¡SORPRESA! Digo "sorpresa" porque no iba a actualizar hoy, quiero decir, que era casi imposible que tuviera el capítulo listo para este domingo, pero se ve que estaba equivocada, ¡lo he terminado! y literalmente, está recién salido del horno, ¿no os parece?

¡Gracias por todo!

Espero vuestra opinión.


CAPÍTULO 24: EGOÍSTA

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Elena se abrazó con fuerza a la almohada, si se concentraba un poco podía captar el olor de Damon, como si estuviese ahí, abrazándola.

El chico había dejado que se quedara con la condición de que pudiera llamar a alguien para avisar a sus padres de que estaba a salvo. Elena no había protestado, aunque para sus adentros había tenido miedo, no quería marcharse de allí, no quería enfrentarse a la mirada reprobatoria de su padre, ni tampoco tener que ser ella quien le dijese a su madre lo que estaba pasando, por eso había mantenido la esperanza de que Damon llamase a Stefan y no a nadie más.

"Eres una cobarde".

Y había acertado. Estaba a punto de quedarse dormida cuando escuchó la voz de su amigo, podría haber dejado que los hermanos hablaran a solas, que decidieran por ella que era lo correcto, pero Elena no podía seguir siendo una niña egocéntrica, por lo que salió de la cama y se acercó a las escaleras para poder escuchar con más claridad.

Una cosa era dejar de ser una niña y otra madurar de la noche a la mañana, no podía enfrentarse a los Salvatore, no todavía.

—¿Has encontrado a Elena, de verdad?

—¿Puedes no decir obviedades? —le pidió Damon, en su tono de voz se notaba lo derrotado que estaba—. ¿Has hablado con sus padres o has venido a comprobar que no se me han cruzado los cables?

—He llamado a Grayson, le he dicho que está conmigo.

—Bien —repitió varias veces, como si no estuviera convencido del todo de lo que estaba pasando a su alrededor—. ¿Sabes lo que ha pasado?

—No, Grayson y su tía estaban muy nerviosos, no podía escuchar bien lo que me decían, pero les he pedido que la dejen conmigo esta noche. Para que se calme.

—Elena apareció en mi puerta —le explicó aunque Stefan no hubiese hecho ninguna pregunta, es como si Damon necesitase liberarse y la mejor manera era hablando con alguien que no iba a juzgarlo—. Me abrazó y simplemente la dejé entrar, ¿por qué soy tan débil? tendría que haber gritado o haberle dicho que no tiene ningún derecho a romperme el corazón y a usarme como un pañuelo cuando le venga en gana.

Stefan asintió en silencio. No podía dejar de darle vueltas a lo mismo. Las cosas habían cambiado tanto en una sola tarde que casi dolía.

Elena había demostrado lo infantil e inmadura que era, mientras que él, ¿qué había demostrado Stefan? ¿qué estaba dispuesto a ganarse a Damon? ¿qué iba a dejar de lado lo que su madre quisiera por su hermano? no quería pensar en eso, pero cuando había llegado a su casa, cuando su madre le había preguntado dónde estaba, había mentido, ¿por qué?

—Stef…

El aludido como Damon miraron en dirección a la escalera, de donde provenía la voz de Elena. Todo estaba sumido en una completa oscuridad, pero ninguno de los dos tardó en divisar la figura de la chica. Fue Damon quien apartó la mirada primero, totalmente agotado y derrotado.

La chica bajó los últimos peldaños y se acercó despacio hasta donde estaban los chicos, aunque había pronunciado el nombre de su amigo no podía apartar la mirada de Damon, esperando que el chico mostrase algún interés por su presencia.

—Gracias por hablar con mi padre.

—Es tarde —comentó el rubio, ignorando a su amiga completamente, aunque se moría de la curiosidad por saber qué había pasado, todavía tenía un poco de dignidad en el cuerpo—. Mañana a las siete vengo a recogerte. No acepto un "no" por respuesta.

