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Secuestro

—¿Dónde están? —se preguntó Kiyomaro a sí mismo con desesperación.

—No la he podido encontrar —dijo Tio, muy preocupada.

—Ni yo tampoco pude hallar a Folgore. Lo busqué por todos los vagones —dijo Kyanchome, sollozando

Ambos, Megumi y Folgore, habían desaparecido del tren como por arte de magia. Los libros de Tio y Kyanchome tampoco estaban.

—Ella se los llevó, aunque no se muy bien con qué propósito —dijo Zofis.

—¿Te refieres a la mamodo que arrastró el tren hasta aquí? —Tio se enfureció—. ¡Quién rayos era!

—Se veía escalofriante —recordó Kido.

«Parecía un rompecabezas y tenía los ojos cocidos» pensó Kiyomaro haciendo memoria «estaba con una especie de... perro. No pude ver ningún libro de conjuros...»

—Esto es extraño —dijo por fin en vos alta—. Ella nos quería justo aquí, y aquí nos tiene. Y para asegurarse de que entremos al bosque se ha llevado a dos de nosotros. Quizás nos quiera hacer caer en una especie de trampa. Si hubiera planeado simplemente deshacerse de nosotros creo que ya habría quemado el libro de Kyanchome y Tio.

Rayosol estuvo de acuerdo con Kiyomaro.

—No sabemos lo que busca pero no nos queda otra opción más que entrar a ese bosque.

El Bosque de las Flores Mamodo solo podía ser visto por ellos, así que ellos fueron los únicos que entraron y desaparecieron allí.

—Ugh...espero que Folgore esté bien —murmuró Kyanchome.

Folgore estaba más que bien. Folgore estaba bailando y cantando en los campos de las Flores mamodo.

—¡Gracias, gracias, son un público maravilloso!

La pequeña Mir y Gomu lo vitoreaban y al otro extremo del campo de las flores, Megumi daba su propio concierto y bailaba también. La pequeña Sherry le aplaudía junto a su mayordomo. El Juez estaba echado y durmiendo no muy lejos.

Mientras Megumi bailaba no podía evitar preguntarse «¿Qué rayos?». No estaba segura de cómo había llegado allí, pero la mamodo que decía llamarse Akashíco le había pedido encarecidamente que cantara para animar a las flores. Las flores estaban muy deprimidas y marchitas por tanto calor, y entre ellas estaba la flor de Tio.

Megumi podía verla en los campos, inclinándose hacia un costado. No entendía nada, pero si era la flor de Tio y su vos podía darle ánimos y fuerza, entonces cantaría hasta quedarse sin vos, y probablemente Folgore estaba haciendo lo mismo por la flor de Kyanchome.

Yopopo bailaba con Megumi, y también Sherry. El anciano mayordomo se había preocupado de ver a Sherry en esa forma al principio, pero al notar lo alegre que estaba y cómo se divertía saltando y bailando con Megumi, se alivió y empezó a disfrutar del Show.

Estaban de fiesta en los campos florales, sin embargo, en algún sendero del bosque, Gashu y Kiyomaro avanzaban con sus amigos manteniendo la guardia alta, mirando a diestra y siniestra. Al menos, Kiyomaro lo hacía, porque Gashu y los demás pequeños mamodos trotaban y curioseaban por doquier sin mucha precaución.

—¡No te comas eso, Gash! —gritó Kiyomaro con los dientes afilados—. ¡No sabes lo que es!

Jamás sabría lo que era, porque Gash se lo tragó sin masticarlo.

—¡Kiyomaro! ¡Kiyomaro! —Tio agitó los brazos unos metros más adelante—. Encontré algo que puede sernos útil.

Tio se había encontrado con el árbol de las direcciones, que con sus ramas en forma de largos dedos apuntaba en diversas direcciones, incluyendo arriba y abajo. Los letreros no eran menos confusos.

«Por aquí llegas al estanque de los atunes aleta amarilla» «Por aquí llegas a la montaña de jengibre» «Por aquí a la casa del Juez ebrio» «Por aquí al jardín de las flores mamodos, pero deben separarse porque hay dos senderos»

—¡Pfttt! —Kiyomaro se burló de ese último letrero—. ¿Quién en su sano juicio se separaría? Es obvio que es una trampa.

—¡Yo iré por aquí! —dijo Kyanchome, tomando el sendero que conducía a la montaña de jengibre—. ¡Estoy seguro de que podré ver a Folgore desde la cima!

—¡Yo voy por acá! —dijo Gash señalando el sendero que conducía al estanque de los atunes aleta amarilla.

—¡A dónde creen que van, mocosos! —Kiyomaro estiró los brazos y les propinó un buen coscorrón a los dos y los dejó tirados en el suelo—. Vamos a permanecer juntos y a encontrar a esa guardiana del Bosque.

—¡Meru meru meeeeee...! (Significado: ¡Auxilio!)

Rayosol levantó la mirada y pegó un respingo cuando vio a un hombre viejo y gordo con un vestido rosado balanceándose de una liana con ponigon en su brazo.

—¡Por todos los demonios, es la guardiana del Bosque! —gritó Akashíco emocionada llevándose las manos a la cabeza y agarrando puñados de arena —. ¡La he estado buscando! —dijo arrojando la arena por encima de ella y dando saltitos.

Estaba justo allí metida entre todos ellos y nadie se había dado cuenta antes. La miraron totalmente estupefactos ignorando a Ponigon.

—¡Meru meru meee...! (Significado: ¡¿Qué están mirando?! ¡¿Sálvenme?!) —gritó, mientras era balanceado por los árboles circundantes.

De uno de esos árboles, bajó Brago de un salto. Tenía una vena enojona en la frente. Tomó a Akashíco y de nuevo saltó con ella hacia las alturas. Los perdieron de vista en menos de un segundo. La única evidencia de que Akashíco había estado allí era el charco de arena que había dejado.

—Esto ya lo he visto antes —recordó Kiyomaro, masajeandose las cienes, una vez que hubieron salvado a Ponigon.

Su secuestrador había sido el profesor D artagnan a quien le gustaba vestirse de hada. El profesor dijo que había tomado el tren para ir a investigar unas extrañas emisiones de energía que provenían de ese lugar. Debido a la extraña fuerza que había arrastrado al tren hasta allí, parecía ser algo similar al triángulo de las bermudas.

El profesor D artagnan los había seguido a ellos y así había penetrado en el bosque mamodo a pesar de no ser el lector de un libro. Y ahora Kiyomaro no sabía qué hacer con él. Por suerte, el profesor D artagnan iba por allí por su cuenta, balanceándose de liana en liana, y no había fuerza humana que pudiera detenerlo.

Kiyomaro temía por él, porque en los alrededores había un animal aullando y gruñendo, poniéndoles la carne de gallina. Habían un par de ojos feroces y zarcos que brillaban en la oscuridad, por aquí y por allá. Al menos D artagnan estaría seguro mientras se trasladara por los árboles.

Ya era tiempo de que Kiyomaro y sus amigos eligieran un sendero que tomar o no avanzarían nunca.

—Al menos se que Sherry está bien —suspiró Koko—. Si Brago está bien...ella debe estarlo también ¿No?

«¿Qué hacía Brago con esa mamodo? ¿Qué está pasando?» se preguntaba Kiyomaro.

—Kiyomaro, creo que deberíamos ir por ahí —Riddles señaló dos de los letreros que no habían estado allí antes.

Decían: «Por aquí al concierto de Megumi» «Por aquí al concierto de Folgore»

—Parece que después de todo tendremos que separarnos —dijo Riddles.