CAPÍTULO 25
"Caos Interno"
David había aparecido en el preciso momento en que ella lo necesitó, había tomado a Omar del cuello y lo había tirado contra un contenedor de basura, él cuerpo del hombre sintió el impacto y rebotó al suelo, el rubio se puso encima de él y empezó a golpearle la cara como si fuera algún saco de arena.
Varias de las personas que ya iban de salida, se aglomeraron alrededor de la pelea de los varones, o mejor dicho de la golpiza que David propinaba al castaño, porque Omar estaba bastante mareado y con la cabeza en otro lado que a lo único que atinó fue a cubrirse la cara y la entrepierna con las manos.
Regina dio unos pasos hacia ellos. Omar no hacía nada por defenderse y sólo se movía tratando de cubrirse y evitar más dolor por parte del príncipe.
- David! – lo llamó, pero él estaba en otro mundo, un mundo en donde sólo habitaba, él, el cuerpo de la basura esa y su furia – David! – Gritó – Déjalo ya… la policía… te llevará – él alzó su mirada a ella, pero sus ojos parecían nublados.
- Ya, detente brother! – dijo uno de los hombres de la seguridad del local, sosteniendo a David por detrás y evitando que siguiera pegándole al castaño. El rubio estaba furioso, tenía la ira atorada en la garganta y en lo único que pensaba en ese momento era en golpearlo y si era posible acabar con toda su raza.
Otro hombre de seguridad se juntó a su compañero y entre los dos sostuvieron a David, él quería soltarse y continuar golpeándolo, pero entonces levantó el rostro y la vio. Ahí estaba Regina, sosteniéndose con una mano del poste de alumbrado público y con la otra mano en un puño sobre su pecho, el rostro lloroso y temblando, olvidó por un momento al tipo en el suelo, se soltó del par de hombres de seguridad, fue hasta ella y la abrazó con todo el amor que le tenía. La sintió llorar en su pecho y apretar con todas sus fuerzas su chaqueta de cuero negra.
-¿Regina, estás bien? ¿Te lastimó? Dios! mi Amor! – Exclamó con preocupación el rubio, separándose sin soltarle, entre nervioso, asustado y levantando su rostro para examinarla - ¿Estás herida? – le interrogó mientras la miraba y repasaba su cuerpo en busca de lesiones.
Ella negó, se secó las lágrimas y aún afectada lo abrazó.
- Calma Mi Amor, estoy aquí. No te voy a dejar - besó su cabeza – Shh Shh todo está bien, todo va a estar bien – La abrazó fuerte y dio una mirada alrededor, varias mujeres murmuraban y susurraban cosas entre ellas mientras los miraban. Más allá, cerca del hombre al que había golpeado y que ahora permanecía sentado con la cabeza gacha y entre dormido y adolorido y con una mano en la frente, se encontraba uno de los mastodontes de seguridad dispersando a la gente aglomerada, mientras el otro, otros pasos más allá hablaba con un hombre en sastre que al parecer le explicaba algo y le mostraba insistentemente su celular.
- Azul, te – tengo que ir por Azul – se pronunció la reina luego de unos segundos, se separó de manera brusca del abrazo del rubio y se dirigió al Pub mientras se secaba las lágrimas con el dorso de la mano.
David la miró ceñudo pero la siguió, se giró a mirar atrás y encontró la misma imagen de hace unos momentos. ¿Acaso Regina no levantaría ninguna denuncia? Miró al tipo en el suelo y se grabó mentalmente su rostro.
Cuando llegó a la puerta del Pub, la encontró saliendo con Azul entre dormida y despierta, se apresuró a ayudarla pero Regina le dijo que no era necesario, ella podía encargarse pero que por favor le buscara un taxi. El príncipe solo asintió e hizo lo que ella le pidió. La ayudó a colocar al hada en el taxi y él también se subió, dio la dirección del departamento de las chicas y hasta allá fueron, del mismo modo la ayudó a subir hasta su piso y ya adentro, la reina se encargó de llevar a la castaña hasta su cama, quitarle los tacones, la ropa y en solo ropa interior cubrirla y dejarla para que descanse.
La morena cerró las cortinas, se sentó unos segundos en una esquina de la cama y suspiró un par de veces, afuera la esperaba él y la verdad es que no quería verlo, por lo menos no en ese momento que ella tenía la cabeza hecha un lío y el pecho lleno de sentimientos encontrados. Se giró a mirar a Azul y la observó completamente tiesa y dormida, ella quería hacer lo mismo aunque la verdad dudaba que esta noche lo hiciera. Cuidando de hacer el silencio respectivo, salió de la habitación de su amiga, fue hasta el pequeño living y lo encontró de pie, con una mano sobándose la nuca y caminando de aquí para allá en el pequeño espacio entre su librero y un sillón. Ella tragó en seco y lo vio acercarse, iba a decir algo pero ella de inmediato lo interrumpió.
- Gra-gracias por la ayuda David, ahora sólo quiero irme a descansar, darme un baño e irme a dormir, cierra bien la puerta cuando sales. Hasta mañana – dijo y se encaminó con dirección a su recámara.
- Regina No, espera – la detuvo el príncipe dando unos pasos más y tomándola del brazo.
- Vete a descansar, son más de las 3 de la mañana – dijo la reina sin ni siquiera voltear a verlo.
- ¿Estás bien, Bonita? Podemos ir y levantar una denuncia… ese tipo… – la reina cerró los ojos y apretó la mandíbula, queriendo olvidarse de Omar y su intento de tocarla.
- Estoy bien, yo…yo ya me encargo mañana de hacer lo que tenga que hacer. Vete.
