23. La graduación (Edward POV)


Por donde empezar, mi ausencia ha sido debida a mis complicaciones en el embarazo y a mi gran tristeza por la muerte de uno de mis bebés un varoncito que vino para irse al cielo y ser un ángel. Os pido una oración en su recuerdo...

Mil gracias por seguir ahí. De verdad. ¡MIL GRACIAS!


Cuando la luz comenzó a colarse por las ventanas, Edward abrió los ojos, realmente no había dormido mucho, había despertado temprano debido a los nervios por la graduación. Él sería quien debía dar el discurso final, el que despediría a todos los estudiantes y en sueños lo había estado repasando sin a penas ser consciente. Mil vueltas le dio a ese discurso antes de darlo por finalizado y aunque había algunos tópicos también escondía sus sentimientos más profundos, enmascarados entre las palabras, sería su forma de decir hola a una nueva vida y de decir adiós a otra que terminada.

Edward sabía que dentro de poco Alice aparecería para despertarlos y arreglarlos a todos, así que mirando a la pequeña que tenía entre sus brazos, suspiró y dejó un dulce beso en su frente mientras le daba los buenos días.

- Buenos días mi vida. Debo irme a arreglar en un ratito nos vemos.

Bella se quedó parada no reaccionó como todas las mañana, pero al escuchar la voz dulce pero estridente de Alice, Edward no pudo más que levantarse y dirigirse hacia su habitación. Allí vio su traje, preparado la noche anterior, sobre la cama. Traje que por supuestísimo había seleccionado Alice personalmente. Parecía que ella era la "personal shopper" de toda la familia. Alice siempre conseguía que todos quedasen perfectos y por eso nadie la cuestionaba en sus decisiones. Edward pensaba en que estaría pasando en la habitación rosa. Se vistió mientras un fuerte golpe sonaba en su puerta. Emmet junto con Jasper hicieron su aparición y los chistes, las bromas y las risas comenzaron en la habitación de Edward. No habría pasado más de media hora cuando Edward comenzó a echar de menos a Bella, así que con la excusa de enseñarle su traje se dispuso a ir hasta la habitación rosa. Simplemente abrió la puerta cuando observó a Bella bajar las escaleras acelerada. La siguió hasta el jardín de Leticia y observó que la pequeña tenía algunas lágrimas en sus ojos. Bella se giró hacia el sol y cerró los ojos mientras la luz parecía cubrirla. Edward cuando la vio así tuvo la necesidad imperante de abrazarla y la tomó por detrás cogiéndola entre sus brazos.

- ¿Por qué mi vida salió corriendo? - Preguntó Edward muy preocupado.

- Creo que Alice y Rosalie me estaban volviendo un poco loca. - Edward sintió que había algo más a parte de lo que Bella le contaba pero no logró descifrar que era y sintió que lo correcto era hacerla sonreír sin preguntar nada más.

- Bueno, quería que vieras mi traje, fui a tu habitación cuando te vi salir corriendo. - Edward observó mientras decía esto que Bella estaba triste y comenzó a hacer poses graciosas. Se sentía terriblemente ridículo pero pensó que cualquier esfuerzo merecía la pena por conseguir una sonrisa de Bella. Cuando la miró observó que Bella trataba de contener las lágrimas así que dejó de hacer el payaso y la refugió en sus brazos para quitarle todos los males.

- Seguro que vas a ser el más guapo de todos tete. Te quiero. - Edward sintió que su corazón se henchía con la emoción de esas simples palabras. Atesoraba en su interior cualquier te quiero que Bella le decía como si fuera el mayor tesoro que podía encontrar. Sin darse cuenta la abrazó fuertemente. Y aprovechó que ella se relajaba entre sus brazos para dirigirse a la casa. Era la hora de que Bella se vistiera, aunque para él estaba hermosa con cualquier cosas, una niña de su edad no podía ir vestida con un pijama por la calle.

Cuando llegaron piera de la habitación rosa, Edward llamó suavemente a la puerta.

