MI PRINCIPE ENCANTADO

Hola chicas aquí les traigo una adaptación de la novela de Julie Garwood con los personajes de Inu-Yasha de sensei Rumiko

Así que ACLARO: esta historia no es mía, pero cuando la leí solo pude imaginarme a Sessho y a Kag en estos personajes jejeje :)

SI VEN PALABRAS SEPARADAS ES CULPA DE FANFICTION NO MIAS JEJEJEJEJEJE

MIL DISCULPAS A TODOS LOS QUE LEEN POR EL RETRAZO GOMENNNNNNNNNNN

GRACIAS GRACIAS GRACIAS INFINITAS POR SUS REVIEWS A IOSI E IUKI, HEKATE AMA, AKYMAYSESSHOMARU, LADY ADRIANA DE GRANDCHESTER, JOS, KS-MOON, AZULDCULLEN HINATITA4EVA, MIA, LLYL, MEGAFANHP, GELM, SUUURINE, YAN-01, KS-MOON, ELIZABETH, TAO MEY-NEKO EVIL, ! EN EL ANTERIOR CAP.

ÉSTE CAP. ES DEDICADO A TODAS USTEDES QUE ME HAN TENIDO MUCHA PACIENCIA

SALUDOSSSSSS

=)

Cap. 25

Sesshomaru la alcanzó en el recodo del camino.

Ella le repitió lo que su tío le había dicho -Nunca se hizo responsable de nada, en toda su vida. Tenía mucha habilidad para hacer que otros se sintieran culpables por sus actos.

-¿Midoriko?

-Sí. Ella creía haber hecho algo malo. ¿Lo ence rrarán?

-Será acusado de intento de asesinato -dijo Sesshomaru-. Lo encerrarán, sí.

-¿Kagome?

-¿Qué?

-Nada. -Le temblaba la voz. Aún le costaba dominar sus emociones. Había experimentado por pri mera vez el terror ciego al comprender que Kagome esta ba dentro, con ese cretino y no quería volver a sentir lo mismo. Aún tenía el estómago revuelto y los nervios a punto de estallar.

-¡Sesshomaru! Deja de mirarme así.

-No quiero volver a pasar por esto nunca más. ¿Me oyes, Kagome? No quiero volver a soportar un susto como éste.

-¿Por qué crees que has tenido tanto miedo? -Ella esperó la respuesta conteniendo el aliento.

-¡Qué pregunta tan ignorante!

Por Dios, ese hombre era imposible.

Caminaron durante varios minutos más antes de que ella volviera a hablar.

-Cuando salí de casa, había tomado una deci sión. No quería seguir casada con un hombre que no me amaba.

-No es así. -Parecía furioso con ella.

-Lo sé. -Ella parecía encantada.

-¿Has dejado de amarme?

No fue la pregunta en sí, sino el temblor de su voz al formularla lo que aturdió a Kagome. Su angustia era casi insoportable a la vista. Parecía temer que ella lo destrozara con su respuesta. Y creía tenerlo todo adivi nado, pues comenzaba a asentir con la cabeza.

-Jamás dejaré de amarte-susurró ella, estrechán dole la mano con fuerza-. ¿Cómo puedes preguntarme eso? ¿Crees que mis sentimientos cambiarían si hicie ras o dijeras algo equivocado? Francamente, Sesshomaru, vas a volverme loca. Mi amor no es condicional ni pasajero. Es para siempre.

-Entonces no vuelvas a interrogarme sobre mi pasado -ordenó él-. Déjalo en paz, Kagome. Estoy har to de temer que tú...

Sin terminar la frase, se apartó de ella, apretando el paso.

-¿Que yo descubra qué cosa? -preguntó Kagome. Él sacudió la cabeza. Ella no se dio por vencida. -Respóndeme -exigió, casi gritando.

Sesshomaru se volvió a mirarla. -Soy bastardo, ¿recuerdas?

-Conozco las circunstancias de tu nacimiento. Me lo contó la Señora, me lo contaste tú y creo que me lo contó Inu-Yasha. No me importó entonces y no me importa ahora.

-¿Por qué diablos no te importa? ¿Cuándo vas a comprender que yo no soy...? -Se interrumpió súbita mente, con otra sacudida de cabeza-. Sé que no te merezco, pero no voy a renunciar a ti, por muy indigno que sea. Si supieras todas las cosas que he hecho, no volverías a mirarme. Comencé a vivir el día en que te conocí. Deja en paz mi pasado. Y ésta es la última vez que hablamos del asunto. ¿Has entendido?

