Ni la historia ni los personajes me pertenecen. Disfruten.


Capítulo 24

El sabor de la sangre le impregna la boca, los labios de Elsa le han robado el aliento, y sus palabras, ese "Te quiero, Anna", le han terminado de arrebatar la cordura.

Su brazo quemado pasa a segundo plano.

Al menos para ella, porque Winter no puede sacarse esa imagen de la cabeza.

-Vaya… ahora todo tiene sentido-. Dice Mérida, desde el suelo. Sí, le ha sorprendido bastante el acto, pero en cierto modo, ya lo imaginaba.

Anna gira sobre sus talones, para quedar de frente a la otra psiquiatra, y no pasa desapercibido, ni para Mérida ni para Rapunzel, que un poco de la locura de los ojos zafiros se ha traspasado a la mirada esmeralda. -Mérida-. Elsa le abraza por atrás, con los brazos cruzados sobre su cintura, de modo territorial, posesivo, salvaje. -Comprenderás que esto no puede saberlo nadie más-. Su tono es sereno, porque sabe que no son necesarias las amenazas.

En cuestión de microsegundos, la sangre de Alicia que empapa la ropa de Winter mancha la espalda de Summer, pero a está parece no importarle ni un poco.

Winter da una fría caricia a la mano sana de su psiquiatra, de forma inconsciente, después alza el rostro, clavando su intensa mirada en los ojos azulados.

-Anna-. Y con ello, Mérida sabe que está metida hasta el fondo en todo ese asunto. Si ellas se hunden, se hunde con ellas. -Winter me ha salvado la vida-. Les da una mirada decidida. -En lo que a mí respecta, no he visto nada-.

-¿Quieren seguir ayudándonos?-.

-Sí-. Responden Mérida y Rapunzel al unísono.

Y entonces, una mueca similar a una sonrisa aparece en el rostro de Elsa, porque sabe cuándo la gente miente, y ellas no están mintiendo.

La oji-azul toma a Hans de su playera, lo arrastra, no porque no pueda cargarlo, sí no porque él merece ser un ser rastrero, y lo avienta dentro de un cuarto vacío.

No quiere que el hijo de puta muera rostizado.

Ansía matarlo con sus propias manos, solo que por ahora no tiene tiempo para darse dicho gusto.

Recoge el revólver del piso y se lo entrega a Anna.

-Creo que tú sabes usarlo mejor-. Le dice totalmente segura la psiquiatra.

Pero Winter no acepta el objeto de regreso. -Yo no lo necesito-. Truena sus nudillos, con eso las demás entienden que ella solo necesita sus manos para resolver las cosas.

De reojo, los ojos zafiros notan que Rapunzel intenta ayudar a Mérida a ponerse de pie, sin embargo, es bastante obvio que la oji-azulada no podrá caminar por su cuenta.

"¿Planeas ayudarle?" Sus voces reaparecen, tan burlonas como siempre.

"Te estas ablandando demasiado" Suelta un leve gruñido que solo Anna nota.

"Es importante para Rapunzel" Contesta mientras se acerca al par de mujeres.

"¿Acaso quiere jugar a tener sentimientos, Elsa?"

"Hace unos momentos ustedes querían proteger a Anna" Con eso logra callarlos, aunque sea unos minutos.

Winter no consulta a nadie, con la facilidad brindada por su fuerza, alza a Mérida en brazos, y la sangre de esta no tarda mucho en mezclarse con la de Alicia en la ropa de la oji-azul.

Dunbroch no está tranquila en su posición, pues el aura demencial de la chica sigue influyéndole hasta cierto punto, pero no puede caminar y sabe que deben salir de ahí en cuanto antes.

Elsa da una última mirada al brazo herido de Anna, es consciente de que eso debe doler mucho, el grito de la peli-roja aun le resuena en los oídos, pero también es consciente de que la oji-esmeralda mantiene un rostro sereno, y le fascina demasiado que Anna sea capaz de oponerse al dolor aún con las circunstancias en contra.

Rapunzel toma la linterna, no obstante, la ronca voz de Winter le frena. -Apágala-. La cara de confusión de la doctora habla por sí sola. -Confíen en mí-.

