No me pertenecen ni los personajes ni parte del marco narrativo.

Capítulo 25: Tragedias en Certain Death.

Las y los fans de la banda estaban atentos a cada paso, a cada aliento, a cada movimiento. Por ello era muy difícil dar un simple paseo por la ciudad o salir a entrenar. El espadachín estaba desesperado, siempre que salía de la casa del noble había un grupo de chillonas persiguiéndolo y cuando conseguía despistarlas, aparecía otro grupo.

Apenas era posible echarse una siesta y eso era lo que mas le desquiciaba.

El músico y el cocinero estaban radiantes de felicidad y no daban a vasto a la hora de atenderlas a todas. Aun después de haber perdido a dos personas muy importantes en su vida seguía siendo el mismo mujeriego de siempre.

La arqueóloga tenía el mismo problema, pero con gran parte de los garnianos de la ciudad, no le faltaban cartas de amor, canciones desafinadas o proposiciones de matrimonio.

El médico también tenía fans que querían achucharlo y estrujarlo todo el tiempo.

El artillero contaba cientos de historias a los niños de la ciudad, entreteniéndoles en la casa del noble los días más fríos en los cuales no se podía estar en las oscuras calles de la ciudad.

Al carpintero le daba igual, estaba experimentando con mejoras en el barco y en sí mismo para poder afrontar la batalla.

El capitán tenía nuevos amigos con los que jugar y nunca faltaba la carne.

Todo era alegría y diversión y por ello los fans se entristecieron mucho cuando se enteraron de que tenían que marcharse para no volver, pero aun así se ofrecieron para ayudar en todo lo posible.

De momento los preparativos estaban efectuándose y aun faltaba mucho pero, salir al exterior sería todo un reto. Llegaron hasta la ciudad de los garnianos gracias a una corriente de aire, y saldrían de ella gracias a otra corriente pero esta vez, la corriente los llevaría al Sur. Gracias a un túnel saldrían de las galerías y en el ancho mar de Grand Line podrían retomar su viaje.

Aun faltaba algo de tiempo, así que, de momento acordaron a asistir a la boda de Wina. Fue una boda extremadamente feliz, ella era feliz al igual que Lacky que por fin tenía ala mujer de sus sueños. Todos se alegraron mucho por ellos, y comieron y bebieron a su salud.

Pero las noticias en el exterior, también se esparcían por todas partes y muchas veces eran malinterpretadas. Como en esta situación.

Todas las revistas de cotilleos estaban al tanto de las relaciones entre piratas y la de Alvida y el cocinero no había pasado inadvertida.

Como la misión de Alvida era secreta, nadie en la prensa se enteró de que había muerto, falsamente claro está. La banda era temida y odiada a partes iguales por lo tanto la gente estaba al tanto de estas cosas.

Dos garnianos, que estaban de espionaje en una isla humana frecuentada por piratas, tomaban un refresco en una cafetería hogareña. Ambos llevaban gafas de sol, para que nadie pudiera ver sus ojos blancos.

-¿Pues sabes, amigo? -dijo uno mientras se tomaba su refresco-. Es una pena que nos hayamos perdido la boda de Wina. Siempre hemos sido muy amigos suyos, me alegro mucho por ella.

-Si, es una pena, ¿te has enterado de lo de la mujer esa? Alvida creo que se llama... traicionó de la forma mas cruel a la banda que está en la ciudad.

-Si, los hijos de Jera la panadera, la que estaba enferma, me enteré de que estaban robando en su tumba y de que por casualidad escucharon la conversación. Dijeron que el cocinero estaba muy mal, pero empieza a recuperarse.

-De todas formas lo mismo da, querido amigo -contestó el otro-. Se van dentro de unos días. Me gustaría haberlos visto... pero la misión es la misión...

-Si...

Ambos siguieron hablando detenidamente sobre varios asuntos del reino, pero dio la mala casualidad de que un periodista curioso estaba en la misma cafetería y escuchó tres palabras clave de la conversación. Boda... Alvida... cocinero.

El periodista salió corriendo de la cafetería y comprobó, en los datos que el gobierno había recogido en el último tiempo, que los piratas habían desaparecido desde hace un largo año.

-¡Eso es! -dijo con ilusión-. Han desaparecido porque estaban celebrando la boda de esos dos. ¡Esto va a ser un bombazo! ¡Seguro que ninguna otra revista tiene este notición! ¡Va a ser portada!

Se fue a contarle su nueva averiguación a sus superiores sin ser consciente de que había desencadenado una auténtica tragedia...


Unos días después - Certain Death

Ella se retorcía de dolor en la silla, sentía demasiada presión en el pecho. Aquel corsé era demasiado ajustado, le faltó algo de tiempo para acostumbrarse.

