Como si una ola lo barriese todo.
Cuando Gilbert encontró la mirada azul de Francis, clara como el mar, se vio sumergido por una ola inmensa que lo arrastró, destruyendo a su paso el muro negro que le impedía acceder a su pasado.
En unos pocos segundos, el muro terminó de resquebrajarse al intentar de contener la ola.
Fue inútil.
Marina salió al jardín trasero sujetando aún a Iván, ahora no osaba soltarlo. Alfred los seguía como sonado. Detrás venía Antonio que parecía haber vuelto a la realidad, de su mano iba Lovino. En cuanto a Matthew, se encontraba en la cocina hablando por teléfono.
"Llama a Kiku" había pedido la maltesa.
Una luz brilló en los ojos carmesí del albino.
Comprensión.
Recordaba. Lo recordaba todo.
Quería hablar, pero las palabras se quedaban atrapadas en su garganta, ante las imágenes que pasaban por sus ojos.
Ya no le dolía la cabeza, todo estaba claro. El muro había caído, y al otro lado había encontrado su vida. Se había encontrado a si mismo.
Al cabo de lo que le pareció una eternidad, despegó los ojos de Francis, que no se había movdo ni un milímetro, para mirar a Arthur y Elisabeth.
Inglaterra y Hungría
"Sí. Entiendo. No, no se preocupe Canadá-kun. Puedo ocuparme de ellos. Nah...Al principio han mostrado algo de resistencia, pero he acabado por convencerlos"
"Ok. Malta piensa que lo mejor es que no vengan aquí hasta mañana. S-sé que los va a enfadar, pero..."
"Canadá-kun, esto tiene que ver con Prusia-san, ¿verdad? Él está... ¿vivo? Por favor, dígamelo; yo fui su amigo" pidió el japonés en voz baja para que no le oyesen.
"L-la verdad es que n-no lo sé. E-es complicado. C-creo que sí" tartamudeó Canadá.
Kiku sintió que el corazón se le encogía. La única razón por la que no estaba aún en Madrid junto a Alemania y los demás era que había dado su palabra. Su honor de japonés no le permitía retirarla.
"Ya veo. Harigato, Canadá-kun" murmuró mientras colgaba.
"¿Estás bien?" preguntó una voz a sus espaldas "Llevas desde que has colgado mirando por la ventana".
Japón se dió la vuelta, brindándole una sonrisa a China, algo que no se solía ver en su rostro siempre serio e impasible.
"Todo está bien Yao. Mejor que nunca".
España miró su reloj. Las 10. Había terminado su relato hacía tempo, y ahora todos estaban en silencio. Malta caminaba en círculos, intentando pensar que haría Inglaterra en una situación así.
Antonio le echó una mirada a Rusia.
No era capaz de saber lo que pensaba porque la nación no había dicho nada, pero estaba claro que la noticia le había impactado tanto como a América, aunque de forma muy distinta.
Estados Unidos se encontraba al lado de Iván. Ambos parecían increíblemente interesados en la trenza de la chica.
El silencio lo estaba matando. ¿Por qué esos dos no reaccionaban? Inglaterra se estaba poniendo nervioso, aquello no le gustaba. Francia estaba en trance. Un recuerdo fugaz lo asaltó. Solo lo había visto así una vez...
"Oh no" murmuró, recordando la ejecución de la Dama de Orleáns.
Se mordió el labio, Francia estaba negando lo que veía.
No lo aceptaba. No podía aceptarlo.
Le había costado mucho entender siquiera que él ya no estaba, que lo había asesinado, le había costado aceptar que ya no saldrían nunca más los 3 de copas, que todo había terminado.
Que se había ido para siempre. Como su Jeanne.
Pero ahí estaba, mirándole, tan estático como el mismo.
Su mente le estaba jugando una mala pasada, eso debía ser. La preocupación por Antonio le había llevado al límite.
No sería la primera vez que veía fantasmas.
