Gracias a la imaginación de Charlaine Harris que nos ha regalado estos personajes con los que jugar. Todos suyos.


25.

Sookie salió de la habitación dejándonos a Freyda y a mí con la boca abierta. Me gustaba mi nueva Sookie, para qué mentir, me gustaba lo fuerte y poderosa que se veía, lo segura de sí misma y de mí que estaba. Por fin, debería añadir, nos había costado más de una década llegar hasta ahí. Por fin se daba cuenta de lo que la amaba y de lo que ella me amaba a mí, más valía tarde que nunca... Me volví a mirar a mi esposa que me devolvía una mirada de odio que nunca imaginé que sus ojos me pudiesen dedicar. Bien, eso lo hacía más fácil.

_ ¿Hay algo que me quieras contar, Freyda?

_ ¿Qué voy a matar a esa puta, por ejemplo? – había tanto odio en cada palabra que solté una carcajada.

_ No, algo que sea realista con tu situación, ¿qué tal confesar? La confesión es buena para el alma, incluso para algo que, como tú, nunca la tuvo...

_ Nunca la tendrás.

_ Ya la tengo – me encogí de hombros con una sonrisa-, y te diré que es algo que tú nunca fuiste, la mujer que quiero.

_ Acabaré con los dos – en otras circunstancias, habría tomado en consideración su amenaza, ahora sólo me daba risa-. Nunca seréis felices.

_ ¿Por qué no avanzamos un poco con esto? – dije con fastidio-. No se trata de nosotros, ya no, se trata de todo lo que has estado haciendo a mis espaldas y a las de los nuestros, de todo lo que has hecho a una princesa de otra especie con la que estamos en paz, de todo eso de lo que las autoridades no saben... – su cara se crispó- Sí, querida, estoy al corriente.

Se quedó mirándome unos minutos en silencio obstinado. No me preocupaba, tenía toda la noche, prefería estar dentro de Sookie que en una habitación con mi futura ex esposa, pero bien merecería la molestia si a las claras del día me había librado definitivamente de ella. No sé cuánto tiempo permanecimos mirándonos sin hablar, hasta que Claude entró en la sala y venía con cara de pocos amigos, y no parecía el stripper haciéndose el príncipe, sino éste muy cabreado.

_ Déjame con ella, Northman.

_ No – se giró y me miró con una frialdad que me sorprendió.

_ ¿No?

_ Estamos juntos en esto, Crane. No quieres librarte de ella más que yo, pero lo vamos a hacer de otra manera.

_ Por supuesto que lo vamos a hacer de otra manera, Cataliades ya está aquí tomando medidas – miró a Freyda con odio-, te vas a cagar, guapa. No vas a saber por donde te vienen. ¿Creías que podías hacer lo que quisieras con total impunidad? Has topado con la gente equivocada... No sabes lo que es un hada cabreado ni una mujer despechada – me miró de reojo y una sonrisa cruel se dibujó en sus labios-. Un marido que no te quiere, sí.

_ ¿Cómo te atreves, hada?

_ Para ti, alteza, a ver si empiezas a darte cuenta de con quién te has metido. Has secuestrado a una Brigant – la expresión de Freyda pareció confusa-. Ah, ¿no te lo dijeron ni Kendryck ni Pardloe ni ninguno de los otros? Pues sí, Sookie es mi prima.

_ ¿Te estás follando a una puta hada? – me gritó- ¿Me dejas por su sangre?

_ ¿Otra vez con esto? – dije con fastidio-. Es mi mujer, Freyda, lo entiendas o no, lo aceptes o no, lo es, es la mujer que quiero, y no, no te dejo por ella ni por su sangre, no te dejo, nunca fui tuyo – iba a hablar y la callé-. No, no tengo ganas de oír que eres mi esposa, estás a punto de dejar de serlo.

_ Eso nunca, ¿me oyes? – cada vez estaba más desatada.

_ Bueno, eso ya lo juzgarán otros – intervino Crane-. Por lo pronto, tienes que responder ante mí y ante tus autoridades por haber puesto en peligro los pactos entre nuestras especies. ¿Se te olvida quiénes tienen la patente de la sangre sintética? ¿Quién crees que ganará si pido tu cabeza?

_ ¿Qué quieres, hada?

_ No quiero nada, no creas que cuando dije que quería quedarme contigo a solas era para nada malo, sólo quería informarte que en unas horas vuestras autoridades van a venir y van a tomar cartas en el asunto, has intentado joderme, has alimentado una sublevación contra mí – abrió los ojos muchísimo, tanto que me extraño y pensé que no tenía conocimiento de lo que escuchaba-. No te hagas la inocente conmigo, personas de tu entorno y tu círculo más íntimo están involucradas. Es imposible que algo así se te escapara.

