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Capitulo_25
—El clan del bosque, el clan de los chacales, el clan de los leopardos...
La voz de Víbora, inexpresiva, era el único sonido que irrumpía en el salón de reuniones y mientras ella hablaba, las miradas de todos pasaban entre los pergaminos colocados en la mesa. Cada uno, contenía información de uno de los tantos clanes, con el retrato de sus antiguos lideres y nombres de estos.
Los siente clanes. Había dicho Víbora, señalando uno a uno los pergaminos y nombrando a su respectivo líder... Ryu, del Clan del Bosque. Xian, Clan de Los Leopardos. Lu, Clan de las Panteras. Víbora, Clan de las Serpientes. Yuu, Clan de los Tigres. Chen, Clan de los Chacales. Sheng, Clan de los Lobos.
—¿Víbora?— Preguntó Mono, arqueando una ceja.
—Mi tátara abuelo—.
—Wou. Tu familia si que tiene nombres originales—.
Mono, Mantis, Tai Lung e incluso Kioko rieron por el sarcasmo del insecto, pero inmediatamente se callaron al oír sisear a la reptil.
Y mientras ella seguía explicando, sin prisa alguna, también se dirigieron sospechosas miradas a Shuo, quien se limitó a ignorarlos.
—Sigo sin entender— Habló Tai Lung —Dijiste haber hallado algo sobre el problema por la corona, pero llevas dos horas hablando de lo mismo... ¿Podrías explicarte mejor?—.
Víbora lo observó, inexpresiva, y arqueó una ceja.
—Esto no es una simple disputa por un trono— Contestó —El conflicto con Haku es solo una pequeña parte de lo que se está desarrollando afuera, entre Los Siete Clanes—.
—Pero esos clanes... son solo una leyenda— Replicó Grulla.
—No— Tomó la palabra Kei —Los clanes existen, pero no como creemos. El Clan de Los Tigres y el de Los Lobos se disolvieron hace décadas, y los pocos que quedaron formaron su propio clan...
—La Mafia Blanca— Interrumpió Shuo.
Todos miraron al tigre de bengala, sentado en una de las sillas mas apartadas al grupo, con la espalda recostada en el respaldo y los brazos cruzados sobre el pecho...
En las dos horas que llevaban allí, era lo primera vez que lo oía hablar.
—Exacto— Respondió Víbora, con una media y disimulada sonrisa.
Grulla observó aquel pequeño, pero no insignificante, gesto y no pudo evitar dirigirle una fea mirada al felino. Odiaba que Víbora actuara de tal manera con él y se lo iba a decir, en cuanto la reunión terminara, iba a hablar seriamente con la reptil.
—Pero ¿Como se involucran ellos en todo el asunto?—.
—Veras, Mantis, Haku trabaja junto a la Mafia Blanca y con ayuda de esta, planea tomar el poder— Explicó Víbora —Ahora, a su vez, La Mafia Blanca esta bajo la mira de los demás clanes... ¿Tu como crees que se involucren?—.
La mirada de Mantis, al igual que la de muchos allí, se iluminaron a comprender el punto de vista de la reptil.
Ella continuó hablando, explicando con lujo de detalle las posibles estrategias de Haku.
—Así que, según tu, la mafia de lo que sea solo ayuda a Haku por interés personal— Inquirió Kioko, arqueando una ceja —¿Cierto?—.
Lin le dio un pequeño golpecito con el pie a su hija, indicándole que callara, pero la joven leona solo la ignoró. Víbora, con una pequeña sonrisa, asintió.
—Exacto. Si Haku consigue llegar al trono, será el títere perfecto para El Lobo Blanco. Lo que transformaría esta rivalidad entre hermanos en un conflicto entre los clanes—.
Kei observó a su sobrina, inexpresivo, y poco a poco una orgullosa sonrisa curvó sus labios. Le recordaba mucho al padre de ella, al Maestro Víbora, con aquella dedicación y empeño que le ponía a algo cuando se proponía a conseguirlo.
Los chicos, aun observando y leyendo los pergaminos, asintieron distraídamente y emitieron un 'Oh' a coro.
—Correcto, comprendo. Muy buena análisis de la situación y toda la cosa— Tai Lung interrumpió en el silencio, ignorando el siseo de su amiga —Pero sigo sin comprender por qué carajos dejaste a Po fuera de esto—.
