Disclaimer: Todo aquello que reconozcan no es mío, la historia y algunos personajes son creación mía y está prohibida su reproducción total o parcial sin mi consentimiento.

Summary: Lo que hay en el pasado puede ser difícil de enfrentar, pero cuando alguien te ayuda ¿será posible lograrlo? —¿Eres feliz? —me preguntó y asentí sin dudarlo, siempre lo sería junto él—¿Y, tú? —regresé—No, no lo soy —contestó dejándome sorprendida.


Capitulo 24. LA OTRA CARA DE LA MONEDA

….

—Dr. Cullen, su abuelo por la línea tres —Últimamente mi abuelo se estaba convirtiendo en un acosador.

—Gracias Jane —Suspiré para poder tolerar otra más de sus tantas llamadas.

—Eddy —El buen animó de mi abuelo era evidente —Sólo habló para recordarte de la cena de esta noche, y lo importante que es que te presentes V…. —Lo interrumpí.

—Lo sé, lo sé… ¿Algo más? —Solté exasperado.

—Mira, Edward —Ahí vamos de nuevo con lo mismo —Vicky es una muchacha de buena familia y es un encanto de mujer, ¿Por qué simplemente no te das la oportunidad de conocerla? —Exhalé pesadamente.

—Te he dicho que "Vicky" no es tan encantadora como tú crees qué es abuelo—Afirmé mientras recordaba lo qué se decía de ella, además de que no era para nada encantadora y su voz chillona no era de mi agrado.

—Y yo te he dicho la misma cantidad de veces que todo lo que se dice de ella es mentira —Dijo con seguridad.

—Tengo que irme —Traté de cortar la llamada —Estoy trabajando y me esta esperando un paciente —Simplemente era imposible hablar con él cuando empezaba con su tema preferido: Victoria Levinson.

—A las ocho en punto, Edward —Colgué sin contestar siquiera.

A diferencia de otras veces no podría zafarme del compromiso, los pretextos se habían ido por el excusado, además, tarde o temprano tendría que convivir con ella, en mi familia siempre organizaban algo; llámese galas o cenas de caridad. En resumidas cuentas, pretextos para verse las caras y criticarse. Tenía que empezar a tomar medidas.

—Hola Liz—Al otro lado contestó la secretaria de mi tío Carlisle.

—Edward que sorpresa ¿Buscas a tu tío? —Ella siempre era cortés conmigo.

—Sí, gracias —Solté aliviado.

—En seguida te lo comunico —Contestó cortésmente.

—¿Edward? —La escéptica voz de mi tío sonó al otro lado.

—Sí tío, soy yo —Un largo e incómodo silencio nos invadió —¿Puedo ir a verte? Necesitó hablar contigo de algo muy importante —Tenía que arriesgarme, él era el único que podría ayudarme de alguna manera.

—Sabes qué sí hijo, te has alejado tanto que ya extraño nuestras pláticas —El trabajo me absorbía todo el tiempo, ni siquiera tenía tiempo para mí, mucho menos para hacer vida social o en este caso visitar a mis tíos Esme y Carlisle, que siempre me han apoyado.

No faltaba mucho para que llegara mi último paciente y sería libre después de meses de arduo trabajo para conseguir el puesto que tenía en el hospital y mi consultorio, gracias a Dios no tuve que depender de nadie y lo logré yo solo.

oOoOo

Después de un rápido refrigerio me subí en mi BMW, juguetito que me regaló mi padre cuando me gradué. Me gustaba la velocidad, el sentirme libre, por fin estaba disfrutando un poco de mi vida, no dependía de nadie y yo solo me estaba forjando un futuro, el apellido Cullen sin duda me había abierto una que otra puerta, pero si no era necesario no mencionaba mi apellido.

A lo lejos vi la imponente clínica Cullen, donde tanto mis padres, tíos y abuelo insistían en que trabajara, pero esa rama de la medicina no iba conmigo, en mi clínica atendíamos a la mayoría de las personas que ingresaban a la misma. Aparqué mi coche y emprendí el camino al consultorio de Carlisle.

Qué cuándo llegué me recibió como si tuviéramos años de no vernos, era agradable verlo y platicar con él, por lo general él se mantenía neutral en las disputas de la familia, y dado que Alice ya estaba casada y Lilian, mi hermana dejó de existir para mi abuelo y madre, yo era el único al que mi abuelo buscaba controlar. Al principio era agradable ser el único nieto varón, pero eventualmente las cosas se fueron al carajo cuando desde adolescente quiso imponerme una carrera en derecho.

Obviamente me opuse y no permití que quisiera controlarme, podía controlar ciertos aspectos de mi vida, pero no lo que yo quería hacer de ella. Y por lo visto estaba dispuesto a controlar con quien podía andar o no, eso aunado a que mi madre hacía su parte llamándome insistentemente para concertarme una cita con Victoria.