Elena no dijo nada al respecto. Tampoco intentó convencerle para que se quedara, ya estaba haciendo bastante por ella, cuando estaba claro que no tenía porque hacer nada.

—Damon.

—Stef tiene razón. Es mejor que descanses —se levantó de un salto para recoger los cojines que estaban desperdigados por el suelo y así no mirarla. Tras colocarlos en el sofá, volvió a tumbarse, esta vez ignorando completamente la presencia de la chica.

No solo estaba cabreado con Elena, es que no quería tenerla allí, no aguantaba estar junto a ella en la misma habitación, si le había dejado entrar era por pena, cada vez estaba más segura.

Pero, ¿cómo solucionarlo? no podía gritarle o exigirle que la escuchara, no tenía ningún derecho, no cuando ella había salido corriendo como una niña pequeña, no cuando era la culpable de que la situación estuviera como estaba, pero entonces, ¿huía de nuevo?

Damon seguía sin moverse.

Damon seguía sin dar ningún tipo de señal y ella ya estaba cansada, eran demasiadas emociones en una misma tarde, las cosas serían diferentes al día siguiente, ¿no?

—Lo siento —musitó al borde de la escalera, sabía que era imposible que el chico pudiera entender lo que había dicho pero, de todas formas, fue un suspiro poder soltarlo antes de que fuera demasiado tarde.

Subió las escaleras con el corazón en un puño, cada paso que daba lejos de Damon era como un recordatorio de que el lazo que los unía se había roto para siempre, no por culpa de Kai, no por culpa de un error, sino por su culpa, por comportarse como una niña egoísta.

"Y aún así no vas a hacer nada para remediarlo, ¿qué dice eso de ti, Elena?"

Tardó un segundo en encontrar la respuesta a esa pregunta, dos para darse cuenta que no iba a quedarse de brazos cruzados. Estaba en su mano cambiar las cosas o dejarlas como estaban.

Rehizo sus pasos con la misma rapidez. Damon seguía en la misma postura donde lo dejó antes, pero con una pequeña diferencia, esta vez sí se dignó a mirar en su dirección.

Aunque hubiese preferido que no lo hiciera.

—Vete a la cama.

—No —dijo seca, consiguiendo que el chico se incorporara para mirarla—. No voy a irme sin hablar contigo. Necesito hablar.

—Y yo necesito perderte de vista, pero como siempre hay que hacer lo que tu quieras.

—No es lo que yo quiera.

—Sí, sí que lo es —se pasó la mano por el cabello y clavó la mirada de vuelta a la chica, para encontrarse con una dureza que no se había esperado y que no le hacía ninguna gracia.

—Lárgate, Elena.

—Si eso es lo que quieres, me marcharé pero no sin antes pedirte disculpas.

—¿Crees que todo se soluciona con unas simples palabras? —le preguntó más afectado de lo que creía en un principio. No le gustaba el control que tenía Elena sobre él, había sido un idiota al rendirse, no podía consentir que la chica se saliese con la suya, no sin antes sufrir un poco. Él no era su juguete. Ella no era una niña que pudiera romper corazones y después querer ser perdonada con unas pocas lágrimas.

—Sé que no se solucionan las cosas así, ¡lo sé! pero… ponte en mi lugar, ¿qué habrías hecho tú si me hubieras escuchado diciendo esas cosas?

—Salir corriendo no, eso te lo puedo jurar —le aclaró duramente—. Te habría enfrentado hasta que lo dijeras todo. Y después, simplemente me iría. Pero no huiría.

—Claro, tú no huyes, ¡eres el prototipo de la perfección! —gritó—. ¡Llevas toda la vida alejando a las personas! ¡Huyendo! ¡No me vengas con ninguna lección!

—¡Yo no huí del amor! —se levantó y se acercó hasta la chica con pasos agigantados, pero Elena no se sintió intimidada en ningún momento, quería esto, que Damon estallara, que los dos explotaron hasta caer exhaustos.

—Huiste de tu hermano.

—Huí de un lugar donde no me querían, Elena. Tu has huído de mí, como si yo pudiera no amarte.

