CAPÍTULO 27 La cueva del dragón.

Al día siguiente, después de la hora de cenar, Harry acompañó a Draco a Hogwarts. En casa de los Granger, McGonagall había empezado a organizar un plan para hacerlos entrar al castillo, pero Harry le había asegurado que no era necesario. Con la Capa de Invisibilidad y el Mapa de los Merodeadores no tenía problemas para entrar en su colegio. Primero se Aparecieron en Hogsmeade, cubiertos por capas oscuras que que no desentonaban en absoluto con el crudo clima invernal de Escocia e impedían que se les viera la cara. Harry condujo a Draco hasta la entrada de uno de los pasadizos secretos que llevaban al colegio y se metieron en él. Desde unas horas antes había quedado claro que a él le tocaba ser el optimista aquella noche; Draco había dicho media docena de veces que aquello era sólo una estúpida pérdida de tiempo, que el hecho de ser un cuadro no podía haber mejorado en nada la chaladura de Dumbledore y que dudaba muchísimo que supiera algo realmente útil. Puro miedo a hacerse ilusiones, ahora Harry lo entendía perfectamente y por eso no le molestó que se metiera con el antiguo director de Hogwarts.

Cuando llegaron al otro extremo del pasadizo, Harry sacó la Capa de Invisibilidad, le practicó un Engorgio y él y Draco se cubrieron con ella. Entonces, comprobando gracias al Mapa que no había nadie cerca, abrió la entrada con su varita. Al ver los pasillos familiares, sonrió.

Los dos caminaron con pasos silenciosos hacia el despacho de la directora. Harry iba con los ojos fijos en el Mapa. Después de unos segundos se dio cuenta de que esperaba ver los nombres de su época. Sólo reconocía los de algunos profesores y eso le puso un poco nostálgico. Entonces vio que dos personas se acercaban hacia ellos y le hizo una señal a Draco para que se detuviera y se acercara a la pared. Draco retrocedió hasta que tocó el muro; Harry estaba delante de él, con la espalda pegada a su pecho. Dos Ravenclaw con la insignia de prefectos aparecieron por una de las esquinas. Antes de que pasaran por delante de ellos, Draco se movió de un modo nada inocente contra él y Harry dio un pequeño respingo. Después sintió su aliento cerca de su cuello, sus labios deslizándose por su nuca... Los estudiantes estaban a menos de un metro y Harry no se atrevió ni a moverse. Tenía las mejillas encendidas de vergüenza y, muy a su pesar, su cuerpo estaba reaccionando a las caricias de Draco. Iba a matarlo, sin lugar a dudas. Entonces Draco deslizó su mano hacia su entrepierna, notando su ligera erección y Harry se tragó un gemido mientras lo sentía reir silenciosamente con los labios aún pegados a su cuello.

Los chicos desaparecieron por otra esquina y Harry, sin salir de debajo de la Capa, se apartó de Draco lo suficiente como para darse la vuelta y lanzarle una mirada de exasperación.

-¿Te has vuelto completamente loco?-exclamó, en un susurro.

Pero Draco no parecía arrepentido; tenía esa cara y Harry a duras penas podía resistirse a esa cara.

-¿No te da morbo hacerlo en Hogwarts?

-Aunque la respuesta fuera "sí", te aseguro que no sería en este momento ni de esta manera, maldito pervertido. Por Dios¿cómo es posible que estés pensando en el sexo ahora?

-Yo siempre pienso en el sexo si estás cerca de mí-ronroneó, entrecerrando los ojos como un gato-. Y si te pegas tanto a mí¿qué quieres?

El cuerpo de Harry sabía exactamente lo que quería; su cerebro luchó con bravura para mantener la sensatez y consiguió una victoria contra todo pronóstico.

-Probar tu inocencia, aunque seas un exhibicionista descontrolado. Anda, vamos.

Draco le siguió, pues no le quedaba otro remedio si quería seguir cubierto por la Capa, y mientras caminaban por los familiares pasillos, Harry se dio cuenta de que volvía a tener la expresión tensa con la que había recorrido el pasadizo secreto. Su ataque sexual debía de haber sido una manera de tratar de distraer su inquietud. Pero Harry tenía fe en Dumbledore, aunque ya no lo venerara ciegamente como había hecho de pequeño. El retrato tenía algo importante que decirle a Draco o no le habría dado ese recado a su sucesora. Cuando se detuvieron frente a la puerta, se giró y le dedicó una sonrisa de ánimo. Draco le respondió con una pequeña mueca de escepticismo.

-Semilla de mandrágora-dijo Harry, en voz muy bajita.

La puerta se abrió, dando paso a unas escaleras bien iluminadas. Harry y Draco esperaron a que la puerta se cerrara tras ellos y salieron de debajo de la Capa antes de subir los escalones. McGonagall los esperaba arriba y sonrió al verlos llegar.

-Harry, señor Malfoy...¿Algún problema para llegar aquí?

-No.

-¿Os apetece un té?

