Disclaimer: Naruto y todos sus personajes pertenecen a Masashi Kishimoto. Este fic es sin fines de lucro, solo lo hago para mí y vuestro disfrute personal.

Pareja principal:

-Gaara/Hinata

Gracias por adelantado por los reviews.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

El parpadeante sonido del intermitente se envolvía con la suave música de la radio y el suave rugido del motor mientras giraba el coche en uno de los cruces de la avenida para ir directos a las zonas residenciales de las afueras.

Flotaba en el interior del vehículo un sutil aroma floral que le picaba en la nariz y que no había notado cuando se subieron la primera vez, por supuesto, era verdad que estaba más centrado en no saltarle encima y arrancarle la ropa con los dientes que en otra cosa cuando fue a por ella hace unas cuantas horas atrás.

No le gustaba, no porque oliera mal, nada de eso, sino porque el olor de su perfume ocultaba su olor natural. Y no tenía reparos en admitir que el aroma de su sangre y su piel era mejor fragancia que cualquier perfume de delicada flor.

Una inhalación de su sangre era suficiente para alterarle de pies a cabeza y excitarle como si fuera un animal en plena etapa de celo.

Se estaba pensando últimamente de que así fuera, un animal en todo el sentido de la palabra.

Por favor, no hacía falta más que apartar a un lado la tela de su gabardina a un lado y ver preso entres sus estrechos pantalones la evidencia de su deseo queriendo ser liberada y saciada. Estuvo a punto de sisear cuando su mente se abandonó imaginando todo aquello que podía hacerle con su boca y lengua rosadas.

Estaba enfermo.

Miró un momento hacía ella que miraba apaciblemente por la ventanilla y al verlo reflejado en el cristal mirándola viró para sonreírle ruborizada por la calefacción de manera hermosa. Eso solo consiguió no hacer otra cosa que sentir su miembro latir con vida propia. Implorando por el interior de sus muslos.

Muy, pero muy enfermo.

Hinata se apartó el pelo a un lado para doblar debidamente la bufanda y meterla en el bolso, el picazón del perfume de jazmín se intensificó. Su nariz se arrugó con leve molestia.

-No vuelvas a echarte ese perfume.

Su voz sonó tal vez más brusca y demandante de lo que se esperó, pero ya no había marcha atrás. Las palabras ya salieron.

-¿N-no te gusta? Pensé que olía bien-. Bajó la mirada con una sensación de decaimiento en el corazón, solo quiso oler bien para él y se echó su mejor y más caro perfume-. Lo siento.

Percibió el cambio de humor en ella y se quiso dar un puñetazo en toda la boca por haberle provocado eso. Era tan malditamente gilipollas.

-No huele mal pero, - Se vió en la obligación de explicarle debidamente las cosas. Por el bien de ambos- es mucho mejor tu olor natural. Me gusta más.

-¿Mi olor natural?

Su voz sonó con duda en lugar de ligero dolor, y eso lo calmó al instante. Lo último que quería era hacerla sentir mal. Ya había visto en sus ojos cuando ella creía que nadie la mirada un inmenso dolor bañar sus diluidas iris amatistas.

Era, sin lugar a dudas, mucho mejor verla feliz y serena, con las mejillas ruborizadas que envuelta en ese manto de invisible dolor y miedo que muchas noches de vigilia en el árbol había contemplado.

Que Dios prepare a quien fuera el culpable de su tormento, porque lo mataría de la manera más cruel existente.

Pobre del suicida que se atreviera a hacerle algo a su hembra.

A la excitación de momentos antes se le sumó ahora el enorme instinto de protección propio de los hombres emparejados. Su pecho se hinchó al tomar una ociosa bocanada de aire para no hacer nada estúpido como tomarla de los hombros y zarandearla para que le dijera el paradero del imbécil que le había hecho tanto daño.

Realmente tenía que aprender a calmarse o algún día haría cualquier estupidez de la que se lamentaría de por vida.

Lo mejor era volver a donde dejó la pequeña conversación mientras conducía el auto, claro que, la pregunta que ella le había hecho se respondía con un sí, y si ella después preguntaba un porqué estaría metido en otro asuntó delicado como en la cena cuando le preguntó por su lado peligroso.

Esperaba salir bien con su respuesta.