Sin esperar su asentimiento, echó a andar otra vez. Por fin había salido a relucir la verdad. Sesshomaru te nía miedo. Kagome se reprochó haber tardado tanto en comprenderlo. Él se avergonzaba de su pasado; temía que, si ella se enteraba de su niñez, de sus años en la guerra, dejaría de amarlo. En el fondo de su miedo estaba el estigma de su nacimiento ilegítimo. Sólo en ese momento comprendió Kagome lo mucho que eso lo había afectado, lo que habría sido su vida de niño.

Nunca se refería a Inu-Yasha llamándolo por su nombre. Lo llamaba hijo de puta. Lo llamaba bastar do, aunque no era ilegítimo. Tampoco lo era el tío Naraku; sin embargo, Sesshomaru también lo llamaba bas tardo. Y por fin Kagome comprendía por qué. A su modo de ver, que llamaran bastardo era la maldición más ho rrible, despreciable y deshonrosa que se podía lanzar sobre un hombre.

Verlo tan vulnerable hizo que lo amara todavía más. Su corazón comenzó súbitamente a marcar un ritmo furioso. No deseaba otra cosa que arrojarse en sus bra zos, gritando de alegría al saber que él la amaba.

Primero tenía que concentrar su atención; después, persuadirlo de que era sobradamente digno. Él era el hombre de sus sueños.

Lo llamó. Él no le prestó atención. Kagome lo llamó por segunda vez. Él hizo como si no la hubiera escuchado. La joven lanzó un suspiro y echó mano de su re vólver, tomó puntería e hizo volar un guijarro del suelo, a uno o dos metros de él.

Sesshomaru giró en redondo para enfrentarse a ella. -¿Qué diablos haces?

-Llamarte la atención.

Él sacudió la cabeza. No quería detenerse a hablar mientras no hubiera dominado sus emociones. Ella ya había visto demasiado su debilidad.

-Guarda ese revólver. Tengo cosas que hacer. Me voy, qué demonios.

Ella le sonrió.

-Vete -le gritó-. Pero te lo advierto: iré tras de ti para traerte de vuelta a rastras. Te amo, Sesshomaru. Eres todo lo que siempre deseé.

Él le volvió la espalda. Kagome disparó de nuevo, arrancando un trozo de corteza a un árbol, cinco o seis metros más adelante. Luego volvió a guardar el revólver en su delantal y, recogiéndose las faldas, corrió hacia él. Sollozaba cuando se arrojó en sus brazos.

Él temblaba de emoción. No podía dejar de re petirle lo mucho que la amaba. Besó cada centíme tro de su cara quemada por el sol, susurrándole to das las palabras que había retenido dentro de sí du rante tanto tiempo. Quería demostrarle primero que era digno de su esposa. Le daría el tipo de vida que ella, sin duda, deseaba y merecía. Cuando estuvieran viviendo en una casa lujosa, cuando la hubiera envuel to en terciopelos y diamantes, sólo entonces le diría que la amaba.

A ella le pareció la fantasía más bella, amante y tonta de cuantas hubiera escuchado. Ya estaba viviendo en el paraíso y no quería abandonarlo.

Los besos y las promesas les despertaron un mayor apetito. Ella trató de arrastrarlo hacia el patio de la casa, pero Sesshomaru sacudió la cabeza y la condujo hacia un sitio recoleto, escondido entre dos pinos. Allí hicieron el amor con una pasión que los sobrecogió.

Después de lavarse perezosamente en el arroyo, volvieron a hacer el amor. Besándose y acariciándose, volvieron a vestirse; esa vulgar tarea les llevó un tiempo muy largo.

Kagome aún no quería volver a la casa, pero sabía que Sango estaba preocupada. Sesshomaru la tranquilizó, asegurándole que Miroku esperaba ese retraso.

Luego se tendió de espaldas en una alfombra de césped, con un fuerte suspiro de satisfacción. -¿Cómo sabe que llegaremos tarde?

-Porque yo se lo dije.

-¡Pero si tenías mucha urgencia por volver a casa! sonrió.

-Sólo cuando empezaste a presionarme.

Kagome se sentó a su lado para contemplar las es trellas.

-Estoy rodeada de lujos -susurró-. Las estre llas son mis diamantes y estoy sentada en una alfombra de terciopelo.

-¿Estás realmente decidida a vivir aquí?