—Sí, vale, huyo del amor constantemente, porque no creo en los "para siempre".

—Nada es eterno, pero se puede intentar, ahí está la gracia del amor.

—No soy una persona buena para tí, Damon —se mordió el labio con fuerza, reteniendo las lágrimas, no quería derrumbarse, no quería darle la razón a Damon—. Tendría que haberme quedado, haberte enfrentado, pero… correr, era lo correcto. Lo sentía así.

—No corrás nunca. No sirve de nada.

Damon se alejó de ella, pues sentía que todo a su alrededor le estaba agobiando, hasta hacerle perder la cordura, quería gritar, quería romper todo a su alrededor, pero también quería correr a su lado, abrazarla y suplicar que nunca más desconfiara de él, pero si lo hacía, ¿dónde quedaba su dignidad?

Elena tenía que currárselo. No podía perdonarla de la noche a la mañana.

—Vete a la cama.

—Estamos hablando.

—¡Sé lo que vas a decir! —agarró su rostro con suavidad, para después apartarse al ser consciente de lo que estaba haciendo. Elena sintió la pérdida como si le hubiesen arrancado un brazo—. Que me quieres, que sea paciente, que no vas a volver a hacerlo, ¡sé que vas a hablar del divorcio de tus padres! ¡ya hemos tenido esta conversación!

—Nunca tuve que apoyarme en eso… mis padres no eran felices…

—Tus padres son felices ahora, ¿verdad? quizá ellos no eran la persona perfecta para el otro. Quizá algún día encuentren a alguien. Porque un ex no condiciona tu vida.

—Mi padre y Jenna están juntos.

Damon tardó un segundo más de la cuenta en procesar las últimas palabras de Elena. Miró a la chica con cuidado, no parecía que esa información cambiara nada en su estado, como si ya lo hubiese asimilado, pero Damon no era tonto, Elena no estaba allí por lo que había pasado entre ellos, estaba allí porque había descubierto la relación de su tía y su padre.

Quiso golpearla por ser tan infantil, egoísta e inmadura.

Pero podía comprender eso, él mismo odió a su padre por abandonar a su madre por Lily, por abandonarla por una mujer que nunca quiso realmente a Giuseppe.

—No puedes huir porque se amen.

—Lo capto —suspiró—. No he hecho bien, pero les voy a compensar, voy a… compensarte, Damon. Si me das una segunda oportunidad.

Elena esperó una respuesta, pero lo único que Damon hizo fue mirarla, en ningún momento dejó ver ni un ápice de sus sentimientos, como si hubiera levantado un muro entre ellos dos. Eso hacía las cosas más complicadas, no quería perder al chico, sabía que necesitaba tiempo, pero si dejaba que las cosas siguieran su curso quizá después fuese demasiado tarde.

Dio un paso al frente, pegando su cuerpo al de Damon, el cual no hizo nada para alejarla ni tampoco para mantenerla a su lado.

—Te quiero.

Tomó una de sus manos entre las suyas, pues era mucho más fácil desviar la atención en un punto concreto que enfrentarse a la intensidad de sus ojos azules. Damon estaba tenso bajo su toque.

—Lucharé por nosotros.

—Vas a tener que trabajar bien eso. Me va a costar mucho confiar en tí de nuevo.

Elena sonrió levemente.

—Sobreviviremos a esto. Siempre lo hacemos.

—Quizá sea yo el que no crea en los "siempre".

—Bien, merezco eso —soltó su mano, rompiendo todo contacto físico para después mirar sus ojos azules, captando un destello de esperanza en ellos. No estaba todo perdido en el corazón de Damon, solo tenía que luchar por él, ganarse su perdón. Quiso abrazarlo por darle esa nueva oportunidad, más aún, quiso besarlo.

Damon pareció entrever sus intenciones pues dio un paso hacia atrás, dejándole claro que la conversación había acabado ahí.

—Buenas noches.

—Buenas noches, Elena.

