Buenos dias toda/os
Muchas gracias a todos por dedicar un ratito de vuestro tiempo a leer esta historia. Y mil gracias más a Nurymisu, Alysa Cullen, Pegn, DraBswan, Lilly Black Masen, xikita, Anaidam, anamart 05, ksts, yasmin cullen, Fanny Mars, Romi de Cullen, Diyola, Isa C, Smiletome, aea7 y jamlvg por dejar sus comentarios y hacer que me salga una sonrisa ^_^
Se trata de un Fan fiction de crepúsculo; la invención de los personajes son de la señora Stephanie Meyer. Todo lo demás que rodea a esta historia es única y exclusivamente mía.
CAPÍTULO 25
Abrió los ojos casi de golpe. ¿Cuánto tiempo llevaba durmiendo? Había un charquito de babas en la almohada y tenía la marca de las sábanas en la mejilla. Hacía siglos que no descansaba tan bien; con el sueño tan profundo. Le había sentado de maravilla confesarse con su amiga; notaba como si se hubiera quitado un peso de encima.
Abrió la boca como si fuera un buzón de correos y se estiró exageradamente. Al mirar el reloj de la mesilla vio que no era tan tarde como pensaba.
Se quedó bocarriba, despatarrada, mirando el techo fijamente. Las cortinas no impedían que entrara el sol por la ventana, inundando su habitación de luz.
Pensó en la noche anterior. Alice era genial, se pasaron las horas casi sin darse cuenta. Una sonrisa involuntaria asomó en su rostro cuando se acordó de todos los cotilleos que la contó. Lo de Angy y Jacob fue lo más comentado, dejando en un segundo plano a Rose y a Emmet porque eso era ya cosa hecha… "Y casi pasó por encima a Jasper... Y de eso sí que me encargo yo; me acuerdo de los ojitos que puso Jasper cuando nos la presentó Edward… jajaja y aquél día en la discoteca… Pero lo primero es lo primero".
Cuando llegó a su casa pasaban de las 2:00 de la madrugada y lógicamente todos dormían. No había podido hablar con Edward para aclarar las cosas... Quizá disculparse por el bofetón sería una buena forma de empezar de cero.
Tomó aire y se levantó de un salto desperezándose; hoy iba a ser un gran día. Giró la cabeza para mirar el baño e inmediatamente pensó en Edward... Frunció el ceño "qué raro". No recordaba haber cerrado la puerta.
Se encaminó hacia allí y cruzó para abrir la puerta del dormitorio de su hermano. Tocó antes con los nudillos suavemente.
— ¿Se puede? — esperó respuesta pero solo escuchó el silencio "quizá todavía duerme..." pensó mientras sonreía involuntariamente.
Abrió la puerta intentando no hacer ruido y asomó la naricilla.
— ¿Hola? ¿Edward?
Nada. Silencio de nuevo. Abrió la puerta del todo y observó que la cama estaba hecha, las persianas subidas y la habitación totalmente recogida. Era mundialmente sabido que su hermano no era el dios del orden; por eso le extrañó ver el cuarto así. Cerró la puerta y volvió a su cuarto, cabizbaja, con una sensación extraña en el cuerpo.
Pensativa, se puso una ligera bata de algodón y bajó hasta la cocina.
Allí sus padres esperaban sentados, con una taza de café delante de ellos y el rostro serio.
— Papá, mamá... ¿Qué pasa? ¿Donde está Edward? He entrado en su cuarto y no está... — su voz se fue apagando al ver cómo se miraban entre ellos.
— Verás hija — comenzó Carlisle — será mejor que te sientes.
— ¿Te preparo el desayuno? — ofreció Esme levantándose inmediatamente.
— No mamá... Me estáis poniendo nerviosa. ¿Le ha pasado algo? — algo dentro de ella le estranguló la boca del estómago.
— No hija. Verás... Él... Se ha ido. — Dijo por fin Carlisle.
— ¿Que se ha ido? — frunció el ceño mientras miraba a sus padres — ¿A dónde?
— Ha vuelto a la facultad. Esta mañana. Temprano — explicó Esme, dando a notar en su tono de voz su total desacuerdo.