—Edward, ¿Qué ocurre? —Mi tío se notaba preocupado. Suspiré audiblemente mientras ordenaba mis ideas.

—Ya debes de saber de la cena de esta noche ¿Verdad? —La comprensión alcanzó su rostro y tan sólo asintió.

—Esa mujer es… —Ni siquiera pude terminar —Lo sé, Edward, tu prima supo algunas cosas de ella, ¿Sabes? —Lo miré escéptico, ¿Cómo Alice podía saber cosas de ella? —Podrías explicarte mejor, por favor… —Pedí, tal vez ellos eran los únicos que podrían ayudarme a zafarme de todo esto.

—Bueno, es una mujer de dudosa reputación, Edward, además que todos estos años no se sabe de donde se ha mantenido su familia —Suspiró audiblemente —No entiendo como mi padre quiere que te cases con ella —Al menos en algo estábamos de acuerdo mi tío y yo.

—Ni yo lo sé… —Intenté serenarme —Por eso es importante que hoy me acompañen, sé que tía Esme no se siente cómoda en ese tipo de reuniones, pero necesito de su apoyo —Pedí suplicante.

—Esta mañana Esme y yo platicábamos sobre eso, y ella no dudo en hacerme saber que sí tú nos lo pedías, aceptaría sin dudarlo —Sonrió. Y yo pude respirar una vez más —Gracias, serán de un gran apoyo para mí, esa mujer… —Sentí un escalofrío recorrer mi espalda.

—Simplemente tiene algo que no termina por gustarme —Hice participe a mi tío de mis inquietudes —Las pocas veces que he ido a visitar a mi madre, ella esta ahí y se podría decir que no es nada discreta al observarme, incluso ha llegado a ir un hombre con ella, según es… su hermano —Carlisle me escuchaba atentamente.

—Bueno, Edward, James Levinson no es precisamente un hombre que te inspiré confianza —Se reclinó sobre su asiento y continuó —Hace algunos años lo conocí, era un adolescente pero… ya tenía ese algo que no te permite acercarte y ser cortés —Se frotó la frente —Sigo sin comprender como mi padre no lo ha mandado investigar ya… —La confusión en su rostro era evidente.

—Algún propósito debe de tener, ¿No lo crees? —Carlisle tan sólo asintió —Algo muy fuerte es lo que lo orilla a querer que te relaciones con ella —¿Pero qué sería? La única esperanza que tenía era descubrir a tiempo el trasfondo de sus planes.

Ya teníamos buen rato platicando de infinidad de cosas, casos que iba a pasarle a mi tío para que atendiera en la clínica, muchos adolescentes se estaban refugiando en las drogas y el alcohol, todos ellos necesitaban un lugar como la clínica Cullen.

—Es hora de irme —Anuncié. Ya le había quitado bastante tiempo con mis problemas.

—Muy bien Edward —Se levantó —Te recuerdo que las puertas de este lugar están abiertas para ti, siempre —Tan sólo asentí y sonreí en respuesta. Me acompañó a la puerta, cuando cruzamos el umbral de la misma nos despedimos con un fuerte abrazo. Al separamos la voz de mi tío me sacó de mi aturdimiento.

—Bella, ¿qué te trae por aquí? —Frente a mí estaba una muchacha de menos de veinte años, la miré extrañado, un ligero rubor se plantó en sus mejillas. Mientras la observaba confundido.

—¿No me digas que tuviste problemas con Alice? —El rubor en sus mejillas se intensificó.

—No Doctor, al contrario, Alice es perfecta para tratarme, definitivamente es la más capacitada para hacerlo —Escuché un ligero resoplido por parte de Liz y me giré por un momento a verla, Bella por su parte agachó la mirada algo incómoda, Carlisle la escuchaba atentamente. Entonces decidí hacerme notar y me aclaré la garganta, ella inmediatamente posó su mirada en mí.

El aire abandonó mi sistema cuando vi sus ojos, esos ojos color chocolate tan hermosos pesé a verse un poco opacos eran preciosos, la tristeza que reflejaban me caló en el alma, su cara era hermosa, su piel era blanca como una muñeca de porcelana, no muy alta, fácilmente podría abrigarla en mis brazos -ese pensamiento ilógico me llegó de repente- llevaba unos jeans entubados, una blusa blanca y unas valerinas lisas blancas, su figura esbelta y estilizada me cautivaron. Pero más allá de eso, su mirada se quedó prendida a mi alma.

—Oh, disculpen, dejaos que los presente —Comentó mi tío apenado.

—Edward, ella es Bella, la nueva paciente de tu prima Alice —Su cara reflejaba sorpresa y ¿Vergüenza?

