hola chicas. como el otro era cortito aquí les dejo este que en lo personal me gusta mucho. les aviso que el que sigue es el penúltimo y uno muy importante. muchas gracias a todas por su apoyo y espero sus comentarios.


Cap.25

"él solo tiene ojos para ti"

Los tres jóvenes caminaron por la pequeña casa y subieron las escaleras.

Candy se sentía terrible. Hasta ahora había pasado una vergüenza terrible y no le sonó nada bien lo del enojo del señor Laroque. Todavía temblaba y no pudo evitar tomar la cálida mano de Anthony con disimulo mientras caminaban. Annette fingió no notarlo pero no disimulo su sonrisa. Una vez frente a la habitación, Annette abrió la puerta diciendo:

- Père, ¡mira quién llego antes…! - dijo volviéndose hacia Anthony que entraba por la puerta seguido de una temblorosa Candy.

- ¡¿crees que no lo sé?! ¡Te escuche gritar su nombre como loca desde aquí! - el molesto hombre de acento francés estaba sentado en una cama de inmaculadas sábanas blancas.

Tenía una de sus comunes expresiones severas pero no pudo evitar que sus ojos delataran toda la emoción y la felicidad que sentía de ver a su "joli garçon" de nuevo. Anthony noto que se veía más delgado y pálido que de costumbre, además de las grandes ojeras que tenía bajo los ojos. Él que lo conocía muy bien, sabía que no estaba nada bien y se le encogió el corazón.

- Monsieur Antón… - dijo Anthony dulcemente tratando de disimular al notarlo- Si me recibe de esa manera voy a pensar que no quiere verme del todo.

- ¡No quiero verte si vienes a sermonearme y tratar de meterme en ese horrible hospital! - contesto ignorando a las chicas.

- Dejemos ese tema para después. Primero que nada, vine a verlo a usted y a dejarles esto - metió la mano en el bolsillo de su chaqueta y saco un sobre-. Es una pequeña compensación de parte de mi familia por todo lo que hicieron por mí - dijo tendiéndoselo a Annette que dudaba de tomarlo.

- No lo aceptes- le ordeno Monsieur Antón. Anthony lo miro algo frustrado y camino hacia él y se sentó en el borde de la cama a su lado.

- Usted está enfermo, no puede trabajar y Annette, por más eficiente que sea, no lo puede hacer todo – Monsieur Antón desvió la mirada indiferente y Anthony suspiro-. Très bien Monsieur Antón usted gana, será como usted quiera. Hagamos un trato: le doy una hora, para que encuentre una persona de buen corazón, que se quiera hacer cargo de usted, hasta que mejore. Pero debe ir solo y no le debe decir a nadie su nombre. Así veremos quien en verdad está dispuesto a cuidar de un extraño. Si no lo logra tendrá que aceptar esto - terminó poniendo el sobre su regazo.

- ¿Qué? - dijo tratando de disimular la sonrisa que empezaba a aparecer en sus labios.

- Es el mismo trato que usted hizo conmigo hace algunos años - replico con una sonrisa.

Monsieur Antón miro el sobre. Lo tomo en sus manos y soltó una gran carcajada.

- ¡Pequeño tramposo! - decía entre risas- ¡No puedo creer que cayera en mi propio truco! - miro a Anthony y abrió los brazos, este no dudo un segundo en abrazarlo con fuerza.

- Aprendí del mejor… - susurro tratando de contener la lagrima que amenazaba con desbordarse de su ojo.

- Supongo…- acercándolo más susurro al oído de Anthony mientras miraba fijamente a Candy por encima de su hombro- …que esta es la chica por la que siempre rechazaste a mi Annette… -

A pesar de que fue un susurro Candy logro escucharlo porque estaba cerca de él además de que pudo leer sus labios, sin embargo ignoraba si Annette lo habría oído. Anthony rio nerviosamente seguido de una gran carcajada de Monsieur Antón

- Excusez-moi jolie fille- le dijo a Candy en voz fuerte-. Es un placer conocerla, mi nombre en Antón Laroque - dijo con buen humor.

- Igualmente, mi nombre es Candice - balbuceo está, hecha un nudo de nervios de nuevo.

