¡Hola a todo el mundo! ¿Qué tal estáis? Espero que bien. Yo, sinceramente, os estoy (como siempre) muy agradecida por todas vuestras palabras, como ya sabéis, no hay cosa que me haga más feliz que saber que todo mi trabajo os está gustando. No quiero aburriros demasiado, así que os dejo rápidamente con el capítulo. Ya sabéis que el fic está a punto de acabar, espero que os guste y que por favor, me dejéis vuestra opinión, me encantaría saber qué tal voy con el fic. Gracias a todas las personas que leéis. Un beso muy fuerte.
Los personajes de Naruto no me pertenecen.
~Dos meses~
~Capítulo 25: Te necesitamos, Daisuke.
Estaban muertos de cansancio habían pasado tres días desde la partida de Konoha hacia la Villa oculta de la Cascada, de los cuales, sólo se podría decir que habían dormido como mucho unas doce horas, es decir, medio día. Sus cuerpos estaban tontos y apenas respondían con rapidez a los ataques –que días antes- habían tenido que sufrir de aquellos idiotas ladrones, ya no vampíricos, en general.
No había mirado hacia atrás en ningún momento, no lo necesitaba, sus pasos se había despertado, con rapidez estaba llegando a la Villa oculta, tanta, que ya la divisaba a varios metros de distancia. Su esperanza había ido creciendo a la misma velocidad que la pólvora encendida, sin parar.
Una sonrisa se había dibujado horas atrás al disiparla, ¿y si lograban salvar a Ino? En su vientre cientos de hormigas empezaron a danzar dentro de sí, ojalá todo fuese así, sólo deseaba volver a verla sonreír, a escucharla, a sentirla. La necesitaba, sin duda alguna, Ino estaba siendo todo su ser, ella era la mujer por la que cada día, noche y demás vivía, por la que quería morir. Suspiró, en su vientre, justo entre todo el hormigueo, se encontraba un nudo bien fuerte, difícil de deshacer, del cual, sólo si se salvaba a Ino se desharía.
Aquellas letras en aquella carta habían sido cruciales para darle las fuerzas necesarias para continuar con más rapidez, con más ganas. ¿Y si sabía que no iba a quedarse quieto? Quizá Ino tuviese idea de que Shikamaru iba a darlo todo por salvarla, por no dejarla marchar. ¿Y si lo sabía? "Entonces tendré que hablar contigo por todo esto." Se contestó a sí mismo. No estaba enfadado, no tenía motivos, aquel atajo les había adelantado mucho, tanto, que entre lo poco que había dormido, la velocidad en la que iban y, sobretodo, las ganas que llevaban habían sido muy influenciales para tal misión.
—Masaki, ya estamos llegando, ¿cierto? —Preguntó con voz temblorosa, y es que, por una vez en su vida, no se avergonzaba de lo que estaba sintiendo. Estaba feliz por haber llegado a la Villa, a aquella esperada Villa.
Asintió antes de contestar—: Es cierto, estamos llegando, sólo nos queda saltar cinco árboles más y trepar por toda la cascada. No te preocupes, son sólo quince metros, una vez subidos, hemos llegado a la villa. —Se apresuró a decir al ver cómo su cuerpo se sumía en un extraño escalofrío de terror al saber que ahora mismo había que escalar quince metros arriba. Sonrió—: Te la he colado, tío, no hay que escalar, eso lo hacen los más patéticos, y ¿qué quieres que te diga? Me considero así, pero no lo soy, creo… En fin —cambió con prisas— el caso es que tenemos que posarnos detrás de la cascada y nadar cinco metros abajo. Espero que tengas buenos pulmones, ¡jajá! —Explicó con cierta alegría. Él, al igual que Shikamaru, estaba feliz por haber llegado a su villa natal aunque eso no era lo que más le importaba, quería destrozarle la vida a Temari, quería verla sufrir con todo aquel mal que había causado, y eso se conseguía con tan solo quitarle a Shikamaru de sus brazos. La locura pronto le llegaría. Sonrió para sus adentros, por algo su clan era uno de los más temidos de toda la villa, por sus venganzas y por el disfrute que le daban al ver a alguien sufrir por amor, luego, ¡ras!