Como siempre, ella, recogió el periódico que le daba una de sus sirvientas, para enterarse de los temas de actualidad. Ellas mientras tanto esperaban a su lado por si ella tenía algo que pedir. La acompañaban a todas partes por orden del amo, aunque la idea básica era que la vigilaran de cerca.

-¡Ugh...! -alcanzó a decir ella.

Calló al suelo con las manos en el pecho, en un año ya tenía que haberse acostumbrado pero extrañamente le dolía como si fuera el primer día. Se revolvía de dolor, mientras apartaba a las sirvientas que se acercaban a ella.

-Pero mi señora, está sufriendo ¡debemos quitárselo!

-El amo dijo que... debe ser así... ¡y punto!

Entre dolores, la chica miró al frente. Las páginas del periódico escondían una revista de vivos colores, con un gran titular en portada.

Adivinad sobre que boda trataba el titular.

Lo leyó línea a línea sin dejar que las criadas le pusieran una mano en cima, hasta que terminó. Su vestido rojo fuego, se arrastraba junto con ella, que quería acercarse más a aquel pedazo de papel que provocó un gran vacío en su alma. Cuando llegó a la revista pasó la página y leyó.

Dicha boda a debido de ser un acto enormemente espectacular,

La banda ha desaparecido durante un año para poder festejar en paz y armonía la unión matrimonial de dos de sus miembros. La marina busca incansablemente el paradero de la banda ya que se cree que podrían estar con la guardia baja.

Desde nuestra revista opinamos que esta pareja es hermosa y vive su amor ajena al peligro que corre su vida siendo dos piratas.

Esto demuestra que el amor no tiene fronteras.

Ella empezó a gritar y a revolverse en el suelo, sacó la fuerza para destrozar la revista y el periódico en mil pedazos. Estaba totalmente fuera de control pero nadie podía oír nada.

La habitación de matrimonio había sido insonorizada y por esa razón, una vez que la puerta negra se cerraba, nadie sabía lo que pasaba dentro.

Una de las sirvientas estaba junto a la doncella intentando calmarla, pero era completamente inútil, no había manera. Su nombre era Shana.

Mientras tanto ella incansable, aporreaba el frío suelo con las manos.

-¡Maldito! -comenzó a gritar-. ¡Maldito seas, tu y ellos! ¡Todos! ¡Os mataré! ¡Os mataré!

Lanzando maldiciones y golpes hacia lo que tanto odiaba acabó gritando y llorando en el suelo, totalmente desconsolada.

-¡Largaos todas! -les gritó desde el suelo-. ¡Iros!

Las sirvientas nada mas salir, se pusieron de acuerdo en avisar al amo, sin el consentimiento de Shana que se oponía a ello.

Pasó el día.

Las sirvientas esperaron a que él tuviera el primer descanso, ni siquiera había podido comer y estaba reventado, aquellas reuniones eran un maldito infierno. Pero en cima para su sorpresa, se encontró con la noticia de que su esposa estaba en medio de una crisis fuerte y tenía graves problemas psicológicos.

-¿Y se puede saber que vio en ese maldito artículo? -preguntó bajo la capa.

-No lo sabemos bien, parecía la portada de una revista... -dijo Shana con aparente desdén-. Una boda entre dos miembros de una banda pirata... nada importante.

-Eso no lo juzgas tu -dijo él.

Pasó por su lado, y le dio lo que para nosotros sería un simple golpe en el hombro al pasar, pero con su fuerza, hizo que Shana se tambaleara y retrocediera varios pasos. Lo miró con odio antes de irse con el resto de las sirvientas.

Cuando él llegó a la habitación de matrimonio encontró a su mujer llorando en la cama con las manos ensangrentadas y cada objeto del cuarto roto. Había sangre en todas partes, pero sobre todo en los espejos y en los cristales que había tirados por el suelo. Había usado sus propias manos para romperlo todo y ahora las tenía destrozadas.

Estaba tumbada en la cama llorando contra las almohadas, encogida contra su propio cuerpo y con el alma echa añicos.

-¿Te parece bonito lo que has echo? -dijo él evaluando los daños.

-Todo... todo -intentó decir ella con la voz ahogada- ¡es culpa suya!

Señaló la revista desde la cama. Él miró hacia el suelo, dónde aparecía una foto de el supuesto novio, y en ese mismo instante lo reconoció.

-¿¡Él!? -dijo entre dientes.

-¿Le conoces? -dijo ella desde la cama.

-Le he visto una vez -dijo mientras rememoraba el momento con los puños cerrados.

-¿Porque te has puesto tan tenso de repente? ¿Te peleaste con él alguna vez?

