Creo que una discupa no es suficiente después de que han pasado tantos meses desde la última vez que actualicé esta historia. Muchos me han preguntado cuándo iba a actualizar y yo no podía darles una respuesta favorable. Tampoco puedo dárselas ahora si me preguntan lo mismo porque he estada complicada con el tiempo y con la falta de inspiración para continuar este fic. Espero que sepan entender. No obstante, esto no quiere decir que vaya a abandonarla. Seguiré subiendo los capítulos cada vez que termine de escribirlos.
Perdónenme si tengo errores, no lo revisé y porque realmente no es uno de mis mejores escritos. Aún así, espero que les guste.
Saludos.
CAPÍTULO VEINTICINCO
Remus había intentado actuar como un caballero todo ese tiempo y creía haberlo logrado. Cuando se besaban, nunca sobrepasaba el límite de lo modesto. Sus manos en su cintura, sus labios en los suyos o, a lo sumo, en su mejilla. Nada más. Él adoraba a Hermione y la deseaba tanto que abrumaba sus sentidos pero también era completamente consciente que llevarla a la cama tan pronto podría ser tentar la suerte. Después de todo, quería que ella estuviera completamente segura de lo que hacía porque una relación con él no era nada fácil. Era como darle un tiempo de adaptación o, mejor dicho, un tiempo para que reconsiderara los hechos. Si lo pensaba mejor y se arrepentía no la culparía. Pero si no era así y su relación avanzaba y lograba hacerle el amor como tan ardientemente deseaba, no habría vuelta atrás. Algo dentro suyo se lo decía. Sería un loco posesivo y no dejaría que nadie se la arrebatase de sus brazos.
Sin embargo, no quería adelantarse a los hechos. Lo que debía ocupar su mente en ese instante era la inminencia de la luna llena.
Lunático había estado más inquieto que lo usual y estaba seguro que era a causa de la presencia de Hermione en su vida. Ella lo tentaba con sus miradas, con sus besos, con sus caricias. E incluso con el simple hecho de moverse en la librería acarreando libros. Cada vez que veía el movimiento de sus caderas mientras organizaba los estantes, Lunático le susurraba en su mente peligrosas ideas… Que la arrastrara al fondo, en el almacén y le hiciera las cosas más sucias que su mente le permitiera imaginar. Que la obligara a pegarse al estante, que se arrodillara frente a ella y metiera su cabeza dentro de su falda sin importar que alguien pudiera verlos. O que ella fuera la que se arrodillase…
Agitó su cabeza casi con violencia, intentando alejar esos pensamientos de su mente. Era increíblemente frustrante no poder confiar ni siquiera en sí mismo. Más aún teniendo en cuenta que era temprano en la mañana y ambos aún estaban compartiendo la cama.
Giró el rostro y vio a su esposa profundamente dormida.
Tan joven y tan hermosa. No podía creer lo afortunado que era al tenerla a su lado. Extendió su mano y rozó delicadamente su mejilla para no despertarla. Él sabía muy bien que necesitaba todas las horas de sueño posible porque luego Ginny acapararía toda su atención y la llevaría de un lado al otro para completar con los preparativos de la boda. El día anterior había sido así, al igual que el anterior y el anterior. Los preparativos de la boda de la joven Weasley con Harry estaban llevando mucho tiempo y esfuerzo por parte de todos. Ya ni siquiera podía recordar la cantidad de veces en que la pelirroja había llamado a su esposa por una "emergencia", lo que traducido quería decir que Molly se estaba metiendo en donde no era llamada y su hija no podía controlarla.
A pesar de que Hermione iba de un lado al otro, Remus podía darse cuenta que disfrutaba de estar al lado de su amiga y organizar una boda. Recordaba perfectamente el modo en que había llegado una tarde a la librería, sonriendo con entusiasmo para mostrare el vestido que usaría como dama de honor. Él había contemplado la prenda con apreciación pero lo que realmente estaba pensando era en que no había sido capaz de darle todo aquello. La estúpida ley de Fudge había impulsado una situación abrumadora entre ellos y su matrimonio no había sido nada más que un contrato para salvaguardar a la bruja. Pero ahora que la veía andar con entusiasmo de un lado para el otro, se lamentaba no haber puesto más atención en su propia boda. Al menos podría haberle comprado flores o le hubiese dicho para hacer una ceremonia íntima, con los amigos más cercanos. ¿A caso no todas las mujeres soñaban, en mayor o menor medida, con el día de su boda? Tenía entendido que sí pero Hermione no había podido concretar nunca ese sueño.
