Los personajes usados en la siguiente obra pertenecen a Cassandra Clare.
La historia me pertenece.
- Queridos invitados, colegas, amigos, es un placer para mí tenerlos reunidos esta noche. - habló Jonathan, la gente se aglomeró en un circulo en la sala en donde se llevaría a cabo la lucha, Sebastian se encontraba en el centro de éste, mientras que todos sus invitados le oían ansiosos.
- ¿Por qué está dando un discurso? Es una pelea no el premio Nobel. - le murmuró Alec al oído de Magnus, a lo que Bane se limitó a encogerse de hombros.
- Antes de empezar, tengo el honor de decirles que entre nosotros tenemos a la siguiente estrella del show. - siguió él, girándose hacia todos lados para fijarse en los rostros de cada uno de sus invitados. - Tengo el orgullo de decir que yo lo encontré, y que es un gran amigo mío...
Clary veía inexpresiva al muchacho de cabellos blancos hablar, se sentía molesta, deprimida y decepcionada, ya no tenía razón alguna para quedarse ahí, y mucho menos para ver a Jace como daba y recibía golpes de un hombre igual de drogado que él.
- ¡Y me recordarán cuando les diga esto! Él va a ser el mejor luchador de nuestros tiempos. - exclamó Sebastian,. - ¡Les presento a Jace Herondale!
Alec y Magnus abrieron los ojos de par en par, viendo como el rubio salía de la habitación contigua, vestido nada más por unos pantalones negros rotos y algo sucios, su cabello como normalmente lo traía, hacia atrás, se veía grasoso, como si hacía días que no se lo lavara, sus ojos dorados, rojos y exhaustos, y su tez, aún más pálida que lo usual.
Alec quiso lanzarse hacia su hermano, pero Magnus lo detuvo.
- Camille. - dijo Clary, al acercarse a la aludida. La rubia se giró hacia ella, notó el cambio de humor en su semblante, pero prefirió no decir nada. - Creo que ya debería irme.
- ¿En serio? - cuestionó ella. - ¿No quieres quedarte a ver el show?
Clary negó.
- Bien, te acompañaré hasta la puerta.
-¿Qué carajos es esto? - masculló Alec, rojo de la ira.
- Bueno... es lo que ves, al parecer Jace trabajó para Jonathan todo este tiempo, ni tan mal estaba. - contestó Magnus.
- ¿Y a qué vino su llamada entonces?
Magnus se encogió de hombros.
- Pudo haber sido efectos de la droga. - inquirió Bane.
Alec torció el gesto.
- Ya va a ver ese idiota, si quiere que lo maten a golpes, yo mismo le voy a sacar la mierda por la boca. - gruñó el ojiazul dando un paso hacia el centro, pero nuevamente Magnus lo detuvo, Alec se volvió hacia él, airado. .- ¿Ahora qué coño pasa?
- Espera, no puedes detener eso así como así, se te abalanzarán sus guardias y a Jonathan no le importará darte a ti una paliza. - objetó Magnus, sereno. - Es mejor esperar a que acabe todo y tener una oportunidad de hablar calmados con Jace.
- Oh nadie hablará calmado con él.
Una vez que el otro luchador formó parte de la escena, se dio comienzo a la pelea, aunque ambos se veían destrozados en apariencia, sacaban una agilidad y una fuerza tremenda, a simple vista se veía que Jace no podría con el sujeto dos veces más grande que él, puños se estrellaban en la quijada del otro, se oían "Uhh" y "¡Ohh!" del publico mientras visualizaban entretenidos la pelea.
Jace le propinó un golpe en el boca del estomago a su contrincante, dejándolo sin aire unos momentos, el sujeto se dobló y llevó sus manos hacia donde recibió el impacto. Jace tomo esa como su oportunidad y derribó al hombre con una patada en la cien, el publico soltó una exclamación de sorpresa al ver aquello, Jace siguió dándole patadas sin piedad alguna. Fue hasta que Jonathan entró, que Jace se detuvo.
La imagen de rubio, respirando agitadamente, su cuerpo bañado en sudor y sangre, sus cabellos alborotados y su mirada frenética, era la más similar a la de un animal salvaje.