- Pero mi amor, tú…
- Qué estoy bien David! ¡Suéltame! – dijo entre dientes y evitando en vano el gritar.
- Regina, si yo no hubiera llegado quizá ese hombre…
- ¡ESTOY BIEN! ¿No me ves? – Lo interrumpió la reina volteando hacia él y señalándose así misma – Omar no me ha hecho nada, en cambio TÚ sí que lo hiciste – el príncipe negó y pasó una mano por el rostro.
- Regina, amor, lo que viste…
- Sí David te vi, te vi besándola, a ella a quien me juraste era sólo tu amiga y compañera de trabajo.
- No la besé, ella sólo confundió las cosas.
- Ay por favor David! ¡No me vengas con esa estúpida frase! ¡No a mí! – Se señaló así misma – No a mí que ya he vivido una traición, algo que sólo tu sabías me había dolido y roto el corazón y que prometiste no harías. ¿Lo recuerdas, no? Porque lo prometiste, David, LO PROMETISTE!
- Regina, no te he traicionado – la morena se llevó ambas manos a las mejillas y se secó las lágrimas.
- Sí claro – rodó los ojos y se llevó una mano a la cintura - Pero bueno ya… ¿Es lo que me merezco, no? Yo te herí primero, ahora tú lo haces, estamos a mano, muy bien, si eso era lo que querías lograr, lo hiciste, me rompiste el corazón, listo, ahora vete – dijo señalando la puerta.
- No fue así Regina, yo nunca lo haría. Te amo a ti, lo sabes. Yo no la besé.
- Yo te vi.
- Si pero lo que viste…
- Ya David, basta! – Se secó rápidamente unas lágrimas más y se colocó un mechón de pelo tras la oreja - Sé lo hiciste a Snow y ahora me lo haces a mí, lo tenía que haber esperado – el príncipe endureció la mandíbula y la miró furioso – Hombre que engaña una vez, lo hace dos o más veces… esto tenía que pasar – dijo sollozando, el príncipe negó varias veces sin apartar la mirada de ella, como no creyendo lo que le escuchaba decir.
- ¿Eso piensas?
- ¡¿Qué otra cosa quieres que piense?! – él la miró unos minutos en silencio y luego contestó:
- Hasta ahora me vengo a dar cuenta de que nunca confiaste en mí – la reina empuñó ambas manos y las apretó, como si así pudiera controlar sus lágrimas, como si así pudiera refutar lo que él acababa de decir – No solo no confiaste en mi para lo de nuestro hijo, ya veo que nunca lo hiciste, qué lástima Regina…
- No hubo embarazo David! Ya no hables de eso y mucho menos de un hijo que NO existe! – Él príncipe sonrió sin ningún brillo en su sonrisa y sin apartar su vista de la mujer que hasta hace algunos minutos hubiera perdonado, continuó:
- Sabes, cuando me enviaste ese mensaje diciéndome que querías hablar, creí que podríamos arreglar y componer lo que tu rompiste – la reina sintió la culpa clavársele en el pecho – Ya veo, que me volví a equivocar contigo, de nuevo, bien decía mi madre que nunca se termina de conocer a una persona.
- Yo sí quise hablar contigo, quise solucionar mi error, pero tú terminaste de arruinar lo que teníamos – dijo entre lágrimas mientras miraba el rostro desencajado de su príncipe y se abrazaba a sí misma.
- Siempre soy yo, no? Bien, si soy yo el que según tú arruinó lo que teníamos, de una vez doy por finalizado esto – Regina dio unos pasos tratando de encontrar rápido que decir, pero él no la dejó – Y aunque no te interese te lo voy a decir, entre Ellie y yo nunca hubo nada ni lo habrá y allá tú si quieres o no quieres creerme. ¿Y sabes qué? Ahora que lo pienso sí hay un aspecto en el que siempre soy yo y ya me cansé. Me cansé de ser siempre el que está disculpándose, de ser yo quien esté pidiendo perdón y yendo detrás de ti a cada momento. Me cansé Regina, aquí se acaba. Quise que fuera bueno para ambos, y sobre todo bello para ti, pero tú falta de confianza fue lo que verdaderamente lo arruinó – sin decir una palabra más tomó su chaqueta de cuero del mueble en que la había dejado y se dirigió a la salida.
- David… - lo llamó la reina, él apenas la miró de reojo mientras abría la puerta. Ella lloraba, parecía como que quería decir algo y él aguardó unos segundos, rogando para que ella hablara, pero nada, su voz no se oyó y sintió su corazón terminar de romperse. Se fue.
Regina se secó las lágrimas y caminó hasta el mueble más cercano, lentamente se sentó en él, colocó sus codos sobre sus rodillas y enterró su rostro en las palmas de sus manos y lloró.
Se había terminado, él le había terminado.
Lloró por lo dicho y por lo que no dijo, por lo que hizo y por lo que no, por quién perdió hace meses y por quien acababa de perder, por lo que Omar había intentado y por lo que le hicieron hace años.
Era inevitable no llorar, tomó su bolsa, caminó presurosa a su habitación y se encerró, se desvistió y entró a la ducha y ahí con el agua calentando y tratando de relajar sus músculos continuó llorando.
Todo su dolor de años, aquel dolor que creyó había desaparecido, aquel dolor que creyó que solo el amor de David había logrado dispersar, salió a flote y se sintió miserable.
Lo que tenía con David había acabado, él se había ido creyendo que nunca había confiado en él y ella no se lo había refutado. Miserable y estúpida así se sentía.