—¡Tai Lung, la boca!—.
—Perdón, mamá Víbora— El jaguar rodó los ojos y gruñó al oír las risas de sus amigos —Anda ya, dime—.
—A decir verdad, a mi también me extraño un poco— Apoyó Kei —Dijiste que él sería de mayor ayuda en esto, por lo que pensé que mas que nadie tendría que estar aquí—.
Seguido, los voces de los demás chicos se hicieron oír, todas preguntando porque Po había sido excluido de aquello e incluso una acusación de Mantis, amenazando con ir el mismo a informar a Po de la situación.
Sin embargo, Víbora permaneció en calma, y cuando los chicos terminaron de hablar, volteo ver a Tai Lung...
—¿Por qué no cuentas lo que viste la otra noche, en la plaza?— Preguntó.
Tai Lung se puso tenso en su lugar, al igual que Kioko, ambos temerosos de que alguno mencionara 'accidentalmente' el verdadera motivo por el cual habían ido. Pero la mirada de Víbora era severa, dejando en claro que si no era él quien hablaba, lo haría ella. Y antes que correr el riesgo de ser descubierto, Tai Lung prefirió contar el mismo lo que habían visto, omitiendo la presencia de Kioko en esos momentos...
Todos escuchaban atentos el relato del jaguar, mientras que Víbora buscaba algo por entre todos los pergaminos de la mesa.
Sabia que los había dejado ahí. Esa mañana, mientras Po estaba de guardia, se había encargado de ir y buscarlas entre las cosas del panda. Recordaba haber visto algo extraño en la primera y al ver lo mismo en la segunda, supo que sus sospechas eran ciertas...
—Hablas de... ¿Tigresa?— Preguntó Grulla, sin poder creer lo que el jagua acababa de contar.
—¿Quien es Tigresa?— Quiso saber Kei.
—Ami... Novia de Po—.
—¿Po tiene novia?—.
Mono y Mantis rieron al oír el tono de sorpresa en la voz de Kioko, aunque callaron al ver la reprobatoria mirada que les dirigía Lin.
—¿Ahora entienden por qué Po no debía oír esto?—.
—¿Porque tiene novia?—.
—¡Mantis!—.
Víbora siseó y le propinó un fuerte coletazo al insecto, exasperada por su falta de seriedad. Sin decir nada, puso las cartas de Po en la mesa, para que todos las vieran... Ambas habían sido escritas por Tigresa y ambas tenían aquel símbolo en ellas, a modo de firma.
Al principio no le había puesto atención, pero le preocupó bastante cuando Tai Lung le había contado lo de la plaza.
— ¡Po, hijo de la gran panda!— Exclamó Mantis, a modo se broma —Alguien tiene que decirme como lo hace, necesito novia—.
Incluso Kei dejó escapar una risa burlona, todos ignorando las gélidas miradas de las chicas del grupo.
—Bien, bien, Po con novia no sirve para nada— Mono esquivó un coletazo de Víbora —Pero ¿Que importancia tienen estas cartas?—.
Víbora suspiró exasperada, y se golpeó la frente con la cola. Realmente, estaba siendo paciente y quería mostrarse lo mas amable con sus amigos, tal como le había aconsejado Shuo, pero ellos no ponían mucho de su parte y ella no estaba de humor para aquellas bromas.
Iba a hablar, reprender a los chicos por sus inmaduros comentarios y explicar el porqué de las cartas, pero fue Shuo quien tomó la palabra...
—Tigresa es parte de La Mafia Blanca— Dijo, inexpresivo —Es... Hija y discípula del Shan, conocido como el Lobo Blanco—.
—¿Po sale con una... ?
—Una asesina— Víbora interrumpió a Grulla —No es de fiar, pero si sabemos como, también podemos utilizarlo a nuestro favor. Po podría averiguar algo, aunque sin saber donde se está metiendo—.
Tai Lung bufó y le dirigió una fulminante mirada a la reptil.
—Estas usando a Po como carnada— Acusó —No dejare que envíes a nuestro amigo a la boca del lobo—.
—Ni yo—.
Mono, Mantis y Grulla estaban a favor de Tai Lung, ninguno pondría en riesgo la vida de su amigo.
Pero Víbora solo los miró, inexpresiva, y arqueó una ceja.
—Po sabe cuidarse. No le pasará nada—.