-Tu olor, el aroma que desprende tu piel es mucho mejor que cualquiera de los perfumes que te puedas comprar. Nunca tendrá comparación alguna con el suave dulzor que desprendes.

-¿A-así que huelo bien para ti?- Jugueteó con timidez con el asa de su bolso y mirando sus rodillas. Sintiendo una pequeña llama en su interior de pura esperanza.

Demasiado bien.

-Me dan ganas de morderte y devorarte.

Nuevamente acababa de decir algo que no debería, Hinata y todo lo que ella conllevaba el tenerla al lado no le dejaban pensar con coherencia y cuidado.

El lado bueno, que también por otra parte era malo, era que sus palabras se podían malinterpretar fácilmente en el contexto sexual. Cosa que tampoco estaba equivocada siendo sinceros hablando. Pero era mejor eso que enterarse de que ser era en realidad.

Una ola de calor proveniente de ella lo dejó sin aliento. Jesús bendito, estaba receptiva, jodida y absolutamente receptiva en aquel instante. Ahora mismo podría tumbarla en los asientos de atrás y meterse entre sus húmedos pliegues, que no se negaría.

-A mí me gusta también como hueles, sobre todo esta noche.

Si no estuviera sentado en el asiento del coche habría caído como un peso muerto al suelo de pura dicha.

Su olor esa noche no era otra cosa que feromonas y testosterona, hormonas sexualmente activas que una persona normal jamás se imaginaría, y debían de ser muchas si hasta Hinata era capaz de olerlo siendo humana.

Y todo por ella.

Se removió inquieta en el asiento de al lado, escuchando el pelirrojo como se frotaban sus torneados muslos y una peligrosa palpitación en su vientre hizo aparición al percibir el sutil aroma de su humedad. Oh, señor, ¿era esto una prueba para su autocontrol? Porque estaba a punto de caer.

No supo si tomar como suerte el llegar a la calle de Hinata porque por ahora el hecho de conducir lo mantenía controlado y ocupado en la carretera y el volante, pero nada le aseguraba que una vez fuera no la acorralara cuan gato al ratón.

Aparcó justo frente a su cochera, sintiendo al pasar por delante de las casas de los vecinos alguna mirada curiosa a través de las cortinas, ¿se creían que no los veía? Idiotas entrometidos, como se notaba que no tenían vida social salvo el saber que se cocía en el barrio entre los residentes.

Maldita sea, con ojos indiscretos no podía hacer nada para no hacer de Hinata la comidilla de todos. Había escuchado con su agudo oído que muchos pensaban que tenían algo al verlo tanto por allí y las horas tan tardías de la noche cuando lo oían marcharse de las pocas veces que fue a verla. Lo bueno es que nadie se había, ni daría cuenta de que todas las noches iba a su cuarto antes de ir a trabajar para saciar sus ansias de verla y notar su calor.

Salió del coche respirando el fresco aire de la noche, calmando su alterado estado para sentirla a ella salir poco después, antes de que pudiera abrirle siquiera la puerta.

Hinata se acercó a él y se abrazó a su brazo cuando una repentina ráfaga de aire frío le dio de frente, buscando su calor corporal sin saber lo que eso le producía mientras caminaban por el caminillo de piedra en completo silencio.

Ambos estaban en un verdadera disputa interna sobre lo que llegaba ahora. La despedida.

Gaara sabía por un lado que lo mejor era irse ahora que estaban las cosas bien y su estado era manejable, sin riesgo para ella, porque si seguía aferrándose así a él estaba seguro que perdería la cabeza del todo dentro de algún momento. Empero, por otro lado, no quería dejar su lado bajo ninguna circunstancia. No sabía cuándo sería capaz de poder quedar con ella de nuevo ahora que los chicos estaban hasta nuevo aviso libres, como él.

Cosa que le enfadaba porque cuando parecía que tenía días libre para pasar con ella, los otros estaban de por medio interrumpiéndole cualquier plan de quedada a solas. Ya ni decir sobre lo que le esperaba cuando llegara a la fortaleza.

Le iban a acorralar y avasallar a preguntas por lo que habían descubierto en su cita con Hinata en el restaurante, lo sabía sin lugar a dudas. De ser por ellos lo hubieran interrogado allí mismo, pero por estar ella callaron las preguntas y aguardaron el momento adecuando. El cual llegaría en cuanto pusiera un pie en su habitación o incluso antes de llegar al fuerte.