Los chicos negaron con la cabeza. Harry miró a su alrededor; no había estado en ese despacho desde la muerte de Dumbledore y McGonagall había hecho bastantes cambios. La habitación se veía más limpia y ordenada que en tiempos de su antecesor y en una de las paredes había un cuadro con un paisaje muy bonito que no había visto nunca. Fawkes, sin embargo, seguía allí, aunque McGonagall decía a menudo que ella compartía el despacho con el fénix, más que tenerlo como mascota. El pájaro se posó en el hombro de Harry, restregó la cabeza contra su barbilla un par de veces y regresó a su peana.

Tampoco los cuadros de los directores de Hogwarts habían cambiado. Todos seguían allí y ahora los miraban con mucha curiosidad, cuchicheando entre ellos. El retrato de Dumbledore lo llamó con voz jovial.

-Harry, querido muchacho... ¡Cuánto tiempo sin verte!

Aun sabiendo que era una pintura, aun sabiendo que no era realmente Dumbledore, Harry sintió que le picaban los ojos.

-Hola, profesor.

-Ah, y el joven Draco...

-Profesor Dumbledore...-saludó éste, con una ligera inclinación de cabeza.

-Minerva me ha contado lo que hiciste por nuestro Harry. ¿No es curioso cómo cambia todo?

-Hum...-fue toda su respuesta-. La profesora McGonagall dice que sabe algo que puede ayudarme a probar que fui espía para la Orden.

Harry le dirigió una mirada de advertencia.

-Draco, podrías ser más cortés.

Draco le hizo mala cara.

-Pero si es sólo un cuadro, por Merlín.

A Dumbledore, sin embargo, no pareció importarle demasiado.

-Bueno, espero que Minerva no haya dicho exactamente eso. Ignoro si vas a encontrar lo que necesitas. Pero cuando Minerva me explicó que afirmabas haber trabajado para nosotros, recordé algo que quizás pueda servirte de ayuda.

-¿De qué se trata?-preguntó Harry.

-Del pensadero del profesor Snape.

A Draco se le escapó un pequeño jadeo de sorpresa.

-¿Qué¿Severus tenía un pensadero?

El retrato de Dumbledore asintió gravemente.

-A Severus le preocupaba que Riddle pudiera conocer alguno de sus secretos. Me consta que lo utilizó varias veces durante el año que estuvisteis con los mortífagos. Es posible que uno de esos secretos estuviera relacionado con tu posición o con el trato que hizo con Alastor Moody.

Aunque Draco seguía serio, por fin había un brillo de esperanza en su mirada. Era obvio que él también lo creía posible. Harry cerró los ojos un segundo y pidió a cualquier dios que pudiera estar escuchando que fuera así.

-¿Dónde está ese pensadero?-preguntó Draco.

-En una guarida de dragones abandonada que hay en el monte Snowdon, en Gales. La disimuló a ojos de los muggles y la protegió de los magos con un Fidelius. Por suerte, me nombró a mí su Guardián. Si no cambió el pensadero de lugar, y no tengo motivos para creer que lo hiciera, debe seguir allí.

-¿Por qué ha esperado hasta ahora para decirlo?

-Severus murió y yo ignoraba que hubieras entrado a trabajar para la Orden. No vi motivos para traicionar su intimidad. Ahora es diferente, por supuesto. Estoy seguro de que Severus desearía ayudarte a aclarar ese terrible malentendido.

Draco frunció las cejas un momento, pensativo.

-No entiendo por qué no nos dijo nada a mi madre o a mí.

-Probablemente dio por sentado que Alastor le había comunicado al ministro o a otras personas de la Orden tu verdadera posición.

-No es propio de él dar las cosas por sentado.

Harry dio un pequeño bufido exasperado.

-Draco, deja de hacer eso. ¿Qué más da por qué no te lo dijo? Vayamos mañana a buscar el pensadero y ya veremos lo que hay ahí.

Draco le envió una mirada automática de mal humor, pero luego asintió.

-Está bien, tienes razón.

-Espero que encuentres lo que necesitas, Draco-dijo Dumbledore, con sinceridad-. En cuanto a ti, Harry... siento mucho todo lo que te ha pasado. Ojalá hubiera estado en posición de ayudarte, pero para bien o para mal, los cuadros no somos testigos aceptados por el Wizengamot.

-Lo sé, profesor Dumbledore, gracias.

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Harry y Draco se marcharon de Hogwarts poco después y regresaron al monasterio sin entretenerse. Draco seguía tratando de fingir que estaba tranquilo, pero saltaba a la vista que habría empezado a buscar la vieja cueva aquella misma noche. Cuando se lo contó a Narcissa y a Blaise, los dos reaccionaron casi con la misma cautela que él, pero Harry se dio cuenta de la mirada que intercambiaron madre e hijo y los dejó solos un rato. La situación tenía que haber sido dura para todos-con la excepción, quizás de los más pequeños, que no habían conocido otra cosa-, pero para Draco tenía que haber sido peor. Al fin y al cabo, él se sentía responsable de todos los miembros de su pequeña comunidad. Harry pensaba a veces que si Draco no se había arrepentido nunca de haber tomado la decisión de entrar a trabajar para la Orden había sido sólo porque su mayor motivación había sido destruir a Voldemort, no proteger a la sociedad que le había dado la espalda de ese modo.