Se sintió aliviado al saber que no tendría que hacer el esfuerzo de quince metros arriba, sino de cinco hacia abajo. Suspiró cansado, deseaba que todo esto luego tuviese una grata recompensa. Aunque si lo pensaba, con Ino viva le iba más que bien, iba a ser la mejor recompensa que jamás iba a tener nunca más.
~*****~
No se había movido en ningún momento de aquel asiento del que días atrás había tomado posesión. Su cuerpo estaba cansado, su mente también, sus ojos, todo lo que tenía vivo estaba agotado. Llevaba casi tres días sin dormir, y sólo volvía a su casa por obligación. Tenía a todo el mundo preocupado, nadie quería verle tan mal psicológicamente y físicamente, ¿es que no iba a darse cuenta nadie de que su hija estaba al borde de la muerte? A veces dudaba de que todas esas personas tuvieran uso de razón, le miraban mal y apenas creían que él se encontrase tan mal, al fin y al cabo, Ino para ellos era una simple persona que se estaba muriendo, que a la misma vez, para Choza y Shikaku, era su hija y entendían su dolor, sólo a veces.
Su mente estaba absorta en cada uno de los recuerdos que tuvo junto a ella, en cada momento que vivió con ella, sus primeros pasos, sus primeras palabras, aquellos momentos inconfesables, los abrazos, lágrimas… ¿Dónde había estado todo aquel tiempo? ¿En qué se habían esfumado? Se maldecía por haber estado tan ausente por su parte, por no haber podido ayudar a su hija. Ese era su sueño ahora mismo, eso era lo que quería, ayudarla a darse cuenta de que la vida no se acababa en una sola persona. Sonrió al pensar en que él era igual, no se había acercado a nadie más desde la muerte de Noa, sentía que la deshonraría si lo hacía, ella fue la única mujer con la que lo compartió todo, con ella empezó su vida, casi. Y fue solamente a ella a quien le juró amor eterno. "Seguirá los mismos pasos que tú, debes sentirte orgulloso…" Recordó aquellas palabras de Noa al nacer su pequeña.
Su llanto creció al sentirla lejos, sin poder tocarla, hablarle, el no tener a su hija. Había escuchado mucho sobre el tema de esté donde esté, siempre estará a tu lado, estaban equivocados, por mucho que quisiera sentirla cerca, no podía. Su niña no iba a estar nunca más con él, no iba a sentir más veces su voz, no iba a escuchar nuevos temas salir de sus labios rosados (idénticos a los de su madre). ¿Cómo iba a sentirla cerca, si luego no iba a tener nada de ella? Negó, no se veía capaz de entrar a su habitación después de haber despedido a su hija para siempre, se veía sin fuerzas nada más pensar en que aquella cama ya no iba a ser más utilizada por ella, por su vida.
Siguió llorando, aunque le era inútil sentirse cómodo, su pena crecía cada vez más.
~*****~
Por suerte no se podía mirar directamente a la cara, él no era experto en el apnea, es más, no le gustaba mucho el agua así que no se molestaba en mirar cuánto tiempo aguantaba bajo ella; pero en ese momento podía llegar a jurar que su cara había conseguido un color lila arándano. Sintió que se moría nada más bajar tres metros, su corazón se paralizó y con las prisas, se abrió una brecha en medio de la cabeza. Se maldijo unas millones de veces a aquella simpática madre naturaleza que había colocado aquella piedra en medio del lago de la cascada.
—¿Te duele? Deberías haber tenido más cuidado, son algo afiladas las rocas de la cascada… —Le comentó mientras le ofrecía una toalla (húmeda a causa de la natación recién hecha)— Puede que te ayude… —Habló no muy convencido.
—Gracias. —Habló algo cansado, ya eso era el colmo, había emprendido todo el viaje para salvar a la mujer de su vida. Sabía de sobra que iba a tener que pasarlo todo muy duro, no obstante, no imaginó que él tendría que llegar a su casa medio moribundo ¿qué iba a decirle a sus padres? Iba con una brecha en la cabeza, estuvo a punto de ahogarse, ¿qué más le tocaba? Suspiró rendido, no había respuesta para aquel cabreo que él estaba sufriendo. Negó.
—No sufras, hemos llegado a la Villa oculta de la Cascada. Lo estamos logrando, Shikamaru, alégrate. —Sugirió nervioso.