Jeanne se le había aparecido en más de una ocasión, aunque él nunca se lo hubiese contado a nadie.
Vio sus labios moverse, pero no oía lo que el albino le estaba contando. Este sonreía y tenía un aire de superioridad en su cara. Muy típico. Hasta que, viendo que el rubio no reaccionaba, frunció el ceño , y se le acercó lentamente.
Podía verlo con todo detalle: tal y como lo recordaba, solo que esa expresión de súbita preocupación no era propia de él.
Prusia puso una mano sobre su hombro. Francia se estremeció ante su contacto.
NO. No.
"¡Francia!"
"Bien." Soltó por fin Malta, haciendo que todos se sobresaltasen." Sí Prusia ha perdido la memoria, deberíamos intentar ayudarle. ¿No queremos que se reúna con su hermano sin ser capaz de reconocerle, no?" preguntó imaginándose lo duro que podría ser aquello. "Deberíamos decirle la verdad."
"¿Qué tal si hablamos con la gente que más le conoce?" propuso Canadá, tomando la iniciativa, algo raro en él.
"Es una gran idea Matthew. Rusia, Romano,¿ por qué no contactáis a países que hallan coincidido con Prusia en su historia: los bálticos, Polonia, Sajonia, Westfalia, República Checa, Dinamarca, Holanda...? Alemania llegará mañana, así que no hay mucho tiempo."
Rusia solo asintió, cuando en general no solía recibir ordenes.
"Da"
"Claro".
"Nosotros podríamos hablar con nuestros jefes" propuso España, quería hacer algo, ser útil. "Y si…les decimos que el problema está solucionado y que vamos a celebrar esa conmemoración?"
"¡Pero entonces sería una tontería! ¿es que nunca usas la cabeza? Es dentro de dos días, y mañana estará aquí media Europa" señaló Lovino.
"Entonces mañana la celebramos" declaró segurísimo de si mismo el americano.
Todos le miraron como si estuviese loco (vamos, como siempre), pero eso relajó un poco el amiente.
"Canadá, ven conmigo. Vamos a buscarlos." propuso la chica. "Nos vemos a las 12".
Gilbert posó su mano sobre el hombro de su amigo.
"¡Francia! Empiezas a asustarme" le reprochó.
"¡Francis! ¿Qué tal tío? ¡Sé que estás sorprendido de ver al asombroso yo de vuelta, pero no es para tanto! ¿Has echado de menos mi asombrosa genialidad verdad? Claro, y quién mundo no puede estar sin mí"
Eso era lo que había soltado cuando por fin había recuperado la palabra. Soberana gilipollez. Pero es que era lo único que se sentía capaz de decir. Ahora entendía la reacción de Antonio y no quería otra vez lo mismo. Tenía que quitarle peso a la situación. No quería un drama, no le iban. Los recuerdos de su ejecución ya eran de por sí demasiado duros.
Pero Francia no parecía haberlo oído, y eso le preocupaba.
"Francia…no, por favor, no llores" medio suplicó cuando vio las lágrimas del rubio.
Este pestañeó.
¿Estaba llorando?
"Suéltame" consiguió decir con voz queda.
Prusia lo miró sorprendido. Las palabras del rubio solo tuvieron el efecto contrario. Le apretó más fuerte el hombro.
"¿Qué est-"
"Lâches-moi!" gritó entonces el francés al tiempo que se deshacía del agarre de Gilbert. "¡Tu no eres mi amigo! Eres un maldito espejismo que viene a volverme loco…déjame en paz. No quiero verte, no quiero oírte. Él está muerto, yo lo maté. Si fueses Gilbert no te acercarías a mí, me odiarías. No me dirigirías ni la palabra. ¿Crees que no lo sé? Así que no necesito que vengas a torturarme. Vas-t-en!" pidió al tiempo que se sujetaba la cabeza con las manos y salía de ahí.
"Espera…Frankreich!"
"France!" gritó Inglaterra.