Miró por el rabillo del ojo a la peliazul cuando ella apretó un poco la mano en su antebrazo cuando llegaron a las blancas escaleras de madera del porche.

No quería llegar a la puerta, realmente no quería sacar las llaves y despedirle hasta quien sabe por cuánto tiempo. Deseaba estar más con él, no sabía en qué momento se había hecho tan dependiente de su cercanía cuando no hace nada la embargaba el miedo el simple pensamiento del pelirrojo. Y ahora separarse le era incuso algo duro.

Un nudo incomodo se instaló en su garganta cuando se quedaron parados en mitad de las escaleras del porche en un silencio roto por el melodioso y lejano búho en el parque que había cerca de su casa.

No sabían que decir ciertamente ahora mismo, tenían que despedirse, ir cada uno por su lado pero, no querían.

-M-me lo he pasado muy bien.

-Me alegro.

Hinata mordió su labio y bajó la mirada a sus botas de leve tacón, mirando de vez en cuando el rostro de leve desconcierto del su acompañante. Se humedeció las labios con la lengua en un lento movimiento al encontrarlos secos, sin saber que eso solo logró captar la mirada del Sabaku en su tentadora boca.

Una ola de ardor por devorarla lo abrazó, haciéndole apretar los puños intentando contenerse. Pero era tan arduamente difícil esa tarea y tanta la tentación.

-Te lo compensaré.

-¿Compensarme qué?- No había hecho nada para que él mereciera una recompensa de su parte en toda la noche. Cada instante había sido una maravilla, incluso los momentos donde ella le daba atención estando los otros tres cenando con ellos.

-H-hacerte ver una película como esa. Sé que no te gustó, estuviste tenso durante toda la filmación.

Si ella supiera el motivo de estar rígido durante toda esa hora y cuarenta y cinco minutos.

-No hace falta.

-Insisto, pide lo que desees.

Mejor no, lo que saldría de su boca no sería precisamente nada que se considerara dentro de lo debido y correcto. La espantaría como una persona hace huir volando a un pequeño gorrión al sentir sus pasos.

Llévame a tu cuarto, deja que te arranque la ropa antes de echarte sobre el colchón y abre las piernas para mí.

Su mandíbula tembló antes de tensarse por desear eso en su mente.

Definitivamente no podía decirle algo así por mucho que estuviera ansiando hacerlo realidad. Y por supuesto para que no pensara ni supiera lo necesitado que estaba y lo lascivo que era. Sería, según como decía Naruto al ver a ciertas personas actuar, un pervertido de armario.

Aunque eso de pedirle lo que quisiera le daba la oportunidad de quedar de nuevo. Y así lo haría.

-La próxima vez veremos una película que me guste a mí-. Con eso estarían a la par realmente y, bueno, sacaría algo de provecho- ¿Te gustan de terror?

Como si no supiera ya la respuesta a esa pregunta. Sabía que no debía guiarse por las apariencias de la gente, no como siempre hacían con él a pesar de que se lo buscaba a pulso. Hinata, por su personalidad suave y calmada no parecía ser una mujer aficionada a las películas sangrientas y catalogadas de terror, más no obstante, esta vez las apariencias eran correctas.

En muchas noches observándola la pilló en varias ocasiones viendo películas, dramas, romances, todas las categorías existentes para películas, excepto de terror.

Le daban ganas de reír esa ocasión donde la vio chillar y taparse la cara con un cojín cuando salió de improviso una escena de decapitación en una escena.

-N-no mucho, me dan miedo.

-Te dejaré abrazarme.

Esperaba que no fuera una osadía para ella el decirle eso. Tampoco quería ser demasiado directo coqueteando.

Demonios, nunca había intentado ligar, no sabía qué hacer. Era como un ciego andando a oscuras sin bastón.

-E-eso estaría bien, ayudaría mucho si luego devolvieras el gesto.

Su corazón palpitó dichoso al escucharla devolverle los flirteos. Se sentía tan emocionado.