— ¿Qué estás pensando, Remus?—oyó la voz adormilada de Hermione de repente.
El la contempló, dándose cuenta que en medio de sus cavilaciones ella se había despertado y se había dado cuenta de lo pensativo que se encontraba.
—Sólo en la próxima luna llena—mintió—. Lunático estuvo muy inquieto la última vez, quizás sea prudente que no estuvieras…
—Por favor, Remus—lo interrumpió ella, apoyando sus manos en la cama para poder sentarse—, ni siquiera termines esa oración. No me iré a ningún lado.
—Pero…
Hermione lo cortó sorpresivamente con un beso. Se había inclinado y apoyado sus labios en los suyos rápidamente. Remus se quedó estático.
—Cada vez que digas idioteces como esas, me veré obligada a besarte para que dejes de hablar—lo amenazó.
Remus no pudo evitar sonreír con picardía.
— ¿Esa es tu manera de convencerme de que deje de decir idioteces o de que las diga más seguido?
Ella rió suavemente pero en vez de volver a besarlo como él esperaba se puso de pie y salió de la cama. Remus se sintió decepcionado aunque intentó no demostrarlo.
—Creo que dejaremos los besos para después—le indicó—. Mañana a la noche es luna llena y dentro de una semana es la boda. Tengo tantas cosas que hacer, tantos preparativos…
La vio caminar hacia el armario y sacar unos pantalones cómodos y una blusa. Su mente, tan activa como siempre, hizo que se la imaginara desvistiéndose allí, delante de él. Sin embargo, Hermione fue al baño, como siempre lo hacía.
Suspirando y sabiendo que no le quedaba otra opción, se levantó él también, dispuesto a comenzar con su día mientras se reprendía por parecer un adolescente caliente que quería arrastrar a su novia al armario de escobas para robarle unos cuantos besos y, si tenía suerte, algo más.
…
Kingsley entró al caldero chorreante y sonrió al ver a Remus sentado en una mesa devorando un enorme plato de sopa. Caminó hacia él y al llegar a su lado se sentó en la silla vacía del frente.
— ¿Estás sólo?—le preguntó— ¿Y Hermione?
—De compras con Ginny. Están con los últimos preparativos de la boda.
—La boda del famoso Harry Potter—dijo Kingsley—. El evento del siglo.
—No sé si del siglo pero sí del año—aseguró Remus.
Kingsley pidió una rebanada de pastel de calabaza y cuando se la trajeron comió un bocado con ansias. Alzó la vista y notó que su amigo había dejado de comer y que tenía la mirada perdida, con la mente lejos de allí. Por la tristeza de sus ojos, no parecí estar teniendo pensamientos demasiado agradables.
— ¿Problemas?—le preguntó.
Remus salió de su ensimismamiento y lo miró. Rápidamente negó con la cabeza y volvió a llevarse la cuchara a la boca.
—Vamos…—insistió Kingsley— ¿A caso extrañas a tu esposa?
—No… bueno, sí—admitió—. Siempre la extraño…
— ¡Así que finalmente lo admitiste!—dijo con orgullo.
Remus no pudo evitar ruborizarse levemente. Kingsley ya había insinuado que algo estaba pasando entre ellos pero en aquel entonces no había sido así. Al menos, no lo que el auror había imaginado.
—Sí—dijo y no pudo evitar sonreír como un tonto.
—Y eso no fue todo, ¿verdad?
Él también sonrió con picardía, sabiendo que la expresión de Remus no podía ser simplemente por haber aceptado sus sentimientos y ser capaz de confesarlos en voz alta.
—No.
— ¡Por Merlín!—rió—Eres un condenado afortunado.
—Lo sé—estuvo de acuerdo Remus—. Al menos de momento…
— ¿Qué se supone que quiere decir eso?—inquirió Kingsley dejando caer su sonrisa—No insinuarás que Hermione tienes dudas, ¿verdad? Porque he visto cómo te mira, como se comporta contigo y cualquier idiota incluso puede ver que quiere estar contigo.
—Hermione asegura que así es y yo le creo pero… todo se siente como un buen sueño pero como todo sueño, acabará en algún momento.
—Esos son pensamientos demasiado negativos, Remus—le dijo—. Y estoy seguro que ella tendrá mucho que decir sobre esas palabras.