Ante la frase, Anna coloca su mano sana en el hombro izquierdo de su paciente, y con confianza ciega, Rapunzel coloca su mano en el hombro contrario, antes de apagar la linterna. Así, las cuatro mujeres se adentran entre las penumbras de Arendelle.

Las carcajadas llenas de locura resuenan con fuerza, estas son sustituidas por los gritos desgarradores, después, vuelven a estallar las risas sin sentido. Un leve escalofrío recorre el cuerpo de Rapunzel, en cambio Anna parece imperturbable, Mérida… ella se concentra en no desmayarse, y Elsa, a ella claramente no le asustan esos sonidos, sin embargo, sí que le irritan, por eso cada ciertos pasos gruñe para silenciarlos, establece que ella es quien manda y que si le retan los matará en el acto.

-¿A dónde vamos?-. Susurra Rapunzel.

-Hacía el generador de emergencia-. Responde la peli-roja.

Van hacía allá porque necesitan atender las heridas de ambas psiquiatras, y eso no sucederá mientras Arendelle no tenga electricidad.

Solo los oídos de Elsa detectan los suaves pasos de otro individuo. -Alguien viene-. Baja a Mérida, quien semi consciente, se apoya en Rapunzel. -Doblará en la esquina izquierda-. Por un segundo, frunce el ceño, no quiere alejarse de la peli-roja, no obstante, sabe que es necesario.

-Encenderás las linternas-. Le dice a la doctora.

-Estaré cerca-. Susurra en el oído de Anna, para después alejarse del reducido grupo justo cuando Rapunzel enciende la linterna.

Efectivamente, tras unos instantes, aparece el individuo. Lleva una linterna en la mano izquierda y un revolver en la derecha, sin miramientos, les apunta, pero baja el arma al percatarse de quienes son sus acompañantes.

-Hola Sven-. Dice Summer con voz serena, aunque el uniforme del hombre esta manchado con sangre. Es fácil deducir que tuvo que defenderse, porque él no parece estar herido y no es una bomba inestable como Westergard, para andar disparando a lo idiota. -Nos vendría bien algo de ayuda-. Entre ella y la doctora mantiene de pie a Dunbroch.

Él les analiza rápidamente, cayendo en cuenta de sus heridas. -Claro-. Y se guarda la linterna en el cinturón para tener una mano libre. -¿A dónde se dirigen?-. Pregunta mientras se hace cargo de levantar a Mérida, quien suelta un leve quejido, delatando que su estado está empeorando.

No parece extrañado ante la situación.

Por otro lado, entre las sombras, Winter les vigila, dispuesta a rajarle la garganta si intenta algo raro, dispuesta a arrancarle los dedos si toca a Anna.

La sangre comienza a secarse sobre su rostro y cuello, la sensación le asquea. Porque Idun siempre le decía que se limpiara después de hacer algo y eso le ha dejado una especie de trauma, bien justificado, si recuerda las cicatrices de su espalda.

Pero no tarda nada en desplazar dicha sensación, porque quiere, debe, necesita concentrarse en vigilar lo único que le importa.

-Al generador de emergencia-. Responde la peli-roja.

-Vengo de ahí-. La molestia es evidente en los ojos miel. -El generador de emergencia no funciona.

Summer aprieta los dientes, ya veía venir esa jugada, porque sí, está segura de que todo forma parte del juego de Duke.

Sin embargo, los planes de Duke solo hacen que ella tenga que adelantar los suyos.

-Llévelas a la enfermería-. El guardia le da una mirada confundida.

-Usted también parece necesitar ayuda-.

Como sí la vida se riese de ella, una punzada de dolor le recorre a través de toda la piel quemada.

-Por el momento hay algo más importante que mi brazo-.

-¿Qué?-. Y es que basta con ver su extremidad para saber que le quedará una marca de por vida.

-Encontrar a mi paciente-. El hombre palidece, había olvidado que antes del apagón Winter estaba siendo transferida.