— Pero... No se ha despedido de mí... — habló tan bajito que apenas la escucharon.
— Verás. Él quiso hablar contigo, pero saliste y se había equivocado en la fecha de los billetes y como llegaste tarde...
— Déjalo papá — le cortó intentando mantener un tono indiferente – en nuestros tiempos existe el móvil. Si hubiese querido despedirse, me podía haber avisado — "un mensaje, una llamada… no me lo puedo creer…"
Esme y Carlisle se miraron entre ellos. Sabían que se habían llevado mal estos días, pero también sabían que se querían, y aunque ambos eran cabezotas y orgullosos, ese sentimiento anularía cualquier otro. Por eso sabía que esta noticia tenía que haberle hecho daño a su hija. Pero... ¿Cómo la ayudaban?
— Ya verás como...
— No mamá... Da igual. — Un familiar picor de ojos empezó a hacer aparición — Yo... Me voy a mi cuarto.
— Pero no has desayunado hija. — se quejó Esme.
— Ya... Luego... — "tengo que salir de aquí" — Ahora voy a la ducha — se levantó intentando no mirar a la cara a sus padres — ya me preparo yo lo que sea más tarde — siguió mientras salía de la cocina.
Dejó a sus padres mirándose con preocupación y subió lentamente las escaleras hasta su cuarto; por su mente pasaban mil imágenes de los desplantes de estos últimos días. Desde el tortazo en la playa ni siquiera la había mirado a la cara. Ella tampoco se lo había puesto fácil "pero tanto como para no haberse despedido de mí..."
Entró en su cuarto y cerró la puerta tras de sí, sujetando el pomo con las dos manos a la espalda. "tiene que haberme dejado alguna nota o algo..."
Miró la mesilla de noche y se abalanzó sobre el cajón. Nada. Siguió por el escritorio, debajo de la almohada, entre las páginas de su libro en la mesilla de nuevo… pero tampoco encontró nada. Cruzó el baño e hizo la misma investigación en su cuarto. Nada de nada.
Las lágrimas le estaban emborronando la visión y estaba sintiendo cómo un nudo oprimía su garganta. Se había ido sin despedirse... "se ha ido..."
Dos enormes lágrimas cayeron a la par por sus mejillas mientras ese nudo en la garganta amenazaba con estrangularla. Dio media vuelta y corrió a su cuarto cerrando las puertas tras de sí. Se tiró sobre la cama deshecha y hundió su cara en la almohada.
Gritó.
Gritó de rabia, de decepción.
Gritó por que se había ido su mitad, y eso irremediablemente hacía que se sintiera sola...
Muerta.
Pasó una hora antes de poder pensar con coherencia. Una hora en la que se repitió una y otra vez en su cabeza ese dichoso tortazo en la playa. Una hora en la que llegó a la conclusión de que todo había sido por su culpa. Demasiado dolor en el corazón; y demasiada presión en la cabeza como para pensar con claridad. Se dio media vuelta y miró al techo, intentando tomar aire. Tenía la cara roja e hinchada por el sofocón; y tirante por la sal de las lágrimas secas.
"Alice... Tengo que verla... Seguro que me ayuda a ver con claridad... Vaya puta mierda... ¡Vaya mierda joder!"
Estiró el brazo hasta la mesilla y cogió el móvil. Necesitaba hablar con su amiga... Necesitaba desahogarse, escuchar otro punto de vista... Sólo esperaba que la bruja de su madre no estuviera por ahí merodeando. Sería la gota que colmaba el vaso…
—
Cuando Edward llegó a la facultad se fue directo a la cama. Mandó un mail a sus nuevos amigos diciendo que había adelantado la vuelta pero que estaba cansado y que hasta el día siguiente no estaría en condiciones de sumar dos más dos.