—No se lo dije—gruñó—. Estoy completamente seguro que tendrá demasiadas cosas que decir al respecto…
— ¿A caso no confías en sus sentimientos?
—Sí, pero…
—Si confías, entonces no tienes más que aceptarlos y disfrutarlos. Te lo mereces tanto como ella.
Remus suspiró y terminó por asentir, dándole la razón.
—Es cierto… Lo que realmente me preocupa es la noche de luna llena.
—Ya han pasado dos lunas llenas juntos, ¿cuál es el problema con esta?—le preguntó con curiosidad antes de terminar de comer su tarta.
—Lunático está nervioso—confesó—. El mes pasado fue complicado para mí y estoy seguro que este mes será peor.
Kingsley miró fijamente a su amigo por unos momentos, incapaz de creer que no hubiera tenido la suficiente inteligencia como para darse cuenta cuál era el problema al que se enfrentaba el lobo interior de Remus. Él lo había notado desde aquella mañana después de la luna llena cuando habló con Hermione.
—Creo que tengo la solución—dijo.
Remus lo miró con clara sorpresa.
— ¿En serio? ¿Cuál es?
El hombre negó suavemente con la cabeza.
—No puedo decírtelo—dijo y al ver su expresión molesta, añadió—. Iré mañana a la noche, con la solución. Confía en mí, Remus.
Dado que no tenía demasiadas opciones, asintió a pesar de que tenía serias dudas por el hecho de que su amigo se negaba a decirle específicamente a qué se refería.
…
Hermione llegó casi a la hora de la cena ese mismo día, con el cabello casi revuelto y la mirada cansada en el rostro. Nada más sentarse en el sillón, se quitó los zapatos y gimió por lo bajo.
— ¿Mal día?—preguntó Remus caminando hacia ella para terminar sentándose a su lado.
—Peor de lo que te puedes imaginar—aseguró mientras se tendía a lo largo del sillón, colocando sus pies encima de los muslos de Remus—Molly gritaba, Ginny gritaba, la decoración que compramos ayer de repente no fue la indicada y tuvimos que correr a devolverla para comprar otra. Estuve yendo de un lado al otro desde el Londres muggle al mágico. No veía la hora de terminar para llegar aquí y descansar.
Remus miró los pies suaves de su esposa y no tardó en tomar uno en sus manos y presionar con sus pulgares un punto en la base. Cuando oyó a Hermione gemir suavemente de placer, sonrió complacido y continuó con los masajes.
Hermione podría haber sentido cierta vergüenza de su reacción pero dado que sus pies estaban matándola a causa del dolor, no pensaba quejarse o impedir que Remus siguiera haciendo esas maravillas con sus manos.
Gimió de nuevo.
Por unos segundos sus manos se congelaron pero rápidamente volvió a moverlas, tragando saliva nerviosamente.
Oírla gemir así…
Tomó aire profundamente e intentó mantenerse lo más tranquilo posible, alejando todo tipo de pensamientos de su mente pero era difícil cuando ella mantenía los ojos cerrados y los labios entre abiertos, por donde dejaba salir esos condenados sonidos que estaban calcinándolo lentamente.
Sus manos abandonaron las plantas de sus pies para luego ir deslizándolas por la parte superior con lentitud. Deslizaba las yemas de sus dedos, especialmente de sus pulgares con una leve presión hasta el borde de su pantalón, donde comenzaba su tobillo. Miró por encima de sus manos, siguiendo las curvas de sus pantorrillas las cuales, después de la rodilla, se iban ensanchando en sus muslos. Él quería poner sus manos allí, piel con piel, sin ese condenado pantalón.
— ¡Merlín, me encantan tus piernas!—se oyó Remus decir de pronto.
Ella abrió los ojos de repente y lo miró con sorpresa. Él mismo estaba pasmado por aquel comentario salido de quién sabe dónde. No iba a negar lo que acababa de decir pero, simplemente, nunca esperó decirlo en voz alta o al menos que ella pudiera escucharlo.
—Mis piernas tienen nada de especial, Remus—le aseguró Hermione, apartando sus tobillos de sus manos para sentarse correctamente.
