recuerdn de ke nada me pertenece

disfruten

Capitulo 25

- Háblame de Edward -le pidió Christina, eligiendo de entre las galletitas que había en la bandeja una de fresa.

Bella daba vueltas y vueltas a su té con la cucharilla, aunque había olvidado ponerle azúcar.

- No sé qué contarte.

- Pues cuéntamelo todo -dijo Christina teatralmente-. Estoy muerta de curiosidad -se había quitado los zapatos y estaba sentada con las piernas dobladas. El nerviosismo del vuelo había empezado a disolverse. Bella, en cambio, no parecía relajada. Pero Christina lo achacó al ajetreo de los preparativos del baile-. Naturalmente, no hace falta que me lo describas físicamente -añadiendo, señalando con media galletita que a continuación se metió en la boca-. Veo su foto cada vez que abro una revista. ¿Es divertido?

Bella pensó en el día del barco, en los paseos en coche que a veces hacían a lo largo de la costa. Pensó en las cenas de etiqueta a las que asistían, cuando él le susurraba al oído alguna palabrota que la hacía reír.

- Sí -dijo, sonriendo-. Sí, es divertido. Y fuerte. Y también es listo y un poco arrogante.

- Ya veo que estás loca por él -dijo Christina, escudriñando la cara de su amiga-. Me alegro por ti.

Bella intentó sonreír, pero no lo logró. Al final acabó alzando su tasa.

- Pronto lo conocerás y podrás juzgar por ti misma.

- Hmm -Christina observó la bandeja de finísimas galletas, sintió remordimientos y por fin eligió una-. Esa es una de las cosas que me molestan.

Alarmada, Bella bajó de nuevo la taza.

- ¿Qué te molestan?

- bueno, sí, Bella, es que, verás... ¿Donde lo conociste? No puedo creer que conocieras a ese hombre tan maravilloso, tan listo y tan arrogante el año pasado, cuando estuviste en Estados Unidos, en mi casa, y que no me dijeras ni una palabra.

- Ya sabes que los miembros de la realeza tenemos que ser discretos -dijo Bella con desenfado, y fingió interesarse por las galletas.

- Y tan discretos -dijo Christina con la boca llena-. En realidad, recuerdo que me dijiste que no había nadie en tu vida y que los hombres no te interesaban especialmente. Y yo te di la razón de buena fe, porque acababa de salir de una relación desastrosa.

Bella sintió que se estaba metiendo en un atolladero.

- Supongo que en ese momento todavía no estaba del todo segura de mis sentimientos... ni de los de Edward.

- ¿Y cómo habéis conseguido mantener la relación a larga distancia?

- Nuestros padres son amigos, ¿sabes? -Bella recurrió a algo que Edward le había dicho una vez y que casi había olvidado-. En realidad, nos conocimos hace años, aquí, en Cordina. El día que yo cumplí dieciséis años.

- ¿No irás a decirme que te enamoraste de él entonces? -Bella se limitó a encogerse de hombros. ¿Cómo iba a confirmar o a negar lo que no sabía?-. ¡Vaya! -Christina se sirvió más té. Como la idea le parecía deliciosa, se olvidó de preguntarle por los pormenores-. Eso explica por qué mostrabas tan poco interés por esos hombres tan guapos que había en París. Me alegro por ti -apoyó un instante su mano sobre la de Bella, en una caricia amistosa, sencilla y espontánea. Pero Bella tuvo que contener las lágrimas-. Me alegro de que Edward estuviera aquí cuando... -Christina se interrumpió. El té dejó de interesarle de repente. Bajó las piernas y volvió a tocar la mano de Bella, pero esta vez con más firmeza-. Bella, quisiera que me hablaras de ello. La prensa no dice más que vaguedades. Sé que aún no han atrapado a los culpables, y no puedo soportarlo.

- La policía todavía está investigando.

- Pero aún no han detenido a nadie. ¿Tú puedes descansar tranquila mientras no sepas quién te secuestró? Yo, por mi parte, no.

- No, yo tampoco -incapaz de seguir sentada, Bella se puso en pie y juntó las manos-. He intentado seguir con mi rutina, pero lo único que hago es esperar y esperar sin saber nada.

- Oh, Bella -Chris se acercó a ella y la abrazó-. No quiero presionarte, pero siempre nos lo hemos contado todo. Estaba tan preocupada por ti... -se le saltaron las lágrimas, pero se las enjugó con impaciencia-. Maldita sea, me prometí a mí misma que no iba a llorar, pero no puedo remediarlo. Cada vez que me acuerdo de cómo me sentí cuando abrí el periódico y vi los titulares...

Bella dio un paso atrás, emocionada.

- No deberías pensar en eso. Ya ha pasado.

Christina la miró con asombro.

- Lo siento -dolida sin saber por qué, Christina miró hacia abajo, buscando su bolso-. A veces se me olvida quién eres y que tienes que vivir conforme a unas normas.

