¡Que conste que no me hago responsable ni de mis propias decepciones xD! Dios, esto de saber empezar un fic pero no saber acabarlo es de risa. Pero en fin, este es mi intento de final, a ver qué os parece.
Último rincón respuesta: Blacky-Yuuki: dejo que mates a Claude, yo también querría matarlo (aunque seguro me arrepentiría en el último momento al pensar que me quedaría sin yaoi xD) yo también ando liada con la uni, de ahí que haya tardado tanto ¡así que gracias por tu paciencia y por haberme seguido! Yami Michaelis: ¡No mueras, ya estoy aquí! ¡Aunque haya tardado ocho siglos, siempre vuelvo, como los turrones en Navidad! XD saypoid-kagamine: (sonrojo) ¡Muchas gracias por tu review! jajaja entiendo perfectamente tu reacción, yo me habría quedado igual aunque creo que se puede arreglar xD isa: OoO espero que te llegue la invitación si hay boda, no quiero que te vengues de mi xD Siento haber tardado tanto pero la uni me ha tenido muy liada ¡pero ya he vuelto y espero que te guste! MaryUchi: Nunca es tarde si la dicha es buena, me dijo un viejo monje Xiaolin...xD Jaja gracias por dejarme un review antes de acabar, todos me hacen muy feliz y espero que te guste el final y no te caigas de la silla otra vez :) Akane (aunque sea del cap 7 xD) Gracias por seguirme desde 10 minutos, y por comentar y zarandear a Claude, a ver si espabila. Ojalá te guste el final.
Love you so much! Vamos con el capítulo!
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Cap.25.- Mi gran boda griega
-ARE YOU FUCKING SERIOUS!?
Claude se llevó un susto como hacía tiempo que no se llevaba. No supo si por el grito que pegó su padre, por la palabrota, o por las dos cosas a la vez. El generalmente calmado James había hecho erupción como un volcán activo tras que un par de venas super-saiyan se le dibujasen en el cuello y la frente. Hasta las piezas del tablero dieron un bote. El hijo retrocedió instintivamente aún sentado en la silla y aferrándose a esta como si su vida entera dependiera de ello.
-¡Después de todo lo que te ha costado sentar la cabeza! ¡Después de todo el follón que me ha dado tu madre! ¡Después de que fueras tú el que me diera la noticia y de que la haya terminado de asimilar!—comienza a enumerar sin bajar ni una escala el tono de voz—¡Ahora vas y me dices que no sabes si te quieres casar! ¡Vamos, es que esto no tiene nombre!
››¡Yo hoy me dejo sin descendencia, te lo prometo!—amenaza señalandole con el dedo y con los ojos casi en blanco— ¡Así que si no quieres morir joven ya puedes empezar a poner en orden ese cajón de calcetines revueltos que tienes por cabeza!
Claude, que hubo estado callado en lo que duró el discurso, se ofendió con las últimas declaraciones de su padre y también le salieron las venas de la ira a flote.
-¡Bien, pues mátame ya y acabemos pronto! ¡Pero antes de que lo hagas déjame decirte que gracias por la ayuda y que no figurarás en el testamento!—exclamó irónico.
-¿¡Ayuda!? ¡Asistencia divina necesitarías tú!—le responde con la misma ironía.
-¡No me hace falta asistencia de nadie! ¡Me sé buscar la vida bien solo!
-¡No es eso lo que me parece a mi!—Contraataca James antes de que Claude pueda contestar—¡Lo que a mi me parece es que te estás comportando como un inmaduro indeciso!
Se hace el silencio. Claude permanece tenso y quieto como una estatua. James toma aire y suspira, pasándose la mano por el pelo de igual forma que suele hacer su hijo.
-Sebastian me dijo que te quería.—dijo como si estuviera confesando un secreto—Cosa que no esperé que me dijera tan directamente, pero lo hizo y su mirada me dijo que estaba siendo sincero. Cuando nos reencontramos hace un par de días pude notarlo claramente, sus gestos, palabras, acciones, todo. Todo parece girar en torno a ti.—Vuelve a tomar aire—Así que dime una cosa.—hace una pequeña pausa—¿Es que tú no le quieres a él?
Ambos se miran fijamente. Claude cierra los ojos y menea la cabeza.
-No es eso. Quiero a Sebastian mucho, demasiado incluso diría yo.—suspira y enrosca con el índice derecho su característico mechón de cabello—Pero...—James se mordió la lengua para no cortarle con algún comentario recriminatorio—es que...temo que algo no salga bien. Ahora mismo estamos yendo de mal en peor así que ¿qué pasaría si algo más se torciese y acabásemos como al principio de conocernos? ¿Y si no nos entendemos a partir de nuestro matrimonio? ¿Y si...?
-¿Y si? ¿Y si el cielo se vuelve negro y pierdes tu nariz?—le interrumpe. Claude deja caer la cabeza—Cuando eras un niño te dije que la indecisión es una de las peores aliadas que puedas tener.—James posa la mano sobre su cabeza y le frota el pelo como hace años que no hace—Tu madre siempre decía que hay que seguir los dictados del corazón, y estoy seguro de que el tuyo sabe bien lo que hay que hacer. No eres un miedoso para eso llevas mi sangre.—aparta la mano y la dirige a su boca para disimular un carraspeo—Además de que no me vas a dejar sin Michaelis como yerno.
Claude levanta la cabeza y observa, casi incrédulo, el tenue y apenas perceptible rubor que se le colocó a su padre en las mejillas.
-Así que deja de comportarte como una novia insegura y recomponte un poco.—sentencia levantándose y yéndose en dirección a la cocina—¿Quieres una taza de té?
-/-/-/-/-/-/-/-
-Mommy. Creo que papá tiene piojos.
Birgit dejó de pelar las verduras y depositó el cuchillo sobre la tabla de madera. Scatty la miraba desde abajo muy seria, como cuando argumentaba cada Navidad por qué merecía que Santa Claus le trajese un poni.
-¿Por qué dices eso?
-Porque no deja de rascarse la cabeza y quejarse.
La pelirroja se limpió las manos en el delantal y salió de la cocina, su hija fue tras ella agarrándose de una esquina de la mencionada prenda. Miró por el salón pero no le vio, fue a entrar en el despacho cuando Scatty le tironeó de la ropa para detenerla y señalarle el sillón; allí estaba Byron con los codos apoyados en las rodillas, cabizbajo y efectivamente rascándose la cabeza alborotando su mata de pelo oscuro.
-Byron ¿qué haces?—el aludido paró de frotar pero no levantó la cabeza, en lugar de eso gruñó/exclamó de fastidio y desespero y apretó las manos sobre su cráneo. Scatty se escondió bajo el delantal de su madre quien bufó y se puso seria.—¡Byron Michaelis, deja de esconder la cabeza como un avestruz y da la cara como un hombre! ¿Se puede saber qué te ha dado?
-Scatty, tienes una muñeca nueva en la habitación. Es de la American Girl Place.—dijo por fin tras unos segundos de silencio.
Byron no necesito decir nada más, como un rayo su hija salió disparada rumbo a su habitación y los dejó a ambos a solas. Birgit se sentó en el brazo del sillón y cogió entre las suyas la mano izquierda de su marido, acariciando distraídamente la alianza de su dedo anular.
-¿Qué ha pasado? ¿Es Sebastian verdad? Siempre te pones así cuando estás preocupado o enfadado con él.