Asintió, debía alegrarse por haber conseguido llegar a la villa, mas no debía dejarse llevar por las prisas, tenía que andar con pies de plomo cualquier cosa podría pasar en cualquier momento, y cualquier ilusión romperse en cuestión de segundos, y no quería pasar por ello.
—Venga, entremos a la villa y vallamos a ver a Daisuke… —Pausó, tenía que coger aire por lo que le iba a decir, no se lo iba a tomar muy bien— Shikamaru, deberás entrar tú solo a la casa de Daisuke…
Se sobresaltó, ¿a qué venía aquel cambio de actitud, acaso Masaki había estado planeando algo en su contra? Se puso a la defensiva, él mismo se hizo prometer que no caería en la trampa de nadie, y mucho menos, en la de un traidor y asesino como Masaki.
—Ya veo… —comenzó a hablar cortante— has planeado todo esto para tenderme una trampa. ¿Temari? Dime, ¿ha sido, Temari la que te ha ordenado que me traigas aquí? —Preguntó enfadado.
—No, no te equivoques, Shikamaru. Mi clan es el más odiado y a la vez el menos conocido —suspiró, no se veía con ganas de explicarle nada a Shikamaru, sin embargo, debía hacerlo si quería que salvara a Ino, se había enamorado de ella y no quería que se fuera de este mundo antes que él. Cerró los ojos con fuerza antes de comenzar—: Mi clan es demasiado duro, sangriento, cruel, y muchos más adjetivos que darían a conocer el infierno de clan del que provengo. El valor principal de los Deguchi es matar, matar al primero que veas que no te va a ser útil, al que te moleste, al que no te haga reír. Muchos de los integrantes somos no deseados por nuestras madres, allí los hombres tienen todo el derecho del mundo de hacer lo que quieran cuando quieran y donde quieran, las mujeres y niñas, no elijen… —Pausó mientras comenzaba a caminar sin quitarle la vista a Shikamaru— Los niños con tres años ya empiezan a matar sin saber el porqué lo hacen, apenas tienen conciencia de lo que hacen, les parecen divertido, un juego.
Suspiró, nunca imaginó a niños tan pequeños siendo esclavos de una inocencia desviada, sin saber si lo que están haciendo está bien o está mal. Siempre tuvo en su cabeza a sus hijos, siendo educados de buenas formas, humildes, cordiales, protectores… No asesinos como los del clan Deguchi. Cerró los puños con fuerza ¿es que acaso nadie iba a impedir aquella barbarie? Puede que fueran unos monstruos, sin embargo deberían cambiar todas aquellas ideas que sólo conseguían hacerles mal, estaban ciegos mientras sonreían al prójimo que estaba matando a personas que de verdad… Su corazón se heló al analizar esas palabras, todo lo que aquel clan estaba haciendo era lo mismo que había pasado con Temari e Ino en el torneo, él sonreía a quien estaba matando a la persona que de verdad le importaba.
—Yo he sido igual que ellos… —Susurró más para él que no para el que allí, junto a él se encontraba— yo he estado haciendo lo mismo que tu clan, he estado sonriendo y felicitando a quien peor se estaba comportando y replicando al inocente de esta historia ¡Mierda! —Gritó mientras lanzaba un fuerte puñetazo contra la pared.
No tardó en darse cuenta de que se había hecho más daño de lo normal, su mano había quedado inutilizada por culpa de aquel puñetazo, seguro que se habría roto los dedos. Gritó.
—No desesperes, Shikamaru, entras a su casa sólo debes hablar con él e intentar convencerle. Aquí nuestra aventura acaba, buen amigo… Gracias por haberme enseñado el sentido más puro de la verdadera amistad y a la vez, el del amor… No desesperes, no habrá manera de hacer sufrir a Temari, te lo aseguro, se cree fuerte y hará que nada le afecta, ni lo intentes. —Habló mientras su sonrisa se convertía en una mueca triste, todo se había acabado, su única función en ese momento era ayudar a Shikamaru a salvar a Ino, y ya lo había conseguido, se salvaría. Quizá se equivocaba, pero le sería muy difícil hacerlo.
—¿Te marchas? —Le preguntó asustado.
