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Inesperada noticia
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Disclaimer: Dragon Ball no me pertenece, su propiedad es de Akira Toriyama
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Espero que les guste
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La tina era como el santuario de ambos, en donde hablaban de su día a día, en donde se quedaban callados solo mirándose.
Después de un arduo día de trabajo, y que Steven por fin se durmiera, decidieron ir a bañarse. Se sentaron en la tina, uno a cada extremo, solo sus piernas tocándose. Se miraron y el androide notó el cansancio en el rostro de la zoóloga.
—No has dormido bien —le reprendió él sacando su pie y rozando la mejilla de ella con su dedo.
—Me preocupa el minotauro —dijo ella en un suspiro, Diecisiete apretó los labios, el animal se había enfermado de repente y temían que no sobreviviera. Ella había estado custodiando al animal que se había internado en la cueva. El veterinario entraba y salía, con una mirada dura y fría.
Había sido una semana intensa, pero resultó satisfactorio darse cuenta que el animal estaba fuera de peligro, que lo que había sido era como un tipo de gripe.
Notando que se había quedado callada, Diecisiete observó que Ren se había quedado dormida, hubiera sido peligroso si él no hubiera estado ahí con ella, pues se pudo haber ahogado.
Con su pie le acarició la mejilla, observándola atentamente, como si no lo hiciera todos los días.
Diecisiete se encontraba a menudo tratando de encontrar el parecido de su esposa con Dieciséis, su padre. Pero era difícil, Ren no tenía nada de Dieciséis, sólo de su madre. El parecido lo tenía era Steven. A él podía verlo y ver a Dieciséis.
Una parte del androide lo agradecía. Agradecía que el pequeño se pareciera a Dieciséis y no a su verdadero padre… o a Gero.
Diecisiete constantemente se estaba evitando pensar que Ren era nieta de Gero. No quería que el fantasma de ese sujeto le cayera encima a la familia que estaba creando, pero era difícil no sentir como si el sujeto estuviera riéndose en su cuello.
Hacía una semana habían sabido del origen de Ren, y toda esa semana, las dos veces que había dormido, había tenido un retazo del pasado. Un retazo con Gero riéndose, con Gero dándoles una sonrisa amable que era tan fingida, una mansión con ojos azules siguiéndolos a su alrededor.
A él y a su hermana.
Suspiró preguntándose si debía decirle a Dieciocho. Pero se dijo que no era necesario, que eso no le incumbe, debido a que era de la familia del androide, no de ella.
Pero era Dieciséis, el androide suponía que tal vez podría contarle la verdad sobre Dieciséis.
Aunque… en sí no era Dieciséis. El soldado, padre de Ren, fue la base, la inspiración para crear al androide… pero según Ren, según la historia de la madre de ella, el coronel era tal y como el androide: pacífico, amante de la naturaleza.
El movimiento de Ren del otro lado de la bañera lo hizo salir de sus pensamientos. La miró, estaba totalmente dormida.
Salió de la bañera y se secó, luego se envolvió una toalla alrededor de la cintura y sacó, en brazos, a su novia para llevarla hasta la cama.
Se notaba el agotamiento de la zoóloga como para haberse quedado dormida en la tina.
—Diecisiete… —ella murmuró aferrándose a su cuello— si el Minotauro llega a morir, la especie se extinguirá —Diecisiete suspiró.
—Lo sé —le dijo. La dejó en la cama, sin importar lo mojada que ella estaba y la arropó con la sábana. Luego decidió cambiarse para ir a vigilar al animal. No estaba de humor para dormir esa noche, no quería soñar con Gero, ni con esa mansión.
Por suerte ya la había destruido por completo.
Antes de salir de la habitación, notó que Ren, en su sueño tanteaba su lado de la cama buscándolo, se acercó a ella y la zarandeó suavemente hasta que ella lo miró, sus ojos verdes llenos de cansancio.
—Ponte el pijama, estás desnuda. Buscaré a Steven para que duermas con él, yo iré a custodiar al Minotauro —ella asintió aún somnolienta.