-Me conoces demasiado bien cariño.—le dice terminando de juntar los dos pares de mano—Vuelvo a sentirme impotente como hermano, otra vez no sé qué hacer para ayudarle, igual que cuando nuestro padre murió y yo intentaba seguir su ejemplo. Más peleas con él no pude tener en aquella época.
Pacientemente Birgit escuchó todo lo que Byron se dispuso a contarle, cuando terminó acarició su pelo emparejándoselo de nuevo.
-Sabes, siempre he estado celosa de Sebastian. Él conseguía siempre estar en tu mente aunque ni siquiera estuviese presente, yo quería ser igual. Y cuando nos conocimos el hecho de tener personalidades parecidas no hizo sino enfrentarnos.—suspiró—Pero ahora me viene a la mente algo que él me dijo el día de nuestra boda.
Flash-Back
Birgit se tocaba con suavidad el moño que recogía su pelo rojo para asegurarse que nada se saliese de su sitio. Suspiró, se miró al espejo y cogió el frasco de colonia del tocador echándose unas cuantas gotas por el cuello y el escote.
-Nunca pensé que lo diría pero te ves muy bien. Estás hasta guapa.—se sobresaltó al oír la voz de Sebastian aparecer detrás suyo, el ojirrojo había entrado a la habitación y ella ni se había enterado—Hay algo que quiero decirte antes de que Byron te ponga el anillo.—le hace un gesto con la mano para que le deje seguir sin interrupciones—Tú y yo no nos hemos llevado muy bien hasta ahora y tengo la impresión de que pasará bastante tiempo hasta que podamos entendernos...Pero—suspira—eres la persona a quien mi hermano ha elegido así que para mi está bien; no me importa ni molesta lo que pienses de mi mientras hagas feliz al cara-seta de Byron.—se da la vuelta y abre la puerta—A fin de cuentas somos hermanos y si para él eres perfecta—sus rubíes le dedican una última mirada antes de salir—para mi también lo eres.
End Flash-Back
-'Eso sí, nunca olvides qué es lo que tienes de especial que hace que él te quiera.'—finaliza Birgit citando la última frase que le dijo Sebastian. Byron la mira sorprendido, él nunca había sabido de dicha conversación, bueno, más bien de dicho discurso de su hermano. Su mujer suelta aire abstraída en sus pensamientos hasta que una chispa ilumina su mente. Levantándose de un salto se quita el delantal al vuelo mientras agarra del perchero su abrigo y su bolso.
-¿A dónde vas?—le dice el pelinegro sin comprender nada.
-¡Voy a comportarme como una buena cuñada!—le responde desde la puerta calzándose las cuñas— ¡Y a refrescarle la memoria a Sebastian un poquito!
¡Slam! Y se va corriendo cerrando fuertemente la puerta tras de sí. Al mismo tiempo el tump tump que se oye por el pasillo le indica que Scatty viene corriendo también.
-¡Daddy! ¡No veo por ningún lado la muñeca que me has dicho que tenía!
-/-/-/-/-/-/-/-/-
-¿¡Cuándo y cuánto!?
-Eh...p-pues una semana y 1918 libras por unidad...
-¡Tres días y 1853!
-P-pero...es poco...
-¡Tres días!—coge aire y lo suelta—Y 1876.
-...
-¿Hecho?
-Hecho.
-/-/-/-/-/-/-/-/-
Claude hablaba por teléfono con alguien. No era su madre pues no había dicho maman en todo el rato además de que su tono no era el mismo que usaba siempre con la mujer.
Sebastian leía sentado en el sofá. Pero las palabras entraban por sus ojos como espejismos, ya llevaba dos capítulos sin enterarse de nada del argumento y a este paso se acabaría el libro como si no se lo hubiese leído. Cansado lo cerró y depositó a su lado. En el reflejo del televisor observó unos segundos a su pareja pasearse mientras hablaba, en un tono bajo y pausado como el que se usa con tu confidente. Días atrás se hubiera quedado embobado viéndole hablar en francés pero ahora hubiese preferido no oírle sin entenderle.
Noir se subió con él y le tocó la mano con la pata para pedirle mimos, pero la alerta de Whatssap de su amo le asustó e hizo que se bajase del mueble escondiéndose en una esquina del mismo. El ojirrojo rió quedo y comprobó quien le escribía. Su extrañeza fue mayúscula.
-/-/-/-/-/-/-/-/-
Claude le vio ponerse la chaqueta y prepararse para salir pero no le preguntó a dónde iba ni cruzó su mirada con la suya. Sólo se quedó callado un momento.
-"Qu'est-ce qu'il t'arrive?"
-Rien.—contestó.
-/-/-/-/-/-/-/-/-
-Si que has tardado.
-A las mujeres de vez en cuando también hay que haceros esperar. ¿Qué quieres?
-Echa un poco el freno, tigre. Tengo algo para ti.
-¿El qué?
-Sígueme.
Sebastian alzó la vista hacia el cielo acumulando paciencia. No estaba de humor para que su cuñada se le pusiese misteriosa. Ya bastante había hecho con ir a su encuentro.
Ven a New Bond Street. Es importante.
Eso era todo lo que la mujer le había dicho. En principio como no tenía nada mejor que hacer decidió ir a verla y averiguar qué se traía entre manos. Colocándose las gafas de sol y ajustándose el cuello de la chaqueta la sigue a paso ligero. Birgit camina casi a zancadas valiéndose de sus poderosos tacones, prácticamente echa a un lado a todo aquel que viene de frente hacia ella; Sebastian pensó que como guardaespaldas aparta-fans tendría futuro. Finalmente detuvo su marcha frente a Cartier.
-Pasa.—ordenó más que ofreció sujetándole la puerta. El ojirrojo pasó y ella lo siguió. Un hombre ataviado con traje y chaqueta fue derecho a atenderlos pero palideció visiblemente en cuanto reconoció a Birgit.
-V-v-vaya, ya está aquí...—tartamudeó sacando un pañuelo de tela de su bolsillo para limpiarse un poco la frente.
-Espero que ya esté todo dispuesto.
-S-s-sí, cl-claro. Como no. Pasen, pasen y siéntense.—ofreció guiándoles a la mesa labrada en hierro pintado de dorado con soporte de mármol verde que se encontraba en el despacho trasero. Se sentaron y el hombre sacó de los cajones de debajo de la vitrina que tenía detrás dos estuches de fina madera—Hemos trabajado lo más rápido que hemos podido para cumplimentar con su encargo señorita.
-Señora.—le corrigió Birgit—Y espero que esté bien acabado, mi representado—habla señalando a Sebastian con la palma de la mano—es una persona de gusto exquisito.
Al hombre casi le da un patatús cuando Sebastian se quitó las gafas de sol por fin y le reconoció.
-¡Míster Sebastian Michaelis!
-En efecto—sonrió la mujer—y ahora ¿podemos verlo?
Sebastian no entendía nada. Sólo vio al hombre más pálido incluso que antes abrir los seguros de ambas cajas y darles la vuelta para mostrárselas. Birgit sonrió de oreja a oreja y él se quedó anonadado.
Había una llave y un candado colgados de dos collares. Cada uno en un estuche y ambos hechos de oro puro. Brillaban como soles al reflejo de la luz y el rubí rojo, que la llave llevaba en la empuñadura y el candado en el lugar de la cerradura, centelleaba. Birgit cogió la caja que llevaba el candado, lo miró y se lo acercó a Sebastian.
