Notas de la autora:
Saludotes :) ¡Y feliz agosto (un poco tarde)! Bueno, aviso. En este chap pueden cortar la tensión con un hilo, así que tenga cuidado de no romperlo (?)
Gracias a MarianitaUchiha, Suiseki, ayadabest, Itachan, Fluoradolescent, cocoac, Yuukimaru-chan y a juliana-ch por los comentarios y MPs ^_^
Disclaimer: Kishimoto Masashi es el amo. Para qué vamos a engañarnos...
El valor del silencio
por Shizenai
Capítulo XXV – Sentido común
El líder de Akatsuki estudiaba detenidamente cada una de las opciones que tenía delante de sus narices. La belleza de sus extraordinarios ojos se paseaba usualmente con cierto aire de superioridad, pero, para ser honestos, ni siquiera él habría sido capaz de prever aquel desastre y menos aún, los que precederían a tal irrisorio encuentro. Separó los labios con decisión, para poner un poco de orden en la reunión que alguna vez pretendió ser privada, y, poderosamente alentado por la punzante mirada de Konan. A diferencia de él, su compañera parecía no tener duda alguna de cómo resolver el conflicto.
—Señor, no pude hacer nada. Lo siento, es culpa mía —dijo Goro apresando a la muchacha—. Yo mismo me encargaré de...
—¡No! —replicó la ninja de Konoha. Pain la fulminó de inmediato por su osadía, pero casi en el acto se percató de que había más de súplica en sus ojos verdes como gemas—. ¿Qué quiere decir esto? —aventuró ella desconcertada, cuando él mismo se estaba preguntando exactamente lo mismo.
—Tú cállate, Sakura —musitó primero Goro, y tiró de ella con tanta fuerza que sintió que debía hacerle con verdadero esmero para lograr moverla aunque sólo fuera un poco—. No pintas nada en esto...
Desde todas partes, a Pain le llegaban murmullos y lamentos de cada miembro de su confianza. Sus dedos tamborilearon sobre la superficie de su silla con impaciencia. Además, tenía la extraña sensación de que, por una vez, todos se habían posicionado en una dirección muy opuesta a la que él meditaba, y tan solo le bastó con observar las miradas de desprecio que recaían en el joven prófugo de Konoha para saberlo con seguridad. Aunque, muy pronto, se hizo a la idea de que el Uchiha sabía muy bien cómo hacerse ganar aquel aprecio...
El moreno soltó un bufido de suficiencia. Sus pies se pasearon grácilmente por la recámara, como si lo hubiese estado haciendo toda la vida, y se detuvo en el sillón más alejado en torno a la enorme mesa que los reunía aunque nadie le hubiese dado permiso. Pain supuso en principio que por sabia precaución hacía él, pero recordó enseguida que había ocupado el lugar que correspondía al único miembro no presente del refugio, Uchiha Itachi, y la descarada provocación estuvo casi a punto de arrancarle una carcajada de la boca.
No había manera de guardar aquello en secreto. Muchas gargantas tendrían que ser cortadas para ese propósito, y aunque podía prescindir de un par de imbéciles que se encontraban en la sala en aquel momento, no podía dejar pasar a otros tantos valiosos compañeros.
—Esto es absurdo... —intervino por fin Sasuke. Se había retorcido descuidadamente sobre el sillón de su hermano mientras dejaba colgar una de sus piernas por uno de los costados tal que si fuese incapaz de notar la hostilidad que envolvía el ambiente—. No estoy pidiendo permiso para entrar aquí. He entrado aquí —aclaró tan arrogantemente, que incluso Pain envidió el tono—. Y por si fuera poco, he recuperado el anillo. ¿No te hacía falta?
Pain detuvo sus dedos. Sabía que cada parpadeó del muchacho era un reto en toda regla, pero estaba muy equivocado si pensaba que podía manipularlo de alguna manera. El impertinente crío no tenía ni idea de con quién estaba hablando. Le habría reventado la cabeza allí mismo si no fuese más inteligente que el resto de los que intentaba fulminarlo igualmente.
—Llámalo —murmuró escuetamente Konan. Se agachó por costumbre para alcanzar los oídos del líder, pero no pudo evitar que el comentario fuese escuchado—. Tráelo aquí y acabemos con esto de una buena vez... —escupió con cansancio, a la vez que miraba a Uchiha Sasuke con aversión.
