LOS PERSONAJES DE INUYASHA NO ME PERTENECEN, SON PROPIEDAD DE LA GRAN MANGAKA RUMIKO TAKAHASHI. LA HISTORIA ES MÍA.

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CAMBIOS Y DOLOROSOS RETORNOS


-Capítulo dedicado a Andrea Adk Moreno, por petición especial y a Miko Kaoru-sama porque hoy su cumple :3-


Sonrió de manera torcida y soltó el mechón del largo cabello de la dormida pelinegra.

—Vamos a ver cómo reaccionas a esto, Inuyasha—. Mencionó divertido mientras se retiraba directo a la primera planta.

Bajó las escaleras también agotado pero el hambre comenzaba a incomodarlo, llegó a la cocina y abrió el refrigerador buscando algo fácil para preparar. Negó en silencio mientras sacaba varios quesos, jamón y una lechuga, después de la alacena sacó el pan y mayonesa, también un par de platos. Era la primera vez que preparaba alimento para alguna de sus amantes.

Volvió a negar… algo le decía que debía acostumbrarse a eso con Kagome.

Una vez que tuvo los dos emparedados listos y uno de ellos, empaquetado en un delgado plástico, volteó hasta el gran ventanal de su sala… la noche estaba cayendo. Se encogió de hombros y dio una mordida a su emparedado mientras colocaba el otro en una charola, sacó un par de bebidas y las colocó sobre la misma para proseguir a dirigirse a la habitación principal. Comenzaba a subir cuando un débil sonido lo hizo fruncir el ceño y detener su marcha. No tardó en ubicar el lugar exacto de donde procedía tan constante sonido.

Después de dejar la charola en uno de los burós, se dirigió hasta la puerta principal, donde junto a su chamarra, también se encontraba tirada el pequeño bolso de la pelinegra.

—Diga—. Respondió luego de sacar el móvil y ver de quién se trataba.

¿Kagome?— Cuestionó la mujer del otro lado.

—Ella está algo… indispuesta—. Respondió y sonrió con malicia al recordar lo ocurrido momentos antes.

¿Ba-Bankotsu?

—Sí. Y Kagome por el momento no te puede contestar—. Afirmó e informó casi molesto.

Pe-pero… ¿q-qué hace contigo?¿ustedes dos…?— Preguntó desconcertada la joven pelicorta.

—Kagome y yo tenemos algo…

¿Algo?— lo interrumpió —¿desde cuándo? ¿desde la playa, por eso ustedes dos volvieron juntos?

—Eso no es de tu incumbencia—. Mencionó haciendo a la chica molestarse —Kagome es mía, así que deja de conseguirle citas.

—Ah… eso…— Mencionó y sonrió ahora nerviosa la joven, ya entendía un poco el mal genio del ojiazul, ¿por qué Kagome no les diría nada?... ¡vaya!, así que su ex tonta amiga estaba en aprietos.

—Sí, eso—.Recalcó— Así que estás enterada, y no lo vuelvas a hacer—. Mencionó secamente, su puño todavía estaba resentido por el fuerte golpe que le dio al tipo con el que Kagome salía, pero había dejado de darle importancia aunque no por ello su molestia desapareciese.

¡Ey, no me vayas a colgar!— Advirtió la joven deteniendo al ojiazul que pretendía hacerlo. El otro escuchó desinteresado —Ustedes tendrían sus razones para ocultar lo que sea que tienen, pero, ¿cuándo la traerás de regreso?

—No lo sé, tal vez duerma conmigo, Kagome ya no es una niña—. Respondió y colgó fastidiado. Si algo iba a cambiar, iba a ser eso, su relación ya no sería del todo un secreto.

Presionó una tecla y el celular quedó carente de sonido. Lo llevó con él, lo colocó junto al par de emparedados y subió al segundo piso. Kagome seguía dormida y optó por encender el plasma suspendido en la pared, frente a su amplia cama y ver algo de televisión mientras comía.

La notó agotada al verla de reojo, ni siquiera el débil sonido de un canal de noticias que veía, lograba incomodarla, o el suave movimiento de la cama cuando finalmente se levantó. Se dirigió al baño a un par de metros de esa cama, necesitaba una ducha, solo esperaba encontrarla todavía durmiendo cuando saliese, y no que otra vez se diese a la fuga, como ya lo había hecho antes.

… .. … . … .. …

Suspiró agotada y giró su cuerpo para acomodarse en la comodidad de esa cama, pero un dolor en la parte baja de su cadera le recriminó en el acto. Frunció el ceño y se quejó incómoda. Llevó su mano a su rostro y abrió los abrió despacio al no ser capaz de recordar nada… ¿era de día o de noche? ¿y qué hora se había quedado dormida?

—¿Qué?— Se preguntó al no reconocer su cama, un segundo después se sentó rápidamente y se volvió a quejar dolorida.

—Deberías tener más cuidado al moverte así— la voz ronca a su espalda la hizo quedarse quieta y con los ojos sumamente abiertos… ya recordaba dónde estaba y qué había estado haciendo antes de quedarse dormida. Abrió la boca incrédula de lo que habían hecho.

Kagome tragó pesadamente sin decir una sola palabra y en ese momento pareció ser consciente de su desnudez, jaló de la sábana de seda guinda que la había cubierto, tapó sus senos y apretó sus ojos… moría de la pena de verlo a la cara después de cómo estuvieron y las cosas que le había obligado a decirle. No podía estar más avergonzada.

Bankotsu sonrió de medio lado al salir del baño y encontrarla sentada, se secaba su largo cabello con una blanca toalla, la observó por un segundo y la notó tensa… a veces Kagome le resultaba divertida en su pudor.

—B-Bankotsu…— Lo nombró apenas abriendo los ojos.

—Vaya, pensé que te habías quedado muda—. Mencionó divertido el chico al entender el porqué de su reacción, estaba de pie del otro lado de la cama.

Kagome mordió su labio, volteó a verlo despacio conteniendo la vergüenza que la invadía… conocía a Bankotsu y sabía que pretendería abochornarla al recordarle sus palabras y no quería que eso pasara, iba a inventar una tonta excusa, buscar su ropa y escapar lo más rápido posible… pero todo eso se le olvidó cuando vio su mirada azulina brillar con un toque de diversión y su ligera sonrisa ladeada, bajó su mirada siguiendo un largo y húmedo mechón de cabello que le caía sobre el trabajado pecho… un sonrojo se apoderó de su rostro al continuar bajando su mirada a la marcada área abdominal… Kagome tragó ligeramente y no pudo evitar ver un poco más abajo, siguiendo esa delgada línea de bello obscuro que llegaba a enmarcar al alargado miembro del moreno. Su rostro ardió.

—¡Kyaa! ¡Estás desnudo!— gritó y ocultó su rostro entre la sábana y volteó a verlo una última vez, como comprobando sus propias palabras.

El ojiazul sonrió orgulloso de esa parte que parecía haber atraído la mirada de Kagome.

—Estoy en mi casa ¿qué tiene de malo?— Respondió al encogerse de hombros y avanzó un par de pasos a ella — Además, tampoco es como si nunca me hubieras visto desnudo.

—¡Ah!— Kagome se levantó indignada y dispuesta a marcharse de ahí.

—¿A dónde crees que vas?— Cuestionó al cerrarle el paso e intentar acercarse a ella.

—Aleja eso de mí—. Le advirtió avergonzada y sin atreverse a mirarlo una vez más.

—Mph—. Sonrió divertido —¿por qué?— Le preguntó al envolver su cintura en un abrazo… la piel fría de sus manos hicieron contacto con la tibia de la espalda y cadera desnuda de la joven, al solo cubrir con la sábana la parte delantera de su cuerpo.

—P-porque...— Dijo con los ojos cerrados.

—¿Por qué mejor no volvemos a portarnos mal, Kagome?— Le cuestionó en un ronco susurro.

—¿Portarnos mal?— Repitió y su piel se estremeció —No, no, no, ¡quítate!— dijo y lo aventó —y-yo d-debo irme.

—¿A esta hora?— cuestionó curioso al verla avanzar y detenerse ante sus palabras. Sonrió.