-¡Deja de preguntar! ¡Eres mi esposa y harás lo que yo te diga! ¡Ves a ver al doctor, que te cure eso y que esto no se vuelva a repetir! ¿¡está claro!?

Ella asintió desde la cama y empezó a incorporarse bajo la atenta mirada de su marido. Avanzó arrastrando las sandalias rojas de alto tacón por la sala hasta, llegar a la puerta. Allí fue dónde él cogió su brazo, y la atrajo hacia su propio cuerpo, después la retuvo apretándole el pecho con el brazo que le quedaba libre.

Ya de por sí estaba muy dolorida con aquel maldito cacharro que le apretaba el pecho, ¿como podía ser eso una prenda de ropa? Y en cima él sabía perfectamente como hacerle daño. Ella gritó de dolor. Él se relamió de placer.

-No quiero -le dijo acercándose a su oído- que llores nunca por otro hombre ¿entendido?

-S-si... suéltame...

El obedeció a su petición y ella no pudo evitar caer al suelo. Puso las las manos para no caer de cara, olvidando que, los cristales aún estaban clavados en ellas.

Gritó de dolor y calló de lado.

Había sentido como los cristales de los espejos y las astillas de madera se hundían más en su piel.

-Ves a ver a mi amigo el doctor -dijo él dirigiéndose hacia la cama.

-Si... amo...-dijo ella en un susurro.

Se levantó a duras penas con otro pequeño grito y salió de la sala teniendo que empujar la propia puerta con las manos.

Su pelo recogido en una coleta estaba empezando a despeinarse, su vestido estaba arrugado, todavía tenía aquel horrible dolor en el pecho, estaba llorando, sus manos estaban echas pedazos al igual que su corazón y en este estado entró en la habitación del doctor.

-¿Eh? Tu eres la esposa de... ¿¡pero que demonios te a ocurrido!?

Ella ya no pudo escuchar mas, calló al suelo y quedó inconsciente.

.

Despertó en su cama, sin ropa y con las manos vendadas. Se tapó como pudo con las sabanas y sintió vergüenza de la conducta tan penosa que había ofrecido la noche anterior. Había quedado como una mujer completamente indefensa, ¿o a caso lo era?¡No! Eso nunca.

Simplemente tenía que hacer que nadie se enterara de lo ocurrido, así por lo menos podría mantener su orgullo. Sólo necesitaba una pluma y cuando él se iba y la encerraba en la habitación, ella sólo tendría que desahogarse con su diario algo que había tomado por costumbre en el último año.

De repente volvió a pensarlo, no llevaba la ropa puesta. Sólo tenía que curarse los brazos. Alzó la vista. El vestido, los zapatos y demás estaban tirados por el suelo, la ropa de él estaba en un silla bien plegada. Se dio cuenta de que su vestido estaba roto, lo habían roto para quitárselo.

Sintió dolor y ardor entre sus piernas, se quitó las sabanas y las mantas de encima. Vio que había marcas rojizas en sus piernas. Comenzó a llorar y se llevó las manos a la boca.

Salió de la cama instantáneamente, vio qué él estaba muy cerca de dónde se encontraba ella hace tan solo unos segundos. Él abrió los ojos mientras sonreía sin ningún tipo de percance.

-¿Que... te ocurre? -preguntó con una mirada malvada.

-¿¡Que me has echo!?

-Algo divertido...

-No... no... ¡Te odio!

Fue corriendo hacia el baño y se encerró. Sabía que él podía tirar la puerta en cuanto quisiera pero, lo único que necesitaba era soledad. Unos minutos para reflexionar, calmarse y sobre todo, no perder el control. Pero aun así era humana, y tenía sentimientos, despertarse descubriendo que había ocurrido algo así. Que estaba dormida y que no había podido defenderse, eso sí que le desesperaba. Definitivamente era penosa, pero la culpa no era suya, si no hubiera destrozado nada, no se habría desmayado por el dolor. No habría destrozado nada si aquella noticia no hubiera existido. En conclusión: la culpa de todo era de aquel idiota que se creía el rey del mundo con su parejita, estúpido cocinero, la culpa era toda suya.

Pero, entonces... si se habían casado eso significaba que ella estaba viva y si ella estaba viva eso significaba que ¿todo había sido un montaje para echarla?

Por supuesto, ella estaba malinterpretando la situación, pero no sabía que la noticia era falsa, su odio no valía nada, no era real.

Pese a esto pensaba que le había pegado a posta para que el montaje fuera mas creíble y eso, fue lo que mas le dolió. Lo había echo cuando no había necesidad de ser tan cruel, pues entonces ella, le haría algo peor, después de todo también estaba casada y algo tenía que importarle.

