CAPÍTULO 25: RECONCILIACIÓN
Stella, Matt y L llegaron a casa junto a Watari.
El silencio aún se mantenía, roto tan solo por el fuerte portazo que dio L al entrar en su dormitorio. Matt miró a Stella, que tenía un gesto apenado pues no podía creerse el comportamiento que había adoptado el detective. L entró en la habitación de malhumor. Se sentó en la cama respirando fuerte. Él sabía que se había comportado como un niño pequeño y que había tratado a todos injustamente. A todos, menos a Matt.
Sobretodo no podía quitarse de la cabeza, la discusión que había tenido con Stella. No le hacía gracia estar enfadado con ella, y menos aún quería irse a dormir sin haberse dirigido la palabra.
El chico tomó la decisión de arreglar las cosas con ella antes de acostarse, ya que se arrepentía de haberle gritado. El detective salió de la habitación y fue directo a la cocina, donde se encontraba la pelirroja. L pudo escuchar la conversación que mantenía con Matt antes de entrar en la estancia.
-Es que no me puedo creer que se haya comportado así. ¿Has visto cómo ha gritado a Leyre y a Light?- dijo Stella consternada- A mí nunca me había hablado de ese modo- aseguró apenada. L en vez de entrar en la cocina, se había quedado de espaldas a la pared escuchando lo que decía. Con un suspiro. Sintiéndose culpable.
-Nunca te había hablado así porque no había tenido la oportunidad. Está visto que no te quiere. Yo nunca te hablaría así- dijo Matt abrazando a la joven, sabiendo que L lo estaba presenciando.
El detective apretó los dientes con fuerza y se volvió a la habitación dando zancadas. Ya no tenía ganas de pedir perdón a su subordinada, por lo que se fue directo a la cama, odiando profundamente a Matt.
Al día siguiente, Stella y L seguían sin hablarse. Ninguno pensaba ceder, y Matt disfrutaba de esa tensión. La cosa empeoró cuando estaban en el cuartel, y L le hacía el vacío a todos, menos a Watari, ya que le proporcionaba los pastelitos y el café. En un momento concreto, Leyre y Light decidieron ir a la sala de informes a trabajar, ya que no aguantaban más la tensión en el ambiente, dejando así a Stella y L en la sala de cámaras.
El silencio era completo. Entre L y Stella se podía palpar la tensión, ya que ni siquiera se miraban. La policía no hacía más que recordar cómo su novio la había gritado, y el detective por su parte, solo veía la imagen de Matt abrazando a su subordinada, y eso hacía que le hirviese la sangre.
Entonces, Stella se dio cuenta de que necesitaba hablarle para saber si había terminado con la parte que le habían asignado del caso. La chica suspiró profundamente, pensando en si debería hablarle o no. Cogió aire y comenzó a hablar.
-¿Has terminado ya de revisar el informe del forense?- preguntó seca y seria, como si le hablase a un desconocido. L la miró de reojo, con sequedad.
-Estoy en ello- contestó continuando con lo que hacía. Stella bufó por la borde contestación del joven.
-¿Piensas estar así mucho tiempo?- preguntó ella de la misma manera.
-¿Piensas abrazar mucho a Matt?- respondió el chico con otra pregunta, dejando a Stella atónita.
-¿Pero qué dices?- contestó la pelirroja a la defensiva.
-Solo es curiosidad. Quiero saber si cada vez que nos peleemos, vas a refugiarte en sus brazos- dijo L con retintín.
-¿Qué estás insinuando? Matt no tiene la culpa de que seas un idiota- aseguró Stella mirándole decepcionada.
-De lo que Matt no tiene la culpa, es de que tú te comportes como una guarra- escupió el detective con odio, sin medir sus palabras.
Stella le miró entre dolida y enfadada, sin dar crédito a las palabras de su novio. Por esa razón, la chica le dio una fuerte bofetada en la mejilla, haciendo que el joven girase la cara.