—¿A esta hora?¿Qué hora es?— Volteó a verlo mientras cubría todo su cuerpo.

Él se encogió de hombros —la última vez que revisé, cerca de las diez.

—¿Las diez?... no puede ser—. Mencionó incrédula— Debo irme, las chicas seguro estarán preocupadas—. Dijo de prisa y se giró para comenzar a bajar.

—Ah, por cierto—. Añadió mientras enredaba la toalla en su cadera —Una de tus amigas habló—. Informó y con su pulgar señaló hacia el buró a su espalda.

Kagome abrió los ojos sorprendida —¡¿Qué?!— Preguntó y regresó a donde él le indicó —¿algo más que no me hayas dicho?— preguntó irónicamente al pasarlo de largo en busca del móvil.

Él alzó la vista fingiendo recordar —pues… creo que le dije que dormirías conmigo esta noche.

—¡¿Qué?!— alzó la voz y volteó a verlo. Él se encogió de hombros y Kagome frunció el ceño— ¿estás loco? Ya se enteraron de todo— reprochó, volvió su vista al móvil y observó varias llamadas perdidas, revisó el registro mientras el moreno se colocaba el pantalón de una pijama.

—Creo que después de lo que hiciste es lo justo—. Comentó el otro con simpleza.

Kagome negó preocupada y sin prestarle demasiada atención. Estaba en problemas, no, estaban; y él parecía despreocupado. Suspiró ligeramente agradecida al ver la llamada a la que el moreno hizo referencia —hablaste con Yura. ¿Qué te dijo?

—Insistió en saber algunos detalles…

—No le habrás contado.

—No todo—. Respondió mientras comenzaba a trenzar su cabello y Kagome lo vio molesta.

—¿No todo?¿y dónde queda el maldito secreto en eso?

—De eso debemos hablar—. Aclaró al fijar su vista en ella.

Kagome tragó ligeramente… ¿y ahora qué?

—Juro que me las vas a pagar— Advirtió y marcó el número de Yura.

—¿Qué podrías hacerme?— La retó divertido desde su lugar a un par de metros de ella.

Kagome solo le advirtió con la mano que guardara silencio.

¿Kag?

—Yura.

Ey, ¿ya estás mejor?— cuestionó divertida.

—¿Mejor?

Sí, Bankotsu me dijo que estabas indispuesta y yo supuse que estabas ebria o agotada sexualmente… aunque ebria no suenas… entonces…

—¡Yura!

Ey, la ofendida debería de ser yo, mentirosa—. Alegó de prisa pero no reprimió una sonrisa al imaginar que estaba en lo cierto.

Kagome cerró los ojos avergonzada y se forzó a guardar silencio.

Ya dime, ¿desde cuándo mantienen ese romance en secreto?— Cuestionó divertida.

—No es romance—. Aclaró sin desaparecer su vergüenza.

¿Ah no?

—Bueno…— Mencionó y suspiró —algo así, no sé… bueno pues… creo que nunca terminamos—. Se sinceró, ya no podía con tantas mentiras.

Kag— La nombró sorprendida —¡Lo sabía!

—¿Qué?

No podías ser tan estúpida para dejarlo ir. Dime… ¿lo han hecho ya?— cuestionó divertida, estaba segura que con alguien como Bankotsu, santa Kagome ya no era tan santa.

—¡Yura!— Regañó avergonzada y volteó a ver a Bankotsu que se encontraba recargado en el closet observándola… se puso roja.

¿Qué?¡no te hagas la tonta!... debo suponer que sí, y si estabas agotada. Entonces dime… ¿la tiene enorme?— continuó emocionada, enrojeciendo y enmudeciendo a Kagome —supongo que sí, por Dios, ¡míralo! por eso esa seguridad y esa arrogancia... casi podría envidiarte, tener un hombre así que casi pueda partirte es… ¡wow!— continuó en su monólogo y Kagome no creía cómo podía decir todo eso en voz alta.

El rostro de Kagome estaba más rojo que un tomate al recordar la sonrisa orgullosa del joven, mientras se mostraba desnudo ante ella. ¡Dios!… ¿por qué todo le pasaba a ella?

—Yu-Yura—. La nombró avergonzada.

¡¿Qué?!— preguntó la otra exasperada ante la poca información que le daba y le impedía cuestionarle.

—No se lo digas a Sango todavía— Suplicó avergonzada —quiero hacerlo yo.

Ah descuida, hace rato que hablé con Bankotsu armé todo en mi cabeza y comprendí la turbia historia que ustedes dos se traen— Explicó— así que me encargué de cubrirte con Sango, le dije que terminamos tu cita y recibiste una llamada de tu nana y que fuiste con ella porque estaba muriéndose.

—¿Mi nana Kaede?—Preguntó indignada por semejante atrocidad.

Tranquila, supuso que exageraba pero lo creyó.

—Pero…

¿Pero?— interrumpió —Un gracias, eres la mejor amiga; estaría mejor.

Kagome cerró los ojos resignada —gracias… supongo— Mencionó lo último muy bajo.

Yura sonrió del otro lado —Kagome… ¿lo quieres?

—¿Q-q-qué?— mencionó, su corazón y respiración se aceleraron ligeramente.

Ah, olvídalo, luego me dices— Le restó importancia para colgar el teléfono, supuso que sí, pero ya no quería quitarle más tiempo. Sonrió emocionada… "te lo mereces, Inubaka" pensó en el peliplata al que consideraba un cretino de hermoso cabello, pero que nunca le cayó bien.

Kagome suspiró atormentada… las mentiras estaban cayendo… ¿qué pasaría después? Se llevó su móvil al pecho y cerró los ojos.

—¿Entonces?— la voz ronca del moreno a su espalda la hizo temblar, y en un segundo se vio envuelta por su calor cuando él se abrazó a su cintura —¿te quedas?

Ella negó en silencio al entender que podían entrar en momentos íntimos fácilmente al solo rozarse.

—I-iré a casa de mis padres…

—No tienes que hacerlo… duerme conmigo otra vez—. Pidió al girarla y verla a los ojos.

Kagome volvió a negar pero más débilmente —n-no puedo.

Él fijó sus ojos en sus labios y llevó una de sus manos a su cuello —quiero volver a hacértelo—. Confesó roncamente haciéndola ruborizar y el apenas sonrió al verla.

—No—. Susurró y quiso apartarse.

Bankotsu apretó el agarre en su cintura y caminó con ella directo a la cama.

—No fue una pregunta, Kagome—. Mencionó seriamente, al hacerla pegar contra el edredón obscuro que esta vez cubría la cama.

Kagome frunció el ceño y luchó por mantenerse firme… debía aprender a hacerlo si no quería dejarlo ganar —Basta—. Exigió al apenas apartarlo —¿quién diablos te crees?

—Tu dueño—. Respondió con simpleza— ¿qué ya lo olvidaste?

Ella negó fervientemente —¡estás loco!— Aseguró avergonzada y luchó por irse.

—No tan rápido, preciosa— La detuvo de la cintura y tras alzarla, nuevamente la tuvo bajo su cuerpo sobre la cama.

Kagome vio nerviosa y asustada, la nueva y desventajosa posición en la que la había colocado.

—Por favor… yo tengo que ir-

—No—. La interrumpió— tienes que aprender a respetarme—. Le aseguro al verla a los ojos e inmovilizarla con su cuerpo.

—¿Res…?

Él sonrió —¿has olvidado las consecuencias de desobedecerme?— Le cuestionó sobre sus labios.

El corazón de la pelinegra latió con fuerza y su rostro se ruborizó —me… ¿me estabas castigando?

Él sonrió por cómo eso sonó— tal vez…— mencionó.

—¿Qué?

—Shh… mejor dime… ¿me dejarías castigarte un poco más?— le preguntó sobre sus labios al mismo tiempo lograba quitar de sus manos la sábana y exponer su desnudez a su cuerpo.

—Ah…— ella se quedó sin aliento al verse nuevamente expuesta.

—¿Sabes?— comentó al bajar a besar su cuello— había preparado un emparedado para ti, —dijo apenas dejando de besarla —pero soy tan egoísta que prefiero primero comer yo—. Dijo antes de deslizar sus labios a sus desnudos senos.

