Capítulo 25: El Cuarto.

—¿Yoshida Christie?— Heiji mira el documento que le enseñaba la pantalla del computador.

—Una identidad que se creó Shiho-chan en caso de emergencia. — Explica Ayumi emocionada y con una lata de cerveza en la mano.

La Liga y Hattori se encuentran reunidos en casa de Ayumi luego que ésta había llamado a todos. Mientras el detective moreno contemplaba los documentos falsos de Shiho, Shinichi y Mitsuhiko observaban fotos de la pequeña ciudad dónde vive ahora su objetivo.

—¿Qué esperamos entonces? — Cuestiona Genta, quien ahora es un hombre alto, la mitad de la gordura que tenía de niño y con la cara cicatrizada en el hemisferio izquierdo, de la frente cayendo al mentón. — Ya tenemos su localización después de todo. — Traga su cerveza.

—¿Esperamos? — Pregunta Shinichi.

—¿No habrán pensado que irán sin nosotros? — Reprocha Mitsuhiko con mirada de incrédulo. — ¡Somos la Liga Juvenil de Detectives!

—Yo no. — Les recuerda Hattori.

—Pero Shiho-chan si lo es. — Dice Ayumi sin dudar. — Y tenemos asuntos pendientes con ella.

—O vamos todos o ninguno. — Dictamina Genta.

Shinichi sonríe confiado, como dando a entender que ya se esperaba esto. Hattori, por el contrario, no está muy de acuerdo pero no puede ser desagradecido luego que ellos estuvieron ayudándolo a salvar a su hijo. Por lo que acepta resignado.

—Entonces que ya está decidido, acordemos el día para pedirle a Takagi-san permiso. — Comenta Mitsuhiko.

Shinichi mira su celular mientras oye a los demás planear el viaje, tenía un mensaje de voz por parte de Ran. El contenido lo sorprende tanto que se pone de pie abruptamente, llamando la atención.

—Tengo que irme, me necesitan en casa.

—¿Se lastimo Haine? — Pregunta Ayumi, preocupada al verlo así y siendo consciente que la adolescente tiene la misma habilidad de su padre en meterse en problemas.

—No, llevo el veterinario y ha dicho que Sweet no va a pasar la noche.


Durante la cena, Kai había notado a sus padres demasiado contentos y ligones. No es tonto, sabe que lo hicieron y sólo ruega que no lo hayan hecho en la mesa o en su sillón favorito. Anko no se daba cuenta al estar aún pensando en Kyouya. Su "cita" fue maravillosa pero no deja de pensar en lo que paso en la oficina de Saguru-san. Esa secretaria debe ser peligrosa si causó que su amigo se ponga tan furioso, tenso y amenazante. Incluso le hizo un hechizo a su padre, sin que éste se diera cuenta, que le avisará si es atacado. ¿Por qué no simplemente la exponen y sacan de allí?

No sé qué tan peligrosa es o qué es lo que quiere. Y si la sacamos, ella buscara la manera de regresar. Tendré mayor poder sobre ella si obtengo su nombre y sus intenciones.

Suspira agotada, la vida de brujos es tan agotada al parecer.

—¿Anko? — Se sobresalta al escuchar la voz de su madre. — ¿Qué pasa con ese suspiro?

—Sólo estoy cansada mamá. — Usa sus habilidades Kuroba para mantener su mirada de póquer y sonreír.

—¿Te cansaste besando a Kyouya-niichan? — Se burla Shiharu, provocando el sonroja de la mayor.

—¡Beso, beso! ¡Muak, muak! — Mitsuki sigue con la broma lanzando besos al aire.

—¡No digan cosas que no son! — Les grita molesta a pesar de su fuerte rubor.

—Antes que causen el apocalipsis en la sala, tengo un aviso que darles. — Interviene Aoko ya muy consciente de lo que pasara si no los detiene.

—Y ustedes dos, diabluras, mantengan sus acciones controladas… especialmente tú Mitsuki que sigues castigada. — Secunda Kaito mirando a sus hijas con enojo.

—¡No es justo!

—Te llevaste la pistola de papá sin permiso. — Le recuerda Kai en un gruñido.

—¡Y gracias a eso salve a mis amigos de unos ladrones asesinos! ¿No cuenta eso acaso?

—Sí. — Admite su madre sonriendo. — Por eso te castigamos un mes y no el año entero.

—Y todavía me debes el chocolate. — Shiharu le recuerda la apuesta que hicieron.

—Los odio a todos.

—¿Qué querías contarnos mamá? — Anko toma la palabra, alzando una ceja en señal de curiosidad.

—¿Estás embarazada otra vez? — Exclama Kai asustado y provocando que sus progenitores se ruboricen. — Por favor que no sean más gemelos… no, me conformo con que no sean más mujeres.

—¡Oye! — Reprocharon sus hermanas.

—Su madre no está embarazada. —Asegura Kaito al borde de la risa por cómo actúan sus hijos.

—¿Entonces? — Se sincronizan las pequeñas.

—Me voy a pasar unos días en Francia con Sonoko y su hija Sora, así que se organizaran con su padre en dividirse los quehaceres de la casa.

—¿Con Sora? — Se le escapa a Kai de la boca esa pregunta, alarmado.

—¡Quiero recuerdos! — Gritaron las pequeñas.

—Yo ropa. — Pide Anko ya pensando en darle un catalogo más tarde.

—¿Por qué con Sora? — Kai quiere volver a lo importante del asunto. No quiere imaginarse lo que su madre puede hacer con el fin de avergonzarlo.

—¿Qué tiene de malo hijo? — Kaito le sonríe burlón, destacando sus dientes. — ¿Acaso son celos que sea tu madre y no tú quien pase tiempo en el extranjero con mi futura nuera?

—Kaito, no lo molestes. — Le ordena su esposa al momento que le da un golpe en la cabeza. — Sonoko me ha invitado y, como se supone que ya tengo hijos grandes y responsables, puedo irme sabiendo que se harán cargo perfectamente de la casa y su padre.

—Oye, yo puedo cuidarme solo.

—Claro, lo que digas.

Sus cuatro hijos se tienen que esforzar para no reírse a carcajadas delante de su padre, quien mira a Aoko con cara de pocos amigos.


Mañana se va a celebrar en la mansión de la familia Kudo el cumpleaños de Ran, por eso llegaron Kogoro y Eri aquella noche de su viaje por Australia. Pero la cumpleañera no tiene nada de ánimos en celebrar, incluso comenta su deseo de cancelar todo.

—¡No!—Exclama Yukiko, también presente. —Pero Ran-chan, ya he dejado todo arreglado.