—Bella, él es Edward, mi sobrino —Me fui acercando lentamente y tomé una de sus manos, deposité un casto beso en ella, algo cálido invadió mi ser y en ese momento supe que ella era lo que tanto había estado esperado toda mi vida. El tiempo se detuvo para mí y pude notar con satisfacción que le ocurrió lo mismo a ella. Carlisle notó la conexión y estaba seguro que me lo haría saber en su momento. Mientras tanto disfrutaría de lo que estaba sintiendo en mi interior.

—Es un gusto, Bella —Solté su mano, y sonreí—El gusto es mío, Edward —Una delicada voz salió de sus labios, pesé a sonar un poco temblorosa seguía siendo estupenda. Carlisle se percibía incómodo así que después de dedicarle una sonrisa torcida me dirigí a mi tío.

—Ahora sí me voy, tío, no olvides la cena de esta noche en casa, es muy importante que vayas —Carlisle tan sólo asintió y me giré para verla una vez más antes de irme.

—Hasta luego, Bella —Tomé nuevamente su mano y la besé —Hasta luego—Escuché que susurró mientras yo recorría el pasillo que me llevaba al elevador, desconcertado por todo lo que esa extraña me había provocado.

oOoOo

Sin siquiera pasar por mi departamento a cambiarme me dirigí a la casa de mi abuelo, quien al verme me reprochó el por qué no iba más presentable, cosa que ignoré, mi madre no fue mucho mejor, estuvo insistiendo en que subiera a refrescarme a la recámara que estaba designada para mí en esa casa desde el momento en que nací, decliné lo más amablemente posible sus "sugerencias" por no decir ordenes, ¡Por Dios! Era un adulto de veinticinco años ¿Cuándo lo entenderían?

Cuando llegaron mis tíos acompañados de Alice y su marido, pude respirar tranquilo, mi padre estaba de viaje y de antemano me dio su apoyo, así que no habría problema alguno, tendría con quien estar sin verme en la necesidad de estar a solas con Victoria, quien no tardaba en llegar según mi abuelo. A nosotros nos citó antes para que cuando ella llegará nos encontráramos todos ahí para recibirla como la futura señora Cullen.

Me sentía asqueado por todo, Alice en ningún momento se acercó a mí, afortunadamente Esme jamás me dejó solo, y le hice jurar que no se alejaría de mi lado en toda la noche, ella al igual que mi tío y mi padre no estaban de acuerdo con tan absurda situación.

—Esme, querida —Habló mi madre con hipocresía — Elizabeth —Murmuró Esme.

—Deja que mi hijo respiré, no pensarás acaparar su compañía toda la noche ¿Verdad? —Insinuó amenazante —Nadie lo está reteniendo a mi lado Elizabeth —Volteó a verme y sonrió —Sí Eddy está aquí es porque así lo desea ¿No crees? —Soltó suspicaz Esme —Te advierto que Victoria es la invitada de honor y ella y Edward tienen que conocerse mejor, ya que no han tenido oportunidad de convivir mucho como debería de ser, ahora que su compromiso se vuelve formal, ellos… —Decidí intervenir.

—Basta, madre, te he dicho que dejes de controlar mi vida, si vine el día de hoy es por qué vendrían Esme y Carlisle, no por que deseará conocer mejor a Victoria —Aseguré —Así que deja de alucinar, yo no estoy comprometido con nadie ¿Escuchaste? —Esme me jaló ligeramente del brazo, sin darme cuenta de lo que hacía me acerqué a mi madre para enfrentarla, la atención de todos estaba centrada en nosotros.

—Edward, pídele una disculpa a tu madre —Exigió el abuelo, cosa que no haría, jamás lo había hecho y sin duda ese día no empezaría.

—No tengo por que disculparme por algo que es verdad —Espeté —Y sí quieres que me quedé será mejor que se ahorren esos comentarios absurdos sobre algún tipo de compromiso —Salí del salón de la enorme mansión hecho una furia. Intenté relajarme, saqué un cigarrillo de mi bolsillo y lo encendí, sin ser conciente de mis actos, empecé a caminar por el amplio jardín, necesitaba tranquilizarme si no, no podría soportar el estar adentro de esa casa y compartir a mi familia con esa mujer. Que aún sin conocerla realmente, no me daba confianza.

—¿Tienes otro cigarrillo para mí? —Como siempre ahí estaba mi mejor amigo Demetri para darme su apoyo —Ya sabes que sí —Sonreí —Debe ser difícil, no poder fumar como antes ahora que Alice esta embarazada ¿No? —Bromeé.