- No me dejes... van a jugar a la barbie-Bella y no quiero, no quiero, no quiero... - Bella lloriqueó y pataleo entre sus brazos lo que a Edward le pareció sumamente gracioso y al final la pasó a los brazos de Esme que la tomó cariñosamente.

Después de que la puerta se cerrara se dirigió hacia su habitación que ahora estaba totalmente desordenada, cosa que Edward odiaba profundamente, debido a sus amigos que se habían dedicado a lanzarse los cojines y las sábanas de la cama de Edward. Mandó a sus amigos al salón y puso todo en orden, observando el bonito retrato que Bella le había regalado. Sonrió para si mismo y bajó al salón a esperar a que las chicas terminaran.

Mientras esperaban hablaban animadamente de cosas sin importancia. La espera se hizo corto y en menos tiempo del esperado las chicas bajaron por las grandes escaleras de la casa Cullen. Todos se quedaron sin palabras, estaban hermosas con esos vestidos tan adecuados para cada una de ellas, sin duda Alice tenía un gran gusto. Edward se sonrió al ver que Alice había conjuntado los colores de las corbatas de los hombres con cada pareja. Él, el único desparejado se dio cuenta que tenía la corbata del mismo color que el vestido de Bella y sin entender muy bien porqué sintió que eso era lo más correcto.

Cuando Edward se fijó en Bella la imaginó con 18 años, hermosa, brillante y con ese dulce color rosado en sus mejillas, no la vio como la niña pequeña que tenía en frente. Eso le hizo sentir extraño, pero aún así, no pudo más que acercarse y tomar a esa pequeña entre sus brazos mientras le decía lo guapa que estaba. La llevó al Volvo donde irían con Alice y Jasper. Jasper y Edward montaron delante mientras Alice y Bella lo hicieron en los asientos traseros. Edward observaba a Bella por el espejo retrovisor y sentía como había algo en ella que la inquietaba. La duda de su inquietud fue resuelta en cuanto bajaron del coche. Bella tenía miedo de que Tanya le dijera algo o le hiciera daño. Edward no pudo más que tomarla entre sus brazos y llevarla hacia el interior. Sabía que Bella no se había tranquilizado con sus palabras pero esperaba que a medida que la ceremonia pasase, también lo hiciera su intranquilidad.

Cuando llegaron al lugar preparado para la ceremonia, Rosalie y Edward se dirigieron hacía sus asientos. Edward manoseaba nervioso su discurso cuando Tanay se acercó hacia él, sin siquiera mirarla, se giró y se desvió hacia la tarima principal, no tenía ganas ninguna de hablar con ella, ni de que Bella los pudiera ver hablando. Cuando todo el mundo estuvo en su sitio y el silencio comenzó a formarse, Edward carraspeó levemente y comenzó con sus discurso. A veces sentía que la vos le temblaba, pero parecía que nadie se hubiera dado cuenta. Veía a sus compañeros sonrientes, tranquilos y nerviosos a la vez, a sus padres orgullosos, a sus amigos alegres y a su pequeña niña que lo miraba con esos ojos de admiración que sólo un niño inocente puede tener. Cuando Edwsard acabó su discurso se dirigió a su posición correspondiente para ver el resto de la ceremonia. Inocente, esa palabra se había quedado bailando en su cabeza. Día a día sentía como Bella iba recuperando su inocencia su felicidad, su alegría... cuanto la echaría de menos al marcharse. Ahora sí era real, Edward se marchaba y todo el peso de ese acto cayó sobre sus hombros. Sintió un escalofrío que le heló la sangre, no quería marcharse, no debía marcharse, ese único pensamiento tenía en su cabeza, mientras lanzaba el birrete al aire, mientras sonreía falsamente como un poseso para intentar ocultarlo, mientras caminaba de nuevo hacia su familia. Ese pensamiento y ese malestar que no le dejaban disfrutar plenamente de la alegría de haber terminado una etapa vital.

