Disclaimer: Los nombres de los personajes pertenecen a Meyer, a excepción de los monarcas franceses. Historia es mía.
Gracias a Ericastelo por estar presente cada día con un mensaje inspirador y por haber revisado este capítulo, cual error es mío porque soy muy terca para hacerle caso a algunas de sus correcciones XD
—Leah se escapó— le dije a mi esposa viendo como la preocupación nublaba sus hermosos ojos y su semblante perdía el poco color que le quedaba haciéndome querer acabar con su padre y toda su descendencia salvo ella, claro está.
Nunca había estado tan asustado como cuando el guardia que envió Peter me dio la noticia que mi esposa había sido atacada y su sirvienta herida de gravedad. Ni siquiera esperé a mi primo o escuché cuando me pidieron que tuviese cuidado ya que muy bien podía ser una trampa para atraerme de regreso al castillo. Sin embargo, eso no me importó, necesitaba ver con mis propios ojos que mi esposa se encontraba bien, pero antes de eso debía asegurarme de que la amenaza hubiese sido eliminada por lo que me encaminé a nuestros aposentos para encontrarme con la sombría mirada de Peter que no solo me dijo que Leah había escapado sino que me informó que uno de los guardias asignados la protección de Isabella estaba muerto y el otro no había sido encontrado lo que me hacia pensar que estuvo involucrado de alguna manera en los sucesos.
La búsqueda se extendió por todo el palacio al igual que sus jardines, pero no hubo suerte en encontrarlos.
—¿Qué pasará ahora? — su voz a penas se escuchaba y sus manos estaban heladas.
—La cazaremos para traerla a la justicia y si tu padre tuvo algo que ver con esto lo destruiré— juré no descansar hasta que estuviera segura y eliminaría todas las amenazas que la rodeaban así fuese el mismo Napoleón.
—Ella no está bien de la cabeza, no hablaba o se comportaba como una persona normal. Hirió a Alice para llegar a mí, también te pueden herir, ¿no lo entiendes? No puedes arriesgarte eres un erudito no un soldado, debes quedarte aquí junto a mí donde pueda asegurarme que no te pase nada por mi culpa. — la vehemencia de sus palabras y el pánico que veía en sus ojos suavizó el insulto de no considerarme lo suficientemente adepto para cuidar de ella y de mi persona.
Es cierto que prefiero los libros a las armas pero eso no quería decir que no me hubiese educado también en ellas. Era un experto espadachín y mi puntería con las armas de fuego no era para tomarse a la ligera.
—No voy a salir en una cacería sin sentido, mocita—acuné su rosto entre mis manos—, en estos momentos la guardia real está en casa de tu padre aprendiéndolo a él y su esposa. A su hijo, como todavía es un niño, lo mantendrán en palacio en una guardería donde será vigilado por una de las nodrizas.
En ese momento las puertas se abrieron y mi primo entró seguido por la guardia real su rostro estaba rubicundo y sus ojos relampaguearon cuando tomó la escena frente a él. El vestido de mi esposa cubierto de sangre, su mucama tendida en la cama luciendo casi tan pálida como las sábanas que la cubrían. Mi primo había tomado como una afrenta personal el atentado contra mi esposa no solo porque fuera su prima por ley sino porque había demostrado que la seguridad de la que tanto se ufanaba podía ser quebrantada con aparente facilidad.
Hicimos las reverencias para guardar las apariencias necesarias y nos acercamos a mi primo para ponernos al tanto de lo que estaba sucediendo. Los guardias habían sido doblados en número y ahora patrullaban todos los pasillos del palacio, la reina iba a ser trasladada con su corte y los infantes a otro palacio a primera hora de la mañana por su protección. Nosotros al igual que mi primo nos quedaríamos para asegurarnos que todos los implicados tuviesen su castigo.
—Hay algo más— los ojos de mi primo se fijaron en los míos. —El sobrino de la madre de la duquesa de Masen se enteró que tu esposa está viva y bajo nuestra protección—levanté una ceja ante esto, no pensé que estas noticias llegasen a Prusia tan pronto. — No está en Prusia si es lo que piensas, el rey titular de Francia está en Inglaterra y deberá llegar en unas cuantas horas, por lo que tengo entendido está pidiendo que rueden cabezas y no creo que hable figurativamente.