Ya no volvió a verlo hasta el entrenamiento de la Cruciatus. Aquella noche, por primera vez, fue capaz de sacar la varita y apuntar con ella a Narcissa. Aunque no hubiera conseguido también lanzar un encantamiento, era un gran paso. No muy lejos de él, Draco estaba tirado en el suelo, llorando y gimiendo. Le había pedido a Blaise que aumentara la intensidad de la Cruciatus.

-No fuerces tu límite, Draco-le dijo Narcissa, mientras lo incorporaba para ayudarle con la poción-. Hay un punto del que no se debe pasar, al menos si quieres conservar la cordura.

Draco tardó unos segundos en estar lo bastante restablecido como para poder afirmar que estaba aún lejos de ese punto. Después miró a Harry y a Blaise.

-Mi madre y yo hemos tenido una idea.

Cuando todos los demás se fueron, ellos salieron los últimos, caminando sin prisas hacia el despacho de Draco.

-Si encontramos un recuerdo útil en ese pensadero-empezó a explicar-, deberíamos empezar a plantearnos salir a la luz. Harry, tú y yo tenemos los recuerdos de la confesión de Robards. Tendríamos además el recuerdo de Snape. Y vosotros dos, Vince, Connor y los demás tenéis los recuerdos de lo que hicimos la noche que huimos del cuartel de los mortífagos. Además, Hermione Granger puede testificar ahora que tiene dos recuerdos distintos de la conversación que mantuvo contigo el día que murió Ginny Weasley. Por separado, no valen nada, pero todas a la vez, creo que son pruebas suficientes como para que la gente empiece al menos a dudar.

-¿Crees también que el Wizengamot nos daría la posibilidad de explicarnos?-replicó Blaise-. Lo más seguro es que los aurores tengan órdenes de tirar a matar.

-Blaise, por favor, no somos tan ingenuos. Ni se me ha pasado por la cabeza entregarnos a los aurores y esperar que el resto del mundo se comporte con decencia. No, no saldremos del monasterio hasta que estemos totalmente seguros de saben que somos inocentes.

-¿Cuál es el plan?-preguntó Harry, yendo a lo práctico.

-Veréis... Cuando Granger vino aquí y vio a mi hermano y a la señora McNair, casi pude oir su tierno corazoncito de Gryffindor tintineando. Tú mismo, Harry, te suavizaste bastante cuando viste la escuela. Y me pregunto qué diría la gente como Molly Weasley si viera a los críos o a los viejos o escuchara a nuestra Ravenclaw residente diciendo que renunció a todo por su Connor porque sabía que era inocente.

Los labios de Blaise se curvaron en una sonrisa ladeada.

-En otras palabras, sugerís una manipulación emocional masiva.

-No podrías haberlo descrito mejor. El plan, queridos míos, es darle a algún periodista la exclusiva de su vida. Naturalmente, esto revelará el papel que tuvo Ron Weasley en el secuestro de Robards y pondrá en una situación difícil a toda su familia. Pero ya han dicho que estaban dispuestos a hacer cualquier cosa y es un hecho que te lo deben.-Miró a Harry directamente-. Estoy seguro de que tú eres demasiado noble para recordárselo, pero yo, no.

-No lo harán porque me lo deban. Lo harán porque es lo correcto.

-Como quieras-replicó, encogiéndose de hombros. Parecía querer decir que lo único que le importaba es que lo hicieran-. Así que iremos a por algún periodista, alguno que esté dispuesto a escuchar con un poco de objetividad. Primero le mostraremos con Legeremancia la confesión de Robards y el recuerdo de Snape, para que se relaje un poco. Harry, si te sientes inspirado, no dudes en endilgarle uno de tus horribles discursos sobre honor, integridad, blablabla. Después, cuando comprenda que no vamos a matarlo, sino a convertirlo en el periodista más famoso de Europa, lo traeremos al monasterio usando las mismas precauciones que usamos con Granger. Bueno, a él también le obligaremos a prestar un Juramento Inquebrantable para que no pueda revelar nada que ayude a nuestra localización cuando le interroguen los aurores. Y le obsequiaremos con una visita guiada por nuestras dependencias, haciendo especial hincapié en nuestros sufrimientos como si fuéramos una cuadrilla de Hufflepuffs llorones. Por supuesto, esconderemos los mejores muebles, joyas y adornos y presentaremos un aspecto adecuadamente...espartano. Si no se va de aquí dispuesto a salvarnos a todos con sus propias manos es que no me llamo Draco Lucius Malfoy.

"Y sin respirar", pensó Harry, no sin admiración.

-Puede funcionar-murmuró Blaise, casi para sí mismo-. Desde luego necesitamos un recuerdo útil de Severus, pero... puede funcionar.

Los tres miraron ahora a Harry, esperando su opinión. Él no sabía qué decir: la manipulación no era lo suyo. Pero tenían pruebas que ofrecer, pruebas consistentes. Y aunque no podían estar seguros de que el ministro Scrigmeour fuera a escucharlos, un periodista lo haría. Si tres Slytherin de ese calibre afirmaban que eso serviría para poner a parte del público a su favor, estaba dispuesto a apostar su vida a que lo hacía.