—¿Como estas tan segura?—.
—Porque si aquella gata quisiera matarlo, ya lo habría hecho— Víbora estaba convencida de su punto de vista —Solo necesitamos que Po se acerque a ella, ya que no dudaría de que Tigresa tiene intenciones similares con él, y cuando lo crea conveniente...
Víbora se calló, recordando que aun no había explicado del todo bien. Se había olvidado de Kioko.
—Kioko ¿Cuando es tu cumpleaños?—.
—Aun falta—.
—Bien. Se adelantará—.
—¡¿Que?! ¡¿Cuanto?!—.
—En tres meses—.
—Eso es muy poco tiempo— Replicó Lin, casi con preocupación —No se puede preparar todo en...
—Mono y Mantis les ayudaran en eso—.
—¡Víbora!— Se quejaron ambos mencionados.
Kei arqueó una ceja, escéptico, y dirigió una burlona mirada al simio y al insecto.
—Bueno, creo que tienen razón en quejarse— Bromeó —Después de todo, son cosas de chi...
—Por favor, tío, no quiero golpearlo a usted—.
Lin y Kioko gruñían, dirigiendo amenazadoras miradas al león, quien esbozó una nerviosa sonrisa al oír las palabras se su sobrina.
—Prosigue, pequeña—.
—Gracias— Víbora sonrió —Creo que si no han atacado aun, es porque esperan el momento indica y me parece que una fiesta en palacio seria lo ideal... Habrá mucha gente y todos estarán al pendiente de Kioko, por lo que nadie detectaría algún comportamiento raro por parte de algún invitado o tu ausencia, tío—.
—¿Estas sugiriendo que mi padre no esté presente?—.
—No, Kioko, estoy diciendo que tu padre podría estar durante las primeras horas, para recibir a los invitados, y luego resguardarse en un lugar seguro. Si atacan, usaran eso para buscarlo... y los chicos estarán vigilando de cerca—.
El lugar entero quedó en silencio, todos meditando las palabras de Víbora...
Entonces, cuando la reptil vio sonreír a su tío, se volteo para dirigirle una burlona sonrisa a Shuo, quien le devolvió una fría mirada, y articular un 'debes pagar' con los labios... Antes de comenzar la reunión, el tigre de bengala había dejado en claro su opinión respecto al plan, alegando que adelantar el cumpleaños de la princesa seria demasiado sospechoso como para fiarse de ello como un buen plan.
—No caerán tan fácil— Había dicho —El lobo y su... hija, no son tan tontos como el hermano mayor de su majestad—.
Sin embargo, a Kei parecía agradarle la idea de su sobrina, quien como digna amiga de Mono y Mantis, no se había resistido a apostar con el felino respecto a aquello.
—Bien, podría funcionar— Contestó Kei —Pero... ¿Como sabremos si ellos están al tanto o no?—.
—En eso ayudará Po— Víbora arrugó el entrecejo, un poco molesta por poner en ello al pansa —Si lo que creo es cierto y esa gata intenta sacarle información, Po solo revelará lo que nosotros...
Entonces, una sarcástica y burlona risa interrumpió a Víbora, y todos dirigieron sus miradas a Tai Lung.
—Enserio, Víbora, la idea ofende— Se burló el jagua, notablemente molesto —¿Como puedes si quiera pensar que Po sería capaz de dar cualquier tipo de información a alguien ajeno a todo esto?—.
—No estoy diciendo eso. Pero todos sabemos, por experiencia, lo inocente que puede llegar a ser y si la fama que precede a La Dama de Las Tinieblas es cierta, no creo que le cueste demasiado engatusarlo con cualquiera artimaña—.
—¿La Dama de Las Tinieblas?—.
Las miradas confusas de todos se posaron en Víbora, sin comprender qué tenia que ver aquel nombre en todo eso... Para todos era conocida la historia de aquella asesina, que aunque a muchos les parecía mas una leyenda, podían asegurar que si existía.
Víbora los miró y a modo de respuesta, asintió.
—Tigresa es La Dama de Las Tinieblas—.