-¿Te gustan?
-¿A qué...? ¿Por qué...?—intentaba articular el ojirrojo—¿Era esto lo que tenías para mi?—la pelirroja asiente cogiendo también la otra caja—¿Por qué me das esto?
-Me apetecía hacerte un regalo.—contestó simplemente encogiéndose de hombros y colocándose los guantes que le tiende el dependiente—Pruébatelo.
Sebastian la mira tratando de descifrar su enigmática pero alegre sonrisa, obedeciendo se quita la chaqueta y deja que ella le coloque el collar y se lo abroche. El dependiente le acerca el espejo de mano para que se mire.
-Te queda muy bien. Pruébate el otro también.—dice ella tras que el pelinegro se mire detenidamente. Le quitó el collar del candado y le puso el de la llave—También te sienta maravillosamente. ¿Usted qué cree?
-¿Yo?—sobresalta al dependiente—En mi modesta opinión creo que la llave le para mejor.
Birgit cavila acariciándose la barbilla. Sebastian toca apenas con la punta de los dedos el collar; no entiende por qué Birgit pretende regalarle una cosa así pero tampoco es que se sienta para quejarse. Era la primera vez que la mujer tenía un gesto así para con él; y no es que no le hubiese hecho regalos en el pasado, no, pero ninguno como éste.
-Sí, creo que la llave para él es mejor.—afirma la pelirroja sonriente.
-¿Se supone que tengo que elegir?—pregunta Sebastian.
-Si quieres. Pero no es necesario porque nos llevamos los dos.
-¿Los dos?—se sorprende.
-Exacto. Póngalos en una bolsa.—le pide al dependiente, que asiente y guarda ambas cajas en sendas bolsas de terciopelo y luego en otra de asas—No, Sebastian no te quites ése. Déjatelo puesto.
Dos minutos más tarde ambos ya estaban en la calle. Birgit le señaló el café de la acera de enfrente y le hizo un gesto de la cabeza para que la siguiera. Entraron y se sentaron en una de las mesas de la pared, un camarero les atendió en seguida y al punto trajo un caffe latte y un caffe espresso.
-Aaah, que bien sienta.—suspiró de gusto la mujer tras dar un sorbo. Sebastian se la quedó mirando, dejó la taza en su sitio y comenzó el interrogatorio.
-Vale, ya he tenido bastante misterio. ¿Me vas a contar ya el motivo de tu generosidad?
-¿Es que una no puede hacerle de vez en cuando un regalo a su cuñado favorito?—dijo inocente tras sonreír.
-Este tipo de regalos no creo.
Se quedaron mirándose un momento hasta que la vista de la mujer bajó hasta el cuello del hombre donde reposaba el collar.
-Estoy segura de que a Claude también le quedará muy bien el suyo.
-¿A Claude?
-Pues claro. El otro collar es para él.
Ahora sí que Sebastian no entendía nada. ¿Un collar para él y el otro para Claude? ¿Y encima una llave y un candado? ¿¡Pero esto qué era!? ¿¡Una reproducción absurda de la serie Nana!? Dedujo que su cara era un poema porque Birgit se echó a reír.
-El día de nuestra boda me dijiste algo que nunca voy a olvidar. Algo que creo que tú sí has olvidado.—se humedece los labios—Has olvidado qué tienes de especial.
-¿Especial?
-Especial para que Claude te quiera.—aclara.
-Ya no estoy tan seguro de que me quiera como antes.
-Yo no lo veo así.—rebate mordiendo rudamente las galletitas cortesía de la cafetería—¿Sabes qué es lo que yo veo?—Sebastian la mira fijamente—Que ambos estáis asustados.
-Asustados.—repite sin dar pábulo a lo que dice Birgit.
-Sí.
-¿De qué?
-De vosotros mismos.
Sebastian fue a decirle algo, o por lo menos a gruñirle, cuando su móvil comenzó a sonar. Disculpándose un minuto sale a la calle a atender la llamada. La voz de Sam le informa de que por los medios empezaba a correr la noticia de la boda aunque de manera especulada.
-Pues arréglalo y desmiente informaciones. Pretendo casarme tranquilo. Aunque veremos si al final lo hago o no.
-Excusez-moi.—le dice alguien justo cuando acaba de colgar. Sebastian gira la cabeza y ve a un hombre que parece estar bastante perdido. Tenía pinta de turista y por el acento y las palabras era claramente francés, llevaba un mapa en la mano y un móvil con el gps activado en la otra. Su cabellera rubia tenía mechas californianas y una graciosa perilla se movía al compás de su mandíbula.—¿Sabe como llegag al London Eye?
Sebastian simplemente le señaló con el dedo detrás suyo. El hombre se giró y pareció advertir por primera vez que se veía el tope de la enorme noria por encima de los edificios.
-¡Sacrebleu!—exclama echándose las manos a la cabeza—¡Que Dios me consegve la vista muchos años!—el ojirrojo ahogó la risa viéndole gesticular, de improviso el extraviado se gira y le agarra las manos apretándolas y sacudiéndolas—¡Muchas gacias, de vegdad!Ciego de mí que no ve más allá de sus nagices.
-No es para tanto.—dice restándole importancia e intentando que le liberase del agarre. Estos franceses...Se preguntó si Claude sería así de expresivo con desconocidos,Claire seguramente sí.
-Au contraire.—dijo alegremente—Siempge es fantástico que te ayude alguien—y de repente miró por encima de los cristales oscuros de sus gafas de sol azules dedicando una mirada coqueta acompañada de un galante tono de voz a Sebastian—de tanta belleza.
El ojirrojo se quedó de piedra. ¿Le estaba tirando los tejos? Cualquier otro día podría haberle dejado KO en el suelo pero justo hoy le pilló demasiado de improviso. El extraviado guiñó un ojo y se recolocó las gafas soltando a su presa, que hizo gesto de soltar algo que estuviese hirviendo.
-En fin, gacias otga vez y—se acerca a él para susurrarle al oído—espego que el camino del amour vuelva a cguzagnos alguna vez.
Sebastian se quedó en el sitio sin creer del todo que la situación hubiese sido real, calle abajo el extraviado ya desaparecía y por la puerta del café asomaba Birgit de todos los colores.
-¿¡Se puede saber a qué venía eso!?—le increpó—¡Que se supone que sólo te interesa un francés!
-Pero si ha sido él...—apenas articuló. Su cuñada sacudió la cabeza y la dejó caer, fijándose en una cartera marrón que había en el suelo.
-¿Es tuya Sebastian?—le pregunta recogiéndola del suelo, el otro le niega con la cabeza y se la quita de las manos inspeccionándola él. No había mucho: un par de billetes, unas cuántas tarjetas de socio y una de crédito y un DNI.
-Vaya por Dios...—resopla cuando reconoce al extraviado de antes en la foto. Birgit pone cara de circunstancia.
-Démosle la cartera a algún policía y que se la devuelvan.—sugirió.
-Dijo que iba al London Eye. Si nos damos prisa podemos alcanzarle.
La pelirroja hizo un mohín, perseguir a un turista por las calles de la ciudad no encajaba en sus planes de convicción proyecto "que la boda siga en pie". Echando un vistazo a su reloj de muñeca constató que ya eran más de las seis de la tarde, pronto Byron la estaría llamando para ver dónde andaba porque Scatty no pensaba bañarse sola.