-Por mí, bien-contestó. Y entonces tuvo una idea y sonrió un poco-. Y sé exactamente a qué periodista recurrir.

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Draco estaba demasiado nervioso aquella noche como para dormir y sus intenciones eran que Harry permaneciera despierto haciéndole compañía. Cuando Harry lo comprendió, se armó de paciencia y se preparó para la larga noche. Tampoco era un gran sacrificio, considerando que el plan incluía montones y montones de sexo. El único tema que parecía prohibido era el del pensadero de Snape. Draco se negaba a hablar de ello hasta que hubiera examinado todo su contenido. Y un poco más tarde, Harry descubrió que tampoco quería hacer planes de futuro.

-Ahora mismo no puedo pensar en eso, Harry. No cuando está todo en el aire.

-Está bien... -Le paseó el pulgar por los labios sólo porque sabía que Draco lo besaría-. Pero si todo esto estuviera solucionado¿te gustaría intentarlo en serio conmigo?

-¿Intentarlo en serio?

-Ya sabes... Salir juntos... o mejor aún, vivir juntos.

Draco hizo un ruidito de incredulidad.

-Estás loco¿sabes? Cuando salgas de aquí y te restauren como Chico-que-vivió y tus fans vuelvan a tirarse sobre ti como...

Pero Harry le besó, impidiéndole continuar.

-Maldito Slytherin cobarde¿quieres decir que sí de una puta vez?

Draco se echó a reir suavemente y apartó la vista un momento. Harry no entendía cómo podía ser tan desinhibido con el sexo y luego reaccionar como una niña de doce años cuando se trataba de sentimientos.

-Claro que me gustaría-contestó, esforzándose en mirarlo a la cara-. Pero...

Harry volvió a interrumpirle con un beso.

-Sin "peros"-dijo después-. No hace falta que hablemos más de esto, pero no digas "peros".

Se durmieron pasada la una, y a las cuatro y media se despertaron para volar hacia Gales aprovechando la cobertura de las últimas horas de oscuridad. Iban en la moto, que era más rápida que las escobas, y Harry permitió que también volara su imaginación. Porque él sí necesitaba hacerse ilusiones. A pesar de todo lo que había visto y vivido, a pesar de algún momento de desánimo, aún era optimista. Y le animaba pensar que algún día irían en esa moto sin tener que preocuparse de aurores o mortífagos, que Draco se sentiría lo bastante seguro como para poder decirle que le quería o que podrían pasear por el callejón Diagon sin esconderse.

Cuando llegaron al monte Snowdon eran ya las siete pasadas y había amanecido, pero no había turistas a la vista y Harry, de todos modos, le había echado un encantamiento Desilusionador a la moto. Aquella pequeña cordillera no exigía equipo especializado alguno; bastaban unas buenas botas, una cantimplora y ganas de caminar. Dumbledore no había podido especificar en qué parte exactamente se encontraba la guarida del dragón, pero las varitas les ayudarían a percibir los hechizos que había usado Snape para proteger la entrada. Una hora después, se encontraron con los primeros excursionistas, tres chicos cuyos intentos de trabar conversación fueron cortados de raíz por una fría mirada de Draco. Harry los observó marcharse mientras mascullaban algo entre dientes y se giró hacia Draco con una falsa expresión de severidad.

-¿No eres ya mayorcito como para andar espantando muggles?

-Tenemos cosas importantes que hacer.

La verdad es que Draco no acababa de parecer un excursionista. Su ropa era similar a la de Harry, pero su cara estaba demasiado seria. Se suponía que uno iba a la montaña para disfrutar del paisaje, o del aire fresco o del ejercicio, pero Draco no se molestaba en disimular que no le interesaba nada de eso, lo cual le daba un aire sospechoso. Él, por el contrario, no veía por qué buscar una cueva de dragones iba a privarle de disfrutar de la excursión.

Al mediodía se pararon para descansar un poco y comer algo. Dipsy les había preparado a cada uno sus sandwitches favoritos y llevaban también una cantimplora llena de zumo de calabaza. Si no hubiera sido por el frío, Harry se habría adormecido después del almuerzo, pero se pusieron en marcha enseguida para aprovechar las pocas horas de luz que quedaban. Habían recorrido casi todo el terreno del monte y el pesimismo de Draco se hacía cada vez más patente. No lo decía, pero se le notaba en los ojos. Harry casi podía oler su frustración como si fuera un perfume amargo y se negó a darse por vencido. Si esa maldita cueva existía, la encontrarían. Y si no era ese día, sería al siguiente.

-Cuando anochezca podemos volver a usar la moto y examinar esa zona de ahí-dijo, señalando un pico cuyo nombre ignoraba por completo.

-Crib Goch-le aclaró, con un poquito de petulancia-. Está bien.

El sol empezaba a ponerse cuando, por fin, Harry notó algo en la varita.

-¡Draco¿Lo notas?