En todo el día, Tigresa no habló, no comió, ni hizo mas que permanecer sentada en el sillón de la sala. O al menos eso parecía, porque casi a medio día, Tigresa los había echado a los tres de la cabaña y se había encerrado ella sola allí. Sin embargo, cuando consiguieron volver a entrar, la felina se hallaba aparentemente en las misma condiciones que cuando se fueron... Sus hombros se veían dolorosamente tensos y su espalda llevaba demasiado tiempo recta, como si tuviera una tabla sosteniéndola. Sus ojos carecían de brillo o expresión alguna, y miraban fijo a la nada. Sus manos estaban entrelazadas en su regazo y de vez en cuando, estrujaban un poco de la tela de la remera de dormir, la cual no se había tomado la molestia en cambiarse.
Aunque cuando Haku vio el baso vacío que se hallaba en la mesa de la cocina, no se tomó la molestia en ver que pudo haber contenido, pues de seguro solo habría sido agua...
Yuan solo podía observarla, preocupado, sin saber muy bien que hacer. Había intentado hablarle, pero ella no le permitió ni siquiera sentarse en el mismo sillón...
—Tu lo sabias— Le había acusado, con voz monótona e inexpresiva, arrastrando lenta y perezosamente las palabras —Todo este tiempo lo supiste y no me dijiste nada—.
Shan no le había contado todo, solo lo que le convenía... Lo único que Tigresa sabia era que habían ido a aquel festival esa noche, que cuando se separaron sucedió 'eso', y que al día siguiente Shan había ido a buscarla en la casa de la doctora Su. Nada que comprometiera al lobo blanco, ni a Haku (ya que aparentemente Tigresa no recordaba el rostro de su atacante), pero si lo suficiente para que ella culpara a Yuan de no habérselo dicho.
Cuando comenzó a oscurecer, y Tigresa aún no se movía de su lugar, Shan entró a la sala con un plato de arroz y té para la felina.
En silencio, dejó la comida en la mesita de centro y se sentó junto a ella, esperando que reaccionara. Pero Tigresa ni siquiera pareció percatarse de su presencia y cuando Shan quiso tocarle un hombro, solo para llamar su atención, el puño de ella impactó con fuerza en su pómulo...
Sentados en los otros sillones, Yuan y Haku ahogaron una carcajada, aunque Shan los ignoró y tan solo se sostuvo el rostro con una mano.
—Golpeas duro— Premió, tratando de sonar amable.
—Lo siento, no quise...
—No, no importa— La interrumpió —Ten, como algo—.
—No tengo hambre—.
Tigresa ni siquiera volteó a mirarlo. Pegó su espalda al respaldo del sillón y se abrazó la piernas contra el pecho, apoyando la barbilla en sus rodillas.
—Si no comes, te enfermaras— Intentó Shan.
—Ya me siento enferma ¿Cual sería la diferencia?—.
La voz de ella destilaba odio, desprecio en su mas puro estado, y aunque Shan le pareció notar algo extraño en como lo dijo, tan solo la observó, inexpresivo, y reprimió una mueca de fastidio. ¿Por cuanto tiempo la tendría que aguantar así? Pensó que al decírselo, lograría que su actitud se endureciera un poco, que volviera a ser aquella chica fría y dura que solía ser antes, y culpara a Yuan de saberlo y no habérselo dicho. No que se deprimiría, ni que andaría con esos aires de 'Me importa un comino si muero o no ahora'.
Era ridículo. Esa no era la Tigresa que conocía... O tal vez, no conocía bien a Tigresa.
Sin contestar, se acercó a ella y le pasó un brazo por los hombros, atrayéndola hacia él. Pero Tigresa lo empujó y sin decir nada, se levantó del sillón...
Sorprendidos, casi temerosos de lo que pudiera hacer, la observaron subir las escaleras, con zancadas largas y fuertes, hasta que el ruido de la puerta al azotarse les indicó que se había encerrado en su cuarto... Ninguno dijo nada, ni se movió de sus lugares. Permanecieron en silencio, esperando a escuchar algo más, pero media hora mas tarde, Tigresa no daba señal alguna de vida.
Finalmente, Yuan se levantó de su lugar y decidió ir a ver.
No quería que volviera a pasar lo mismo, que Tigresa saliera de control, descargando su ira con el primero que se cruzara por delante. No quería que ella dejara de comer, solo porque 'no tenía hambre' o se encerrara en su cuarto, llorando o haciendo quien sabe qué. Y cuando abrió la puerta, el corazón se le detuvo ante la idea de hallarla otra vez con la hoja de alguna daga presionando la piel de su muñeca...