El androide se dirigió a la habitación del bebé, lo encontró dormido y lo tomó en brazos, con un cuidado que había aprendido, y lo llevó a la cama. Ren ya estaba con ropa, sentada, tomó el pequeño niño y lo acomodó a su lado. El bebé hizo un ruido, como levantándose y solo la calma voz de su madre lo tranquilizó.
Diecisiete se quedó unos minutos más hasta que Ren volvió a quedarse dormida y salió. Hizo explotar la cápsula de su Jeep y antes de subirse escuchó un sonido tras suyo. Wild lo miraba con sus ojos amarillos, esperando órdenes de él.
—Cuida la cabaña —le ordenó, por lo cual la loba se echó en la puerta como si le entendiera.
Diecisiete sabía que, por su fama de Ranger, podrían en cualquier momento atacar a su familia.
Además, no podía llevar a Wild consigo, menos con el Minotauro enfermo.
Echó a andar la máquina directo al sitio en donde el animal se quedaba: la cueva en donde lo habían encontrado.
Llegó al final de la vía y volvió a meter el Jeep, luego camino hacia la guarida.
Pudo haberse ido volando fácilmente, pero esas cosas, como el tomarse su tiempo conduciendo y caminando, era algo que apreciaba mucho.
Llegó a la cueva y entró, se encontró al minotauro dormido, su fuerte respiración podía escucharla desde ahí. El animal, al sentirlo, abrió un ojo y lo miró, luego volvió a cerrar como si no importara aquel intruso.
El minotauro era un animal verdaderamente tranquilo, de ahí a que fuese también un blanco fácil.
El androide se sentó en el suelo frente al animal, tan solo observándolo.
¿Que se sentiría ser el último de tu especie? ¿Que se sentiría saberse siempre solo?
Diecisiete ya no podía responder aquello, pero en un tiempo llegó a creer que estaría siempre solo. Siempre ahí, sin amigos, sin familia, solamente con su confiable escopeta y su Jeep.
Pero al parecer, algunos si están destinados a permanecer en la soledad.
—La soledad es una mierda, amigo —le comentó el androide al animal, y este bufó, como si le entendiera.
El androide soltó una risa, al parecer él tenía una extraña habilidad para que los animales le entendieran.
Se apoyó en la roca a su espalda y permaneció el resto de la noche observando dormir al animal.
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Steven jugando con su cara fue lo que la levantó, el apretón en la nariz de su hijo la hizo soltar un risa. Se desperezó y palmeó el lado de la cama que le pertenecía a Diecisiete, para notar que no estaba.
Se sentía más descansada, puesto que por fin había podido pegar bien el ojo en una semana. Miró el reloj para darse cuenta que estaba bien de tiempo para ir a trabajar, ese día le tocaba hacer ella de guía para el nuevo Ranger, el cual tomaría el trabajo que Diecisiete tenía antes: El de hacer de guía. Con tal de que el androide no tuviera que apartarse de su zona y el otro Ranger tampoco tuviera que hacerlo.
Tomó a su hijo en brazos y se dirigió al baño a limpiarse los dientes. Era costumbre, desde que dio a luz, llevarlo a casi todos los lados con ella debido a que Diecisiete tampoco tenía muchos días libres que se dijera.
Aunque sí tenía ese día libre… miró al pequeño que la observaba con sus grandes ojos azules, tan parecidos a los de su padre. Sonrió a su pequeño que enseguida, notando que su madre le prestaba atención, dirigió sus manitas a la cara de ella para jugar.
—Vamos a ver si papá ya llegó —le dijo ella con voz aguda al niño. Terminó de enjuagarse la boca, salió del baño y de la habitación.
En el comedor, se encontraba Diecisiete con dos tazas de café y un plato de tostadas. El androide estaba leyendo el documento que les había entregado el veterinario sobre el estado del Minotauro.
—¿Como se encuentra? —preguntó Ren dejando a Steven en su sillita.