- No -dividida entre lo que le dictaba su instinto y lo que le dictaba su responsabilidad, Bella vaciló un momento-. No te vayas, Chris, por favor. Necesito... Oh, Dios, necesito hablar con alguien -Bella la miró fijamente y de pronto tomó una decisión-. Somos muy buenas amigas, ¿no es cierto?

El asombro y el dolor de Christina se transformaron en desconcierto.

- Bella, ya sabes que...

- No, dímelo.

Christina volvió a dejar su bolso.

- Alice es mi hermana -dijo con calma-. Y la quiero. Haría cualquier cosa por ella. Pero a ti no te quiero menos que a ella.

Bella cerró los ojos un momento.

- Siéntate, por favor -aguardó y luego se sentó junto a Chistina. Tras respirar hondo, se lo contó todo.

Quizá Christina palideciera un poco, y quizá sus ojos se agrandaran de asombro, pero solo interrumpió a Bella dos veces para preguntarle por ciertos detalles. Cuando Bella acabó su relato, Christina se quedó un momento en silencio.

- Apesta -dijo al fin con su suave acento texano, y Bella parpadeó, sorprendida.

- ¿Perdona?

- Apesta -repitió Christina-. La política suele apestar, y los americanos somos los primeros en reconocerlo, pero esto apesta muchísimo.

Por alguna razón, Bella se sintió reconfortada al oír la abrupta opinión de su amiga. Sin pensárselo dos veces, sonrió y tomó una galletita de la bandeja.

- La verdad es que no puedo echarle la culpa a la política. Al fin y al cabo, yo di mi consentimiento.

- Bueno, ¿y qué ibas a hacer, por el amor de Dios? -exasperada, Christina se levantó y se acercó a una pequeña cómoda de cerezo. De pronto, se dio cuenta de que tenía muchas ganas de romper algo. Cualquier cosa-. Estabas débil, desorientada y asustada.

- Sí -murmuró Bella-. Sí, lo estaba -vio que Christina rebuscaba en el interior de la cómoda y localizaba una botellita.

- Necesito un coñac -sin pararse en ceremonias, Christina se sirvió una copa-. ¿Tú quieres uno?

- Mmm -Bella se limitó a asentir con la cabeza-. Ni siquiera sabía que estaba ahí-

Christina derramó un poco de coñac por el lateral del vaso, masculló una maldición y quitó la gota con el dedo.

- Recuperarás la memoria -dijo, volviendo al lado de Bella y lanzándole una mirada firme y sagaz-. Eres demasiado terca como para no hacerlo.

Por primera vez, Bella creyó que, en efecto, así era. Sintiendo una especie de alivio, chocó su copa contra la de Christina.

- Gracias.

- Si no me hubiera dejado convencer por tu padre, habría venido hace semanas -Christina masculló algo ininteligible y se sentó en el brazo del sofá-. A tu padre, a ese tal Loubet ya l maravilloso Edward Masen habría que meterlos en un corral y domarlos como a caballos. Me gustaría echármelos a la cara y decirles lo que pienso de ellos.

- Bella se echó a reír. Aquello era justo lo que necesitaba.

- Te veo muy capaz de hacerlo.

- Oh, pues claro que soy capaz. Me sorprende que no lo hayas hecho tú.

- En realidad, sí que lo he hecho.

- Eso me parece mejor.

- El problema es que mi padre hace lo que cree es mejor para su pueblo y para mí. Loubet, lo que cree mejor para el país. Y yo no puedo reprochárselo a ninguno de los dos.

- ¿Y en cuando a Edward?

- En cuanto a Edward... -Bella levantó la vista de la copa-. Estoy enamorada de él.

- Oh, vaya -exclamó Christina, escrutando el rosto de su amiga-. Así que eso sí que es verdad.

- No -Bella procuró no mirar el anillo de compromiso-. Solo mis sentimientos lo son. El resto es una farsa.

- Ah, bueno, eso no es problema.

Aunque Bella no quería que le tuviera lástima, esperaba un poco de compasión por su parte.

- ¿No?

- Claro que no. Si quieres a Edward, lo conseguirás.

Una expresión de regocijo e interés cruzó la cara de Bella.

- ¿De veras? ¿Cómo?

Christina bebió un rápido sorbo de coñac.

- No seré yo quien te recuerde a todos los hombres que has tenido que quitarte de en medio. Es demasiado humillante para mi ego. Aunque, de todos modos, no valen la pena -chocó su copa con la de Bella.

- ¿Quiénes?

- Los hombres -Christina cruzó sus piernas enfundadas en medias de seda y observó los dedos de sus pies-. Los hombres no valen la pena. Son todos unos canallas.

Bella tuvo la sensación de que ya habían tenido aquella conversación. Una carcajada borboteó en su garganta.

- ¿Todos?

- Todos.

- Chris... -Bella extendió un brazo-. Me alegró de que hayas venido.

Su amiga se inclinó hacia delante y la besó en la mejilla.

- Yo también. Ahora, ¿por qué no me acompañas a mi habitación y me ayudas a elegir algo devastador para la cena de esta noche?


hoolaa jejeje espero les haya gustado ke Alice se incorporara a la historia jejeje

espero sus RR

bye