable, que deje que tus palabras y acciones me hicieran caer por ti, pero mi familia está de por medio, esta soy yo tratando de darte una maldita oportunidad de explicarte—
-Yo no represento un peligro para tu familia, entiéndelo, no puedo decirte mucho no ahora—
-Eres un mortifago Blaise—
-No sabes todo Ginny—
-¿Qué más hay que saber?—soltó la pelirroja mientras cruzaba sus brazos y le daba la espalda.
-Todo Ginny, queda todo por saber y ni siquiera te das la oportunidad de hacerlo, las cosas no son blanco o negro amor, hay matices en medio de todo eso—
-No te pongas filosófico conmigo Blaise Zabinni—lo retó con un dedo, pero no la dejó terminar la frase, la tomó de la mano, y la acercó de manera demandante a su cuerpo, tomándola entre sus brazos y robándole ese tan anhelado beso, de forma salvaje y avasallante.
Pensó que lo rechazaría, que le daría una bofetada por tremendo atrevimiento, pero al parecer el dolor de la separación pudo más, y le respondió de igual manera, con todo y la batalla de emociones que se desenfrenaban en su interior, lo beso con todo lo que tenía.
Poco a poco y a tientas la arrinconó contra la pared, alzándola entre sus brazos, sintiendo electricidad recórrele por completo, Merlín, como la había extrañado, uno de sus brazos la alzó, colocándolo por debajo de sus muslos, a lo que ella respondió instintivamente apresándolo con sus piernas, su otra mano ocupada, enterrada en esa melena de fuego que tanto adoraba.
Eran demasiados días sin tenerla a su lado, era demasiado el deseo acumulado, sintió como las manos de ella dejaron de aferrarle las solapas del mal puesto traje y comenzaba a arrebatárselo, la ropa les estorbaba.
Se soltaron momentáneamente; jamás dejando de mirarse a los ojos sus expresiones similares, el deseo y necesidad podían más en cuestión de segundos estaban desnudos uno frente al otro, como si de dos depredadores en lucha se tratase.
Comenzaron a devorarse con fervor y necesidad, no sabían si esto duraría más allá de esta noche, pero se lo merecían, merecían esto, estos besos, esa sensación tan sublime de su piel contra la suya, sus manos eran todo lo que Ginny sabía, sus besos marcaban cada parte expuesta y al alcance para él, sus respiraciones eran entrecortadas y necesitadas. La beso de forma demandante, exigiéndole aquí y ahora su pensamiento, se presencia en todos los sentidos. Una mano se enterró en su melena y la haló de forma dura y dominante, haciéndola fijar su mirada en esos orbes depredadores.
-Pídemelo—le exigió. No era necesario que explicara más, sabía perfectamente bien a lo que se refería.
-Hazme el amor—susurró, mientras se mordía los labios de manera cadenciosa, los ojos de su amado centellearon con triunfo en ellos, colocó ambas manos en sus muslos y la alzó, colocando su espalda desnuda en la fría pared, y enterrándose entre sus pliegues en una estocada limpia, arrancándole un gemido de placer y dolor.
-Te amo—soltó entre respiraciones y besos—no tienes idea alguna de cuanto te amo—su ritmo era imperdonable, no le daría tregua, lo conocía bien y esto apenas era el inicio de su larga e interminable noche.
-Blaise— de su boca salía su nombre como una plegaria, sus uñas enterradas en los hombros sudorosos de quien era su todo y la nada, sus ojos en blanco a punto de alcanzar el primer clímax de la noche.
-Mírame—le ordenó mientras sus embestidas adquirían un ritmo brutal, sus manos aferradas a sus muslos como si su vida dependiera de ello, dejaría una marca seguramente.
El único sonido ahora eran el de sus cuerpos chocando, y sus respiraciones entre mezcladas
—Estas tan húmeda mi amor, es esto para mí, por mí, porqué te niegas Ginebra—su voz salía de manera demandante.
-Te amo Blaise—como si a base de embestidas le hubiese arrancado esa confesión de sus labios, una sonrisa de triunfo se dibujó en el rostro del moreno, sin embargo no la dejaría alcanzar el éxtasis, no aún.