Se quedaron en silencio durante un segundo, entonces Stella aprovechó para darse la vuelta y marcharse. Pero L, la tomó del brazo y con un fuerte tirón, la acercó hasta él, besándola con rabia, uniendo sus labios con los de su subordinada en una danza de furia contenida. Sus latidos se aceleraban y el pulso de ambos se disparaba sin control. Se separaron por falta de oxígeno, conectando sus miradas que en ese momento echaban chispas aunque la pasión que reflejaban era más que evidente. Podían discutir, podían pelearse e incluso decirse las mayores barbaridades, pero no podían vivir el uno sin el otro.
-Te odio – dijo Stella en un susurro muy cerca de los labios de L, tratando de calmar su respiración fuertemente agitada.
-Yo también. En estos momentos te odio más que a nada– contestó volviendo a atrapar con fiereza los labios de su pelirroja subordinada, mordiéndolos leve pero rabiosamente. Se besaban con más fervor y pasión, que unos instantes atrás, como si les fuera la vida en ello. En otras palabras, se estaban devorando a besos.
Se separaron nuevamente, las manos de L acariciaban el cuerpo de Stella, subiendo de su cintura a sus pechos, masajeándolos, dejándole claro que era suya y que ni Matt ni nadie tenía derecho a abrazarla. Nadie más que él. Stella echó la cabeza hacia atrás, para darle acceso a su cuello. El detective no pasó inadvertido ese gesto, y enseguida atacó el blanquecino cuello de su subordinada, devorándolo, dejando impresa la marca de sus labios sobre éste, junto a unos cuantos chupetones que en poco tiempo adquirirían un tono morado. Tras entretenerse un rato con el cuello de Stella, L capturó por tercera vez sus labios, aprisionando su boca como si de una prisión de altísima seguridad se tratase, mordiendo cual león a su presa, el labio inferior de Stella, que no tardó en ponerse rojo.
Stella sentía que moría y renacía, con cada de caricia de L. El detective por su parte, rodeaba con sus brazos la cintura de Stella, mientras con ambas manos, trataba de subirla a la mesa de control, desde donde manejaba todas las cámaras del cuartel. Abrió las piernas de la chic, y se situó entre ellas. Su lengua empezó a buscar la de Stella, logrando que ambos apéndices se enredasen entre sí. Sus manos fueron bajando de su cintura hasta los muslos, internándose en el interior de estos, proporcionándole caricias que hacían que las piernas de la policía temblasen. Stella le acariciaba el cabello, bajando hasta la nuca y concluyendo el recorrido en los hombros, tratando de alcanzar con su boca algo de la piel expuesta del detective.
Los besos de L se volvieron más hambrientos, como si tratasen de devorar los labios de la pelirroja. De esa manera, había logrado arrancar ya varios gemidos de los labios de la chica. Lentamente, L bajo hasta su cuello, besándola, acariciándola con el aire de cada exhalación suya, dejando a su paso varias marcas rojizas que pronto serían chupetones morados. Un escalofrío recorrió nuevamente sus cuerpos. Los brazos de Stella se enrollaban al cuello de L, incapaces de moverse, solo sintiendo, recibiendo las caricias que el chico le suministraba. Sus ojos permanecían cerrados, tratando de intensificar todo lo que el detective le hacía sentir. Y en esos momentos, lo que dominaba el cuerpo de la pelirroja, era un intensa sensación de placer.
Stella, sabiendo de las intenciones que L tenía, hizo que sus brazos abandonasen el cuello de su novio, permitiendo que el chico se sacase la camisa lentamente, de manera que al retirarla por completo, L colocó nuevamente las manos de Stella sobre su cuerpo, concretamente sobre su pecho definido. El tacto de sus manos con la piel del detective, la volvía loca, le ocasionaba un intenso escalofrío.