Stefan, fiel a su palabra, apareció a la hora acordada para recoger a su amiga. Damon, se había levantado un rato antes, por lo que cuando Elena se despertó y fue a abrir a su amigo, no estaba por ningún lado.

La chica sabía que iba a ser difícil recuperar al ojiazul pero tampoco esperaba que no estuviese ahí para despedirse.

—No le podemos esperar…

—¿Y si no tiene llaves?

—Elena —le advirtió—. Le prometí a Grayson que te traería lo más pronto posible, por favor…

—Pero…

—No, Elena. Después hablas con Damon, lo primero es lo primero.

Elena acabó cediendo después de pensárselo un poco. Si Damon no estaba allí para ver como se marchaba, ella no sería quien para negarle ese deseo.

Hablar con su padre y su tía fue la cosa más difícil que había hecho en mucho tiempo, nunca se había sentido tan fuera de lugar como esa misma mañana de Acción de Gracias, donde su padre y su tía no dejaron de hablar en ningún momento, de cómo su relación comenzó hace relativamente poco, ese mismo verano, que en ningún momento habían querido ocultar la verdad ni mentir a nadie, sino que no habían visto apropiado decir nada, y para colmo, no dudaron en dejar claro que Miranda lo supo casi desde el primer día.

Jenna estaba que parecía que iba a explotar y Grayson ligeramente callado, los dos a la espera de que Elena dijera algo.

"Ahora, dime tú, ¿cómo le explicas a estos dos que si ayer reaccionaste tan mal, no fue solo por esto sino también por otras cosas?"

—Lo siento mucho —comenzó sintiéndose intimidada—. Me dejé llevar, no llevo un buen… no estaba bien, y lo pagué con vosotros. Si sois felices yo…

Elena no podía continuar hablando, porque no estaba diciendo nada con sentido y no quería seguir fastidiando más las cosas, pero por suerte del destino, no hizo falta continuar con su disculpa, pues su padre se lanzó a abrazarla con fuerza, como si temiera que volviera a escapar.

—¡No sabes lo mal que lo he pasado, hija! ¡No vuelvas a marcharte así! —la abrazó con más fuerza, casi ahogándola—. ¡Tu madre iba a matarme si no aparecías!

—¿¡Llamaste a mamá!?

—¡Por supuesto! —Jenna agarró el brazo de Grayson para que aflojara el agarre—. Tu padre estaba a punto de darle algo, llamar a tu madre o a la policía.

—Tendré que hablar con ella ahora…

La idea no le hacía mucha ilusión, pues sabía que el asunto de su tía con su padre no sería lo primero que su madre le preguntaría, si había alguien que podía adivinar lo que Elena tenía en la cabeza, esa era su madre, ya fuese en Londres, en América o en el fin del mundo.

—Hazlo con calma —le calmó su padre, con un leve apretón en el hombro, ¿cómo podía haberle hecho eso, a noche? su padre y su tía se lo merecían todo, había sido demasiado egoísta, demasiado.

Pero no eran los únicos que lo habían pasado mal, tenía que remediarlo de alguna forma.

—¿Papá? ¿Hay sitio para alguien más?

Su padre y su tía se miraron unos segundos, Elena fue consciente de la conversación silenciosa que compartían y se sintió aún peor, ¿tan ciega había estado? llevaba allí casi tres meses, ¿cómo no se había dado cuenta?

—Claro…

—Quería decir, dos sitios más…

Cuando su padre asintió muy poco convencido de su autoridad en esa casa, su hija se lanzó a sus brazos para darle las gracias. Grayson no tuvo tiempo para protestar, porque cuando quiso darse cuenta, Elena estaba subiendo las escaleras con un aura resplandeciente.

—Déjala, Gray —Jenna tomó su mano—. No todo es tan malo…

—Eso lo diré cuando vea la cara de nuestros invitados.

—¿No te imaginas quiénes son?

—Pues por eso —le dio un pequeño beso en la mejilla—. Mi hija es demasiado pequeña para estar en un triángulo amoroso.

