Pokémon Reset Bloodlines – Interludio de Erika

Escrito por Shadow Ninja Koopa, traducido por Fox McCloude.

Disclaimer: Pokémon y todos sus personajes son propiedad de Satoshi Tajiri y Nintendo. La historia de Reset Bloodlines pertenece a Crossoverpairinglover, y este oneshot en particular le pertenece a Shadow Ninja Koopa. Todos los derechos reservados.


Summary: Después de su batalla con Ash Ketchum, todo lo que Erika quería era un poco de paz y tranquilidad y que las cosas se calmaran. Desafortunadamente, ya se corrió la voz de que su gimnasio está abierto de nuevo a retadores masculinos. ¿No puede una chica descansar un poco?


Ciudad Celadon…

- ¡Wurmple ya no puede pelear, Oddish es el ganador!

- Tch... Estúpido Wurmple. – Un chico de pelo púrpura retornó a su Pokémon con forma de oruga roja a su Pokébola. La arrogancia brillaba en sus ojos azules-púrpuras mientras miraba a su oponente, la hermosa líder del gimnasio Celadon, Erika.

- Tengo que admitir que ha pasado mucho tiempo desde que alguien trató de retarme con un Pokémon tipo Insecto sin evolucionar. – dijo Erika, mientras su Oddish movía las hojas hacia adelante y hacia atrás con emoción. – ¿En serio esperabas que fuera una oponente tan sencilla?

No le pareció divertido que el entrenador que estuviera frente a ella la subestimara por un margen tan grande. De hecho, era bastante insultante.

- Solo te estaba probando. – dijo con arrogancia, tratando de sonar cool. Pero para las chicas que observaban, solo se veía como un idiota extremadamente presumido. – Ahora sí dejaremos de jugar. ¡Ekans, ve! – Apareciendo frente a él, el Pokémon serpiente se estiró, mirando con desafío a la planta que tenía enfrente. – Esto será pan comido.

- Si estás tan seguro… – Erika solo sacudió la cabeza, un poco decepcionada de la falta de habilidad que exhibía su oponente. – ¡Oddish, Hojas Navaja!

Erika exhaló un suspiro mientras se dejaba caer en la enorme almohada rosada que preparó de antemano. Le alegró que las entrenadoras de su gimnasio le recomendaran que se consiguiera una en caso de que le diera un ataque de narcolepsia, o sus músculos se debilitaran y no pudiera moverse. Junto a ella, su Oddish se frotaba cariñosamente, con una expresión de alegría y orgullo por haber derrotado a su oponente sin necesitar apoyo.

Mientras Erika le acariciaba sus hojas a la pequeña criatura, miró fijamente hacia las puertas del gimnasio, mientras su oponente se iba en un arranque de rabia, furioso y humillado por haber perdido su primera batalla de gimnasio. Dejó salir otro suspiro mientras pensaba en su nuevo predicamento.

Desde que permitió que Ash Ketchum la desafiara, y tras su victoria, la noticia de que las puertas de su gimnasio volvían estar abiertas a retadores masculinos se corrió en cuestión de horas. Y terminaron saliendo de cada gruta oculta (si era así como decía aquel refrán unovano). Desde los más groseros y arrogantes…

- Así que reabriste el gimnasio. – Un tipo de pelo castaño con un extraño casco verde que se curvaba hacia arriba y hacia atrás. A su lado se encontraba de pie un Servine, con una mirada de total arrogancia en su rostro. – No tendrás oportunidad contra las estrategias de alguien como yo. ¡Prepárate a enfrentar, no solo a un hijo del sol, sino a un descendiente de un señor de la guerra de Ransei!

Hasta los más bizarros.

- ¡Whammu! – gritó un hombre enorme y musculoso mientras posaba, causando que varias de las chicas dieran un paso atrás, sorprendidas. – Me disculpo si les causo algo de miedo. He estado esperando por esta batalla hace algún tiempo, y me dejé llevar por la emoción. Ahora, demuéstrame el poder de la Princesa Amante de la Naturaleza de Kanto.

De los muchos oponentes que había enfrentado en la última semana, esos dos fueron de los pocos que pudieron darle un desafío en toda la regla. Algunos de los más crasos entre los retadores creyeron que su decisión de restringir la entrada de hombres al gimnasio la había vuelto débil. Si no fuera por el hecho de que la Liga todavía la estaba vigilando de cerca desde que levantó la restricción, sin duda estaría afuera apuntándoles con su arco a esos idiotas para que se tragaran sus palabras y no se atrevieran a volver.