Kagome apretó sus piernas y no contuvo el gemido que el contacto de su lengua y sus labios en su erecto pezón, le provocaron.

—Ah… Ban-kotsu…— lo nombró en un gemido y echó su cabeza hacia atrás. Él separó sus piernas y resbaló entre ellas y ella se lamentó… ¿por qué no se había ido?

El moreno jadeó al bajar su pijama y exponer su miembro. Hace apenas unas horas había disfrutado su cuerpo y ya ansiaba hacerlo otra vez.

Kagome tragó pesadamente al sentir la gruesa masculinidad del ojiazul rosando su intimidad.

—Bankotsu… ¡ah!— él la silenció al morder uno de sus pezones y apretar su otro seno con su mano.

—No sabes cómo me excita que te resistas—. Confesó jadeante al imaginar lo que seguía. Besó sus labios de forma casi desesperada y la obligó a abrir su boca, al volver a apretar el seno húmedo con su saliva. Kagome gimió y él introdujo su lengua en ella.

El rostro de la joven se contrajo en placer y otra vez su cuerpo le demostraba que tenía el control al dejarse dominar por él… el oxígeno le estaba faltando y Bankotsu seguía besándola, ella apretó sus manos en los costados de su cuerpo y él pareció darle tregua.

Kagome jadeó buscando respirar y él tomó su cabello para ladearle su rostro, volvió a besar su cuello y a dedicarse a hacer otra de sus marcas. Kagome apenas podía encontrar un ritmo regular en su respiración, pues el cuerpo de Bankotsu sobre ella, como sus caricias y sus besos, la descontrolaban y la obligaban a estar pendiente de él.

—Volveremos a salir—. Le informó al morder el lóbulo de su oreja, su cuerpo estaba ardiendo y su masculinidad apretada contra el vientre de Kagome.

—¿Qué?— apenas pudo preguntar… ellos habían quedado que si Inuyasha se enteraba eso se…

—Nadie sabrá de esto— Le aseguró al intuir lo que pensaba.

—Pero Yura ya….

—Nos encargaremos de eso—. Le aseguró y jadeó sobre sus labios.

Los ojos de Kagome temblaron desconcertados… si lo hacían, iba a ser más difícil terminar con todo eso que ellos mantenían.

Negó en silencio.

—¿Estás jugando… conmigo?— Se atrevió a preguntarle.

—Tal vez…— dijo, y tras resbalar su cuerpo un poco más, acomodó su miembro.

—¡Ahh!— Kagome gimió y echó su cabeza hacia atrás al ser traspasada de golpe. Escuchó el ronco gemido de Bankotsu y las respiraciones de ambos profundizarse.

—Y nos seguiremos divirtiendo, mientras esto dure—. Mencionó y la vio a los ojos para comenzar a moverse y moverla con él.

Kagome volvió a negar y su cuerpo comenzó a ser recorrido por un caliente cosquilleo. Su pecho se oprimió al callar un extraño sentimiento que la embargaba cada que estaban así, siendo uno solo… ella se abrazó a su espalda… "solo es pasión" se convenció… Bankotsu apenas le caía bien, no podía sentir nada más que afinidad… ¿entonces porque sentía esas ganas de llorar cuando se lo hacía?

Cerró los ojos y dejó de pensar.

—Siempre has podido volverme loco— Reconoció en un jadeó mientras incrementaba el ritmo y profundidad de sus envestidas, ni siquiera se lo decía a ella, se estaba sincerando con él.

Los ojos cristalinos de la joven se fijaron en el estrellado cielo nocturno de la ciudad de Tokio, a través de una alargada ventana en la parte más alta de una de las paredes de esa habitación… cerró los mismos al no interesarle nada más que el jadeante ojiazul que la envestía con fuerza.

—Abre más tu piernas, Kagome…— suplicó al besar su oído —quiero empaparme de ti.

Kagome gimió sintiendo ese calor volver a recorrerla y quemar su pecho. Lo obedeció segundos después y el joven sostuvo una de sus piernas con un brazo y se acomodó mejor, para enterrarse una nueva vez en su apretada y ardiente intimidad.

—Agh— él gimió roncamente y una lágrima resbaló de uno de los cristalinos ojos castaños.

El cuerpo de Kagome estaba temblando a pesar de estar sudado y agitado por el desgaste que él le representaba.

—Bankotsu…— volvió a gemir su nombre casi ahogadamente al sentir que el grueso miembro del moreno golpeaba su útero, provocándole tanto dolor como placer.

—Gime, Kagome— Suplicó extasiado y el mullido colchón se movía golpeando la silenciosa cabecera de la cama —gime.

Él siguió moviéndola y la siguiente lágrima de la joven rodó… Kagome estaba tan avergonzada por eso que otra vez estaban haciendo, y aun así no podía silenciarse, sus gemidos acompañaban a los roncos jadeos del moreno, llenando esa habitación con esa cantidad de sonidos… en ese momento no le importaba con cuántas mujeres había estado en iguales condiciones en esa cama, ni que ella jurara amar a Inuyasha, lo único que importaba, eran su cuerpos amándose.

Perteneciéndose.

"¿Qué estás pensando?" pensó preocupada. Besó uno de sus bíceps que la protegían a cada lado de su rostro, y se alzó también a besar su hombro mientras sus brazos rodeaban su espalda, intentó convencerse que era para silenciar sus labios y no para probar una vez más de su piel.

—Agh…— el ronco gemido del moreno al enredar sus dedos en su cabellera y besar su cuello, le habló de su pasión.

Un cosquilleo se posó en su pecho y él siguió envistiéndola con fuerza.

— Se siente tan bien... tenerlo dentro de ti—.Confesó y Kagome se estremeció por lo ronco de su voz y por el calor que eso le provocó, pero también fue consciente de ese detalle… algo andaba mal.

—Bankotsu…—Lo nombró luego de un momento.

—¿Qué?— preguntó apenas con voz, estaba con los ojos cerrados y jadeando en su oído, disfrutando de la apretada sensación de abandonar y volver a enterrarse en su cuerpo… de escucharla gemir y temblar, de sentirla entregándose y perteneciéndole.

—Yo… yo no… hoy no he… ¡ah!— gimió fuertemente cuando él alzó más su pierna y golpeó su cuerpo por dentro. Luchó unos segundos por respirar.

—No hables… siente.

—No…— jadeó— la… la píldora… hoy no…

Él frunció el ceño y siguió moviéndose, bajó a ella su vista obscura en deseo.

—¿No la tomaste?

Kagome negó apenas al verlo.

Por una fracción de segundo no supo cómo reaccionar, después bajó a besar sus labios, suprimiendo la maliciosa idea de embarazarla y después…

—Nos pasará nada—. Le aseguró jadeante. Sus cuentas mentales le hablaban de un muy bajo riesgo. Besó sus labios profundamente y por primera vez pensó en el daño que estaba haciéndole a ella. Inuyasha dejó de importar por un momento.

—Bankotsu—. Lo nombró apenas al dejar la suavidad de ese beso, todo su cuerpo se erizó por ese delicado contacto.

—Kagome—. Mencionó suavemente al verla los ojos —Yo voy a cuidarte—. Prometió y besó otra vez sus labios… jadeó sobre ellos al cobrar necesidad sus envestidas.

Ella gimió entre sus labios y tras asentir suavemente, volvió a entregarse a ese ya conocido placer de pertenecerle.

Bankotsu siguió jadeando mientas la mano que no sostenía su pierna, acariciaba posesivamente la blanda redondez de sus senos.

—No pasará nada…— buscó convencerla y le habló sobre el rostro… el choque de su pelvis con la intimidad femenina provocaba un sonido acuoso que no hacía más que estremecerlos, la pasión demostrada por el moreno era soportada y compartida por Kagome había soltado su cuello, y ahora buscaba aferrarse a las almohadas a un costado de ella.

Echó su rostro hacia atrás y cerró los ojos, su rostro que comenzaba a perlarse de sudor, era el reflejo del placer que su cuerpo experimentaba al recibir constantemente el grosor del largo miembro de Bankotsu que se golpeaba contra ella… logró ubicar una almohada que necesitaba apretar para contenerse y la mano del moreno la sujetó… él siguió moviéndola, cada vez más jadeante y cada vez con más fuerza… los dedos de las diferentes manos se apretaron con fuerza.