L por su parte, llevó sus manos a los botones de la camisa de Stella, y debido a la lujuria del momento, sin contar con ningún tipo de paciencia para desabrochar uno por uno, abrió la camisa de golpe, causando que los botones volasen libres por la habitación. Fue entonces cuando sin retirar la camisa de Stella, L desabrochó el sujetador de está, desatando el broche que estaba en la parte delantera. Los pechos de ella quedaron completamente descubiertos, cosa que no pasó desapercibida para el detective, ya que no tardo ni un segundo en apoderarse de uno de éstos con sus labios, acariciándolo con su lengua y mordiéndolo levemente, mientras que con la mano, masajeaba y apretaba el otro pecho. Stella enredó un brazo al cuello de L, y colocó su otra mano en la mesa, impulsando su cuello hacia atrás, para así darle al detective un mayor acceso para que se apoderase de su cuerpo. L abandonó el pecho de su subordinada para abrazarla por la cintura y acariciar el tronco y la espalda de la chica. Marcándola con las yemas de sus dedos. Si bien es cierto que tras ese momento de lujuria, Stella pensaría que era el detective era una bestia con cada marca que iría encontrando en su cuerpo, regalo de L, con cada una de esas señales, el detective dejaba claro que Stella era de su más privada propiedad, y que nadie, absolutamente nadie, salvo él, tenía derecho a tocarla.
Stella recorría libremente el pecho de su novio, delineando cada uno de los músculos con los que se topaban sus manos despojando. La chica enterró sus uñas en la espalda del moreno, cuando sintió como una de las manos del detective se colaba en su ropa interior y acariciaba esa zona más allá de la cara interna de sus muslos, proporcionando multitud de escalofríos en ella y arrancándole varios gemidos. Las manos de L subieron la falda de Stella a la altura de la cintura, y llegaron hasta el elástico de sus braguitas, las cuales retiró de su lugar en un abrir y cerrar de ojos, haciendo que se reuniesen con la camisa de él en el suelo, y pudiendo seguir con las anteriores caricias, sin la molesta prenda que solo las dificultaba, arrancando así, nuevos y audibles gemidos de la boca de la pelirroja. Stella, hacia lo propio con L, desabrochando el cinturón y el botón del pantalón del detective. L impidió que Stella bajase sus pantalones, y se acomodó mejor entre las piernas de ella, volviendo a juntar sus labios con un beso corto pero intenso, y nuevamente hacer el recorrido por su cuello, contemplando las marcas que comenzaban a adquirir un color violáceo, y bajando hasta esos pechos, que tanto le gustaban. El detective los besaba, los saboreaba, y le encantaba hacerlo porque simplemente para él, era uno de los mayores placeres. Pero no detuvo su recorrido en los pechos de ella nuevamente. Con sus labios fue bajando hasta el vientre plano de Stella pasando su lengua por este, y con intensos besos, volvió a subir para llegar nuevamente hasta la boca de ella, que besó con ansia y pasión, mordiendo el labio inferior de Stella, ya hinchado y a punto de explotar, como sin toda l sangre de su cuerpo, se hubiese concentrado en sus labios.
-Te deseo Stella– le dijo entre beso y beso- te deseo, y eres mía. Sólo mía– le recordó en un susurro leve que ella escuchó perfectamente a pesar de su acelerada respiración.
-Sí L. Soy tuya. Sola y exclusivamente tuya- le contestó la pelirroja con la voz ronca a causa de la pasión- Recuérdame otra vez que soy únicamente tuya, L. Cumple tu deseo- el detective escuchó la petición de su subordinada, y no tuvo más remedio, por el bien de ambos, que colocarse entre sus piernas, y dejar que la pelirroja se deshiciese de sus pantalones. Logrado esto, el detective unió su cuerpo al de Stella. Haciendo de sus caderas una sola, L se quedó quieto, dispuesto a prolongar el momento, y a dejar que Stella se acostumbrase a éste. Se quedaron unidos, sintiendo la piel ardiente del otro, sin entrar del todo en el interior de la chica. Necesitaba besarla una vez más, y notar su saliva mezclarse con la de él. -L, por favor...- gimió- te necesito- eso sonó a súplica más que a petición, y no necesitaba que se lo pidiera, lo llevaba deseando desde el primer momento en que ella entró a esa sala. Se movía solo un poco, lo justo para notar la humedad de la chica que le demostraba lo mucho que le deseaba. Con un empujón suave bastaría. Al principio, L se movía con suavidad. Stella sonreía y gemía. Con cada movimiento, él la besaba, la acariciaba, la mordía y se movía una y otra vez en su interior. -Ahhh... - gimió Stella arqueando su espalda y atrayendo el cuerpo del chico, hasta aplastar su pecho contra el de L. Stella notó cómo algo temblaba en su interior como nunca antes le había pasado. De pronto el calor fue incluso más abrasador y ese fuego los devoró completamente. L tembló en una sacudida descontrolada y se inclinó sobre ella para besarla con una repentina necesidad de sus labios.