Ran sólo mira el jardín en respuesta. Los demás adultos hacen lo mismo y observan a Haine sentada, dándoles la espalda y acompañada de Conan y Tomoyo. En la noche murió Sweet y lo enterraron en el jardín, bajo el árbol donde están ahora los hermanos.

—Simplemente no me parece correcto. —Primero lo de Ryan y ahora la muerte de Sweet es demasiado para su hija mayor… y para ella misma, hay que admitirlo.

—Haine te aseguró que no es necesario que canceles. —Le recuerda Shinichi.

—Lo sé, pero ninguna de las dos en realidad está de humor para celebrar.

—¡Mooo!—Suelta Yukiko en reproche.

—Yukiko. —Yusaku la agarra de los hombros por detrás. —Cálmate un poco, recuerda lo importante que ha sido Sweet para nuestros nietos… y no olvides que salvó el matrimonio de Shinichi.

—Qué opinas si posponemos la fiesta y solo la celebramos entre los allegados. —Propone Eri en busca de ayudar en encontrar un equilibrio. —Así todos felices

—¡Buena idea!—Celebra Yukiko.

—Mejor ve a sugerirlo primero con Haine, Ran. —Dice Kogoro cruzándose de brazos.

Entre tanto, Haine no le prestaba atención al frío que le eriza la piel ni la pena de Conan ni los balbuceos de Tomoyo que quería saber por qué enterraron al pequeño, pero no podía pedirles respuestas porque no sabe cómo preguntarles si apenas le entienden. Tiene las piernas dobladas y usa las rodillas para apoyar su cabeza allí. Mira sus manos, que sostiene uno de los collares de Sweet, con la placa. Su cara está hecha un desastre por su llanto constante, sus mocos y los ojos rojos.

—Haine. —Conan, con su hermana menor en brazos y una mirada menos ceñuda que de costumbre, trata de captar su atención. —Estás helada, vamos adentro un momento o Tomoyo se va a enfermar.

—Estoy bien, entren ustedes.

—Mentira, tienes los labios azules.

—¡Dije que estoy bien! ¡Déjame sola!

—¡No seas tonta, quedándote aquí no va a traer de vuelta a tu perro!

Haine reacciona sin pensar por la rabia. Mira a su hermano con el mismo odio a los criminales que sorprende y asusta a Conan al no esperarse esa reacción dirigida a él, por lo tanto no percibe a tiempo que un puñetazo se dirige a su cara.

Por suerte para él, su mamá llega a tiempo. Detiene el golpe sujetando la muñeca de su hija en el momento que se pone entre los dos (tres contando a Tomoyo) y mira a Haine con desaprobación.

—No hagas algo que te arrepentirás luego. —Ve a sus dos hijos menores. —Llévate a Tomoyo. Ahora.

Conan obedece sin rechistar, no es bueno ir en contra de su mamá cuando está así de seria.

Ran libera a Haine del agarre, su hija sigue furiosa pero su madre es capaz de ver sin problema que se está arrepintiendo, por eso le regala una sonrisa comprensiva, con el fin de calmarla, y le acaricia las mejillas.

—Créeme, golpear a Conan no es la solución… sólo hará que te sientas peor.

—Prefiero averiguarlo por mí misma.

—Ven aquí. —La rodea con sus brazos, dejante que apoye la cabeza en su pecho. —Sé que es duro lo de tu padre y que Sweet nos haya dejado… yo paso por lo mismo.

—Me siento sola, perdida… y con un gran dolor en el pecho.

—Sé que entiendes que Sweet no se podía quedar con nosotros por siempre… también sé lo mucho que vale para ti al ser Sweet un obsequio de Ryan, pero se te olvido que ninguno de los dos te quiere en ese estado lamentable.

—Ya lo sé, no soy una niña tonta. Es solo…

—Tranquila que te entiendo. —Su hija se ha vuelto una adolescente con cambios bruscos que no ha tenido un momento de asimilar todo. —Y con respecto a lo de mañana…

—Ya te dije que no canceles, te mereces una celebración y yo estaré bien.

—Las dos sabemos que no es verdad. —Le dice mientras le aprieta las mejillas para molestarla. —Se va a posponer pero vendrán nuestros amigos cercanos. Así todos contentos.

—Vaaaale. —Se aparta y se frota sus cachetes por el dolor. —Voy a arreglarme.

—¿Por qué? —Alzando una ceja, extrañada. Ella dijo que no tomaría casos por ahora y Sora está atrapada en asuntos de familia.

—Debo recompensar a Conan y a Tomoyo con algo… y el mocoso va a pedir hamburguesas.


La familia Suzuki al completo se dirige a la residencia Kudo a pie ya que el día se encuentra bonito y querían aprovechar el sol. Malik se encuentra sentado sobre los hombros de su papá, quien lo sujeta con una mano mientras la otra lo ocupa en cargar el regalo de Ran. Sonoko habla con Makoto de las organizaciones hechas para el viaje a París. Sora, tres pasos delante de ellos, daba su aporte de opiniones con respecto al viaje mientras piensa cómo alegrar a Haine.

—Aún no lo entiendo. —Dice Malik de pronto, llamando la atención de sus padres y hermana. —Si los papás de las gemelas Kuroba son amigos de los tíos y de ustedes, ¿Por qué no los veíamos antes?

—Pasaron muchas cosas complicadas cuando ni siquiera Sora había nacido. —Explica Sonoko con paciencia. —Pero seguíamos manteniendo el contacto.

Claro, la partida abrupta de Ran y años después, el diagnóstico de Kuroba que lo vio obligado a pasar años aislado por los tratamientos médicos que se vio sometido.

Malik se ha estado preguntando eso desde que supo que Kuroba Aoko, la madre de sus compañeras de clase, iría con su mamá y hermana al viaje en Francia.

—Eso no es lo que importa. —Reprocha Sora cruzándose de brazos. —Lo que importa es que no quiero ir.

—Ya lo hablamos, hija. —Dictamina Sonoko cruzándose de brazos. —Vienes y punto. ¿Por qué tanta negativa?

—No quiero dejar en estos momentos a Haine sola, no lo está pasando bien.

—Lo sé, Sora pero te necesito en Francia, además, Haine lo hará bien.

—Claro que no, está en una depresión de cincuenta sobre diez.

—No la subestimes que es hija de Ran.

—Tú sólo lo dices porque quieres que vaya obedientemente.

—Es mejor eso a que te lleve mientras haces pataleta de cría de seis años, que ya pasaste por esa fase.

—¡Yo no he hecho nunca eso!—Se defiende con las mejillas rojas de vergüenza.