Pasó la peor noche de toda su vida. No paraba de dar vueltas; le remordía la conciencia. Pero no iba a retroceder. La decisión estaba más que tomada; empezaría de cero. Conocería a más gente, con sus mismos intereses y gustos. Ni siquiera tenía por qué pensar en ella. Total, era inútil seguir con esa relación…
Perezosamente, se levantó y se dirigió al baño. Una buena ducha calentita seguro que le despejaba la mente y vería la vida con nuevos ojos. Mientras se enjabonaba el cuerpo le pareció escuchar que alguien llamaba a la puerta, pero se estaba tan a gusto debajo del agua que no le prestó atención y siguió lavándose meticulosamente. Al terminar, se enrolló una toalla a la cintura y se miró en el espejo; cogió la toalla del lavabo y comenzó a secarse la cabeza.
Esta vez sí que escuchó la puerta… "¿quién será?... les dije que quedaríamos por la tarde…" Se pasó la toalla por el cuello y se dirigió a la puerta del dormitorio.
— ¡Voy! – dijo cuando estaba a medio camino.
Nada más abrir la puerta María casi se atraganta con su propia saliva. Delante de ella estaba el ser más hermoso que había visto en la vida. Medio desnudo, sólo con una toalla anudada a la cadera, dejando ver sus oblicuos "dios mío, esos músculos existen... No son una leyenda urbana..." No pudo evitar morderse el labio inferior.
— Hola María — dijo Edward mientras su mirada examinaba el cuerpo de la chica "realmente es muy bonita…". — Creía que era Hugh... Pasa... — sonrió.
— Hola Edward... Yo... Si te pillo mal vuelvo luego – no se decidía a pasar dentro; no hacía más que imaginarse lo que escondía esa toalla y eso no ayudaba a expresarse con claridad.
— No, no… pasa. – Se hizo a un lado para dejar el camino despejado y esperó a que estuviera en el centro del cuarto para cerrar la puerta. Sin querer se quedó mirándola el culo. — ¿Qué tal estos días?
— Oh… ha venido mucha más gente – "no le mires a los ojos… no le mires a los ojos… el suelo, el suelo es bonito" – he quedado con Hugh a las cinco, después de comer.
— Perfecto – "¿Y si…?" miró a su amiga, realmente se veía preciosa; llevaba unos vaqueros ajustados y una blusa sin mangas de flores en tonos azules. Ese color le sentaba muy bien con su tono de piel; "Igual que a…" — ¿Y necesitas algo? ¿O sólo me has echado de menos?
"Genial tío… esa frase la has sacado de una peli erótica de tercera categoría"
María se ruborizó nada más escuchar esas palabras salir de la boca de Edward; pues claro que le había echado de menos ¿tanto se le notaba? Empezó a morderse el labio inferior con insistencia mientras sus mejillas pasaban del rosa al grana.
"Dios mío, ese gesto… ¿por qué es tan parecida…? mierda…" un tirón en su entrepierna le hizo salir por una milésima de segundo de sus pensamientos. Se estaba empalmando… pero se estaba empalmando pensando en que se parecía a su hermana. "Eso no está bien… eso no está nada bien tío…"
Observó cómo de repente María levantó la vista, probablemente para despedirse por fin, pero a medio camino entre el suelo y su cara se encontró con algo que una simple toalla de baño no podía tapar. Abrió los ojos como platos, pasó del grana al carmesí, y un latigazo de placer recorrió su cuerpo "Esto no es real".
— Yo… yo… mejor me voy… — "¡pero tienes que pasar al lado de él tonta! El suelo… el suelo es seguro… el suelo no tiene unos ojazos verdes que hipnotizan… ni oblicuos… ni una inminente erección" Volvió a mirar esa parte de la toalla "¡mierda!"
— Espera María – se adelantó con el brazo estirado para pararla pero ella caminó hacia la salida con rapidez, lo que provocó que su mano, accidentalmente, reposara en un pecho en lugar de en un brazo.
"Dios… Santo… bendito… ¿Porqué no quita la mano?"
Ninguno de los dos sabría explicar lo que pasó a continuación. El aire se volvió pesado y no entraba en los pulmones con facilidad. El nudo en la garganta de Edward pasaba desapercibido gracias a la presión que sentía en el bajo vientre. ¿Qué era eso? ¿Deseo? ¿Pasión? Porque estaba seguro de que no era amor; el amor era distinto; era lo que sentía estando con… "Basta… tírate a María… a ella le gustas. Estar con ella te sentará bien… y se parece tanto a Bella que será como follar con ella, pero sin estar prohibido… ¡es un chollo!... (No, no, no… no estaría bien…) ¡Vamos, mírala… lo está deseando!"