—Bankotsu… yo…— logró decir la pelinegra al sentir un cúmulo de energía tensarse en su vientre.

—Lo sé...— Mencionó y su piel morena contrastó con la piel blanca y sudada de Kagome, al aplastarse sus pechos, y los senos de la joven se veían incluso más grandes ante la presión y los movimientos del ojiazul.

Bankotsu ya no podía, el calor en el interior y exterior de sus cuerpos lo estaba matando junto a la apretada intimidad femenina.

—Kagome…— la nombró cuando la sintió lista —…déjame terminar entro de ti—. Suplicó a la aturdida joven al también aproximarse junto a ella.

Por un momento lo meditó… su cuerpo entero ardía y su cabeza estaba por sumergirse en un abismo de placer… no pasaría nada ¿verdad?

—Sí…— Asintió buscando más placer del que estaba recibiendo… la excitación del moreno se duplicó ante su aceptación, la obligó a enredar sus piernas en su cadera y las embestidas continuas, se hicieron fuertes y profundos golpes contra su cuerpo y sin despegarse de ella. Una de sus manos se abrazó a su cadera mientras la otra le daba consuelo a tomarla de la mano… el sudor de sus contrastantes pieles, resbalaba sus cuerpos y hacía más fáciles y placenteros los movimientos.

—Ban-kot-su— gimió fuerte su nombre al no poder soportarlo más, su cuerpo entero se perdió en ese placer que ansiaba y que solo él le había provocado. Se sintió de él… sintió real ese momento.

Él gimió roncamente y la movió con fuerza un par de veces más, los pechos de la joven amortiguaban sus movimientos y la obligaba a jadear al presionarse contra ella… nunca había disfrutado tanto un cuerpo como el de Kagome.

—Voy a… ¡agh!— gimió roncamente al envestirla por última vez. Cerró los ojos y apoyó su frente contra el rostro ladeado de Kagome… dejó chocar su caliente aliento contra el cuello de la joven y disfrutó del orgasmo que Kagome todavía experimentaba al sentir su miembro ser succionado en espasmos por su húmedo interior. Apretó posesivamente el abrazo a su cadera.

Ella volvió a gemir al sentir el miembro del moreno moverse en su interior al continuar derramándose, y al mismo, luchar por controlar su respiración… ¿qué habían hecho?... reconoció culposamente que el riesgo de eso que hicieron, incrementó su placer… ¿el de él también? Su corazón golpeó con fuerza y buscó su mirada, apenas se encontraron y Bankotsu bajó sus labios para tomar los de ella; por un momento se sorprendió pero segundos después se permitió disfrutar de la suavidad de su lengua y el tierno beso que otra vez le estaba dando.

Sus labios se soltaban para volverse a unir suavemente, manteniendo adormilados sus sentidos y vivas las sensaciones. Kagome abrió los ojos y Bankotsu jadeó molesto.

—Ignóralo—. Dijo al referirse al teléfono de la sala que no paraba de sonar. E intentó volver a besarla.

—No… atiende—. Pidió y ladeó ligeramente su rostro.

—No quiero levantarme—. Le dijo y fijó su vista en el blanco cuello y el par de marcas que le había dejado.

—Hazlo…— dijo nerviosa al sentir su mirada —a-además… te-tengo hambre—. Confesó, ella solo había desayunado y tomado un par de bebidas en el centro comercial y el hambre comenzaba a molestar.

Bankotsu dejó escapar el aliento resignado, volteó a ver el emparedado que le había preparado y volvió a escuchar el teléfono.

—Bien, prepararé más—. Dijo para retirarse de su interior y acomodar su pijama.

Ella asintió y mientras lo veía bajar molesto maldiciendo a quien llamaba, volvió a sentir el vacío que dejaba en su cuerpo… negó en silencio y cerró los ojos… "estoy en problemas" reconoció internamente… cada vez era más intensa la manera en la que su cuerpo le respondía.

—Tiene que ser porque es la primera persona con la que estoy…— se dijo y luchó por creerlo. Volteó a ver el emparedado y su estómago le exigió tomarlo. Se levantó y se amarró la sábana al cuerpo para comer de prisa. Abajo podía escuchar a un Bankotsu malhumorado discutir con la persona que le había marcado.

—Es tan diferente—. Reconoció, poco a poco conocía más facetas del moreno.

Mordió el emparedado y de pie, prestó atención a la espaciosa habitación, tenía un gran closet y una pequeña puerta a un lado, supuso que era un adjunto del mismo; la gran cama en la que había jurado que nunca iba a pertenecerle… negó en silencio al recordarlo… el par de burós, un escritorio a en la pared lateral a la cama con un portátil y variedad de libros, plumas, hojas y una lámpara de noche, había otra puerta en la pared frente a la cama, el baño principal, dedujo; y un mueble que con un par de decoraciones abstractas, y arriba de él, suspendida en la pared, un enorme plasma.

—¿Pasará mucho tiempo aquí?— Se preguntó y siguió observando, no había ninguna foto familiar o de él por ningún lado, en las paredes solo se encontraban fotografías profesionales ampliadas de jugadas de baloncesto, una de ellas, la que más le llamó la atención por el ángulo de toma, fue una donde se veía en primer plano la suela de unos tenis deportivos, y al jugador elevarse y hacer un enceste espectacular… la observó curiosa… ¿cómo habrá hecho ese fotógrafo para capturar el momento exacto? Se encogió de hombros… gustos de chicos.

—Kagome ¿quieres…?— Llegó de prisa y ella se tensó.

—No…— mencionó al sentirse una mirona —me gustaría bañarme ¿puedo?

Él la observó envuelta en su sábana y el plato vacío en la charola tras ella. Suspiró derrotado, él solo quería meterse otra vez a la cama con ella.

—Bien, hay toallas y agua caliente— le dijo al señalar con su rostro la puerta —yo revisaré unos informes— añadió no tan convencido.

Ella asintió y se apresuró a entrar… el lugar estaba tan limpio como el resto de la casa, Bankotsu era muy ordenado, ella también lo era pero no tanto, el baño se parecía un poco al suyo en la casa de sus padres, con el gran espejo sobre la plancha del lavabo, el de Bankotsu estaba despejado y el de ella, lleno de perfumes o algunos maquillajes, su secadora y diversos artículos de uso personal. Al verse en el cristalino espejo recordó la vez que Bankotsu se encerró con ella en el elevador… ¿alguna vez habría tenido él, algún encuentro con alguna chica en ese lugar donde estaba parada?

Frunció el ceño y se molestó —seguro que sí—. Dijo pretendiendo no darle importancia y se desnudó, observó la bañera y se vio tentada a usarla, pero recordando lo atrevido del moreno, optó por mejor usar la regadera, deslizó la puerta semicircular y se adentró al reducido espacio en la esquina del amplio baño.

El agua y el jabón se llevaron el sudor, el sabor de la piel y la esencia de Bankotsu de su cuerpo; pero esa sensación de que avanzaban en la relación que tenían, le preocupaba.

… .. … . … .. …

Bankotsu había bajado a apagar las luces de la planta baja y a comunicarse por el interfon con el portero de su edificio, no quería que nadie lo molestase mañana en todo el día. Apagó su móvil al llegar arriba y encendió el televisor sintonizado automáticamente en un canal de noticias, al que no le prestó atención, mientras encendía su portátil dispuesto a revisar los correos, los cuales, Naraku le había pedido momentos antes revisar en esa llamada.

No se molestó en sentarse y de pie frente al escritorio, le echó un fugaz vistazo.

—¿Tantos?— Se preguntó fastidiado, apenas ayer había estado avanzando con ese tipo de cosas para no tenerlo que hacer el fin de semana.

Deslizó los correos y seleccionó los catalogados como urgentes. Frunció el ceño al observar el del nuevo socio con el cual habían estado teniendo problemas.