-¿Entonces qué piensas hacer?—preguntó al ojirrojo.
-Iré a ver si puedo encontrarle, si no haré lo que tú has dicho. ¿Vienes?
-Lo siento, debo volver ya.—se disculpa tendiéndole la bolsa de Cartier—O pronto tendré a tu hermano en plan madre quejándose de dónde ando metida.
Sebastian sonríe tenue y coge la bolsa, la pelirroja se da la vuelta y le dice adiós con la mano. Apenas caminó unos veinte metros cuando le llegó una notificación al móvil.
"Thank you li'l foxy" La mujer sonrió feliz y pensó para sus adentros que sin duda eran los dos regalos mejor invertidos en su vida. Claro que tendría que explicarle lo mismo a Byron cuando éste viera la factura.
-/-/-/-/-/-/-/-/-
A Sebastian apenas le llevó un cuarto de hora llegar enfrente del London Eye, que, como siempre, estaba lleno de gente. Subiendo disimuladamente al bordillo de una jardinera buscó atentamente al extraviado de antes encontrándole ricamente sentado en un banco unos metros más allá.
-Por fin le encuentro.—dijo cuando llegó a su lado, el extraviado levantó la vista hacia él—Tenga, se le cayó la cartera antes.
-Merci! Eges mi salvadog dos veces en un día.—agradece sonriente, inmediatamente después suspira profundamente—Ay ¿cuánto más le quedagá?
-¿Espera a alguien?—el extraviado asiente—Pues no habrían llegado muy lejos sin su cartera.
-Vrai. Aunque no sé qué me hubiese dolido más, que mi amour no llegase o que mi cartera no apareciese.
-A mi me habría dolido más la cartera.—aseveró Sebastian ya dispuesto a irse, pero el otro le detuvo y le preguntó si no le importaría hacerle compañía hasta que su cita llegase.
-Cuando llegue le invitagé a un tgago o lo que quiega.
-No hace falta, no ha sido nada.
-¿Entonces me deja solo?—preguntó víctima haciendo un puchero. Al ojirrojo le resbaló una gota por la frente.
-Está bien "y porque no tengo nada mejor que hacer"—aceptó resignado—pero espero que no tarde mucho.
-No, pogque la vegdad es que yo me he adelantado.—admitió sonriente, Sebastian tuvo ganas de hacerle una llave.—Hace tanto que no nos vemos, ah, que dugo es el amog. ¿Usted ama a alguien?
-Lo siento pero no nos conocemos tanto como para contarle mi vida.
-Yo amo pgofundamente, aunque me temo que mi amog se quedagá en platónico.—suspira de nuevo—Pogque va a casagse en bgeve.
-Entonces sí que lo tiene difícil.—comenta jugueteando distraídamente con la llave de su collar.
-Muy difícil.—asiente mostrándole la mano izquierda donde llevaba una alianza en el anular. Sebastian puso cara de asombro y fue a preguntar pero antes de que le diese tiempo el otro se levantó con los brazos abiertos—Vous avez enfin arrivé
-Excusez moi mais vous êtes venus plus tôt.
Sebastian se puso rígido cuando escuchó la segunda voz a sus espaldas, girándose en cámara lenta ve al extraviado abrazar efusivamente a...
-¡Claude!—exclama.
-¡Sebastian!
-¡Vaya! ¿Ya os conociais?
-¡Bastante!—exclaman a la par.
-¡Conque esta era la pareja a la que me querías presentar!—increpa Claude.
-¡Conque él era tu cita!—increpa también Sebastian.
El extraviado levanta las manos rindiéndose y posándolas en cada uno de los actores los echa un poco para atrás alejándoles de sí.
-Mis disculpas querido Claude.—se dispensa con el ojidorado ya sin una pizca de acento francés—Pero tenía muchas ganas de conocer en persona a tu encantador Sebastian.—confesó cogiendo galante la mano derecha de Sebastian. Claro que el ojirrojo en cuanto lo hizo se la retorció e inmovilizó por la espalda.
-Vale tío, ya me he hartado de tus juegos. Confiesa—aprieta—¿quién eres?
-¡Ay, ay! ¡Claude, socorro, haz que me suelte!
-Me temo que no Francis.—dice Claude.
-¿Francis?
-Así es. Mi nombre es Francis Bonnefoy—se presenta guiñando coquetamente un ojo, lo que provoca que Sebastian le termine de retorcer el brazo—¡Aay!
Francis se soba el brazo que por fin Sebastian le había soltado, suspirando de alivio se recoloca las gafas de sol y el pelo y comprueba que su indumentaria siga estando perfecta.
-Sí, admito que ha sido una estratagema la mar de divertida, no veas lo bien que me lo he pasado haciendo de turista perdido.—confiesa a Claude guiñando un ojo.
-¿Y por qué todo este teatro?—le pregunta fastidiado el susodicho.
-Oh porque simplemente llamarte para presentarme después en casa era demasiado aburrido.
Ambos actores tuvieron ganas de matar al tercero. Francis Bonnefoy era amigo de Claude desde la adolescencia, como él era actor y muy conocido gracias a las series Hetalia, residía en Londres desde hacía más de una década y hacía por lo menos dos años que no veía al otro francés.
Sebastian no miraba de frente hacia Claude, desviaba su mirada, molesta, hacia Francis o hacia cualquier otro punto. El ojidorado, de momento, concentraba su atención en Francis intentando achicharrarle con la mirada, aunque el rubio no parecía consciente de este hecho pues sonreía felizmente. De improviso se lanzó a Claude con los brazos abiertos.
-¡Ay querido copine! ¡No sabes cuánto te he echado de menos!—exclama obviamente exagerando.
-¡Francis, suéltame!—exige el moreno cuando el rubio le manosea indebidamente.
-¡Pero si te estoy dando amour!
-¡Suéltame o el que te de una cosa completamente opuesta voy a ser yo!
Haciendo un puchero Francis le suelta, pero se gira con una sonrisa que daba miedo a Sebastian, quien nada más verle las intenciones le levantó el dedo corazón. Una nube gris se formó sobre la cabeza del rubio.
-Bueno ya que no vamos a darnos amour vamos a tomarnos unas cañas y me contáis que tal va lo vuestro. Se oyen campanas de boda, o eso dicen.
-Si eso es de lo que quieres hablar entonces me voy porque no hay nada de lo que hablar.—ataja Sebastian dándose la vuelta y yéndose, Francis se queda con la boca abierta y sólo emite balbuceos, se gira hacia Claude pero este no dice nada y le esquiva la mirada.
Al ojidorado eso le había dolido, más incluso que si el ojirrojo se hubiese ido en silencio como él trató de hacer antes incluso de que estuvieran juntos. Aquella vez Sebastian corrió tras él para detenerle a pesar de no tener en claro sus sentimientos, y él, ahora, no era capaz de mover un miserable músculo para intentar detenerle.
-Conque nada de lo que hablar. Qué lástima con lo bonita pareja que hacíais.—comento casi irónico—A ver como le explico yo esto ahora a mi querido Arthur.
