Disclairmer: Tanto la historia como los personajes me pertenecen, cualquiera que quiera publicarla en otro sitio necesita de mi autorización. Este fics también está publicado en Potterfics.

Summary: Priscilla Witman, una chica con un poder excepcional que odia, siente que su vida es un asco, pero no podía estar más equivocada. Luego de conocer a Benjamin Rusin su mundo se quiebra para dar lugar a una pesadilla de la cual no sabe si podrá escapar. La única certeza que tiene es que su don la ha conducido a aquel destino desalentador. T por escenas de violencia.


Capítulo 24: La Sra. Disfraz

-Caroline…- no sabía cómo empezar, las cosas se ponían mucho más difíciles cuando debía ser sincera con una humana, que cuando se trataba de un ser sobre natural como un vampiro.

-Lo sé, debería haberte dicho que no iba a ir a la escuela la semana pasada- comenzó ella a disculparse- Lo siento.

Su comentario me descoloco ¿No había pasado nada malo entonces? ¿No le había hecho nada raro la última vez que habíamos estado juntas? ¿Qué había pasado entonces?

-Entonces… ¿Por qué te ausentaste tantos días?- pregunté intentando disimular la curiosidad y la ansiedad de mis palabras.

Escuché como tragaba en seco y evitaba mis ojos, fruncí el ceño ante esas señales, talvez no había estado tan confundida.

-Caro, puedes contarme lo que sea, lo sabes ¿No?- la invité a que hablar, aunque interiormente era casi una orden, necesitaba saber por qué había faltado tantos días luego de lo ocurrido en ese vestuario.

-Es que, no es fácil de explicar... menos de creer- dijo esto último en un susurro, estaba segura de que creía que no la había escuchado.

-Últimamente puedo creer cualquier cosa- se sobresaltó al comprender que mis oídos eran más poderosos de lo que creía y me miró asombrada, tal vez pensara que yo sabía algo de lo que me ocultaba.

Caroline se levantó y cerró la persiana de la puertaventana que daba a los corredores internos del hospital, su acción me recordó a Benjamín la noche pasada. Ambos tenían algo importante que decirme. Intenté no recordar lo que había dicho Benjamín la última vez que me vio, la visita de mis amigas me había hecho olvidar por un momento lo que se me avecinaba.

-Sólo falta una hora para que termine el horario de visitas así que debo ser breve- empezó a decir con más ligereza que de costumbre y volvió a sentarse a mi lado- Solo una persona sabe esto y espero que nunca se lo cuentes a nadie más- tomó aire y comenzó su historia:

-Cuando era niña me encantaban los disfraces, mi madre era modista en el Gran Teatro, había aprendido a coser gracias a su abuela y ella me hacía todo tipo de atuendos, de princesas, caballeros, bufones, brujas, animales, pueblerinos… yo no tenía amigas porque me pasaba todos los días imaginando historias para cada disfraz, sus nombres, sus cualidades, detalles, gustos, defectos, relaciones, familia, recuerdos, magia…todo. Mi padre solía decir que en el futuro sería una gran cineasta.

-Pero un día, yo tenía 11 años, mis padres se divorciaron y me mudé con mi padre aquí, a él le afectó mucho. Estoy segura de que quería cambiar de aires. Tuve que empezar de nuevo el instituto hice un par de amigos pero no se asemejaban a los que yo tenía en casa, en mi otra casa-

-Al irse mama, también se fueron los disfraces, nunca más volví a ver a ninguna de esas fantasías- explicó.

-Entonces un día pasó, estaba en mi habitación pensando en que haríamos con una amiga ese fin de semana y…-

Caroline hablaba cada vez más despacio y justo cuando iba a decir lo más trivial de su relato una enfermera entro en la habitación, unos deseos de muerte afloraron en mi cuando nos interrumpió. ¿Cómo osaba a interrumpirnos en una conversación como aquella?

Por suerte no era para avisar que se había acabado el horario de visitas, sólo venía a comprobar las bolsas de hierro que colgaban a un lado de la camilla y terminaban en una intravenosa dentro de mi cuerpo.

-¿Entonces qué pasó?- pregunté exasperada apenas se retiró la mujer con bata celeste.

-Ya no estaba yo en mi alcoba… mi mente era diferente, pensaba cosas que nunca había tenido en la cabeza, tenía recuerdo que desconocía, todo era como si estuviera dentro de otra persona…estaba aterrorizada, porque en parte pensaba como yo misma pero también como la otra mente, sabía que me encontraba en la habitación de Caroline Septur, pero no me sentía como ella, como yo…

- Físicamente, era una copia, como si estuviera usando un disfraz para imitar a mi amiga, pero poseía recuerdos, cosas que no había vivido nunca, me veía a mi misma desde otro punto de vista y podía imitar la forma de ser de Vanessa a la perfección. Mientras me miraba al espejo recordé que yo odiaba el kepchu pero mi amiga no, entonces corrí al refrigerador y probé la salsa roja…siendo ella, también yo, amaba esa comida, porque tenía sus gustos-.

-Espera, espera… ¿Puedes transformarte en otras personas solo con…desearlo?- estaba alucinada, no por que Caroline pudiera hacerlo, sino porque ya no era la única que podía hacer cosas fuera de lo común, ella tanto como yo poseíamos cualidades inhumanas.