Desafortunadamente, hacer eso solo causaría que más personas creyeran que ella odiaba a los hombres. Eso no era cierto. Claro, sin duda que no le agradaban los pervertidos o los que menospreciaban a las mujeres, ¿pero odiar a todos los hombres en general? ¿Por qué odiarlos a todos, si solo eran unos pocos los que causaban problemas? Le tenía un gran respeto al líder de gimnasio de Kalos, Ramos, por su talento natural de jardinería, y de vez en cuando tenía charlas muy agradables con Wallace de Hoenn sobre las cosas que disfrutaban.

Otra caricia le ayudó a Erika a volver de sus pensamientos. Mirando hacia abajo, vio que su Oddish la miraba con preocupación, como si creyera que su entrenadora podría quedarse dormida y no volver a levantarse.

- Estoy bien, Oddish. – dijo Erika, aliviando el espíritu del pequeño retoño. – Solo estaba pensando… – Una pequeña sonrisa apareció en su cara al ocurrírsele una idea. – ¿Y si hiciéramos que la arena principal quede inutilizable…?

- Tendrías que utilizar las de reserva. – El pequeño Oddish saltó a las manos de su dueña del susto, mientras Erika se daba la vuelta para ver a Krista aproximándose a ella.

- Por supuesto. Jamás se me ocurriría hacer algo así. Solo era un escenario hipotético, tan simple como eso.

- Claro que lo era. – Krista rodó los ojos, mientras una enorme sonrisa se formaba en su cara. No podía evitarlo, la idea de que Erika tratara de sabotear su propio gimnasio para escaparse de sus deberes, aunque estuviera totalmente fuera de lugar para la líder, era graciosa. Pero podía entender por qué. Cinco días sin apenas tiempo para descansar, de verdad que se sentía exhausta. Si seguía a ese paso, ¿acaso podría la líder del gimnasio mantenerse en pie?

- Sé que estás preocupada por mí, Krista, pero te aseguro que estoy bien. – aseguró Erika, sacando a la joven rubia de sus pensamientos. – Siendo que muy pocos retadores lograron ganarse la medalla, seguro que el número de retadores irá bajando en poco tiempo. En cualquier caso, ya en unos días deberíamos estar de vuelta al número regular.

- Eso espero. – dijo Krista. – Como sea, tu siguiente retador debe estar por llegar pronto. Luego de él, solo quedará uno más por hoy.

- Excelente, tal vez luego tenga tiempo de practicar mi arquería después de esto. – murmuró mientras su Oddish sacaba el IPad del bolsillo de su dueño y lo sostenía con su boca. – Oh, gracias, Oddish.

Ignorando la cantidad de saliva en la carcasa, Erika rápidamente encontró a su siguiente oponente.

- A.J., hmm. Solo tiene dos medallas hasta ahora, Trueno y… vaya, esa no la había visto en un largo tiempo. – Se puso a tararear mientras revisaba los Pokémon del retador, jugando distraídamente con las hojas de Oddish. – Un grupo pequeño, es bueno verlo. La mayoría de tipo Insecto y Veneno, y unos pocos de tipo Tierra.

Tras revisar bien la información, se hizo una buena idea de lo que su oponente utilizaría. Pero eso le dejaba la pregunta, ¿qué estrategia podría usar contra él? No tendría que preocuparse por el fuego, así que…

- Krista, ¿puedes ir a buscarme estos tres? – Escribiendo en su tablet el equipo elegido para la batalla, se la entregó a su asistente. – Iría yo misma, pero…

Se miró las piernas con algo de molestia. Un poco más y volvería a caer dormida.

- Por supuesto, déjalo en mis manos. – dijo Krista con una sonrisa, yendo a toda prisa por el equipo elegido.

Mientras su asistente se iba, Erika se dejó sonreír también. La novia de Krista sin duda era afortunada de tenerla. Mirando al Oddish a su lado, le dio otra caricia antes de dejar salir otro bostezo. Tal vez no estaría mal tomar una pequeña siesta antes que llegara el retador. Tal vez para entonces sus piernas ya hubieran despertado. Con otro bostezo, un poco más pequeño, Erika se reclinó y volvió a dejarse caer en el mundo de los sueños.


Un poco después…

Una sensación de cosquillas en la nariz hizo que Erika volviera a despertar, su sueño acababa de ser interrumpido por un confuso Oddish. Volviéndose a incorporar, Erika notó que su réferi sacudía la cabeza divertida, mientras su retador la veía con algo de preocupación. Al tratar de ponerse de pie, la líder del gimnasio se percató que sus piernas estaban muy débiles y no le respondían.

- Oye, ¿te sientes bien? – le preguntó el joven peliverde, sin estar muy seguro de qué debería hacer. – Si estás algo indispuesta ahora puedo volver más tarde.

- Agradezco tu preocupación, pero me encuentro bien. – Con un pequeño suspiro volvió a sentarse, y Krista corrió hacia ella para asegurarse que estaba bien. – Me disculpo por esto, pero tendré que estar sentada para esta batalla. Por favor no lo vayas a tomar como un insulto.