La otra joven se descompuso al otro lado de la sala. Sakura supo exactamente a quién se refería. Supo lo que quería que tuviese lugar allí, y sencillamente, enloqueció con la sola idea de tener que presenciarlo.
—¿Es que no queda una sola persona cuerda en esta maldita sala...? —gritó Sakura. Los gruesos dedos de Goro le amordazaron enseguida la boca. El hombre tuvo que hacerlo tan fuerte que supo que le estaría haciendo daño, pero, era mejor si no podía contenerse por ella misma.
A Sakura se le había ocurrido que aquello sería como una lucha encarnizada en alguna especie de coliseo donde al final del todo, sólo acabaría ganando uno. La idea la escandalizó. Seguía tratando de morderle sin éxito la mano a Goro y zafarse de su agarre en torno a sus hombros cuando Pain pareció decidirse.
—Está bien, no será necesario —soltó con desdén—. Él ya está aquí, después de todo.
La enorme contrapuerta volvió a abrirse unos segundos más tarde. Ahora, Sakura sabía que no había nada que ella pudiera hacer. Uchiha Itachi repasó la recámara con una mirada lenta en tanto que cerraba sin ninguna prisa la puerta tras de sí.
Sakura tembló.
No reconoció esa última y cálida mirada que vio en esos ojos fríos y afilados. ¿Alguna vez la habría mirado a ella de esa manera? Ya no lo recordaba. Ella no creyó que aquel encuentro lo hubiese tomado por sorpresa del todo, pero lo vio tensando los labios en un gesto que imaginó que le confirmaba la sospecha que podía estar considerando desde las últimas horas: Sasuke había alcanzado el refugio.
El lapso de tiempo transcurrió como un yugo apretando alrededor del cuello. Itachi ni siquiera se movió del sitio. Por un momento, la joven amordazada creyó haber recibido una mirada por su parte que, francamente, no le dijo nada y, acto seguido, vio que concentraba toda su atención en el rostro insultantemente despreocupado de su hermano pequeño. Cuando se movió sin apenas apartarle la vista de encima y dirigió sus pasos al lugar donde permanecía sentado Pain, los presentes encogieron los hombros con molestia, como si aguardaran con tensión la irremediable oportunidad en la que se desataría algo terrible.
Sin embargo, el recién llegado apoyó tranquilamente las manos sobre la mesa mientras conseguía apartar por fin la mirada del otro chico para ofrecérsela a su líder. No es como si su figura, envuelta en esa estampada gabardina que había decidido colocarse oportunamente, no estuviese disparando constantes vibraciones de rivalidad y amenaza, pero pareció tan mínimamente alterado como lo estaba su hermano menor, al otro lado de la mesa.
Pain no salía de su asombro hasta el punto de sentirse ligeramente decepcionado por la ausencia de sangre derramada. De repente, la escasa distancia con la que Itachi le miraba fijamente se le tornó muy turbadora. El líder se masajeó la sien con confusión, preguntándose si a fin de cuentas no estaba tan afectado como el resto.
—Esto ha sido totalmente improvisado —explicó arrastrando mucho las palabras—. Creía oportuno que estuvieras aquí —concluyó, como si hace escasos segundos no hubiese estado interesado en ocultarle aquel suceso.
Itachi relajó la expresión a la vez que seguía presionándole con la mirada. Casi llegó a verle un ademán de sonrisa irónica en esos ojos negros como el plomo.
—Qué considerado de tu parte. —Lo dijo con tanta evidencia, que Pain se sintió fuera de lugar. Al final, acabaría sintiéndose el único estúpido que acababa viéndole el lado beneficioso a aquella reunión.
—Estaba considerando seriamente la posibilidad de admitirlo —continuó tras hacer una breve pausa para mirar al objeto de su atención, aunque, Sasuke no se dignó a prestarles el mínimo interés. Había enmudecido y retirado la mirada en cuanto su hermano cruzó el umbral, presumiblemente por seguridad, era como si al más leve contacto fuera a desatar en él lo incontenible, y todavía no era el momento oportuno—. Por supuesto, no soy tan idiota como para no darme cuenta de que él pretende obtener algún tipo de provecho, pero sin embargo, y mientras pueda ser de alguna utilidad para el fin de la organización, no veo ningún inconveniente para que no pueda quedarse.