La llevó hasta el escritorio en brazos, y la desplegó de manera que pudiese tener para su vista y deleite su figura desnuda, se aferró a sus piernas y fijo un ritmo enloquecedor que se encargaría de llevarlos a alcanzar las estrellas, juntos.
-También te amo mi amor—su voz era acelerada y con falta de aliento, faltaba poco, estaban a nada de caer por el precipicio.
-Ah, Blaise—la sintió contraerse a su alrededor y eso fue suficiente para unírsele en el abismo, se dejó ir por completo, mientras su mirada se fijaba en la hermosa imagen frente a él, su amada retorciéndose de placer por él… para él.
Las respiraciones de ambos eran agitadas, intentando recuperar el aliento después de eso, sus vistas fijas en sus rostros aperlados por el sudor que recorría sus frentes.
-Dime que esto no es una despedida Ginny—le suplicó.
-Blaise, yo—
-Mierda, jamás pensé que podrías ser tan cruel—se alejó de ella poniendo sus manos en su rostro.
-Por favor entiéndeme—
-De verdad trato Ginny, pero el problema es que siempre hay una opción, y tu ni siquiera me la diste—
-Blaise, tengo miedo—la confesión de la joven lo tomó por sorpresa—es acaso tan difícil de entender, estoy aterrada por lo que implica ser un mortifago, sé que tienes que matar a alguien para probarte a ti mismo y recibir la marca Blaise, qué opción le diste a la persona que asesinaste—eso se había sentido peor que una bofetada.
-Ni siquiera sabes las circunstancias en las que entre Ginny, porque con uno y mil demonios no me has dado la maldita oportunidad de explicarme—gritó con frustración golpeando la pared.
Sintió unas manos delicadas en su espalda, que le pedían que volteara lentamente, esas manos y su dueña eran su perdición, poco a poco volteó a verla.
-Tal parece ser que el llanto no termina esta noche—soltó con total franqueza la pelirroja.
-Solamente tú me puedes destruir o salvar mi amor, con unas cuantas palabras tuyas bastaran, pero el problema es que no dices más—
-Perdóname Blaise, lo menos que quería era lastimarte—
-Perdóname tú a mí, porque no te puedo dejar ir maldita sea, no puedo—la tomó entre sus brazos, enterrando su rostro en su cuello en un fallido intento de cubrir las lágrimas que salían a raudales de él.
-Explícame—
-Te lo explicaré todo en una semana más, en el cuartel general—
-¿Cómo sabes del cuartel general?—los ojos de la chica bien abiertos, pero de alguna manera aferrándose a aquel calor que emanaba del centro de su corazón, ese calor le gritaba "confía, confía".
-Sé que pido demasiado, pero no puedo decirte más o te pondría en peligro, podrías confiar en mí—algo en sus ojos, en su expresión tan vulnerable le hacía creer que podía confiar en él, que debía confiar en él.
Pero necesitaba hacer las preguntas de lo contrario se volvería loca y no pararía de recriminarse si algo le sucedía a su familia por su culpa.
-¿Por qué te uniste a los Mortifagos?—
-Por un voto de amistad Ginny—
-¿Prometes que me lo dirás todo sin excepción?—
-Todo amor, te lo diré todo, solo prométeme algo a cambio—
-Malditos Slytherin—murmuró la joven por lo bajo, arrancándole una sonrisa a Blaise.
-Prométeme que sin importar lo que suceda te aferraras a esta promesa que te hago hoy, hay una explicación para todo, y quizás las apariencias te dirán que no confíes en mí, pero vas a recordar esta promesa, este momento, estas palabras, y sabrás que mi amor por ti no tiene límite alguno, que vives en mis labios, que te tengo marcada en mi alma y mi corazón y que siempre estás en mi mente, que tengo una oportunidad de redención y que la he tomado por ti, para ti, para ser digno de ti—
-Te lo prometo—
-Siempre, Ginebra—
La tomó entre sus brazos con la promesa de lo que eso implicaba, su miembro erecto y palpitante una vez más, poniéndola de frente contra la pared, sus manos aferradas fuertemente a su cintura, mientras mordía su hombro y entraba en ella una vez más.