—Lo vi bien —contestó Diecisiete. Ren se dirigió a la cocina a buscar la comida de su hijo.
Le preparó rápidamente el tetero, y volvió a salir. El niño enseguida estiró las manos pidiendo la comida, así que su madre se la entregó y él solo comenzó a beberlo.
Ren se sentó y recibió la taza de café que su novio le entregaba. Ah, cómo apreciaba un buen café luego de más de un año de no poder beberlo por su embarazo y el amamantamiento. No es que no pudiera, es que no la dejaban.
Y ahora que Steven estaba dejando el seno, podía tomarse sus buenas tazas diarias.
—¿Que se sentirá estar tan solo? —preguntó de repente el androide. Ren lo miró, él aún observaba el documento… sus pensamientos siempre fueron una incógnita para ella.
—No sé, tú estuviste solo un buen tiempo así que deberías saberlo —una sonrisa, de esas que ella amaba que surgieran en él, las sinceras, apareció en su rostro.
—Pero ya no lo estoy ¿Cierto? —ella sonrió ante la pasividad que había en su rostro. Tenía el cabello detrás de las orejas y los aros brillaban con la luz. Ren siempre le gustaba jugar con ellos.
—Cierto, sobre lo del Minotauro… creo que es un alivio no tener el suficiente raciocinio para darte cuenta que eres el último integrante de tu especie. Es temporada de apareamiento, así que debe ser difícil no tener con quién liberar su instinto.
—¿No crees que el resfriado se deba a que se sienta solo?
—Cariño… un resfriado no se da por soledad. El animal cuando se siente solo tiende a sentirse triste, sí. Pero lo que tenía el Minotauro definitivamente eran síntomas de moquillo. Si el veterinario no lo hubiera vacunado a tiempo… hubiera muerto.
—Pensé que eso le daba solo a los perros domésticos —Ren negó con la cabeza.
—Comúnmente da en perros, lobos, zorros, tigres o hurones, pero si entran en contacto con otros animales les es posible contagiarlos… —miró hacia el patio trasero— Tal vez alguien no te está haciendo caso y se está yendo a donde el minotauro aunque… no lo caza —Diecisiete negó enseguida con la cabeza.
—Hayato… él suele llevar a Doggler cuando van a ver al Minotauro… Pero el perro no presenta los síntomas.
—No todos los animales presentan todos los síntomas, rayos, hay que decirle a Hayato para que lo lleve a Ronald y que lo revise —Diecisiete enseguida asintió y tomó el walkie. Ren de desayunó las tostadas, se dio cuenta que Diecisiete se comió tan solo algunas. Luego, volvió hacia Steven que terminaba su tetero. El bebé era algo lento para comer, pero ella dejaba que él se tomara su tiempo.
—Te estoy diciendo que lo dijo la caracol —dijo el androide por el walkie. Escuchó la respuesta afirmativa de su jefe, el cual le decía que iba a llevar a revisar a su perro y cortaron la comunicación.
—¿No creía que pudo haberle dado?
—No —ella negó con la cabeza con una sonrisa. Tomó las tazas y el plato y los llevó a la cocina. Cuando volvió, Diecisiete tenía cargado a Steven y le sacaba los gases como la zoóloga le había enseñado a hacer.
Ren amaba la vista de él así, como un padre de familia. Le gustaba saber que Diecisiete quería a Steven a pesar de que no fuese su hijo, y una parte de ella ansiaba con darle un hijo a él.
Pero ella ¿Aún con su cuerpo, ese que le era difícil dar un hijo, podría dárselo?
Luego recordó lo que le había dicho Dieciocho, ni siquiera sabían siquiera si él podría engendrar.
—¿Admirando el paisaje? —le preguntó el androide, lo cual la hizo soltar una risita.
—La faceta de papá te queda muy sexy —le comentó sentándose nuevamente, colocó su barbilla entre sus manos y lo miró—. ¿Te gustaría que tuviéramos un bebé? —las palmaditas en la espalda del bebé se detuvieron y Diecisiete la miró atentamente.