Krista le entregó sus Pokébolas y se fue, y al ver que se encontraba bien, el retador se sintió más tranquilo.

- Mientras puedas pelear, yo no tengo ningún problema. – dijo antes de recordar donde estaba. – Ah, claro, soy A.J., pero seguro ya lo sabes por tu sistema, ¿verdad?

- Sí, ya lo sé, pero es una buena señal que el retador tenga la cortesía de presentarse. – dijo con una pequeña risita. – ¿Estás listo para competir por tu tercera medalla?

- ¡Listo cuando tú lo estés! – dijo él con una sonrisa de determinación. Al ver que los dos estaban listos, Krista se fue a preparar para su propio rol.

- La batalla entre A.J., el retador, y Erika, la líder del gimnasio comenzará ahora. Cada entrenador podrá utilizar hasta tres Pokémon, y la batalla se decidirá cuando uno de los dos lados sea incapaz de continuar. Las substituciones no están permitidas, si un Pokémon es retirado del campo no podrá volver después. La líder del gimnasio elegirá primero.

- Gracias, Krista. ¡Ahora, sal ya! – Arrojando su primera Pokébola, la esfera liberó a la criatura que contenía en un destello de luz.

- ¡Ivy! – De pie frente a la líder del gimnasio se encontraba un Ivysaur, con sus ojos carmesís brillando con orgullo y desafío.

- Un Ivysaur... – murmuró A.J. mientras sopesaba sus opciones. – Bueno, no hay mejor tiempo que el presente. ¡Venonat, ve!

De su cinturón, tomó una Pokébola color verde oscuro con un detalle con forma de mariposa verde claro en el círculo de captura. El insecto peludo púrpura apareció frente al chico moviendo sus antenas. Miró a su alrededor algo confuso antes de ver a su enemigo, empezando a saltar con algo de emoción.

- Oh, una Bola de Parque. ¿De Ciudad Crimson, presumo? Me alegra que otros parques estén empezando a utilizar esa en lugar de ese viejo diseño con la S. – dijo Erika, antes de sacudir la cabeza. – Pero solo porque tengas una ventaja dual de tipo contra mi tipo principal no quiere decir que puedas relajarte. ¡Ivysaur, Bomba de Desechos!

Ivysaur dio una sonrisa cruel mientras inclinaba la flor rosa en su espalda hacia el insecto y mandaba una masa oscura de veneno, salpicando algo del líquido en la hierba a sus pies.

- ¡Venonat, Confusión!

Los enormes ojos del insecto empezaron a flashear en azul, y la masa venenosa detuvo su descenso. Con un grito de "veno–nat", la bola de desechos salió de vuelta hacia su lugar de origen, pero mucho más lento, permitiéndole a Ivysaur apartarse fácilmente del camino del ataque.

- Nota personal, hay que trabajar más en los movimientos tipo Psíquico de Venonat. – dijo A.J.

- Giga Drenado. – dijo Erika.

Caminando hacia adelante ligeramente, la flor de Ivysaur empezó a brillar en verde claro mientras unos hilos de energía salían disparados hacia Venonat en una trayectoria espiral Venonat.

- ¡Rayo de Señal! – ordenó A.J.

A esta orden, las antenas del insecto temblaron rápidamente mientras un brillo se empezaba a formar en sus extremos. Con un poderoso grito, un rayo de color arcoíris salió disparado, pasando a través de los hilos de energía sin ningún problema, y colisionando contra la cara de Ivysaur. El cuadrúpedo tomó una expresión furiosa después de sacudirse de encima el rayo de luz. Sus ojos se pusieron en rendijas mientras su adversario daba un paso atrás, dándose cuenta de lo que acababa de liberar.

- ¡Usa Semilla Drenadora seguida de Giga Drenado! – ordenó Erika, y su Ivysaur echó a correr hacia Venonat, con una semilla empezando a crecer en su flor.

- ¡Detenlo con Confusión! – exclamó A.J.

Una vez más, los ojos del insecto brillaron de azul mientras la energía psíquica rodeaba a la criatura de plantas. Sin embargo, antes de poder afianzar el agarre, logró disparar una semilla, que golpeó justo en medio de los ojos de Venonat. La criatura fue tomada por sorpresa y cesó su ataque involuntariamente.

- ¡Venonat, quítate eso de encima! – gritó A.J., pero su orden llegó demasiado tarde.

Unas raíces comenzaron a brotar y a envolver por toda la cabeza a Venonat, drenándole su energía y oscureciendo su visión. Con sus pequeñas manos, el bicho no podía quitársela de encima. Poniéndose de cara contra el suelo, trató de arrastrarse para quitársela de encima, hasta que aparecieron unas enredaderas que agarraron a la criatura todavía más y empezaron a succionarle más energía.