El príncipe llegó a su apartamento y tiró las llaves donde cayeran, al igual que la chaqueta, fue hasta a la refrigeradora de la cocina y sacó una botella de vino y tres latas de cerveza, las colocó en la pequeña mesita del living y abrió una, bebió un gran trago de la amarga bebida y se tiró en el mueble tan largo su cuerpo era, se cubrió los ojos con el antebrazo y lloró.
¡¿Qué carajos pasaba con Regina?! ¿Qué carajo había hecho mal para que ella ni siquiera confiara un poquito en él? Porque eso había sido, eso había demostrado con todo lo dicho ¡Maldito sea todito el amor que le tenía! ¡Maldito sea por amarla! Todo lo había dado, todo lo había entregado a ella y lo único que había recibido era dolor y nunca un poco de la maldita confianza.
"Engañaste a Snow, ahora lo haces conmigo" había dicho, ¿En tan mal concepto lo tenía? Todo lo que le dijo en New York, todo lo que le había jurado ¡donde demonios había quedado! – Sonrió irónico – Todo ello había ido directo a la basura, le había entrado por una oreja y le había salido por la otra, ni siquiera un poquito de lo que le dijo se había quedado en su corazón, Nada - se acabó toda la cerveza.
Nunca había usado el alcohol como salida para ahogar sus penas, pero hoy lo haría, quería quedar inconsciente, inconsciente y olvidar que acababa de romper con la mujer que amaba, con la mujer que soñó sería la madre de sus hijos, con la mujer que lo había llevado al delirio y al más loco y puro amor que creyó nunca en su vida sentir, esa misma mujer que lo había arruinado y roto el corazón en solo un par de minutos.
¡Carajo esa cerveza no estaba funcionando! Se volvió a sentar en el mueble y tomó la botella de vino, tomó el sacacorchos y la destapó, dio todos los tragos que su garganta le permitió y finalmente tosió y varias lágrimas producto de la tos, se mezclaron con las de rabia y dolor.
Sí, SÍ, rabia, dolor, decepción, tristeza, furia, ira, todo afloraba ahora y lo detestaba, se detestaba por ser tan tonto y haberlo dado todo, miró el líquido ámbar menearse en el interior de la botella y bebió varios tragos más. Eso definitivamente no le quitaría el dolor, pero de todas formas lo dejaría inconsciente, y esperaba que fueran varias horas, aunque lo dudaba.
Ellie ingresó a su departamento, fue directo a su habitación, se quitó el abrigo y se sentó en la cama apoyada en ambas manos y mirando el piso mientras varios de sus rubios cabellos le cubrían el rostro.
David la había rechazado ¡Ay, eso sí que dolía! "Eres guapa, joven, pero no me gustas y no despiertas nada en mi" había besado su frente tal cual un padre a su hija lo hace o tal como un mejor amigo lo hace y se había ido, había corrido detrás de la persona a quien decía únicamente amaba.
¡Qué vergüenza, por Dios! ¿Se lo merecía? No, no se merecía eso! Algunos de sus compañeros de la facultad aún habían estado por ahí y la habían visto ser dejaba ahí en medio de la bulla y en frente de todos, sola y con unas cervezas encima.
Y pensar que había planeado que esta noche ella y él se la pasarían de maravilla.
Después del curso los muchachos habían planeado salir por ahí y pasar un buen rato, David de inmediato se había echado para atrás y puesto miles de excusas para no ir, pero ella había sido tan insistente que al final el rubio no había tenido más opción que acompañarlos. Ella sabía que llevaba varios días distanciado de Regina, se notaba a leguas su cambio de humor y falta de ánimo para el trabajo, hasta una señora había pedido el libro de reclamaciones por la mala atención prestada, él se había disculpado y el doctor jefe de la veterinaria, aunque muy molesto, lo había dejado pasar.
Habían bebido, reído y ella lo había ayudado a olvidarse un poco de su novia o por lo menos eso había creído. No había perdido tiempo y había coqueteado a todo momento, se le había acercado y susurrado al oído bastantes cosas para hacerlo entrar en el ambiente y hacerlo partícipe del grupo, pues el mirar en cada momento el reloj, hacía evidente que no estaba a gusto ahí, tal vez porque todos ahí eran varios años más jóvenes que él. No lo sabía.
Había bebido y le había insinuado que estaba mareada y que no podría llegar a su departamento en ese estado, él muy amablemente se ofreció a llevarla y ella había aceptado encantadísima y ya maquinando lo que harían. Él era muy guapo, y que un hombre como él fuera su novio era lo que ella necesitaba, no esos niños inmaduros que sólo la querían para pasar el rato, no, Él era diferente.
Cuando había decidido que era buena hora para retirarse de ahí e irse con él, se había hecho la que estaba mucho más mareada de lo que verdaderamente estaba y se había prendido de él como una araña a la mosca y no lo había dejado en ningún momento en paz mientras caminaban hasta la caja del pub.
Ya allá, había decidido que quizá encandilarlo y darle una muestra de lo que ella era capaz con un sencillo beso, bastaría para despertar la pasión y el deseo en él, sólo había sido un roce de labios y él ya la había alejado colocando sus manos en su cintura.
- Ellie…
- David, vamos, déjame besarte – había rogado, mientras trataba de capturar su boca entre los movimientos esquivos de él - ¿No te gusto? – Preguntó y él había hecho una mueca con los labios y había negado, un aguijonazo de coraje se había instalado y sin más se había parado de puntillas, abrazado su cuello y lo había besado como nunca besó a nadie. ¡Caray, que besote le había robado! Había sido muy bueno pero muy corto a la vez, la tal Regina había aparecido, llamado y él muy sorprendido casi había corrido tras ella.