—Sonoko-san, ya la has molestado demasiado. —Makoto interviene para dar fin al conflicto y así ayudar a su hija. —Ya lo hablaremos mejor en casa.

—Lo que digas Makoto-san. —Le rodea un brazo con el fin de permanecer cerca de él.

Sora hace una mueca al verlos ruborizados como si aun fuesen tortolos adolescentes. ¿Cómo es posible que sigan actuando de esa manera con todos los años que han pasado juntos como novios, maridos y padres? Aunque le produce asco y vergüenza algunas veces, también siente celos y altas expectativas en su media naranja. Eso que ve en sus padres es lo que ella quiere. Todo o nada.

—Y por eso voy a morir sola. —Murmura dando media vuelta con la punta de sus tacones y emprende la marcha.

Pero no da ni tres pasos al encontrarse a dos metros de distancia a los gemelos Kuroba con sus hermanitas y dos adultos que de seguro son los padres por sus rasgos faciales.

—¡Aoko-chan!—Grita Sonoko, corriendo hacía ellos. —Qué bueno que hayan venido

—Hola Sonoko-chan.

—Kyouraku, tanto tiempo. —Saluda Kaito al moreno por su apellido de soltero.

—Ha pasado mucho tiempo Kuroba-san. —Se inclina sin problema a pesar de tener aún a su hijo sobre los hombros. —¿Todo está bien?

—Ya sabes, sobreviviendo.

—Hola gemelos. —Saluda Sora alzando una mano.

—Sora, me encanta tu conjunto. —Admite Anko emocionada que se le puede ver el brillo en los ojos.

—Gracias. —Da una pirueta, orgullosa.

—Sora, Malik, ellos son nuestros amigos Kuroba Kaito y Nakamori Aoko… ahora la señora Kuroba. —Sonoko se encarga de las presentaciones. —Chicos, ellos son mis retoños que me obsequio Makoto-san. —Dice tan contenta y causando que su marido se ruborice.

—Mucho gusto. —Los hermanos se inclinan respetuosos.

—¡Al fin te conozco, Sora-chan! —Contenta, Aoko le sostiene las dos manos. —Kai me habló mucho de ti.

—¿Eh?—Fue tomada por sorpresa que no pudo mantener el control y se sonroja intenso.

—¡Madre, no digas mentiras!—Kai se cabrea y ruboriza por la broma pesada de Aoko.

De pronto siente que la sangre se le congela y que la Muerte viene a reclamarlo. Alza la vista y se pilla una mirada fría y peligrosa del padre de Sora. Jamás creyó que alguien que no fuera su madre le daría tanto miedo. ¡¿Cómo es posible que ese hombre de mirada tan amable e inocentona se vuelva Lucifer en persona?!

—Otousama, otra vez estás haciendo caras feas. —Reprocha Malik desde su posición.

—Makoto-san. —Sonoko llama su atención en un reproche oculto con una sonrisa. Apoya su mano en el grueso brazo de su marido. —No la dejes viuda antes del altar.

—Mamá. —Sora la ve con ojos asesinos, aun sonrojada y con sus manos aun aprisionadas por las de Aoko. ¿Qué no quería casarla con Kid? ¡Parece una de esas locas que quiere casar a su hija con cualquiera!

Anko, en cambio, le saca a su hermano ya la segunda foto del día. Detrás de ella, sus hermanas menores se partían de risa.

Ya todo en calma, las dos familias emprenden con su viaje a la mansión Kudo. Adelante iban los adultos, entre medio los tres pequeños (Malik se bajo de los brazos de su padre para andar con las gemelas) y los adolescentes andan al final. Kai se fijaba en Sora, en cómo revisaba su celular, si tenía correos nuevos o mensajes en Line. Fruncía los labios, a veces se los mordía por rabia y se obliga a desviar la vista, apenado por pensar que se ve atractiva. Anko se reía a sus espaldas, empeorando la situación.

Ya frente a las rejas, no tardó Conan en recibirlos, abriendo las rejas y haciéndose a un lado para que entren. Luego fue turno de Shinichi en atenderlos, se saludaron él y Kuroba como si nunca se hubieran enfrentado en sus papeles de detective y ladrón.

—Haine?—Pregunta Sora apenas tiene oportunidad.

—En su cuarto arreglándose, pueden ir a verla todos si lo desean.

Sora da las gracias y se aparta de los demás con rumbo a verla. Siente los pasos de los gemelos detrás pero no les presta atención al enfocarse únicamente en su amiga. Su madre está demente si cree que va a dejar a Haine sola, ella no es el idiota de Shinta.

Es fácil identificar la puerta por la foto que cuelga de ellas dos y Shinta celebrando su primer caso con helado (precio razonable si tenían diez años entonces). Por un momento se queda mirándola, especialmente la cara seria pero infantil de Shinta, lo acaricia con un dedo, luego refleja enojo y golpea la puerta con fuera justo en la cara de su amigo, queriendo descargar así su enojo hacía él.

—Haine, voy a entrar con los gemelos, así que más te vale estar vestida.

Abre la puerta y se encuentra a su amiga colocándose un collar frente al espejo. Viste un atractivo conjunto negro: tacones, pantalones y una blusa con las mangas cortas.

—Hola chicos. —Saluda a los tres con una sonrisa. —Llegaste justo a tiempo para ayudarme con la trenza, Sora.

Se ve normal a primera vista, no luce como alguien que ha perdido a su perro y es consciente que su padre ha sido asesinado y el culpable sigue libre y celebrando en su trono. Aquella vista provoca que Sora suspire de resignación.

—No tienes que hacerte la fuerte conmigo.

—No lo hago por ti, no quiero que me golpees… sino por mi madre, me estará mirando. Mejor prepararme desde ya.

—Como si la tía Ran no se diera cuenta ya. —Bufa y apoya las manos en las caderas.

—Me gusta tu cuarto. —Comenta Anko de forma abrupta, queriendo acabar con la tensión. —Creo que tres Ferraris pueden entrar aquí.

—Injusto. —Kai concuerda con ella. —Voy a exigir que amplíen mi cuarto.

—Si ustedes creen que esto es enorme es que no han visto mi dormitorio. —Sora completa su comentario de "niña rica" sacudiendo su pelo con una mano.

—Estoy bastante segura que una casa de dos pisos debe entrar allí. —Bromea Anko.

—¿Podemos intercambiar?—Pide Kai siguiendo con la broma.

—¿Por qué no mejor comparten el cuarto? —Sugiere su hermana.

Kai y Sora se sienten un poco tímidos de verse a los ojos luego de aquel comentario, incluso el ladrón tiene las mejillas rojas.

—Venga Haine, te ayudo con el peinado. —Sora cambia el rumbo de la situación con dignidad.