Poco a poco, Ivysaur absorbía la energía del Pokémon Insecto/Veneno, restaurando el poco daño que había sufrido antes. De nuevo su cara brilló de orgullo, mientras se daba la vuelta para ver a su entrenadora admirándolo. Desafortunadamente para él, se había quedado dormida.

- ¡Saur! – le gritó, haciendo que Erika volviera a despertarse al instante.

- Oh, lo siento. Ivysaur, termínalo con Bomba de Desechos.

En medio de todos los hilos de energía, empezó a formar otra bola de fluido venenoso. Dando unos pasos hacia atrás y usando toda su fuerza, Ivysaur logró levantar a Venonat logrando tener un disparo bien claro para el insecto atrapado. Mientras Venonat forcejeaba tratando de liberarse, A.J. se disponía a tomar su Pokébola, listo para retornar al insecto. Debió imaginarse que Venonat no estaba preparado todavía. Apenas era una captura reciente y no estaba al mismo nivel de los otros en cuestión de fuerza. Incluso su Tentacool, que todavía estaba aprendiendo a caminar en tierra, hubiera sido una mejor opción.

Pero cuando estaba por retornar a su Pokémon, por la esquina del ojo notó algo de polvo dorado cayendo del cuerpo del insecto. Aunque podría terminar en fracaso, era la última opción que le quedaba. Venonat estaba demasiado asustado para preparar algún otro ataque.

- ¡Venonat! ¡Usa Paralizador y síguelo con Supersónico!

Con otro sacudón de su cuerpo, más polvo dorado empezó a caer enfrente de Venonat, seguido por un grito capaz de perforar los oídos. La onda sónica hizo que las esporas salieran disparadas a gran velocidad hacia Ivysaur, y Erika frunció el cejo. ¿Acaso este entrenador no sabía que los Pokémon tipo Hierba eran inmunes a ataques de polvo y esporas?

Mientras el polvo dorado envolvía a Ivysaur, este solamente empezó a sonreír mientras este lo bañaba como si fuese una relajante ducha. Pero al cabo de unos segundos de pronto comenzó a sentir una irritación: los ojos de pronto empezaron a arderle, poco a poco. Primero intentó parpadear para quitarse las esporas, pero eso solo hizo que se le metieran más. Empezó a gruñir y a gritar, empezando a frotarse los ojos, tratando desesperadamente de detener el ardor.

- ¡Ivysaur, alto! – gritó Erika, preocupada por su amigo, mientras A.J. se quedaba congelado.

Su ataque funcionó, pero no era su intención hacerle eso. Venonat se sentó confundido, mientras su energía seguía siendo drenada. Otro grito de dolor salió de Ivysaur, y sus ojos se tornaron inyectados en sangre, con venas apareciendo en ellos, mientras seguía gritando por ayuda, ya no podía soportar.

- ¡Día Soleado! – Esa orden de Erika ayudó a que Ivysaur por un momento se olvidara del dolor, y disparando una esfera de fuego y calor hacia el aire, se convirtió en un pequeño sol en miniatura sobre el campo. Una vez que se calmó, Erika tomó su Pokébola. – Buen trabajo, ahora regresa.

Una luz roja se llevó a Ivysaur y desapareció de la batalla. Volteándose hacia el Oddish que tenía al lado, Erika le entregó la Pokébola sin tardanza.

- Llévaselo a las chicas. Ellas se harán cargo de él, ¿de acuerdo? – Asintiendo con determinación, Oddish balanceó la bola encima de su cabeza y salió corriendo a buscar ayuda.

- ¡De verdad lo siento mucho! – empezó A.J. a disculparse, pero Erika levantó la mano.

- Está bien, puedo ver que no fue tu intención hacer eso. El polvo en los ojos puede irritar a muchos Pokémon, incluso a los de tipo Hierba si se les mete. Por eso hay que tener cuidado al usar esos ataques.

- Entiendo, lo tendré en mente. – respondió A.J.

- Ivysaur fue retirado del encuentro. – declaró Krista, sacando a ambos del trance, y recordándoles que seguían en batalla. – ¡Venonat es el ganador!

- Aunque haya sido un accidente, todavía puedo tomar el control. ¡Nuzleaf, TU turno!

Lanzando su segunda Pokébola bien alto, se abrió en el aire, mientras una criatura marrón, como hecha de madera aparecía en el suelo. Una mirada estoica aparecía en sus ojos, mirando al debilitado bicho, con los brazos cruzados mientras miraba fijamente cada detalle de la criatura. Alrededor de su cintura colgaba del lado izquierdo una pequeña bolsa roja, con la imagen de la medalla de Celadon emblasonada en ella. La criatura no pronunció ni una palabra, simplemente se quedó firme absorbiendo la luz del segundo sol. Estaba listo para servir, eso es todo.