Quiso lanzársele nuevamente a los labios pero esta vez él había estado mucho más atento y la había esquivado de inmediato, pero ella no había desaprovechado la oportunidad y le había besado y hasta mordido el mentón, pero luego fue alejada de él de la manera más vergonzosa posible y bueno… lo que él le dijo después nunca se le borraría de la mente.
En palabras bonitas le había dicho "Pobre niña Ilusa", pagó los tragos que habían bebido ambos y adiós, la había dejado ahí, menos mal Fernando se había apiadado de ella y la había acompañado hasta su departamento.
Ellie, muy frustrada, se rascó la frente y se tiró para atrás sobre el colchón. No estaba acostumbrada a los rechazos, esto le había dolido y no quería volver a verlo jamás, primero porque se moría de vergüenza y segundo, porque en serio buscaba a alguien que la ame y estaba más que confirmado que estaba perdiendo su tiempo con él, él nunca la amaría, ya se lo había dicho, amaba a Regina y le era fiel a pesar de unas discusiones. ¿En dónde se fabricaban esos tipos de hombres? No lo sabía, se encogió en modo fetal sobre la cama y cerró los ojos, quería dormir y olvidarse de lo ocurrido.
¡Oh cielos! Parecía que golpeaban un tambor dentro su cabeza. Azul se llevó una mano a ambos temporales y se masajeó varias y rotativas veces, de inmediato y como de imágenes de un film se tratara, recordó varios episodios de la noche pasada. Ella bebiendo sin control, diciendo disparates, riendo a carcajadas, queriendo ponerse de pie y casi caer, hablarle no sabía que cosas a un tipo, luego adormitar en el baño y luego en una de las mesas del pub. La castaña abrió los ojos inmensamente y la cinta de video en su cabeza retrocedió unas cuantas escenas, apareciendo justamente la parte en que ella llamaba patán al Señor Patán, le decía lo guapo que era y luego le confesaba que era un hada madrina mientras le toqueteaba su duro y bien ejercitado pecho, después de ello pudo ver claramente la carcajada que se mandó el susodicho (que por cierto lo hacía ver mucho más guapo).
¡Por las Alas de las Hadas, que diablos había hecho!
Azul gimoteó por el dolor de cabeza y por lo desvergonzada que se había portado anoche, se quitó el edredón y se encontró en ropa interior, haciendo una mueca y a tientas buscó sus lentes con la mano izquierda en la mesita de al lado de la cama y se sentó, se levantó, buscó su bata de seda y salió de la habitación ya ataviada en ella.
Aun con el dolor de cabeza llegó a la cocina y un delicioso aroma la inundó. ¡Sopita de Pollo!
- Buenos días Azul, en la mesa del comedor están las pastillas para el dolor de cabeza y una jarra de agua, tómate un par para que de una vez se te pase esa resaca – dijo la morena – Hice también una sopita de pollo – continuó cuando la vio levantar las tapas de las ollas – tómate una buena porción – el hada asintió y fue hasta la encimera y retiró de allí un plato hondo y una cuchara.
- Gracias Regina, Te amo – le respondió mientras caminaba hasta la mesa ya con su plato de sopa servido, se llevó la primera cucharada a la boca y observó a su amiga.
Regina usaba una pañoleta que sostenía todo su cabello hacia atrás, una blusa de tirantes gris y pantalones jean, libros y muchos libros yacían apilados uno sobre otro en cualquier superficie cercana; incluyendo, mesa, sillones, ventanas y hasta incluso el mismo suelo. Su librero estaba vació y ella limpiaba y hacía brillar la madera con un pedazo de retazo de franela y una sustancia blanca en una botella.
- ¿Día de limpieza?
- Sí
- Mmm – murmuró el hada luego de colocarse otra cucharada de sopa de pollo en la boca. Regina colocó la botella y franela a un lado y fue hasta la puerta de lunas que daba al balcón e ingresó el sofá cleopatra de terciopelo verde y sobre él comenzó a colocar torres de libros de acuerdo a los colores de las portadas. Azul frunció el ceño.
- ¿Todo bien?
- Ajá
- ¿Regresamos muy tarde anoche? – la reina hizo una mueca con los labios y asintió de espaldas a ella. La castaña se dio cuenta que su amiga no quería hablar y mucho menos de lo de anoche. ¿Qué habría pasado allí? ¿Sería su culpa y tal vez un espectáculo a causa de la borrachera lo que tenía a su amiga con ese ánimo y prácticamente molesta? ¡Ay dios, que había hecho! Se mordió el labio en modo nervioso y se sobó la temporal derecha.
- ¿Hice algo que te molestara o avergonzara anoche? – Regina se giró por fin para mirarla – Lo poco que recuerdo es para buscar un puente y arrojarme o hacer un hueco en la tierra y enterrarme, por favor… – suplicó el hada con ambas manos juntas sobre la mesa – dime que no hice nada que te pusiera en evidencia a ti o avergonzara – la reina sonrió al fin.
- Ah, ahora te preocupas de lo que hiciste? – el hada abrió los ojos de par en par.
- ¡Por mis Amigas Hadas del Bosque Encantado! – Exclamó y se preparó para escuchar lo peor - ¿Qué hice? – Esta vez la morena no lo pudo evitar y soltó una carcajada - ¡¿Qué hice, Regina?!
- Nada malo Azul! No te preocupes.
- Oh! ¿en serio?
- Sí, solo hablaste y hablaste toda la noche, luego te metiste al baño, lloraste y contaste chistes para nada graciosos y se acabó – El hada pareció respirar aliviada y sonreír ligeramente.
- ¡Ay que susto me metiste Mujer! – sonrió y se llevó una cucharada más de sopa a la boca.
- No te preocupes – dijo la reina y se volvió a seguir con sus libros.