-Así deberá ser si tengo que taparte de escenas fuertes ocultando tu rostro en mi cuello-. Hinata sonrió ruborizándose, tiñendo su piel de adorable rojo. Daban ganas de lamer sus mejillas- ¿Te parece bien entonces?

-Sí, s-si quieres puedes traer alguna película que tengas y la vemos en mi casa, podríamos cenar juntos.

Oh sí, joder, sí. Una nueva noche con ella, a solas. Bueno, estaba el puto chucho de por medio estropeando cualquier posibilidad de lo que pudiera surgir íntimamente con Hinata, pero siempre se puede encerrar a la cachorro en alguna habitación de la casa.

Vía libre completa. Impecable. Estaba totalmente decidido.

-Llámame cuando libres.

-L-lo haré-. Se colocó un lado del pelo tras la oreja y miró indecisamente el suelo, esquivando su mirada con cierta pena bañando sus ojos-. Y-ya nos veremos. Buenas noches.

Sonrió con calmante serenidad y con una emoción que lo dejó estático, mudo sin saber qué hacer con el revuelo de sensaciones arrolladoras que lo envolvían. Había devoción en su mirada, hacía él.

Lo miraba con amor.

Su pensamiento desapareció por completo al verla girar y subir un par de escalones, alejándose de él mientras sacaba las llaves de su casa. Una sensación de ahogamiento le golpeaba al sentir el calor que desprendía su cuerpo desaparecer con su marcha.

No pudo controlarse. Fue puro instinto lo que lo dominó.

Llegó al último escalón odiando tener que entrar en casa y dar por terminada la velada maravillosa que estaba pasando con el pelirrojo esa noche. Si no fuera tan repentino, le pediría pasar la noche en casa con la patética excusa de que era demasiado tarde, solamente para quedarse más tiempo a su lado.

Quiso suspirar con decaimiento pero no pudo más que jadear sorprendida cuando sintió que tomaba su muñeca y tiraba de ella hacía atrás. Obligándola a darse la vuelta en el proceso para no caer y bajar unos cuantos escalones por inercia.

Silencio. Eso envolvió el jardín cuando soltó su fina muñeca para dejarla en su cintura firmemente, acercándola a su cuerpo al tiempo que la acorralaba en la baranda y, su mano libre, se enredaba en su pelo al encerrarse sobre su cuello.

Su boca se entreabrió cuando empezó a hiperventilar al ver como alzaba su rostro, arrebolado y sorprendido, al tiempo que él inclinaba el suyo hacía abajo, mirándola con una intensidad abrumadora en sus piscinas cían, sintiendo su aliento sobre sus húmedos labios. Mostrándole sin vergüenza ni reparo alguno el deseo que sentía.

Apretó nerviosamente las llaves en su mano y sintió sus latidos detenerse al sentir el tibio toque. El tiempo pareció detenerse en ese mismo instante, todo a su alrededor pareció enmudecer, Gaara le robó el hálito y la fuerza en sus piernas.

Un beso, suave, tierno, cerró los ojos sintiendo la sien palpitar cuando los movió sobre los suyos con lentitud. Era un toque tan delicado y a la vez tan abrumador.

Por Cristo, había ansiado tanto esto, tantas veces fantaseando, tanto despierto como en la oscuridad del sueño, con la textura y el sabor de sus labios. No podía parar, no deseaba hacerlo, ansiaba fundirse en la sensación de ardor que lo acogía. La deseaba tanto, la necesitaba con tanto ahínco. Encajaba tan bien entre sus brazos, tan frágil y cálida, tan hermosa.

Apretó el agarre entorno a ella, perdido en su propia mente huracanada sobre pensamientos de ella, haciéndola retroceder hasta quedar apontocada entre la baranda y la columna de enredaderas mientras su cuerpo, tonificado y duro, presionaba el suyo con vehemencia. Ladeó su cabeza suspirando pesadamente unos segundos cuando se separó antes de unir sus labios de nuevo.

Calor abrasador, fuego surcaba sus venas y lava su cerebro ahora imposible de utilizar.

Lamió despacio, con parsimonia, de una comisura a otra, sumergiéndose imparable en el interior de su boca con pasión por un débil jadeo de asombro, derritiéndose en su interior al ver el cuerpo de la Hyûga flaquear y emitir una oleada de libídine.