Draco se concentró y negó con la cabeza, pero se lo quedó mirando con expresión expectante. Harry también se concentró, intentando localizar el origen de aquella ligerísima vibración, y salió del camino con pasos vacilantes, trepando por la ladera en línea casi recta. Draco lo siguió sin decir nada hasta que él también empezó a notarlo.

-Tiene que ser la cueva.

Después de ascender casi sesenta metros sus varitas apuntaban hacia lo que parecía una roca casi pelada. Debía de ser la entrada disimulada a la abandonada dragonera. Entonces comenzaron los hechizos. Draco conocía bien las preferencias mágicas de Snape y Harry era un mago muy, muy competente. Entre los dos se las apañaron para deshacer los escudos y dejar, por fin, la cueva al descubierto. Para entonces ya había anochecido del todo, pero había varias antorchas colocadas a lo largo del camino y usaron un hechizo para encenderlas todas.

-Aún no podemos bajar la guardia-avisó Draco, innecesariamente. Harry nunca sería tan estúpido como para entrar confiadamente en la guarida de un dragón protegida por Severus Snape-. No sabemos hasta qué punto quería asegurarse de que nadie entraba aquí... o salía vivo para contarlo.

Ambos caminaban muy poco a poco, mirando a todas partes y murmurando por lo bajo hechizos que revelaban trampas y peligros. A diez o doce metros de la entrada, sobre una repisa natural de la cueva, vieron un pequeño cofre. Ninguno de los dos hizo el menor gesto de acercarse a examinarlo.

Habían avanzado sólo unos metros más cuando Draco se detuvo de pronto, con un jadeo ahogado, y le hizo detenerse a él. Frente a ellos había una armadura de aspecto antiguo. Y causaba suficiente desasosiego simplemente estando allí, en esa cueva extraña que aún olía un poco a dragón, sin necesidad de que se moviera. Porque se estaba moviendo poco a poco y su mano metálica se dirigía sin lugar a dudas hacia su impresionante espada.

-Oh, mierda...-musitó Harry, asombrado. Pero el insólito espectáculo no impidió que dirigiera su varita hacia la armadura-. ¡Locomotor Mortis!

El hechizo le dio de lleno, pero no la detuvo. Harry retrocedió un paso y vio por el rabillo del ojo cómo Draco atacaba también con un Evanesco que tampoco causó daño alguno. Intentó pensar algún hechizo que pudiera resultar útil contra un objeto, pero la armadura interrumpió sus pensamientos intentando darle un mandoble con la espada. Harry saltó a tiempo de evitarla y rodó por el suelo de piedra. Oyó otro hechizo de Draco estrellándose contra la armadura encantada, pero no apartó la vista de la espada, que iba de nuevo hacia él.

-¡Oh, joder!-exclamó, apartando la cabeza justo a tiempo.

Su única ventaja era que la armadura no era muy rápida. Harry se puso de pie de un salto y probó un potente Finite Incantatem y, después, un encantamiento para dejarla pegada en el sitio Tuvieron tan poco efecto como el Petrificus Totalis que vio lanzar a Draco. Y de repente, mientras aún vigilaba la espada, vio cómo los ojos de Draco se teñían de decisión, y, con un movimiento de varita, hizo aparecer en su mano una espada tan grande como la de la armadura.

En un movimiento preciso y fluido, Draco se plantó junto a la armadura y le seccionó el brazo con el que sujetaba la espada. Después, sin detenerse, giró sobre sí mismo y le rebanó la cabeza. La armadura siguió de pie un par de segundos y finalmente se derrumbó con estrépito.

-Guau...-dijo Harry.

-Ha funcionado-contestó Draco, satisfecho consigo mismo.

Harry no daba crédito a sus ojos.

-¿De dónde has sacado esa eso?

-¿Te acuerdas de la armadura del pasillo?

-Genial-dijo, dándole un beso breve e impulsivo.

Draco sonreía.

-¿Estás bien?

-Sí. Sí, no me ha dado.-Miró la armadura del suelo-. Se nota que la ha encantado Snape; sólo ataca a los Gryffindor.

Draco se rio un poco.

-Me pregunto qué hechizo usó con ella-dijo, devolviendo la espada a su sitio con otro movimiento de varita-. Estoy seguro de que había una manera algo más mágica de detenerla. Venga, sigamos.

La cueva se iba ensanchando un poco más; al fin y al cabo, había albergado un dragón galés. Harry y Draco aún se encontraron con varios hechizos de protección más que supieron vencer entre ambos, aunque nada tan peligroso como la armadura. Al cabo de unos cincuenta metros llegaron al final de la cueva. El pensadero no se veía por ninguna parte, pero Harry lanzó otro poderosísimo Finite Incantatem dirigido a toda la sala en general. El pensadero apareció en uno de los laterales, pegado a la pared. Draco dio un pequeño suspiro y se acercó lentamente a él, seguido de Harry.

El pensadero era mucho más pequeño que el que había visto en Hogwarts y estaba cubierto de ese aceitoso, grisáceo y perlado líquido que permitía conservar los pensamientos. Draco se mordió el labio inferior un momento y después miró a Harry con una disculpa en los ojos.