- ¿Y tú te divertiste? – La morena asintió - ¡Qué, bueno amiga! ¿Y dime, ya hablaste con David? – Regina se tensó con la sola mención del nombre del rubio.
Dormir había sido difícil, no hizo más que cerrar los ojos recostada a la almohada y nuevamente el rostro de él había aparecido, furioso, triste y decepcionado y ella callada y sintiendo coraje, dolor, celos y arrepentimiento mientras lo veía salir de casa. Varios minutos después, por fin se había quedado dormida, su sueño consistió en dos horas, pero fue todo lo que logró.
Después de eso no había podido dormir más y en vez de ello, había llorado sola y abrazada a su almohada, que para su mala suerte y no sabía por qué, esa mañana había sentido tenía el perfume masculino impregnado ahí.
Ellie! ¡Esa chiquilla! lo había besado y él había correspondido maldita sea, ella lo había visto, él tenía sus manos en su cintura ¡caray! ¿Y luego él decía que no había nada ahí? ¿Tan estúpida la creía? Estaba furiosa por eso y aunque quería no darle importancia y olvidarlo para quizá tal vez perdonarlo y no sentirse traicionada y estúpida como ya se sentía, la imagen del rubio besándola aparecía una y otra vez en su cabeza, pero luego la imagen se disolvía y en vez de ella aparecía otra en la que él le decía que nunca había confiado en él y que sentía lástima el nunca haberla conocido realmente y su rostro furioso y completamente decepcionado la rompía más y la hacían sentir culpable, pues era mentira, ella si había confiado en él, en su amor, por eso había estado con él, por eso había querido hablar con él, disculparse, pero finalmente fue él quien había terminado de arruinarlo todo.
No queriendo pensar más en ello y en su miseria, se había levantado a las ocho de la mañana, se había duchado, y sin desayunar había salido a hacer las compras de la semana, había regresado, limpiado y ordenado el departamento un poco y finalmente preparar su sopa levanta muertos para Azul, después ello y al verse sin quehacer, nuevamente había querido llorar, pues hoy era mañana y en vez de que las cosas se arreglaran como ella creyó pasaría, todo estaba peor. No quería llorar y para evitarlo y sobre todo evitar pensar en él y su rostro culpable y decepcionado, se dispuso a arreglar su librero que hace buen tiempo ya no lo hacía.
- ¿Regina?
- Mmmm
- ¿Escuchaste lo que te pregunté? ¿Hablaste con David? – Ella no contestó pero en vez de ello se volvió a mirar a su amiga - ¿Por qué ibas a hablar con él hoy, no? ¿Qué pasó? ¿Se arreglaron las cosas entre ustedes?
- No he hablado con él.
- Ahh, se verán más tarde ¿En su departamento o acá? Puedo salir si gustas, para que puedan hablar en privado.
- No te preocupes Azul, no he hablado con David porque ya no hay nada que arreglar, lo que hubo entre nosotros se acabó.
- ¿Qué? – preguntó consternada el hada.
- Lo que oíste. Se acabó – contestó y se puso de pie yendo hasta el librero y comenzando a poner cada uno de sus ejemplares uno tras otro.
- Regina, pero ustedes no pueden terminar así por así, se aman Por Dios! - la morena abrazó los libros que tenía en las manos y se quebró, al darse cuenta de aquello, Azul casi corrió hasta la reina y la abrazó, permitiéndole llorar y desahogarse todo lo que quisiera. Para eso estaban las amigan al fin y al cabo, para abrazar y consolar, aconsejar o simplemente escuchar en silencio.
- No sé explicar que es lo que siento acá Azul, tengo todos mis sentimientos confusos y encontrados y me duele… siento que él acabó con lo que teníamos, pero a la vez me siento culpable Yo… no sé qué esto, no sé cómo llamarle y por más que trato de encontrarle un nombre o algo… No puedo – dijo la reina sentada en el sillón cleopatra con la mano en la altura del corazón, al lado de Azul y varios minutos después de que las lágrimas habían cesado un poco – Ya ni sé quién tiene la culpa, lo siento culpable a él, me siento culpable yo.
- No busques culpables amiga, lo único que ganas es llenarte de resentimientos y dolor, pero dime, que fue lo que pasó para que de la noche a la mañana terminarán.
- No fue de la noche a la mañana Azul.
- Pero ayer estabas decidida a hablar con él y por lo que me contaste él estaba dispuesto a escucharte.
- Eso fue hasta antes que lo viera besando a su compañera de trabajo.
- ¿Qué?
- Anoche Azul, anoche en el Pub, nadie me lo contó, yo lo vi.
Regina le contó con detalles lo que había visto y lo que se habían dicho una vez llegaron al apartamento.
-Por favor Omar, te lo ruego, no lo hagas.
Estaba prácticamente sobre ella, deseoso y sintiendo las perfectas curvas femeninas bajo su cuerpo, con sus manos sobre sus caderas y sintiendo las pequeñas manos de ella empujarlo con fuerza; y entonces miró su rostro, que empapado de lágrimas junto a sus ojos marrones impregnados de miedo y esa voz suplicante le pedían que se detuviera.
El castaño abrió los ojos de golpe y se sentó en la cama.
La voz suplicante de su sueño era de "Ella", pero los ojos marrones eran de Regina, lo sabía y ahora lo recordaba, no había sido un sueño, todo había ocurrido anoche en la salida del Pub.
