Amores ahora sí esto se termina, este pequeño epílogo es sólo para saber como les ha ido en este tiempo
Espero que les guste

Epílogo

Me despierto con una sensación extraña. Quisiera decir que me siento una adulta, que me siento más independiente, y segura. Pero la verdad es que sólo tengo una mezcla de anhelo y miedo.
Las maletas listas me miran desde el otro lado de la habitación, el sonido del segundo golpe en la puerta me avisa que llevo 10 minutos de retraso, pero nada me ayuda a dejar de lado la idea de que mis mañanas nunca volverán a ser como ésta.
Escucho a mamá reír, a papá llamar a Ian, a Ruffus el perro de mi hermano, arañando la puerta... Todo esos sonidos que me dicen que estoy en mi hogar, y que no había notado hasta hace un par de semanas.
El móvil sonó a las 6, con un mensaje de April que por lo visto aún no se acostaba y estaba ansiosa por mi llegada. Le contesté y me quedé un par de minutos despierta, sopesando la idea de levantarme y hacer las cosas sin prisas. Oí a papá preparando el café para despertar a mamá, pero ganó el saber que es mi última mañana en mi cama, así que me di vuelta y me volví a dormir, segura de que él me llamaría luego.
A las 8 lo escuché golpear mi puerta mientras la ducha corría en su cuarto. A las 8:10 el segundo llamado y la voz de mamá. O me levanto ya o Ian será el próximo y él nunca se contenta con golpear la puerta. La última vez entró sin despertarme y se robó todos mis sujetadores, para usarlos de paracaídas con sus soldados. Así que cuando bajé a la cocina vi a través de la ventana del salón, una lluvia de muñecos atados a mi ropa cayendo en el frente de la casa.
Está en esa edad en donde aún es chico para algunas cosas, pero es suficientemente grande para entender otras, y sabe perfectamente que nunca debió hacer eso. Mamá siempre me repite, los hermanos llegan a tu vida para ser tu mejor amigo y tu peor pesadilla al mismo tiempo, lo segundo lo tengo claro, lo primero aún lo estoy esperando.

Aparto las cobijas en un gesto de rebeldía contra mi propia pereza y me siento. Dedico una sonrisa a la foto de mi madre que siempre está en la mesita, y ya no la veo igual a Elena, mi madre era su gemela pero mamá es simplemente mamá.
Ella sabe con sólo una mirada lo que me pasa, ella tiene el poder de tranquilizarme con una caricia, de decir las palabras exactas siempre. Cuando me pongo de pie veo la foto de los cuatro el día que nació mi hermano. Yo estoy en brazos de papá y mamá sostiene a Ian, allí fue cuando me permitió decirle mamá. Le dije que no era justo que él pudiera decirle así y yo no. Y que el decirle de esa forma jamás significaría que olvidé a mi madre. Creo que eso es una mentira piadosa, nadie puede olvidar a quien no recuerda. Tengo fotos y un par de vídeos. Pero no puedo asociarlos con ningún momento de mi vida. Sí pienso en mis cumpleaños veo a Elena entrando el pastel. Sí pienso en mi primer día de colegio es Elena quién toma la foto, sí recuerdo cuando me operaron las amígdalas es ella quién sostiene mi mano y sí pienso en mi primera cita fue mamá quién me ayudó en todo. Aunque fue papá el que me esperó en la puerta para mirar con cara de psicópata al pobre chico que trajo a su niña 5 minutos tarde.

Todo eso ya no pasará, me voy a estudiar al otro lado del océano... Y voy a extrañarlos más que respirar. Jamás lo diría en voz alta pero es así. Me doy una ducha de 5 minutos y me paro un instante frente al espejo, siempre vi el rostro de mamá y los ojos de papá, ahora por lo menos veo mi propio pelo, porque me lo he puesto rubio. Sonrío recordando el revuelo que se armó, y como Ian decía a todos que era la primera fase de mi transformación en pollito.
Bajo a desayunar con mi hermano porque mis padres ya han terminado. Mamá no quiere que note que está emocionada, papá está bajando las maletas y acomodando todo para llevarme al aeropuerto.
Ian se contenta con comerse mi parte de las galletas con chispas de chocolate que hizo papá.