- Un sujeto callado, ¿eh? No sabía que se pudieran conseguir de esos por aquí. – dijo A.J., mirando al oponente silencioso.

- Tengo amigos en lugares lejanos. A veces me envían regalos que creen que puedo disfrutar. Y en cuanto a que sea callado… – Erika suspiró ligeramente, pasándose la mano por el cabello de su nuca con algo de preocupación. – Me temo que de hecho es mudo. Son casos muy raros, pero a veces puede ocurrir en algunas especies. Ahora, ¿estás listo para la segunda ronda?

- ¡Claro! – gritó A.J. con determinación. Si sabía bien el tipo, un solo movimiento tipo Insecto debería bastar. – ¡Rayo de…!

- Sorpresa.

Justo en cuanto las antenas de Venonat comenzaron a brillar, Nuzleaf se volvió una mancha y desapareció en un instante. Para el horror del insecto, el pequeño tengu reapareció enfrente de él, con las manos muy cerca de su rostro, y con un solo movimiento, dio una palmada violenta y sonora. Al conectar, Venonat cayó hacia atrás, toda su energía se había ido y sus ojos quedaron inertes.

A.J. recuperó a su insecto, y sin prestar mucha atención a la declaración de Krista de que Venonat había sido derrotado, murmuró un "gracias" y volvió a poner su Pokébola en su cinturón. Seguro Nuzleaf estaba utilizando Clorofila. No había otra explicación para que se pudiera mover tan rápido. Tomando su segunda Pokébola, la arrojó al campo.

- Perdón por esto, Sandslash, pero ahora te toca.

El roedor con espinas apareció, y miró fijamente a su pequeño oponente. Estaba listo para cualquier cosa que le lanzaran. Después de todo, no solo había entrenado para soportar ataques de tipo Agua, también había desarrollado resistencia para los de tipo Hierba.

- ¿Sandslash? – preguntó Erika, sorprendida por la elección. No iba a descartarlo solo por usar a un tipo Tierra, seguramente tendría alguna razón. Pero la pregunta era, ¿qué podría tener para derrotar a un tipo Hierba?

- ¡Vamos a enseñarles! ¡Sandslash, Pinchazo Venenoso! – Con su garra volviéndose púrpura, Sandslash corrió hacia Nuzleaf, que simplemente se quedó tranquilo esperando sus órdenes.

- ¡Contraataca con Hoja Afilada! – respondió Erika.

Llevando ambas manos hacia la hoja de su cabeza, un brillo verde emanó de ella, mientras se formaba una energía en sus manos. En una fracción de segundo, la energía cambió en dos formas diferentes. En la mano derecha, apareció una pequeña daga tanto, y en la izquierda, un sai de tres puntas. Cuando la garra cubierta de energía púrpura se le vino encima, quedó atrapada entre las puntas del sai, y los dos ataques de energía comenzaron a forcejear uno contra el otro. Al tratar de dar golpe con la tanto, se encontró con una segunda garra púrpura. Con ella empezó otro choque de fuerza antes de que los dos retrocedieran, una vez que se dieron cuenta de que no podían ganarle a su oponente.

Nuzleaf volvió a desaparecer, reapareciendo directamente enfrente de Sandslash, con su tanto lista para acuchillarlo. Esquivando otro Pinchazo Venenoso, desapareció hacia un lado y trató de atacar por otro. Esto se repitió una y otra vez, con Sandslash incapaz de acertarle ningún golpe, ya que los esquivaba ágilmente todos.

- Tenemos que alentarlo de alguna manera. – se dio cuenta rápidamente A.J.

Sabía que Erika podría haberle ordenado a su Pokémon que acabara con el de él en cualquier momento, así que, ¿por qué no lo hacía? ¿Lo estaba poniendo a prueba, como asegurándose de que no tuviera otra forma de vencer a este veloz Nuzleaf?

- ¡Tumba de Rocas!

El veneno desapareció de las garras de Sandslash, y este las clavó en la tierra. Con un grito, y un empujón, empezaron a emerger rocas del suelo, formando una pequeña barricada enfrente del Pokémon ratón. Saltando sobre las rocas, Nuzleaf se lanzó desde arriba a gran velocidad, con sus dos cuchillas listas para cortar y apuñalar al Pokémon tipo Tierra.

- ¡Bulldozer!

- ¡Slash! – gritó Sandslash lanzándose de frente, con la tierra temblando debajo de él mientras golpeaba a través de las rocas, apenas fallando a Nuzleaf. Las rocas se partieron en pedazos enviando fragmentos por todas partes, y el aire se llenó de polvo. Trozos de tierra cayeron encima de la cabeza de Nuzleaf mientras el sol falso era devorado por el humo.