Tanteó su cuerpo con sus dedos, acariciando los pliegues de la chica para darle más placer. Adoraba el sonido de sus gemidos en sus oídos, amaba como ponía los ojos en blanco cuando el placer era demasiado intenso para aguantarlo en calma, lo entusiasmaba notarla temblar bajo su cuerpo. Deslizó sus dedos una y otra vez, temblando con ella cada vez que lo hacía.
Dentro y fuera. Dentro y fuera. Aumentando el ritmo con cada embestida.
Cada vez que entraba, el calor los quemaba, y cuando salía, lo único que deseaba, era volver a su interior. Se movían con frenesí, jadeando y gimiendo cada vez que sus cuerpos se friccionaban. En el estómago de L se formó un nudo que se apretaba con cada embestida, y una sensación punzante y electrizante que lo recorría y lo quemaba todo. Ambos estaban muy excitados.
Una vez más, Una última embestida. Un último escalofrío que hizo que ambos alcanzasen el clímax y terminasen al mismo tiempo, quedando los dos satisfechos.
-Te quiero Stella- susurró el detective reuniendo la poca fuerza que le quedaba.
-Y yo a ti L- contestó ella notablemente cansada.
La pareja se dio un último beso, y ambos quedaron abrazados, el uno junto al otro en la mesa de esa sala de cámaras, que había sido testigo de su reconciliación.
Mientras en la sala de informes, Leyre se dedicaba a dar vueltas por la habitación, completamente aburrida, ya que revisar informes no era su pasión. Light por su parte, estaba sentado frente a una mesa, de espaldas a la chica. Muy concentrado en su trabajo.
-Me da pena que L esté enfadado con nosotros- dijo Leyre para sacar conversación- Y la que peor lo tiene que estar pasando, es Stella- pensó la chica apenada por su amiga.
-Es verdad... Pero seguro que ya lo están arreglando- contestó Light mientras escribía.
-¿Tú crees?- preguntó la pelirroja sorprendida por la tranquilidad de su novio.
-Claro, si están solos en la sala de cámaras. Seguro que ya lo han arreglado- contestó el castaño con seguridad.
-Entonces... ¿No están vigilando?- preguntó Leyre con picardía, cosa que Light no notó.
-No lo creo- respondió el castaño continuando con su trabajo. La chica se acercó a él a paso lento, situando sus manos sobre los hombros del chico.
-¿Estás seguro?- le susurró la chica al oído.
-Casi seguro- contestó Light absorto en su trabajo.
La joven comenzó a acariciar la nuca del chico, subiendo hasta sus cabellos, dejándole claras sus intenciones. Por si no quedó claro, la pelirroja se inclinó, acercándose al castaño, posando sus labios sobre el cuello de éste, provocándole un escalofrío.
Light ya no estaba concentrado en esos informes, ya no pensaba en el caso que estaba tratando de resolver, su mente estaba ya muy lejos de esos papeles.
Ese beso hizo que el joven se separase de la mesa, lo suficiente para que Leyre se sentase sobre las piernas del policía, quedando frente a él, mientras acariciaba de forma insinuante los hombros y el pecho de Light.
Sin más lo besó, llevó sus manos hacía su camisa y se la abrió, percatándose de que él mismo terminaba de desabrocharla sin dejar de besarla. Consiguió que ni un solo botón estuviese cerrado, dejando totalmente al descubierto el torso de Light. Leyre no pensaba desaprovechar ese momento y paseó sus manos sobre el duro pecho del joven, mientras él se pegó más a ella y profundizó el beso.