-Sé que es descabellado pero puedo probártelo aquí y ahora- entonces se levanto del la cama sin previo aviso y dio una vuelta completa en su lugar.

Si tuviera un control remoto para poner en cámara lenta lo que estaba haciendo estaría fascinada, primero su cabello se torno más corto y rubio, su cuerpo se estiró un poco y cuando volví a ver su rostro ya no era Caroline sino Sandra Brutock, la capitana de las animadoras, sólo que seguía con la misma vestimenta de mi amiga.

-Increíble- me dije a mi misma, en mi interior tuve una punzada de envidia. Con sobresalto recordé que luego sería mi turno de sinceridad.

-¿Qué haces en una camilla, Witman? ¿No fue suficiente para ti?- habló la Sandra falsa exactamente como lo haría la verdadera, hasta poseía las mismas expresiones de desdén que hacía al dirigirme la palabra- ¿Lo ves ahora?- preguntó nuevamente sólo que esta vez supe que era Caroline la que me hablaba desde el cuerpo de su disfraz.

Estaba boquiabierta, era increíble.

-¿Por qué todas las personas pueden hacer cosas fabulosas y yo solo tengo calamidades?- gemí, seguramente mi amiga porrista no tenía tantos problemas como yo gracias a su don.

-¿De qué hablas?- preguntó la Sandra falsa confundida.

-¿Recuerdas el vestuario la semana anterior, que me desmayé?- dije entre comillas ella afirmó con la cabeza.

-Bueno ahora es tu turno- me dijo la Voz molesta, sí ya tenía nombre.

Luego de dejar casi congelada a Caroline quien había recuperado su cuerpo original una vez le dije que yo ya debería estar muerta hacía más de tres años, también se había quedado boquiabierta, como yo en su momento, pero podía ver en sus ojos un poco de miedo, a ella le asustaba la idea de estar hablando con alguien que teóricamente ya debería estar muerto.

Ambas parecíamos amigas de toda la vida, había sido todo un alivio contarle a alguien más humano que Benjamín acerca de mi don anti-muerte.

-Verás, es extraño, cuando copio a las personas normalmente primero es su físico y luego todo lo que tenga que ver con la mente, pero nunca he podido ir más allá del cuerpo cuando se trata de ti, ese fue el primer indicio que tuve para contártelo todo, ya que sabía que debía haber algo en ti que tal vez no era tan normal- dijo ella una vez que le expliqué que la única forma que tenía para demostrar mi don era matándome y es más, ella seguiría sin saberlo porque al retroceder todo no lo recordaría.

-Podías haber errado, imagina si hubiese llamado a gritos a una enfermera para que te llevasen a un psiquiátrico- rió ante la idea.

-No sé cual de nosotras está más loca.

-Entonces nunca pudiste disfrazarte de mí, es curioso- dije luego de un rato, en cualquier momento entraría una enfermera para anunciarle a Caroline que debía retirarse, era irónico ahora que lo pensaba, las dos animadoras hablando de dones infrahumanos en un hospital local.

-Físicamente sí, ni siquiera tocándote se como son su pensamientos o recuerdos.

-¿Por qué crees que, cuando me tocaste en le vestuario, haya retrocedido el tiempo?- pregunté interesada al recordarlo, todavía no encontraba la respuesta.

-No lo sé, aunque estoy segura de que puedo entrar en tu mente, pero tu misma me lo impides…retrocediendo para que yo no recuerde lo que veo.

Nos quedamos unos minutos en silencio intentando debelar las cosas que todavía no entendíamos de nosotras mismas.

-Dijiste que una persona más sabía acerca de tu poder ¿Quién?- pregunté con interés, estaba segura de que ella no conocía a Benjamín o a su prima como para contárselo a alguno de ellos, además de ser así mi novio me lo hubiese dicho.

-Vanessa, ella lo tomó bastante bien, le pareció divertido el poder hacer bromas con él, supongo que mientras lo tomé por ese lado… está bien- contestó cabizbaja- No hablamos mucho de eso últimamente.

Torcí mis labios en una mueca, yo nunca había tenido el valor suficiente para contarle nada de esto a Carla, sabía que en cualquier momento llegaría la oportunidad pero tenía miedo de que me rechazara como algo alienígena, asqueroso y raro; y al ser ella un gran sostén ante la depresión que poseía desde que me había mudado a este sitió, me dolería mucho perderla por algo así

-Todavía no me dijiste porque desapareciste la semana pasada ¿Fue por mí?- pregunté incrédula y confundida, luego de haber hablado de nuestras anomalías, no podía creer que su ausencia fuera por mi don.

-¡No! claro que no, no soy tan hipócrita- respondió de inmediato con tono de indignación- Lo hice por los Rusín- sentenció y se me cayó el alma al piso ¿Qué había pasado?

-¿Por…por los Rusín? ¿Por Benjamín y Tiffany Rusín?- pregunté medio tartamudeando de la sorpresa.

-No sé si lo sabes, pero debo advertirte, ellos ni siquiera son como nosotras- explicó con cautela por mi reacción- se que Benjamín está contigo y no es que quiera tirar abajo su relación, sólo quiero que estés atenta, él…es peligroso.

¿Cómo sabía Carolina que ellos no eran humanos? ¿Habría intentado disfrazarse como alguno de ellos?