Él pudo notar que su comentario realmente la había molestado. ¡Demonios! Él y su gran bocota. ¿Por qué no podía mantenerla cerrada? Estuvo a punto de disculparse por su comentario cuando sus ojos capturaron detalladamente la expresión de su esposa. Ella no parecía estar molesta por lo que había dicho sino porque creía que lo que había dicho era mentira. ¿Cómo no podía verlo? ¿Tenía tan poca autoestima sobre su cuerpo que era incapaz de aceptar ese alago? Él podía llegar a decirle cientos de cosas que le gustaban de ella, especialmente de sus piernas, de sus senos, de su cintura o sus labios pero seguramente no le creería, como en ese momento. Sin embargo, no podía permitir que aquello sucediese. ¿Qué clase de marido sería, sino?
—Tienes razón, tus piernas no son lo mejor de ti.
Ella no lo miró pero su comentario claramente la había herido porque la sintió tensarse a su lado. Cuando intentó tocarla, se apartó ligeramente pero él no desistió y colocó su mano bajo su mentó, presionando ligeramente para obligarla a girar el rostro en su dirección.
—Creo que lo mejor que tienes son tus labios—los ojos castaños de ella se mostraron intrigados por sus palabras pero aún así precavidos—. Ni siquiera recuerdo la primera vez que comencé a observarlos, simplemente lo hice, y no pude sacarme de la mente la idea de besarte.
Ante esas palabras Hermione se ruborizó levemente.
—No tienes que decirme nada de esto…—comenzó.
—No te diré nada más.
Hermione lo miró con confusión pero segundos antes tuvo la boca de su esposo rozando la suya en una caricia suave. Ella separó ligeramente sus labios, permitiéndole tomar un poco más de sí, sin embargo, Remus parecía no tener prisa y siguió besándola con delicadeza. Los párpados de Hermione cayeron lentamente e, incapaz de ver, sólo se dedicó a sentir. ¡Por Merlín, ella lo había besado ya en muchas ocasiones! Sin embargo, su cuerpo no dejaba nunca de reaccionar a él. Ahora mismo se estremecía ligeramente y se inclinaba hacia él, como si quisiese acortar definitivamente la distancia entre ellos.
Tentativamente, alzó su mano hacia el rostro de Remus para acariciar su cabello. Primero fue un gesto suave pero poco a poco fue animándose a enredar sus dedos en él, presionando ligeramente su cabeza hacia ella para que profundizara el beso de una buena vez.
No lo hizo.
Tomándose aquello como un reto, decidió hacer armarse del valor suficiente como para intentar conseguir su cometido. Abrió un poco más su boca y dejó que la punta de su lengua acariciara el labio inferior de su esposo. Él se tensó ligeramente pero ella no le dio demasiado tiempo para pensar porque lo hizo de nuevo y de nuevo hasta que Remus se dio cuenta que sus planes podían irse al diablo y simplemente se rindió, permitiéndose besarla como quería. Enredó sus brazos alrededor de la cintura de Hermione y la atrajo inmediatamente hacia él. Ella, tomándolo por sorpresa, cruzó una de sus piernas por encima y se sentó a horcajadas.
Cortó el beso de repente, jadeando por la repentina sensación de tenerla así.
—Hermione, no…
Pero ella no le permitió hablar y decir cualquier tontería como que debían detenerse. Simplemente volvió a besarlo con profundidad, tomando con sus manos su rostro, acariciando su cabello, su nuca, sus hombros. Él tampoco se quedó quieto ante esa abrumadora cantidad de sensaciones. La necesidad de tocarla lo superó y pronto metió sus manos bajo su blusa, acariciando la piel suave de su espalda con la yema de sus dedos. Su boca tampoco fue capaz de quedarse simplemente en sus labios y buscaron otro camino, siguiendo un patrón de besos que fue descendiendo por su cuello. Hermione tiro la cabeza hacia atrás para darle más acceso, arqueándose y Remus tuvo así, justo a la altura de su boca, sus senos cubiertos que le pedían casi a gritos ser desnudados.
Haciendo gala de una gran fuerza de voluntad, giró su cuerpo sobre el sillón hasta dejarla tendida encima de éste, permitiéndose unos segundos de disfrutar el calor y la sensación de estar encima antes de separarse.