Itachi estrechó los ojos tan lentamente que la espera se hizo agónica. Lo que Pain había querido decirle, aunque en tono mucho más conciliador, es que le venía sin cuidado el peligro que él pudiera correr mientras el otro superviviente de los Uchiha pudiese ser explotado de algún modo. Era extraño, muy extraño. Como si comerciaran con ellos igual que si fuesen raros especímenes sobre la faz de la tierra. Itachi había cargado con el peso de ser Uchiha toda la vida, sabía que la sola mención del emblema del abanico hacía sentir desconfianza y miedo. Entendía que sólo el líder de Akatsuki reuniese el valor necesario para cobijar a dos bajo su techo en aras de usarlo tan visiblemente a su favor.
Era más conveniente tener a un enemigo tan poderoso aliándose a ti que en tu contra. Pain no podía dejar escapar a Sasuke tan fácilmente.
—Si ya lo has decidido, no entiendo qué seguimos discutiendo aquí —sentenció Itachi.
Pain lo vio retirarse y no pasó por alto que ni siquiera se esforzó en hacer una leve reverencia por cortesía. Aquel asunto se le estaba escapando demasiado. No por nada era el líder y desde luego, no se rebajaría a menos.
—Itachi, siéntate —ordenó con el tono más duro de su repertorio. El Uchiha vaciló antes de girarse con molestia sobre sus talones—. Siéntate —repitió haciendo una pausa tras cada sílaba.
Pain le ofreció el sillón colocado justo a su lado. No estaba de humor como para forzar las cosas y no creía realmente que Sasuke fuese a cederle el lugar que le pertenecía a su hermano aunque se lo pidieran con un kunai apuntándole a la yugular.
—Tiene el maldito anillo —exclamó en su defensa. Eso podía explicar el modo por el cual había logrado acceder al refugio. Además, a Pain empezaba a cansarle que nadie entendiera su punto de vista hacia las ventajas de tenerlo allí.
—¿Desde cuándo es un anillo definitivo para entrar en esta organización? —preguntó Konan sin poder morderse la lengua—. Ha sido el súbdito de Orochimaru durante años. Puede haberlo robado perfectamente.
Konan no pasó desapercibida la mirada venenosa que el aludido le lanzó, sin saber cuál de sus dos premisas le habrían ofendido realmente.
—Orochimaru está acabado —escupió el menor de los Uchiha—. Se lo haya robado o no, ha sido después de pasarle por encima. ¿Es eso definitivo para ti?
—¡Eso no es verdad!
De repente, la idea de Goro acerca de no involucrarse en aquel asunto se le hizo a Sakura de lo más inteligente, aunque fuese ya demasiado tarde para aceptarla. Al instante tuvo encima, probablemente, las miradas más gélidas de medio continente y, en lugar de responder, rezó mentalmente para que nadie hubiese prestado mayor interés en lo que decía. Algo le decía que no iba a tener suerte...
—¿Qué dices, Haruno? —indagó Pain. Tenía la expresión desencajada como si no fuese a verle fin a esa condenada reunión de madrugada.
—No, nada... Yo...
—Díselo —susurró Goro imperceptiblemente en su oído—. Si no es por las buenas, va a obligarme a hacerte hablar a la fuerza. No me hagas eso...
La chica agachó un poco la cabeza, notando la intranquilidad con la que el robusto brazo de Goro le sujetaba los hombros, casi temblando ante ese hecho. Había llegado hasta allí, sin saber cómo ni para qué y, lo único que pude esperanzarla fue la idea de que lo había hecho por y para ese preciso instante.
Sus luminosos ojos de jade miraron a Sasuke con consternación antes de volverse tan fríos como el hielo.
—No es lo suficientemente bueno —dijo con la voz firme.
El aludido casi se levantó de la impotencia y el resto de observadores apenas tuvieron palabras para decir algo. La voz de la conciencia empezó a vociferarle lo mala mentirosa que era, pero la de Pain cortó los remordimientos bastante rápido.