-¿Arthur? ¿Arthur Kirkland?—se sorprende Claude—¡Pero si os llevabais como el perro y el gato, y él no quería ni verte ni oírte mencionar!—un deja-vú acudió a la mente del ojidorado conforme decía esto último ¿no le sonaba una situación y una frase parecida?
-Oh por supuesto, pero ya ves. Nos amamos con fuerza pero nos odiamos a momentos—sonríe—, no somos perfectos sólo polos opuestos.—suspira—Aunque mientras sea junto a él siempre lo intentaría.—Claude le mira sopesando sus palabras, si su padre le viese ahora seguramente, pensó, volvería a gritarle.—¿Así que por qué no lo intentas tú también?
Sin mediar más palabra Claude echa a andar a paso acelerado, luego a correr para tratar de alcanzar a Sebastian. Sin embargo el ojirrojo había desaparecido entre la multitud y no se lo veía por ningún lado. Frustrado trató de calmarse y pensar fríamente. Una especie de intuición le dijo que volviese a casa.
-/-/-/-/-/-/-/-/-
Abrió la puerta esperando que Noir saliese a recibirle pero éste no apareció en el vestíbulo. Las luces estaban apagadas pero una tenue luz provenía de escaleras arriba, así que hacia allá se dirigió. Allí en el dormitorio, de donde salía la luz, estaba Sebastian recostado de lado acariciando a Noir que ronroneaba feliz. Por su sutil movimiento de ojos supo que le había visto entrar, pero no se movió del sitio ni cambió de gesto, obviamente esperaba que el ojidorado se retirase por sí solo.
Pero Claude no pensaba irse, no ahora que estaba ahí, así que sin decir ni media él también se acostó en el otro lado de la cama mirando al techo. Pronto sintió el peso de Noir sobre su abdomen así que le rascó las orejas.
-Noir...—susurró inaudible al animal algo en francés, inmediatamente éste se levantó y se bajó de la cama saliendo del lugar.
Sebastian exhaló aire y cerró los ojos aunque no tenía intención de dormir, sin embargo los abrió de golpe cuando Claude se subió sobre él sentándose en sus piernas y agarrándole los brazos para impedir que se moviera.
-¡Suéltame!—exigió enfadado haciendo fuerza pero el otro no cedía.
-Nunca.
-Tsk, suéltame estúpido. Suéltame o...
-¿O huirás? ¿Te irás como esta tarde?—ataja, el ojirrojo chasquea la lengua y deja caer la cabeza de lado.—Sebastian, mírame.—le ignora—Por favor.—Aún sin girar la cabeza le mira de reojo, el ojidorado inspira profundo—Sé que últimamente me he comportado como un gilipollas, lo admito pero te quiero y...
-Vaya pues ya ni lo notaba.—le interrumpe resentido—Y de hecho ya estaba empezando a pensar que más que tu pareja me estabas viendo como una especie de molesta mosca a la que te quieres quitar de en medio.
-No digas tonterías, yo nunca querría deshacerme de ti.
-¡El que dice tonterías eres tú! ¿¡No acabas de admitirlo, que eres un gilipollas integral!?—grita—¡Felicidades, ya has dado el primer paso. El segundo es que me dejes en paz porque tú y yo no tenemos NADA de lo que hablar!
Se hace el silencio durante unos segundos. A Claude le temblaban los puños pero no soltó a Sebastian ni aflojó su agarre.
-I'm sorry.—dijo—I'm sorry Sebastian. Tienes razón, siempre la tienes; soy un completo imbécil y además un cobarde que siempre huye de aquello que teme enfrentar. Pero aún así perderte es lo último que quiero en esta vida. Comparado contigo todo lo demás es mucho menos importante.
-¡No digas estupideces!—contraataca sin bajar la guardia—¿¡Quieres que sigamos viviendo juntos como amantes!?
-¡Eres tú el que dice estupideces ahora!—exclama de vuelta—Aunque no tengas intención no me hagas trizas hablando así!
Esto sorprende a Sebastian, nunca había visto al otro tan alterado y vulnerable. Su ceño fruncido tiembla, al igual que sus labios contraídos.
-Claude. Ya es suficiente. Ya no puedo más.—dice apenas en un deje de voz—Estás siendo un idiota, se supone que por mi, y ya no puedo negarlo más. Eres penoso.
-Tienes razón.—admite—Me he convertido en un tonto penoso pero—suelta una mano para hacer que Sebastian le mire—sólo tú puedes curarme esta tontería. Así que no digas que no puedes aguantar más, no sin al menos decirme por qué.—Los rubíes le miran fijo y luego se esconden parcialmente tras los párpados.
-No puedo más porque...porque...te amo Claude. Y no puedo remediarlo.
Durante dos segundos el ojidorado trató de asimilar lo que Sebastian acababa de decirle. Soltándole se deja caer suavemente sobre él y le abraza como si quisiera fundirse con él.
-Este es mi fin. Ya puedo morirme en paz.
-¿Quién moriría por algo así?—dice tranquilamente el ojirrojo correspondiendo suave a su abrazo.
-Yo. Que tampoco puedo remediarlo.—contesta incorporándose para mirar a Sebastian, quien sonriendo levemente le quita con el pulgar una pequeña gota salada que se estaba formando en uno de los ojos citrinos. —Mientras sea junto a ti siempre lo intentaría.
-¿Y qué no daría yo?
Desde el marco de la ventana ligeramente agazapado Noir observa todo con detalle. Más tranquilo decide que ahora es el buen momento para irse del todo y dejar tranquilos a sus dos amos. Después de todo tenían muchas cosas que decirse, aunque no todas con palabras.
···········1 año y medio después···········
-Claude y Sebastian ¿venís a contraer matrimonio libremente?
-Sí.
-¿Venís a contraer matrimonio sin ser coaccionados, libre y voluntariamente?
-Sí, venimos libremente.
-¿Estáis decididos a amaros y respetaros mutuamente durante toda la vida?
-Sí estamos decididos.
-¿Estáis dispuestos a recibir y educar con responsabilidad y amor a los hijos?—durante un momento se miraron el uno al otro con un curioso gesto en la cara, pero pronto volvieron a mirar a la jueza.
-Sí, estamos dispuestos.
-Claude Faustus ¿quieres y aceptas contraer matrimonio con Sebastian Michaelis aquí presente, junto a ti, de acuerdo con la legalidad vigente?
-"Como se eche atrás es que lo mato."—pensó James apretando el bastón que llevaba en la mano como si fuera un fusil.
-Sí quiero.
-Y yo también.—se adelantó el otro.
-Pues ala, casados. Enhorabuena.—dijo alegremente la jueza—Ya sabéis lo que tenéis que hacer.
Y mientras se besaban un aplauso generalizado llenó el lugar. Scatty no se pudo aguantar más y salió corriendo agarrándose a su segundo tío oficial. La siguiente fue Claire, cuyo abrazo maternal fue para los dos a la vez, igual que el de Keira que dio un sonoro beso en la frente de su hijo dejándole una marca de carmín. Byron y Birgit fueron los siguientes, y antes que el resto de invitados fue James, que tardó unos segundos más sólo para comprobar por el micrófono de su corbata que todo seguía despejado fuera.
-Todo despejado coronel.
-Pues que así siga.
-Ey Claude, creo que tu padre planea abrir fuego contra cualquiera que intente colarse.—susurra bromista Agni cuando se acercó a felicitar.
-Crees bien.