Asintió antes de empezar a caminar—: Su casa está al final del bosque… ¿Shikamaru? —Le llamó, escuchando un débil "¿eh?" por parte del Nara— Toma… —Habló mientras le lanzaba un colgante— Era de su madre, no le contó a nadie que se lo habían robado en aquel día en que Temari comenzó su venganza. Dáselo y dile que se lo quitaste a la bruja, ¿vale? Para ti, Deguchi Masaki no ha existido. Hasta siempre, amigo. —Se despidió en un suspiro antes de desaparecer en una columna de agua.
Sonrió, al fin y al cabo, aquella historia de los Deguchi y ese inútil no había sido tan cruel como él había dicho. Estaba contento por haberle conocido, sabía de sobra que gente como él, no encontraría en mucho tiempo.
Empezó a caminar con el dolor en su mano incluso él mismo se regañaba por la locura que acababa de hacer, iba a volver solo y encima, protegiendo a un hombre mayor, ¿se había vuelto loco? Asintió sin quitar su sonrisa de felicidad.
Miró el colgante que Masaki le había dado, era de oro y atrás había una escritura en cursiva y en letras antiguas "Pase lo que pase, estaré siempre a tu lado, mi vida. 23 de septiembre de 2006" Se puso serio rápidamente, por aquel entonces Ino debía de tener unos quince o catorce años, y ese había sido el regalo de su madre un colgante que le daba a entender que pasase lo que pasase ella iba a estar al lado de su hija. Lo apretó con fuerza a la misma vez que lo guardaba en su bolsillo derecho del pantalón. No lo perdería.
Empezó a caminar con su destino fijo, la casa del doctor Daisuke, según le había comentado Masaki, Tsunade y Sakura, Daisuke era una persona muy conocida que había podido salvar muchísimas vidas, seguro que la lista era más que incontable. Ahora su deseo era intentar que Daisuke salvara a Ino, nada más.
~*****~
Su decisión estaba tomada desde hacía más de dos meses, todo para él había acabado para siempre, su vida se había convertido en esa mujer de cabellos rubios y de ojos azules con la que soñaba cada noche que pasaba, con cada segundo, minuto, hora… Su vida entera se había convertido en ella, su musa, su alma, su corazón, todos sus sentimientos iban con ella. Ninguna más.
—Si este es tu ruego, así se hará. Nosotros nos encargaremos de tu deseo mientras que tu precio a pagar sea tu propia sangre con la que bautizar a tu hijo póstumo.
Asintió sin dejar de pensar en todo lo que acababa de hacer, iba a tener un hijo en contra de la voluntad de su mejor amiga, tal y como su madre había tenido que padecer aquel infierno.
—Así es, ese es mi deseo, deseo darle muerte a tal demonio…
—Así será. Kenshi, prepara la ejecución. —Ordenó a la vez que levantaba el brazo en señal de aprobación—. Tu vida será sacrificada para hacer el bien por dos partes, por la del clan con tu hijo y por la de matar a los hijos del diablo. Bien hecho, hijo.
"Adiós, Ino, sigue siendo fuerte"
~*****~
¡Se había perdido por enésima vez! Y es que no entendía cómo, se supone que le había dicho "todo recto", ¿cuándo había girado hacia la izquierda? ¿Y a la derecha? ¿Es que era cierto que se había vuelto tan loco? Suspiró rendido, eso era exasperante, Ino muriéndose y él intentando entrar en un bosque que no tendría más de trece quilómetros de grande. Chasqueó con la lengua, era mala suerte todo lo que le estaba tocando vivir.
—Buenos días. —Le saludó una joven muchacha de ojos grises tristes, pero con un pelo largo y rubio, como el de Ino. Sus facciones faciales eran hermosas muy jóvenes casi de la misma edad que Shikamaru. Era alta y delgada, con una sonrisa simpática y jovial.
—Em… Buenos días, me llamo Nara Shikamaru y estaba buscando al doctor Daisuke, ¿sabe dónde encontrarle? —Le preguntó nervioso.
Asintió antes de contestar—: Es mi padre, está dentro de casa. Por favor, pase, no está muy ocupado, es bienvenido.
Aquella amabilidad le chocó un poco ¿y si él era un ladrón sin escrúpulos? Podría matarles en un segundo y robarles todo lo que tuviese de valor. Gruñó, desde que comenzó con este viaje había dicho de todo menos cosas bonitas sobre los demás y eso, le extrañaba bastante.