—Como siempre, mi necia y sincera prisionera... —murmuró en honor a sus agallas. Luego suspiró y cambió de postura sintiéndose algo aliviado—. Explícate, Haruno, no tengo toda la vida.
Sakura hizo su mayor esfuerzo para mantener aquella recia expresión hasta que sintió la molestia en la frente.
—Yo sólo digo que la próxima persona que ocupe el décimo sillón vacío, no puede ser inferior en cualidades a la que osó dejarlo. La única razón por la que Sasuke sigue vivo es porque Orochimaru lo ha permitido. Nadie necesita a alguien que no puede superar a su maestro. Es puro sentido común.
En algún punto, Sakura se distrajo para no darse cuenta que su ex-compañero de equipo había avanzado lo necesario. Vio el desaire en sus ojos, la ira remarcada en su expresión felina. Puede que la odiara por eso para el resto de su vida, pero era lo único y lo mejor que podía hacer por él.
—¿Y tú qué coño sabes, eh? —le gritó furioso—. ¿El sentido común te ha traído hasta aquí? Aun y cuando parecía que no podías caer más bajo...
Ella no podía moverse del sitio, aunque no importaba. Se había quedado petrificada y el muchacho no mostró la menor piedad cuando caminó con pasos amenazadores hacia ella. Aún así, lo miraría con determinación al rostro, como la última vez, no iba a asustarse aunque el recuerdo de su katana apuntándola le hiciera sangrar por dentro. De cualquier modo, ella se vio liberada de la sujeción en tanto que la mano de Goro presionó en el pecho ligeramente descubierto del Uchiha.
—Éste es el límite —le dijo solemnemente—. No importa qué especial seas, ella sigue siendo propiedad de Akatsuki y hasta que el líder no diga lo contrario, tiene más derechos que tú entre estas cuatro paredes.
Sasuke resopló con incredibilidad al tiempo que se apartaba bruscamente el brazo del hombre. Una de sus manos se ajustó a su cintura y giró el rostro hacia el líder en un ademán que expresaba muy bien la poca paciencia que le quedaba.
—¿Cómo podéis confiar en ella? —siguió el menor de los Uchiha—. Creía que estaba presa. No hay forma de que haya podido tener noticias de Orochimaru ni siquiera por chismorreo. —El joven volteó el rostro para mirarla a los ojos—. Es puro sentido común.
Sakura frunció el ceño dejándose llevar por la furia en un descuidado instante.
—¡Porque él se reunió conmigo!
Una maliciosa sonrisa curvó los labios de Sasuke y ella entrevió enseguida el error fatal en el que había caído. Se llevó un par de dedos a la sien inconscientemente y cuando alzó la vista, incluso Uchiha Itachi le clavó los ojos con un infinito desconcierto.
Pain resopló.
—¿En serio, Itachi? —se bufó el líder, inclinándose hacia adelante—. Una chiquilla se reúne en secreto con uno de los más grandes enemigos de la organización mientras está bajo nuestro poder, delante de nuestras mismísimas narices... y mi maestro de espadas y el exterminador del clan más poderoso, ¿no se dan cuenta?
Sin proferir palabra, ya estaba en evidencia. Itachi sabía que aún podía negar tajantemente lo que ella había dicho, pero se rehusó a hacerlo. La humillación era soportable para él, en cambio, tenía bastante idea de lo que le pasaría a ella si se atrevía a engañar al líder. Además, le bastó mirarla a los ojos para saber que, aunque le pareciera increíble, lo que decía era cierto.
—Bien, ¿tienes idea de lo que puedes haber metido aquí dentro? —continuó el portador del rinnegan. Konan le apretó un hombro para que lograra tranquilizarse, pero el Akatsuki le apartó la mano con muy poca amabilidad—. ¿Acaso no sabemos de lo que Orochimaru es capaz? ¿Qué pasa si le ha hecho algo? Cualquier cosa. Podría estar infectada, podría ser una trampa...
—Estás delirando —esbozó Itachi con toda naturalidad—. Ya lo has dicho antes, es solamente una chiquilla. Si hubiese algo mal con ella, ¿no lo sabríamos ya, incluso en nuestra propia casa?