—¿Qué? Está claro que no te enteras de nada…

—¿Por qué te ríes?

La mañana se pasó casi en un visto no visto, lo primero que Elena hizo al ducharse, fue mandarle un mensaje a su amigo donde le dejaba claro, con todo lujo de detalles, sus intenciones para esa noche, después de eso, habló con su madre y le contó absolutamente todo. Durante un par de horas, lloró lo que no había en los escritos mientras escuchaba los consejos de Miranda y se daba cuenta de lo estúpida que había sido, pero eso iba a acabar ahora, nunca más volvería a dejar escapar a Damon Salvatore.

Comprobó varias veces su teléfono. Stefan no le había respondido, aunque el mensaje estaba puesto como leído, pero no hizo nada para contactar con su amigo, si quería ayudarla y podía, estaría allí mismo, en menos de una hora, para la cena de Acción de Gracias.

Damon le había dicho varias veces en la semana que se conformaba con una noche con ella, que no necesitaba la excusa de una fiesta para reunirse con ella, que siempre pasaba las fiestas solo y que nunca se había muerto por ello, pero claro, esa conversación la tuvieron antes de que Elena mandara todo a la mierda, por lo que la chica podía intentarlo de todos modos.

—Elena, ayúdame con esto, por favor.

Estaba ayudando a su tía en la cocina cuando el sonido de la puerta captó toda su atención, pero aunque quería salir corriendo a recibir a los hermanos personalmente, dejó que fuese su padre quien lo hiciera, así tendría tiempo de asimilar todo lo que iba a pasar esa tarde-noche.

—Elena —miró a su tía—. ¿Le quieres?

—Sí.

Soltó las cosas en la isla y salió para recibir a sus invitados, pero en cuanto llegó a la entrada, todas sus ilusiones se rompieron en miles de pedazos cuando solo vio a uno de los hermanos Salvatore junto a su padre.

—¿No ha venido?

Stefan fue a contestar cuando le interrumpieron.

—¿Por quién me tomas? ¿Comida gratis? Ahí estoy yo —bromeó Damon, detrás de su hermano, llevaba las llaves de su coche, por lo que Elena supuso que estaba aparcando y que Stefan se había adelantado, pero de una forma u otra, ver a Damon así, sonriendo, solo a ella, hacía que las cosas volvieran a su sitio, por unos instantes.

—Pasad chicos, pronto estará la mesa lista.

—¿Podemos ayudar?

—Claro, todos aquí ayudamos.

Stefan acompañó a Grayson a la cocina, dejando que la pareja pudiera hablar con tranquilidad, Elena se lo agradeció en silencio, pero pronto se arrepintió al ver que el estado de felicidad de Damon había sido una completa fachada, no parecía nada feliz al verse obligado estar allí.

—Dijiste que me lo trabajase. Es lo que he hecho.

Damon no respondió inmediatamente, no solo eso, sino que encima pasó por delante de ella, en la misma dirección que Stefan, sin darle la oportunidad de comprobar si la estrategia había o no funcionado.

"Pues la fiesta empieza bien…"

Y continúo de la misma forma. Damon parecía el pretendiente modelo, pues su padre no podía estar más encantado con su presencia, ya que no era consciente del estado anímico de su hija. Stefan buscaba constantemente cambiar de tema y entretener al personal, mientras que su tía no dejaba de mirar a todos, como si pudiera leer la mente de alguno de los presentes, estaba claro que era el peor Acción de Gracias de la historia.

Tras terminar todo el teatro de la cena, pasaron a tomarse la última copa en el salón, no era en realidad la última, pero Elena esperaba que los hermanos decidieran marcharse cuanto antes.

—No te rindas, cariño.

—¿Qué no me rinda? Me lo está poniendo muy complicado.

—Está enfadado, está aquí en contra de su voluntad, ¿verdad?

Elena frunció el ceño.

—¿Tendría que haberle preguntado? Pensé que sorprenderle sería algo bueno.

—No cuando las cosas van mal.

—¿Y qué hago, Jen?