Hermione lo miró con los ojos abiertos como platos como él daba unos cuantos pasos lejos, como si prefiriera mantener una distancia prudente. ¿Qué había sucedido? Usualmente se besaban, incluso apasionadamente, pero él siempre era cuidadoso a la hora de alejarse de ella. ¿A caso había hecho algo mal ahora? Quizás no la encontraba lo suficientemente atractiva. Bajó su mirada con vergüenza, apartándola de él. Ella sabía que no era una hermosura como muchas otras brujas pero tampoco estaba tan mal… ¿verdad? Se sentó en el sillón de inmediato y se enderezó la ropa sin mirarlo.
—Hermione—oyó que la llamaba—, lo siento, pero…
—No te preocupes—se obligó a alzar la vista para que no viera su vulnerabilidad y la terrible opresión que sentía en ese momento en su pecho a causa de su rechazo—. ¿Qué te gustaría cenar?
Él no contestó de inmediato y se la quedó viendo a los ojos con fijeza. Hermione sintió repentinamente deseos de desaparecer. ¿Por qué parecía que él sabía a la perfección lo que estaba sintiendo ella en ese momento?
— ¿Recuerdas que te pedí que fuéramos con lentitud?—le preguntó Remus, caminando hacia ella nuevamente hasta tenerla en frente— No hay otro motivo por el que me alejaría. No quiero que luego te arrepientas.
Hermione se puso de pie de repente para poder estar a su altura.
— ¿Por qué crees que me arrepentiría?
—Eres virgen, Hermione…
—Me dijiste que ese no era problema para ti—dijo con cierto enojo.
— ¡Demonios, no lo es!
— ¡¿Entonces, por qué no puedes entender que acostarme contigo es algo que quiero?!—estalló.
—Hermione, eso lo entiendo…
— ¡No lo parece!—dijo con los ojos llenos de furia—. O tienes tantas desconfianza de mis sentimientos por ti o eres tú el que se ha arrepentido de lo nuestro. Si no me quieres, Remus… ¡Si no me deseas, sólo debes de decírmelo!
Él tomó la mano de Hermione repentinamente y la llevó a su propia entrepierna. Las mejillas de su inocente esposa se ruborizaron notablemente al tocar su erección.
—Unos simples besos contigo y así es cómo me tienes—le dijo con mirada agónica—. Así que no te atrevas a decir que no te deseo.
Hermione se mordió el labio inferior, sintiendo el calor provenir desde bajo su mano. Nerviosa, miró fugazmente a Remus, preguntándose qué pasaría si ella apretaba ligeramente.
Lo hizo.
Remus gimió ligeramente cerrando los ojos con fuerza ante las profundas sensaciones que lo invadían. Ella no se detuvo y, a pesar de su vergüenza, siguió acariciándolo tentativamente, probando sus reacciones. Él estuvo a punto de decirle que se detuviera pero antes de que pudiera hacerlo, las manos de ella lo abandonaron, pero sólo para desprender el cinturón y luego su pantalón.
El hombre lobo no pudo más que quedarse anonadado por su atrevimiento, dividido entre el estupor y las ganas de incentivarla a continuar. Para su fortuna o desgracia —todo dependía del punto en que se lo pensaba—, no necesitó palabras de aliento para continuar. Ella se volvió a sentar en el sillón y le bajó de un solo movimiento el pantalón y su ropa interior, dejándolo con sus partes privadas sólo rozando el aire.
Hermione se estremeció a causa de la excitación que sintió en ese instante. Había visto su miembro antes cuando curaba sus heridas y se había sentido admirada pero ahora lo estaba mucho más y era incapaz de quitarle los ojos de encima. Sabía que estaba dentro del tamaño promedio, quizás con unos pocos centímetros más, pero nada increíblemente exagerado. A pesar de esto, el corazón se le detuvo al pensar en que "eso" tendría que… Agitó ligeramente la cabeza y sonrió, sintiéndose ridícula por esa clase de pensamientos.
Cuando su mano lo tocó directamente su miembro, piel con piel, gimió con más fuerza y tuvo que dejarse caer en el sillón porque sus piernas temblaron notablemente. El hecho de que hacía tanto tiempo que no estaba con una mujer y que deseo que sentía por ella que fue acumulándose todo ese tiempo, sólo hacía que el placer aumentara. La sensación era abrumadora.
Hermione aprovechó que él estuviera sentado. Bajó su cuerpo al suelo y se arrodilló delante de sus piernas abiertas, dándole un buen acceso. Jamás había hecho algo así y nunca se imaginó a sí misma haciéndolo pero ella no era de las que se acobardaban ante un reto y, como en todo lo que hacía, puso lo mejor de sí.