Mientras las dos estaban concentradas en la labor, los gemelos miran el entorno: libros esparcidos u organizados en estantes (todos son de misterio o ciencias); un par de puertas que da un ropero; un altar de fotos de Benedict Cumberbach; dos escritorios, uno exclusivo para trabajar y el otro para sus casos; y otra puerta que debe dar al baño. Arriba de la cama, la pared está cubierta de fotografías en relación a su familia y amigos desde su infancia en Nueva York hasta el día de hoy. Incluso los gemelos y Kyouya ya fueron agregados. Haine tiene otro mural sobre el escritorio de sus casos, que ocupa para sus investigaciones.

Y actualmente está lleno de todo lo relacionado al caso de Ryan.

—¿Ese era tu padre?—Dice Kai leyendo el Ryuuzaki en la ficha personal.—No se parecen mucho.

—Es mi padre político.

—Me perdí. —Anko frunce el ceño sin comprender.

—Fue como una telenovela mexicana: mi madre se fue luego de terminar con Kudo Shinichi, después se entera que estaba embarazada de él pero se negaba decírselo. Se casa con Ryuuzaki Ryan, él me adopta como su hija y vivimos felices por siempre… hasta que murió. —Sus manos toman forma de puños.

Y el culpable tendrá que pagar.

Al ver esa mirada de rabia a través del espejo, Sora busca rápido algo con que distraerla… y así se da cuenta de una caja enorme que descansa sobre la cama.

—¿Y eso?

—Llegó esta mañana… lo trajo mi abuela de Nueva York… no mi abuela Yukiko, sino Clarisse.

—¿No lo has abierto aún?

—Preferí esperar hasta la noche… con todo esto del cumpleaños, pensé en verlo después, con más calma.

Se escucha el timbre al mismo tiempo que Sora termina con el peinado y sonríe por su obra maestra. Haine también sonríe apenas nota en el espejo la magia de su amiga y le da las gracias.

—De seguro son los Hakuba quienes llegaron, así que démonos prisa que Anko quiere ver a su novio.

—¡Que no es…!—Ruborizada.

La venganza ha llegado.


Se iba a aprovechar el buen día y hacer la fiesta en el jardín. Los niños jugaban corriendo por el lugar, menos Yatto, él sólo conversa con Kyouya, quien lo nota bastante raro. Y no es único, su hermana Kaho anda en las mismas y por eso se mantiene cerca de su padre. ¿Qué ocurre ahora con estos hermanos?

—Kaho tuvo un sueño. —Admite Kyouya por fin. —Normalmente no me preocupo tanto, ya es algo común en ella… pero la diferencia es que se asustó tanto que conecto su sueño con el mío por ayuda.

—¿Y viste algo del sueño que te alarmo?

—Vi a mi madre. —Desvía la vista para ver a la pequeña pegada a Saguru y escuchando a un molesto Conan. Lo más probable es que trata de animarla. —Fue el día que falleció. De vez en cuando sueña con ese día… yo también, lo admito… pero esta vez fue diferente. No importa que fundamento lógico le busque, no es suficiente.

—¿Qué habrá sido para dejarte así? —Yatto de verdad está preocupado de su amigo, no es de él reflejar sus aflicciones al menos que sea serio. — ¿No será sólo imaginaciones de Kaho y exageras por nada?

—Pensé en eso al comienzo pero mi instinto lo niega. —Se lleva la mano al pelo. —En ese sueño estaba mi madre dos veces. —Nota como su amigo encogido frunce el ceño, eso no es nada raro en término de "sueños". —Estaba mi madre del sueño… o del recuerdo más bien, la que hablaba con Kaho y protegió de la explosión… pero había otra allí. Otra Akako. Estaba de brazos cruzados, miraba a Kaho muy enojada que la agarró del brazo y presionaba para… para que recuerde.

—Aquí es cuando viene el "pero" porque todo lo que has dicho no es extraño.

—Esa Akako 2, llamémosla así, era invisible para Kaho. La zarandeaba y gritaba y ella seguía sin verla… y entonces, esa Akako 2 me vio. Aterrada. Era consciente que yo no era Kyouya del sueño, sino el real. ¿Cómo un sueño puede darse cuenta de eso?

Yatto, con honestidad, no sabe que decir para calmarla. Aquello sale de su comprensión. Es decir, con claridad es terreno de la magia y él no es mago, sino detective, sólo se permite llevar por la lógica y ésta, con todo lo que ha escuchado, no deja de decir que es una farsa y hay una explicación racional, que es sólo un sueño y no le dé más vueltas.

—Esa no es mi área, la magia quiero decir, así que dime tú lo que venga a tu cabeza. Lanza tus hipótesis de mago.

—La más obvia es que alguien se mete en la mente de Kaho cuando duerme… pero el fallo en esa hipótesis es que nuestras mentes están aseguradas. Es nuestro ritual elaborar el hechizo de protección antes de dormir.

Vaya familia, piensa Yatto.

—¿Hay otra explicación? ¿O una manera de romper dicha protección?

—Otra forma de meterte en la mente de otra persona es que estén unidos o la persona lo permita, que es lo que pasa con nosotros dos, estamos conectados y esa noche permitió que entrara en su mente para socorrerla.—Suspira hondo, pensativo.—Una forma de romper las protecciones… hmm… lógicamente es imposible. Los hechizos de protección mental son perfectos mientras hayan sido elaborados con los ingredientes correctos.

—¿Y lo son?

—Somos de clan Koizumi, obviamente que sí.

De golpe dos manos se apoyan en sus hombros, obligándolo a mirar por arriba de su hombro, encontrándose con los ojos de Anko. Le sonreía y venía acompañada de los demás… aunque tarda en darse cuenta por pensar lo mucho que le gusta los ojos zafiros de su amiga.

—¿Hablando de magia con un niño? —Su cuestionamiento es su forma de saludar.

—Bueno, ya sabes cómo son de fantasiosos. —Se burla pasando por alto la cara de Yatto. —Buenas tardes chicos.

—Pensé que no notaste nuestra presencia por andar prendado en Anko. —Se burla Sora.

—No los molestes Sora. —Reclama Haine alzando sus cejas.

—Oh vamos, tú estabas pensando lo mismo.

En cambio, Kai mira enojado la cara ruborizada de su gemela y al idiota desinteresado del comentario.

—Hola Haine-neechan. —Saluda Yatto para llamar su atención. —Escuche a Ran-san comentar que andabas enferma.

—Bueno… sí, pero ya se me paso. —Se pone de rodillas para estar a su nivel. —Así que no te preocupes.

Yatto se da cuenta sin problema que miente.