Tenía que parar, ahora, o las cosas se pondrían demasiado intensas y difíciles, pero no podía detenerse. Le era imposible frenarse, Hinata era una droga, ella era para él como un adicto a las anfetaminas o la heroína, nunca era suficiente.

Presionó sus firmes labios con fuerza unos instantes sobre los suyos, retirando su lengua del interior de su dulce caverna de húmeda ambrosía. Buscando serenarse para no perder el control.

Se separó despacio de ella, apreciando el intenso rubor de su rostro e hinchados labios, quedando hipnotizado por sus amatistas acuosas que lo observaban de manera desorientada. Amando como se aferraba a sus brazos para buscar equilibrio al percibir el temblor de sus piernas y el errático latido de su pecho.

Un beso jamás lo afectó tanto, ninguno de los besos que en el pasado había dejado tener a las vampiresas con las que se acostaba le hicieron sentirse así. Liviano, libre, tan jodidamente feliz.

Dio un último, pero más suave y calmado beso, antes de soltarla con el cuidado que se tiene al manejar algo de endeble cristal. Rozando su pómulo con delicadez como despedida a esa cita. A esa noche memorable.

-Buenas noches, Hinata.

-A-adiós- Tartamudeó aún anonada, con las manos temblorosas, no precisamente del frío, en el pecho al sentirlo acelerado.

Tanteó un par de veces al meter la llave en la cerradura cuando se dio cuenta de que el pelirrojo estaba esperando dentro de su coche a que entrara en casa para cerciorarse de que estaba completamente segura para poder marcharse.

Cayó al suelo del recibidor de rodillas, apoyándose en la gruesa puerta de madera al tiempo que ocultaba el rostro con sus manos cuando cerró la puerta tras ella y escuchó el rugido del motor del coche cuando aceleró calle abajo. Alejándose. Aunque eso no ayudara a ralentizar su desenfrenado interior. Notaba el constante repiqueteo contra su caja torácica, peligrando con estallar allí mismo.

Dios santo, no podía creer lo que había pasado hace unos instantes en el frío porche. Gaara le había besado, ¡Gaara le había besado!¡Dos veces! Si cerraba los ojos aún era capaz de sentir su lengua acariciando la suya sosegadamente, curioseando su cavidad bucal con tanto afán que la dejaban sin aliento incluso a pesar de no tenerlo con ella.

Entreabrió sus dedos cuando sintió algo acercarse en un veloz correteo por el pasillo hacía donde estaba aún completamente anonada, ida, como si acabara de despertar de un sueño. Uno extraordinario.

Abrazó a Cotton cuando ésta se lanzó a su regazo y empezó a gimotear con las orejas caídas, lamiendo preocupada su cara. Sonrió cerrando los ojos, calmándose al tiempo que acariciaba el lacio y sedoso pelaje blanco.

-Tranquila, Gaara no me ha hecho nada-. Suspiró soñadoramente notando el calor todavía cubriendo sus mejillas, como éstas hormigueaban dulcemente al volverlo a recordar con vivo detalle-. Nada que no me haya gustado.

Ojala le hubiera pedido que se quedara en casa, pasara lo que hubiera tenido que pasar de pedírselo y entrar él por el marco de la puerta, ese fue el pensamiento que tuvo mientras cerraba con llave y pestillo la puerta y subía las escaleras para pasar una noche de desvelo.

Recreando una y otra vez la textura suave y cálida de sus labios.

.

.

.

El coche se agitaba mientras subía por la leve colina sin asfaltar de los territorios prohibidos donde vivían apartados de los humanos. Los chinorros saltaban a ambos lados de los neumáticos mientras se dirigía mecánicamente con el coche al lugar donde a pesar de no prometerlo, sabía que debería de ir.

A hablar con Temari para aclarar las cosas y calmarle los nervios alterados que tenía por su preocupación hacia él desde su huida. O por lo menos así se lo dijo Kankuro el otro día cuando apareció en el club.

Mirando los árboles y alguna que otra casa del camino conforme avanzaba le produzco cierta sensación reconfortante en el pecho al ver sus ramas y tejados aún semi cubiertas de la nieve de pocos días atrás. No era idiota, comprendía por qué se sentía así, le recordaba bobamente a ella porque su casa y jardín estaban en las mismas condiciones.