La distancia se había ido acortando sin que ellos se dieran cuenta; de repente se encontraban respirando uno en la boca del otro sin saber cómo había pasado.
La manó seguía en el pecho de María y sin darse cuenta lo apretó. El gemido que salió de los labios de ella fue directo a su entrepierna; ya no había vuelta atrás.
Ambos cerraron los ojos y se dejaron llevar. La habitación desapareció, eran dos cuerpos que se atraían, simple deseo, sin más complicaciones, sin lazos familiares que impidieran que pasaran al siguiente nivel.
Volvió a apretar el pecho de María a la vez que se estrellaba contra su boca. Era demasiado sencillo dejarse llevar con ella, estaba convencido de que esto le ayudaría a olvidarse de su hermana; era algo enfermizo estar pensando todo el día en ella, y no podía seguir así.
Las manos temblorosas de María subieron por la desnuda espalda de Edward. Acarició y apretó sus hombros profundizando más el beso; quizá se arrepintiera de esto mañana, pero, maldita sea, disfrutaría de esto cada segundo.
Subió su mano un poco más, hasta su pelo, agarrando un mechón de su nuca. Apretándolo en un puño, haciendo que gruñera en su boca. Sintió la humedad deslizarse en su centro, y apretó sus músculos provocando aún más placer "su lengua… es áspera… y sabe tan bien…".
Se separó un segundo, necesitaba leer la expresión de Edward. Necesitaba ver que él la quería para seguir con esto... Quizá empezaran una relación... Sonrió, imaginándose el momento mientras fijaba sus ojos en el rostro de su amante. Definitivamente él quería esto tanto como ella.
Un intercambio de miradas bastó para que les entraran las prisas. Edward se apresuró para deshacerse de la molesta ropa que tapaba a la chica; algún botón de la blusa salió perjudicado, pero eso ahora no importaba. Quería verla desnuda, quería acariciar su piel, quería apretarse a un cuerpo caliente como el suyo; sentía que iba a explotar… "dios mío… ¡voy a dejar de ser virgen!... ¡por fin!"
— Espera… — soltó María – espera, espera… — tomó aire, mientras miraba a los ojos de Edward. Parecía confundido… le sonrió mirándole a los ojos – No tengo preservativo…
— Mierda… yo tampoco… — el tiempo se detuvo por un momento; los dos mirándose a los ojos.
— ¡Oh, joder!… termina fuera ¿vale?
— Si quieres podemos esperar… — Edward pensó que no estaría bien hacer esto. Quizá fuera un error.
— Y una mierda. No sé de donde salen estos pensamientos Ed… pero vas a apagar el fuego que acabas de encender. Me da igual todo… Necesito esto… — Y ni corta ni perezosa le quitó la toalla de la cintura, obteniendo un primer plano fantástico de su erección. — ¡Hostia puta! – Cayó de rodillas — ¡Dios Edward…! – colocó sus dos manos en sus muslos y subió lentamente hasta sus genitales. – Es… es… Es enorme… — se relamió.
Su boca envolvió su polla provocando que Edward se quedara bizco por un segundo. Se sentía tan bien, tan húmedo, tan caliente… ¿sentiría lo mismo estando dentro de una chica?
Cogió la cabeza de María con ambas manos y embistió su boca. Una vez y otra y otra… sintiéndose bien, sintiéndose en la gloria, sin otro pensamiento que meter y sacar, meter y sacar. Cuando escuchó el gemido de ella perdió la poca cordura que le quedaba, la levantó de golpe y la besó con rudeza, llevándola con rapidez hasta el lugar donde estaba la cama.
La tiró sobre ella y observó el cuerpo semidesnudo de la chica, sin la blusa, con los pantalones medio bajados, enseñando el encaje de las bragas, con los tirantes del sujetador caídos y el pelo suelto esparcido por la almohada… tuvo un flash. La cara de María se transformó en la de Bella; era ella la que le sonreía de forma lujuriosa, la que se estaba desprendiendo del pantalón a una velocidad de vértigo, a la que quería follar sin tregua.