—No tienes idea de cuán difícil es, Alice está como loca, al menos no me prohíbe fumar fuera de casa, sólo que puso un límite de unos cuantos radios de distancia entre el olor del humo del cigarrillo y ella —Bufó exasperado —Al principio le daban náuseas ahora es por pura manía y capricho, tú sabes que tenía tiempo pidiéndome que dejará de fumar y ahora con el bebé en camino, encontró el pretexto perfecto —Vociferó, y si no lo conociera tan bien no dudaría en pensar que lo que me cuenta es una exageración, él y yo desde muy jóvenes empezamos a fumar, en la escuela de medicina éramos todo un caso, y más cuando empezamos a hacer guardias en el hospital en la madrugada, era algo básico y elemental para nosotros para mantenernos alertas y concentrados, yo eventualmente decidí dejarlo, y sólo retomarlo siempre que deseará relajarme, pero Demetri era otra historia.

—¿Cómo estás tomando todo esto? —Murmuró a mi lado mientras encendía su cigarrillo —Lo mejor que puedo, pero es difícil… ¿Sabes? Conocí a alguien —Una sonrisa se formó en mi rostro.

—Y no sé… pero siento que ya la he visto antes —Susurré —Me recuerda a la hermana de ese chico que nos tocó atender hace años, ¿Recuerdas? Uno que llegó con herida de bala en la cabeza, fue el primer caso en que nos tocó participar —Recordé con tristeza el alarido de dolor que vociferó la hermana de ese chico cuando el médico le dijo que había muerto.

—El abuelo de los chicos esos, se hizo cargo de todo el trámite —Terminó por decir Demetri —Estuve presente días después cuando fue el padre, y prohibió que diéramos informes a quién fuera a preguntar por ese caso en especifico, y según algunas enfermeras soltó una buena suma de dinero para que no saliera a la luz, todo indicaba que era alguien con poder —Dijo pensativo —Incluso los nombres se cambiaron en el registro, ese chico jamás estuvo ahí, ¿Recuerdas el nombre que le pusieron? —Cuestionó mi amigo de repente.

—Pues la chica cuando lo bajaron de la ambulancia mencionaba mucho el nombre de Ethan —Recordé —Pero cuando revisé el expediente, sólo decía que el niño era Emmanuel Douson y ni rastros de la chica —Inquirí.

—Pero bueno hermano, la niña esa estaba toda desaliñada, el cabello en la cara, apenas se le veía el rostro, lo más visible eran sus ojos —Comentó.

—Sí, y la chica que conocí hoy tenía la misma mirada, pero pues quién sabe, pueden ser alucinaciones mías, aún así me fascinó —Empecé a contarle todo lo que sentí, en el momento que la conocí, lo que provoco en mí su mirada triste. Como siempre Demetri me escucho sin juzgarme, como hacía horas lo hacían los demás.

—Bueno, sí buscas mi opinión, pues… sólo puedo decirte que, te gusto mucho —Dijo pensativo —Más no te precipites, ella está internada, y tiene que tener algún problema —¿No? —Demetri tenía razón pero bueno, él me ayudaría a investigar que ocurría con ella. Sonreí con suficiencia.

—Ni lo pienses Edward, yo no interrogaré a Alice —Aseguró —Sí ahora que entremos y se da cuenta de que fumé se molestará, no querrá estar cerca de mí —Dijo serio —Además no es tonta y sabrá que tú me mandaste a mí para saber más de ella —Suspiró.

—Aunque quisiera, sabes que es imposible —Esta vez yo suspiré —Lo sé… pero tenía que preguntarlo —Empezamos a reír como locos cuando llegó una de las chicas del servicio para avisarnos que la "señorita" llegó. Después de un segundo cigarrillo entramos, armando escándalo con nuestras risas, mi madre y mi abuelo prácticamente nos acribillaron con la mirada, los demás sólo se veían curiosos. Entonces me topé frente a frente con Victoria, a la que siempre había visto de lejos, su olor era exagerado, parecía que había vertido toda la botella de perfume sobre su ropa, era algo desagradable, era una mujer hermosa sin duda, alta, delgada, con una personalidad felina que te atraía pero nada que ver con Bella. Sonreí por cortesía más que por que en verdad me naciera hacerlo, tan sólo le ofrecí mi mano, no podría acercarme y besar su mano, mucho menos su mejilla.

—Hola, Eddy, por fin podremos platicar —La fulminé con la mirada.

—Soy Edward, Victoria —Ni siquiera traté de ser amable con ella, cosa que mi madre me reprochó con la mirada —Querida, disculpa a mi nieto, está algo aturdido ¿Verdad? —Intervino el abuelo, ignoré su pregunta.

—No me gusta que me digan Eddy, Victoria, así que te agradecería que no lo hicieras —Espeté serio —Con permiso —Me retiré de su lado y me dirigí hacia Esme que tenía el semblante tenso, algo aturdida por mi descortesía, pero vamos, no podía ser cortés con alguien que no me agradaba, y mucho menos con una mujer que estaban imponiéndome.