Estaba claro que no parecía algo probable, pero Pain endureció la mirada sobre su compañero. Volvió a reclinarse sobre el enorme respaldo del sillón sintiendo un malestar inaguantable. Su atención se debatió entre un hermano y otro, y finalmente, suspiró notando que la cordura regresaba de nuevo a su cerebro.
—De acuerdo. Ya que está aquí, probaremos la fiabilidad del muchacho —aseguró Pain mirando a Itachi—. Tengo una misión que quiero llevar a cabo cuanto antes y no tenemos ninguna pareja para ti. Dicen que dos Uchiha valen más que uno —se mofó—. Éste es un concepto interesante...
—¡Un momento! —se oyó desde el fondo.
Pain cerró los ojos y aspiró e inspiró profundamente antes de verse con la paciencia de enfocar a la muchacha de cabello rosa sin cometer una locura en el intento.
—¿Y qué pasa con Kisame? —agregó ella, como último recurso para impedir la incorporación de su ex-compañero a Akatsuki, y la inminente sentencia de muerte que eso supondría—. No es un desperdicio que podéis repudiar tan fácilmente. Se recuperará, es fuerte, sólo esta un poco...
—Kisame está muerto —dijo gélida y secamente el líder.
—E-Eso... Eso es imposible. Yo personalmente le he ayudado a...
Sakura se quedó callada en cuanto buscó la mirada de Itachi y éste se la apartó como si fuese incapaz de confirmarle lo evidente. Ella alzó mucho los párpados antes de sentir que un nudo profundo le asfixiaba en la garganta y se dio cuenta de que Pain no decía ningún farol.
—Como sea, no quiero ver ninguna de vuestras malditas caras hasta mañana, a mediodía. Diré lo que tengáis que saber al respecto en su debido momento. —Pain se levantó desairado del sillón—. No quiero que este lugar se convierta en un campo de batalla, así que no muráis hasta entonces, u os arrancaré el corazón yo mismo en el mínimo intento —amenazó, y nada hacía presagiar que se tratase de una broma.
Sakura se quedó en silencio, sin ninguna réplica, mientras observaba al líder desapareciendo en compañía de Konan por la puerta trasera de la recámara, exclusivamente usada por la pareja asesina. Para cuando vino a darse cuenta, Sasuke ya no estaba en la habitación y su hermano mayor se movía a una velocidad a la que le costaba adaptar su vista. Aprovechó aquel descuido general para zafarse, ya que de lo que menos ganas tenía es de que Goro volviese a llevarla a la blanca y aislada habitación del centro médico donde no tendría noticias de nada.
—¡Hey, espérame! ¡Espera te digo! —le gritó desde los pasillos. Itachi sabía que ella aún no estaba en plena forma y no le tuvo consideración por eso. Sakura se molestó de verdad, pero no iba a detenerse ni aunque se le descolgasen las articulaciones—. ¿Qué pasa? ¿Te has enfadado? ¿No salieron las cosas como tú querías? —dijo con saña—. Eso es lo normal... ¡Es lo que pasa cuando no eres sincero con las personas!
Itachi se detuvo en seco, su mirada la atravesó por el afilado rabillo de sus ojos mientras encajaba las mandíbulas con una fuerza descompasada. Sin hacer caso a ese escalofrío que recorrió a la joven, ella frunció aún más las cejas y se mantuvo en su lugar, dejando claro que no se retractaba de lo que había dicho.
La tranquilidad con la que él se comportaba parecía poder desbocarse en cualquier instante y cuando comenzó a encaminarse con determinación hacia ella, no supo realmente qué es lo que debía hacer. Ante tal impresión su cuerpo se quedo allí, rígido, esperando impacientemente. El rostro del muchacho descendió hasta casi rozarle con la punta de la nariz y ella apretó los labios con indecisión.
—No voy a discutir contigo sobre eso —dijo él, tajante y frío.
—No tienes que explicarte conmigo. Díselo. Dile la verdad a Sasuke. —Aquella indirecta afirmación hizo al muchacho apartar el rostro con las cejas muy altas, ella aprovechó su aturdimiento para ser más persistente—. Él está sufriendo por esto.
Una cortina de tristeza le ensombreció los ojos verdes y se mordió los labios como si hablar sobre aquello le resultase complicado. Nunca dudó de lo que había descubierto sobre su pasado, pero sintió miedo al pensar el modo en el que él reaccionaría al saberlo. Y, lo supo. La expresión de culpabilidad y admisión fue tan transparente en ella que Itachi pensó que no había nada que pudiera esconderle.