De ese modo, sin esperar respuesta, la psiquiatra se adentra en las penumbras de Arendelle. No siente miedo, porque sabe que ella, su Elsa, está mucho más cerca de lo que parece. Pasan tan solo unos segundos antes de sentir el gélido aliento en su cuello. -Anna-. La nombrada sonríe.

-Tendremos que adelantar nuestros planes Elsa-.

.

Duke permanece en su oficina, a la espera de que la locura de Arendelle elimine a la más loca del mismo. Se relame los labios y frota sus manos al imaginarse "libre" de ese "estorbo", de hecho, le tienta encender las cámaras para ver el producto de su movida, sin embargo, piensa que eso no traería nada bueno, no para él.

Le da un trago a su bebida, que es agua, porque nadie que trabaje ahí desea perder sus cinco sentidos.

Después, por un segundo, cree estar alucinando cuando escucha un golpe proveniente de la puerta. Agita la cabeza, ¿Quién en su sano juicio cruzaría Arendelle en esa situación? Se remueve en su asiento.

A ese golpe le siguen otros cinco, es raro, son golpes… ¿Sutiles? ¿Elegantes?

Desconfiando, se niega a romper su silencio.

-Sé que está ahí Director-. La frase no es un reproche, pero sí que se detecta desprecio en cada una de las silabas.

Una retorcida sonrisa se forma en sus labios al reconocer la voz de Summer. Dentro de su cabeza, cree que la suerte le sonríe y que podrá eliminar dos pájaros de un tiro.

-No me parece buena idea abrir-. Mientras habla, abre un cajón de su escritorio.

-Tendrá que hacerlo si no quiere que abra la boca-. Responde Summer.

La mirada de Winter se afila, le tienta de sobremanera echar abajo la maldita puerta. Como consecuencia, sus demonios, tan incoherentes como siempre, gritan ideas que a la peli-roja no le gustarían ni un poco.

-¿Qué intenta decir?-. Resulta ridículo que a esas alturas sigan empleando el usted, pero así funcionan las cosas.

-Sé cosas que usted no quiere que nadie sepa, Director-.

-¿Está amenazándome?-.

-Si abre, no tiene que ser una amenaza-. De repente, Duke siente que está negociando con el diablo, sabe que la peli-roja no se anda con tonterías.

A regañadientes, dado que ceder es como perder para él, se encamina a la puerta, quita el pestillo y deja pasar a la psiquiatra. La luz del interior habría cegado a Anna si esta no hubiese entrado con los ojos cerrados. No demora en abrirlos.

-Lo suponía-. Dice al ver la oficina del Director completamente iluminada.

Duke vuelve a colocar el pestillo y regresa a su escritorio.

-¿Qué es lo que quiere?¿Más dinero? Su sueldo ya es de los más altos solo por atender al fenómeno ese-.

-Su nombre es Elsa Winter-. Él se carcajea ante la aclaración, pero deja de reír al notar en los ojos esmeraldas algo que solo ha visto en cierta mirada zafiro.

-¿Qué quiere?-. Prácticamente escupe la pregunta.

-Que regrese la electricidad-. Al fin baja un poco la mirada, dando como resultado que se percate de la quemadura de Summer. Hace una mueca que dice: Eso debió doler bastante, y después muestra una sonrisa desvergonzada.

-¿Cómo lo supo?-. Mete la mano al cajón que había abierto.

-Una mujer tiene sus secretos-. Pero ella lo nota y su mente formula ideas rápidamente.

-Se los tendrá que llevar a la tumba entonces-. Anna no se sorprende de ver una pistola apuntando directo a su cara.

Y como no siente miedo alguno, hace una pregunta. -¿Qué dirá de mi muerte?-.

-No será difícil de creer que Winter asesinó a su psiquiatra-.

Antes de que Summer pueda responder, un golpe sacude la puerta. Duke no dispara porque se paraliza al pensar en quien está del otro lado.

El segundo golpe es tan fuerte y violento que derriba la puerta con pestillo incluido.

Y de entre las sombras, aparece Elsa, con su mirada cargada de intenciones homicidas. -No me gusta que me inculpen, Director-.


Cada vez mejor. Nos vemos.