La velada fue bastante incómoda, a toda costa la metían en la plática, la sentaron enfrente de mí y yo prácticamente la ignoré toda la noche, evitaba entrar en pláticas donde ella participara, esquivé con maestría cada una de sus insinuaciones o preguntas tontas, su voz era por decir poco; horrible, no tenía nada que me gustará, cuando me quedaba pensativo era porque la recordaba a ella, a Bella. Al final de la noche mi abuelo nos pidió que regresáramos al salón donde se efectuaría un brindis y donde daría una noticia muy importante para toda la familia.

—Muchas gracias por haber venido —Empezó —En especial a nuestra invitada de honor, Victoria Levinson —Tuve que hacer el esfuerzo de mantener a raya mi disgusto —Como todos ustedes saben, yo siempre he hecho lo mejor para la familia —Dijo orgulloso —Y esta vez no es la excepción —Habló pausadamente —Hace unas horas, firmamos un contrato muy importante con la familia de Victoria, que sin duda será un éxito —Cuando dijo todo eso, todos lo volteamos a ver sorprendidos, ¿Cómo era posible que hiciera eso? ¿Acaso estaba loco? El sabía lo peligroso que era invertir en un negocio nuevo, y más él que era tan desconfiado.

—Y más gusto me da el anunciar oficialmente la relación y futuro compromiso entre Edward y Victoria —El aire se quedó atascado en mis pulmones, el abuelo alzó la copa en conjunto con mi madre y Victoria, quién me veía divertida con un tinte de burla en la mirada. Sin emitir sonido alguno deposité la copa que tenía en la mano en una de las mesitas del salón y me paré en medio de la concurrencia.

—Felicidades por tu negocio —Hablé tranquilo —Pero en ese contrato no estaba condicionada mi libertad, y ahora mismo te digo que yo no estoy, ni estaré en una relación con Victoria, mucho menos me casaré con ella —Inquirí.

—No es nada personal, Victoria, pero no te conozco y no tengo la intención de hacerlo —Después de todo no podía dejar de ser el caballero que educó mi padre.

—Así que… si desean seguirme viendo por este lugar es mejor que paren con todo esto —Amenacé. Sin más preámbulos me despedí de la familia a excepción de mi madre y abuelo, me despedí de Victoria a una distancia prudente con un simple adiós… No era necesario que me acercara a ella, ya que había dejado clara mi posición.

Subí a mi auto y emprendí el camino a mi departamento, una vez más para refugiarme en mi soledad, en mi pequeño espacio personal, donde nadie jamás entraba, ya mañana sería otro día y entonces podría ver a Bella una vez más…

Lo que me deparará el destino no importaba siempre y cuando en mi andar por la vida ella estuviera a mi lado…

oOoOo

En lo que resto de la noche anterior y en lo que iba del día no había podido arrancar de mi mente la mirada triste pero a la vez curiosa de Bella, ella era algo que no esperaba, su sola presencia me daba paz, pesé a verse tan indefensa, triste y agotada. Antes de irme pude ver un atisbo de luz en su mirada. Estaba decidido a conocerla, sabía dónde se encontraba, sólo era cuestión de preguntar cada cuando tenía consulta con mi prima y su horario.

Era sencillo, la recepcionista de la clínica siempre buscaba "agradarme", sin duda conseguiría esa información. Por primera vez en meses no fui al hospital, tenía que verla, la noche anterior no pude más que soñar con sus orbes color chocolate. En cuanto llegué a la clínica, obtuve la información deseada, me sentía un acosador pero no importaba, era lo que yo quería. Tuve que esperarla por media hora afuera del consultorio de Alice.

Pude ver con satisfacción su cara sorprendida y alegre al verme, pero a la vez se notaba distante, como si la terapia de ese día hubiera sido dura -que no dudo que lo fuera- su nariz estaba un poco roja producto del llanto.

—Hola, ¿Bella, verdad? —La saludé despreocupado. Ella inmediatamente se sonrojó.

—Sí —Contestó tímidamente mientras la recorría con la mirada sin ningún pudor. Pero era imposible no verla sin notar lo hermosa que era.

— ¿Quieres que le diga a Alice, qué estás aquí? —La miré confundido, tan sólo moví la cabeza negativamente, se notaba desconcertada pero lo que yo más deseaba era hablar con ella.

— ¿Te gustaría dar un paseo conmigo, Bella? —Pregunté algo temeroso, aunque ella no lo notó.

—Claro, Edward, eso estaría bien —Inquirió con timidez.