—¿Quién demonios es?— Mencionó al abrir el correo marcado como "Prórroga y condiciones al capitalista"… deslizó sus mirada azulina que brillaba por la luz de la pantalla. Nunca se había detenido a pensar cuántos pequeños socios se habían agregado ni quién era ese que estaba teniendo problemas.

—Aquí estás…— Mencionó luego de abrir un adjunto donde le presentaban una ficha de vida de su nuevo socio, clickeó, pero su atención cambió a la luz proveniente de la puerta del baño la cual se acababa de abrir. Sonrió y presionó la tecla que apagaría, el que ahora se convertía en un distractor.

—N-no tengo ropa— Dijo Kagome al salir envuelta en una toalla y con su cabello semi húmedo regando sus hombros.

—No la necesitas—. Le recordó y recorrió con su vista su cuerpo.

Ella se incomodó por su descaro y frunció el ceño —préstame algo—. Pidió casi indignada, no se imaginaba entrando en esa cama desnuda así porque sí.

—Mph— sonrió de medio lado al cerrar el computador y avanzar al otro lado del cuarto —bien; aunque de todos modos, amanecerás desnuda.

Ella abrió la boca indignada y su rostro se tiñó de rojo… definitivamente Bankotsu no era una persona prudente.

—Toma—. Dijo al ofrecerle una pijama negra de pantalón y camisa de botones de manga larga —¿quieres cenar?

Ella la tomó y negó extrañada ante su amabilidad —no… gra-gracias—. Mencionó nerviosa y al verlo sonreír de medio lado al volver a ver su cuerpo, retrocedió —Voy a cambiarme.

Él frunció el ceño —¿al baño? ¿en serio?... ¿no te parece algo absurdo a estas alturas, Kagome?

—No—. Gritó desde adentro, ¿qué esperaba?¿qué se exhibiera así como él lo había hecho momentos antes?

Bankotsu negó en silencio… Kagome a veces era tan infantil, él la conocía completamente, no había parte de su cuerpo que él no le hubiese visto o besado y aún conservaba su pudor… totalmente absurdo. Seguía siendo una niña.

Suya. Sonrió al meditarlo.

—Etto…— se giró al verla y se quedó sin palabras un momento —…creo… creo que… no me queda—. Dijo y se mordió incómoda el labio. El pantalón no le ajustaba y lo sostenía doblado pegado a su estómago, la camisa le daba un poco arriba de media pierna y los botones, aun estando todos abotonados, dejaban ver el nacimiento de sus senos.

"Debo ser peor que el imbécil de Miroku" reconoció al sentir un cosquilleo surgir en su entrepierna al saberla sin nada debajo de esa camisa holgada.

—¿Du-duermes en algún lado en especial?— Preguntó la pelinegra al acercarse a la cama… todo eso era tan extraño.

Él negó en silencio y se giró por un par de mantas extras, la noche amenazaba con volverse fría —no, toma el que quieras.

Luego de unos segundos se acurrucó bajo el suave edredón de la cama y sintió a Bankotsu acostarse a su lado y abrazarla de la cintura.

—Bankotsu…—Lo nombró al estremecerse bajo su calor.

—¿Mmm?— Le cuestionó con los ojos cerrados.

Kagome se volteó y él siguiendo un impulso la apretó contra él —¿por qué haces esto?— le cuestionó sobre la relación que tenían, a esas alturas ya no le quedaba claro. Todo se estaba complicando.

—Por qué me gustas—. Le aseguró al verla a los ojos y rozó sus labios —y me encanta hacértelo—. Añadió para besarla.

Kagome gimió por el impulso del moreno… él le había dado su razón, una débil razón… ¿y ella?... ella ya no sabía, se aseguró que solo estaba con él, porque aunque le gustaba experimentar todo lo que Bankotsu le provocaba, lo hacía para no sufrir la indecisión de Inuyasha… Bankotsu usaba su cuerpo y ella, ella lo usaba a él. Tragó pesadamente al dejar sus labios y verlo a los ojos… acarició su rostro y volvió a besarlo despacio. Seguía siendo un trato… lo seguía siendo, ¿verdad?, algo en su interior le susurró que tal vez no y prefirió ignorarlo al perderse en sus caricias.

Minutos después y agotados por el extenuante día, Kagome dormía envuelta por los brazos del moreno que se encontraba a su espalda… era la quinta vez que dormían juntos y cada vez la cercanía de sus cuerpos resultaba más grata, cuando ella se movía, él la imitaba buscándose una vez más; un instinto de pertenencia meramente nato, que era, también, ese que seguía prolongando su relación.

Por la mañana el dolorido cuerpo de la pelinegra descansaba abrazado del torso del dormido moreno. Se quejó al percatarse de la claridad del día iluminar la habitación.

Alzó su mirada y observó el apacible rostro del ojiazul tranquilamente dormido, movió su mano y dejó de abrazarlo… debía irse, todavía tenía cosas que aclarar con Yura y tal vez con Sango. Dejó el calor de la cama y del cuerpo de Bankotsu para levantarse y sentir lo fresco de la mañana.

Rodeó la cama y sin saber por qué, acarició el sedoso y negro cabello del joven que giró su rostro incómodo. Kagome sonrió… era un necio, hasta dormido. Iba a bajar cuando se percató de la charola vacía en el mueble bajo el televisor y se avergonzó.

—Supongo que sería como devolver el gesto—. Se animó a tomarla y bajar a la cocina — Cocinaré algo rápido y me iré sin que lo note.

… .. … . … .. …

Giró su cuerpo y la tela fría del cubrecama molestó su torso desnudo, ¿dónde demonios estaba Kagome? Resopló molesto mientras se sentaba y tallaba con sus dedos sus ojos, la muy cobarde seguro había huido otra vez. Si anoche no se hubiese quedado como idiota viéndola mientras dormía, él se hubiese despertado primero que ella y todavía la tendría ahí.

Se levantó malhumorado, él había prohibido que lo molestaran para pasar el día juntos y Kagome… se las iba a pagar.

—Pero qué mierda— se dijo al llegar a él un olor a quemado.

—¡Por favor no!¡Por favor no!— suplicó la pelinegra al pararse sobre una silla y abanicar con ancho plato a lo alto.

Bankotsu frunció el ceño al llegar con prisa al lugar.

—¿Kagome?¿qué demonios haces?— Le cuestionó extrañado al verla ya portando el vestido del día anterior y un delantal negro.

Ella respingó y volteó a verlo nerviosa —lo siento—. Se disculpó apenada.

Él rodó los ojos y se acercó a bajarla de ahí —¿qué demonios hacías subida ahí?

—Yo…— dijo y sonrió nerviosa— solo quería evitar que el humo llegara a… al detector.

Bankotsu negó en silencio, encendió la campana de la estufa y el humo que todavía salía de uno de los sartenes fue absorbido, el resto se disiparía momentos después.

—Estabas… ¿cocinando?— preguntó al ver la cantidad de trastes sucios.

—Ah… bueno…, creí que sería buena idea después de que tú…— dijo y retrocedió — Hice mi mejor esfuerzo, solo que… tengo problemas con el aceite y…— explicó ante la mirada ceñuda del joven, iba a hacer otra tortilla pero el aceite se comenzó a quemar y el humo a salir, al arrojar el huevo, éste se quemó y ella tuvo un problema.

—¿Y?— presionó.

—Y… y… y bueno, ya, ya me voy— sonrió avergonzada y casi corrió para salir de ahí.

—Espera Kagome, no puedes largarte nada más así— le habló en voz alta al seguirla.

—Claro que sí, tengo muchas explicaciones que dar solo por tu culpa. Así que no me detengas—. Aclaró y cerró la puerta segundos antes que él la detuviese.

—Maldita sea, Kagome—. Dijo cuando abrió la puerta y la vio chocar con alguien al entrar al elevador.

—Ey, Bank… esa… ¿esa no era Kagome?— el moreno cerró los ojos ante su mala suerte y cerró la puerta de golpe.

—Maldita sea— volvió a decir.

—Muy gracioso, Bank— se quejó Jakotsu al entrar tras él al abrir nuevamente la puerta —¿pero qué diablos?— se quedó perplejo al ver el desorden.

Bankotsu se detuvo y observó una charola con comida perfectamente servida… ¿así que Kagome sí había logrado cocinar algo después de todo?