- ¡Nuzleaf! – gritó Erika tratando de encontrar a su Pokémon. Ya el que hubiera usado Tumba de Rocas la había preocupado y con razón, así que Nuzleaf voló fuera del humo y aterrizó en el suelo abajo. – ¡Viento Afilado!

- ¡Demasiado lento! ¡Sandslash, Pinchazo Venenoso!

Las armas de energía desaparecieron, mientras Nuzleaf sostenía su mano derecha en posición vertical, con el pulgar contra su palma. Dos remolinos de aire empezaron a formarse enfrente de él mientras su enemigo saltaba fuera del humo. Mientras comenzaba a revertirse la situación de la Tumba de Rocas, la mano izquierda de Nuzleaf fue directo a la bolsa que tenía en la cintura y sacó una hoja roja de ella. Devorándola rápidamente y saboreando su gusto amargo, una energía verde y negra flasheó alrededor de Nuzleaf mientras los remolinos aumentaban de tamaño.

Sin esperar más, Nuzleaf movió su mano hacia afuera, y los tornados se dividieron en cuchillas de viento que salieron disparadas hacia su sorprendido oponente, cayéndole sin piedad y haciéndolo revolcarse hacia atrás mientras el polvo se disipaba, y el Día Soleado finalmente había perdido su efecto.

- ¿Qué fue eso? – preguntó A.J., mientras Sandslash lentamente se incorporaba, algo mareado por ese extraño ataque.

- Una Hierba de Poder. Es un objeto de uso único que permite al usuario usar un ataque de acción retardada como Rayo Solar o Cabezazo de manera instantánea. – explicó Erika. – Usualmente a partir de este punto, los líderes de gimnasio usamos objetos, así que deberías tener cuidado. ¡Ahora, Tumba de Rocas!

Agachándose, Nuzleaf golpeó la tierra y comenzaron a formarse más rocas.

- ¡Usa Tumba de Rocas tú también, Sandslash! – gritó A.J.

Obedeciendo la orden, Sandslash invocó sus propias rocas. Mientras comenzaban a aparecer, el Pokémon ratón las envió hacia adelante, al igual que su oponente. Las rocas colisionaron entre ellas, en una línea recta justo en el medio de la arena dominada por la tierra. Nuzleaf saltó en la más cercana a él, y a su vez Sandslash se montó en una de las suyas.

- ¡Hoja Afilada/Pinchazo Venenoso! – ordenaron los entrenadores al mismo tiempo, y con ello los dos Pokémon prepararon sus ataques.

Cuchillas verdes y garras púrpuras se formaron y los dos saltaron de piedra en piedra para llegar hasta su objetivo. Al llegar al centro, con las armas listas y los ojos en rendijas, se lanzaron a golpear al otro, encontrándose en el aire y atravesándose uno al otro para aterrizar en lados opuestos a sus entrenadores. Se pusieron de pie lentamente, disipando la energía de sus ataques. No se oyó ningún sonido: los entrenadores permanecieron en silencio mirando a sus Pokémon, aguantando la respiración. Varias marcas de cortes aparecieron en el cuerpo de Sandslash, y terminó cayéndose sobre su estómago, con los ojos en espiral. Justo después, la rodilla derecha de Nuzleaf se tornó púrpura y se desplomó de igual forma que su enemigo, su aguante había llegado a su límite.

- ¡Ninguno de los dos puede continuar! ¡Entrenadores, regresen a sus Pokémon y envíen a sus últimos! – declaró Krista, mientras los Pokémon desaparecían de vuelta en sus respectivas Pokébolas.

- Buen trabajo, Sandslash. – le agradeció A.J. antes de volver su atención Erika. – Solo nos queda uno.

- Correcto. Debo aplaudirte por tu esfuerzo. No muchos me enfrentan con un tipo Tierra, y menos todavía logran vencer a un miembro de mi equipo con dicho tipo. Sin embargo… – La sonrisa de Erika se tornó en una determinación sombría. – Esta batalla termina ahora. ¡Gloom, ve!

Un fuerte olor envolvió el campo, mientras la planta púrpura aparecía sobre una de las rocas que quedaban, con un punto blanco en cada pétalo de la flor de su cabeza, lo cual la identificaba como hembra. Con una sonrisa en su rostro se paró de puntillas y dio un giro, tarareando una tonada bastante familiar.

- ¿Gloom, gloom, gloom, gloom, gloom, gloom? – A.J. miró con extrañeza al reconocer la tonada.

- ¿Eso no es "Y de qué clase eres tú"?

- Sí. – Erika suspiró algo, un poco avergonzada. Nunca debió haberle puesto esa canción.