Cuando Edward se dirigía hacia su familia Tanya de nuevo intentó acercarse a él, esta vez interponiéndose en su camino, así que esta vez Edward no pudo ignorarla:

- Edward cielo, tu discurso ha sido hermoso, me ha hecho recordar tantas cosas... me gustaría que lo nuestro no acabara con el sabor amor que ha quedado, ¿por que no te pasas esta noche por mi casa y arreglamos las cosas?

- Tanya, grábalo a fuego en tu rubia cabecita. Yo te tenía por alguien que no eras, ahora no puedo verte más que como una mujerzuela. Deja todo como está y olvídate de mi. - Edward la apartó bruscamente con el brazo y centro su mirada en Bella. Ella lo observaba seria y con cierto deje de tristeza, o eso sintió él.

Antes de llegar hasta su familia Edward vio como Bella se soltaba de la mano de Esme y se acercaba hacia él corriendo. Esperaba que se lanzara a sus brazos para tomarla entre ellos, pero Bella cuando llegó a su lado simplemente le tendió la mano. Él no pudo más que cogerla cariñosa y dejar que su amargura por aquel gesto que él sentía frío no saliera a la luz.

- Edward? Cuando te vayas a la universidad... ¿vendrás a verme?

- Claro pequeña. - Edward no pudo más que tomar entre sus bfrazos a Bella y abrazarla fuertemente, queriendo asegurarse que sus promesa sería real. Pero en su interior un malestar que no se iría comenzaba a formarse. - Aunque me vaya a la universidad siempre estaré velando tus sueños y volveré a casa siempre pueda.

Tras esta pequeña charla comenzó la tortura de todos los estudiantes, felicitaciones, abrazos, fotos y más fotos. Edward cada vez se sentía más ahogado, necesitaba que eso terminase, necesitaba poder respirar y dejar que su cabeza se aclarara.

Por suerte Carlisle acabó con la tortura y los obligó a dirigirse al restaurante. Edward sintió la mirada de su madre y ella organizó los coches para ir allí. Él siempre sintió que Esme era capaz de ver a través de su alma y como si supiera lo que necesitaba dejó que él y Bella se dirigieran solos al restaurante. Cuando entraron al coche Edward puso a reproducir su cd de música clásica y dejó que el sonido inundara la estancia interior. No quería hablar, sólo observaba a su pequeña sonriente y tranquila. Cada vez que la mirada de Edward y Bella se cruzaba miles de emociones saltaban en el ambiente, corrientes eléctricas invisibles llenaban el auto y la felicidad iba calmando los nervios y el malestar de Edward.

Rápido, muy rápido, demasiado rápido pensó Edward que habían llegado al restaurante. De forma lenta bajó a Bella del coche y de la mano la condujo al interior del salón. Había dispuesta una gran mesa a nombre de los Cullen. Todos se sentaron alrededor de ella y comenzaron a comer y a hablar. Se hacían preguntas unos a otros. Se valoraba el pasado, el presente y el futuro, todo ello aderezado con flashes aquí y allá que a veces Edward no sabía ni de donde venía. Las charlas sobre el pasado le sobrecogieron, todo el mundo omitía de ellas a Leticia, en el presente todo eran anécdotas insulsas y el futuro... el futuro era lo que más nervioso ponía a Edward, ya que ahora empezaba algo que ya no podría controlar y que aunque antes pensaba que tenía muy claro, ahora lo veía como una mancha borrosa que se perdía en el infinito.

- Vamos a hacernos fotos familiares, venga colocaros todos. - Dijo Alice alegremente, lo que sacó a Edward de sus cavilaciones y le llevó a sonreír amablemente a la pequeña duende.

Primero posaron los Hale, regios, majestuosos, perfectos, parecían una familia de modelos más que una familia. Después fue el turno de los Cullen. Todos se levantaron y se colocaron frente una pared adornada con flores. Edward observó como Bella se quedaba sentada en su asiento, pensativa y algo triste, aunque en sus labios rosados bailaba una sonrisa tímida. Edwar pensó que tal vez ella no quería posar junto a ellos, a pesar de todo, quizás no se sentía parte de la fmailia, pero bastó una mirada a Emmet para que sin palabras los dos se acercaran a Bella y la tomaran entre sus brazos. Emmett dijo las palabras justas y todos posaron contentos. Edward se sentía feliz de que su familia la hubiera aceptado como una hija y una hermana más, aunque sabía en su interior que él fue al que más le costó admitirla. Además se alegraba sobre manera de que Bella también se sintiera parte de los Cullen, ya que él cada día adoraba más a su hermanita.