Pam entró en la habitación y le dirigió una sonrisa de desprecio y triunfo a Freyda. A su lado Bill, la miraba con igual odio, quizá porque sentía que Sookie estuvo en otra vida con él. Apreté la mandíbula porque eso era algo que aún me picaba y me costaba asimilar. Compton seguía vivo porque, en su momento, a ella no le hubiese gustado que me lo cargara y ahora era uno de mis ayudantes más valiosos.

_ El Consejo está aquí, señor – dijo Pam con voz alta y casi alegre para lo que ella acostumbraba.

Me levanté con una sonrisa, justo a tiempo. Claude me miró extrañado, era el movimiento con el que él estaba amenazando a Freyda, pero ya estaba hecho. Llevábamos unas noches muy ocupadas organizando nuestro jaque mate a la reina.

_ ¿Qué has hecho, Eric...? – murmuró sabiéndose ya derrotada.

_ Se acabó Freyda, te he intentado dar una salida digna, si te hubieses explicado, si me hubieses dado una razón que me valiese, hubiese hecho lo que estuviera en mi mano para suavizar tu pena porque, pese a que nunca te quise y sabía lo que eras, me fuiste útil y nunca fuiste mucha molestia. Ahora ya es tarde, fue tarde en el momento en que pusiste tus ojos sobre mi mujer. Ahora, lo que dice Crane sólo es un cargo más que sumar en tu contra.

Salí de la sala, no convenía hacer esperar a mis invitados, con Pam pisándome los talones mientras que Bill se quedaba con Crane para disponer de Freyda y presentarla a la autoridad. Me giré para mirar a Pam antes de entrar en la sala de reuniones y ella asintió y siguió su camino. Abrí las puertas y entré.

_ ¡Por fin, Vikingo! – atronó la voz de la Antigua Pitonisa.

_ Señora – me incliné ante ella.

_ ¿Dónde están los demás?

_ De camino.

A mi lado se posicionó Cataliades. No sabía qué pensar de él ahora que recordaba todo lo que llegué a suplicarle, gritarle y amenazarle cuando Sookie desapareció después de mi boda. Pero ese no era el momento.

_ Nos has convocado con cargos muy graves – me miró con sus ojos ciegos y me taladró-, espero que tengas pruebas para todos ellos...

_ Los tengo, señora, y no son los únicos. Claude Crane también tiene acusaciones que hacer.

_ Ese hada... – murmuró por lo bajo con una ligera mueca en su boca más que una sonrisa-. Llegará lejos.

La puerta se abrió y Bill y Claude entraron con Freyda esposada. Miró alrededor y se encogió un poco pero se recuperó y avanzó con paso altivo. A los pocos minutos, lo hizo Sookie, que entró acompañada de Pam y se colocaron detrás mía. Sookie se acercó al señor Cataliades y besó su mejilla después de abrazarle.

_ Querida – susurró con afecto-, ¿cómo estás?

_ Muy bien, Desmond – respondió con el mismo cariño-. Tenemos mucho que contarnos...

_ En cuanto terminemos con este enojoso asunto...

_ Ah, ¿cómo no? – les interrumpió la atronadora voz de la Antigua Pitonisa-, la señorita Stackhouse. Olvidaba que Northman es un hombre de ideas fijas y costumbres... – todos se volvieron a mirarme extrañados por sus palabras y ella sonrió con su cara arrugada- Sí, lo olvidaba también..., pero la magia no siempre funciona, ¿verdad, Vikingo? - giró su rostro hacia Cataliades-. Acabemos con esto.

_ Señora – hizo una pequeña reverencia con la cabeza.

_ Hay cargos muy serios contra la reina de Oklahoma, así que vamos a limitarnos a los que nos afecta, de los otros quizá debieran encargarse las autoridades humanas. Se le acusa de conspirar para derrocar a un gobernante de otra especie, las hadas, con quienes tenemos acuerdos de paz, y de secuestrar a un miembro de una de sus más ilustres familias, prima del nuevo príncipe. Por otro lado, ese hada secuestrada tiene un vínculo de sangre con Northman – un murmurllo recorrió la sala-. Por si no fuese suficiente hay cargos de corrupción, sentencias injustas de muertes definitivas, conspiraciones contra otros reyes... – hizo una pequeña pausa- Has estado muy ocupada en tu tiempo libre, Freyda, el tiempo que tu humano te ha dejado libre... ¿Tienes algo que decir?

_ No es cierto nada de lo que se me acusa...

_ Ya, sí, vale, eres inocente – se rió-. Una pena que te hayas enfrentado a gente lo suficientemente diligente para recabar pruebas. Esto es un puro trámite, ya sabes lo cómo termina todo...

_ No... – murmuró.