Light llevó sus manos hasta la cintura de la joven y se juntó más a ella, envolviéndola en sus brazos.
Las manos de éste tardaron poco en refugiarse bajo su camisa, Leyre llevó las suyas hasta su corbata y se deshizo del nudo, seguidamente volvieron a besarse mientras que el policía recorría la espalda de la joven y la obligaba a acercarse a él, causando varios suspiros en la pelirroja, que tras quitarle la corbata atacó su cuello sin piedad, con los leves mordiscos que Light tanto adoraba.
Ella misma comenzó a bajar la camisa de Light desde sus hombros hacía abajo.
Ya poco importaba si el joven estaba en lo cierto y L no les vigilaba.
Ninguno de ellos pensaba en esa posibilidad, solo se centraban el uno en el otro, olvidándose por completo del mundo que les rodeaba.
Se separaron un poco para mirarse a los ojos, y mientras ella conseguía quitarle la camisa reposó su frente sobre la de él.
-¿Quieres seguir?- susurró Light con la respiración entrecortada, sabiendo que en cualquier momento alguien podría entrar en esa sala.
Como única respuesta, Leyre llevó sus manos hacía el pantalón del joven y mientras lo desabrochaba, besó sus labios y comenzó a meter su mano en ellos. Light mordió el labio inferior de la chica y jadeó. Leyre disfrutaba con cada suspiro del castaño, cada vez que éste cerraba los ojos con impotencia.
Por supuesto Light no iba a quedarse atrás, y si ella estaba tan convencida él no la rebatiría. Desabrochó la camisa de botones de la joven y se la quitó con rapidez, dejándola solo con el sujetador. Recorrió con sus manos el cuerpo de la chica, deteniéndose en sus pechos, besando los labios y el cuello de la joven, que seguía sacando más que suspiros al policía.
Light ya no lo soportaba más, la piel le ardía, la respiración de Leyre chocaba contra su piel provocando que ésta se erizase, el cuerpo de ella se movía lentamente sobre el suyo, y como si todo ello no fuese suficiente la chica se dedicaba a acercarse al oído de Light con el fin de soltar pequeños gemidos para después volverse a alejar y volver de nuevo a su oído.
Las cosas no podían seguir así mucho tiempo, así que el joven cogió a Leyre y la levantó lo suficiente para dejarla sobre la mesa. Light, sin tumbarse sobre ella, desabrochó los pantalones de la chica y se situó, ahora sí, sobre la mesa, quedando encima de la joven.
Cuando sintió que quedaba completamente tumbada en ésta, susurró contra sus labios.
-La puerta…- la voz de Light era algo ronca. Leyre tenía sus manos en la espalda del chico, invitándole a ponerse cómodo.
-Cerrada- aseguró ella, ya que se había encargado de cerrarla minutos atrás.
Sin más Leyre besó los labios de él de nuevo y comenzó a repasar su cuerpo con sus manos. En menos tiempo del que creyó posible, se encontró con que Light había conseguido desabrochar su sujetador y lo estaba retirando con sumo cuidado.
Antes de poder preguntar qué pasaba, éste volvió a besarla, no tardó en acariciar su pecho y amoldarlo a su mano con suma delicadeza y cuidado, ella devoró su boca a la vez que comenzaba a deshacerse por completo del pantalón de él.
La voracidad con la que la joven le besaba le llevó a responder de igual forma. Llevó sus besos desde la comisura de los labios de Leyre hasta su cuello, continuando con el recorrido hasta llegar a sus pechos.
Allí se detuvo largo rato, besándolos y mordiéndolos mientras escuchaba los jadeos de su prometida.
Siguió bajando hasta el vientre de la chica, lo que hacía que ella gimiera más. Disfrutaba viéndola así, suplicante, pidiéndole más contacto.
Light subió de nuevo hasta los labios de la chica, besándola mientras bajaba una de sus manos por el vientre de la chica, colándose en la ropa interior de ella, provocando que tuviese que cortar el beso y que el cuerpo de la joven se tensara.