Se puso en pie de inmediato y se pasó una mano por el rostro, sintiendo dolor y ardor tanto en el ojo derecho y el pómulo así como el labio y en las costillas, pero nada de eso le importó en el momento. ¡Maldita sea! ¡Qué carajos había hecho! Fue hasta la cama en busca de su teléfono y se percató recién de que aún llevaba el mismo traje sastre con el que había salido de su apartamento anoche, metió la mano en el bolsillo del pantalón y sacó el móvil, buscó el contacto que quería y marcó, de inmediato otro teléfono se escuchó sonar, corrió hasta el lugar de dónde provenía el sonido y encontró a Rafael a punto de contestar la llamada.
- ¡Qué demonios quieres Omar! Déjame dormir – dijo el moreno antes de volverse a acostar en el sillón del living.
- No no Rafael, despiértate… dime que pasó con Regina.
- Por lo menos anoche no levantó ningún cargo si es lo que quieres saber, me encargué yo mismo de hablar con la seguridad y les dije quien eras Tú. Hoy no sé si lo hizo, no tengo la más mínima idea.
- ¿Viste si la dañé, si estaba herida?
- La mujer está bien, Omar, no levantó cargos y si los hace hoy, cálmate carajo, te pudres en dinero al igual que tu padre, sabes cómo funcionan las cosas – El castaño se sentó en uno de los sillones individuales, llevó ambas manos al cabello y se lo despeinó y jaló un poco sintiéndose nervioso y angustiado.
- Tengo que verla – susurró
- ¡Carajo deja dormir! – exclamó su amigo.
Tal y como lo supuso, el trago sólo sirvió para dejarlo inconsciente unas cuantas horas, se había despertado no hace mucho, con un terrible dolor de cabeza y ardor en los nudillos de las manos, adolorido y con una terrible resaca, se puso bocabajo y maldijo su habitación, pues su cama, almohadas y sábanas, no hacían más que recordarle a ella, que ahí la había visto desnuda, le había hecho el amor y que ahí la había amado.
Se levantó de golpe queriendo olvidarla y se dirigió a la refrigeradora por un poco de agua helada, el pequeño living era un desastre lleno de botellas y varias latas de cerveza vacías, pero no le importó, se sentó en uno de los sillones y por más que quiso evitarlo rememoró la noche pasada.
Si la relación hubiese continuado, ¿Así hubiese sido siempre? ¿Ella desconfiando de él todo el tiempo? Sabía lo que había sufrido por la traición de Robin y en cierta parte entendía que hubiera reaccionado tal y cómo lo hizo anoche, pero no le cabía en la cabeza que después de todo lo que dijo e hizo por ella, aún existiera la maldita desconfianza y lo que más coraje le daba, era el hecho de haber mezclado todo, para salir con cosas que ni al caso venían, como el mencionar a Snow y lo sucedido hace meses.
¿En serio todo el tiempo que estuvieron juntos, ella había creído que en cualquier momento él la dejaría por alguien más? "Hombre que engaña una vez, lo hace dos o más veces" había dicho y esa frase no se le borraba por nada, eso lo había hecho reaccionar, eso había sido la gota que rebalsara el vaso, ese estúpida frase y todo lo que conllevaba habían terminado con toda la paciencia y disposición que había tenido ayer para arreglar las cosas. Para él no era nada más que falta de confianza desde siempre - Se sirvió un vaso lleno de agua y lo bebió completo en unos cuantos tragos, maldecía el no tener una sola pastilla para la resaca y el dolor de cabeza.
Debía estar volviéndose loco, Sí, seguro era eso, porque a pesar de sentir que no quería volverla a ver nunca más, su corazón y cabeza al mismo tiempo, buscaban y rebuscaban la culpa que ella veía en él para correr, ir y pedirle que lo perdonara y volvieran a ser lo que habían sido no hace mucho, pero por más que buscaba, no encontraba nada, él se veía y creía limpio de lo sucedido, Ellie no era nada para él, no representaba nada en su vida, se lo había dicho miles de veces, era sólo su compañera de trabajo y ya, nunca le dio alas a la muchachita para que pensara o viera cosas donde no las había ¿O sí?
Regina, Regina, Regina, ¿Qué haría ahora que su corazón se empeñaba en amarla y a la vez alejarla? No lo sabía.
- Yo borracha y tú pasando por todo aquello – se lamentó Azul cuando Regina le contó todo lo sucedido anoche e inclusive el intento de abuso.
- No me hizo nada Azul, David apareció y prácticamente me salvó.
- Pero… de verdad intentó, es decir ¿Tú compañero de trabajo intentó hacer… eso? – Preguntó el hada espantada, Regina asintió y desvió la mirada al instante – ¡Ese maldito! ¿Lo denunciaste?
- No.
- Ok, tienes que hacerlo Regina!
- No lo voy a hacer Azul.
- ¿Qué? ¿Ese bastardo te amenazó o te dijo algo para que no lo hicieras? – Regina negó mientras se quitaba la pañoleta del cabello y recogía el cabello en un moño flojo y alto – Entonces tienes que hacerlo!
- Es el hijo, y casi dueño de la Textileria, Azul.
- ¿Y? No me importa el hijo de quién diablos sea y mucho menos el dueño de cuanta propiedad tenga… Tienes que denunciar a ese desgraciado. Esta vez sólo fue un intento, que pasa si mañana o más tarde lo vuelve a hacer y esta vez logra lo que quiere, ¿eh? ¿Sabes cuántos casos hay de esos?
- Tiene poder, Azul, y sobre todo dinero, tú sabes cómo funciona la justicia en este mundo.
- Sí y tú también tienes dinero!
- Ya, pero no pruebas, y excepto de David, nadie más presenció lo ocurrido hasta el momento en que David lo golpeó, mi mala suerte quiso que en ese momento no hubiera ni un alma ahí, y toda esa gente sólo apareciera en el instante en que se desató la golpiza, no hay testigos y estoy bien físicamente. Voy a renunciar al trabajo y por lo tanto evitaré el contacto con él.