-Oh, sí.

-Te resultará arduo. A veces querrás renunciar.

-No lo dudo.

-¿Y qué harás entonces?

-Gritar.

Él se echó a reír.

-Como hoy.

-Sí.

-No eres frágil.

Esa admisión la complació tanto que se inclinó para besarlo.

-¿Cómo te diste cuenta?

-Por lo del conejo.

Ella no comprendió. Tuvo que aguardar a que él dejara de reír para escuchar la explicación.

-Fue tu preocupación por la huerta, supongo -dijo Sesshomaru. Y el modo en que ella había extraído su revólver para proteger lo que le pertenecía.

-Lo que es mío sigue siendo mío.

Le estaba respondiendo con sus propias palabras. Él asintió.

-En efecto.

Le rodeó la nuca con una mano para otro largo beso. Cuando por fin Kagome se apartó, él dejó escapar otro suspiro satisfecho.

Su esposa se tendió a su lado y ambos contem plaron la noche. Ella pensaba en el futuro. Él, en su pasado.

Durante algunos minutos no dijeron nada. A Kagome le parecía que la noche estaba llena de magia. Inhaló el perfumado aire de la montaña, con los ojos cerrados.

-Nunca había experimentado tanta paz, tanta satisfac ción.

-Antes solía mirarme contemplando las estrellas. Fingía ser el único que podía verlas. Me pertenecían sólo a mí. En ese entonces yo no tenía nada que pudiera considerar mío, ni siquiera un apellido legítimo.

Pasó casi una hora hablando de sus años infantiles. Ella no lo interrumpió con ninguna pregunta: se limita ba a escuchar. Sonrió al enterarse de algunas travesuras que él había hecho en compañía de Miroku. Los ojos se le llenaron de lágrimas cuando él narró algunas de sus experiencias más dolorosas.

Sesshomaru no mencionó la guerra sino cuando iban ya camino a la casa. A él le costó hablar del tema; a ella le fue casi insoportable escuchar. Y al enterarse de lo que había hecho cierto Ryuukotsusei, con él y con otros ocho hombres, sollozó de pena y compasión.

-Yo fui el afortunado -dijo él-. Sobreviví. En tonces no comprendí por qué, si los otros tenían fami lias que los esperaban, mientras que yo no tenía a nadie.

Miroku me dijo que había un motivo y que, tarde o temprano, yo lo comprendería. Tú me ayudaste a descu brirlo, tesoro. Creo que, si seguí en el mundo, fue por ti y por los niños.

Ella sonrió al percibir el tono maravillado de su voz. Sesshomaru se refirió nuevamente a Ryuukotsusei, llamándolo "bastardo". Ella lo corrigió con suavidad, señalando que el haber nacido fuera del vínculo matrimonial no era culpa del bebé; la pobre criatura no había podido elegir ni había hecho nada terrible que lo justificara. Ryuukotsusei merecía todos los insultos que Sesshomaru podía idear, pero lo de "bastardo" no estaba permitido.

-¿Te avisarán cuando lo hayan capturado?

-Sí.

-Debe ir a juicio, para que el mundo sepa lo que hizo con tus amigos.

Sesshomaru sabía que ella estaba en lo cierto. Él sería la voz de todos sus compañeros cuando atestiguara contra Ryuukotsusei.

Luego le contó otro episodio de la guerra. Al termi nar mencionó a sus hermanos. Le habló del rancho que estaban construyendo y de lo estupendas que eran esas tierras. Ella quiso saber cuándo se los presentaría.

Él prometió llevarlos a través del paso, a ella y los niños, cuanto antes. Tal vez fuera buena idea traer a Souta cuando regresaran. Al muchachito no le vendrían mal unas cuantas atenciones maternales. Y Daniel, es decir, Shippo, tendría la oportunidad de intimar con su joven tío. A Kagome le pareció una idea estupenda.

Sesshomaru quiso saber por qué estaba dedicando tanto tiempo a Gakusaijin. Ella se negó a responder. Él le aseguró que no lo preguntaba por celos, pero insistió hasta que Kagome le dijo lo suficiente como para dejarlo tranquilo: que estaban trabajando en un proyecto especial y que todos se enterarían a su debido tiempo. Sesshomaru supuso que por fin habría convencido a Gakusaijin para que hiciera una cuna para el niño de Sango y que le estaba ayu dando a fabricarla.

Tres semanas después cayó en la cuenta de que se había equivocado: Gakusaijin apareció por la casa con otro regalo a agradecer: otra mecedora.