Ella intentó retirar la ultima prenda de Light y apaciguar de una vez su deseo.
Pero él se lo impedía.
Light se estaba vengando de los juegos de la chica, y además, disfrutaba con ello.
La chica frunció el ceño mientras intentaba apaciguar su respiración, y esto provocó que Light se riese levemente.
-No tiene ninguna gracia- bufó ella como si de una niña pequeña se tratase, volviendo a intentar con más fuerza que el castaño sucumbiese a sus deseos.
Light solo sonrió y se lo volvió a impedir.
Pero esta vez el joven puso todo su peso sobre ella, prácticamente inmovilizándola, haciéndola saber quién mandaba.
Mordió el labio inferior de Leyre con lentitud, y de improviso la mano que el joven mantenía entre los muslos de ella bajó más las bragas de encaje de la joven, dándole mas espacio. Y con un brusco movimiento hizo que la espalda de Leyre se arquease y ésta echase la cabeza hacia atrás, cerrado los ojos con fuerza, siendo cortado el gemido por los labios de Light.
Leyre perdió sus fuerzas y su cuerpo estero tembló ante ese contacto, no obstante no podía centrarse solamente en esa mano, pues la otra había retomado su labor de acariciar uno de sus pechos. Se mordió el labio inferior mientras que sentía que todo su cuerpo temblaba ante sus caricias.
Todo su cuerpo parecía desear que intensificara sus caricias y él parecía ser consciente de ello, pues la miraba fijamente mientras sonreía ante los movimientos que ella hacía.
Sin más éste dejó atrás de nuevo las caricias lentas y las volvió a intensificar. Leyre se aferró con ambas manos a la espalda de Light y dejó escapar un gemido de placer de sus labios.
Todo a su alrededor se perdió tras un velo.
El nombre del castaño comenzó a salir de la boca de la joven policía de forma casi inconsciente.
El castaño apresó sus labios, y volvió a intensificar sus caricias, Leyre se aferró a él con todas sus fuerzas, y supo que había arañado su espalda porque éste gruñó en el beso.
Ya no quedaba ninguna prenda de ropa entre ellos, sin saber muy bien como Light se había encargado de deshacerse de todas ellas.
Leyre besaba el cuello del joven a forma de suplica para que acabase con todos esos juegos.
Y lo hizo, Leyre cerró los ojos con fuerza y se aferró a él.
De nuevo sus bocas se encontraron, lentamente ambos comenzaron a moverse juntos, no obstante Light no parecía querer quedarse quieto, y sus manos comenzaron a acariciarla y memorizar su cuerpo.
De un momento a otro, tanto los gemidos de placer como las respiraciones de ambos se intensificaron, éste jugó con ella torturándola bajando el ritmo, no obstante se percató de que si se movía solo un poco él parecía sufrir más que ella.
Los informes estaban ya tirados en el suelo, a Leyre le costaba respirar y acallaba sus suspiros contra los labios del joven que jadeaba de igual forma.
Leyre se aferró a él con todas sus fuerzas cuando sintió que no parecía existir nada bajo ella, que todo daba vueltas a su alrededor, y que no le importaba en absoluto.
Todo su cuerpo se estremeció y todo desapareció excepto un leve sonido, una simple palabra que escapó de los labios de él y acudió a su oído.
-Leyre- el castaño estaba en las mismas condiciones que ella.
Cuando todo terminó para ambos, se encontró abrazada a él, con gotas de sudor recorriendo el cuerpo de ambos. Con las respiraciones entrecortadas y el pulso completamente acelerado.
El chico la besó de nuevo, esta vez de forma mucho más dulce y cariñosa, dedicándole un te quiero al oído que provocó una sonrisa en los labios de ella.
Light se incorporó con dificultad, ayudando a levantarse a Leyre. No podían quedarse así mucho rato ya que aunque seguramente nadie les había visto eso podía cambiar en cualquier momento.
Ambos se vistieron de nuevo, continuando con algunos besos más cortos y juguetones que provocaban la risa en los jóvenes.