Tras la comida todos se fueron a sus respectivos hogares a descansar. Edward y los chicos habían quedado para la noche, había cena y fiesta especial para los graduados y todos aquellos que se quisieran unir. Así que sería una larga noche. Edward esperaba poder descansar un poco antes de todo el ajetreo. Cuando llegaron a casa todos fueron a quitarse los trajes y ponerse ropa cómoda. Edward se dio una ducha, se sentía demasiado acalorado y sudado de todo el día. La ducha lo despejó de sus ganas de dormir un rato así que se acercó a la habitación rosa a ver que hacía Bella, pero cuando abrió la puerta la habitación estaba vacía.

- Hijo, Bella está en el jardín. - Le dijo su madre sobresaltándolo, a la vez que le acariciaba la espalda. Edward se volvió hacia su madre y la besó en la mejilla, antes de dirigirse casi corriendo al jardín, y más concrétamente al jardín de Leticia, que los últimos tiempos parecía el jardín de Bella.

Cuando estaba a punto de llegar se paró y observó como Bella jugaba con sus muñecos de trapo tranquilamente sentada en el césped. Estaba simulando una conversación entre ellos, mientras se reía sin parar. Era ahí, cuando Edward observaba toda la inocencia de una niña de su un momento Bella tomo los muñecos entre sus brazos y los apretujó contra su pecho. A Leti le dio un beso en la frente y a Edi, bueno a Edi le dio un beso en los labios antes de seguir jugando como si nada. Edward se paralizó ante ese hecho, su corazón dio un vuelco y juraría que sintió ese beso como si fuera en sus propios labios. Edward alejó esos pensamientos de su cabeza y se abofeteó mentalmente. Cuadró sus sentimientos y los racionalizó, no debía olvidar nunca que Bella era una niña que había sufrido mucho, sin embargo... ese beso... Edward se preguntó si realmente Bella lo vería como a su atacante y por eso hizo aquello. Se perdió en sus cavilaciones y sin querer pisó una ramita que alertó a Bella de sus presencia.

- Tete quería montar en el columpio, pero yo sola no llego. - Dijo Bella suplicante. Así que Edward, quitando de su cabeza todo malpensamiento, volvió a ver Bella la niña inocente, la que le recordaba a su hermanita y no pudo más que tomarla entre sus brazos y subirla al columpio mientras comenzaba a tararear su nana. La meció despacio pero cada vez con un poquito más de fuerza. Bella tarareaba con él y reía sin parar. No hacían falta las palabras en esos momentos.

Edward quería aprovechar cada segundo y al ver como se divertía Bella, quiso compartir esa alegría infantil y pacífica de la que ella estaba disfrutando, así que la tomó en brazos por sorpresa y se subió al columpio con ella. Ambos reían sin parar, Edward hacía años que no se columpiaba y disfrutaba así y su cabeza voló a tiempo pasados, a recuerdos perdidos, donde Leticia y él disfrutaban de las tardes de verano, donde se columpiaban intentando, con la inocencia infantil, alcanzar el cielo.

La tarde pasó entre risas, cantos y muchos juegos, y así llegó la hora del crepúsculo. Bella se dirigió hacia la casa con tristeza, sabiendo que Edward esa noche se iría de cena y ella se quedaría sola. Edward caminaba despacio, intentando detener el tiempo. Sus amigos le habían convencido para asistir a la cena y posterior fiesta de graduación que se celebraba. No tenía muchas ganas de ir, sabía que se encontraría con Tanya de nuevo y temía que debería soportarla con toda la valentía, que encima, un par de copas le otorgaban.