—¿A qué demonios vienes tan temprano?— preguntó fastidiado al tomarla y dirigirse a la mesa. Reportaría al maldito portero que ignoró su orden de no ser molestado.

—Solo vengo a pedirte uno de tus libros prestados— dijo despistado todavía viendo todo —¿Kagome durmió aquí… contigo?— preguntó al voltear a verlo animarse a comer —¡Dios!, pude haber interrumpido un encuentro sexual— comentó con gracia ganándose una mirada molesta del ojiazul.

Bankotsu negó en silencio… si se hubiese atrevido, en ese momento se convertiría en asesino. Tomó el tenedor y tras partir la tortilla de huevo, la probó.

—¿Me das?

—Prepara lo tuyo— dijo cortante. Volvió a comer, la comida estaba un poco salada pero estaba bien. Kagome se había molestado en dejarle un jugo de naranja y hasta un café. Observó la charola que también contenía un platillo con verdura en adobo y observó el desorden… ni siquiera quería pensar cómo terminaría la cocina si Kagome necesitaba preparar algo más elaborado.

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—¿Y ahora qué debo hacer?— se preguntó preocupada la pelinegra al ir subiendo las escaleras que la llevarían a su habitación en el campus universitario —¿contarles todo o solo lo que no sea tan vergonzoso?

"Ay no… pero yo sola me metí en esto" pensó resignada y después se molestó "No, el idiota de Bankotsu también lo hizo y la de los problemas solo soy yo"

Suspiró profundamente antes de girar la perilla de la puerta de su habitación, eran más del mediodía y ella seguía con la misma ropa de ayer… esperaba que Sango no le dijera nada.

—¡Hola!… ¿uh?— Saludó alegre y después frunció el ceño a no ver a nadie.

—De este lado, Kag— la voz de Sango hizo avanzar hasta su sector.

—Hola— saludó nerviosa.

—Hola— respondieron dos voces, Sango estaba atenta a la portátil de Kagome y Yura la miraba risueña y cómplicemente. Kagome desvió la mirada hacia la castaña.

—¿Qué haces?

—Cargo a la red social las fotos de tu cumpleaños— Respondió simplemente mientras revisaba las fotos y colocaba alguna etiquetas a las que se iban cargando.

—¿Y tú lap?— Le cuestionó curiosa, Sango acababa de comprar una ¿se habría averiado?

—Está descargada— se encogió de hombros— y la de ésta— dijo señalando a la pelicorta —está llena de virus, seguro que por el porno.

—¡Oye!— se quejó la otra —No es por mi preciado hentai— corrigió— es solo un mal antivirus que instalé.

—Ya veo— dijo y se mordió el labio, observó su buró y dudaba que pudiese sacar de ahí las píldoras y tomarse una de inmediato… por esa razón también había salido casi corriendo del departamento de Bankotsu, justo antes de que se les ocurriera volver a ser irresponsables.

Yura se levantó y tomó algo de ropa del pequeño closet de Kagome y se la llevó con ella. Para su suerte, cuando Sango estaba frente a un computador, difícilmente prestaba atención del mundo que la rodeaba.

—Cámbiate y cuéntame— exigió al pasarle la ropa y cerrar la puerta que aislaría a la castaña.

Kagome cerró los ojos y comenzó a cambiarse.

—Bueno… no es nada serio— dijo mientras se pasaba la ajustada blusa azul por el cabeza.

—¿Nada serio?... permíteme dudarlo, Kag— la interrumpió al alzar su cabello y ver el par de marcas que Bankotsu le había dejado —¿han tenido sexo verdad?— preguntó seriamente y la dejó de piedra.

Kagome abrió la boca y los ojos sorprendida… era ahí donde debía decidir si mentir o confesar.

Yura sonrió cálidamente —no tiene nada de malo.

—¿Qué?

—Seguro te sientes mal al caer ante la tentación— mencionó y le colocó una mano sobre la cabeza —no todo pasa por amor y la vida hay que tomarla como viene.

"¿No todo pasa por amor?" esa frase le sonó familiar.

—Nada ha sido lo que yo esperaba— habló por fin y pareció descansar—… todo pasó en un periodo de tiempo que no… bueno… yo no…

—¿Te forzó?

—¡No!— Respondió de inmediato.

—¿Lo amas?

Kagome negó no tan convencida.

Yura sonrió —algo me dice que Inuyasha va a perder— comentó y su sonrisa se extendió, se giró emocionada y prendió el computador semi cargado de la castaña permitiéndole cambiarse sin avergonzarla.

—Por supuesto que no… yo… yo amo a… Inu— mencionó y bajó la mirada. Bankotsu tenía razón, cuando estaba con él, rara vez pensaba en Inuyasha, pero… pero ella lo amaba, estaba segura, ¿sino por qué razón había iniciado todo eso con Bankotsu?

Yura suspiró frustrada —no cabe duda, de que hay cabezotas, los hay.

—Eres una tonta… pero… ¿le has contado a Sango?

—Por supuesto que no— negó y Kagome se acercó a ella —¿Bankotsu se te ama?

Kagome se quedó inmóvil —no.

Yura volteó a verla —según Menomaru estaba hecho una furia, casi le rompe la mandíbula a Ryura… lo hubieras visto…— se burló.

—Lo vi— dijo ella —eso no es amor… es…

—¿Posesión?— le susurró al ponerse tras ella —pon tu contraseña— le indicó al abrir la red social.

Kagome obedeció y recordó lo ocurrido después, y cómo él la reclamaba como algo de él.

—¿Verdad que es delicioso?— volvió a susurrarle.

Kagome se estremeció —¿el qué?

—El que alguien te reclame de esa forma— dijo y le guiñó un ojo —¿es genial en la cama?

—¡Ba-ba-basta! No voy a hablar se eso contigo— alzó la voz avergonzada mientras cambiaba de color.

Yura sonrió con una divertida malicia —ojalá Hiten también sea así — mencionó y se sentó a ver las fotos que Sango estaba agregando. A ella le importaba poco cómo se daban las cosas, Yura no se complicaba con explicaciones, le bastaba con ver a Kagome más viva que cómo lo había estado, cuando respiraba solo por Inuyasha… ella era tan tonta como para no darse cuenta que algo estaba cambiando en su vida solo por tener los ojos cerrados… iba a ser divertido verla cuando se diera cuenta.

Bankotsu y Kagome eran tan opuestos y a veces, solo así las relaciones funcionaban… ojalá ella y Hiten fuesen la excepción.

—Por favor… no le digas a Sango que yo y él… ya… bueno, que ya…

—Descuida, esas son tus cosas… ¿pero qué tendría de malo? Ni que Sango fuera una virgen— comentó al comenzar a husmear en sus notificaciones.

Kagome guardó silencio, Yura no sabía que Sango y Miroku nunca… —es solo que me avergüenza lo que piense.

—¿Quién?— interrumpió la castaña al llegar.

—Ayame— respondió de inmediato la pelicorta—¿sabías que la muy tonta me dijo que le gustaba Kouga, después de salir con Menomaru?— mintió.

—¿Qué?¿Y por qué a Kagome tendría que avergonzarle?

Yura rodó los ojos— ¿has visto las fotos?— le señaló —¿a poco no se ven tan sensuales bailando así de juntos?

Sango sonrió y se acercó a verlas nuevamente. Kagome suspiró agradecida mientras levantaba su vestido y lo arrojaba despistada a su habitación.

—Entonces, ¿le gustas a Kouga?— preguntó la castaña.

Kagome negó —no lo sé, pero…

—¿Pero?

—Ella volvió a salir con Bankotsu— interrumpió Yura y Kagome cerró los ojos apesadumbrada, su amiga acababa de salvarla de una y enseguida había puesto algo peor encima.

—¡¿Qué?!

Suspiró pesadamente —solo hemos vuelto a salir… nada más… no somos novios—. volvió a mentir sintiéndose fatal. Se juró que conforme pasara un tiempo prudente, iría contándole más detalles… por hoy era mucho.

—Pero… ¿Inuyasha?