- Aunque me acuses de molestosa, voy a seguir insistiendo. Tienes que denunciar! – dijo el hada con ira y Regina empezó a pensárselo.
¿Y si volvía a ocurrir? ¿Omar se atrevería a volverlo a intentar?, Tal vez sí debía tomar las medidas para estos casos. Dios! pero también David podía salir perjudicado, la seguridad del local lo único que presenciaron fue una golpiza por parte de David a Omar, ella estaba intacta físicamente.
Con cierta aprehensión en la voz, Azul continuó:
– Espero que no te vaya a quedar traumas por la culpa de ese mal nacido – La reina suspiró, había vivido cosas peores en su matrimonio y había podido superarlas y curarse, su vida no iba a frustrarse por un "intento" de abuso, aunque no podía mentir que anoche, en el momento en que se encontró allí, sola y entre Omar y el auto, los recuerdos pasados vinieron a su mente y no se esfumaron hasta escuchar las dulces y reconfortantes palabras del rubio mientras masajeaba su espalda y la abrazaba.
Regina no dijo más y el hada no quiso seguir insistiendo con respecto a la denuncia, por lo menos no en ese momento que la vio cambiar su semblante a uno de tristeza y preocupación, se puso de pie y empezó a pasarle los libros para que ella los vaya colocando donde correspondían.
- ¿Y con respecto a David, que piensas hacer?
- No lo sé – susurró.
Un lunes más en Burlington había comenzado, y cómo de costumbre, tanto Azul como Regina ya estaban en pie y en camino, una de ellas a trabajar, la otra a presentar su renuncia. Era muy temprano para la morena, pero ella pensó era lo mejor para de una vez dejar terminados unos pendientes y así dejar su carta de renuncia a su jefe inmediato y posteriormente a recursos humanos.
Llegó a las oficinas de la Textileria y de inmediato tomó el caminó hacía la oficina de su jefe, nada más había subido la mitad de las escaleras, cuando la voz que menos quería oír ese día retumbó a su espalda, la morena se giró y lo vio ahí, de pie en la segunda grada como debatiéndose si acercarse o no, ella de inmediato se puso alerta y buscó algo o alguien que la ayudara en caso ese individuo se acercara más.
- Regina buenos días, me gustaría poder hablar contigo – le dijo el castaño en la misma posición, su rostro era un desastre por la golpiza, pero aparte de ello, se veía bastante raro y no tenía ese semblante pícaro y esa maldita sonrisa coqueta y descarada que detestaba. Él, al ver la indecisión y cierto miedo en esos ojos chocolate que desde hace dos días no lo dejaban dormir y esta vez por otros motivos, levantó ambas manos, como mostrándole que no intentaría nada. Regina negó y apretó la baranda de las escaleras.
- Omar, yo no tengo nada que hablar contigo, ahora déjame en paz.
- Regina por favor, quiero disculparme – susurró la última palabra cuando un par de secretarías pasaron detrás suyo y quiera que no les llamó la atención ver al jefe golpeado y a la asistente de contabilidad conversando. Regina arrugó el entrecejo.
- Sólo vete, tengo cosas que hacer – dijo e intentó continuar subiendo las escaleras.
- Regina lo que pasó anoche… - el castaño calló, cuando el jefe recursos humanos pasó por su lado y saludó para luego subir a su oficina, Regina se puso a un lado y saludó al hombre con un movimiento de cabeza – Por favor Regina, vamos a mi oficina.
- ¿Crees que voy a tolerar un momento a tu lado, después de lo que intentaste? – le susurró – No soy tan tonta Omar, no voy a hablar contigo aquí y mucho menos en una habitación en donde solo estamos los dos y cuatro paredes.
- Regina por favor, te lo pido, acompáñame. Te juro que no intentaré nada, nunca lo haría Regina. Además los funcionarios están aquí, mi padre también, no me arriesgaría a hacerte algo aquí, ni en ningún otro lugar, por favor, créeme y escúchame.
La morena fastidiada tanto por él, sus facciones de preocupación y aparente compungimiento, así como por las miradas interrogantes del personal y funcionarios, que al verlos en un supuesto intercambio de palabras más que amicales y laborales ya empezaban a murmurar, bajó las gradas que había subido y espero a que él lo hiciera también y la guiara.
Apenas ingresaron a la oficina, Omar se aseguró de abrir las persianas, Regina se quedó a unos pasos de la puerta y vio a la secretaria del varón entrar y ofrecerle algo de beber, Omar se rehusó a pedir algo y Regina lo hizo también cuando él se lo preguntó, luego despidió a la muchacha con un asentimiento de cabeza y le indicó que estuviera atenta a cualquier llamado que él o Regina pudieran hacerle, la joven asintió y él miró a la morena, tratando de decirle con ello, que estaría segura ahí y nada le pasaría.
- Siéntate por favor Regina – le pidió, la reina se giró a la puerta de salida y vio a la joven cerrarla.
- Omar, no quiero estar mucho rato aquí…
- Bien – contestó el castaño.
- Lo que tengas que decirme, hazlo de una vez, tengo cosas que hacer y quiero terminarlas antes de irme – él levantó una ceja interrogante – Voy a renunciar a la empresa – Él se puso de pie de inmediato y se apoyó con ambas manos a la mesa.
- No lo hagas! – la morena retrocedió un par de pasos y él se sintió pésimo.
- No puedo quedarme aquí y seguir trabajando como si nada hubiera pasado Omar, sí antes me incomodaba tu actitud jocosa, ahora me incomoda tu sola presencia, no pienso quedarme a trabajar en un lugar donde no me siento segura – respondió la morena apretando con fuerza la carpeta donde llevaba su carta de renuncia.