Subió a arreglarse a su habitación tras dejar a Bella con su madre. Se vistió despacio esperando que el tiempo pasara y se hiciera tarde para salir, pero, cuando salió de la habitación, escuchó las voces de todos sus amigos en el salón. Cuando Edward bajó, vio la cara triste y enfurruñada de Bella que trataba de sonreír haciendo ver que no le molestaba, pero él sabía que le dolía sentirse como la niña pequeña en esas ocasiones. Se despidió de ella con un abrazo y un cariñoso beso en la frente y junto a sus amigos, salieron por la puerta hacia los coches.

Al llegar a la fiesta, todos comieron, bebieron y bailaron sin parar. Sus amigos lo rodeaban impidiendo hábilmente que Tanya pudiera acercarse. Tanya por su lado no deja de observara Edward y buscaba la manera de llevarlo junto a ella. En un momento dado de la noche, Edward salió a solas a la calle y Tanya se abalanzó sobre él, besándolo por sorpresa. Edward que llevaba unas copas de más le devolvió el beso de manera casi automática. Cuando la sintió entre sus brazos la presionó con fuerza y descargó sobre ella unos sentimientos que para nada pertenecían a esa mujer, pero que liberaron a Edward de la pesada carga que sin querer llevaba a sus espaldas. Cuando tomó consciencia de sus actos apartó a Tanya con despreció:

- No vuelvas a hacer eso, para comportarte como una mujerzuela es mejor que busques a alguien que te pague por ello.

- Que te den Edward Cullen! Será que ya sólo las niñitas te empalman. Depravado! - Dijo Tanya soltando una grotesca y exagerada risa.

Edward se paralizó y cuando sintió el toque de alguien en su hombro se volvió inconsciente.

- Edward! Reacciona, ve a casa, has bebido suficiente por hoy. Jasper y yo te llevamos. - Dijo Alice. Y arrastrándolo hacia el coche lo llevaron a su casa. Ellos habían observado todo desde la puerta y no entendieron el por qué de las palabras de Tanya, ni por supuesto la reacción de Edward. Pero callaron y sacaron a su amigo de aquella situación embarazosa.

- Tanya me besó a traición y cuando no respondí a su beso... bueno... supongo que intentó dañarme con Bella porque una vez, puse a esa pequeña por encima de ella. - respondió Edward a la pregunta no formulada, pero que bailaba en el ambiente de aquel coche. Alice y Jasper soltaron un suspiro inconsciente a la vez y Edward se guardó de nuevo para si la mezcla de sentimientos que realmente habían en su interior.

Cuando Edward llegó a casa, subió a su habitación lentamente, procurando no hacer ruido y se metió en la ducha. Cuando sintió que el olor a sudor y alcohol había desaparecido, salió se puso una camiseta con unos pantalones viejos y de manera automática se dirigió hacia la habitación rosa, la única en la que ahora podía dormir realmente.

Al entrar vio que Bella mascullaba en sueños, se quejaba, observó lágrimas secas en sus rosadas mejillas, así que se sentó a su lado mientras tarareaba su nana y acariciaba su sedoso cabello. Bella sin despertar se acercó hacia él y Edward la tomó entre sus brazos sin dejar de tararear la nana que le había compuesto. Bella se relajó de manera inmediata y durmió tranquilamente, mientras una pequeña sonrisa bailaba entre sus labios. Edward al sentir la paz de la pequeña en sus brazos se dejó llevar también por los brazos de Morfeo.

Aunque la noche de ambos fue totalmente diferente. Edward la pasó peleando con sentimientos inconscientes que luchaban por salir y que él sentía que debía tener enterrados en su interior y no dejar salir a la luz. Edward soñaba que peleaba contra si mismo, viendo un reflejo de él que le mostraba un monstruo malvado pintado de gris, era como una sombra que se acercaba a Bella y sin siquiera tocarla la dañaba, el otro Edward, era en color, era él, luchando por mantener a Bella libre, feliz, jugando como una niña pequeña que realmente no había sabido nunca lo que era el dolor.

La luz del sol despejó todos los malos sueños, las pesadillas y dio comienzo a las últimas vacaciones de adolescente que Edward tendría.