Con paso pausado comenzó a caminar hacia la pequeña casa que había frente a él, una casa familiar no muy grande, para unas tres personas como mucho, la envidió con cierta fuerza, esa era el tipo de casa que quería para vivir en el día de mañana no una gran mansión como las de sus padres, los que si se pusieran, lograrían meter a Konoha entera y a media villa vecina en su casa. Mas por suerte, nunca ha pasado y sabiendo cómo es su madre muchas veces, ni querría.
—Gracias. —Le agradeció al pasar por su lado— Es muy amable por su parte dejarme pasar, le estoy muy agradecido.
—No hay de que, en tus ojos veo preocupación y miedo, ¿hay alguien que se te va de las manos? —Le preguntó sin apartar su mirada de la de él. Le asustó—. ¡Mil perdones! No quería ser grosera, espero que pueda entenderme… —Se excusó apenada.
Se había quedado helado, ¿qué se suponía que debía decirle a tal sensible muchacha? Ahora mismo era él el que estaba avergonzado por esa actitud tan extraña hacia esa mujer, ¿qué había hecho para que ella viera todo eso dentro de sí? Ni idea, no tenía ninguna clase de idea.
—Es urgente, em…, señorita, es urgente que vea a su padre… La mujer a la que yo a… ¡digo! Mi mejor amiga está a punto de morir y necesito salvarla. —Rogó mientras le cogía de la mano a la mujer con la que hablaba. La apartó rápido—. Lo siento, no era mi intención.
—Ella es la que llora cada noche en mis sueños… Se llama, Yamanaka Ino, está muy triste porque siente que está muy equivocada aunque no sé nada de ella. Mi padre está avisado, sólo nos hacía falta saber de qué villa era nunca la mencionó, tiene miedo a otra mujer. —Habló con pena y es que desde pequeña había tenido un don especial, comunicarse con la gente que estaba entre la vida y la muerte. Siempre le había sido extraño no obstante, esa chica que le hablaba todas las noches era distinta, sentía que de verdad quería vivir aunque algo se lo estaba impidiendo, otra mujer con una aura cruel, daba mucho miedo—. ¡Padre! —Gritó entrando en la casa.
Se quedó sin saber qué decir con esa reacción de la chica cosa que hizo que se diera cuenta de que no era como aparentaba, era "rarita". Sonrió, Ino habría dicho algo similar como "es como un bicho de esos verdes que dicen que vienen de Pluto". Carcajeó con fuerza, estaba consiguiendo tener fuerzas que le venían por cada recuerdo que tenía o con cada momento que hubiese podido vivir con ella. No se iría.
—Puedes pasar. —Escuchó que la chica le gritaba desde la puerta— Mi padre te espera, lo hacía desde que todo esto empezó, has tardado. —Habló sonriente— Te acompaño, es por aquí. —Le guió cuando le vio entrar—. Aquí. Padre, este es el chico del que me habla Ino, ha venido a por el antídoto.
El hombre asintió antes de hablar—: Estoy seguro que a esa chica no le queda ni más de cinco días, ¿quieres arriesgarte? —Preguntó mientras se sacaba la pipa de la boca. Era un hombre alto, bastante ancho, con sus ojos de color gris iguales que los de su hija y con su pelo gris a causa de la edad, para ser un hombre mayor tal y como le habían dicho no aparentaba ni la mitad de la edad de un anciano.
—Me arriesgaré. Por favor, es muy importante…
—¿Y si me negara? —Preguntó serio— ¿Qué pasaría? Esa chica moriría y tú te estarías maldiciendo y culpando por todo lo que pasó en aquel día en el que sus días quedaron contados… —Paró a darle otra calada a su pipa.
—Por eso quiero evitarlo a toda costa. —Susurró algo enfadado, ¿a qué venía esa actitud tan arisca? No estaba entendiendo nada de lo que aquel hombre estaba diciendo, ¿acaso se estaba negando a ayudarle? Su corazón se encogió hasta desaparecer y en sus ojos unas lágrimas se abarrotaron al final del precipicio para suicidarse—. ¿No me ayudará? —Preguntó con su voz temblorosa.