—Por lo visto no eres la única de tu familia materna que está llena de sorpresas—traté de sonreír para aligerar el ánimo de mi esposa, pero sabía que las cosas se acababan de tornar más complicadas para mi suegro. La coalición estaba tratando de derrocar a Napoleón y colocar a Louis en el trono de Francia por lo que la presión que tendría mi primo para hacer justicia con lo sucedido a mi esposa y su madre se había triplicado.
Dejé a Isabella en la habitación donde sabía que Jasper las protegería con su vida, podía ver que estaba furibundo por lo sucedido a su esposa y que si no fuera porque estaba lívido de la preocupación estaría encabezando la búsqueda de los culpables. Solicité que preparasen una cama en la habitación en caso de que quisiera descansar un poco aunque conociéndola lo más seguro es que pasaría la noche en vela junto a Alice y preocupándose por todo lo que estaba pasando hasta que regresara. Contaba con no tener que pasar la noche en vela y esperaba que las noticias de la aprensión del conde de Swan y su nefasta esposa llegase pronto.
Esta sería una larga noche para todos por lo que mi primo ordenó nos llevasen aperitivos a su salón privado pero nuestra disposición era sombría, aún no podía creer que estaba tan cerca de castigar a los culpables y poder bríndale paz a mi esposa, la tranquilidad que le habían negado.
Empecé a pasearme por el salón y antes que pudiera desesperarme por la dilación en las noticias escuché la algarabía antes que las puertas se abriesen y los guardias entrasen flanqueando a mi suegro y su mujer quien lucía totalmente descompuesta.
—Su majestad, no sé qué injurias le habrán contado, pero nosotros no tenemos nada que ver con esa mujer que dice que le hicimos. Huyó de nuestro cuidado para volverse en la ramera de su primo.
—Le sugiero que mida bien sus palabras, madame, podrían ser las últimas que diga—la ominosa voz de Louis resonó mientras se adentraba en el salón detrás de ellos. Estaba vestido de negro de pies a cabeza y se movía con como un felino nada propio de su estatus. —Así que este es el primo del que tanto me has hablado, Alistair—se giró para encararme—. Le agradezco lo que ha hecho por mi… er… por la hija de la ahijada favorita de mi abuelo.—su boca se curvó en una sonrisa burlona—Qué tal si la llamamos, después de todo es la injuriada, lo más lógico es que esté en el juicio de los verdugos de su madre—su mirada se volvió de acero.
Mi primo asintió reafirmando la orden dada y pude ver cómo uno de los guardias salía de la recámara a buscar a mi esposa. Quise oponerme, no quería que la mocita se viera expuesta a lo que fuese que pasara, no quería que pensara que la sangre de su progenitor estaría sobre su cabeza, pero una sola mirada del rey del Inglaterra me hizo recordar que no podía oponerme a una orden directa de la realeza.
La condesa murmuraba y el conde la miraba con abierta hostilidad, tal vez fuesen ciertos los rumores que corrían detrás de los abanicos. Se decía que llevaban vidas separadas aunque convivían bajo el mismo techo, en los más escandalosos rumores se insinuaba que el conde no tenía una relación muy cordial con su mujer.
Mi primo y Louise tenían sus cabezas juntas y conversaban en voz baja junto a la ventana. Sin embargo, yo no quise unirme a su grupo, mi mente estaba concentrada en lo que se desencadenaría antes que rompiera el alba.
No pasaron más que unos pocos minutos hasta que la puerta volvió a abrirse revelando a mi esposa, su aprensiva mirada se topó con la mía y se encaminó hacia mí con pasos decididos solo para ser interceptada por su primo. Pude observar con velado orgullo como le hizo una reverencia y mantuvo su rostro con distinguida compostura cuando Louis le levantó el mentón y observó con atención sus rasgos.
—Eres la viva imagen de tu mère excepto por los ojos, ella no solo era la favorita de mi abuelo—se giró a mirarme—. Gracias por encontrarla, traté de hacerlo pero no es fácil encontrar a alguien que no quiere ser encontrada sobre todo si uno mismo está huyendo. No tengo mucho tiempo, Alistair, no sigamos postergando lo que vine a hacer.—sus ojos relampaguearon cuando se giró para mirar a la pareja que sin duda fue la causante de que perdiera la que por lo visto era su tía favorita.
