-¡Heiji, hijo!-Exclamó una voz desde el piso de abajo.- ¡Tienes una llamada!
Con pereza, Heiji soltó su revista semanal de motocicletas y se levantó de la cama. Seguramente sería Kazuha suplicando perdón, cosa que él no le negaría, para luego ir corriendo a su casa para disculparse personalmente con algún que otro beso. Se le hacía la boca agua. Era un plan de lo más apetecible. Ya estaba completamente mentalizado para ello.
Quitó el teléfono de las manos a su madre y se lo puso a la oreja.
-Aquí Heiji Hattori.-Dijo con su voz más madura y varonil.
-Em... Hattori...
-¿Tú qué coño quieres ahora?-Preguntó de mala gana Heiji al notar la voz de Toya al otro lado del teléfono.
-Kazuha... Kazuha ha venido a mi casa hace cosa de unos diez minutos y...
Heiji se estaba empezando a hartar de la vacilante voz del muchacho al otro lado de la línea.
-¡Joder, imbécil! ¡Dime de una puta vez qué quieres!-Bufó enfadado el moreno.
-¡Kazuha me ha pedido antes que le dijera de dónde saqué el éxtasis que le eché en la bebida la noche de la fiesta!-Soltó de carrerilla el otro.
-¿C-Cómo?-Preguntó Heiji, tras un momento de absorto mutismo.
-M-Me dijo que era para entregar a la policía al camello que me vendió la droga, pero lo dijo de una forma que a mi no me ha convencido, por eso te he llamado...
-¿Y para qué coño le dices nada, hijo de puta?-Vociferó el detective enfurecido, dejando casi sordo a un asustado Toya- ¿Dónde le has dicho que estaba el camello?
-En el polígono industrial de detrás del parque... La dije que buscara a una tal Semblante, una camello cincuentona delgada, con chepa, sucia, casi sin pelo y con los dientes pochos que viste como una vagabunda...
Heiji colgó el teléfono a toda rapidez. Subió a su habitación a por el móvil y las llaves de la moto para después salir zumbando en busca de la chica con coleta acelerando la motocicleta al máximo, alcanzando velocidades de vértigo, con la cual surcaba las calles de la ciudad como si estuviese volando.