Al principio hizo movimientos tentativos, buscando un ritmo, una intensidad, buscando con sus ojos las reacciones de su rostro.
Remus ya no tenía demasiado control de sí mismo. Dentro de la bruma de placer que sentía era capaz de darse cuenta lo inexperta que era Hermione pero si se sentía de ese modo a pesar de esto, no quería imaginar cómo se sentiría cuando tuviera más práctica.
Hermione notó que el pecho de su esposo subía y bajaba, respirando agitadamente. Las manos de él se apretaban en el sillón, combatiendo el deseo que sentía de tomar el rostro de ella y demostrarle otras formas de darle placer con esa preciosa boca.
—Hermione—gimió su nombre—, debes detenerte…
Ella no pensaba hacer tal cosa y, para demostrarle que estaba dispuesta a llegar hasta el final, se inclinó y dejó un pequeño beso en la punta de su pene. Esa no era la clase de contacto que él había imaginado pero, teniendo en cuenta lo abrumado por sensaciones que se encontraba, fue suficiente como para hacerlo llegar al punto sin retorno.
— ¡Mierda!—gruñó él.
Hermione miró maravillada como todos los músculos del cuerpo de Remus se tensaban y, de inmediato, el orgasmo lo atravesó. Ansiosa y excitada, tuvo que apretar sus piernas para combatir el deseo de lanzarse encima de él. ¡Por Merlín! ¡Cómo deseaba que él la besara, la desnudara, la tocara y aplacara el deseo que sentía!
Remus abrió perezosamente los ojos cuando todo el mundo volvió a aparecer a su alrededor y lo primero que vio fue a esa joven mujer excitada delante de él, casi rogándole silenciosamente que la tomara de inmediato.
—No debiste de hacer esto—dijo casi gimiendo lastimeramente—. Ahora no podré pensar en otra cosa que devolverte el favor… No me mires así—le rogó—, sé que quieres, pero no puedo… Sería demasiada tentación para mí. Una vez que te toque no podré detenerme.
—No te pediré que te detengas—le aseguró ella con las mejillas rojas.
—Lo sé, cariño—le aseguró—. Y ese es el problema. Estamos demasiado cerca de la luna llena. Siendo virgen no querrás tener relaciones por primera vez conmigo en estas fechas.
Hermione intentó no mostrarse decepcionada y se consoló diciéndole que él no le estaba diciendo que no, simplemente, no ahora. Le sonrió levemente y se puso de pie para inclinarse ligeramente y besar sus labios con suavidad.
—Iré a preparar la cena.
Remus siguió con la mirada a Hermione mientras ella se marchaba hasta que sus ojos cayeron hipnotizados por el movimiento de sus caderas. Tuvo que apartar la vista de inmediato mientras pensaba que debía ir a darse una ducha, específicamente con agua fría.
…
Al día siguiente, cuando ella despertó, se encontró sola en la cama. Sobre la pequeña mesita que había al lado de la cama se encontró con una nota de Remus que le decía que se había ido a trabajar y que POR FAVOR no se acercara a la librería en todo el día porque no sabría si era capaz de controlarse. Hermione sintió que sus mejillas se calentaban al darse cuenta lo que esto significaba pero la sonrisa que se formó en su rostro, a pesar de esto, fue amplia y brillante.
El día anterior había dado un enorme paso en su relación con Remus, uno que, sin duda alguna, había acelerado un poco las cosas. Aún así, no iba a mostrarse demasiado apresurada—más de lo que ya se había mostrado—, para completar lo que habían empezado.
Como no tenía intensión de complicar la situación e ir a verlo y tampoco quería sufrir un nuevo día oyendo las incesantes discusiones de Ginny con su madre, decidió que ese día lo pasaría ella sola, disfrutando de sí misma y buscando más información sobre Lux. Sin embargo, al medio día, después de haber pasado horas rodeada de libros sin poder averiguar algo valioso, cuando se disponía a almorzar, alguien llamó a la puerta.
Extrañada, fue a atender y su sorpresa aumentó el doble cuando descubrió que allí se encontraba el mismísimo Draco Malfoy viéndose más desalineado y desesperado que nunca.
—Granger—la llamó con desespero—, es mi padre…
— ¿Qué sucede?
—Agoniza.
Lo dijo de tal modo que fue incapaz de no creerle. De inmediato, tomó su chaqueta y se marchó con él.