-Damon- la voz de mamá llega del salón y veo a mi padre pasar veloz hacia allá. Mamá está triste, pero no le gusta estar triste, lo que la pone de mal humor y sí eso no se frena a tiempo... Bueno todos sabemos lo que es el carácter de una chica Gilbert.
Los escucho hablar aunque intentan hacerlo bajito.
-¿Confirmaste con Kol que la vaya a recoger?
-Sí amor.
-¿Estás seguro de que ellos se encargarán de lo del alojamiento?
-Sí. Arreglaron todo cuando inscribieron a April.
-¿Y el apartamento será suficiente para ambas? ¿Y será seguro?
-Amor cálmate, sabes todo lo que pasaron para adoptar a April, sí existe alguien más sobreprotectora que tú es Beth.

Cerré los ojos y cerré los oídos. Mala elección de palabras papá, eso no terminará bien.
Para cuando llegó la hora de partir no se hablaban, no es que yo no sepa que en un rato estarán haciendo cosas que tal vez ya no deberían hacer a su edad, pero en este momento no había nada que borrara aquella palabra.

El auto nos llevaba por las calles de Londres, unas distintas a las de mi niñez, porque cuando Elena se vino a vivir con nosotros nos mudamos. No es que recuerde mucho, tenía apenas tres años, pero siendo papá como es tengo mil fotos y videos para recordar la casa en la que dí mis primeros pasos.
Hoy entiendo que las razones de mudarnos fueron varias, no sólo el tener que explicar que no era Katherine quien había regresado de la tumba, ni el tener que soportar miradas de reprobación, ni el que me escucharan decirle tía a la mujer que vivía con mi padre. A todo eso se sumaba que esa, había sido la casa que papá y mi madre eligieron para vivir, y esa vida ya no era posible. La única manera de que saliéramos todos adelante era empezar de cero.
Cuando comencé en el nuevo colegio presenté a mamá como Elena y nunca volví a llamarla tía, ella no dijo nada, pero estoy segura de que se dio cuenta, porque aunque yo tenía sólo cinco años, no me gustaba dar explicaciones de porqué mi papá se casó con mi tía. También recuerdo que cuando pasó me llevaron a terapia, siempre se han preocupado por mí demasiado, pero se los agradezco.
Ya tenía ocho años cuando nació Ian, y la verdad es que estaba celosa, llevaba tres años viendo a mis compañeros de colegio decirle mamá a sus madres y yo tenía que decirle Elena a la mía. Y ahora mi hermano también le diría mamá…Fue un berrinche monumental.

-Conozco esa sonrisa Rebekah Salvatore.
Me reí antes de contestar.
-Sólo estoy recordando travesuras papá.
Me miró por el retrovisor, en sus ojos tenía esa luz, esa chispa que también tienen los de Ian. Es algo difícil de explicar, pero siempre brilla más fuerte cuando mira a mamá.
Ellos nunca me contaron toda su historia de amor, creo que sólo las partes bonitas, pero ya soy lo suficientemente grande para llenar los espacios en blanco. Sé que fue duro, ahora soy capaz de leer las miradas de mis abuelos en las fiestas, y sé que mis padres deben de haber pasado por mucho, para llegar hasta este auto el día de hoy.
He visto las fotos del casamiento de papá con Kath y sé que se amaban, pero también vi como lo miraba mamá… Hay mucho que nunca me van a contar pero nada que no se vea cuando se miran.

Para cuando terminaron las despedidas y crucé las puertas a la sala de embarques me gire a verlos. Una nueva etapa comenzaba para mí, tendría aventuras, saldría al mundo, y tal vez encontraría el amor.
Y una nueva etapa comenzaba para ellos, las dos personas que más me aman en el mundo. Extrañarían a su hija pero por primera vez vivirían sin la sombra de mi madre entre ellos. Elena no fue el primer amor de papá, pero estoy segura de que es el último.
Damon no sólo fue el primer amor de mamá, es el único.


Gracias por leer y por todos los comentarios.
Hasta pronto