—¿No lo tenemos ya? —ella rodó los ojos y Diecisiete volvió a dejar al bebé en la sillita. El niño comenzó a jugar con la mano de su padre adoptivo.
—Me refiero a… uno tuyo —ella también puso su mano frente a su hijo. El niño, ignorante a lo que los adultos decían, jugaba con las manos de sus padres—. Digo, no es que yo pueda quedarme embarazada cuando sea… todavía tengo esa dificultad para quedarme, tan solo un quince por ciento de posibilidades.
Diecisiete hizo tan solo un ruido.
—No sé qué clase de cambios nos hizo Gero a Dieciocho y a mí —contestó—. Él nos cambió muchos de nuestros órganos, no sé si habrá tocado ahí… no sé si puedo dar hijos.
—Pero… ¿Te gustaría? —Diecisiete sonrió, aún mirando al pequeño Steven.
—Por ahora no, tenemos suficiente con este diablo —aquello la hizo reír.
Diecisiete se estaba adaptando muy bien a tener una familia.
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—Simplemente no puedes ponerlo todo el día en la televisión —le reprendió Ren. Diecisiete asintió, ella se estaba terminando de colocarse el uniforme para salir. Diecisiete tenía al pequeño Steven viendo caricaturas en la sala—. Debe dormir por lo menos una siesta después de almuerzo.
—Lo sé, no es la primera vez que lo cuido —replicó el androide. La zoóloga le lanzó una mirada furibunda.
—Sí, pero la ultima vez que lo cuidaste terminó al borde de un risco —Diecisiete rodó los ojos con una sonrisa.
—Sabes que no lo dejaría caer.
—Pues no, pero casi me da algo.
—Se estaba portando mal…
—¡No puedes castigarlos de esta forma! —el androide volvió a reír, provocando que Ren frunciera el ceño.
—Ya, tendré cuidado —ella terminó de cambiarse y se dirigió a la sala a despedirse del niño. Luego él la acompañó hasta la puerta—. Claro, que no me parece justo que tengas que trabajar hoy y yo descansar —Ren soltó una risita.
—Tú fuiste el que pediste el día, no yo. Yo tengo que guiar al chico nuevo —ella miró hacia arriba y una sonrisa adornó su rostro—. Mira quién vino a visitarnos —comentó. El androide miró hacia arriba para notar a su hermana flotando a unos metros de altura. Sintió los suaves labios de la zoóloga darle un beso en la mejilla—. Me la saludas —y sacó su Jeep de una cápsula para comenzar a conducir.
—Oye, extraña ¿No bajas? —le gritó el androide. Dieciocho bajó la mirada y descendió. Apenas tocó el suelo le dio una sonrisa torcida.
—Vaya, veo que la zoóloga aún no se ha cansado de ti —se burló la androide—. Lindo collar —el androide tomó el lapislázuli entre sus dedos. Ahora tenía a su hermana ahí, podían hablar sobre lo que él había descurbierto.
—Y el enano tampoco de ti —respondió él, le hizo una señal con la cabeza de que entrara y ambos lo hicieron.
Una dulce sonrisa, de esas que no solían aparecer en ella, se situó en su rostro al ver al bebé sentado en el sofá, observando la televisión. El niño enseguida prestó atención a la nueva visitante cuando ésta se sentó a su lado.
—¿Le vas a brindar algo de tomar a tu querida hermana? —le preguntó Dieciocho. Diecisiete rodó los ojos y se dirigió a la cocina. La androide se concentró en el bebé, en el cabello rojo y los ojos azules que se les hacía tan familiares. Puso su mano en su vientre, otra sonrisa adornandola. Se sentía tan bien.
Diecisiete llegó con un vaso de jugo de naranja, se sentó al otro lado del sofá luego de tomar a Steven en brazos y sentarlo en sus piernas.
El hombre le alcanzó un peluche que había en la mesita para que el bebé de entretuviera.
—Jamás imaginé verte de esta forma —comentó la androide con una sonrisa burlona. Diecisiete se encogió de hombros.
