Nota para la Presidenta de la Fundación "Un Cachito de Cama para Lyosha"
Desde la redacción queremos hacerle llegar nuestras más sinceras felicitaciones por su entrega a la causa de la Fundación que tan eficientemente preside.. Nos ha conmovido de tal modo su defensa de los derechos del vampiro Aleksei Sherchenko, conocido como Lyosha, o Alyosha, que hemos decidido atender a sus demandas...
En parte...
Y, como verá muy pronto, no es necesario de momento que cree una nueva Fundación para defender a Nadezhda.
Prepárate, Arthemisa, querida... Es posible que grites de nuevo...
Intentaremos que Lyosha te consiga una cita con Lisías... Ya veremos en que queda todo esto... (De hecho, quizá a finales de esta semana, o principios de la que viene haya una nueva historia con "sorpresa", especialmente para ti... Tengo un par de ideas en mente... je je)
Y NO ME ABURRES. Me encanta leer tus comentarios. Como dejes de enviármelos, dejo de escribir, palabra!!
ALEKSEI. De nuevo en Alaska
Nadya bajó del coche con expresión preocupada. Sin duda había pensado que mi ira se dirigiría hacia ella en lugar de hacia Vladislav. Le sonreí, y pareció aliviada.
"Lo siento, Lyosha. No quería..."
"No ha sido culpa tuya, querida", la interrumpí. "No esta vez, al menos"
Me acerqué a ella y la estreché entre mis brazos, besándola con suavidad. Vi en su mente que su preocupación por nuestra seguridad había casi desaparecido, y rebusqué en su memoria si había sido por el contacto tranquilizador de Lisías. Hallé retazos de la conversación que había mantenido con él. No sólo su don para manipular sentimientos había ayudado a Nadya esta vez. Lisías parecía encontrar las palabras adecuadas para tranquilizar a Nadya sin demasiada dificultad, y ella no es una mujer fácil de convencer. Su presencia ha sido mucho más útil de lo que yo había alcanzado a imaginar. Tomé nota mentalmente para hacerle un buen regalo cuando tuviera ocasión. En ese instante, Leo se acercó a nosotros. Solté a Nadya y él de dio un fugaz beso en los labios, sonriéndole con dulzura.
"¿Ves en los líos en los que nos metes, mujer? Voy a tener que vestirte con un saco"
"Como si eso fuera a servir para algo", comenté. "Aún así estaría hermosa"
Nadya sonrió encantada. Adora los halagos, la hacen sentirse segura. Y en realidad, cuesta muy poco encontrar palabras en favor de su belleza. Leo sonrió.
"Ahí tengo que darte toda la razón, hermano. Lo que supone un problema para nosotros. ¿Crees que podremos acabar el año sin matar a nadie?"
Me reí. Aún en tono jocoso, yo me he hecho esa pregunta un millón de veces. Las imágenes que me llegan en ocasiones de las mentes de los machos humanos al ver a Nadya, hacen que tenga que utilizar todo mi autocontrol para no arrancarles la cabeza.
"De hecho, dudo que podamos acabar el mes sin matar a nadie, Leo. Tú sólo espera a ver lo que Nadya puede llegar a considerar ropa. El vestido que llevaba la noche que la conociste es un hábito de monja al lado de alguna de sus prendas"
Leo gruñó, sacudiendo la cabeza para alejar las imágenes que se están formando en su mente.
"Estos son los instantes que le hacen agradecer a un hombre no poder leer la mente. Ya es bastante malo ver como la miran", rezongó.
"Lamento interrumpir tan animada conversación, pero Patrick nos espera en el aeropuerto. Podéis continuar lamentándoos por la belleza de Nadezhda durante el vuelo, si no tenéis inconveniente", interrumpió Lisías con su voz cargada de ironía.