—Él que se joda… ¿tú también lo has pensado, no?— habló Yura —Ah, mira, Kouga acaba de agregarte...— informó— Ah mira, lo acabas de aceptar— dijo al presionar el botón que los enlazaría como amigos.

—Yura— se quejó la pelinegra —¿quieres dejar se hacer eso?— reprochó, todavía no olvidaba que ella había hecho algo similar con Bankotsu tiempo atrás.

Sango mordió su labio insegura… no sabía si Bankotsu le convenía o no a Kagome, pero de lo que sí estaba segura era de que verla sufriendo por Inuyasha sería peor… justo anoche Miroku le había dicho que el peliplata presentaría a Kikyo como su novia.

—Pues… les deseo suerte— habló sorprendiendo a ambas jóvenes.

—¿Gra-gracias?

Sango la abrazó y Kagome se sintió peor al ocultarle lo demás, pero cuando Yura empezó a alegar sobre una de las fotos que no la habían favorecido, la tensión se rompió, y mientras Sango fue a revisar las imágenes, Kagome regresó a su habitación y de forma rápida tomó la píldora con más de doce horas de retraso.

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—Eres un imbécil, Inuyasha— Mencionó Miroku al caminar por los pasillos de la facultad.

—¿Y qué demonios querías que hiciera? Mi madre presionó demasiado, insistió que a ninguna mujer se le deja a la sombra— dijo fastidiado al recordarlo.

—¿Qué crees que piense Kagome al respecto?

El otro suspiró frustrado mientras se tallaba la nariz —debo decírselo antes de que alguien más lo haga.

Miroku detuvo sus pasos al ver a Kagome y a su primo casi besarse a varios metros lejos de ellos.

Inuyasha vio con desprecio lo mismo —Mph… como si a ella le importara, después de todo— mencionó dolido y molesto para avanzar a pasarlos de largo. Él preocupado por Kagome y ella seguía dejando que ese imbécil se le acercara… ¿y era ella la enamorada de él? A veces se sentía un estúpido… lo peor era que justo ese día, él era el menos indicado para reclamarle algo.

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—Esta noche— mencionó el moreno al acorralarla contra una columna de ese edificio, y ver con una sonrisa como Inuyasha los fulminaba con la mirada.

—No…— Kagome se puso nerviosa al verlo tan cerca —Es demasiado arriesgado.

Él la tomó de la barbilla y la vio a los ojos —o me dejas entrar por la ventana, o duermes tú en mi departamento.

Ella frunció el ceño incrédula ante su descaro… las dos cosas eran igual de absurdas y peligrosas. Había pasado casi dos semanas desde que él había decidido que su relación dejaría de ser oculta y varias de esas noches, él la visitaba en su habitación y mantenían encuentros íntimos, en los cuales, ella moría de nervios de ser descubiertos… por eso le había advertido que no pasaría más y también por eso, estaban ahí.

—Bankotsu…— mencionó su nombre al verlo sonreír.

—¿Me vas a negar que es divertido?— dijo antes de besar sus labios frente a varios estudiantes. Kagome apretó sus manos en su pecho y volvió a preguntarse por qué Bankotsu estaba comportándose diferente con ella… eso no le gustaba porque la hacía sentir extraña, y eso era malo —Nos vemos en la noche.

—Pero…

—No me obligues a tocar— amenazó mientras se marchaba.

Kagome suspiró derrotada… otra noche con él… ¿ya cuántas iban?

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—¿Vas a seguirme todo el día?— cuestionó molesto mientras avanzaba al estacionamiento, sus clases había terminado por esa tarde.

—Así que es cierto— dijo la celosa joven.

Bankotsu detuvo sus pasos y volteó a verla —¿qué?

—Kikyo dijo que los vio haciéndolo ese fin de semana en la playa, no quise creerlo pero…— dijo y lo vio con desprecio.

La gélida mirada del joven se centró en su rostro —eso no es de tu incumbencia.

Tsubaki frunció el ceño indignada y avanzó hasta él —tontamente creí que te importaba. Decidí alejarme y ver si me buscabas, pero ya veo porque no lo has hecho… tienes caliente tu cama, ¿cierto?— cuestionó al sostenerle la mirada… no había soportado perder con Kikyo, menos con esa insignificante chiquilla.

—Siempre te dejé claro que no éramos nada, creí que lo habías entendido. Ahora deja de meterte en lo que no te importa— advirtió fastidiado de ella.

—¿Te acostaste con ella?— preguntó en voz alta. Se negaba a creerlo a pesar de sus propias palabras, se aferraba a creer que Kikyo recién se lo dijo, solo para molestarla.

—Sí—. Aceptó fríamente —¿Así que qué harás al respecto?

El rostro de la joven se contrajo en molestia y apretó sus puños justo antes de lanzar una de sus manos al rostro del chico.

—Mph— él la vio con desprecio al sostenerle la temblorosa mano —deja de molestar. Nunca te prometí nada.

—¿De verdad me dejas por ella? Mírala, es insignificante, es estúpida y no es ni la mitad de la mujer que soy yo— recalcó molesta al verlo a la cara —Además esa estúpida se muere por el imbécil de Inuyasha, Kikyo me lo dijo y es más que obvio. ¿No la has visto mirarlo? Es una imbécil.

El rostro de Bankotsu se endureció y su fuerza incrementó hasta hacerla fruncir el ceño al apretar su agarre.

—Kagome no es ninguna imbécil, ni se muere por nadie que no sea yo. Kagome es mía y no voy a dejarla— habló molesto y la soltó bruscamente al punto de hacerla retroceder.

A Tsubaki se le rasaron los ojos en lágrimas de furia y frustración, no sobó su mano por orgullo pero la misma le ardía.

—Te has convertido en un imbécil— reconoció lo que ahora pensaba. Sonrió con soberbia —Te has enamorado de esa estúpida que jamás te verá.

Bankotsu se dio media vuelta —piensa lo que quieras—. Dijo y se marchó.

¿Enamorado de Kagome? Por favor.

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Kagome suspiró preocupada… era sábado otra vez.

—¿Cómo se nos salió todo esto de las manos, Inuyasha?— se preguntó al ver el su portátil las fotos de media semana en las que había sido etiquetado. Sintió que se le revolvió el estómago al verlo con Kikyo de su brazo, mientras posaban para esa foto en el jardín de la mansión Taisho. Era la presentación oficial de ella ante su familia.

"Eres una tonta, Kagome" se aseguró al cubrir su cabeza con sus brazos, al apoyar la misma en el escritorio.

—Lo peor de todo es Bankotsu— volvió a mencionar. Anoche él había llegado a esa pequeña habitación y había vuelto a tomarla como mujer… por suerte Sango había salido a ver a sus padres desde temprano y no volvería hasta el domingo por la noche, si no los hubiese escuchado.

Mordió su labio al volver a centrar sus pensamientos en el moreno ojiazul, en lugar del peliplata ojidorado… Bankotsu le había hecho el amor molesto… o bueno, habían tenido sexo, y él se veía molesto… frustrado… no sabía bien, había sido más pasional que otras veces y también más celoso en sus caricias y sus besos. ¿Qué habría pasado con él?... algo cambió de la tarde que hablaron a esa misma noche.

—¡Ay! esto es tan complicado— se levantó frustrada y confundida… se dejó caer en la cama. Varios flashazos de la noche anterior con Bankotsu la atormentaron… ¿cómo podía gustarle tanto estar con él?

Negó desesperada —eso no es lo que importa, Kagome...— pensó en voz alta —¿qué pasa con Inu?— se preguntó preocupada… últimamente se sentía más cómoda postergando todo lo relacionado a él… estaba dejando pasar el tiempo y se veían más separados.

Suspiró derrotada.

—Inuyasha duele— reconoció. Cerró los ojos y se levantó, buscó algo de ropa y volvió a calmarse e ignorar su dolor, otra vez, al evadirse de todo junto a Bankotsu. Esa noche otra vez estarían juntos. Después de todo, Inuyasha estaba avanzando con Kikyo y ni siquiera le había mencionado nada al respecto, ni de eso, ni del nuevo acercamiento que tenía con Bankotsu… ¿y si ya no le importaba? le era imposible no preguntárselo... tal vez Inuyasha ya había entendido primero que ella, que siempre sí había sido un absurdo esa promesa que se hicieron de casarse cuando eran adolescentes.