-¡Sebas-chan! ¡Qué bien te sienta el traje!—exclama Grell. Al momento el ojirrojo empezó a arrepentirse de no haberle dado al pelirrojo una fecha equivocada.
El Corinthia Hotel albergaba ese día tan especial al menos a cerca de 200 invitados a la boda de ambos actores. Familia, amigos, compañeros de profesión y hasta cierta productora formaban parte del selecto grupo de invitados. Bueno, eso si no contamos al pequeño grupo de militares de paisano que discretamente vigilaban el hotel bajo directas y estrictas órdenes del coronel.
Había sido un año y medio de preparativos y demás parafernalia pero la espera valió la pena. Tras la tormenta sentimental que habían cruzado la calma llegó y entonces todo pudo dar comienzo.
Scatty, radiante de contenta en su vestido de volantes de raso correteaba de acá para allá cargada con una enorme cesta de regalo que prácticamente pesaba más que ella. Pero la niña se negaba a soltarla hasta haber repartido todo su contenido entre los invitados. Ni si quiera las súplicas de su madre para que lo dejase hasta después de acabarse el trozo de tarta nupcial, la convencieron de dejar la tarea que le había sido encomendada y que pensaba cumplir con riguroso orden.
-Gracias preciosa. Eres un encanto.
-Purrr...
-¡Oh, un gatito!—exclamó la niña al vislumbrar al gato de ojos amarillos asomarse en el regazo de la mujer a la que tendió el último de los regalos.
-¿Gatito? Gatazo más bien diría yo.
-¿Cómo lo ha entrado?
-Oh, ha entrado él sólo créeme. No puede pasar mucho tiempo sin mi.
-Ojalá mis tíos se hubieran traído a Noir y a ese enorme San Bernardo, así podría ir montada en el segundo mientras el primero me ayuda a repartir.
-Excelentísima idea. Y ahora querida creo que tu madre te reclama.
-¡Oh es verdad! Aún tengo que comerme la tarta antes de poder salir a bailar.
CH sonríe circunstancial viendo a la niña alejándose ya más ligera ahora que la cesta estaba vacía. Examinó el pequeño frasco de perfume que era el detalle para las mujeres y con cierto disimulo echó una ojeada a la también pequeña botella de vino que era para los hombres.
-¿Crees que colará si se la cambio a Grell?—preguntó distraídamente a su gato Chess, que ronroneó con pereza en su regazo escondiendo un poco la cabeza entre los pliegues del mantel.
Más allá, en la mesa nupcial ambos novios recién empezaban a comer su correspondiente trozo de tarta, pues después de haberla cortado con el sable se pasearon un rato entre las mesas preguntando si todo estaba conforme y pasando por la típica sesión fotográfica en pequeños grupos.
-Nee Sebastian—llama Claude al otro—¿No tendremos que bailar el vals nupcial, no?
-Sinceramente espero que no.—ríe disimulado—Porque yo estoy hecho polvo ya.
-¿Y qué pasa con eso de la noche de bodas?—pregunta más bajo.
-Eso ya es otro tema. Además mañana tenemos un barco que coger.
Claude se miró el reloj de la muñeca y echó cuentas mentalmente. Dentro de un par de horas para ser exactos...en un par de horas estarían embarcando. Suspiró y decidió pedirle a uno de los camareros un café largo extra-fuerte, lo necesitaría.
···········All on board!···········
-Cuidaos mucho, abrigaos bien, pasadlo bien y no cometáis ninguna locura.—dijeron al unísomo Keira y Claire como buenas madres que se precien.
-Sí.—contestaron también al unísono los dos hijos con cansinidad—Sinceramente sigo pensando que no hacía falta que viniérais a despedirnos.—habló después Sebastian.
-¿Cómo que no? Os vais 15 días por el Atlántico prácticamente rozando el Ártico ¿y esperas que no venga a decirte adiós?
-Nos vamos de luna de miel, no a la guerra.—rebate el ojirrojo a su madre.
Claude y James sienten un diminuta gota resbalar por un costado de su frente. Aprovechando que Claire intenta mediar un poco para escudar la opinión de su consuegra el ojidorado se acerca en confidencia a su padre.
-Oye papá ¿no se te habrá ocurrido infiltrar a alguno de tus soldados en el crucero, verdad?
-¿Por quién me tomas? Ni que no te pudieras cuidar solo ya.
-¿Seguro?—indagó mirándole fijamente, a lo que James carraspeó ligeramente y desvió apenas cm la mirada.
-Seguro.—reafirmó tocando disimuladamente en la pantalla táctil de su teléfono el botón de enviar mensaje de texto con la frase: "Abortar misión."
Una vez despedidos y embarcados por fin, desde la cubierta, cuando el enorme transatlántico comenzó a moverse y antes de ponerse a buscar su camarote , hicieron adiós con la mano a sus padres. Sebastian no pudo evitar sonreírse para sus adentros pensando en la bronca que su madre le echaría a Byron por no venir a despedir a su hermano menor. Pero claro, a ver quién movía al padrino de la boda de la cama después de la juerga que él mismo se pegó. Que mala idea fue dejarle festejar con Grell al lado.
-¿Vamos Sebastian?—propuso Claude para que fueran a ver su camarote.
-Claro.
Su luna de miel a bordo del Celebrity Eclipse iba a ser de 15 días recorriendo Islandia y Noruega. Ambos actores hubieron pensado mucho en qué harían en su viaje de novios y finalmente acordaron que les apetecía más visitar esos lugares fríos que aún no conocían que ir al típico viaje de playa tropical.
Un mayordomo que casi les hizo recordar a ellos mismos en Kuroshitsuji les esperaba en la puerta de su camarote. Bueno, camarote. Mejor es decir Suite. La Penthouse PS, la mejor suite del crucero reservada para ellos dos. Con la cortesía y diligencia propia el mayordomo les invitó a pasar y él entró las maletas después. Nada más entrar Claude se llevó la mano a los riñones, pues uno de ellos es lo que valía precisamente esta suite, aunque el champán, la fruta fresca y las flores de bienvenida le hicieron olvidarse pronto de ello.
-¿Desean los señores que deshaga las maletas?—ofreció el mayordomo, la pareja negó con la cabeza aún algo absortos en contemplar el lugar. El mayordomo sonrió con disimulo ya acostumbrado a la reacción que solía tener todo el mundo que pisaba la suite.—Recuerden que tienen el servicio de mayordomía las 24 horas, ahora les dejaré solos, feliz estancia y bienvenidos a bordo.
-Gracias.—musitaron cuando la puerta ya se hubo cerrado. Se miraron un instante y sin poder evitarlo Sebastian pegó un salto y se abrazó al estilo Soma (con brazos y piernas) a Claude, quien de no haberle visto venir probablemente habría acabado en el suelo.
-Menos mal que ya he empezado con la flexiones.—comentó el ojidorado entre risas divertidas iguales a las del ojirrojo.
-¡Oye, no me quieras provocar nada más empezar el viaje o acabarás cayendo por la borda!—advierte sin dejar de sonreír y bajándose de él—¿Qué hacemos primero, vemos la habitación entera, el barco, subimos a cubierta o deshacemos las maletas? No, olvida las maletas por ahora. ¡Vamos a recorrer el barco!—exclama de seguido.
-Mon Dieu ¿cómo puedes tener tanta energía cuando yo estoy hecho polvo?