- Bueno Anthony, ya que estas aquí tengo una noticia que darte - dijo extendiendo la mano hacia Annette para que se acercara a su lado-. Ma petite Annette - dijo tomando su mano- se va a casar…

Annette lo miro sorprendida e intento decir algo pero Anthony ya se había levantado y dando gritos de alegría la abrazo con fuerza levantándola del suelo.

- ¡Ma petite soeur! ¡qué feliz estoy! ¡¿Cómo se llama?! ¡¿Quién es?! ¡¿lo conozco?! - decía rápidamente sin soltarla.

Annette trataba de articular algo pero no lograba encontrar las palabras. Monsieur Antón se reía de nuevo mientras gritaba.

- ¡Suéltala ya Anthony! ¡Era mentira! ¡Annette no se va a casar! Solo lo dije para ver tu reacción… - Anthony dejo Annette en el suelo y dio un paso atrás avergonzado-. Como me lo esperaba, me decepcionaste…- dijo en voz baja de nuevo.

- Ahh, Monsieur Antón, ¿me parece a mí o me está castigando por venir…? - dijo tratando de disimular mientras masajeaba su tenso cuello.

- Aun no has visto todos los trucos que tengo bajo la manga ma joli garçon- dijo con una mueca.

- Hablando de eso, veo que no se ha quitado el bigote de mago aún, ni la barba.

- Bahh, he tenido este bigote por más de 20 años. Ya no me siento cómodo sin él. Y la barba es porque aún no he podido afeitarme y Annette por poco me degolló la última vez que lo intento - dijo en tono de reproche y Anthony se rio al ver la mueca de incredulidad de Annette.

- Si quiere yo puedo hacerlo ahora - ofreció Anthony-. Las chicas pueden ir abajo mientras tanto - dijo mirando a Annette con ojos suplicantes. Tenía que alejar a Candy de las indiscreciones de Monsieur Antón.

- ¡Por supuesto! - contesto Annette antes de que su padre pudiera decir algo-. Ya sabes dónde están las cosas. Candy, – dijo volviéndose a ella y haciéndole una seña para que la siguiera- ven conmigo a la cocina para tomar un poco de té - salió de la habitación seguida de Candy mientras esta le daba una última mirada a Anthony.

Ninguna dijo nada hasta que estaban en la cocina. Era pequeña pero limpia y decorada bellamente al estilo francés. Candy se sentó en una silla junto a la mesa para evitar que sus piernas temblaran más. Annette comenzó a preparar el té y la miro con una sonrisa para tratar de tranquilizarla.

- ¡Por favor, disculpa las indiscreciones de mi padre! - dijo avergonzada al fin-. Cuando quiere desquitarse de alguien puede ser indiscreto en verdad. Además… nunca supero el hecho de que Anthony solo me quisiera como una hermana…

Candy sonrió tristemente y desvió la mirada. Annette avanzo hacia la mesa y comenzó a servir el té.

- Discúlpame, no debí venir –susurro Candy.

- No te disculpes- dijo sentándose a su lado-. No tienes por qué. Por el contrario, discúlpame tú a mí por lo que dije antes. No debí hacer conjeturas apresuradas. Ahora sé porque viniste - dijo poniendo un taza de té frente a ella.

- Yo…- balbuceo

- Candy - le dijo dulcemente-, no te preocupes. Conozco muy bien a Anthony y sé que debió hablarte mucho de mí. Tal vez más de lo que debía. Es normal que tengas dudas sobre mí.

- Lamento si te incomodo - dijo tímidamente levantando la mirada.

- No me incomodas para nada - dijo con una sonrisa-. Me agrada hablar de él. Dime, ¿Qué quieres saber?

- ¿Qué paso entre ustedes?- preguntó tomando valor.

Annette se tomó un momento para organizar sus pensamientos. Tomo un sorbo de té. Y sonrió dulcemente.