Me acerqué a la mocita y la atraje a mis brazos, Louis levantó una ceja ante mi falta de decoro pero ahora mismo todas las reglas de etiqueta al estar en presencia de la realeza me importaban un bledo solo quería sentirme reconfortado por aspirar el aroma de mi esposa que de curiosa forma me calmaba.
—Quiero que trate de explicar, conde Swan, por qué no debo ordenar su ejecución y la de su estirpe exceptuando a mi prima, claro está—volteó a mirar de reojo a la mocita cuando la sintió tensarse a su lado—. Hace años le fue confiado por la corona francesa un precioso regalo, un regalo que utilizó para su propio beneficio y el de sus hijos bastardos. Hizo que su primogénita, a pesar de ser una máncer, usurpara la identidad de mi prima, se casó con esta putain de merde, que no hizo otra cosa que acosar a mi tía y a mi prima hasta borrarlas de la faz de la tierra y todo esto bajo sus narices, a ellas, dos mujeres de la casa de Borbón. Una fue confiada al padre de Alistair por su majestad Cristianísima para que fuese amada y respetada, para que viviera como la princesa que fue educada y sin embargo, se vio forzada a huir con su hija para vivir y morir en el monte como un animal. — finalizó su soliloquio con un bramido que hizo retumbar la sala y se giró hacia mi primo pero mi mirada estaba puesta en el conde quien tenía el rostro ceniciento y parecía haber envejecido años en unos cuantos minutos pero su mirada estaba fija en la mocita quien se apoyaba en mí.
—Esa bastarda me robó lo que era mío. Charles iba a ser mi esposo cuando esa bastarda francesa apareció, tuve que casarme con el viejo asqueroso de Clearwater porque estaba esperando a Leah.
—No te hagas la inocente y no te permito que uses ese epíteto con Reneé. Tú no llegaste a mí siendo virgen y te dejé claro que mis padres estaban en negociaciones para mi matrimonio. No supe que Leah era mía hasta muchos años después, Isabella… Clearwater también sabía que ella no era suya y el tratamiento que esa pobre criatura recibió mientras crecía fue monstruoso, lógicamente traté de recompensarla por todos esos años de golpes y malos tratos cuando Clearwater murió… yo estaba atado de manos, te tenía a ti y a Reneé… pero el daño ya estaba hecho… sinceramente creí que las había perdido a ambas… si yo hubiera sospechado por un solo instante…. — su voz se quebró.
—Debía haber acabado contigo yo misma hace años, has sido muy escurridiza al igual que toda tu asquerosa familia, toda la monarquía francesa debió haber sido llevada a la guillotina.
La viuda Clearwater se abalanzó sobre nosotros y todo acabó en un parpadeo de destellos plateado y el estruendo de un disparo. Isabella se dobló por la mitad y cayó al suelo de rodillas para devolver el estómago violentamente antes de alejarse con horror de la sangrienta imagen.
Mi primo, Louise y yo miramos como el conde sacaba su espada del cuerpo de la mujer a la vez que sacaba la daga incrustada en su costado. La guardia real estaba paralizada al igual que nosotros, nadie había previsto un ataque en presencia de tantos guardias de la escolta real. Salí de mi estupefacción cuando Swan se acercó a mi Isabella y la hizo ponerse en pie para soltarla cuando enterró su rostro en mi pecho, yo tiré mi espada para abrazarla y Louis recogió la pistola que había caído al suelo con mi esposa.
No sabía a quién había protegido, a su hija, a su rey o a la esperanza de la coalición.
—Siempre las amé, Isabella… no pude protegerlas, fallé como esposo y como padre… espero algún día me perdones y no castigues a Seth por algo de lo que es inocente— hizo una mueca antes de llevarse la mano a la cintura—. Leah está en mi casa, en el salón hay una portezuela frente a la chimenea que lleva a recámara secreta, no está bien, no creo que pase el día— me miró con fiereza sus ojos estaban anegados de lágrimas—, me encargué de James cuando me enteré lo que trataron de hacer hoy y el papel que jugó en lo que sucedió hace seis años, no las pude proteger antes pero ahora ya no hay peligro.
Peter pudo sujetarlo antes que cayera al suelo, la pechera del conde estaba llena de sangre y necesitaba atención médica de inmediato.
Abracé a mi esposa y le murmuré que todo había acabado mientras observa a su padre, por lo que podría ser la última vez, ser sacado de la habitación.
Solo le queda un capítulo a esta historia antes del epilogo, gracias a tod s por este viaje.