Asentí, y nos despedimos con rapidez. Lisías llevó a Nadya de regreso a su coche y Leo y yo volvimos a instalarnos en el Porsche. Arranqué y esperé a que Lisías maniobrara para dejarnos salir, lo que hizo en un rápido giro en forma de U. Me reí entre dientes al escuchar en mi mente las palabras de recriminación que surgían de Nadya. Casi lo sentí por el pobre Lisías, condenado a hacer todo el camino al aeropuerto a no más de cien kilómetros por hora.
"Ahora entiendo porque me toca a mí siempre llevar a Nadezhda. Y pensar que creí que lo hacíais para no discutir entre vosotros quien debía disfrutar de su compañía", me llegó la voz de Lisías, en tono de fastidio.
Leo me miró intrigado, al tiempo que Lisías apartaba el vehículo para dejarnos pasar. Aceleré y mi coche respondió como la magnífica maquina que es, perdiéndonos de vista en un instante. Aún seguía riéndome cuando Leo no pudo aguantar más la curiosidad.
"¿Vas a contarme ahora de qué te estás riendo, o tendré que esperar aún mucho más?"
"Nada importante. Sólo las quejas de Lisías, lamentándose por lo poco que le gusta a Nadya superar los límites de velocidad", reí. Leo rió entre dientes.
"Debió de sospecharlo cuando vio que ninguno de los dos insistía en ir solo con Nadya. Si yo tuviera que hacer todo ese trayecto conduciendo a esa velocidad, me bajaría del coche e iría corriendo", terminó entre risas, a las que me uní sin dudarlo.
Yo mismo he deseado en docenas de ocasiones cederle el volante a Nadya y hacer el camino a pie. Lo único que me detiene es la bronca que tendría que soportar cuando volviéramos a reunirnos. Ella y su mal genio. Eso me recordó lo que había observado al abrazarla antes.
"¿Te has fijado que está mucho más calmada, hermano?", pregunté. Leo asintió sonriente.
"Lisías ha obrado su magia en ella, sin duda. Lo que agradezco, por que ya no se me ocurría ni un solo argumento más para convencerla de que no corremos ningún peligro" Me miró unos instantes. "No es que te critique por ello, hermano, pero la has mantenido en una burbuja durante todo este tiempo, y ahora que tiene que enfrentarse a la realidad de las cosas, le está costando un gran esfuerzo."
Sacudí la cabeza, sintiéndome culpable. Leo tiene razón, por supuesto. He protegido a Nadya en exceso, alejándola de todo lo negativo de nuestra existencia, temiendo aterrorizarla, temiendo que me rechazara, o se rechazara a sí misma.
"No puedo negar que tienes toda la razón. Pero cada vez que encuentro una oportunidad para explicarle algunas cosas, siempre hallo una excusa para aletargar el momento. Confieso que pensé que cuando le hablara de la realidad de nuestra vida, de las ansias de lucha, de violencia, del monstruo que nos habita, me odiaría y se odiaría a sí misma. Es tan frágil, tan inocente, tan aferrada a su moral humana que, en mi egoísmo, temí perderla y no fui capaz de educarla adecuadamente"
"No te culpo, Lyosha. Yo hubiera actuado igual que tú, créeme. No debes sentirte mal por ello, dispone de toda una eternidad para aprender, tampoco es necesario apresurarse"
Le sonreí con agradecimiento, aún sabiendo que de sus labios escapaba una verdad, y no una frase dicha únicamente para tranquilizarme. La actitud de mi hermano en lo que a Nadya se refiere, es muy similar a la mía propia. Celosa, posesiva y sobreprotectora. Quizá no sea la más lógica, ni la más adecuada, pero es inevitable.
"Siempre he cuidado de todas mis mujeres, y Nadya es la única que parece rechazar mi protección, aunque sin duda es la más necesitada de ella. No tiene el más mínimo instinto de conservación. ¿Cómo pudo pensar que la llevaríamos con nosotros?", pregunté molesto.