-No sé si habría llegado hasta aquí sin ti y me alegro de que me hayas acompañado, pero... ahora me gustaría que me esperaras fuera.

-¿Por qué?

-Son los recuerdos privados de Sev. Ya es bastante malo que los vea yo.

Harry lo entendió. En quinto, en una sesión de Oclumancia con Snape, había cometido el error de mirar en el pensadero en el que el profesor estaba depositando algunos recuerdos que no quería que pudieran ser leídos por él. Lo que había visto era un momento de la etapa de Snape en Hogwarts en la que James Potter y Sirius Black atormentaban al estudiante de Slytherin por simple diversión. Harry se había sentido abochornado, no sólo por haber invadido la intimidad de Snape, sino por haber descubierto que su padre y su padrino podían comportarse del mismo modo que Dudley Dursley o el entonces odioso Draco Malfoy.

-De acuerdo-dijo, sacando de la mochila un pequeño recipiente que McGonagall les había dado el día anterior-. Pero la cueva es peligrosa, Draco. Prométeme que si ves algo raro me darás un grito para que venga.

-Prometido.

-Suerte-dijo, dándole un beso rápido en los labios.

Lo único que le preocupaba de marcharse, aparte de un posible peligro inesperado, era que Draco viera algo que pudiera dolerle de algún modo. Y no es que no tuviera la certeza de que Snape había luchado contra Voldemort o de que había apreciado sinceramente a Draco, pero... ¿Y si había guardado el recuerdo de Lucius confesándole que estaba a punto de matar a su hijo o cosas así? Mientras caminaba, su pie chocó sin darse cuenta contra la espada de la armadura y le vino a la cabeza la imagen de Draco moviéndose como un maldito samurai.

Harry se dispuso a esperar en la entrada de la cueva. Hacía frío y sacó una capa abrigada de la mochila. Estaba pendiente de cualquier sonido que pudiera llegar del interior-cualquier sonido que indicara que Draco tenía problemas-, y no paraba de pensar en los acontecimientos de los últimos meses y en la luz que se vislumbraba al final del camino. Draco le había explicado que, si el plan del periodista salía como él quería, la situación de la gente como los Pucey o los McNair también mejoraría. "Haré que se sientan tan abyectamente culpables por lo que te hicieron, tan asquerosamente agradecidos conmigo por haber salvado tu bonito culo de Gryffindor, que conseguir la amnistía para el resto será tan fácil como quitarle un caramelo a un Hufflepuff", le había dicho la noche anterior. Había sonado más feroz que convencido, eso era cierto, pero Harry seguía confiando en el talento de los Slytherin para la manipulación. Al fin y al cabo, conocía de primera mano lo que la asquerosa de Rita Skeeter podía hacerle a su imagen con sus artículos.

Había pasado casi una hora cuando una pequeña explosión le sobresaltó y le hizo ponerse en pie de un salto para entrar en la cueva.

-¡Draco!-Nadie le contestó, pero no tardó en verlo, doblando un recodo. Harry apresuró el paso para acercarse a él. Su cara no revelaba ninguna expresión, ni buena ni mala-. ¿Qué pasado¿Qué ha sido eso?

-He destruido el pensadero.

-¿Es que no has encontrado nada útil?

-No, no es eso.-Esbozó una sonrisa-. Los Sly vamos a tener que hacerle una estatua a Sev, te lo aseguro. Es algo largo, así que, si no te importa esperar un poco, podemos verlo todos juntos cuando lleguemos al monasterio.

-Claro, no hay problema. Pero, Draco... ¿por qué estás tan serio¿Qué has visto?

Draco dio un suspiro y lo miró como si estuviera dudando si se lo contaba o no. Harry se sintió satisfecho al ver que seguía hablando.

-Había algún recuerdo francamente desagradable de sus primeros años como mortífago, pero... la mayoría de cosas que he visto eran... escenas de mi padre y él.

-¿Tu padre y él?

-Se... se acostaban de vez en cuando.

Harry no pudo evitar que se le pintara la estupefacción en la cara.

-¿Qué?

-Pero yo eso ya lo sabía. Hasta mi madre lo sospechaba.-Draco estaba demasiado sumido en sus pensamientos como para percibir el shock de Harry-. No sé... Lo que había en el pensadero... eran recuerdos antiguos, momentos... bonitos de ellos dos. Algunos, la verdad, habría preferido no verlos, pero... No entendía por qué Sev se había deshecho precisamente de ellos. No es como si el jodido Voldemort no supiera que habían estado liados o que se acostaban de vez en cuando. No tenía por qué ocultarlos.

Con un esfuerzo, Harry intentó apartar de su cabeza la imagen de Lucius Malfoy y Severus Snape acaramelados en la cama, pensando que nunca le agradecería lo suficiente a Draco que le hubiera ahorrado el espectáculo.

-¿Y por qué crees que lo hizo?

Draco apartó un segundo la vista, pero enseguida volvió a mirarlo.

-Para no recordar que le había querido. Para ser capaz de traicionarlo cuando llegara el momento.-Hizo un gesto de amargura-. Como dijiste, siempre le quisieron mucho más de lo que merecía.