Sin embargo, al entrar, lo único que vio fue a la felina en ropa interior.
—¿Que haces?— Preguntó, parado en la puerta.
Tigresa no contestó y continuó haciendo lo que fuera que estaba haciendo... Tomó la blusa negra que se hallaba en su cama y se la colocó, dejando que esta se ajustara a su figura y el escote mostrara el inicio de sus pechos, con las anchas mangas un poco mas largas que sus brazos, para luego colocarse un pantalón de igual color y calzarse las sandalias que usualmente usaba.
—Voy a salir— Contestó ella, mientras amarraba la odachi a su cadera.
Tomó unas kunais de su mesita de noche y las escondió en la parte de adentro de la blusa, a la altura de su pecho, para luego tomar la mascara negra que yacía en su cama y dirigirse a la puerta...
Pero en cuanto iba a salir, Yuan la sujetó de un hombro y la empujó para que volviera a entrar, cerrando la puerta tras de ellos y parándose frente a esta, tapando la salida.
—¿A donde vas vestida así?— Quiso saber.
Ella gruñó y dio media vuelta, caminando a paso firme hacia la ventana, pero la zarpa de Yuan la sujetó del brazo derecho y jaló de ella hasta obligarla a sentarse en la cama. Intentó levantarse, pero el leopardo, con cara de pocos amigos, colocó una mano en el hombro de ella, haciendo peso para que volviera a sentarse...
—Tú, vestida así, con esa espada, no sales de aquí—.
Tigresa rió, una carcajada sarcástica y carente de humor, y de dejó caer de espaldas en la cama, sosteniendo el peso de su cuerpo en sus codos.
—¿Que sucede, gato?— Espetó, casi burlándose —¿Ahora si te preocupas por mi?... ¿Sabes? Me pregunto que mas esconderás—.
Entonces, Yuan supo el porqué los había echado del lugar... Con razón ella estaba tan tranquila cuando regresaron.
—Bebiste— La acusó —Estas... ¿Estas borracha, Tigresa?—.
Ella volvió a reír y echó la cabeza atrás, negando repetidas veces.
—Nop—.
Tigresa se impulsó con sus brazos y se colocó de pie. Pero al hacerlo, no calculó la distancia a la que estaba parado Yuan y terminó chocando con el pecho del felino, quien con una mueca de fastidio, pasó sus brazos por debajo de los de ellas para sujetarla...
Aún así, Tigresa seguía riendo y cuando su aliento chocó con el rostro de Yuan, el leopardo quiso golpearse a si mismo por no haber visto el estado de su amiga antes. El aliento le apestaba a alcohol y estaba seguro que no daría ni cinco pasos sin tambalearse. Aunque si lo pensaba bien, no la había visto hablar o moverse desde que volvieron a entrar.
Yuan chasqueó la lengua y resopló, fastidiado, cuando ella intentó empujarlo y terminó cayendo otra vez sobre su pecho.
—¡Agh! Eres una...
—¡¿Una qué, Yuan?!— Tigresa volvió a reír, dejando caer la cabeza en el pecho se Yuan —Una puta, una sucia y asquerosa puta—.
De repente, las ruidosas carcajadas de ella se transformaron en un amargo llanto y sus lagrimas mojaban el pecho de Yuan...
Forcejeó un poco con Yuan, intentado zafarse, pero se sentía tan débil que terminó cayendo nuevamente en sus brazos. Se sentía tan miserable, tan rota y destrozada, que no quería que nadie la tocara, no quería que nadie la mirara si quiera. Por eso los había echado a todos, para esta sola...
Había estado durante horas sumergida en agua fría, intentado sacarse de encima la sensación de aquellas manos tocándolas, y luego, cuando no tuvo mas nada que hacer, se había ido a sentar en la cocina...
La botella estaba allí, sin abrir, llena de Sake. No pensó que un vaso le haría mal, solo era uno y ni siquiera lleno, solo un par de tragos para relajarse un poco. Pero luego quiso otro, y otro, y otro... Hasta que sintió su vista nublarse y la cabeza pesada, que decidió tomar otro baño y arreglarse un poco para que los demás no vieran que había bebido.
Yuan la estrechó en sus brazos y la hizo retroceder hasta la cama, obligándola a sentarse. Pero cuando él se quiso sentar junto a ella, Tigresa lo empujó, haciéndolo caer al suelo...