¿Cómo era posible? Haciendo honor a la verdad, el hecho de que el ser más inofensivo de aquel lugar le hubiese desarmado y dejado al descubierto lo que tan vehementemente había protegido con los años, le dejo a medio paso de un pseudo-estado de inconsciencia.
—Yo no estoy segura de lo que pretendes, pero sé que hubo una buena razón aquí para dejarle con vida aquella noche.
La palma de su mano le rozó el pecho, se colocó lentamente sobre el lugar donde sentía latir aceleradamente su corazón y aguzó los ojos como si pretendiera ver mucho más allá de la piel y las telas.
—Y también para salvarme a mí —le recordó con ternura.
¿Qué podía haber de malo en decirle la verdad? Ya estaba cansada de cargar con tantas mentiras y quería que él se deshiciera también de ellas. ¿Pero cómo podía? Sakura no pudo hallar más que incomprensión en sus ojos oscuros y una parte de ella sabía bien que le estaba haciendo sentir humillado.
Las yemas de sus dedos le acariciaron la mano, quería sostenérsela fuertemente y pedirle que confiara en ella, pero el ligero contacto pareció estremecerlo y él rechazó la atención apartándose bruscamente de su lado.
Sakura resopló con frustración.
—¿No te sienta bien sentirte libre? —gruñó ella—. ¿Es por eso que te has deshecho del cuaderno? O no, ¿eso también es mentira? Mírame a los ojos y dime que me lo estoy inventando todo.
No le respondió. Ella aceptaba que Itachi estuviese decepcionado por pedir la sinceridad que él tampoco había recibido de ella, pero Sakura se retorció de verdad por dentro cuando él se dio media vuelta y lo ignoró todo.
—No puedes ser tan cobarde —esbozó mientras lo veía ir—. Si no se lo dices tú, yo se lo contaré. No voy a permitir que un hermano destruya al otro sin razón...
—Tú no le dirás nada.
Aquello fue rápido. Itachi se volvió sobre sus pasos y unos instantes después, ella estaba retrocediendo para no chocarse con el aura tenebrosa que irradiaba su cuerpo. Una fría pared la dejó sin salida y ella alzó el rostro para mirarle a una escasísima distancia. Desde ahí veía la ira ardiendo en el brillo de sus ojos.
—Nada... —repitió en un tono que a Sakura no se le hacía familiar.
—¿O qué? ¿Vas a hacerme desparecer como al cuaderno, y así, te ahorrarás problemas? —replicó ella con rabia—. No me estás amenazando en serio...
—Ni me hace falta. —Una mano se apoyó cerca del costado de su cabeza y Sakura tragó grueso.
¡Por el amor de Dios! Estaba tiritando por la situación y sólo podía pensar en que quería abrazarlo y no hacerle más daño del que sabía que ya había sufrido. Itachi, por su parte, le acercó el rostro por si no la había hecho sentir lo bastante intimidada.
—Sólo pretendes actuar como si lo supieras todo, pero la realidad es que no tienes idea de nada —repuso con dureza—. De lo que pasó, ¿quién iba a creerte? ¿Quién querría creerte? Las cosas están mejor de esta manera, y si cometieras, en cualquier caso, el grave error de comentarle tus pensamientos a Sasuke hasta el punto de hacer que te crea, lo asesinarías —declaró—. Acabarías con lo único que le hace seguir adelante.
—Eso no puedes decidirlo tú —le respondió ella con impotencia.
—Lo hice hace mucho tiempo... Y nadie va a cambiarlo.
Cuidadosamente, él se apartó de su lado. Los ojos de jade le miraron con resentimiento, al borde del llanto que contuvo hasta lo insoportable. La culpabilidad lo envolvió de repente, pero no se arrepintió. Itachi extendió una mano para tomarle un mechón de pelo y ella compuso una mueca herida.
—No entiendo cómo puedes ser tan cruel... —susurró, y el muchacho apartó lentamente la mano hasta que las hebras se deshicieron entre sus dedos.
Sakura ya había enterrado el rostro entre sus manos cuando salió de allí, y a pesar de todo, él no tuvo remordimientos. Era la consecuencias de su plan, su frío y absurdo plan.