Obviamente lo hará si esta frente a un niño y se odio por mentirle… pero prefiere a que lo vea como un niño y no con lastima.

—¿Estás segura, Haine-neechan?

—Por supuesto. —Apoya la mano sobre la cabeza del pequeño. —Gracias por ser atento.

—Ten cuidado Haine, no se vaya a enamorar. —Comenta Sora con su casual estilo.

Demasiado tarde, piensa Yatto sonrojado

—No digas tonterías Sora que es un niño. No sabe de esas cosas.

—Así que secuestran a mi madre y se la llevaran al extranjero. —Comenta Kai casual, observando a Sora, y con un tono de burla.

—Idea de mi madre… pero yo no voy.

—¿Por qué?—Cuestiona Haine con el ceño fruncido—Si llevas días alegando que por fin te toman en serio en los negocios de tu familia.

—Pero tú me necesitas más

Su respuesta conmueve a su amiga. La joven Kudo percibe escozor en los ojos y se obliga en hacer esfuerzo para no llorar.

—Sora… gracias pero debes ir… quiero mi recuerdo, ¿Sabes?

—Pues se lo pides a mi mamá.

—Sora, voy a estar bien.

—Yo decido eso.

—Por cierto. —Kyouya interrumpe la conversación antes que se ponga peor. —¿Sería muy grosero pedirle a tu abuelo un autógrafo?

—¿También eres un fan de sus libros? —Emocionada.

—Sí… aunque también de tu abuela Eri. Pienso estudiar leyes y me he informado de todos sus casos.

—Está a tres años de jubilarse y sigue invicta. —Orgullosa de su abuela. —Ven Kyouya, te llevo con mi abuelo Yusaku y luego te presento con mi abuela Eri. —Lo agarra de la mano y se lo lleva.

Sora les saca una foto y comenta que se lo va a enviar a Shinta con el fin de mosquearlo. Luego desvía la vista en Anko, pillándola atenta en la manera en cómo Haine y Kyouya conversan sin dejar de sujetarse la mano… y no se contuvo en atacar.

—Más discreción, Anko, que se te nota a leguas que quieres meterte entre medio. —Pone una cara de inocencia bastante creíble. —Normalmente te diría "no exageres, tiene a Shinta", pero ya que el idiota se fue y la tiene abandonada, no me sorprendería que Haine encuentre consuelo Con Kyouya. Es decir, es todo un caballero.

Anko, ante esas palabras, se empieza a enojar y mira de forma fulminante a Yatto con discreción. Diciendo con esos ojos, claramente, "es tu culpa". El encogido, asustado, mira por otro lado, pensando en lo maldita que es Sora al meter más leña al fuego cabreando a la maga adolescente… y a él mismo, debe admitir.

La fiesta sigue su rumbo natural de forma positiva. Hubo risas, juegos de toda clase (incluso adivinar criminales), Kyouya compartió sus aventuras que tuvo en Inglaterra o algún suceso en el campamento con Anko y Shinta… específicamente en los que el moreno queda en ridículo para molestia de Yatto al no poder defenderse.

Y entonces llega la llamada.

La llamada que Haine y Sora llevan esperando días.

Akai Roy.

Está llamando del celular de Haine, quien al notarlo, se lo muestra a su amiga y ambas corrieron al interior de la mansión gritando "¡Lo siento!" a las exigencias de sus respectivas madres por querer saber qué ocurría. Se encerraron en el cuarto más cercano, que resulto ser uno de los baños de la residencia, y aceptaron la llamada.

—Ya era hora. —Reprocha Haine apenas pone el aparato en altavoz.

—Lo siento amor, quería entregarte un trabajo perfecto.

—Siempre tan romántico. —Se burla Sora en una sonrisa coqueta.

—Lo que sea por los dos amores de mi vida… ya dije dos piropos y el idiota no me amenaza… ¿Se enfermo?

—Shinta no está, se fue a Estados Unidos.

—¿Por qué nadie me dijo? Habría ido en persona a contarles todo… en un abrazo de oso, bien abrigados.

—Que galán de tu parte. —Bromea Sora.

—Maldito bastardo. —Susurra Yatto al otro lado de la puerta.

Apenas las chicas habían salido corriendo, Yatto las siguió por detrás y escucha sin problema gracias a que le colocó un transmisor de audio a Sora en el zapato. Sólo ruega poder quitárselo antes que se dé cuenta o se meterá en serios problemas.

—Les acabó de enviar todo al correo de su agencia. Codificado con la contraseña de siempre. —Los tres miran en el correo de KUTOSU que allí está el reciente archivo de Roy. —Creo que mi tío Shuichi pensó lo mismo al leer todo el informe de tu padre: varios comprados.

—Pero no hay evidencia bancaria que pruebe aquello. —Dice Haine.

—Y por eso me demore, tenía que rastrear hasta lo más profundo de cada persona involucrada ese día. Pero ahí lo verán con más detalle. Lo importante son las fotos que conseguí del hombre que depositó el dinero a Aswad.

Los tres miembros de KUTOSU, apenas se descarga todos los archivos conseguidos por Roy, encuentran lo que buscaban. Vieron primero un video, de la gente que paso en la hora estimada en Caja y luego se apareció un círculo rodeando a un hombre de abrigo y bufanda. No se puede ver bien por darles la espalda, pero abruptamente el video cambio de punto de vista y ya se veía de frente, aunque mal enfocado por la distancia, los malos pixeles y la bufanda que le tapa el rostro. Sora congela el video y amplia la imagen con la esperanza que se pueda ver mejor.

—Voy a quejarme con el banco por usar mala calidad, hace que nos veamos mal con el presupuesto de pobre.

Está vez Haine no le reprocha el comentario como otra veces, parece ida con el Rostro Tapado. La calidad es mala y no se le ve la cara, es verdad, sin embargo esa mirada, a pesar de lo mal pixelada, la conoce. Esos ojos, la forma en cómo mira a la gente, le es difícil de olvidar.

—Sé quién es. —Murmura, aún ida.

—¿De verdad? —Sora la mira sorprendida.

—¿Haine? —A Yatto le extraña el tono de voz.

—Tengo que ir. —Dictamina mientras abre la puerta con fuerza, golpeando a Yatto y no se da cuenta por estar en sus pensamientos.

—Espera Haine. —Sora consigue alcanzarla y toma su brazo. —¿Dónde es el incendio?

—Voy a enfrentar a Aswad.

—¿Qué?

—Y que me admita de una vez la verdad. —Apunta el celular de Sora. —Que ese hombre que le pago es-…

—¿Qué ocurre aquí? —Shinichi interrumpe la tensión. —Haine, tu madre anda preocupada… y ni hablemos de la tuya, Sora.