- Ya veo… – El chico se rascó la mejilla, y luego sacudió la cabeza. Solo le quedaba una oportunidad. Si perdía tendría que volver a intentarlo o irse a otra parte por su tercera medalla. En ese momento la advertencia que le hizo Ash sobre sus estrategias contra los de tipo Insecto resonó en su mente, pero no se le ocurría algo mejor. – ¡Beedrill, vamos!

Un fuerte zumbido ahogó la cancioncita de Gloom en cuanto la abeja salió. Flotando en el aire, esperó a que su oponente hiciera el primer movimiento.

- Gloom, inicia con Día Soleado. – Igual que Ivysaur antes que ella, un orbe rojo emergió desde el centro de la flor de Gloom, lanzándola hacia el cielo como un segundo sol. Una gota de sudor rodó por la frente de A.J. mientras empezaba a sentir el calor. – ¡Ahora, Crecimiento!

- ¡Beedrill, Tijera-X! – Los aguijones de la abeja se tornaron en azul claro mientras se lanzaba contra la planta. Esta a su vez solo continuó cantando su canción mientras aumentaba de tamaño gracias a la luz solar que caía. Cuando las dos cuchillas se lanzaron en tajo cruzado, Gloom bajó la cabeza en anticipación.

- ¡Ácido! – ordenó Erika. Desde el centro de la flor, un líquido amarillo salió disparado justo en cuanto los aguijones chocaron contra la planta. Un zumbido de pánico se le escapó a Beedrill al retroceder, sintiendo que el pecho le ardía y se quedaba con una mancha por el ataque. A pesar de eso, el insecto trató de ignorar el dolor.

- Rayos. ¡Pinchazo Venenoso! – gritó A.J. Sabía perfectamente que el Ácido no haría daño constante, pero todavía podía causarle incomodidad al objetivo. Practicar contra su Ekans le había enseñado eso. Lo mejor que podía hacer Beedrill era ignorarlo, eso era todo.

- Giga Drenado. – ordenó Erika.

Al ver que surgían los hilos de energía verde, Beedrill retrocedió sin tardanza a las órdenes de su entrenador, no queriendo comprobar de lo que sería capaz ese movimiento.

- No creas que alejarte te ayudará. – dijo Erika antes de dar otra orden. – ¡Crecimiento!

Haciéndose todavía más grande, Gloom sonrió al ver que sus hilos se volvían más largos y gruesos. Con un grito, inclinó el cuerpo hacia adelante e hizo que los hilos salieran contra Beedrill como si fueran látigos.

- ¡Esquiva ahora!

Su Beedrill se lanzó hacia adelante, esquivando el primer látigo y elevándose lo más alto que podía. Los hilos, a las órdenes de Gloom, cambiaron de dirección y persiguieron al insecto. Lo que siguió fue una danza de movimientos evasivos y latigazos mientras Beedrill esquivaba los que podía y los que no los apuñalaba con un aguijón púrpura para disiparlos. Mientras la danza continuaba, Beedrill comenzó a sudar mientras perdía velocidad, y uno de los látigos lo agarró por el brazo derecho.

- ¡Beedrill! ¿Qué sucede? – gritó A.J.

- Ya veo que el calor empieza a afectar a Beedrill. – Erika bostezó mientras comenzaba a sentir algo de sueño otra vez. – Después de todo, ¿no se sienten más los efectos del sol si te acercas a él?

- ¡Maldición! – gritó el chico, y de pronto se acordó de donde estaba. – Ups, perdón por eso. ¡Beedrill, usa Pinchazo Venenoso y desciende ahora!

Con otro pinchazo púrpura, el insecto se liberó y continuó descendiendo, mientras más látigos seguían persiguiéndolo. Con una rápida maniobra evasiva, se escondió detrás de una de las enormes rocas que había por todo el campo, salvándose del ataque apenas por los pelos. Dando un suspiro de alivio, A.J. evaluó sus opciones. Beedrill no tenía movimientos de largo alcance, y si se acercaba demasiado le daría a Gloom la oportunidad de atraparlo. Tampoco podía esperar a que el sol desapareciera, pues seguramente lo reemplazarían por otro, y mientras tanto Gloom seguiría creciendo para aumentar su fuerza. Se le ocurrió una idea: era arriesgada, pero podía funcionar.

- Beedrill, vuela encima de esa roca y aterriza.

- ¿Qué estará planeando? – musitó Erika al ver reaparecer al insecto. – Giga Drenado.

- ¡Pinchazo Venenoso y corre hacia la penúltima roca! – gritó A.J. Con los aguijones otra vez en púrpura, la abeja corrió con sorprendente velocidad, cortando todos los hilos que pudo. – ¡Ahora, métete en la abertura y usa Demolición! – gritó mientras la abeja llegaba a su destino.