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Una de las puertas del pasillo se abrió. Sakura vio al grupo de shinobis arrastrando pesadas cajas y bolsas repletas de objetos inservibles antes de que uno de ellos cerrara la puerta para no atreverse a abrirla nunca más. Ésa seria la nueva ubicación de Uchiha Sasuke.
La habitación del chico se encontraba en el mismo edificio de dormitorios. No estaba situada en la planta baja, como correspondía a la mayoría de los miembros de élite de la organización, pero no era para nada despreciable y superaba con creces la que le fue concedida a ella por fingida gratitud. Tal y como Pain había indicado, el Uchiha no dejaba de ser un aspirante a las filas de Akatsuki y no se le concederían privilegios hasta serlo. Lo más probable es que se tratase simplemente de un capricho del líder para bajarle los humos al recién llegado.
Sakura, que no había parado de dar vueltas sin sentido por el sitio, se alejó hasta los acantilados que circundaban parte del refugio. El lugar no estaba alejado del todo, pero era demasiado escarpado y aparatoso para quien no deseaba realmente pasar un tiempo de meditación consigo mismo, o, simplemente disfrutar de las vistas del mar rompiéndose contra los bloques de piedra.
Podría haberse quedado allí. El sol manchaba de naranja las nubes y el azul celeste se abría paso en el cielo. Aún tenía tiempo para relajarse antes de que el doctor se diera cuenta que no estaba en el centro y enviase a Goro a una búsqueda que gustosamente cumpliría. Podría haberlo hecho, pero no se conformó notando su presencia a pocos metros de distancia. Con tranquilidad, subió la empinada roca hasta magullarse las palmas de las manos. Aún se sentía afectada por el incidente que había sufrido, pero era un esfuerzo que podía permitirse hacer.
Cuando hubo llegado a la cima y suspirado en señal de victoria, lo encontró allí, tumbado sobre la húmeda explanada de la piedra, con una pierna flexionaba y un tobillo descansando sobre la rodilla de ésta. Sakura se atrevió a acercarse un poco. Si el chico hubiese querido escabullirse, ya lo habría hecho con tiempo, y resultaba evidente que sabía que ella estaba cerca.
Sakura vio a Sasuke con los ojos cerrados, aunque no estaba durmiendo. El Uchiha hizo un pequeño movimiento para apoyarse mejor las manos tras la nuca y luego abrió los ojos con indiferencia.
—Siempre tan alejado de todo... —susurró ella ladeando la cabeza. Miró la altura a la que estaban del suelo, y luego añadió—: Recuerdo cuando me pedías consejo porque no sabías cómo trepar un árbol sin usar las manos.
—Eso tiene gracia... —murmuró, y la joven se relajó antes de curvar ligeramente los labios.
Impulsada por la creencia de cordialidad, Sakura se sentó acunando sus piernas, y aunque el chico se incorporó casi en el acto, no se fue lejos. Se asomó al borde, dando un ligero puntapié a un par de rocas sueltas que acudieron a sus manos, y luego, las lanzó al abismo para que saltaran a toda velocidad por encima de la superficie del mar. La piedrecita jamás se hundía. Podía quedarse dando vueltas sobre sí misma durante horas impregnada de cierto chakra que acumulaba ante el sólo hecho de haber permanecido en las manos del muchacho unos segundos. Sakura sonrió al verlo. Había visto a Sasuke hacer eso muchas veces. En el muelle de Konoha, cuando apenas tenía edad para leer bien o en los bosques negados del País de las Olas, donde habían ido a realizar su primera misión como Equipo Siete.
La sensación de melancolía la envolvió de pronto.
—¿A qué has venido? —preguntó ella sin miramientos.
—A matarle.
Sakura tragó con dificultad cuando él le dirigió una dolorosa mirada.
—Me molesta que la gente pregunte cosas que ya sabe —agregó secamente.
La tentación de hablarle con sinceridad le flotó por la cabeza con tanta presión que tuvo deseos de marcharse rápidamente de allí para evitar abrir la boca. Era una carga que soportaba y le dolía, pero sabía que no era la persona a la que le correspondía relatarle semejantes secretos que sólo entendía a medias. Sopesaba también la posición de Itachi y ese hecho multiplicaba su malestar.