Encogida en un rincón del baño, esperaba a que algo cambiara, por supuesto que él no iba a disculparse pero ella debía ser mas fuerte. Siguió esperando, cuando dejó de oír ruidos en la habitación, salió para vestirse, para lo único que necesitaba ayuda era para que le pusieran ese condenado corsé y las sandalias de tacón después de este, pues el vestido era tan voluminoso que era muy complicado ponerse los zapatos.

Salió del baño.

Miró a ambos lados como nosotros cuando cruzamos una carretera.

Pisó el suelo despacio como si fuera lava pura.

Avanzó rápidamente hacia el armario y escogió un conjunto.

Comenzó a vestirse.

Lo hizo con rapidez, ya que no quería que nadie mas en el mundo la viera sin ropa y cuando terminó esperó sentada a que las criadas vinieran. A su hora llegaron. Le pusieron los zapatos y un corsé super apretado, como el anterior. Tubo las mismas dificultades lo único que cambió aquel día, era que no aceptó el leer el periódico.

Se levantó incómoda, aún le escocía mucho.

Todas las sirvientas salieron de la sala excepto una, que cerró la puerta y miró a la chica que estaba sentada con el pelo recogido. La chica que estaba aterrorizada en aquel barco cuando fueron juntas. Cuando le puso los zapatos, vio algo raro en sus piernas y quería corroborarlo.

-Shana, tienes que irte -dijo la chica seria.

-Ayer nos dijeron a todas que no hacía falta que te desvistiéramos ¿Por que?

-Lo hice yo sola...

-¿Me estás diciendo que te quitaste un corsé tan apretado tu sola? -preguntó con tono sarcástico.

-Tal vez haya aprendido...

Ella estaba sentada en un arcón que había a los pies de la cama. Shana subió los tres escalones y se arrodilló mientras le ponía las manos en los muslos, la chica es estremeció.

-Eres una niña -le dijo Shana-. Eres demasiado joven para esto, por favor dime ¿que pasó?

Las lágrimas corrieron por las mejillas de la chica. No paraba de recordarlo una y otra vez. Shana la abrazó.

-Tranquila... ya está...

-Me desmallé y... y desperté sin ropa... -intentó decir ella.

-¿Crees que usó protección?

Ella asintió.

-Sí, como las otras veces, no le gustan los niños... dijo que quería divertirse más con migo.

-No importa... todo está bien.

-No... quiero que acabe -dijo en el hombro de Shana.

-Shhh lo sé -susurró.

De pronto oyeron como los cuernos de los soldados comenzaban a sonar anunciando emergencia. Un barco aparecía por el Norte y se oían gritos de guerreros embravecidos. Brazos levantados, corazón rebosante de felicidad, ya que habían encontrado Certain Death.

-¿Que es eso? -preguntó Shana acercándose a la ventana.

-¡El Sunny! -dijo ella sorprendida.

-¿Es el nombre del barco? -preguntó Shana alterada.

-Si...

Shana por primera vez tubo miedo. El tono con el que aquella chica había asentido era escalofriante... su mirada... aterradora.

-Es el barco...

Otra vez, la miró. Se puso entre la ventana y la chica.

-¿¡Que te ocurre!?

-Son ellos...

El tono de esa mujer era propio de una persona que había perdido completamente la cabeza y así era. Después de todo lo pasado, ahora hablaba con un toque infantil aterrador, con las pupilas delatadas, pálida... era algo horrible.

-¡Basta! -gritó Shana tapándose los oídos.

-Han llegado... -dijo con tono cantarín-. Ya los tengo... ahora pagarán por todo, siempre fue culpa suya, ahora... -dijo empezando a mirar al suelo enrabietada-... todo valdrá la pena y cuando ellos mueran mi sufrimiento... terminará.

Shana sintió mucha lástima por la chica, pero a la vez se dio cuenta de que había descubierto algo importante, algo había pasado entre ellos y la joven no quería eliminarlos para vengarse en realidad, vivía engañada. Creía que así su sufrimiento acabaría, pero se equivocaba, él seguiría haciéndole daño y quizá aquellas personas que tenían el valor para entrar de cara en Certain Death eran sus salvadores y los de todos los prisioneros que aún vivían.


Continuará...

¿Que habrá ocurrido con ella?

¿Serán capaces de sanar su roto corazón?

¿Podrán con este gigantesco reto?

Hola... aquí un nuevo y aterrador capítulo, espero que todo haya quedado claro y que entendáis a cada personaje, principalmente a la protagonista... Gracias por leer una semana más. Estos capítulos están aquí por vosotros. Muchas gracias ^^