- ¡Gloom, muévete! – gritó Erika mientras veía a la abeja volver a desaparecer, antes de oír un fuerte golpe.

Mientras Gloom intentaba escapar, la roca sobre la cual se encontraba empezó a agrietarse y la hizo caer, y con su enorme tamaño solo empeoró el daño. Con otro poderoso golpe, la roca se volvió pedazos, y el tamaño de Gloom se volvió su perdición ante la gravedad. Se hundió todavía más, rebotando entre los desechos de rocas mientras Beedrill se elevaba de frente contra ella. Un poderoso gancho de aguijón le vino desde abajo, enviándola todavía más alto antes de volver a caer al suelo, creando un enorme cráter, yaciendo derrotada.

- ¡Gloom ya no puede pelear, Beedrill es el ganador! ¡El encuentro es para el retador, A.J.! – anunció Krista, mientras el chico y su abeja celebraban su victoria. Erika solo sonrió mientras regresaba a su amiga a su Pokébola, y trataba de levantarse. Krista de inmediato corrió hacia ella para sostenerla.

- Felicidades A.J. Te presento la Medalla Arcoíris, como prueba de haberme derrotado. – Sonrió mientras le entregaba la preciosa medalla. A.J. también lo hizo mientras las sostenía, asombrado por su diseño.

- Gracias por la batalla. – dijo mientras sacaba una caja para guardarla. – Creo que será mejor que entrene un poco más a Venonat antes de ponerlo en otro gimnasio.

- Eso sería recomendable. No lo hizo nada mal, pero necesitará tiempo para mejorar y crecer un poco. Antes de que te vayas, ¿te molestaría hacerme un favor?

- Claro, ¿qué será?

- ¿Si fueras tan amable de destruir las rocas que dejamos? Podemos limpiar después, pero ya que todavía tienes a tu Beedrill afuera…

El chico suspiró, sabiendo que no se podía negar. Además, no estaría mal como un poco de entrenamiento adicional.


Más tarde…

- Entonces, ¿solo queda una batalla más por hoy? – preguntó Erika, mientras veía a varios Pokémon tipo Hierba removiendo los pedazos de tierra del campo de batalla. Junto a ella, Krista asintió. – Ahora, vamos a ver…

Pero antes de terminar, afuera empezó a sonar un enorme alboroto.

- ¡Espera, todavía no está lista! ¡Dije que esperes!

Erika y Krista intercambiaron miradas cuando las puertas se abrieron de golpe. Ignorando los gritos de varias chicas, un hombre gigantesco ingresó, con su cara pintada como un actor kabuki, y girando una enorme naginata.

- ¡Ya estoy listo! – declaró dramáticamente. – ¡Soy el hombre que conquistará todos los gimnasios, pruebas, grandes puentes y todo lo demás que el mundo tenga por ofrecer! ¡Recorro el mundo en busca de desafíos, y peleo contra cualquiera, mujeres, hombres, o mujeres que se vistan de hombres! ¡Pero para Gilga...!

Un sonoro ronquido interrumpió sus palabras, y los ojos de los Pokémon y las mujeres se voltearon de nuevo hacia Erika, que se había quedado dormida otra vez.

- ¡Oh, vamos! ¡Pasé años practicando eso! – El hombre se enfurruñó, sentándose furioso por haber sido ignorado. – ¡Podrías al menos fingir estar impresionada!

- Zzz... – Esa fue la única respuesta de Erika, que ahora yacía sobre su almohada una vez más, ignorando los sonidos de todo a su alrededor, mientras sus entrenadoras y sus Pokémon se enfrentaban al sujeto extraño.

Tal vez mañana, cerraría el gimnasio por un día entero para descansar. Tal vez.

FIN.


Notas del traductor:

Otro interludio, y otro que disfruté. Primero, muestra que, preferencias aparte, Erika no detesta a los hombres en general, (solo a los que se lo merecen), y segundo, A.J. ha llegado a ser uno de mis personajes recurrentes favoritos, y fue bueno verlo ganando una batalla para variar. Se me hizo también interesante la bolsa que tenía Nuzleaf para un ítem "consumible" a diferencia de uno equipable. Creo que no hay más que decir, excepto a ver quién capta las referencias (a mí se me escaparon casi todas cuando lo leí en inglés, excepto la de la canción).

Mañana el siguiente, el de Kiawe, seguido del de Jeanette y finalmente el del campamento de Oak. Tengo que terminar el de Gardenia para postearlo tanto en inglés como en español. Gracias por los reviews a dragon titanico y sonicmanuel, y en los previos a BRANDON369 y darkdan-sama. Sigan en sintonía, tres más y estamos igualados con los originales.