-No he empalmado desde la boda hasta el viaje para quedarme dormido a la primera de cambio. Ya dormiremos más tarde.—Claude hace un puchero ¿y qué pasaba con la noche de bodas? Sebastian le mira de reojo y después sonríe felino dándole un golpecito en el hombro—Just kidding. Yo también estoy que me caigo de sueño pero quería ver qué cara ponías si te decía eso.
-Eso ha sido muy cruel mon fiancé.—protesta haciéndose la víctima pero suspirando internamente de alivio. A peso muerto se deja caer sobre la cama encima de la ropa y se queda quieto con una media sonrisita feliz en el rostro. Sebastian también se sube al mueble y se recuesta a su lado.
-Duerme bien ahora Claude, porque luego te necesito bien descansado.—susurra a su oído, lo que acentúa la sonrisa del ojidorado.
Cuando por fin despertaron el estómago les rugía a ambos, cosa normal ya que la hora de comer se había pasado. Desperezándose decidieron echar mano del servicio de mayordomía 24 horas.
-¿Puedes llamar tú mientras yo me doy un baño? Lo necesito.—pidió Sebastian a Claude. El ojidorado no puso pega y echó mano del teléfono de la habitación mientras el otro entraba unas cuantas cosas al baño.
El servicio apenas tardó 20 minutos en llegar y para entonces Sebastian ya había salido del baño ,anotando mentalmente hacer uso de la enorme bañera en pareja, y Claude recién entraba a darse su correspondiente ducha.
Minutos después el mestizo salió del baño apuntando mentalmente lo mismo que el inglés. El olor a comida hizo que se le afilaran los dientes metafóricamente hablando.
-O yo tengo demasiada hambre o eso huele cada vez mejor.
-Creo que son las dos cosas.—dice Sebastian colocando las dos bandejas encima de la mesa grande con la que la suite disponía. Como un rayo Claude se sentó en una de las sillas y agarró dos cubiertos dispuesto a saciar el agujero negro que en esos momentos tenía por estómago.
-Echa un poco el freno tigre, o veo que acabarás atragantado y yo haciéndote la maniobra de Heimlich.
-Tengo hambre y después tengo la intención de consumar mi matrimonio de una buena vez así que—declara quitándole de las manos al ojirrojo la botella de vino blanco que les habían traído—nada de alcohol. Te quiero bien espabilado y en plenas facultades.
-Vamos a estar dos días en el mar sin pisar tierra.—aclaró, después levantó sutilmente una ceja—¿Impaciente?
-Te gusta demasiado hacerme sufrir.—aseveró mirándose después a sí mismo—¿Hace falta que te responda a eso?
-No, creo que no.—respondió entendiendo que si su pareja había salido de la ducha sólo vestido con un pantalón no hacía falta decir mucho más.
Claro que la parte malvada de Sebastian aún le hizo esperar a Claude a deshacer las maletas para "quitarlas de en medio y que no estorben". Después de sacar la última prenda de las maletas la paciencia del ojidorado estaba a punto de irse a paseo, así que agarró desprevenido a Sebastian levantándolo en volandas y arrojándolo sobre la cama. Este inesperado ataque hizo sonreír con suficiencia al ojirrojo, Claude ya no aguantaba más y su cara tenía esa expresión que decía "Necesito sexo y lo necesito YA."
-Ahora sí que no te me escapas Sebastian.—sentenció subiéndose a la cama él también.
-¿Escapar, yo?—preguntó fingiendo inocencia y yendo al encuentro del otro—Sólo quería hacerte sufrir un poquito.
-Esa no es conducta propia de un recién casado.—le reprocha mientras le quita la camiseta.
-Cierto, pero es mi conducta los 365 días del año.
Claude sonríe de medio lado y besa dulcemente el cuello de Sebastian, que de momento está muy tranquilo dejándose hacer, mientras con las manos le acaricia la espalda y las costillas acabando en su pecho donde valiéndose de sus pulgares toquetea sus pezones. Bajando su boca del cuello de Sebastian traza un camino de besos que baja desde la clavícula hasta un poco más abajo del pecho, donde después vuelve a subir sustituyendo dedos por boca. Un tenue suspiro se le escapa al ojirrojo.
-Una por ti y una por mi Sebastian. Tú me complaciste maravillosamente cuando aceptaste casarte conmigo, así que ahora que me has dado el sí quiero me toca a mi complacerte.
-No creo que puedas superar con facilidad mi striptease. Ya conozco de sobra todo lo que sabes hacer pero...¿y al revés?—Esto desconcierta a Claude a quien el ojirrojo besa fogosamente—Desvísteme.—ordena en voz baja a su oreja.
Joder...pensó para sus adentros. Cuando Sebastian se ponía en ese plan conseguía ponérsela dura rápidamente, y eso que aún no había hecho nada.
Obedeciendo a lo que le había dicho, Claude prácticamente arranca de un tirón los pantalones de Sebastian, y lo que descubre lo deja parado unos segundos. Segundos que Sebastian aprovecha para ponerse de rodillas sobre la cama apoyando una mano en su cadera en actitud provocadora.
-¿Qué? ¿Te gusta?—el ojidorado traga saliva y asiente despacio.
-Eres malvado Sebastian, muy malvado. Mira que hacerme esperar tanto cuando llevabas esto debajo.—dice comiéndose con los ojos a su cónyuge, que le estaba regalando la vista ataviado con algo incluso más provocativo que su traje de bailarín de la serie (a gusto de Claude): un tanga blanco con su correspondiente liga del mismo tono.
-Lo llevo puesto desde esta mañana. Y no veas las ganas que tengo de quitármelo.—confiesa tirando suavemente de la liga y riendo internamente ante la cara de animal hambriento que se le acaba de poner a Claude—Pero antes—detiene justo antes de que le ponga las manos encima—quiero que me des un masaje. Si no no te dejaré seguir.
Claude sintió una nubecita negra posarse sobre su cabeza hasta que captó la idea de qué tipo de masaje quería Sebastian cuando éste se tumbó boca arriba y separó las piernas.
Esto prometía ser divertido. Claro que el ojirrojo no pensaba ponérselo tan fácil desde el principio; pues en cuanto el ojidorado tocó primero su abdomen le gruñó haciendo que apartara la mano de ahí, dando a entender que quería ir paso a paso y por niveles. Así que ni corto ni perezoso Claude se dispuso a satisfacer los caprichos de su pareja, claro que cada vez que tocaba en el sitio correcto Sebastian sonaba complacido.
Un vez que repasó brazos, piernas, abdomen y pecho el ojirrojo le señaló pícaramente con la mirada hacia el tanga instándole a quitárselo. Un sonido de primera victoria resonó en la mente del ojidorado que por poco no se echa a llorar de la alegría. Deslizando la prenda por sus largas piernas le deja totalmente desnudo a excepción de la liga de su pierna.
-¿A qué esperas? Te queda la última parte.
-Tienes razón. Y ahora es cuando me toca a mi hacerte sufrir un poco.—sentencia metiéndose dos dedos de la mano izquierda en la boca y sácandolos húmedos a los pocos segundos. Con los masajes el miembro de Sebastian ya estaba medio despierto y su dueño da un respingo y se aferra a las sábanas cuando el ojidorado lo empieza a recorrer de extremo a extremo con la lengua mientras que con sus dedos juega con el anillo de músculos de su entrada.