Alec no parecía reconocer a su hermano.
El show terminó, Sebastian había dado como ganador a Jace, y después de unos vítores por parte de la audiencia, el circulo de deshizo y todos volvieron a charlar calmadamente. Jonathan tenía a Jace con él, hablando con sus invitados, presentándoles al rubio, como si fuese una clase de tesoro.
Fue él, quien llegó hasta Magnus y Alec, Jace puso los ojos como platos al ver a su hermano allí.
- Bueno, este es mi gran amigo, Jace Herondale. - dijo Sebastian, al señalar al rubio con una sonrisa. - Jace, estos son Magnus Bane y su novio.
La sorpresa de Jace aumentó más al oír aquello. A Alec no lo dio tiempo de avergonzarse, ya que la rabia era mucho mayor. Magnus en cambio, siguió sosegado.
- Gran pelea. - le felicitó Bane a Jace.
Pero el rubio seguía en blanco, mirando a su hermano.
- ¿Qué pasa? - preguntó Sebastian, al notar el extraño comportamiento de su amigo, se fijó que miraba a Alec. - ¿Algún problema con él?
- ¿Eres gay? - soltó Jace, perplejo.
Alec frunció el cejo.
- ¿Qué pasa si lo soy? ¿Acaso crees que es peor serlo a ser un gallo de pelea? - espetó el ojiazul.
Jace arqueó las cejas.
- Ah... no sabía que aún no llevabas normal eso del homosexualismo. - intervino Sebastian, divertido. - Pero hey, ¿cuál es el problema? Ni que fuese tu culo al que cojen por las noches amigo.
La imagen de su hermano en la situación solo logró alterarlo más. Magnus decidió intervenir.
- Bien, creo que esto es todo, fue un placer. - dijo Bane, tomando a Alec del brazo, el chico estaba rojo, a saber si era por la vergüenza o a ira. Magnus se dirigió a Jace. - Creo que ya no hay nada que hacer aquí.
Dicho eso se marchó.
Magnus y Alec divisaron a Camille parada frente a una camioneta, dentro estaban Simon y Clary, la pelirroja estaba en brazos del otro, llorando desconsoladamente.
- Clary. - llamó Bane, acercándose hacia ellos, pero la chica no se movió. Magnus miró la escena con pena, miró a Camille. - Al parecer lo vio.
La rubia asintió.
- Vaya sorpresa ¿no? - dijo ésta.
- ¿Tú lo sabías? - cuestionó Magnus.
- Lo vi esta mañana cuando vine a casa de Sebastian, estaba tirado en el suelo inconsciente, lo primero que pensé fue que era otro de sus deudores o algo así, nunca se me pasó por la cabeza que trabajara para él. - explicó la chica. Se cruzó de brazos, temblando del frío. - Intenté llamarte toda la tarde, pero al parecer estabas ocupado.
Magnus se restregó el rostro con su mano.
- Lo siento. - fue lo único que dijo, notó el estado de la chica y se quitó el abrigo para dárselo, la rubia lo tomó sin inmutarse, Alec vio la escena, pero de nuevo, sus emociones eran tantas que no tuvo tiempo de ponerse celoso. - Creo que no podemos hacer nada.
- ¿En serio van a dejar que Jace se quede con un narcotraficante loco y lo utilice como un animal? - cuestionó Simon, sin soltar a su mejor amiga, quien seguía llorando en su pecho. Estaba molesto, más que eso, quería hacer algo para acabar con el sufrimiento de Clary.
Magnus se encogió de hombros.
- ¿Qué íbamos a hacer? Jace está ahí por su voluntad, no podemos llevárnoslo sin que Sebastian nos tire a sus gorilas encima.
- ¿Estás seguro que está ahí porque lo quiere? - preguntó Simon.
- Sí. - esta vez fue la voz entrecortada de Clary la que habló, se incorporó para mirar a los demás, secó sus lágrimas con el abrigo de Camille. - Yo hablé con él, piensa que Jonathan puede ayudarlo a encontrar a su padre si se queda a trabajar para él.
- ¿Su padre? - soltó Alec, desconcertado. - ¿Por qué quería Jace encontrarlo? Papá siempre está en la casa.