Leo respondió a mi pregunta con un gruñido de desaprobación. Sentí como la ira crecía en él al recordar la actitud de Nadya, y no pude culparle por ello. Yo mismo habría sido incapaz de controlarme, de no haber sido por el toque de Lisías. Cuando ella se obstina de esa forma en contra de toda lógica me entran unas terribles ganas de romperlo todo a mí alrededor.
"Te juro hermano que lo que le dije era cierto. La encadenaré con cualquier cosa que pueda resistir su fuerza si vuelve siquiera a sugerir que va a seguirnos. Y ni se te ocurra detenerme", gruñó Leo
"Tranquilo. Yo mismo te ayudaré a encontrar la cadena", aprobé. "Hemos llegado", anuncié, buscando un lugar donde aparcar mi coche.
No me llevó mucho tiempo encontrar un hueco adecuado y localizar al vigilante que habitualmente se ocupa de cuidarlo. Un billete de cien, y mi Porsche estará seguro todo el tiempo que yo esté fuera. Leo y yo nos dirigimos entonces al hangar donde espera el avión de Lisías. Patrick ya estaba en la puerta esperando por nosotros.
"¿Dónde está Lisías?", preguntó.
Leo consultó su reloj y miró a Patrick riendo entre dientes.
"Calculo que tardará unos diez minutos en llegar. Eso si Nadya no le ha hecho reducir a ochenta", terminó entre carcajadas.
Esperamos pacientemente. Leo no se equivocó mucho. Doce minutos más tarde, la limusina de Lisías se deslizaba dentro del hangar. Patrick hizo una seña a dos jóvenes que esperaban junto al Gulfstream, quienes se apresuraron a descargar el coche y esconder la mercancía en las bodegas de carga. Lisías se dirigió a nosotros con gesto de fastidio.
"Ha sido el viaje más tedioso que jamás he hecho. ¡Por todos los diablos, me ha obligado a bajar la velocidad hasta los noventa kilómetros por hora! Hubiera llegado antes corriendo. ¿Siempre es así, Aleksei?", preguntó irritado.
"En absoluto", afirmé con seguridad. Tanto Lisías como Leo me miraron con incredulidad. Sonreí antes de continuar. "En la ciudad me obliga a reducir a cincuenta, aunque sean las tres de la madrugada y no haya un alma por la calle"
"Los límites de velocidad están para algo", protestó Nadya. "¿Qué ocurriría si os quitaran el permiso?"
"Pues que me compraría otro, mujer", protestó Lisías "¿O acaso crees que me he examinado alguna vez para tenerlo?"
"¡Podrías matar a alguien!", exclamó Nadya, provocando, por supuesto, que todos estalláramos en carcajadas. Es la frase más absurda que he oído jamás. Ella nos miró molesta. "¿He dicho algo gracioso?"
"Querida, de todas las formas en las que suponemos un peligro para los humanos, la última de ellas que debería preocuparte es nuestra forma de conducir, ¿es que no te das cuenta?", le sonreí
"Cualquiera de tus vestidos es más peligroso para la integridad de un mortal que la velocidad de mi coche", afirmó Leo entre risas.
Nadya gruñó en nuestra dirección. Iba a replicar cuando Patrick se acercó a nosotros para indicarnos que todo estaba dispuesto para partir. Ascendimos al avión y nos dispusimos en torno a la mesa. Nadya se sentó frente a nosotros y junto a Lisías. Rebusqué en su mente, y me divirtió descubrir que una vez más no lo ha hecho porque esté enfadada, sino porque no quiere elegir entre mi hermano y yo. Miré a Leo, que la estudia con atención. Unos segundos más tarde, sonrió suavemente. Él también se ha dado cuenta de la maniobra de Nadya sin necesidad de mirar su mente. Se volvió hacia mí, y asentí discretamente. Él sacudió la cabeza con disimulo, y pude ver la diversión bailando en sus ojos. En su mente comprobé que está intentando controlar su lengua por todos los medios posibles. Por suerte para él -o quizá para Nadya- Lisías no ha prestado atención a nuestro silencioso entendimiento y se centró en el verdadero motivo del viaje.