-Nnh...—el ojirrojo aprieta la mano contra la boca cuando Claude juega con su glande, circulando y apenas haciendo amago de metérselo en la boca. La mano derecha, que es la que tiene libre, acaricia la cara interna de sus muslos y baja hasta los testículos, los cuales también se da el gusto de acariciar suavemente—"Joder, mira que es vengativo."—piensa, de repente emite un jadeo de sorpresa cuando siente la boca de Claude completamente alrededor de su miembro y comienza a cabecear. Aún así sus dedos seguían jugueteando sin entrar en él, y eso al ojirrojo lo mataba de la impaciencia.—Aah ¿a qué esperas? Nnh, mete los dedos de una vez.
-¿Ansioso?—pregunta con malicia sustituyendo la boca por la mano derecha y haciendo apenas un amago de meterlos de verdad.
-Cállate y mételos.
Sonriente Claude besa a Sebastian con pasión, acariciando sus labios con la lengua para pedirle acceso a su boca. Cuando la abre y ambas lenguas se encuentran los dedos de Claude entran por fin en Sebastian, cuyo gemido se ahoga entre el beso. Cortaron cuando el oxígeno ya fue necesario, aún así el ojidorado no se separó demasiado del otro, disfrutando cada detalle de su expresión, especialmente cuando sus dedos alcanzaron ese punto que hizo estremecerse al ojirrojo y que no pudiese controlar su garganta.
-Dime Sebastian...—susurra candente a su oreja, mordisqueando el lóbulo—¿Qué quieres que haga contigo?
-¿Hace...falta que...te conteste?—articula entrecortadamente—Date prisa y entra.
-Yeah? Está bien, entraré.—acepta anotándose mentalmente una victoria viendo a Sebastian desabrocharle el pantalón a toda prisa.
Sebastian abre un poco más las piernas y Claude termina de acomodarse entre ellas. Deposita un corto beso en sus labios y comienza a abrirse paso dentro sujetándole firmemente de las caderas. Ambos jadean cuando terminan de unirse.
-Nnh...Sebastian, I love you...
-Claude. Ah!—sin darle tiempo a responder el mestizo comienza a moverse, de manera lenta pero acompasada, besando el cuello y pecho de su pareja.
Entre jadeo y jadeo Sebastian aferra con fuerza las sábanas y la almohada al igual que Claude hace con sus caderas. Esta sería la primera vez que se entregasen el uno al otro desde que se dieron el sí quiero y colocasen una alianza en sus dedos anulares izquierdos.
Precisamente con la mano izquierda el ojidorado acaricia la cara de su pareja inclinándose después para volverlo a besar. En ese momento el ojirrojo le echa los brazos al cuello y se yergue junto a él hasta quedar sentado en su regazo, una posición perfecta para que ambos tuvieran más acceso al otro.
-¡Aah!—Sebastian emite un gemido más fuerte cuando Claude llega a lo más profundo y alcanza su punto G.
-Nngh...—el ojidorado gruñe en una mezcla de dolor y placer cuando el ojirrojo le araña la espalda a causa de su último movimiento. Por toda respuesta le muerde el cuello y alisa con la lengua la marca roja que le deja. Los minutos pasan y ninguno habla, después de todo no es necesario sus jadeos de placer lo dicen todo, hasta que Sebastian rompe el hielo.
-Hnn, Claude...faster...I'm reaching my limit...
Claude asiente y hace algo más de fuerza en la elevación de sus caderas para aumentar el ritmo de las embestidas, justo igual que hace el otro buscando más y más contacto.
-Sebastian—jadea—together, now...
Con un par de movimientos más una corriente eléctrica les recorre la espina dorsal y alcanzan su límite. Claude se viene primero, Sebastian apenas unos segundos después. Con un último jadeo ambos se dejan caer sobre el colchón uno encima del otro; dándose un corto beso tras recobrar un poco el aliento ríen suavemente cuando sus collares se enredan impidiendo que se alejen.
-Deja.—dice el inglés desenredando los collares y acariciando el candado del collar del mestizo, quien le retiene la mano en el sitio.
-Creo que hoy por fin entiendo plenamente el por qué de estos collares.
-Birgit estaría orgullosa.—bromea. Claude sonríe de lado y se acerca a su rostro quedando suspendido a pocos cm.
-Sin duda. Por que tú eres la única llave capaz de abrirme el corazón.—sonríe divertido—Por muy ñoño que suene.
-Ñoño del todo.
Compartiendo una risa cómplice Sebastian termina de atraer a Claude sobre sí y vuelven a besarse con la misma pasión que al principio sin separar sus cuerpos. Aún quedaba tiempo hasta terminar de satisfacer el mono de noche de bodas del ojidorado.
Horas más tardes cuando ya era de noche, precisamente medianoche, ambos actores se encontraban en una de las cubiertas de las que disponía el barco. Hacía bastante frío por lo que la gente no se había aventurado mucho fuera de sus camarotes y en esos momentos ambos estaban solos. Claude suspiró y hálito vaporoso escapó de su boca.
-¿Cansado?—preguntó picajoso Sebastian—Creí haber sido suave contigo.
-Más quisieras. Sólo disfrutaba de este momento de tranquilidad.
-Esperemos que los 15 días del crucero lo sean. Si no contamos el sexo.
-Cierto, porque en esos momentos no te pienso dejar tranquilo.—dice dándole un beso en la mejilla.
-No te lo he pedido.
Se quedan en silencio unos minutos. Sebastian jugueteaba con su alianza y Claude con su collar aproximándose el uno al otro casi sin darse cuenta, como si el mismo movimiento de las olas los empujase.
-Je t'aime.
-I love you.
Dicen al unísono, casi sonrojándose ligeramente al darse cuenta de este hecho. Una tenue sonrisa les ilumina el rostro y el más alto rodea en un abrazo al otro, deseando poder estar así para siempre; deseo que, sin saberlo, también era mutuo.
Me pertenecerás ahora y siempre, eres todo mío. Y nunca te dejaré marchar, eres mío y de nadie más. Piensan ambos profundizando el abrazo mientras las estrellas son testigos, las mismas que tantas veces les habían visto pelear y reñir en el pasado. Un pasado que gracias al guión de una serie mutó en un futuro que verdaderamente ninguno pudo haberse esperado.
A fin de cuentas ¿esperarías acabar enamorado de un amante de cine?
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
-¡Fin! (comienza a sonar música de créditos)
Quiero aclarar que no he visto Hetalia (aún) así que la pareja de Francia x Inglaterra la puse porque fue la primera que me salió en Google xD
Uf, pensé que no acabaría nunca. ¡Pero todo llega en esta vida! Espero que os haya gustado little demons y agradeceros como siempre que hayáis seguido este fic, vuestros reviews me hacían muy feliz y siempre lo harán :)
Lo próximo será terminar De Arañas y Cuervos antes de ponerme a otra cosa, que seguramente será El rey de los gitanos, cuya historia tengo bastante más avanzada que la de Corazón de tienieblas. Aunque las de Damn! Que solo tendrá 3 capis y Quimera con 10 también andan por ahí O.o
¡Jesús, cuánto trabajo! TT^TT
Pero en fin, así es la vida de una escritora ^_^
¡Espero que nos leamos alguna otra vez! ¡Besos de cereza a todos/as!
Atte.-Cherry Cheshire ;)