Haine desvía rápido su mirada para que no note sus intenciones, pero ya fue tarde y la culpabilidad en su cara no ayuda tampoco.

—Lo siento papá, pero tengo un caso que atender ahora mismo.

—¿No puede esperar?

—¿Eso te detuvo alguna vez?

—Tuche.

—Tiene que ver con mi padre Ryan.

Ante tal respuesta, Shinichi suspira hondo y asiente, comprensivo.

—Le voy a avisar a Ran y Sonoko que salieron. —Agarra a ambas en el hombro. —No soy un buen ejemplo para decirles esto pero… no se metan en peligro. Sean prudentes.

—Gracias tío Shinichi.

—Llámame sin dudarlo, Haine, ¿Oíste?

—Lo sé, gracias papá.

Ambas agarran sus bolsos y salen de la mansión corriendo hasta que pillan un taxi y le gritan sin delicadeza al pobre hombre la dirección a dónde iban.

—Un poco más de modales por favor.

—Lo sentimos, vamos apuradas. —Responde Haine realmente avergonzada.

—¿Qué clase de ejemplo le dan al pobre niño?

—¿Qué niño? —Cuestiona Sora.

—¡Hola! —Del asiento del copiloto se deja ver Yatto, sonriendo lo más infantil que ha hecho en su vida.

—¡¿Yatto?! —Gritan al mismo tiempo, sorprendidas.

—¡¿Qué haces aquí?!—Cuestiona Haine.

—Las vi corriendo y pensé que iban hacer algo divertido.

—¡Mocoso, nos has seguido! ¡Esto no es un juego!—Grita Sora enfurecida.


Le pagan al taxista y caminan a la casa de Aswad mientras le ordenan a Yatto que se mantenga afuera de la residencia y esté preparado en huir si es necesario.

—Quédate aquí. —Sora agarra al pequeño del cuello de su pollera y lo deja escondido en un auto amarillo. —Si no damos señal de vida en cinco, llamas a la policía, ¿Entendido?

—Pero…

—Yatto, no estamos jugando. —Haine apoya sus manos en los hombros del niño. —Eres nuestra carta de triunfo, si nos atrapan, contamos contigo… y para que sea así, debes quedarte a salvo.

Claro que no, tiene que estar allí dentro con ellas y protegerlas. Son un equipo. Pero debe admitir que tienen razón, hay que estar preparados en caso de una emboscada. Al final asiente y les desea buena suerte.

Haine toca la puerta sin nada de delicadeza, provocando que se abra para asombro de ella y Sora. ¿Qué hace la puerta abierta? Ellas se miran y buscan en sus carteras sus relojes anestésicos y cinturones con la pelota inflable. Ya listas se adentran alerta y apuntando con sus relojes.

—Estoy segura que esto no tiene nada de prudencia. —Susurra Sora, haciendo muecas por las sobras de comida rápida esparcidas en el living.

—Sí, pero como papá dijo, no es el hombre ideal de los ejemplos para dar opiniones. —Sube las escaleras en puntillas.

Apenas llega al segundo piso, analiza que tiene tres cuartos, una de ellas con la puerta cerrada. Revisa primero las que están abiertas: un baño más o menos higiénico y una pequeña biblioteca, cuyas obras son todo del género terror o thriller, aunque está tan desordenado que casi se cae al tropezar con una edición de Lovecraft y El Túnel.

No puede entrar al cuarto cerrado al no tener las llaves obviamente, por lo que busca su celular y así poder sacar fotos en el espacio que hay entre la puerta y el piso, a ver si podía encontrar algo útil.

Pero no se esperaba descubrir un cuerpo.

—¡Sora, llama a la policía ahora mismo! —Grita para luego tomar posición de ataque y, de una patada, consigue partir la puerta en dos.

El escenario le provoca la necesidad de soltar groserías. El cuerpo se encuentra en posición fetal y con un cuchillo de cocina en su espalda ensangrentada. El piso alrededor de él está cubierto de sangre ya bastante seca. Eso más la rigidez del cuerpo, es evidencia suficiente que lleva muerto ya medio día… o quizás más.

—Mierda, lo que faltaba. —Haine escucha a su amiga maldecir a sus espaldas. —Y justo tenía que ser nuestro sospechoso.

Aswad está muerto.

¿Habrá sido esa persona?

—Y más encima un suicidio.

Haine frunce el ceño al comentario de su amiga.

—¿Lo dices sólo por la puerta cerrada?

—Claro que no, mira. —Apunta la silla caída. —Aswad se coloco de pie en esa silla y se tiro de espaldas al cuchillo, que de seguro el mango estaba enterrado en hielo. —Su dedo apunta ahora la alfombra, cerca del cuerpo, que tenía marcado un oscuro cuadrado manchado. —¡Y listo! Tenemos un suicidio que parece homicidio… cosa que te habrías dado cuenta tú también si no anduvieras en la Luna,

—Pero si quería que se viera igual a un homicidio, no debió cerrar la puerta… eso significa que Aswad quiere contarnos algo.

—¿Y sospechas qué es?

—A lo mejor fue amenazado. —Las dos detectives agachan la vista, encontrándose con Yatto, quien miraba el cadáver con ojos serios, analítico y de brazos cruzados. —En su mano sostiene algo arrugado, posiblemente una fotografía.

Deberían regañarlo por no estar afuera, a salvo, o por andar actuando como un adulto… pero no podían a causa del asombro causado por ese niño. Ese niño. Ese niño que se parece a Shinta. Ese niño que actúa como Shinta. Incluso podían verlo, el rostro de su amigo, igual de serio que el de Yatto, reflejado al lado del pequeño.

—¿Será acaso esa foto una señal? —Sigue meditando sin darse cuenta de lo que está ocasionando.

—¿Shinta?—Murmuraron.

El niño sale de sus pensamientos al escuchar su verdadero nombre, mira a las chicas y se pone nervioso al notar cómo ellas lo miraban. Lentamente, esas dos se van inclinando sin despegar los ojos de él.

—¿Haine-neechan? ¿Sora-neechan?

—Yato… eres Yatto. —Susurra Sora, necesitando creerlo.

—Eres Yatto-kun, ¿Verdad?—Haine anda igual.

—P-por supuesto.

Y para alivio de él, se escucha la llegada de los policías por el ruido de las sirenas. Dejo que ellas bajaran primero y decide mantenerse al margen quedando callado. Aún las miraba con preocupación, recordando cómo era observado minutos antes, y que necesitaban oír que no era Shinta porque, si lo fuera, se sentirían traicionadas.