-Siempre Blaise—
…
Hogwarts, Torre de Ravenclaw, Sótano. Faltan 48 horas para el inicio del plan.
El despertar en dormitorio había sido algo bizarro; después de mucho tiempo nadie había tenido pesadillas, o se había dormido con lágrimas en los ojos, y Theo había visto una sonrisa en Blaise, había recuperado parte de esa antigua chispa y sarcasmo tan característicos en él. Bien por lo menos la roja ya había accedido a hablar con él.
-Estamos bien—era todo lo que había dicho, y algo parecido a la esperanza había brillado en sus ojos. Era todo lo que Theo necesitaba saber, le daba gusto que por lo menos el martirio que estaban pasando valía la pena para cada uno de ellos.
Era obvio que Draco estaba más que bien con Granger, habían creado una especia de medallones donde intercambiaban mensajes todos los benditos minutos de todo el bendito día… se lo merecía. Las expresiones que ese medallón le robaba al rubio eran invaluables, jamás lo había visto mirar con tanto amor un cachivache.
Y bueno estaba él, si había algo que Theodore había descubierto después de su transformación, es que lo único que lograba callar la voz de Vill en su interior era la presencia de Luna. El vínculo mágico que habían desarrollado, después de haberla marcado como su hembra era sumamente fuerte, alimentando un lazo indestructible entre ambos, sin embargo no era suficiente para mantener a la otra personalidad al margen.
El amor que Luna sentía por él, por ambos, era abrumador, y en ocasiones de no ser por el constante zumbido presente de la magia de la rubia en él, en su alma; creería que simplemente todo aquello había sido nada más que un sueño.
Pero este tipo de vínculo mágico tenía como fin, entre otros, la confianza plena, y eso era lo que sucedía, se sentía completo de una manera que antes no lograba comprender, porque, ni siquiera sabía que estaba incompleto, pero la magia de Luna había entrado como un viento proveniente del norte, refrescante, juguetón.
Su esencia había llegado para sanar cualquier grieta o fisura en su interior, lo había fortalecido a niveles impensables, sus impulsos se habían reducido impresionantemente, solamente faltaba comprender hasta qué punto estaban unidos sus centros mágicos, y que tanto los beneficiaba en batalla.
Por lo pronto sabía perfectamente bien que su vínculo funcionaba como una especie de brújula capaz de encontrarla en todo momento y lugar sin importar las circunstancias de ello, por ejemplo ahora, acababa de terminar su clase de pociones, por alguna extraña razón había sentido la necesidad de ir al sótano de la torre de Ravenclaw, por lo que inmediatamente asumió que su chica estaba en ese lugar.
Quiero besarla.
Sé que la necesitas tanto como yo, tranquilo.
Déjame salir humano.
Saldrás cuando sea tu momento y no antes.
Arrrghh, antes de la luna llena, solamente me dejas estar con ella antes de la luna llena.
Ese es el trato.
Podía sentir la guerra que comenzaba a desatarse en su interior, las luchas que Vill libraba contra él eran cada vez más desesperadas y necesitadas, como si tuviese esta necesidad imperante de asegurase que Luna estaba bien… mientras se acercaba a donde su magia le decía que estaba su chica, los gritos de Vill comenzaban a callarse, pero no por eso dejaba de luchar.
Conforme se acercaba al lugar, escuchaba la voz de una mujer además de la de Luna.
-Te dije que te unirías al licántropo Luna—era una voz suave, cándida y fantasmal, con un dejo de tristeza permanente en sus palabras.
-Y tenías razón Helena—el cerebro de Theo estaba tratando de escanear que Helena podrían rondar en el castillo sin éxito alguno.
-Ha fortalecido tu magia, tu aura se ve distinta, más fuerte—hizo la observación la otra voz.
-¿Lo crees?, me siento distinta, no sé cómo explicarlo, los siento a ambos, todo el tiempo—
-¿Cómo está lidiando con su mente fracturada?—preguntó de manera interesada la voz.
-Creo que utiliza oclumancia la mayor parte del tiempo—contestó la joven.