Conocía la clínica como la palma de mi mano, así que decidí llevarla al patio trasero, donde podríamos platicar libremente y sin interrupciones. El sólo tenerla a mi lado me hacía sentir en paz, no nos dijimos nada, simplemente disfrutamos del silencio que se sentía correcto, los pasillos eran amplios, solitarios, sin vida. Cuando los recorría solía sentir escalofríos pero ahora era diferente, Bella estaba a mi lado y era lo correcto. No la conocía de nada, era la segunda vez que la veía pero… no podría explicar mi sentir hacia ella en este momento.

—Bella, ¿Te parece si nos sentamos aquí? —Ella iba distraída, obviamente estaba pérdida en sus pensamientos pero no me molesto, yo no sabía que pasaba exactamente con ella, por qué estaba ahí, pero eventualmente lo sabría y estaba seguro que no me importaría.

El roble grande y frondoso que estaba frente a nosotros era mi favorito en el lugar, la paz del lugar era única, y que mejor que compartirla con ella. La banca era cómoda hasta cierto punto, el aire que se respiraba era limpio y puro, siempre olía a mar, y se podían escuchar a los pajarillos cantar alegres, siempre dándole la bienvenida a los visitantes, Bella, se notaba emocionada, tranquila, serena, en paz…

— ¿Por qué estás aquí, Bella? —No pude evitar preguntarle. Me volteó a ver sorprendida e incómoda por mi atrevimiento. Pero necesitaba saberlo, quería saber todo de ella.

—Creo que los motivos me los quedo, pero tú, Edward, ¿Qué haces aquí? —No me sorprendió para nada su respuesta, pudo haber sido peor. Así que me aventuré a ser sincero con ella.

—Desde el día que te vi, no he dejado de pensar en ti —Ella sin duda estaba sorprendida, y trataba de no ser obvia con sus reacciones. Y a la vez entendía su recelo, yo era un completo extraño para ella, y si evitaba mis preguntas no la juzgaría.

— ¿Cuántos años tienes, Edward? —Su pregunta me descolocó, entre tantas cosas que pudo decir, ¿Por qué precisamente preguntó eso?

—Tengo veinticinco, ¿Y tú? —Necesitaba saber a qué me estaba enfrentando, qué tanto podía acercarme a ella, era algo inexplicable mi sentir hacía esa extraña de mirada triste.

—Diecinueve —Permaneció callada observándome. No pude evitar tocarme el cabello como cada vez que estaba nervioso, no sabía que más hacer frente a ella, como actuar, como explicar mi actitud, mi atrevimiento al buscarla.

—Sé que te parecerá raro todo esto, Bella, pero tus ojos, ese misterio que envuelven, esa tristeza profunda que reflejan, no me han dejado conciliar el sueño, necesitaba verte, saber cómo estabas, sentirte cerca —Quería que ella sintiera que era sincero, que en verdad deseaba estar cerca de ella, que anhelaba conocerla, ser su amigo o lo que ella quisiera que fuera.

Pero lo único que obtuve a cambio fue una sonrisa triste, no tenía idea que la atormentaba, pero estaba seguro que era algo grave, algo que no la permitía vivir, ser feliz, ser ella misma, la mujer que tenía frente a mí era como un fantasma que vagaba sin rumbo, buscando ese algo que la ayudara a salir del letargo. Y yo estaba dispuesto a ayudarla.

Para mi sorpresa estiró su mano derecha y empezó a recorrer con la punta de los dedos mi cara. Cerré los ojos para disfrutar de su toque, de su cercanía, sentí con agrado como pasó sus dedos por mi boca, mi nariz, por mi mandíbula que se relajó al instante, podía sentir mis mejillas calientes gracias a su tacto, hasta llegar a mis ojos, no quería que esto terminara. Con pesar sentí como se iba retirando poco a poco, dejando un ligero hormigueo en mi sistema, abrí los ojos lentamente para disfrutar del momento, de su mirada, de la forma tan peculiar que tenía de verme, de recorrerme con la mirada, me sentía expuesto pero era agradable.

— ¿Sabes? Me gusta dibujar —Rompió el cómodo silencio que se formó —Cuando tengo ganas de hacerlo, siento la necesidad de tocar aquello que quiero plasmar en mi cuaderno de dibujo —Me sorprendió su declaración, que me contará algo tan íntimo como esto —Y el verte, me ha provocado una vez más el dibujar —Mi corazón brincó de gusto al escuchar sus palabras. Me quedé callado sin decir nada, estaba feliz después de años de no estarlo, tranquilo y en paz, disfrutando del íntimo momento donde sabíamos que estábamos cómodos el uno con el otro.

—¿Sabes? —Empecé a hablar —Hace mucho leí un libro, no recuerdo el nombre del autor —Suspiré y agarré mi cabello, no estaba seguro de a dónde quería llegar pero deseaba que ella fuera partícipe de una etapa muy linda de mi vida —Y el nombre del libro tampoco —Bella sonrió —Está muy claro en mi mente, yo era muy niño en ese entonces —Bajé la mirada y empecé a remover mis dedos nerviosamente.