Y Harry sabía perfectamente que no se refería a Snape, sino a Lucius.

-Vamos, Draco, no pienses en eso-dijo, apretándole el brazo cariñosamente.

Draco apretó los labios y luego asintió con firmeza.

-Sí, tienes razón. Esto-se palmeó el bolsillo en el que había guardado el pequeño recipiente-es lo importante.

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Cuando llegaron al monasterio eran casi las nueve de la noche. La gente acababa de hacer la sesión de Cruciatus y Draco hizo correr la voz de que quería ver a todo el mundo en el comedor. Planeaba un buen golpe de efecto, eso estaba claro; el recuerdo de Snape tenía que ser realmente impactante. Las caras de todos a medida que iban llegando estaban llenas de curiosidad y expectación. Draco esperó a que estuvieran todos reunidos y paseó la vista por el comedor con aire desafiante y victorioso.

-Sólo nosotros sabemos lo que han sido estos nueve años. Sólo nosotros sabemos lo que hemos sentido luchando contra nuestros padres y hermanos. Sólo nosotros sabemos lo que es perderlo todo. Pero os dije que algún día dejaríamos de escondernos. Os dije que algún día conseguiríamos que se reconociera nuestra inocencia. Y ese día ya está aquí.-Un murmullo excitado recorrió toda la sala-. Quiero enseñaros algo, algo que vamos a restregarle al Wizengamot por la cara.

Usando la varita, Draco extrajo el recuerdo del recipiente especial y lo dejó libre por la sala. Harry sintió un ligero mareo brumoso mientras un nuevo escenario se formaba a su alrededor. Estaba en una casucha abandonada, muy parecida a la que habían usado para interrogar a Robards. Alastor Moody esperaba enfrente de él, tan real que tenía la sensación de que podía hablarle. Harry contempló al fallecido jefe de los aurores con afecto y luego se giró para ver entrar a Severus Snape por la puerta, envuelto en una capa oscura.

-Llegas tarde-gruñó Moody.

-La próxima vez le explicaré al Señor Tenebroso que debo dejarle para atender otro compromiso-replicó Snape, sarcástico. Después se puso más serio-. Hay novedades.

-¿Qué novedades?

-Draco Malfoy quiere un nuevo trato.

-¿Un nuevo trato?

-Ha estado hablando con antiguos compañeros suyos de Hogwarts: Blaise Zabini, Vicent Crabbe, Gregory Goyle, Theodore Nott, Connor Montague y Reuben Summers. Todos ellos están dispuestos a dejar a Voldemort a una orden suya. Draco quiere incluirlos en la amnistía.

-¿Qué¡Ni hablar!-Snape lo miró fríamente, sin decir nada-. No puede ser, Severus.

-Esos chicos eran mi responsabilidad en Hogwarts. Y no pude mover un dedo para salvarlos de sus propios padres porque tenía que hacerme pasar por mortífago y ayudar a Potter cuando fuera el momento. No pienso seguir dejándolos abandonados.

-¿Me estás amenazando?

-¿Qué hicisteis para protegerlos cuando Voldemort recuperó su cuerpo¿Qué hicisteis para impedir que sus padres los llevaran a rastras ante ese monstruo?¿O es que no valía la pena preocuparse de ellos porque sólo eran Slytherin?-Su voz sonaba fría y colérica-. Quieren huir. Quieren ayudar a derrotar a Voldemort. Y les vais a dar esa oportunidad. No vais a descartarlos como si no fueran importantes¿me has entendido?

-¿Crees que para conseguir el perdón ministerial basta con dejar a Voldemort?

-¿Qué es lo que necesitas?

Harry hizo un esfuerzo por apartar los ojos de aquella escena y fijarse en los Slytherin. Sólo unos pocos mantenían ese semblante controlado que tanto les gustaba cultivar; la mayoría estaban tan absortos en lo que veían como si fuera una película y miraban a Snape con la admiración que se reservaba a los héroes. De vez en cuando, miraban a Draco del mismo modo.

En el recuerdo, Alastor Moody había tomado una decisión.

-No voy a conceder la aministía a esos muchachos sólo porque ahora estén asustados. Malfoy, Montague y Summers podían ser menores de edad cuando tomaron la Marca, pero los demás, no. Si quieren el perdón completo tendrán que demostrar sin lugar a dudas en qué bando están.

-¿Qué sugieres?

Harry tuvo la impresión de que el profesor sabía exactamente qué iba a pedirle.

-Son seis nombres, además de Draco Malfoy y su madre. Quiero seis mortífagos muertos. Y quiero que se deshagan del arsenal de varitas que robó Voldemort. Si lo hacen, cuando la guerra acabe serán amnistiados.

-¿Tengo tu palabra?

-Naturalmente-dijo Moody, un poco ofendido.

Los dos magos se estrecharon la mano. Harry sabía que aquello tenía cierta fuerza mágica. No tanta como un Juramento Inquebrantable, desde luego, pero se consideraba un trato cerrado.

-Ahora debo irme-dijo Snape.

-Dile a Draco que necesitamos ya el contrahechizo para el último invento de Bellatrix Lestrange.