Sus manos, ávidas, quitaron las copas del sujetador dejando sus pezones rosados a la vista. Los apretó con fuerza, sacando un grito de la garganta de María. Pero lejos de pararles, este grito les avivó aún más.
No podía más; echó las bragas a un lado y colocó la punta de su miembro en su húmeda entrada. Miró a los ojos a María, y sus castaños ojos se tornaron en los de Bella. Se hundió hasta el fondo en un solo movimiento; escuchó otro grito de placer. Pronto descubrió que eso era música para sus oídos.
Aceleró. No le importaba nada más que terminar con esto… una sombra de arrepentimiento empezaba a asomar entre la niebla que se había formado en su cabeza. Pero no quiso prestar atención. Era mejor observar la boca entreabierta de María dándole besos, sentir sus manos apretándole el culo, notar cómo sus piernas se subían hasta su cadera provocando que pudiera hundirse aún más en ella. Mordió su cuello, lamió su escote hasta llegar a las tetas y mordió los pezones en cuanto les tuvo a su alcance.
Notaba cómo un nudo se formaba en su vientre; iba a eyacular, lo sentía… tenía que salir de allí antes de que fuera demasiado tarde… las paredes de María comenzaban a oprimir su polla. "Tienes que salir… o te correrás dentro de ella…"
Escuchar los gritos de placer de ella no ayudó en nada; sin dejar que María terminara con su orgasmo, salió de ella y empezó a masturbarse a toda velocidad. Pronto comenzó a temblar y su semen se esparció sobre el cuerpo desnudo de la chica.
María gimoteaba, deseosa de tenerle otra vez dentro, notando como el cálido líquido se escabullía veloz hacia la cama. No quería terminar así… le había dejado a medias…
— ¡Oh dios… Bella! – murmuró Edward mientras seguía acariciándose.
— ¿Perdón? – Le miró María a la cara, totalmente compungida — ¿cómo me has llamado?
— Eh… — Edward abrió los ojos y vio a una llorosa María mirándole fijamente. – Eh… — "¿Qué coño he hecho? ¿La he llamado Bella? Por dios tío…" – Yo…
— Da igual – se levantó corriendo de la cama "joder… estoy pringosa" Se miró el cuerpo y por un momento sintió asco. – Necesito tu baño… — no esperó una respuesta, se dirigió sin más hasta allí y se lavó.
— Escúchame yo… — cogió de nuevo la toalla y se la colocó en su cintura.
— No… no te escucho Edward… está claro que has terminado pensando en otra… — salió del baño y cogió su ropa – yo solo venía a darte una lista con los cambios de libros – con la bola de ropa en una mano, buscó en su bolso y sacó un papel. – Aquí tienes – dijo estrellándolo contra su pecho. Comenzó a vestirse con rapidez.
— Por favor… perdóname… no sé qué me ha pasado… yo no soy así…
— Eso pensaba… que no eras así… — terminó de medio abrocharse la blusa y el pantalón – vaya decepción.
— Déjame que me explique María…
— ¡Oh… si te has acordado de mi nombre! – contestó mientras se calzaba.
— Ha sido un error, yo solo pensaba que…
— Efectivamente, un error… — se colgó el bolso y se acercó a la puerta – hazme un favor – le pidió mientras sujetaba el pomo de la puerta, sin mirarle a la cara.
— Claro, lo que sea – se acercó hasta ella cogiéndola de un hombro.
— No digas esto a nadie – se zafó del agarré y salió corriendo del dormitorio de Edward.
Edward se quedó con un palmo de narices, frío después de la calentura y totalmente deshecho mentalmente hablando. Le había llamado Bella… por dios… ¡había perdido la virginidad con una chica estupenda y la había llamado Bella!