"Bien, querida. ¿Nos mostrarás ahora la localización exacta del refugio, o tendremos que perder el tiempo rastreando toda la zona?", preguntó en dirección a Nadya.
Esta asintió con una media sonrisa. No pude dejar de sorprenderme una vez más ante la eficacia de las conversaciones que mantenía con Lisías. Una hora antes, se hubiera resistido por todos los medios a mostrarnos el refugio, intentando que la lleváramos con nosotros, o resistiéndose a que fuéramos. Sin embargo, en esta ocasión ni rechistó. Colocó el portátil sobre la mesa y en un instante la pantalla se llenó con los mapas que yo había mostrado anteriormente a Leo y Lisías. Miró la pantalla con atención unos segundos, y finalmente amplió el zoom de una zona. Segundos más tarde, alzó un dedo hasta la pantalla y señaló un punto en el mapa.
"Están aquí. Es un grupo de naves abandonadas, comunicadas por los sótanos. La vía más rápida para llegar a ellos es por la puerta trasera izquierda de este edificio, el más grande. Lleva directamente abajo a través de una rampa para vehículos. A unos diez metros de la entrada encontrareis los primeros bebedores", afirmó con seguridad. "Si me dais unos minutos os dibujaré un plano detallado. El sótano es un auténtico laberinto"
"Bien, eso puede resultar de utilidad. Ahora, ¿puedes volver un momento a la imagen principal, querida?", pedí. Nadya amplió el zoom, y apareció el mapa completo de la zona. "Fijaos. Los mejores sitios para entrar son estos seis" Señalé varios puntos en el mapa, ante la atenta mirada de Leo y Lisías. "Están alejados de los puntos de control, y bastante cerca de la guarida. Creo que podríamos entrar en grupos pequeños, de no más de doce o quince hombres"
"Si Nadya está en lo cierto, y sólo son doscientos, llegaría con diez hombres por grupo. De todos modos, para asegurarnos, quizá sería mejor que vayamos quince. Eso sumará una fuerza de noventa de los nuestros, y debería sobrar", comentó Leo.
Lisías asintió mostrando su aprobación.
"Tres grupos con los mejores hombres entrarán por la vía más rápida. De estos, uno intentará alcanzar al creador lo antes posible, mientras los otros distraen a los luchadores. Los otros dos grupos pueden acercarse desde la entrada principal, por si algún rezagado está aún en los pisos superiores. Y el grupo menos experimentado se encargará de colocar las cargas explosivas. Eso hacen veinticinco hombres por cada una de las familias principales, y un grupo de quince que conformarán los jóvenes reunidos en casa de Milton, que por supuesto serán los que se encarguen de colocar los explosivos. La sincronización debe ser perfecta. En cuanto todo vuele por los aires, ya tendremos que estar saliendo de la zona a toda velocidad", terminó.
"De acuerdo. Siempre y cuando mi hermano y yo estemos en el grupo que busque al creador", exigió Leo.
Miré a Nadya, que respingó ligeramente. La preocupación está volviendo a aparecer en su mente, aunque sin duda debería haber imaginado que nosotros estaríamos entre los 'mejores hombres'
"Por supuesto, Leonardo. Yo también estaré en ese grupo. No me lo perdería por nada del mundo" terminó sonriente.
Nadya suspiró. Por su mente pasó la fugaz idea de pedirnos que nos uniéramos al grupo que colocaría las cargas, el que menos probabilidades tenía de encontrarse con uno de los bebedores. Sonreí
"Ni lo sueñes, querida. De algún modo tenemos que vengarnos por lo que has tenido que pasar. No pienso dedicarme a colocar cargas, teniendo la oportunidad de romper algunas gargantas. Con suerte, incluso la de la fuente", apunté.
Nadya nos miró con resignación. Se da perfecta cuenta que nada nos convencerá para unirnos a un grupo que no sea el que combatirá directamente con el creador, pero aún así tiene que intentarlo.