Sonrió con regocijo sin poder evitarlo con auténtica y pura satisfacción plasmada en el rostro.

Aparcó frente a su puerta, sabiendo de antemano que no molestaba ahí y esperó sentado en el asiento mirando al frente, a la oscuridad levemente iluminada por los faros del coche. Sintiendo inmóvil las emociones que lo recorrían, haciéndole suspirar en el silencio roto por la radio aún encendida.

Música hard metal sonaba haciendo temblar el interior del vehículo a través de los altavoces, pero poco caso le hacía a ese detalle, ni siquiera era consciente de la melodía porque su cabeza y sentidos estaban en otra parte. Concretamente al otro lado de la cuidad.

Se mordió el labio, provocando un pequeño corte con el colmillo que no tardó en comenzar a sanar al lamerse los labios cuando apartó a un lado los pliegues de su gabardina. Bufando.

Joder, como está esto.

Aquello parecía un mástil de puro acero a punto de romper una tienda de campaña de cuero más que otra cosa. Inaudito lo que un beso, jodidamente delicioso y deseado, podía conseguir en su cuerpo. Claro que, para vergüenza suya, la erección había crecido antes de siquiera empezar el beso, ni pensado incluso. Empero, no se arrepentía de nada.

Tanto si Hinata se había percatado de la dureza en constante roce con sus calientes muslos y lo había dejado pasar, como si no se había enterado de lo evidente en sus partes bajas, había disfrutado cada segundo de todo aquello. El calor de su cuerpo presionado al suyo, sus curvas generosas acoplarse tan bien a su figura, su húmeda calidez bucal y la tersura de su rosácea lengua.

Recordarlo todo le originó un escalofrió por toda su columna. Volvió a sonreír relamiéndose.

Apagó la música, quitó las luces y salió del coche poniéndole el seguro tras bajarse para acercarse a la puerta, curiosamente abierta. Evidentemente, le habían oído llegar, más exactos, a su coche y su música exageradamente alta. Así que no se sorprendió al ver a su hermana esperándole a la entrada del salón, lo que si no se esperó es verse envuelto en sus brazos poco después de cruzar el umbral.

-Me alegra tanto verte, estaba tan preocupada por ti desde aquella noche.

No debería encontrarlo entretenido, no cuando sentía la angustia de su hermana pero, era hilarante que una mujer que era una media cabeza más baja que él le apretara de tal manera en el abrazo. Casi lo levantaba del suelo si no llega a encorvarse en su pecho en lugar de erguirse.

No obstante, entendiendo su intranquilidad, posó la mano sobre la cabeza de su hermana, en su brillante cabello de oro para quitarle importancia al asunto. Queriendo eliminar el desasosiego de su tensión corporal.

Temari era más que una hermana para él, fue su figura materna también y su pilar de apoyo para seguir adelante cuando todo a su alrededor era densa traición. Se sentía algo culpable por haber reaccionado la semana pasada tan exageradamente cuando le solucionó las dudas que tan desesperadamente quiso ver resueltas.

-No pasa nada

-¿Cómo estás?- Tomó sus mejillas, apretando ambos lados de su rostro con preocupación en su facciones, que pasó veloz a estupor para mirarle a los ojos, perpleja-. Es-estas emitiendo mucho calor.

-Estoy bien. Muy bien, no te preocupes.

Como no emitir calor, había estado con la peliazul en uno de los momentos que había ansiado con verdadera locura poder cumplir desde incluso antes de saber qué es lo que sentía por ella. Si ahora mismo parecía un radiador, bienvenido fuera.

-Has estado esta noche con ella, ¿verdad? Emites mucho aroma y calor.

Asintió dándole la razón por completo a su afirmación anterior. Volviendo a escapar de sus labios una leve sonrisa que hizo sus ojos brillar con intensidad, en dicha, cuando el beso y el tenerla entre sus brazos minutos antes surcó su memoria otra vez.

Temari no daba crédito a lo que veía, nunca pensó que vería a su hermano sonreír así, tener piel cálida a tal nivel. Podía percibir el latir acelerado de su pecho al tenerlo tan cerca.