_ En la solicitud de divorcio de los reyes de Oklahoma, fallo a favor del rey. Ya tienes tu divorcio, Northman, ya puedes estar con tu mujer. En el cargo de conspiración fallo a favor del príncipe Claude Crane. En el cargo de corrupción, muertes y demás abusos de poder, has sido hallada culpable – se levantó y con gesto enfadado se volvió hacia donde estábamos-. No me necesitabais para esto, pero veo lo que quieres Northman – sonrió-, cuidado con lo que deseas. ¿No has aprendido esa lección de la señorita Stackhouse?

Uno de los representantes del Consejo se acercó a ella y le dijo algo que ni siquiera yo fui capaz de oír. Ella asintió de espaldas a nosotros y se dirigió a la puerta. Freyda fue rodeada y sacada de la sala a rastras. Esperaba un poco más de dignidad de ella, la verdad, era una reina, pero de todos de los que ahora ocupaban ese puesto, prácticamente ninguno nació o fue criado para ello. El hombre que había estado hablando con la Antigua Pitonisa se acercó a mí.

_ La Antigua Pitonisa les espera a usted y a la señorita Stackhouse en la biblioteca.

Sookie me miró extrañada, pero yo le sonreí y le tendí la mano para cogérsela, ya no teníamos que escondernos y que sólo mi personal supiera de nosotros. Salimos de la habitación y nos dirigimos hacia la biblioteca. Sabía que no era cuestión de hacer esperar a la Pitonisa pero arrinconé a Sookie contra la pared y la besé. No podía pasar ni un segundo más sin que alguna parte de mí estuviese dentro de ella. Era como si sintiese la necesidad de recuperar todo el tiempo perdido en esos años que se nos habían escapado. Durante unos minutos me perdí en la sensación que nuestras lenguas y mis manos en su pelo me proporcionaban. Apoyé la frente en la suya y me mordí el labio inferior saboreándola.

_ Vamos, no hagamos esperar más a la Pitonisa – murmuré a escasos milímetros de su boca de mala gana porque sus manos ya se iban para mi bragueta y yo me moría porque lo hicieran.

Nos pusimos en marcha otra vez, abrazados por la cintura, llegamos a la puerta y me paré para ajustarme el pantalón y mi erección. No era que me importara estar continuamente empalmado alrededor de Sookie, pero iba a incapacitarme un poco para realizar mi trabajo si sólo podía pensar en eso.

_ Vaya, ya era hora – se quejó-. Los enamorados sois un asco...

_ Pitonisa – me incliné con una sonrisa.

_ Sí, sí..., tú ríete, pero ya tendrás tiempo luego para tu princesa. No me gusta esperar.

_ Perdónenos – murmuró Sookie ruborizándose.

_ Tranquila, rubia – levantó la ceja con media sonrisa-. Tengo que decirte que me impresionó tu uso de tu regalo. Sabía que lo usarías bien pero no cómo lo harías. La magia creada por y con amor es poderosa, pocos nos escapamos a ella – Sookie abrió los ojos sorprendida por la revelación.

_ ¿Por qué el hechizo no funcionó con usted? – la pudo la curiosidad.

_ Porque hasta yo conocí un amor así... – sus facciones se suavizaron.

_ Pitonisa... – comenzó a decir Sookie pero la cortó con un gesto seco y se dirigió a mí.

_ ¿Y ahora, qué, Northman? Has recuperado tus recuerdos y a tu mujer, te has deshecho de la legítima muy astutamente, eres rico y poderoso. ¿Qué quieres? ¿Quieres el reino?

_ No haber sido ambicioso me llevó al callejón sin salida al que me abocó Ocella. Pero lo que quiero es la garantía de que nunca más se volverá a producir una situación semejante.

_ ¿Qué quieres? – volvió a preguntar:

_ Quiero un edicto que nos mantenga al margen de todas las políticas y todos los tejemanejes. No quiero que seamos un objetivo nunca más.

_ Serías un buen rey, eres de los pocos que lo serían. Te criaron para eso.

_ Me criaron para luchar, no para regir nada, fui un heredero circunstancial, mis hermanos murieron.

_ Aún así.

_ No quiero ser rey, no me quiero mover de aquí, no quiero tener que ocuparme de otra cosa que no sean mis negocios y mi mujer, quiero vivir en paz con mi gente. Quiero que nunca más se nos imponga nada.

La Pitonisa se levantó y sonrió acercándose a mí.

_ Tenía que intentarlo. Siempre has sido una de mis debilidades, vikingo, lo sabes. Disfruta de tu hada.

Salió de la biblioteca y nos miramos. Sookie parecía confundida.

_ ¿Nos ha dado su bendición? – preguntó.

_ Eso parece.

_ ¿Así de fácil? – arrugó el gesto sin creérselo.

_ Sí, es raro...

_ ¿No tiene truco? – me encogí de hombros sonriendo-. Pues entonces ven aquí.

Me atrajo hacia ella tirando de mi camisa y sus labios se fueron a los míos. Sus manos planearon rápidamente por mi cuerpo en dirección a mi bragueta.

_ ¿Por dónde íbamos?