Le miró de soslayo, no se veía con fuerzas para intentarlo de nuevo, aquellos Deguchi tenían que pagar por todo el mal que le habían causado—. No, no puedo hacerlo. —Respondió tajante.
Rabia, eso fue lo primero que sintió al escuchar su petición por los suelos. Se acercó a él y con furia le cogió por el cuello de la camisa y le levantó varios palmos del suelo—. ¿Seguro? —Le preguntó fuera de control, su mano le dolía demasiado, sin embargo, Ino era mucho más importante que preocuparse por el dolor en su mano.
—No entiendes nada… No sabes por lo que he pasado. Mi mujer fue envenenada igual que tu amiga, cree el antídoto o eso creí, todo iba bien hasta que las cosas fallaron, de pronto empezó a desangrarse por dentro hasta morir… —Suspiró mientras que de sus ojos brotaban lágrimas tristes que se habían estado guardando durante tanto tiempo—. No quiero matar a nadie más, sólo me dedico a curar a pacientes que sé que puedo ayudarles, sino, nada. —Acabó sin dejar de mirarle a los ojos.
Le soltó. Necesitaba humillarse si de verdad quería salvar a Ino, puede que hubiese algo que no hubiese salido bien pero las cosas cambiaban y era posible que el error de ese antídoto se encontrase junto a Tsunade.
Se arrodilló delante de él a la vez que comenzaba a hablar—: Perdóneme por lo de antes quiero que entienda que necesito que lo intente, Tsunade está en Konoha quizá, con su ayuda puedan curarla y hacerla vivir… —Empezó a llorar desconsoladamente— ¡La necesito! Me he dejado embaucar por otra mujer, la dejé de lado, tanto, que la decepcioné en todos los sentidos… Se muere por mi culpa, la amo y ella me ama. No quiero que se vaya, doctor, necesito decirle cuánto la quiero, cuánto la deseo cada noche. Necesito ver que su padre estará bien y que no se morirá al ver a su hija bajo tierra junto a su mujer. También necesito ser perdonado por mis amigos, nadie hace que me odian pero lo hacen, sienten que yo he sido el culpable de todo, incluso yo… ¡Te lo ruego, ayúdala, ayúdala! ¡No dejes que se vaya la única mujer que puede llegar a hacerme feliz! —Gritó mientras le agarraba de las manos— Me muero si ella se muere, si tengo que darle algo, lo hago, un pulmón, un riñón, mi corazón incluso ¡yo se lo doy todo! Por favor…
—Palabras duras, joven aunque amor viejo… Sentí lo mismo con mi mujer, fue como un cuento de hadas que de verdad acaba bien, y con ella, todo tuvo su sentido hasta que se me fue…
—¿Me ayudarás? —Preguntó entre sollozo y sollozo.
Sonrió dudoso, temía a fallar de nuevo a otra persona, temía el no poder cumplir las expectativas de aquellas personas que la esperaban impaciente. Chasqueó con la lengua nervioso—. Has llegado tú, joven, me has hecho ver que aunque mi cuento de hadas acabe, hay otros que empiezan con un final trágico pero que acaban con un final muy feliz. Puede que este sea el tuyo. Tu cuento de hadas acaba de empezar, aunque te parezca cursi, joven. —Acabó mientras sonreía— Ami, saca las mochilas, tenemos un largo viaje por comenzar. —Ordenó a la vez que se dirigía a una habitación dentro del mismo despacho.
"Venga, Ino, que ya llegamos. Te amo."
~CONTINUARÁ~
~Notas adicionales~
~Eiko Hiwatari: ¡Hola, Eiko! ¿Qué tal estás? ¡Mil millones de gracias por tu review! Me ha hecho mucha ilusión el leerlo. Me alegra saber que te gusta el que Shikamaru haya comenzado su viaje para salvar a Ino.
¡Mil gracias por tu review! Ya sabes que son los que me ayudan a seguir adelante. ¡Gracias y muchos besos!
~shion_821: ¡Hola, shion! ¿Qué tal? ¡Me ha hecho sonrojar tu review! Jajá, no estoy acostumbrada a tantos piropos, de verdad, no estoy acostumbrada. ¡Jajá!
Y ya sabes de sobra que aquí eres más que bienvenida, ¡ojalá que te lo pases genial! ¿Casi lloras? ¡Vaya, eso me halaga mucho más!