—Lo siento. —Susurra.

Desde la puerta principal ven cómo se estacionan los vehículos policiales y los vecinos curiosos, fuera de sus casas queriendo saber lo que pasaba. De uno de los autos, se baja un hombre que provoca que los tres detectives se asombren.

—¡Superintendente Takagi!—Exclamaron.

Una de las mayores autoridades de la policía japonesa se presenta con el detective Kouga. Esposo de Sato Miwako y padre de dos hijos. Aquel hombre, al verlos, los saluda amigablemente pero cuestionándoles su presencia, que se supone que deberían estar en el cumpleaños de Ran. En cambio, Kouga se pone frente a Haine con una sonrisa socarrona mientras la saluda, un gesto de coqueteo que encabrona a Yatto.

—Parece que ni los cumpleaños te apartan de la adrenalina.

—Sólo termine aquí porque la víctima es sospechoso de un caso personal en el que trabajo.

Dejaron que los policías trabajaran mientras le contaban a Takagi su teoría y éste le pide a los de forense que analicen todo lo que pillen. Un oficial, que miraba el primer piso, anuncia que una puerta está cerrada y no encuentran el modo de abrirla, que ninguna llave de la casa coincidía con la cerradura.

—Sí, iba a echarla abajo pero escuche a Haine gritarme que los llame a ustedes y, luego de hacerlo, subí a verla por si estaba en problemas… ¿Puedo echarla ahora de una patada?

—No Sora, los policías saben abrir puertas sin romper puertas.

—Uy, así que chiste.

—No cites memes.

—Para ti es fácil decirlo, tú ya tuviste tu momento Wonder Woman allá arriba.

—¡Fue una emergencia!

Hey, que no es momento para esto Sora, piensa Yatto frunciendo el ceño.

—No será necesario sus servicios… Lady Sora. —Kouga llama la atención de los demás.

—¿Acaba usted de llamarme Lady?

—Sí.

—Que galán de su parte y cuanta verdad.

Kouga sonríe y hace una inclinación de cabeza.

—Encontré la llave Superintendente Takagi. —Disfruta cómo su pequeña audiencia le pone total atención, en especial Haine. —Si se fijan bien, sobre la puerta hay unas pequeñas marcas que forman un rectángulo. —Ellos observan mejor y notan que el detective tiene razón. —Apenas es visible. Y esto solo significa dos cosas: o es dónde esconde la llave… —Al ser lo suficientemente alto para alcanzar allí sin la necesidad de un banquito, sus dedos tocaron el pequeño compartimiento y lo desliza. Sonríe con lo que encuentra. —O es la llave misma.

Takagi, las adolescentes y el encogido vieron un botón rojo.

—Sorprendente. —Elogia Haine asombrada.

—Presumido. —Yatto lo mira feo.

Kouga presiona el botón y escuchan como la puerta hace clic. El detective agarra el pomo de la puerta, lo gira y… se abre por fin. Lo que se encontró al otro lado lo deja sorprendido y voltea para ver a las adolescentes.

—Creo que les gustaría ver esto.

Extrañadas, ambas se acercan y, apenas notan lo que hay al otro lado, quedaron igual que Kouga.

El cuarto está llena de fotografías clavadas en las paredes… fotos de Haine, Ran, Sora, Shinichi, Shinta y más personas… pero especialmente están enfocadas en Ran y Haine. Los demás sólo aparecen si sólo andan con ellas.

—Pues ahora entiendo por qué Aswad me conocía. —Comenta Sora mientras ve una foto de ella misma con Haine y Shinta caminando fuera del colegio. —Al menos sabía sacar mi mejor perfil.

—Takagi-san, voy a pedirle que no llame a mi padre o al tío Heiji. —Haine lo enfrenta al verlo sacar el celular, de seguro para llamarlo y comentarle sobre el cuarto. —No es necesario si ya sabemos lo que paso aquí.

—Quizás, pero…

—Por favor. —Su ruego se escucha casi desesperado. —Yo misma le diré, pero este caso… quiero decir, es mejor que él este con mamá.

—Bueno… puedo hacer lo que me pides si me explicas qué está pasando aquí.

Eso es justo y amable considerando que el Superintendente no debe cumplir caprichos de adolescentes. Pero no es una adolescente del montón, es Kudo Ryuuzaki Haine, una persona que no dice las cosas porque sí.

Así que eso hizo, en un lugar privado le contó por dos horas sobre su padre Ryan, que Aswad estuvo presente en el día de su muerte, que lo estaban investigando y ella, con una pista fuerte en su contra, pensaba encararlo para que admitiera el crimen.

—Alguien lo contrato para eso, es obvio, pero la pregunta del millón es… ¿Quién? ¿Y si en realidad es sólo una persona que estuvo resentido con tu padre… biológico?

—Si fuera así, también habría estado concentrado en espiar a Conan y Tomoyo… pero no, sólo mamá y yo.

—¿Entonces?

Haine piensa en esos ojos mal pixelados del video que Roy le consiguió.

—Debió ser uno de mis tíos. —Se cruza de brazos y se muerde el labio. —Ellos son capaces de mover hilos sin sacar su trasero de Estados Unidos.

—Voy a investigarlos entonces está tarde.

—Hágalo con mucha discreción o tendrá cien abogados demandando a la policía japonesa.

Takagi entonces sale del cuarto y empieza a dar órdenes de tener un equipo de oficiales y criminalistas a recoger muestras y pasen la noche vigilando la casa y alrededores. También le pide a un oficial que llamen a su esposa y le avise que no llegara para cenar.

Sora avisa que Ran no para de enviarle mensaje, queriendo saber si se encuentran bien al estar tardando demasiado y la tuvo que calmar prometiendo que volverían en un par de horas. Haine le da las gracias y vuelve al cuarto de las fotos.

Quería calcular más o menos desde cuando Aswad la espiaba, descubriendo que no sólo estuvo en ese paseo que hicieron por el San Valentín, o aquella "cita" que tuvo con Shinta en Tropical Land en ver a Mai Kuraki, sino que el sinvergüenza estuvo en su competición de karate.

—Debe estarme siguiendo ya más de un año. —Murmura luego de observar una fotografía en que sale con su familia completa y la de los Hattori y Sora llegando a Osaka con el fin de ver a los abuelos de Shinta y turistear. Fue ese día también en que le dieron a Shinta la beca para terminar allí sus estudios y así acceder a la mejor universidad de Osaka, que es la que aspira desde niño… pero se negó. Agarra esa foto y la de Tropical Land. Observa la imagen de su amigo y luego a Yatto, de espaldas y escuchando lo que dice Takagi. —No es posible.