—No vale la pena... —esbozó ella apretando el abrazo alrededor de sus piernas—. No te dejaré hacerlo.
—¿Ibas a traicionarme? —repuso Sasuke ofendido.
—¿Querías matarme? —replicó ella.
—¿Qué ocasión en concreto?
—¡Entonces es cierto!
Y, el pelinegro soltó un bufido.
Tal vez ella fuese demasiado reacia a dar crédito a ciertas impresiones acerca de él, que en el fondo sabía que tenían fundamento. La idea de verlo tan sumamente transformado la desolaba y él la miró con desdén cuando notó la fuerza con la que se fruncían sus rosadas cejas.
—¿Cuál es el problema? —le dijo desanimado.
—Quiero saber dónde has estado —respondió en tono enfadado. Él se cruzó de brazos cuando la vio gesticulando mucho con las manos—. Y saber a quién has conocido y qué cosas has visto estando en compañía de ese... —esbozó con repulsión, incapaz de nombrar al Sannin—. Quiero saber qué es lo que queda del chico que se marchó hace años. La personas cambian y mejoran, y quiero creer que es tu caso.
—Eso no es cierto —le aseguró calmadamente—. La gente no cambia nunca. Yo sigo siendo el mismo de siempre, el problema es que jamás te diste cuenta.
Sakura sintió una punzada de dolor en el pecho y se incorporó cuando el Uchiha hizo ademán de abandonar el sitio.
—¡Sasuke! —le gritó desesperanzada. Él se detuvo unos metros más abajo para mirarla por encima del hombro—. No hagas nada que te cause más daño.
El chico se giró lentamente y estrechó con desprecio los ojos.
—Hoy me has ofendido como más me duele —le recordó con resentimiento—. ¿Crees realmente que soy tan débil?
Sakura podía estar segura de que no la había sabido entender, pero insistió un poco más cuando él volvió a precipitarse unos metros abajo.
—Creo que si alguna vez hubieses querido matarme, no estaríamos hablando en este momento —afirmó con sinceridad.
Sasuke frunció el entrecejo antes de añadir:
—Entonces, insisto en que no preguntes sobre lo que ya sabes.
Con esas palabras, Sakura volvió de regreso a los dormitorios. Se sentía sutilmente destemplada por la humedad que había tomado en los acantilados y se le antojó acomodarse un rato en la enorme sala de estar del edificio, donde todavía quedaban unas pocas zarzas manteniendo un par de llamas en la chimenea.
Se tapó con un mantel de lana que encontró sobre una mesa y reposó la cabeza en el enorme y acolchado brazo de un sofá estampado de flores oscuras. Estaba segura de que el chico que había admirado alguna vez seguía permaneciendo en el interior de Sasuke todavía. Pensando en el modo de rescatarlo y apreciando anonadada el baile y calor del fuego, se quedó dormida con una tranquilidad inaudita.
Quizás las cosas todavía podían arreglarse...
Al cabo de un par de horas un ruido brusco, como de truenos preludiando una larga tormenta, la obligó a abrir los párpados violentamente y sobresaltarse con desconcierto.
Sakura buscó algún reloj. Eran las once y media de la mañana a pesar de la oscuridad de las nubes, y todo estaba tan tranquilo como nunca había imaginado. Justo al relajar los hombros y dar un sonoro bostezo escuchó una escandalosa explosión que hizo vibrar cada pequeño objeto colgado en la pared y el mismísimo suelo que pisaba.
La joven abrió apresuradamente la pesada ventanilla de la sala y asomó medio cuerpo para atisbar la procedencia del estallido. A lo lejos, en el otro lado de aquel mismo edificio encontró el enorme destrozo en el grueso muro que alguna vez fue la pared de la cocina. La imagen del humo que brotaba por doquier ensombreciendo aún más el cielo y los sonidos irreconocibles, le encogieron el corazón, pero Sakura prestó especial atención al fuego que devoraba implacable desde las entrañas del edifico.
El fuego negro.
CONTINUARÁ...
Cuando parecía que ya podíamos respirar por un rato (?) Qué ilusos somos todos...
¡Gracias por leer! ¡Hasta pronto!
Shizenai