—Yo tampoco ¿Y a qué se debe tu visita, mi querida hermana?
—¿Qué no puedo visitar de vez en cuando a mi querido hermano?
—Las dos veces que has venido es para molestarme —Dieciocho rodó los ojos y sonrió. Luego miró sus manos, pensó que se sentía preparada ¿Pero porque sentía tantos nervios para decirle aquello a su hermano? Los ruiditos de Steven la hicieron mirarlo, volvió a sonreír, al parecer cuando estabas en ese estado podías ver bebés y mujeres embarazadas por todos lados.
—Es muy lindo —comentó la androide señalando con la mirada al bebé—. No se parece a Ren ¿Se parece a su padre?
—No, no se parece a ese sujeto… —contestó enseguida el androide. Dieciocho se entretuvo observándolo, su instinto maternal ya comenzaba a surgir, pero también estaba el miedo, el temor de no ser capaz de ser una buena madre.
Diecisiete la observaba, y se preguntaba si era buena idea sacar el tema de Gero. Se preguntaba si era buena idea contarle quién fue ella.
—Estoy embarazada, Diecisiete —le soltó, lo cual dejó los pensamientos de Diecisiete en blanco. Dieciocho evantó la vista para notar que su hermano se había quedado paralizado, contempladola sorprendido. Sus ojos azules, tan parecidos a los de ella, se conectaron.
—¿Cómo…?
—No creo que tenga que explicarte cómo se hace un bebé.
—Maldición, sé cómo se hace uno… la cosa es ¿Cómo pudiste…? ¿Acaso podemos…? ¿Acaso Gero…?
—Al parecer no —respondió la androide sabiendo la continuación de aquellas preguntas inconclusas. Movió sus manos, las entrelazó sobre su vientre—. Al parecer no tocó nuestros órganos reproductores, estos actúan de forma humana… Podemos procrear.
—Puedes procrear —corrigió el androide, a lo cual Dieciocho le lanzó una sonrisa burlona.
—Te apuesto a que tú también…
—Igual no importa —el androide suavizó la mirada a su hermana— ¿Como te sientes, Dieciocho?
—Al principio estuve muy confundida. Sentí algo de miedo ante la anomalía de mi cuerpo… pero Krilin… Krilin me ayudó a entenderlo —a Diecisiete le gustaba mucho ver aquella faceta de su hermana. De la androide burlona y coqueta que le había dado aquel beso en la mejilla al guerrero, no quedaba mucho, o al menos no lo mostraba cuando estaban solos.
Ahora había una androide que aceptaba su humanidad, que miraba con un brillo en sus ojos azules a su vientre, que albergaba a un pequeño humano. Las manitas de Steven jugaron con su mano,y Diecisiete recordó cuando él estaba en el vientre de Ren, recordó cómo lo sintió, lo fuerte que era… se imaginó a su hermana sintiendo lo mismo.
—Oye, Diecisiete ¿Como te sientes? —el androide miró a su hermana que le sonreía de forma burlona.
—¿Cómo habría de sentirme al saber que embarazaron a mi hermana? —la androide volvió a reír.
—Feliz ¿Supongo? —Diecisiete suspiró.
—Por supuesto —y volvieron a quedar en silencio.
¿Acaso Diecisiete podría arruinar la noticia de su hermana, su total felicidad, con lo que planeaba decir?
—Dieciocho —llamó, a lo cual la androide lo miró— si tuvieras la mínima posibilidad de saber un poco de ti, de antes de hacernos androides ¿Te gustaría saberlo? —Dieciocho se mordió el labio y desvió la mirada.
—A una parte de mí le gustaría, digo, es quién yo fui. Y aunque ahora sea diferente, me gustaría saber qué clase de persona fui antes —Diecisiete soltó la respiración y le entregó a Steven a su hermana.
—Sostenlo —le pidió y luego se dirigió a la habitación ante la extrañeza en los ojos de la rubia. Diecisiete tomó las carpetas que habían guardado y salió.
Volvió a sentarse en el sofá y le entregó la carpeta a su hermana.