Clary negó con la cabeza.
- Su padre biológico. - aclaró ella. - Tiene esa manía de hallarlo, quiere saber por qué lo abandonó, qué pensó cuando lo hizo, ni siquiera sabemos si está vivo o no.
- No lo entiendo, Jace nunca se mostró interesado en su padre. - dijo Alec. Se pasó su mano por el cabello, intentando pensar algo razonable. - Nunca me habló sobre eso.
- A mí sí. - declaró la pelirroja. - Tiene este montón de cartas hacia su papá, desde que era niño las escribe.
- ¿ Por qué nunca me dijo nada? ...
- Tal vez porque nunca creyó poderlo ver. - dijo Magnus. - ¿Crees que es posible atinar con él?
Clary negó con la cabeza.
- No tenemos nada, Jace me dijo que ha hecho todo lo posible, y no ha encontrado nada, no hay ningún Stephen Herondale en Nueva York.
- Bueno, ¿quién dijo que estaría en Nueva York?
Magnus y Alec entraron al auto del primero, ninguno dijo nada, Bane había visto el rostro de Jace cuando Sebastian dijo que eran novios, sabía que era una mentira, y no le importaba en lo absoluto lo que pensarán los demás sobre su orientación sexual, pero entendía que para Alec no era igual de fácil, él ni siquiera estaba seguro qué era lo que quería y ahora mucho menos después de ver cómo reaccionó su hermano.
- ¿En qué piensas? - preguntó Magnus, rompiendo el silencio, manejaba con calma, no tenía apuro en llegar a casa y sabía que el azabache tampoco.
- No lo sé. - murmuró Alec, tenía la vista fija en la ventanilla, mirando sin ver los edificios pasar.
- El plan es el siguiente...
- ¿Aún estás pensando en sacar a Jace de ahí? Está con Sebastian porque así lo quiso. - intervino Alec.
- Tengo fe en que actúa así por causa de las drogas...
- Nunca creí que mi hermano era un drogadicto.
- Yo tampoco lo creo. - opinó Magnus, miró de reojo a su copiloto y siguió hablando. - Estoy cien por ciento seguro que esto es recién, en mis fiestas nunca aceptó ningún tipo de droga, exceptuando el alcohol.
Alec negó con la cabeza.
- ¿Viste su cara?
- ¿Ah?
- Su cara, cuando Sebastian dijo que somos novios.
- ¿"Somos"? Me gusta que lo digas en presente. - dijo Magnus, intentando sacarle una sonrisa al ojiazul, pero Alec siguió igual de serio. - Sí... ¿cómo te sientes con eso?
- Al principio me hirió, luego me enfadé...
- ¿Y ahora?
Alec miró a Magnus a los ojos, estaban en un semáforo, la luz aún seguía roja.
El azabache se inclinó hacia Magnus y lo besó, Bane lo tomó de sorpresa, pero no hizo nada para detenerlo.
La luz había cambiado a verde, pero eran los únicos en aquel lugar a esa hora de la noche.
Alec se apartó, y fijó su mirada en la de Magnus.
- Creo que no me importa lo que piensen de mí. - declaró él, Magnus sonrió, Alec apartó la mirada, ruborizándose. Se cruzó de brazos y fijó sus ojos a la ventanilla nuevamente. - Eso no quiere decir nada, te besé solo porque prometí hacerlo si encontrábamos a Jace, yo cumplo mis promesas.
Magnus no dijo nada, simplemente siguió conduciendo con una gran sonrisa estampada en su rostro.
- ¡Alexander! - vociferó Maryse al ver entrar a su hijo mayor a la cocina.
- Oh hola mamá, que linda te ves, ¿y papá? Él también debe de verse lindo... eh guapo. - balbuceó Alec, retrocediendo raudamente.
- ¡Ven aquí de inmediato! - ordenó Maryse, siguiendo a su hijo por las escaleras.
- ¡Lo siento, tengo tarea que hacer! - mintió, encerrándose con llave en su habitación.
- ¡Alexander abre la puerta ya!
Alec miró a todos lados, se quedó mudo intentando inventar algo convincente.
- ¿Cuál es tu conmoción mamá? - preguntó él.