- Honestamente… nada… - Candy no pudo evitar suspirar de tranquilidad y luego se sintió culpable por dudar de él-. No te mentiré - continuo-, yo lo quise desde la primera vez que lo vi… luchando por su vida en la carpa de mi padre… susurrando tu nombre – sonrió tristemente y Candy hizo lo mismo-. Desde entonces lo cuidaba cada día sin que él lo supiera tan siquiera y me imaginaba como serían sus ojos y su voz. El día que despertó corrí emocionada a dejarle una bandeja con comida. ¡Estaba tan exaltada que casi se me cae en varias ocasiones! –río-. Desde ese día, quede prendada de sus bellos ojos azules. Desde entonces, cada día procuraba ver sus ojos, su blanca sonrisa o su dulce voz. Cada día que pasaba con él me enamoraba con su dulzura, su valentía, su buen corazón, su bondad, su honorabilidad, su alegría… todo lo que hacía me hacía quererlo más –sus ojos brillaban por lo recuerdos. Miro a Candy, sonrió y desvió la mirada a la ventana-. Trate de evitarlo. ¡En serio lo intente! Muchas veces, de mil maneras, pero no lograba sacármelo de la cabeza. No lograba hacerme inmune a sus delicadezas. No lograba ignorar el brillo de sus ojos a la luz del sol o de las estrellas. No lograba no quererlo – se detuvo un momento, tomo un sorbo de té y miro de nuevo hacia la ventana-. Un día… Ginette, Harmonie y Janelle me convencieron de intentar caminar sobre una cuerda. Yo siempre quise hacerlo pero nunca me atreví además de que mi padre no me lo hubiera permitido. En fin, ese día estaba tratando de hacerlo cuando di un paso en falso, entre en pánico y salte lejos de la red de seguridad y caí al suelo, no fue gran cosa pero me había lastimado el tobillo y me dolía mucho. Anthony estaba allí conmigo cuando paso, de inmediato corrió desesperado en mi ayuda. Al ver mi pie supo que no podría caminar así que me cargo por todo el campamento hasta que encontró a Collette y le rogó que me vendara el pie, después me llevo a mi carpa y cuido de mí hasta que pude caminar de nuevo – tomó otro sorbo de té y miro la taza mientras con un dedo recorría el borde-. Fue en ese momento en que corrió hacia mí con el rostro lleno de preocupación, que supe que no podía luchar más contra lo que sentía por ese chico tan maravilloso. Supe que lo amaba…- levanto la mirada hacia Candy cuando dijo eso y está no podía evitar sentir una opresión en el pecho-. Sin embrago…- continuo con un pequeña risa desviando la mirada hacia la taza de nuevo- él nunca me miro de otra manera que no fuera como a una hermana pequeña. De hecho, lo primero que aprendió a decir en francés fue "ma petite soeur" que significa "mi hermanita". Desde entonces solo así me llama.

Se detuvo de nuevo. Tomó otro sorbo de té y siguió con la vista perdida en la taza. Candy quería decir algo pero no encontraba palabras.

- No sé tan siquiera si lo sabe… No lo creo…. Y si lo sabe, ha sido muy bueno al no demostrarlo – dijo, río un poco cambiando de posición en la silla-. Pero ya no importa. En realidad nunca importo. Siempre supe que su corazón te pertenecía - dijo mirándola a los ojos y ambas pudieron ver el dolor reflejado en los ojos de la otra-. Lo supe al oírlo llamarte entre delirios. Al ver como se apagaba lentamente porque la preocupación que sentía por ti lo consumía. Lo supe cuando su rostro se ilumino con felicidad y esperanza cuando mencione tu nombre. Al ver la alegría en sus ojos durante los días que tardo en contármelo todo sobre ti. Después no paso un día sin habláramos sobre ti o él mencionara nuestro gran parecido - sonrío de nuevo-. Por eso nunca me hice ilusiones con él. Siempre supe que todo lo que él veía en mi era una simple chica, a la que quería como un hermana y que se parecía mucho al amor de su vida - Candy no puedo evitar una mueca de dolor al escuchar sus palabras. Esta lo noto y tomo sus manos dulcemente-. ¡Le agradezco que lo hiciera! Me alegra que lo hiciera desde el principio, y fuera tan dulce y delicado al hacerme ver que siempre me querría como una hermana. Gracias a ello nunca me hice ilusiones y nunca me desesperance. Le agradezco que me hablara de ti contantemente ya que me ayudo a que fueras real para mí y me hizo quererte como si ya te conociera -dijo sonriendo y Candy no pudo evitar sonreír de vuelta en agradecimiento mientras estrechaba más su mano-. Solo espero que no lo dejes ir, porque he de advertirte que yo no fui la única en caer por sus bellos ojos azules –Candy abrió los ojos-. En Francia lo llamaban "joli garçon" que significa "muchacho bonito" y muchas chicas lo perseguían en cada ciudad a la que íbamos, sin mencionar a las que vivían en Sainte-Adresse. Él siempre las ignoro a todas y nunca les tomaba importancia por más bellas y ricas que fueran. Una, creo que se llamaba Antoinette, ¡incluso logro que su padre le ofreciera un trabajo en un banco! Pero él siempre y por siempre, solo tuvo ojos para ti – Candy desvió la mirada un segundo y Annette continuo con vehemencia-. ¡Por favor créeme cuando te digo que estoy verdaderamente feliz por ustedes! Es cierto que lo sigo amando pero he aprendido a dejar ese sentimiento de lado y nunca ha interferido con mi felicidad o con el hecho de que logre interesarme en otros chicos tan buenos como él.