Dieciocho devolvió al bebé y recibió lo que su hermano le entregaba. La abrió y lo primero que captó la dejó paralizada.
Una foto suya, de tan solo quince años.
«Lázuli»
Miró a Diecisiete, con tantas preguntas en su mirada.
El androide se preparó para la larga historia
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El aprendiz de ranger, que no podía ser menor que Diecisiete, era rápido para aprender. Se aprendió los canales y los códigos para los llamados de emergencia.
Se aprendió en qué lugares andar y en que otros no.
—¿Por qué el señor Diecisiete no fue quien me hizo esta guía? —preguntó el joven.
—Porque quiso descansar hoy —contestó Ren—. Y como tienes que ser entrenado es hoy, además, tu experiencia será con zoologos o fotógrafos o lo que sea que venga a hacer una expedición. ¿Quién mejor para entrenarte que una? —el chico le sonrió asintiendo.
—¿Ren? —la zoóloga escuchó el llamado de Lisa desde su walkie. La zoóloga lo tomó.
—Habla.
—¿Has visto la televisión?
—No, estoy haciendo de guía.
—Debes venir pronto a la central. ¡Pero ya! —la zoóloga se quedó mirando el walkie, y captando la orden de su compañera, le hizo una señal al muchacho de volver. Por suerte estaban a tan sólo diez minutos de la central en el Jeep.
Ren lo dirigió hasta el camino principal y sacó su Jeep de la cápsula. Subieron y se dirigieron hasta la central.
—¿En donde se encuentra el minotauro? —preguntó el chico— ¿Quién lo está cuidando?
—El veterinario —contestó Ren—. Diecisiete continuará con tu entrenamiento mañana, si me están llamando a la central es algo urgente. O Lisa está exagerando, que a decir verdad, en su estado todo lo exagera —aquello hizo reír al chico.
Llegaron a la central para ver a varias personas en la cafetería. Supuso que ahí debía entrar así que se abrió paso. Dentro, Lisa la recibió en un abrazo de felicidad, como si Ren hubiera hecho algo bueno que mereciera felicitarse.
Cosa que ella no entendía, puesto que lo único que había hecho esa semana había sido cambiar pañales y desvelarse con el minotauro.
—¿Qué pasó? —preguntó. La rubia zoóloga le dió la vuelta para que observara el televisor. Ahí, estaban pasando nuevamente el vídeo de ella y Kai cuando encontraron al minotauro— ¿Por qué siguen colocando ese video? Es tan vergonzoso.
—Mira más —le ordenó Marie al llegar a su lado. Ren volvió a mirar a la pantalla y se quedó paralizada entendiendo la felicidad de la gente.
«Se ha encontrado minotauro hembra, la especie tiene posibilidades de no extinguirse.»
—En esta ocasión —comenzó a hablar la comentarista del noticiero—, zoólogos del sur han encontrado un espécimen femenino de minotauro, por lo cual, solicitan a los zoólogos del Royal Nature Park que les dejen que ambas criatura puedan aparearse.
—Hayato está hablando con ellos ya —le dijo Lisa entusiasmada.
—La especie se salvará —le comentó Marie. Pero Ren no pudo contestarles, porque tal y como en el vídeo, la emoción la abordó completamente que solamente pudo echarse a llorar.
Nota: Aunque en el anime nada más hay un minotauro, en el manga Diecisiete cuida a toda una manada que está en peligro de extinción. Decidí apegarme un poco más al manga y poner una hembra para que puedan procrear.
Me iré apegando a ciertas cositas en el manga XD
Marron ya viene en caminoooooooooo y tío Diecisiete está muy orgulloso (?
¿Cómo creen que Dieciocho tome lo de Lazuli? ¿Lo de Gero y Dieciséis?
¿Qué dirá Diecisiete sobre la noticia del minotauro hembra?
Descubranlo en el próximo capítulo XD
Gracias por leer ¡Miles de gracias!
Por dejar review y amors :")
Los quiero, Miles de besos.