- ¿Cuál? ¿Quieres que te diga cuál? Mi hijo no ha vuelto a casa, ¡esa es mi conmoción! - exclamó, perdiendo los estribos. - ¡Dime ahora donde está Jace, Alexander!
- Ojalá pudiera. - murmuró él. - Él está bien, te lo aseguro.
- ¡No lo estará una vez que lo vea!
Alec suspiró.
- Mamá Jace salió de viaje... ahm con su novia. - mintió, sintió pena por Clary, Maryse le agarraría odio después de eso.
- ¿Y quién le dio permiso para irse? - gritó ella.
- Ya sabes como es Jace...
- ¡No me importa cómo sea! ¡Quiero que vuelva ya! ¿A dónde fue?
- No lo sé...
- ¿Quienes son los padres de esa chica? Voy a hablar con ellos.
- Eso tampoco lo sé. - volvió a mentir. - Mamá cálmate, dentro de un días va a volver.
- ¡Dentro de unos días! ¿Qué se supone que le diga a tu padre cuando pregunte por él?
- Pues lo mismo que te he dicho a ti...
- ¿Y esperas que se conforme con eso? ¡Va a enloquecer!
- ¿Y tú cómo es que estás ahora? - ironizó él.
- No te hagas el chistoso, abre la puerta Alexander.
- Ya te dije que tengo cosas que hacer...
- ¡Y a mí me importa un bledo! - espetó ella.
- Buenas noches mamá...
Y no importa cuántas veces Maryse golpeó la puerta, o gritó, Alec no la abrió, y pasaron unos treinta minutos hatsa que su madre se cansó y se fue.
Alec cayó en su cama, agotado.
Había sido un día un acelerado y habían pasado muchas cosas como para poderlas asimilar por completo lo único que rondaba por su cabeza ahora eran los labios de Magnus sobre los suyos, tan firmes, tan suaves...
Fue el leve golpeteo proveniente de su puerta que lo sacó del la ensoñación.
- ¿Quién? - preguntó Alec, temiendo que fuese su madre que había vuelto.
- Soy yo. - habló la voz de Isabelle.
Alec se puso de pie de un salto y fue hasta su puerta, la abrió y el rostro de preocupación de su hermana emergió. Alec la dejó pasar y volvió a cerrar la puerta con seguro.
El muchacho se sentó a orillas de su cama, pero Izzy prefirió seguir de pie, cruzada de brazos y mordiendo su labio inferior, nerviosa.
- ¿Qué pasó? - preguntó ella, al fin.
Alec suspiró. El chico le contó todo lo que había ocurrido ese día, desde la suposición de Magnus en el edificio vecino al de Clary, hasta la sorpresa de que Jace trabajaba como luchador para un narco, Isabelle lo oyó todo, sin perturbar su semblante serio.
Una vez que Alec terminó, ella habló.
- ¿Qué haremos ahora? - preguntó.
- Magnus quiere buscar a Stephen. - respondió él. Negó con la cabeza. - No creo que lo encontremos, no sabemos ni siquiera si se encuentra en este país.
- ¿Y si le preguntamos a mamá?
- ¿Para que ella saque sus especulaciones? No gracias, suficiente tenemos con que crea que está de viaje con Clary.
- ¿Entonces qué hacemos? ¿Quedarnos parados de brazos cruzados sin hacer nada? - exclamó ella.
- No lo sé ¿bien? No puedo pensar, ¡tú no lo viste! No parecía el Jace que conozco.
Izzy vio como el semblante de su hermano se tornaba decaído, se sentó a su lado y rodeó el hombro de éste con su brazo, reposó su cabeza contra su hombro.
- Ya encontraremos una solución. - dijo ella. Intentando creer sus propias palabras, pero era casi imposible. Si lo que su hermano decía era verdad, y ya no se encontraba nada del Jace que ellos conocían, tal vez nunca volvería a casa.
- ¿Estarás bien? - le preguntó Simon a Clary, estaban estacionados frente al edificio de ella, Clary ya había parado de llorar, pero su expresión de tristeza no la había abandonado.
Clary asintió, abrió la puerta del copiloto y antes de irse le dirigió hacia el castaño.