¡No vemos en el próximo capítulo! Un beso muy fuerte.
~ferny: ¡Hola, ferny! ¿Qué tal estás? ¡No pasa nada por nada! Jajá, me ha encantado tu review, en serio, ¡aunque queréis muchas venganzas! ¡Jajá! No sé qué pasará, sino os lo diría, en serio, ¡jajá!
¡Igualmente, aunque sea con retraso, jajá! Un beso muy fuerte, ¡nos vemos en el próximo capítulo!
~Luzz Eternaal: ¡Hola, Luzz! ¿Cómo estás? ¡Jajá! Me has hecho reír muchísimo con tu comentario, tus discusiones con tu inter son espectaculares. ¡Mortal!
Muchas gracias por tu review. ¿Casi lloras tú también? ¡Vaya! No me esperaba eso de ninguna forma, ¡siempre estaba pensando que no iba ni a conseguir ni la mitad de lo que decís!
Espero verte en el próximo capítulo, ¿ok? Perdona que haya sido tan breve, pero es que no tengo mucho tiempo. ¡Lo siento! Gracias por tu review. ¡Muchos besos!
~mitsuki: ¡Hola, qué tal! ¡Jajá! Soy algo imprevisible cuando menos te lo esperas, aquí estoy y cuando lo esperas las cosas se me tuercen y no puedo, ¡horrible!
¡Mil gracias por tu review! Me ha hecho muy feliz leerte, me halaga todo lo que dices y más que te guste que Masaki haya vuelto… ¡Jajá! Cierto, Shikamaru no tiene ningunas ganas de vengarse creo que es algo que se debe entender, ahora mismo sólo quiere verla bien y empezar una vida junto a ella, no más. ¡Jajá! Bueno, me he emocionado con sentimientos y no sentimientos, ¡jajá!
¡Muchas gracias por tu apoyo y por seguirme siempre! Me halagas mucho, ¡gracias! Y muchos besos para ti también.
~pilar: ¡Hola! ¿Qué tal estás? ¡Pásame un poco de calor por favor! Que aquí hay que se está cómoda pero en otros… Nos podemos congelar, ¡jajá!
Muchas gracias por tu review, pilar, me ha emocionado mucho y me ha hecho mucha gracia las ganas de ver sufrir a "Shikamarursito" como has dicho tú (me ha encantado, que conste, ¡jajá!). Aunque te diría algo, ya lo sabes pilar pero es que se me olvida en el último momento y no puedo decir nada… ¡Jajá!
¡Muchas gracias por todo, pilar! Siempre has estado apoyándome y no sé cómo agradecéroslo, ¡gracias! Un beso muy fuerte ¡y nos vemos en el próximo!
~Ellie-Kino: ¡Hola, guapa! ¿Qué tal estás? ¡Jajá! Yo aquí, ya me ves subiendo el capítulo (que debía estar a punto hace dos semanas pero que por culpa de mis primos no pude…) número veinticinco, ¡gua! Al igual pensé que alguna vez iba a subir tantos, ¡jajá!
Jajajaja, no sé cómo lo haces pero siempre me haces reír con lo que me escribes, ¡leyendo con despecho! Jajá, un poco más, tiro de la cuerda y no sólo odiáis a Temari a Shikamaru, ¡sino que yo también entro en el paquete, jajá!
Me halaga saber que te gustó el capítulo y que no te decepcionó, ya sabes que me pongo nerviosa, ¡jajá!
¡Pues me encanta cuando estás sensible! En serio, se te ve tan tierna, ¡jajá! Me encanta, ¡jajá!
A ver, ya queda poco para ver qué pasará con Ino, Shikamaru, a ver si llegará con el antídoto y si consiguen salvarla. Nada está escrito hoy…
¡Gracias, Ellie por tu review! Y muchas gracias por esperar y por acompañarme siempre, lo valoro mucho en serio.
¡Un beso enorme! ¡Hasta la próxima!
~acilegna-yamanaka: ¡Hola, qué tal! ¡Muchas gracias por tu review y por tus palabras! Me han hecho muy feliz, ¡gracias por esto en serio! Un beso muy fuerte y nos vemos en el próximo capítulo. ¡Besitos!