—Fue divertido ¿No?— Murmuró ella, con voz ronca por el llanto y arrastrando un poco las palabras.
Yuan la observó, hincado frente a ella, sin saber que contestar.
—De seguro habrá sido muy gracioso— Prosiguió ella —¡Cinco años! Cinco putos años me mintieron...
—Tigresa, no es...
—¡¿No es qué, Yuan?!— Gritó ella, con los ojos llenos de lágrimas.
Yuan quiso acercarse, limpiarle aquellas lagrimas que empapaban sus mejillas, pero ella no le dejó ni siquiera tocarla. Volvió a empujarlo, haciéndolo caer de espaldas al suelo, y sin dirigirle siquiera una mirada, avanzando a zancadas largas y fuertes, salió de la habitación.
Escuchaba sus pasos, rápidos y pesados, bajar por las escaleras y sus gritos continuaban. Pero no fue hasta que escuchó el ruido de algo romperse, que Yuan se levantó del suelo y salió corriendo del cuarto...
Shan estaba sentado en el sillón, encogido contra el respaldo, y Tigresa estaba parada frente a él, gritando con el rostro a centímetros del de él. En su mano derecha, sostenía una kunai y la izquierda estaba sobre el hombro del lobo blanco, reteniéndolo en su lugar, mientras que Haku observaba la escena parado a unos metros detrás de la furiosa felina.
—¡...también lo sabias!— Gritó ella, clavando las garras en el hombro de Shan —¡Fuiste tu quien quiso ocultarlo! ¡Un maldito hijo de puta abusó de mi! ¡¿Y tú te esperas cinco años para decírmelo?!—.
—¡Tigresa, ya basta!—.
Como respuesta, la felina emitió un imponente rugido, y cuando Shan quiso quitarse la zarpa de su hombro, ella clavó aun mas las garras en él...
—Me han mentido todo este tiempo—.
Aparentemente mas calmada, Tigresa se enderezó y quitó sus garras del hombro de Shan, el cual estaba cubierto por una gran y creciente mancha roja...
Ella tensó la mandíbula y parpadeó un par de veces, pero eso no bastó para detener las lágrimas que rodaron por sus mejillas y su labio inferior tembló con un bajo sollozo. Giró sobre sus talones, observando a Yuan aun parado en las escaleras, y luego volteó otra vez a ver a Shan, para luego soltar una fría y sarcástica carcajada...
—Son unas mierdas— Masculló, alternando la mirada entre Yuan y Shan —Los dos, ¡Cinco años me ocultaron la verdad! ¡Le encantó reírse en mi cara! ¡¿No?!... ¡¿No es así?!—.
Ninguno supo contestar, lo que solo sirvió para aumentar el desprecio en la mirada de ella...
Tropezando un poco con la alfombra y enredándose con sus propios pies, Tigresa llegó a la puerta sin caerse y la abrió. Pero antes de salir, se volteó y pasó su mirada por toda la sala, hasta posarla en Haku, quien se había mantenido al margen de toda la discusión...
—Tu— Tigresa lo señaló torpemente con el dedo índice —Mañana me dirás bien cual era tu plan. Lo haré—.
Y así, dejando incluso a Shan un poco preocupado por la salud mental de ella, Tigresa se fue, azotando la puerta a sus espaldas al cerrarla.
Por unos minutos, el único sonido que irrumpía en el tenso silencio de la sala, era las jadeantes respiraciones del lobo blanco y los tres felinos que quedaron en esta...
El hombro de Shan sangraba, pues la herida que le había dejado Tigresa era bastante profunda, y Haku miraba con algo de miedo la puerta, como si Tigresa pudiera aparecer en cualquier momento y echársele encima, mientras que Yuan solo podía pensar en que tenía que ir a buscarla...
Ella no estaba en sus cabales, había bebido y por lo visto, demasiado. Estaba triste, enojada y llevaba su espada consigo... Tal como aquella vez.
—Felicidades— La voz de Yuan interrumpió el silencio, llamando la atención de Shan —Lo lograste, ella me odia. Pero hay algo en lo que no pensaste... También te odia a ti—.
Continuará...
Uuuhh... Como disfrute escribiendo a Tigresa gritandole a Shan, aunque me hubiera gustado golpearlo un poco... Ni modo, será para mas adelante... Jajaja...
Espero que les haya gustado y... Dejen review xD