Pensarlo dolía. Optó por tomar una ducha y estar a tiempo para el moreno que la esperaría afuera de ese edificio en una hora y media.

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—Llegas tarde— comentó al verla atravesar una delas puertas de cristal del edificio.

—No sabía qué ponerme— Confesó y mordió su labio nerviosa. Al final había optado por unos jeans desgastados y una blusa de tirantes beige, ajustada del busto y suelta desde abajo del mismo, traía en la mano una pequeña maleta y un ligero suéter para más tarde.

Bankotsu prestó atención a su cuello expuesto y al escote de su blusa que era opacado por un largo colgante de flores esmeraldas. Sonrió al ponerla nerviosa.

—¿Esa es tu ropa?— le preguntó mientras le quitaba de la mano la negra maleta.

Kagome asintió nerviosa después de que él le tomara la mano y la incitara a caminar. Era el primer fin de semana que pasarían juntos los dos. Ella también avanzaba en su relación con el moreno y no se estaba deteniendo a pensar.

—¿Quieres ir al cine?— le preguntó al tomar uno de los caminos que los llevarían al estacionamiento.

—Sí— respondió de inmediato —estrenan una película genial.

Bankotsu sonrió de medio lado ante su cambiante humor —bien, veremos eso y después iremos a cenar.

—Solo espero que no te aburras, es algo romántica y cursi pero he escuchado cosas bonitas de ella— habló fascinada la joven al acercarse más a él.

Bankotsu negó en silencio ¿romántica y cursi?... ya casi estaba aburrido.

—Pues yo también lo espero.

—¡Fue tan agotador!— la quejosa voz de Kikyo tensó a Kagome. Bankotsu apretó su mano y la obligó a seguir avanzando.

—¿Y qué esperabas?— la voz del peliplata los hizo voltear a verlos cuando salían por otro de los caminos de adoquín directo frente a ellos, al dejar la espesura de los jardines del lugar —llevabas casi tres semanas sin asistir a entrenamientos— añadió al mantener girando un balón de baloncesto en su dedo, Kikyo caminaba a su lado.

Kagome desvió el rostro incómoda y aun así los vio avanzar frente a ellos. El equipo de baloncesto terminaba su último entrenamiento de la semana.

—Son patéticos— mencionó con desprecio el ojiazul al ver desinteresado al peliplata doblar hacia su auto con Kikyo, ahora de la mano —perdieron su último encuentro. Mph, al parecer la falta de competencia por el puesto, perjudicó al capitán.

—¿En serio?— preguntó sorprendida Kagome, que también había dejado de asistir a los juegos o entrenamiento del equipo.

—A Inuyasha siempre le quedó grande el puesto.

Ella mordió su labio al pasar frente a ellos y sintió la mirada molesta de Inuyasha clavada en su espalda al abrirle la puerta a Kikyo, la misma que parecía satisfecha de estarle ganando.

—Po-posiblemente—. Reconoció ahora.

Bankotsu frunció el ceño —¿posiblemente?¿no eras tú su mayor admiradora?— le cuestionó al acorralarla contra su auto. Inuyasha pudo verlos al rodear el propio, pretendiendo ingresar y marcharse.

—Bueno…— se puso roja por la situación—tú… tú dices que los números hablan, ¿no?

Él sonrió satisfecho —sí—. Aceptó y besó sus labios. Ese era un avance. Le abrió la puerta luego de un momento y él ingresó al auto. Salieron segundos antes que el peliplata de la ciudad universitaria.

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Kagome se rio divertida —prometo que jamás nos sentaremos cerca de niños.

Bankotsu la vio de medio lado molesto mientras presionaba el botón llamando al elevador que los llevaría al piso de su departamento.

—¡Oye! Yo qué iba a saber que el pequeño no se iba a callar en toda la función y que además de bañarte en palomitas, te derramaría refresco encima— intentó justificarse y solo consiguió molestarlo más.

—Nuestra siguiente cita, seremos tú y yo solos en una cama y encerrados entre cuatro paredes— le advirtió al hacerla entrar al elevador.

Kagome suspiró al recargarse en el frío metal —eres un…— mencionó al verlo presionar el botón de su piso… ¿por qué decía ese tipo de cosas?

—Sí— la interrumpió y pegó una mano en la pared tras ella y la vio a los ojos— y aun así, sigues conmigo.

Ella enmudeció y lo vio nerviosa pegarse a ella. Él soltó la maleta y la sujetó de los glúteos para pegarla más a él y acariciar sus labios con los propios.

—¿Qué?— Se atrevió a preguntar, Bankotsu la estaba viendo raro y a pesar de apretar sus glúteos, se mantenía quieto, no hacía el intento de besarla, solo la veía y eso la ponía más nerviosa.

—¿Quieres a Inuyasha?— le preguntó viendo sus labios.

Kagome tembló por su aliento fresco y embriagador sobre sus labios —y-yo…— mencionó y dudó… ¿qué decir? además ¿por qué se lo preguntaba?

El elevador continuó subiendo y ellos seguían ahí, sus cuerpos pegados y sus ojos pendientes únicamente del otro.

—Yo…— volvió a decir Kagome y Bankotsu la calló con un beso suave y pausado. Ella perdió el aliento cuando él la dejó. Su cuerpo vibró… el mismo le respondía mejor ante ese tipo de contactos… y ella se asustó al sentir su corazón golpear fuerte e irregular.

—¿Por qué no lo olvidas y sales conmigo en serio?— Su voz sonó más ronca mientras sus manos subieron a abrazarse a su pequeña cintura. Los ojos de Kagome temblaron incrédulos y él espero la respuesta a su impulsivo cuestionamiento.

La campanilla que anunciaba su piso sonó y Bankotsu alzó una de sus manos para acariciar su rostro para volver a besarla despacio mientras las puertas se abrían.

Kagome aceptó su suave caricia y apretó sus manos en su negra camisa al apartarse. Tragó pesadamente y deslizó su mirada a la puerta abierta. Enrojeció y bajó su rostro al ver a una mujer madura y ojiazul verlos notoriamente sorprendida. Ella se apartó de él avergonzada y Bankotsu dejó escapar el aliento al verla de esa forma… esperaría un poco más por su respuesta.

Recuperó de mala gana la maleta y se giró al tomarla de la mano.

Por un segundo ambos ignoraron a la elegante y delgada mujer a su lado.

Kagome seguía sintiendo su corazón nervioso y el cuestionamiento del moreno seguía estremeciéndola más que sus caricias o la promesa de lo que ocurriría entre ellos esa noche y las horas que le siguiesen. Avanzó siguiéndolo y chocó contra él al haberse detenido abruptamente.

—¿Qué?— preguntó desorientada.

La mano del moreno la apretó inconscientemente —Mi-Midoriko.

Continuará…


Bueno pues hasta aquí con este cap… ¿notaron que se publicó antes?

Espero que les haya gustado… como les dije a algunas en face, este capítulo marca una pauta… cada cosa va a tomar un rumbo diferente al que originalmente creyeron los personajes y bueno, Midoriko… ella será vital y hará tambalear a estos dos., pero es un personaje muy importante.

Agradezco comentarios: Natyqg, Nicole Ig, May, Yuli, PauSu, RainZeta, Nina Shichinintai, Alessandra Mar, Valquiria26, Sery7seven, Pato HF, ryuzaky-kira 3021, meka, lady of the west, miko Kaoru sama, Rogue85, teslal, luimma y Milly Taisho… no vienen en orden de aparición u.u, pero creo que están todos… ando sin internet en mi casa, así que vine a un ciber a publicar u.u

Espero no hayan tantos errores, edité en mi pc y no de aquí de fanfiction –que por alguna extraña razón me resulta menos tedioso- y bueno, si les gustó, dejen un comentario xD jajaja es sugerencia, las niñas que me piden spoiler esas sí están obligadas a comentar ;( jajaja xD

Ah, se me olvidaba:

Review 350: Meka y 400: lady of the west -si puedes déjame tu correo en un pm o búscame en face... ya te mandaré un regalín a su tiempo :3

Besos.

Aidé.