—Trataba de un joven que iba a la secundaría y conocía al amor de su vida allí, o al menos eso creía, la idealizaba tanto que jamás creyó que ella fuera mala, o que su vida fuera tan retorcida como lo era, para él sólo existía ella, su princesa —El sabor dulce de los recuerdos invadió mi sistema, Bella me observaba y escuchaba atenta.

—Para Carlos, el joven del libro, su princesa era la única mujer para él, era buena, dulce, cariñosa, sexy y muy bella. Pero a la vez con un trato cruel hacía él. Siempre la amó a pesar de lo mala que era con él. Cuando ella empieza a andar con otro, Carlos queda destrozado y empieza a sentir algo similar al odio, él le entregó todo y no recibió nada a cambio —Era una historia triste pero a la vez, auténtica, real ¿Quién no ha pasado por algún tipo de desamor?

—Cuando se despide de ella, le exige le regrese su diario. Se porta muy mal con ella y queda destrozado después de eso. Su princesa no era más que un espejismo, al final descubrió a la verdadera princesa, que no era ni dulce ni tierna. Ni nada de lo que él soñó que era —Algo que mucha gente prefiere no ver, uno idealiza al ser amado, pero… ese ser ¿Merece la pena?

—Entonces, conoció por primera vez lo que era la desilusión y aunque nunca olvidaría a su princesa, le quedaba la experiencia de haber experimentado el primer amor —Guardé silencio, quería que ella se diera cuenta que aunque estuviera encerrada, valía la pena salir, vivir la vida, yo no era feliz ni mucho menos, una vida de soledad donde un abuelo y una madre intentaban controlar mi vida, no era para nada alentador.

—Lo que más me gustó del libro fue un poema de José Ángel Buesa, y me gustaría que lo escucharás —Jamás había abierto mi corazón de esta forma, y deseaba con el alma que ella me escuchará, que me diera la oportunidad de conocerla —Se llama "La Despedida" —Cerré los ojos y empecé a recitar.

Te digo adiós, y acaso te quiero todavía.
Quizá no he de olvidarte, pero te digo adiós.
No sé si me quisiste... No sé si te quería...
O tal vez nos quisimos demasiado los dos.

Este cariño triste, y apasionado, y loco,
me lo sembré en el alma para quererte a ti.
No sé si te amé mucho... no sé si te amé poco;
pero sí sé que nunca volveré a amar así.

Me queda tu sonrisa dormida en mi recuerdo,
y el corazón me dice que no te olvidaré;
pero, al quedarme solo, sabiendo que te pierdo,
tal vez empiezo a amarte como jamás te amé.

Te digo adiós, y acaso, con esta despedida,
mi más hermoso sueño muere dentro de mí...
Pero te digo adiós, para toda la vida,
aunque toda la vida siga pensando en ti.

Cuando terminé con el poema, abrí lentamente los ojos, ella estaba ahí ante mí, perpleja con la mirada vidriosa, e inevitablemente las lágrimas abandonaron sus orbes color chocolate, cerró los ojos, tenía una lucha interna entre sí podía acercarme a ella o no, para estrecharla entre mis brazos, pero preferí darle su espacio, apenas nos conocíamos, lo que menos quería era asustarla.

Después del íntimo momento guardamos silencio, me aventuré un poco y la invité a sentarse al pie del árbol, para cubrirnos un poco de los fuertes rayos de luz, para mi sorpresa se colocó en medio de mis piernas recargando la espalda en mi pecho, sin poder evitarlo la rodeé con mis brazos y la acerqué más a mí, entonces todo se torno borroso y todo dejó de tener sentido, cerré los ojos, y aspiré su aroma dulce, estaba seguro que de ahora en adelante me volvería loco.

No teníamos nada de conocernos, pero las cosas del amor siempre son así de absurdas, uno no elige a quién querer, a quién amar o quién te guste… simple y sencillamente las cosas se dan de manera especial y única. El destino mismo era caprichoso y jugaba con nosotros a su antojo, si él y Dios mismo decidían que no era lo mejor que estuviéramos juntos, eventualmente nos separaríamos pero por el momento disfrutaría de lo que Bella estaba dispuesta a darme.

oOoOo

—¿Bella?, ¿Edward? —Esa voz, estaba en serios problemas, me resistía a abrir los ojos y encontrarme con ella, sin poder evitarlo me tensé un poco, mas no podía esconder esto que estaba sintiendo.

—¿Qué significa esto, Edward? —Literalmente mi prima si hubiera tenido un arma, me habría matado. No era correcto el que me acercará a Bella, pero no podía evitarlo, no quería evitarlo.