- Gracias por todo Simon. - murmuró, le mostró una débil sonrisa. - Hablamos luego.
El chico miró como su mejor amiga se iba, se sentía impotente, no sabía qué hacer, no podía ayudarla con Jace, ya parecía un caso perdido, pero quería ayudarla a sobrellevar al dolor, después de todo, no era el fin del mundo ¿o no? Tenían a penas dieciséis años, aún hay mucha vida por delante.
- ¡Clary! - le llamó. La chica se volvió hacia él. - ¿Quieres ir a comer algo?
- ¿A esta hora? - dijo ella, fijándose en su reloj de pulsera. - Son las tres un cuarenta de la madrugada Simon, además mira como ando vestida.
- Hay un Burger King que abre las 24 horas. - insistió él, se inclinó para volver a abrir la puerta del copiloto. - Ven, vamos.
Clary suspiró, sabía que si entraba a casa, estando sola en su habitación, volvería a llorar hasta el amanecer. Si debía estar despierta toda la noche, prefería hacerlo en compañía y ahogando sus penas en hamburguesas y papas fritas.
- ¿No podías invitarme una ensalada? - preguntó ella, entrando de nuevo a la Van. - Eso no le va bien a mi dieta.
Simon rió.
- Clary te conozco, tú no haces dieta.
Habían transcurrido dos días desde que fueron al apartamento de Jonathan, nadie ha sabido nada de Jace en las horas pasadas, Magnus estaba investigando y haciendo todo lo posible por encontrarle el rastro a Stephen Herondale, Alec e Isabelle mantenía calmada a su madre, Simon entretenía a Clary para que así ella pensara en Jace lo menos posible, todo parecía haberse calmado un poco, sólo un poco.
- Bien, creo que es todo por ahora. - dijo Sebastian, secando el sudor de su frente con una toalla, Jace se encontraba frente suyo, respirando agitadamente, igual de brillante por el sudor, habían estado practicando sus movimientos de pelea, esa noche tendrían un nuevo espectáculo en uno de los almacenes de Jonathan. - Estás bien, no podrán contigo.
- Siempre me he preguntado. - dijo Jace, tomó la botella de agua que el otro le ofrecía y le dio un sorbo. - ¿Por qué no peleas? Eres mucho mejor que yo.
- Ah no...yo no hago eso, no me verían con la misma cara, debo emitir respeto ante todos como un hombre de negocios, nunca me tomarían en cuenta si soy una peleador cualquiera. - negó Sebastian, dejándose caer en el sofá.
- Dices hombre de negocios, pero si lo que haces es vender droga. - objetó Jace, de pie ante él.
Sebastian rió.
- Jace, Jace, Jace... la vender droga es el negocio más prometedor que ha existido. - declaró él. Sacó una caja de cigarrillos de su bolsillo y encendió uno, la alzó hacia le rubio, pero éste se negó, la volvió a guardar mientras le daba una calada al suyo, expulsó todo el humo por la nariz. - Hoy en día hacemos mucho más dinero que cualquier otra empresa legal en esta ciudad, amigo la droga mueve al mundo.
- ¿Alguna vez has pensando en hacer otra cosa?
- ¿Otra cosa? ¿Por qué llegaría a pensar eso?
- Por si llega a estropearse todo esto.
- Tengo los shows , y tengo mucho dinero guardado para poder vivir bien unos cinco años más o menos. - dijo él. - Además siempre oculto un As bajo la manga.
Jace simplemente asintió.
- Sobre tu padre. - soltó Jonathan, Jace lo miró, expectante. - Aún no tenemos nada, pero mis chicos están buscando, tengo a todo mundo a la caza.
El rostro del rubio decayó, y Jonathan lo notó.
- No te apures en sacar conclusiones. - dijo éste. - Siempre cumplo mis promesas, y tendré a tu padre antes de que lo puedas imaginar.
Nota de la autora: mil gracias por sus comentarios, cada vez que veo uno nuevo en mi bandeja de entrada me anima mucho más a seguir y seguir, espero que les haya gustado este capítulo, intentaré sacar el próximo igual de rápido, un saludo, nos leemos luego.