¿Qué había hecho esa hembra con su hermano? Se lo había cambiado hasta un nivel irreconocible, claro que no estaba enfadada por ello, para nada, estaba tan agradecida por darle a Gaara una nueva perspectiva de la vida. Que hubiera, como parecía al verle, derrumbado ese escudo invisible que lo alejaba de todos desde que era un niño.

Verlo tan vivo y ciertamente soñador.

Sonrió a cambio y lo llevó al sofá para sentarse, palmeando para que tomara asiento a su lado y querer ponerse al día, si él estaba dispuesto a hablar, sobre el tiempo desde su huida. Después de todo, se encontraba sola en casa porque Kankuro estaba en el taller de la carpintería y Shikamaru en la base de los supremos investigando quien sabe lo que le habían mandado hacer en total secreto.

-¿Qué has estado haciendo desde que huiste?

Lo vio observar su regazo, recostándose en el espaldero del sofá hasta subir sus ojos al innecesario fuego de la chimenea. Observando el ondulante y elegante contoneo de las llamas.

-Negar lo que es evidente ahora.

-No digas eso, yo fui demasiado directa. No tuve tacto.

El pelirrojo bufó con ironía y se revolvió el pelo antes de mirarla de soslayo.

-Temari, lo dijiste bien, como deberías de haberlo dicho. Yo lo hice mal, me ganaba el orgullo para siquiera pensarlo por un instante.

No lo pensaba así, Gaara pasó por mucho en el pasado, mucha traición de parte de su padre, quien debería de haberlo tratado con infinito cariño, haber visto en la lejanía el asesinato de quien era en aquel instante su único vínculo paterno que lo acercaba a su madre, su tío Yashamaru. Y para colmo de todo, los intentos de asesinato hacía el de su progenitor y el de los humanos cuando se enteraron de que ser era en la realidad.

Lo habían traumatizado por completo. Normal que luego fuera tan cerrado y cruel con casi todo el mundo.

-¿Sigues luchando con el orgullo?

-No-. Negó igualmente con la cabeza para dar más credibilidad-. Ya no, no por ella al menos.

Ya no le pesaba a su maldito y gran orgullo el admitirlo, la deseaba, la quería, la necesitaba. Se había ido a lo radical, a lo extremo, en cuestión de nada pasó de la ira y recelo al amor. La risita de su hermana le indicaba que pensaba lo mismo que él.

¿Así se sentía Temari con Shikamaru? ¿Las mismas sensaciones y emociones la recorrían? ¿El mismo deseo de estar siempre a su lado? En otro momento hubiera dicho que era una autentica basura todo aquello, pero ahora, experimentándolo realmente, era increíble.

Envidiaba no haber sentido algo así primeramente, no haber conocido a Hinata antes.

Se llevó la mano al pecho, notando su aún ritmo algo acelerado. Captando socarronamente que también seguía alzado al cielo su miembro, por suerte algo disimulado por la estrechura de sus pantalones.

Tendría que hacer algo para solucionar eso si quería dormir plácidamente.

-Tengo muchas preguntas que hacerte, pero por ahora puedo esperar a mañana, no quiero que el tan buen humor con el que has llegado se esfume al sentirte invadido personalmente. Además, Kankuro también está preocupado y querrá saber que te ocurre.

Lo agradecía, mucho, no estaba preparado esa noche para preguntas sobre su actual relación con ella, ni mucho menos lo que seguramente le dirían sobre las reglas que ya sabía que estaba quebrantando. Esta noche quería sentirse tal cual se sentía ahora, liviano, feliz y esperanzado.

Cuando amaneciera iba a dormir como nunca, no lo intuía, lo sabía. Aunque, aún era de noche, y quedaba mucha por delante, tal vez fuera de nuevo a verla, aunque fuera solamente para velar su sueño.

Aunque, no confiaba en la cachorro, lo delataría a ladridos nada más verlo si por algún casual dormía en la misma habitación que ella. Joder, lo que ese puto animal le había jodido. Maldecía a Kiba y el puñetero momento donde tuvo la idea de regalarle el chucho a Hinata.

Pero encontraría la manera de seguir viéndola, nadie, ni humano, nosferaru, licántropo o, una bola enana de pelo blanco lo detendría. Aunque tuviera que iniciar él mismo una masacre para lograrlo.

Era suya.

-¿Quieres quedarte está mañana? Puedo ponerte sábanas en tu antigua habitación.