-Eso podría resultar contraproducente, la naturaleza de los hombres lobo los hace inmunes a la oclumancia, si tan solo la diadema de mi madre no estuviese manchada con esa terrible magia—eso definitivamente picó el interés de Theo.
-Tú crees que la diadema de Ravenclaw podría aclarar su mente, ayudarlo a unir a ambas personalidades—
La diadema de Ravenclaw, Helena… Helena Ravenclaw, la hija de Rowena, los ojos de Theo se abrieron de manera desmesurada.
-No exactamente, lo que haría la diadema sería crear un campo de igualdad entre ambas personalidades, lucharían por el dominio y la otra personalidad dejaría de existir, podría ser Vill el ganador, o Theodore, o podría surgir una persona completamente distinta, las posibilidades son interesantes, pero no creo que valga la pena probar la teoría si los amas a ambos—
-Exacto—dijo Luna al fantasma—sin embargo dices que esta manchada con magia terrible, si no es inmiscuirme, ¿qué le sucedió?—
La voz del fantasma tomó un tinte un poco más oscuro, parecido al de un alma en pena.
-Hace algunos años un chico que me recuerda demasiado a tu amigo Potter llegó a mí con promesas de destruirla, confié en él, y le dije dónde podría encontrarla, en ese entonces la diadema se encontraba en Albania, donde la recuperó y la manchó con magia oscura, terrible Luna, el simple proceso de lo que eso implica es grotesco y fragmenta el alma desde el centro de tu ser—
Mierda, mierda, estaba a punto de darles la ubicación exacta de la diadema.
-Tiempo después él regresó al castillo, demandando una audiencia con el director, fue la comidilla de todos los fantasmas del castillo, sin embargo yo sentía el hedor de su aura, la oscuridad de su presencia, él ya no era humano Luna, se había trasformado en otra cosa completamente ajena a éste mundo—
-¿Es ese tipo de magia posible?—preguntó curiosamente la Ravenclaw.
-Lo es, pero el costo es grande—hubo una pausa larga entre las palabras que le precedieron—cuando el director le negó lo que demandaba, él maldijo la posición que quería dentro del cuerpo docente de éste castillo—
-Así que es por eso que los maestros de Defensa Contra las Artes Oscuras no perduran más de un año—
-Muy bien Luna, siempre con tu mente aguda, eres una fina adición a la casa de mi madre—terminó por decir sin emoción el fantasma.
-Entonces escondió la diadema aquí en el castillo—
-Así es, cuando logré encontrarla estaba teñida con esa maldita magia y un pedazo de su alma en el interior de ella, la reliquia de mi madre había sido profanada de la manera más ruin y cruel—su voz sonaba alterada, como quien sufriese por toda la eternidad, Theo procuró no hacer mucho ruido, sin embargo no tuvo éxito alguno.
Inmediatamente Helena Ravenclaw atravesó la pared para llegar a él. Decir que había logrado sacarle un pequeño alarido era poco, sin embargo, no flaqueó en su objetivo, la miró de manera fija, mientras escuchaba los pasos de Luna, que subía a toda velocidad.
-Oh los astutos Slytherin—dijo con sarcasmo y odio en su mirada—siempre buscando obtener información a costa de otros—
Lo rodeaba de forma depredadora, mientras no tocaba el piso de todo, con esa figura marmolea y rostro labrado por los dioses, la mujer era hermosa y esa había sido su perdición.
-Perdónalo Helena, simplemente me buscaba a través del vínculo—apeló Luna de forma implorante.
-Muy bien, ahora será su misión eliminar la diadema—soltó de manera caprichosa, mientras colocaba su dedo de forma figurada bajo su mentón—cuídate del heredero de los aurores, lobo, él no ha abandonado la lucha aún—le dijo de manera perspicaz el fantasma a Theo, que sabía perfectamente bien a lo que se refería.
-Ella es mía, no hay nada que pueda hacer al respecto—rugió de manera desafiante.
-Entonces tendrás que dejárselo en claro al mundo entero, ¿no lo crees?—
-Sugerencias—
-Una joya de la familia Nott bastará—dijo con frialdad y seriedad—cuida a Luna, es una luz en la oscuridad—
-Lo sé—respondió Theo—Helena, ¿dónde está la diadema?—
-Tu inteligencia te precede Theodore Nott…algunas veces la vez, otras veces la sientes, en el pedir está el dar, y en el dar está el recibir—y sin mediar palabra alguna de más, con ese acertijo se fue.