- ¿Estás segura de eso?- pregunto Candy con voz lastimera.

- ¡Por supuesto que sí! - dijo mirando a Candy fijamente-. ¡Y no atrevas a decirme que renunciaras a él por mí porque me obligaras a odiarte!- Candy se sonrojo al verse descubierta pero Annette le sonrió amablemente-. Ahora, ¿quieres saber algo más?

- No lo sé - dijo dudosa-. Quisiera saber más anécdotas sobre ustedes.

- Por supuesto, ¡tengo muchas de esas! - dijo emocionada-. Una que me gusta mucho fue cuando Anthony me enseño a plantar un rosa…- comenzó.

Esto tardo vario rato. Annette le conto a Candy muchas cosas que esta no sabía. Se dio cuenta de que, aunque Anthony nunca lo dijo en voz alta, fue verdaderamente feliz allá, en esa tierra lejana con gente extraña que para él se convirtió en un hogar. No pudo evitar pensar que si la guerra no hubiera comenzado… tal vez él… no hubiera vuelto por ella.

Sin embargo ese pensamiento se borró de su mente al escuchar como Annette defendía su amor por ella. Como le contaba que no importaba que hiciera, siempre tenía algo que ver con ella. Ya fuera cuidar rosa blancas que eran las más parecidas a una dulce Candy, o contar cuantas chicas de ojos verdes veía bajo una carpa el día de la función. Aprender a caminar sobre los cables con agilidad porque decía que quería ser bueno escalando árboles. Comprarle un recuerdo de cada ciudad a la que iban. Ensayar constantemente lo que le iba a decir cuando la volviera a ver. Rechazar de inmediato y sin pestañar a Antoinette, la chica que le ofreció una vida mejor. Hasta contar los días que le faltaban para pagar su deuda.

Candy la escuchaba con atención. Todas sus dudas respecto a haber venido se habían disipado. Ya no le importaba la vergüenza que paso al llegar. Oír todo esto acerca de Anthony había valido la pena. Sin embargo Candy sentía oprimido el corazón. Sin saberlo Annette había calado hondo en su interior y Candy comenzó a quererla de inmediato por lo que su historia la afecto. Pero vio la honestidad en sus palabras al decirle que estaba feliz por ellos. Annette pareció notar que algo la distraía.

- Tal vez te preguntes - dijo con una sonrisa-, porque volvió contigo y no se quedó con nosotros si era tan feliz - Candy trato de negarlo algo ofuscada-. No te preocupes, pude verlo en tu rostro. Para serte honesta yo misma lo pensé muchas veces- dijo algo avergonzada-. Pero déjame decirte que cuando vi su rostro esta mañana, supe que había estado equivocada. Por supuesto que había sido feliz con nosotros y hubiera podido seguir así. Pero al ver el brillo de felicidad y vida que tenían esos dulces ojos azules esta mañana a tu lado, supe que su vida contigo era mejor. Que él estaba mejor - Candy se sonrojo mucho al oír esas palabras y no pudo suprimir una pequeña sonrisa y trato de negarlo-. ¡Ustedes dos son igual de ingenuos e incrédulos! - dijo riendo pero luego se quedó algo pensativa -. Ahora sé que de verdad, tu eres su pareja perfecta, y nadie más - Candy iba a decir algo pero oyó unos pasos fuera de la puerta.