-Lo tendréis en un par de días.

Sin decir una palabra más, Snape se Desapareció de allí y el recuerdo se desvaneció entre jirones de bruma. Un silencio sepulcral reinó en el comedor durante unos segundos, prácticamente todos los ojos estaban ahora fijos en Draco. Narcissa fue la primera en hablar.

-Es justo lo que necesitábamos...

El comedor explotó en un alboroto de preguntas y exclamaciones esperanzadas. Querían saber cómo había conseguido ese recuerdo, qué pensaba hacer con él, cómo pensaban que reaccionaría el ministro Scrigmeour cuando lo viera. Draco esperó en paciente silencio a que se calmaran un poco y le dejaran hablar. Esta vez no había duda: lo miraban como si hubiera hecho un auténtico milagro. Harry se sintió tan orgulloso de él que pensó que podría reventar.

-Harry y yo estuvimos en Hogwarts ayer y hablamos con el cuadro de Dumbledore. Él era el Guardián de una dragonera oculta en la que Severus había escondido un pensadero. Un pensadero con este recuerdo. La llave de nuestra libertad.-Hizo una pausa y miró a Adrian, a la madre de las gemelas, a la madre y a la viuda de Goyle-. Sé que esto no afecta a vuestra situación legal, pero espero que tengáis la cortesía de atribuirme un poco de cerebro. Tengo un plan. Un gran plan. Y si me ayudáis a llevarlo a cabo os aseguro que el Wizengamot volverá a considerar vuestros casos desde una óptica mucho más generosa. ¿Estáis preparados para comportaros como auténticos Slytherin?

-Haremos todo lo que nos pidas, Draco-dijo Daphne, resumiendo el sentir de todos.

Él sonrió.

-Mi frase favorita.-Se puso un poco más serio-. Está bien, escuchadme. Haremos lo siguiente...

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Carola, hola. Ya has visto que las cosas pintan ahora un poco mejor para Draco y sus Sly. Remus es un solete, jaja. Yo creo que Ro lo lió con Tonks porque se dio cuenta de que medio fandom lo consideraba gay. Es el único sentido que le veo a esa pareja. En cuanto a Harry, pues sí, el chico se vuelve natillas cuando ve a Draco llorando. (Eh, es canon). Besitos!

Efi-Lala, k tal? Me alegra mucho que pienses así del fic, especialmente en el trato a Harry y a Draco. Para mí es importante mantenerlos lo más IC posible, aunque los dos hayan cambiado un poco por la edad y las circunstancias. Reconozco que tengo debilidad por el Draco-duro-por-fuera-blando-con-Harry. Bueno, besitos y muchísimas gracias por el comentario.

Maria, hola. No soy nada organizada escribiendo y empiezo las historias sin saber muy bien qué va a pasar, sólo con cuatro o cinco ideas en la cabeza, así que me alegro mucho de que el resultado quede coherente. De momento no tengo pensado ningún otro fic largo, aunque supongo que irán cayendo one-shots de vez en cuando.

Einx, si pienso en el séptimo libro me salen ronchas, sólo te digo eso XD Draco se suelta a su manera, y, en parte, esa es la razón de que Harry esté más seguro de la relación. Sabe que Draco nunca habría llorado así delante de él si no hubiera algo muy sólido y fuerte entre ellos.

Lireve, hola, guapa. Nah, si he tenido tantos reviews de pronto es porque las refugiadas de Slasheaven, que normalmente me dejan comentario allí, ahora me lo están dejando aquí. Pero con la página arreglada, esto volverá a los niveles de siempre. Draco no está aún preparado para una comida familiar con los Weasley, no la liemos XD A mí también me gusta escribir las escenas en las que están los dos solos, para qué mentirte, jaja. Y sí, Harry está ya más sueltecito con Draco. Besitos y hasta el miércoles.

Djeri, saluditos. Sorry, pero "Reflejos" es un one-shot y no creo que lo continúe. Si no hago cambios de última hora, a este fic le quedan seis capis y el epílogo. Yo creo que las dos opciones son buenas, aunque supongo que yo me quedaría con "tener un suegro Black" XD Besos!

Hojaverde, qué bien entiendes a Draco, jeje. Sí, Harry se derrite, of course. A mí también me da penita pensar que esto se acabará en unas semanas, snif.

Ami, yo adoro a Narcissa, pero no la podría llamar adorable nunca, jaja.

Claudia hola. Supongo que pensabas que el traidor estaba en el grupo de Harry. Bueno, ya veremos. En cuanto a si acaban juntos o no, yo no digo nada. (Soy muy mala). Besitos!

Drakitap hola, guapa. Draco aún está lejos de sentirse cómodo con los Weasley y viceversa, aunque bueno, también es verdad que quería estar con Vince. En cuanto a lo de "adorable"... Draco tb está bromeando. Su madre es muchas cosas, pero "adorable", desde luego, no. Entiendo lo que quieres decir con lo del tiempo para leer, pero ¿y lo que disfrutas cuando encuentras una historia que te gusta? Bueno, besitos y muchísimas gracias por el comentario.