—Me preguntaba dónde estabas, y una de las enfermeras vio que venías para acá, con Bella —Alice era un libro abierto para mí, sin duda estaba molesta y no la culpaba —Así que, es hora de que te vayas a tu cuarto Bella, la sesión de hoy te debió de dejar agotada, y yo tengo algunas cosas que hablar con Edward —Mientras Alice se dirigía a Bella, se notaba que trababa de estar tranquila, Bella no tenía la culpa de lo que ocurría de lo que amenazaba mi libertad. Como siempre que estaba molesta me acribillaba con la mirada, sin duda estaba furiosa.

—Alice tiene razón —Puntualizó Bella cariñosamente, la ayudé a levantarse.

—Claro cariño —No pude evitar decirlo, la palabra quemaba mi boca, necesitaba sacarlo, Alice bufó a mi lado, intenté voltear a verla pero no pude despegar la mirada de Bella.

—Gracias Edward —Murmuró.

—Ha sido un placer, cariño —Susurré en su oído cuando me acerqué a ella y la rodeé con los brazos, la abracé lo más fuerte que pude y planté un casto beso en su frente. Casi podría jurar que Alice quería arrancarla de mis brazos, mas sin embargo se contuvo y se limitó a fulminarme con la mirada y a cruzar los brazos. Espero paciente a que Bella entrara a la clínica para explotar.

—¡Edward Cullen! No permitiré que te acerques a ella de esa forma ¿Escuchaste? —Gritó a todo pulmón.

—Te podrías relajar, Alice, Bella me gusta y estoy dispuesto a tener algo con ella —Casi se le salen los ojos de orbita —¡Acaso estas loco! —Vociferó —Sobre mi cadáver, Edward, ella tiene un problema y tú con tu situación no la ayudarás para nada, tú estás…—No la dejé terminar —Yo no estoy nada, Alice, soy libre de estar con quien yo deseé, y ni tú ni nadie me impedirá acercarme a ella —Afirmé.

—Mira Edward, tú y yo sabemos la situación en la que te encuentras, el abuelo es… un hombre bastante práctico y siempre consigue lo que quiere, no me sorprendería que al final hiciera algo y te apartará de ella —Inquirió con tristeza.

—Esta vez no, Alice, estoy dispuesto a luchar por lo que yo deseó y esta vez, él perderá —Aseguré —Entiéndeme Alice, es la primera vez que me siento así con alguien y yo… simplemente quiero conocerla —Dije derrotado.

—Pues yo no estoy de acuerdo, y te prohíbo que vengas a verla —Me retó con la mirada.

—Ya veremos, Alice, ya veremos —Sin despedirme de ella siquiera, me fui, no tenía caso estar ahí gastando saliva y energías en tratar de convencerla de que eso era lo que yo quería. ¿Qué no quería que fuera feliz?

Así tuviera que luchar contra un ejército, para poder estar a su lado, lo haría, nadie me impediría conocer a esa niña de ojos color chocolate…


¡Hola!

Sé que querrán matarme pero… Deben conocer la parte de la historia de Edward para que sepan el por qué actúo de cierta forma en algunas situaciones, y… les pido paciencia, tratare de actualizar pasado mañana, así que estoy a contra reloj, no quiero tardar tanto ya que prácticamente están los capítulos siguientes pero me faltan cosas, así que ya sabrán la presión lo bueno de todo esto es que estoy de vacaciones y podre hacerlo –Espero- jaja.

Adriana: Ok, primero que nada ¡Gracias! No puedo decirte mucho, lo único que te puedo decir es que no estás para nada alejada de la realidad =) un beso…

Jj Vulturi: Eres un amor ¿Lo sabes? ¡Muchas Gracias! Y créeme ni yo misma sé de donde sale tanta inspiración =$ pero bueno, que bueno que te guste la historia, pronto descubrirás quién es el hombre misterioso que entra a la recamara de Bella. Un beso…

Muchas gracias a todas por agregarme a sus favoritos, alertas y a las que solo leen… Y por tan hermosos riviews.

¡Que el próximo año este lleno de sorpresas! Las quiero… ¡FELIZ AÑO NUEVO!

Mis hermosas las adoro son lo máximo para mi, Alice gracias por corregir mis horrores ortográficos, cariño por fin se de ti! Rox besos aquí tienes el new cap espero te guste sé que no te gusta la espera pero valdrá la pena ya lo veras.

Tia, tú sabes ¡Te adoro!

Ok, tengo otra pequeña nota, sé que es kilométrica el día de hoy pero es necesaria, Mi amiga Nhessa autora de Quédate Conmigo, me ha pedido que os avise que por el momento no podrá actualizar, ya que ha tenido algunos problemas técnicos con su net, pide una enorme disculpa y espera volver pronto para seguirnos deleitando con su hermosa historia...

Ahora sí, ¿Merezco Riview? Con cariño.

Chapis…