En segundos apareció Anthony. Tenía una gran sonrisa en el rostro. Pero esta se hizo aún más grande al ver a Candy. Esta pudo ver que las palabras de Annette eran ciertas y se sonrojo de nuevo. Anthony ni siquiera lo noto y simplemente tomo asiento entre ambas. Perecía cansado y Annette le sirvió una taza de té.

- Finalmente logre convencerlo de que durmiera una siesta - dijo tomando un sorbo de té y luego sonrió-. ¡He de decirte con orgullo que logre convencer a tu padre de que se interne en el hospital! - dijo al fin con una sonrisa de victoria.

- ¡¿No abras amenazado con cortarle el cuello con la navaja si no lo hacía verdad?! - respondió está riendo asombrada.

- ¡Por supuesto que lo hice! ¿de qué otra manera piensas que hubiera podido convencerlo?- respondió sarcástico y mientras todos reían, discretamente puso la mano sobre la mesa al lado de la de Candy para que el dorso de ambas se tocaran.

- Bueno es un alivio- respondió Annette ignorando su gesto-. Ya no estaba dando abasto con todo yo sola.

- Lo sé - dijo con verdadero pesar-. Lamento no haber estado aquí para ayudarte, pero en compensación, cuando tu padre se mejore ambos están invitados a venir a chicago a quedarse en la mansión de los Andry, cortesía de tío Albert.

- En tu mansión querrás decir- lo corrigió Annette burlona y Anthony la despeino juguetón mientras ella apartaba sus manos riendo.

Candy analizaba lo que sucedía entre ellos. Sus palabras, sus gestos, sus muecas y de nuevo no encontró nada más que no fuera una relación fraternal. Incluso le pareció verse a sí misma con Tom cuando eran niños.

- Tu padre, me conto que piensa abrir de nuevo un circo - dijo después de una pausa.

- Eso es lo que piensa él. Ha estado hablando al respecto desde hace meses. Pero no sucederá.

- Eso intente decirle pero sabes que no me escucho. Siguió divagando sobre lo que haría una vez que lograra. ¡Incluso me pidió que trabajara de nuevo con él! - dijo esta última frase riendo pero las chicas pudieron ver algo de tristeza en sus ojos.

- Sabía que lo haría - dijo Annette con una sonrisa-. Te quiere y te echa mucho de menos – dijo suavemente como implicando el "yo también" en sus palabras. Anthony lo noto por supuesto.

- Yo también, ma petite soeur- dijo con una sonrisa triste pero cambio de tono y dijo jovial-. Es por eso que deben venir pronto a chicago. Candy y yo podemos mostrarles muchos lugares interesantes allá- dijo volteándola a ver para confirmación.

- ¡Por supuesto! - respondió de inmediato-. Incluso recuerdo que una vez me llevaste a un restaurante precioso decorado a la francesa con un jardín enorme y una fuente.

- Es cierto, era el L'allégresse du Paris - dijo recordándolo-. El jardín es hermoso, es como estar viendo las praderas de Châtellerault frente a ti- le dijo a Annette. De pronto comenzó a reír a carcajadas-. Recuerdas la vez que… estabas enojada conmigo y me seguiste… por la pradera para golpearme y te… te caíste en un pozo abandonado… y tardamos horas para sacarte…

Annette empezó a reírse al recordarlo pero golpeo a Anthony en el brazo. Candy quiso saber más y Anthony le conto la historia con lujo de detalles. Después de esta siguieron otras y sin darse cuenta pasaron el resto del día hablando. Candy se sentía tan cómoda con ellos que comenzó a hacer comentarios, bromas y reírse como loca. Planearon la visita de los Laroque a chicago y Annette bromeaba con decirle a Anthony que le dejaría hacerse cargo de su padre ya que lo sabía maneja tan bien.

Cuando apenas se hubieron dado cuenta, ya estaba bien adelantada la tarde. Annette le preparo algo de comer a su padre con ayuda de Candy y subió a dejárselo rápidamente. Durante ese corto intervalo de privacidad Anthony miro a Candy y levanto las cejas para preguntar. Esta simplemente le dio un beso en la mejilla antes de que Annette apareciera de nuevo.