"Pues entonces, id en uno de los grupos de apoyo. Habrá suficiente combate en ellos, seguro. No tenéis porque ir en el más peligroso", rogó
"Ni de broma, amor. No hemos llegado hasta aquí para permitir que sean otros los que disfruten de toda la diversión", replicó Leo en tono alegre. Al ver la mirada preocupada de Nadya, compuso una expresión de ternura, y cambió su tono a otro más sereno. "Nadya, ¿cómo hemos de decirte que no pasará nada? Créeme, por favor. Antes de que tengas tiempo de terminar uno de tus baños, habremos vuelto a tu lado"
Ella lo miró, asintió con una sonrisa triste, y bajó la cabeza hasta sus manos. Lisías la rozó suavemente con sus dedos, y ella le sonrió con agradecimiento.
"Será mejor que me ponga a dibujar ese mapa. Querrás llevártelo a la reunión, Lisías. Te haré una copia en CD del resto de los mapas. Connor podrá encargarse de imprimirlos".
Dicho esto, se sentó en la otra mesa con el portátil, y se sumergió en su trabajo con expresión concentrada. Al menos eso la distraería un rato.
El tiempo transcurrió velozmente mientras Nadya se concentraba en su ordenador y nosotros nos dedicábamos a perfeccionar los planes. Cuando Nadya anunció que había concluido, tendiéndole un par de CDS a Lisías, apenas faltaban unos minutos para aterrizar en King Salomon. Una vez tomamos tierra, Lisías nos acercó lo más posible hasta la cabaña en el Hummer que había dejado en el aeropuerto. Bajamos del vehículo, mientras él nos daba las últimas instrucciones.
"Nos veremos lo antes posible". Consultó su reloj. "Es casi medianoche. Calculo que podré ponerlos a todos en marcha antes de las diez de la mañana, pero ya sabéis lo reticentes que pueden ser a admitir planes ya formados. Si hubiera un problema, haré que Connor se ponga en contacto con vosotros. No obstante, creo que todo irá como la seda. Por algún motivo, nadie parece dispuesto a llevarme la contraria mucho tiempo" terminó riendo entre dientes y arrancando el coche a toda velocidad, resarciéndose sin duda por todos los kilómetros que ha recorrido con exasperante lentitud por culpa de Nadya.
Aún conservaba las llaves que Milton me había dado, aunque en realidad no las hubiera necesitado de no ser así. Pero sería una enorme descortesía forzar la puerta o una de las ventanas. Entré el primero, y Leo dejó a Nadya pasar tras de mí, cerrando la marcha. Es curioso como hemos adoptado inconscientemente la costumbre de dejar a Nadya en el medio. Desde luego, el motivo es una vez más nuestra actitud protectora. Uno se adelanta, comprobando que no hay peligro, y otro se queda protegiendo la retaguardia. Una costumbre adquirida en tiempos mucho más peligrosos que los actuales, de la que es imposible librarse. Si es que por algún motivo hubiera querido deshacerme de ella, que no es así.
Me deshice del abrigo y me descalcé, disfrutando del tacto de la alfombra en las plantas de mis pies. Leo y Nadya me imitaron, mientras me apresuraba a encender el fuego. Nadya tomó asiento en el sillón, mientras Leo se dejaba caer recostado en el sofá, colgando descuidadamente una pierna por encima del apoyabrazos.
"¿Es que no sabes sentarte como las personas, Leo?", le riñó Nadya sonriente.
"¿Y desde cuándo se supone que soy una persona, querida?", replicó mi hermano sin alterar su postura lo más mínimo, balanceando la pierna distraídamente.
"Supongo que es así como se sientan los latinos refinados, Nadya", comenté, mientras me sentaba junto a Leo, con una postura que habría hecho tiritar de placer a cualquier profesor de buenos modales con la única intención de provocarlo. Este me miró enarcando las cejas.
"Mira que bien educado está el vikingo. ¿También sabes tumbarte para pedir un hueso?", preguntó con sarcasmo.