—Te diría que le des tiempo, pero… —Jenna miró en dirección a los chicos, los cuales estaban charlando animadamente, sin ser conscientes de lo que sucedía a unos metros de distancia.

Damon clavó sus ojos azules en la figura de las dos chicas, Elena quería apartar la mirada, salir corriendo y refugiarse en su cama, pero en cambio, se quedó ahí, aguantando su mirada y dejándole claro que no iba a rendirse nunca.

O eso esperaba estar diciendo.

—Ve a por él.

—¿Qué?

—Que vayas a por él, ya —Jenna le sonrió—. Tiene las barreras por los suelos, cariño. Lánzate.

—No creo que sea buena idea…

—¿Por qué no? Lo de la cena no ha servido, vale, prueba con esto…

Era una locura, pero decidió escuchar a su tía, quizá las sorpresas no fueran la respuesta a ninguno de sus problemas, quizá lo que estaba a punto de hacer acabase completamente con su relación, pero si no lo intentaba, más tarde acabaría arrepintiéndose.

Llegó hasta Damon, llamando la atención tanto de Stefan como de su padre, que no la habían visto venir, pero no del ojiazul, que había apreciado sus intenciones desde el principio.

—Papá —empezó sin dejar de mirar a Damon—. Estoy enamorada. Y voy a luchar por lo que siento hasta el último segundo, ¿no lo crees correcto?

Grayson no supo qué responder, aunque tampoco hizo falta, la dureza de las palabras de Elena fueron interrumpidas por la risa de Damon, sorprendiendo aún más a los presentes.

—¿Cómo puedes ser tan egoísta?

El chico se reía sin ningún tipo de reparo y Elena no supo si esa pregunta iba con alguna doble intención o si simplemente era una anotación por parte del chico, pero aún así, rompió las distancias para besarle.

No fue un beso como los que se habían dado hasta ahora, fue un simple roce de labios para decir todo lo que no podía decir con palabras. En cuanto sus labios se separaron, supo que había traspasado una línea, era cuestión de segundos, saber si había valido o no la pena.

Damon tenía los ojos cerrados, no había ni un rastro de la risa que había inundado la sala, todos estaban esperando la reacción del chico.

—Estás loca —susurró—. Estás tan loca.

Una pequeña sonrisa se dibujó en su rostro. Damon rompió las distancias y abrazó a la chica con fuerza, llegando incluso a levantarla del suelo.

—¡Estás loca! —le dio un pequeño beso en la frente cuando la soltó en el suelo, tomó su rostro con delicadeza—. No sabes el trabajo que me cuesta odiarte, no sabes lo que me cuesta fingir que estoy enfadado, ¡pero es que debería estar enfadado! ¡debería salir corriendo y fingir que nada de esto ha pasado!

—Pero…

—Pero no puedo malgastar ni un segundo más sin decirte que te quiero, ni un segundo más sin abrazarte o besarte, ni un…

—¡Eh! —los interrumpió Grayson—. Se acabó, sea lo que sea, ya se ha solucionado, ¿verdad? pues os recuerdo que estáis en mi casa, ¡y esa es mi hija!

Elena soltó una carcajada mientras se apartaba un poco de la cercanía de Damon, pero en ningún momento se alejó lo suficiente para sentir la pérdida.

Damon miró de reojo a su hermano, el cual le sonría levemente, todavía no estaba seguro de si había hecho lo correcto perdonando a Elena tan pronto, esa misma mañana se había dicho que la haría sufrir un par de días más, pero cuando Stefan le había venido a buscar, cuando le había contado el plan de Elena, supo que sería incapaz de mantenerse alejado del amor de su vida ni un solo minuto, ¿era eso ser débil? ¿un estúpido? quizá, quizá debería alejarse de la persona que tiene el poder suficiente de destruirlo, pero si hacía eso, ¿no se estaba destruyendo de todos modos?

Elena era su vida, y como ella misma había dicho esa mañana, tenían que sobrevivir, porque siempre lo hacían.

"¿Verdad…?"