Sesshomaru le dijo que no la necesitaban, pero el gigante estaba igualmente seguro de que no era así. Por fin el dueño de casa, cediendo, puso la mecedora junto a las otras.

-¿No sabes hacer otra cosa? -preguntó. -Tengo predilección por las mecedoras -replicó el gigante.

Esa noche, después de acostar a los niños, los cua tro adultos se sentaron en las mecedoras. Kagome fue la primera en echar a reír. Sango la imitó. No pasó mucho tiempo sin que Miroku y Sesshomaru comenzaran también a reír.

Hicieron tanto alboroto que despertaron a los ni ños. Kagome, secándose las comisuras de los ojos, les ex plicó que reía de felicidad, por tener tantas mecedoras bonitas.

-Tendré que hacer una cuna -dijo Miroku a Sango.

-Tendré que construir otro cuarto -musitó Sesshomaru-. A menos que a Gakusaijin se le agote pronto la ma dera, necesitaremos más espacio.

Esa afirmación hizo que todos rieran otra vez. Las gemelas, acurrucadas en el regazo del padre, no enten dían qué era lo que divertía tanto a los mayores, pero también rieron.

El niño se había sentado con Kagome, convencido de que sus padres estaban locos.

-Sólo nos estamos divirtiendo, Daniel -explicó ella .

-Ya no me llamo Daniel, madre. Ahora soy Shippo. Recuérdalo, por favor.

Su tono autoritario la dejó atónita. Rompió en carcajadas otra vez, estrechando al muchachito contra sí.

-Trataré de no olvidarlo, Shippo.

Le dio las buenas noches con un beso y lo envió a la cama, mientras Sesshomaru subía con las niñas.

Sango tomó a Miroku por la mano para llevarlo afuera. Por el modo en que ambos se miraban, Kagome comprendió que pronto habría boda.

Ella se reclinó en la mecedora, con los ojos cerra dos, dejando que los sonidos de la noche flotaran a su alrededor. Oía a las gemelas enloqueciendo al padre.

Lin estaba afligida porque el papá no había arropado bien a su bebé. Luego arrancó Rin, dando diversos motivos por los que no podía dormir. Por fin Sesshomaru las acalló a ambas iniciando un cuento que el niño escogió entre sus favoritos.

Sesshomaru era mucho más paciente que ella con los niños, pero no perfecto. Kagome decidió pedirle que de jara de blasfemar; hacía sólo unos días, Rin se ha bía sentado a la mesa, con la carita apoyada en las ma nos y los codos en el mantel, preguntando: "¿Qué cuer nos hay para cenar, mamá?". Decididamente, Sesshomaru ten dría que vigilar su lenguaje.

La mente de Kagome pasaba de un pensamiento ocio so a otro. Se dio cuenta de que estaba a punto de adormecerse y rezó sus oraciones. Dio gracias a Dios por las bendiciones recibidas y, al terminar, agregó un su surro deseando buenas noches a la Señora.

Ella lo sabía. Oh, sí, ella había sabido desde un principio que Sesshomaru era el hombre de sus sueños. Lo sabía todo sobre él, por la información recogida en sus carpetas. "Di a las pequeñas cosas buenas de mí." Kagome no había olvidado ese ruego. Contaría a los niños cientos de anécdotas sobre su bisabuela pero había un relato que ella disfrutaría como ninguno: el del regalo que le había hecho la gran señora. Les contaría cómo había conocido a su esposo, el Príncipe Azul.

YA SÉ, NO TENGO PERDÓN! GOMEN GOMEN GOMEN GOMENNNNNN!

EN VERDA MIL DISCULPAS POR NO HABER ACTUALIZADO PERO ESTUBE MUY DEPRE POR MI ABUELITA QUE FALLECIO T.T :( Y NO HABIA TENIDO MUCHOS ANIMOS, EN VERDAD MILES DE DISCULPAS

SALUDOSSSSSSSSSS

GRACIAS A TODOS LOS QUE LEEN ESTA HISTORIA DESDE VARIAS PARTES DEL MUNDO!

Gracias por sus reviews a las nuevas y a las siempre me escriben. GRACIAS! Por sus reviews sobretodo a las que en todos los caps. Me los envían, no saben q alegría me da leerlos, GRACIASSSSSS!

Y Gracias a los q han puesto la historia en FAVORITOS y en ALERTA!

GRACIAS POR LEER!