Nadya rió con suavidad y se levantó caminando seductoramente hacia nosotros. Vi en su mente lo que ella se proponía, y a duras penas pude contener la risa. Ella se detuvo frente a él con los brazos en jarras. Leo la devoró con los ojos, sonriendo alegremente. Nadya sonrió a su vez, y se dirigió hacia mí, sentándose en mi regazo y rodeando mi cuello con sus brazos. Le dirigió una mirada maliciosa a Leo.
"Está tan bien educado, que ya ha conseguido lo que deseaba. ¿Qué me dices de ti, querido? ¿Sabes sentarte bien para pedir tu recompensa?", le retó.
Pero una vez más, Leo la sorprendió con su risa. Reptó sobre el sofá hasta colocar su cabeza a unos centímetros del vientre de Nadya, y la miró con intensidad.
"No soy un animal doméstico, querida. Ni siquiera tú puedes amaestrarme. Pero si realmente deseas recompensarme por algo, hay cosas que sé hacer mejor que sentarme correctamente", susurró con voz seductora, mientras deslizaba su mano por el interior de los muslos de Nadya, acariciándola suavemente con apenas un roce de sus dedos.
Nadya dejó escapar un pequeño ronroneo y pareció casi dispuesta a rendirse. Casi, pero no completamente y mi hermano lo percibió. Sonrió con malicia y volvió a su indolente postura anterior, mirándola divertido mientras Nadya recuperaba el tren de su pensamiento. Me reí entre dientes. Hasta en cuestiones de amor, Leo es un guerrero. No se va a conformar con nada que no sea una rendición completa. Algo que puedo entender a la perfección, ya que es un espejo de mi propia actitud. Separé a Nadya de mi regazo, y la senté entre nosotros, mientras ella gruñía su protesta. Permaneció unos instantes sentada, mientras su mente se debatía buscando una respuesta mordaz. Finalmente, se levantó, mirándonos airada.
"Pues como yo si estoy educada y no tengo por costumbre compartir mi asiento con el ganado, voy a darme una ducha", espetó.
Esta vez fui yo el que no pude evitar provocarla
"¿Una ducha fría, querida?", reí maliciosamente y Leo estalló en sonoras carcajadas.
Ella rugió, mientras se apresuraba a subir las escaleras, cerrando la puerta del baño tras de sí con un fuerte portazo, que sólo consiguió que mi hermano y yo nos riéramos con más fuerza. Cuando Leo se sereno, me miró alegremente.
"Casi consigues que nos mande de nuevo a la intemperie, Lyosha", me acusó sonriendo.
"Así es la vida, hermano. Unas veces se gana y otras se pierde. Yo casi conseguí la nieve un instante después de que tú casi ganaras su lecho", respondí encogiéndome de hombros con una sonrisa.
Leo rió entre dientes.
"Y por mi vida que esta vez no sé cual de los dos estuvo más cerca de lograr su objetivo", sonrió. Me miró un instante y añadió con voz maliciosa. "¿Qué me dices, hermano? ¿Presentamos la siguiente batalla en el baño, o vamos a permitir que la dama crea que ha ganado esta vez?"
Deslicé mi mente hasta los pensamientos de Nadya, y vi que se preguntaba si íbamos a seguirla o la esperaríamos abajo. Y puedo afirmar que las dos ideas parecen complacerla, así que elegí la que sin duda más me complacerá a mí. Me levanté con rapidez, y Leo me siguió escaleras arriba, con una sonrisa salvaje pintada en su rostro. En un instante estábamos los dos dentro de la ducha ante la complacida mirada de Nadya. Esa fue la primera ocasión en la que mi hermano y yo compartimos las confortables curvas de nuestra compañera, sellando al fin el compromiso de nuestra familia. No me engaño, no fue perfecto. Y sé que la rendición de Nadya se debió más al temor a perdernos que al profundo deseo que sentía por nosotros. Pero fue un comienzo prometedor para lo que podía ser la eternidad.