Cerró la puerta de su cuarto y se metió de nuevo en la ducha. Se sentía sucio. ¿En qué narices estaba pensando? "En que estabas follando con tu hermana… (No… eso no es verdad…) Claro que lo es… te has imaginado que era Bella la que estaba debajo de ti (por favor… esto tiene que acabar… no puedo pensar en ella todo el rato… pobre María)"
—
Cuando terminó de arreglarse, con la pena inundándole el alma, salió de su habitación y se encaminó hasta la cafetería que había en la residencia. Sí que se notaba que había llegado más gente; el ambiente universitario era palpable en todo el campus ya que en menos de una semana comenzarían las clases oficialmente.
Cogió una bandeja y se colocó en la fila del buffet; esperando tranquilamente su turno. Pensando en lo que acababa de pasar en su cuarto.
Se arrepentía enormemente de ello; algo que podía haber sido especial se convirtió en una pesadilla… ahora no pensaba en Bella… sólo pensaba en cómo arreglar las cosas con María. Había demostrado ser una buena amiga, quería recuperarla.
Dejó vagar su mirada alrededor; ¿serían todos de primer curso? ¿Cuántos irían a medicina? A lo mejor podía hacer nuevos amigos… "pero ninguno como María… seré gilipollas…"
Mientras giraba la cabeza centrándose de nuevo a la fila, notó un extraño calor en la nuca. Como si alguien estuviera observando todos sus movimientos; buscó en un lado y en otro de la sala hasta dar con una mesa repleta de chicas. Todas y cada y una de ellas permanecían con la boca semiabierta mirándole fijamente.
Miró a un lado y a otro, buscando otra persona que fuera el centro de atención de esas chicas; pero no encontró a nadie detrás de él. Todas le comían con los ojos.
"oh tío… este va a ser un año muy divertido… seguro que una de ellas te hace olvidar a tu hermanita del alma… o todas… jajajaja… (¿Tú crees?) … ¡seguro que sí!... ¡míralas!"
A diez metros de allí, en la mesa repleta de chicas, se escuchaban exclamaciones, jadeos y juramentos en arameo.
— ¡Pero ese ser no es real! – dijo Joshy.
— Dejar de mirarle, por favor… nos va a pillar… qué vergüenza por dios…
— Oh vamos Chris… déjate de vergüenzas y recréate con las vistas – sugirió Mariah.
— ¡Está mirando, está mirando! – gritó Nury mientras hacía aspavientos para que las demás dejaran de mirar.
— No puedo dejar de mirarle… que ojos… que… ¡que paquetorro!
— ¡Penny por dios!, que nos va a oír – gritó Tessa dándola un pequeño codazo en las costillas.
Involuntariamente, una sonrisa ladeada apareció en el rostro de Edward, deslumbrando por completo a todas y cada una de las chicas que ocupaban la mesa.
— A tomar por culo. – dijo una de ellas mientras se levantaba de golpe.
— ¡Diane! – gritaron todas, temerosas de lo que podría llegar a hacer.
— ¡Qué! ¡Sólo voy a cambiarme las bragas!... o a asegurarme de que no se han desintegrado de golpe… sheeeeeee
Mientras veía cómo las chicas se reían nerviosas, decidió hacerle caso a su demonio interior. Definitivamente ir a estudiar allí había sido una buena idea… se olvidaría de ella costase lo que costase. Sí o sí. No había opción.
Hola chicas; a la vista de vuestros comentarios, y como muchas me preguntáis lo mismo, os contestaré por aquí :D
Pregunta del millón: hasta cuando? Cuando sabrán que no son hermanos!?
Respueta: ya queda menos... Se que os pido mucha paciencia. Que todas queremos un restregón de Edward y Bella... Pero no chicas. Lo siento. Lo que si os digo es que tengo escrito hasta el capítulo 34 y yo creo que en dos o tres capis más sucederá. Así que... Me esperáis esos pocos capítulos? :)
Ya os ire contando... Pero lo historia es mucho más q los protas... Espero q lo diasrutéis mientras ;)
también sé que algunas lo odiais... este capi no mejora vuestra opinión lo sé... y me temo que los que están por venir tampoco :/
Mientras tanto me regaláis un review aunque sea para criticar a Edward? gracias! ^_^
Ah! otra cosa... tengo que subir los capis antes del viernes, asi que vosotras leer a vuestro ritmo, porque en cuanto tenga huecos me conectaré para colgar capi.
Hasta la tarde!