Era hora de partir así que se dirigieron a la puerta. Annette y Anthony se despidieron efusivamente con un largo abrazo. Luego Candy y Annette hicieron lo mismo sellando así su nueva amistad. Mientras aun la tenía abrazada Annette escondió su rostro en los rizos de Candy y le susurró al oído:

- Recuerda, el solo tiene ojos para ti...- Candy asintió y ambas se separaron.

Anthony grito adiós a la ventana del cuarto de Monsieur Antón y este respondió igual en francés. Ambos jóvenes emprendieron el camino.

El atardecer estaba imponente en el cielo pero la noche se acercaba rápidamente y empezaba a hacer un poco de frio. Iban en silencio. Anthony se quitó la chaqueta y la puso sobre los hombros de Candy a pesar de sus protestas y la rodeo con su brazo para mantenerla caliente. Las calles empezaban a vaciarse y a cambiar de transeúntes por unos más temerarios.

- ¿Te arrepentiste de haber venido?- pregunto Anthony mirándola a los ojos pero esta notó que era una pregunta de doble filo.

- Fue bueno venir, me gusto conocerlos a ambos - dijo solamente y después rio al recordar algo-. También fue bueno saber de tus admiradoras.

- ¿Qué?- pregunto Anthony confundido

- ¡No te hagas! Annette me conto de las chicas que estaban locas por ti- decía riéndose – y la mejor de todas: Antoinette - Anthony pareció recordarla y también comenzó a reír.

- Tenía mucho tiempo de no pensar en ella, no sé qué te habrá dicho Annette pero ten por seguro que era la peor- dijo con énfasis.

- Cuéntame de ella- pidió Candy

- Bueno… déjame recordar- dijo ordenando sus memorias-. La conocí un día en una función para la burguesía de Sainte-Adresse. Después de la función ella convenció a su madre que la dejara ver los animales de cerca pero cuando Diègue el león se le acerco mucho se desmayó. Yo corrí a ayudarla como cualquier caballero pero cuando despertó trato de fingir que no respiraba para que yo la besara y su madre me gritaba que lo hiciera. Annette intervino y les dijo que solo Pierre sabia como hacerlo.

- ¿Que hizo?- pregunto Candy riendo

- Pues nada… se levantó completamente recuperada –rio Anthony-. Desde ese día, vino a verme casi a diario para agradecerme el haberle "salvado la vida". Me traía costosos regalos los cuales yo, cortésmente, no aceptaba pero ella me los tiraba por la cabeza y se iba gritando furiosa. Después comenzó a traer a su madre que me elogiaba por mi fuerza y mi trabajo duro. Incluso ofreció comprarme unas rosas que había plantado pero rehusé porque eran las únicas que tenía. Ella reacciono mejor y se fue pero su hija se quedó y me seguía por todo el campamento haciéndome preguntas. Yo trataba de ignorarla pero ella no se dejaba y comencé a desesperarme. Un día, no sé cómo, descubrió lo de mi deuda y convenció a su padre para que me diera trabajo en el banco más prominente de Sainte-Adresse. Cuando este vino a verme y me ofreció el empleo prácticamente me insinuó que a cambio tenía que comprometerme con su hija…

- ¿Qué hiciste?- pregunto Candy con los ojos como platos.

- ¡Reírme en mis adentros porque si lo hubiera hecho en voz alta seguro me hubiera matado! No creo que le hubiera costado de todas maneras ya que era un hombre enorme e imponente. De hecho, aún recuerdo que me temblaron las piernas cuando rehusé. Por supuesto, su hija había sacado su carácter de él. Empezó a gritarme tan fuerte que enserio pensé que me golpearía pero por suerte Monsieur Antón y Pierre vinieron en mi ayuda y lo echaron del campamento, vetando de este a él y toda su familia. Desde entonces solo la veía de vez en cuando, cuando iba a la cuidad con Annette para hacer diligencias.

- ¿qué hacía cuando te veía?

- ¡Parecía querer estrangularme con sus ojos y después apartaba la mirada con desdén! Sé que no estaba bien pero lo único que lograba era que reventara a carcajadas- dijo algo avergonzado-. Creo que fue una gran suerte que terminara odiándome porque ya no sabía cómo rechazarla sin lastimarla.