- Regina, yo… - dijo el castaño y se masajeó con una mano la frente – Perdóname, lo de anoche… yo no estaba en mis cinco sentidos, no tengo escusas para lo que hice, lo sé, pero te juro Regina por lo más sagrado que existe en mi vida y que es mi madre, que lo que pasó anoche es algo que yo nunca haría sobrio y estoy seguro que ni en mis más locas borracheras, pe-pero no sé qué fue lo que me pasó, me desesperé tal vez, no sé. Yo no soy así Regina, anoche bebí tanto que… Dios!, ya sé que no existen justificaciones, pero estaba tan cansado y aburrido de tus desplantes que me embriagué y luego te ví ahí tan guapa y mi lado razonable se fue, se esfumó y me convertí en un salvaje… Yo sé, yo sé que soy todos los adjetivos que puedes estar pensando, tengo la plena conciencia de que soy un despilfarrador, sinvergüenza, mujeriego, pero te juro que nunca intenté hacer con algunas de las mujeres con las que he salido, lo que ayer contigo.
La reina lo observaba y escuchaba sin interrumpirlo y muy atenta a sus palabras y nerviosismo, era evidente que él no estaba bien después de lo de anoche; y ella tampoco, pero…
- Regina por favor no te vayas! Sé que no me merezco que me creas y mucho menos que pongas tú confianza en mí nuevamente y lo entiendo, pero… Yo no volveré a acercarme a ti, te lo juro.
- Es tu empresa Omar, en un momento nos vamos a tener que chocar e incluso compartir sesiones y quizá hasta alguna junta y yo no voy a poder estar ahí sólo porque tú vas a estar también, estoy asustada ahora, a pesar de todo lo que has hecho, te temo y… y ya no quiero seguir hablando – dijo la morena y se giró con dirección a la puerta.
- Voy a renunciar a la vicepresidencia – la detuvo con esa frase - Me iré Regina, pero por favor tú no lo hagas – la morena negó y colocó una mano en la perilla de la puerta
- No voy a levantar cargos contra ti Omar, no te preocupes.
- Te lo agradezco pero por favor no te vayas, hoy mismo presentaré mi renuncia a mi padre, Te lo pido de nuevo Regina, quédate… eso es lo único que te pido, dame eso a tu perdón – dijo el castaño, caminando y colocándose frente a su escritorio, esperando que la morena se pronunciara. Ella por su parte respiró cansina y se giró para mirarlo, tenía el rostro igual de preocupado, cansado y apesadumbrado y parecía hasta dolido.
- ¿Por qué haces todo esto, Omar? Ya te dije que no te voy a denunciar…
- Si levantas una denuncia contra mí, no me importaría, es más yo la aceptaría, pero me mataría saber que arruiné tu vida, perdiste tu trabajo y que… Dios, Regina! No te puedo contar todo, pero sólo te digo que hay alguien a quien siento que he traicionado y…
- Entonces sólo lo haces para limpiar tu conciencia.
- En parte sí, pero también es porque verdaderamente lo siento. Nunca debí intentar eso Regina, no sabes cuánto me detesto en estos momentos – susurró con la voz quebrada y se giró para evitar la mirada de ella, Regina lo observó un momento y aunque le costaba reconocerlo, parecía sincero, pero no le podía perdonar, no después de lo que intentó y no después de hacerle recordar situaciones que ella ya había hecho todo lo posible por olvidar.
Luego de unos minutos en los que ella reflexionaba y trataba de entenderlo aunque sea un poco, pero sobre todo rogando para que no se estuviera equivocando, dijo:
- Me voy a quedar, pero no por ti y tu supuesto rostro compungido y arrepentido, sino por mí, Omar, no pienso perder un buen puesto de trabajo en donde ya me estoy ganando un lugar a base de mi propio esfuerzo – el castaño volteó y la miró – Pero ya te lo dije y te lo vuelvo a repetir, espero no volver a verte nunca. Espero cumplas con tu promesa de desaparecer.
- Te lo prometo – Te lo prometo susurró el castaño y la morena asintió y salió de la oficina.
Omar respiró y no pudo evitar derramar más de una lágrima, se sirvió una dosis de wiski y fue hasta su escritorio, abrió el pequeño cajón de la mano derecha, buscó en el fondo y sacó un portarretratos, lo miró por largos minutos y acarició la fotografía que en el había.
Dos días después de la renuncia sin aparente razón del vicepresidente de Textileria Burlington y por supuesto, después del pequeño e interno escándalo, debido al mismo hecho, Regina había terminado con un día más de labores, eran las cuatro de la tarde y estaba decidida a hablar con David, por ello se encontraba en el vestíbulo de Vermont´s Pet, esperándolo y sobre todo rogando que él accediera a hablar con ella, por el mismo motivo había pedido a Simón, el conserje, no dijera quien lo buscaba; temía que se negara y con justa razón, la última vez que se vieron él había estado muy enojado y decepcionado.
- Sí Buenas tardes… - David guardó silencio cuando la vio.
- Hola David, yo… bien a mí me gustaría poder hablar contigo – él se rasco la nuca y luego miró a Simón que estaba unos pasos detrás suyo subido en su escalera de dos cuerpos arreglando unos enseres – Por favor – susurró la morena al ver la indecisión en sus ojos.
Ella había pensado las cosas, y muy aparte de lo que vio esa noche, lo cual aún le dolía, ordenó sus pensamientos, colocó en un rincón sus resentimientos e incluso sus sentimientos y creyó que lo correcto era hablar con él.
Saludos.
Miriam.