Lo sopesó un poco tras escuchar su propuesta; si iba a la fortaleza a pasar las horas solares lo acorralarían en su habitación con preguntas que vio en Ichiraku que se guardaron para sí, y al final terminaría enfadado con todos ellos porque no abriría la boca y de hacerlo, sería para mandarles a la mierda. Menos al Uchiha, a él le partiría la cara porque sabía que se reiría.

Lo mejor sin duda era quedarse si quería seguir conservando su tan buen humor.

-Me quedo.

-Bien, voy a buscarlas para ponerlas-. Se levantó del sofá con una sonrisa burlesca que le hizo alzar una invisible ceja con curiosidad cuando la vio guiñarle el ojo antes de salir del salón-. Tal vez antes te gustaría darte un fresco baño.

Sus labios temblaron divertidamente al comprender que su hermana se había dado cuenta de cuan contenta estaba su mitad interior. Lo cual no le extrañaba porque él mismo estaba oliendo el sutil aroma del deseo que producía su piel.

Se levantó del sofá también, dispuesto a ir al baño privado del que fue su cuarto con la intención de darse una ducha caliente y vaporosa. Tenía otra idea mucho mejor en la cabeza para calmarse a sí mismo mientras subía las escaleras al piso de arriba.

Estaba ansioso por llegar en muchos sentidos y cosas por tener.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

¡Estoy tan feliz queridos lectores! Adoro todo vuestro apoyo a través de los reviews que me dejáis en cada capítulo, estoy muy emocionada al haber llegado a los 300 reviews ya, ¡Jamás pensé que llegaría a tantos! Os quiero.

Y por eso, como hice con el review 200, a quien me ha dejado el 300 le regalo un fic Gaahina con una palabra al azar que me diga, y esta vez ha sido Gaahina-kokoro con una palabra que ya me ha dicho y que estoy escribiendo ahora.

¡Gracias a todos!

Y bueno, ya ha ocurrido un grandísimo acercamiento entre ambos, ¡Se han besado! Bueno, Gaara le ha besado, Hinata se ha quedado estática sin saber que hacer xD Ya falta poco para otros acercamientos importantes entre ellos. Muy cerca...

Y sé que me pongo pesada, pero, por favor, decidme los fallos que veías en la lectura, es la única manera de poder mejorar mi ortografía y gramática.

Contestación a reviews de usuarios sin cuenta:

-Camilex: Muchas gracias por chivarme os fallos, aunque tolai no es un error ortográfico, significa persona excesivamente tonta.

Gracias por le review.

-Guest (febrero 22): Si no se hubiera huido los habrían visto muchos de la fortaleza y lo podrían haber delatado, y eso implica una futura y pronta muerte a ambos. Mejor que se haya levantado ¿no crees? ;) Ya se ha desfogado en la intimidad de la noche sin peligro.

Gracias por le review.

-Gaahinaforever: Lo digo de nuevo, el Lemon vendrá cuando le toque, no antes, aún no se habían besado para pensar siquiera en acostarlo juntos. Paciencia, todo llega :)

Gracias por le review.

-Liz: A mí me alegra siempre leer tus reviews, son tan alegres xD No hay que pasar por alto que Hinata sigue siendo tímida y más estando en un restaurante lleno de gente, lo raro sería no haber salido huyendo xb Ha habido más que un pequeño roce de labio como has visto, no tendrás queja ahora Xd

Gracias por le review.

-Guest (febrero 23): Todo es con constante práctica y también, leyendo mucho y seguido, adquieres experiencia conforme vas leyendo aunque no lo parezca.

Gracias por le review.

-Bestsellerwriter: Si bueno, luego tienes que aguantar que los amigos te hagan el lio a ti xD Sí, Gaara ha de tragarse las palabras dichas en el pasado ahora xb Pronto podré publicar más seguido de este fic, pero por ahora tengo dos long fic pendientes que hacer y hasta que no acabe el que tengo ya a punto de concluir no puedo estar 100% con este.

Gracias por le review.

-Madara: Hasta que no ponga en la información del fic, complet, significa que la historia sigue.

Gracias por le review.

Hasta el próximo capi. Cuídense. (L) Y dulces mordisquitos.

Publicado el 25 de marzo de 2015.