Las últimas palabras de Anthony hicieron que Candy recordara algo. No hizo más preguntas y se sumió en sus pensamientos. Anthony siguió caminando perdido en los suyos. Al cabo de un rato Candy sentía que su ansia de saber la carcomía por dentro y al fin su curiosidad le gano.

- Annette es una chica excelente.

- Lo es. Ha sido la hermanita que siempre quise.

Candy lo miro por unos segundos y luego bajo la mirada.

- Ella te quiere mucho.

- Y yo a ella – respondió con una sonrisa.

- Ella te quiere mucho - repitió Candy mirándolo a los ojos-. ¿Lo sabias?

Anthony la miro extrañado de sus palabras pero pudo leer en ellos a que se refería y bajo la mirada.

- Ehh… yo… -dudo un momento y aclaro su garganta- … Sí.

- ¿Desde hace cuánto?- volvió a preguntar.

- Desde que estábamos en Francia- contestó tristemente ocultando el rostro.

- ¿Ella lo sabe?

- No… creo que no o al menos eso he procurado - sonrió tristemente-, pero por lo visto no ha funcionado muy bien.

- Te equivocas. Lo sé porque oí lo que te dijo el señor Laroque al oído.

- Ohh - suspiro aliviado-. Solo espero que ella no lo hubiera oído - dijo desviando la mirada.

- No lo hizo, te lo aseguro – le dijo Candy y él sonrió dulcemente-. ¿Cómo te diste cuenta?- pregunto de nuevo.

- Ehh…- comenzó a buscar entre sus recuerdos-. Un día… - comenzó con dificultad- estaba tratando de aprender a caminar en una cuerda; lo cual no fue buena idea ya que ella siempre fue torpe para ese tipo de cosas pero insistió tanto que la deje; sin embargo como lo sospechaba no resulto. Se cayó de una distancia de un poco más de tres metros y se rompió el tobillo. Yo la cargue por el campamento buscando ayuda de Colette, la única que sabía cómo entablillar una quebradura y la cuide hasta que pudo caminar- Candy lo miraba asombrada, había sido más grave de lo que le había dicho Annette-. En fin… ese día note que me miraba… diferente… No era la misma mirada de amor fraternal que siempre vi en sus ojos. Pero decidí ignorarlo. Lo único que se me ocurrió en ese momento fue llamarla petite soeur cada vez que pude y hablar de ti constantemente. No sé si fue lo mejor pero al menos me parece que funcionó - Candy sonreía en sus adentros-. Solo espero que nunca sepa que lo sé. Sino las cosas se volverían algo incomodas entre nosotros y lo que menos quiero es perder a mi hermanita – Candy pudo ver su honestidad a través de su dulce sonrisa.

- No te preocupes, no lo sabrá nunca - dijo Candy recostando su cabeza en su hombro tranquilamente mientras Anthony sonreía.

Ambos continuaron su camino al hotel simplemente disfrutando de los últimos vestigios del atardecer y de la compaña del otro, por suerte entre ambos nunca había hecho falta las palabras. Anthony partiría mañana para chicago de nuevo y ella quedaría sola con Terry que ya debía haber llegado. Candy solo pensaba en lo tonta que fue por la mañana al pensar en devolverse. Ese día, había resultado ser un gran día.


ahora que tal les pareció este? espero sus comentarios al respecto.

ahora les diré que para el próximo tendré que pedirles que traten de tener la mente abierta y dejar los prejuicios a un lado. tal vez no me entiendan y se asusten pero como ya enfatice en toda la historia no solo quiero que candy sea feliz sino todos también, incluyendo los bellos galanes. ademas de eso quisiera que piensen en el dicho de que toda moneda tiene dos caras, aveces nos enamoramos tanto de una que olvidamos fijarnos en la otra. perdonen si las confundo pero quiero que estén precavidas.

no tienen idea de cuanto les agradezco por todo el apoyo que me han dado. aunque escribir es una de mis grandes pasiones el hecho de que a alguien le guste mi trabajo y se tome el tiempo de decírmelo es aun mejor. incluso sin son observaciones sobre mis errores, ¿de que otra forma voy a aprender de ellos si no me los dicen?