—¿Qué? —Se sobresalta y voltea, encontrándose con el rostro de Kouga bastante cerca, provocando que se ruborice. — ¿Te preocupa algo? Aparte de tener a un ex acosador personal, por supuesto.

Para asombro de ella misma, aquel humor negro le provoca una risa.

Vaya que le hacía falta.

—No, sólo pensaba en voz alta… cosas personales.

—Bueno, si necesitas ayuda, no dudes en pedírmela.

—Grac-… —Se interrumpe al sentir un empuje en su rodilla. Kouga también. Los dos agachan la cabeza y descubren a Yatto como el culpable, que los empujo para separarlos y así ponerse entre medio. — ¿Yatto-kun?

—¡Vaya, que bonito panda!—Dice todo infantil, refiriéndose a una foto en que sale KUTOSU en un zoológico, pero su ojos no tenían nada de infantil, sino odio puro. Literalmente dicen muérete. — ¿Dónde queda eso? ¿Me llevas Haine-neechan?

Estás muy pegado, idiota.


Haine tuvo que esperar a que todos los invitados se fueran y que Yukiko se llevara a Conan y Tomoyo para contarles por fin a sus padres todo lo que paso en la casa de Aswad, dejando bastante claro su sospecha hacía sus tíos.

—Y por eso me iré a Estados Unidos a resolver esto… ni se molesten en negármelo que iré igual.

Deberían pero ellos saben que no miente con lo de ir con o sin permiso, además son conscientes también lo importante que es para ella encontrar la verdad del accidente de Ryan, así que aceptaron con la condición que Ran irá también y con sus padres.

Ya en su cuarto se encuentra la caja que le envió su abuela. No se ha movido de allí en todo el día y honestamente pensaba en que siguiera así hasta mañana por lo cansada que anda y anhelando dormir. Pero sabe que eso sería grosero de su parte hacía su abuela, consciente que ya no hablan mucho comparado al pasado por estar muy enferma y pasárselo en la cama. Así que allí está, sentada en su cama, evitando el rincón que le corresponde a Sweet, y abre la gran caja.

Se pilla un kimono azul bien doblado, con bordados de flores y sabe, por el trabajo elaborado, que su abuela Clarisse lo hizo a mano. Su abuela, con pocas fuerzas a causa de su enfermedad, tuvo la terquedad y energía de hacer sentada en su cama un kimono para su nieta, negándose a que otros lo hagan por ella. Ese gesto le provoca sonreír.

Sostiene la prenda y lo extiende para verlo mejor en el espejo. Se lo pone, usándolo ahora más como una bata de baño al darle pereza ponerse el obi. Le gusta como se ve puesto que quiere sacarse una foto y subirla a Instagram. ¿Lo verá Shinta? ¿Qué opinara? ¿La encontrara bonita? Sólo de pensarlo se le tiñe la cara de rojo intenso.

Su cuerpo extrañamente tiemble de miedo al pensar en la palabra fotografía luego de recordar ese cuarto de Aswad. Un año. Más de un año siendo acosada y ella sin saberlo. Siente que fue ultrajada, violada. Ya no podrá caminar tranquila por las calles, sospechando de todo el mundo… ¿Así es cómo se sientes las víctimas de acoso?

Se ve otra vez en el espejo y nota que ahora llora. Allá no tuvo oportunidad de asimilar todo por enfocarse en el caso. Y ahora, sola y sin tener el cerebro ocupado, deja salir todos sus miedos y fragilidad. Con razón Sora le había exigido que la llamara, sin importar la hora… pero no podía, no quería que la oyera así y darle más motivos de no ir a París con su mamá y la madre de los gemelos.

Antes de largarse a llorar, alcanza a ver algo extraño en la tapa de la caja. Su cerebro se enfoca con desesperación en eso para no caer desdichada en su cama, que las lágrimas ya no caen (por ahora) y agarra la caja para verlo mejor. El color de fondo es más oscuro que el de los bordes y se nota que fue pegado. Ladea su cabeza y empieza a usar la uña para rascar el borde. Apenas destapa lo necesario para sostenerlo con sus dedos, jala y encuentra un sobre.

Al parecer su abuela busca forma de entretenerla con búsqueda del tesoro otra vez. Cuando vivía en Nueva York y se aburría, Clarisse se tomaba días en buscar formas de entretenerla con juegos de misterios, especialmente los de encontrar tesoros; y desde que se mudó a Tokio, los juegos eran a través de correo electrónico. Una vez le regalo una caja cerrada con candado y acertijos que la llevarían a la llave, descubriendo que estaba en la oficina de correos bajo el nombre de Conan. El empleado no entendía por qué había un paquete para un bebé que iba en los brazos de su hermana de doce años. Lamentablemente, desde que enfermo, ya no tenía las mismas energías y tiempo para elaborarle aquellos juegos.

Abre el sobre, ya ansiosa de querer descifrar el acertijo, de querer seguir ocupando la mente y no derrumbarse.

Pero no fue eso lo que encontró.

Haine, uso este método para que no encuentren esta carta

Y la destruyan. Espero que haya funcionado. Sé que solo

Puedes visitarme en tus vacaciones de verano pero de verdad

Te necesito aquí pronto.

Voy a morir.

Mi tiempo ha llegado y no quiero irme de este mundo

Sin verte otra vez.

Haine…

Quiero confesarte en persona algo importante.

Con respecto a Ryan.


En la residencia Hakuba, Kaho despierta a las dos de la mañana gritando aterrada y con toda la fuerza que tiene sus pulmones.

Se sacude en la cama, queriendo sacarse las sabanas como si en realidad llevara encima algo peligroso o asqueroso. En ningún momento deja de gritar o suplicar por ayuda. Tropieza con la alfombra apenas se pone de pie y cae de bruces, sintiendo su zapato presionando sus costillas.

La puerta se abre. Saguru llega corriendo, alarmado de oír a su hija así, se acerca a ella y la recoge en sus brazos. Kaho se aferra a él apenas es consciente que es su papá y no algo maligno que se escapó de sus pesadillas.

—Fue sólo un sueño, Kaho… estás a salvo… estás con tu padre y nadie va a dañarte.

Kaho lo escucha pero al mismo tiempo no puede salir de su miedo, sólo tiene el pensamiento de sostenerlo de la ropa, que allí estará segura, y se larga a llorar desconsoladamente.

Detrás de ellos, Kyouya los miraba, sumamente preocupado por su hermanita mientras su instinto de brujo le grita lo mismo una y otra… y otra vez:

No es un sueño

No es un sueño

¡No es un sueño!

¡No es un sueño!

¡No es un sueño!

¡NO ES UN SUEÑO!