-La sala de menesteres—terminó por decir Theodore.
-Es importante que encuentres la diadema—asumió Luna.
-Así es—se acercaba de manera depredadora a ella, arrinconándola contra la pared, colocando su nariz en su cuello, mientras ella exhibía su piel en sumisión, era parte del ritual diario entre ellos, remarcar que ella era suya, fortalecer el vínculo con tacto.
-Tu aroma me vuelve loco, lo sabías, últimamente es más embriagante que de costumbre—dijo de forma gutural, mientras mordía levemente la piel expuesta, para después besar el lugar que había castigado.
-Me lo has dicho—soltó de manera juguetona sorprendiéndolo un poco, provocándole una sonrisa juguetona.
-Amor dentro de dos días—
-Sucederá el plan que me dijiste—completo la Ravenclaw.
-Así es-
-¿Qué necesitas que haga?—preguntó naturalmente la joven.
-Que pongas a Granger y a Weasley contigo, dentro del cuarto seguro que hemos estado preparando—
-Tan importantes son para ellos—abrió sus ojos azules con una expresión completamente enternecedora que lo terminaba de poner a sus pies.
-Así es, pero hasta no estar seguros de que ellas tengan toda la información, no quiero dejar nada al azar, porque seguramente intentarán enfrentarlos—
-No sería más fácil que les dijeran todo de una buena vez—inquirió con una ceja levantada, poco característica en ella.
-Créeme Luna, después de esto sucederá-después de haber dicho eso comenzó a acercarse a sus labios de manera cadenciosa—ahora habiendo dicho eso pasemos a cosas más interesantes cielo, estoy rabiando por un beso tuyo, y por estar dentro de ti—
La chica se puso de mil colores al escuchar aquella declaración tan abierta, provocándole una carcajada al castaño que se confesaba adicto a su esencia, su presencia y la cadencia del sabor de su sexo en su boca.
La tomó entre sus brazos de manera furtiva, inclinándola por completo hacía atrás, hacía algunos ayeres había visto una película muggle con Draco en una escapada en el París muggle, y había una escena exactamente igual a la que estaba a punto de hacer, la miró a los ojos y lo entendió en ese momento, pudo ver el universo en ellos, la necesidad avasallante de querer besarla y tenerla era mayor que cualquier fuerza en él.
-Te amo Luna, por cierto Feliz cumpleaños dieciséis—
No la dejó responder y la beso con completo abandono, como el acostumbraba, de forma avasallante y demandante, invadiendo cada rincón de sus labios y apoderándose por completo de su esencia robándole el aliento por completo.
-Y yo los amo a ambos—dijo la chica con total franqueza, provocando que el brillo dorado escapara de esos ojos azul añil que la observaban.
-Luna—la saludó una voz gutural.
-Hola Vill—
-Cuando le piensas decir al humano que hay dos cachorros en camino—preguntó de manera protectora, mientras colocaba su mano en el vientre y una sonrisa se dibujaba en su rostro.
-Cuando sea el momento Vill, no podemos abrumarlo con esto, no cuando tiene un plan que cumplir al pie de la letra—
-Promete que no importando lo que suceda permanecerás dentro de la habitación hembra—le rogó con ojos preocupados, mientras su mano seguía palpando su vientre, con la necesidad de querer asegurarse que los cachorros y su hembra estaban bien, estaban a salvo.
-Lo prometo Vill—
-Es un juego muy peligroso en el que hemos entrado—dijo rabiando con desprecio, porque sabía que no tenía mayor control sobre eso.
Las delicadas manos de la chica lo tomaron del rostro, obligándolo a fijar sus durados ojos en los celestes que le devolvían su mirada.
-Pase lo que pase, todo estará bien—le aseguró, mientras la rodeaba con sus brazos de manera delicada, últimamente era más delicado que Theo, quizás se debía a que él ya se había percatado del embarazo.
-No puedo perderte ahora que te encontré, no puedo perderlos—
