Hola a todos. Si se que me he tardado la vida con esto. Pero he estado muy muy muy liada, y doña inspi se fue de vacaciones. Aún así he logrado traerla y con ella terminar este fic.

Espero que os guste el capítulo de hoy. Es el último, aunque luego haré un epílogo que seguramente suba la semana que viene, pero no es seguro. Estaos atentos.

Un besazo. Gracias por todo

Usagi -fue lo primero que dijo Souichi entrando al cuarto que compartían Judith y Haku haciendo que la pareja diera un brinco por culpa del susto.

-¿que dices?

-Fue Usagi, Usagi se ha llevado a Morinaga – dijo casi fuera de si, Judith miró a su pareja que se había quedado pensativo ante la mención de ese nombre.

Judith apenas y si conocía ese nombre, su marido le había comentado algo hacía años, pero ese nombre no era muy querido en la casa Soukata. Por su parte Haku barajaba las posibilidades, no es que ese nombre no le hubiera venido antes a la mente, sin embargo, lo había descartado por falta de pruebas, además de que según sus últimos informes la familia Usagi se había mudado hacía un año a Hong-Kong.

-¿En que te basas?-inquirió dejando a Souichi en silencio. Era estúpido decirle que era porque lo había supuesto a través de los recuerdos de Hikaru, el cual era un fantasma que no se apartaba de su lado. Era estúpido, no le creería nadie.

-Era su acosadora, es la que más papeletas tiene para serlo, además, algo me dice que es ella, y no solo eso -miró a Haku y se mordió el labio- creo que, no, más bien estoy seguro, de que ella tiene algo que ver con el supuesto suicidio de Hikaru.

SE hizo el silencio, un silencio bastante tenso, como los que siempre se formaban ante la mención de Hikaru y su suicidio. Haku miraba a Souchi sin saber que decir, su parte racional le decía que no podía dejarse llevar por los desvaríos del científico, pero algo en su corazón le decía que creyera en él. Suspirando se levantó de la cama dispuesto a hacer varias comprobaciones.

Mientras tanto, en un gran edificio de oficinas de Nagoya, en la que era usada como despacho principal del jefe de la compañía se encontraba encadenado Morinaga. Tenía varios cortes en sus barzos y piernas, su ceja sangraba profusamente, y en su costado había la marca de un gran arañazo. Sus ojos negros estaban nublados por la ira. No estaba solo en esa habitación, había más personas, varias de ellas vestidas con elegantes trajes negros de guardaespaldas, varios de los cuales eran los causantes de sus heridas. Pero lo peor no era eso, no era el estar atado o el que le hubieran golpeado, sino que no era al único que lo habían hecho.

Haru estaba tirada a un costado suyo, su cabello negro y largo estaba esparcido por la moqueta llena de sangre, sus brazos pálidos y escuálidos estaban enroscados alrededor de su crecido vientre el cual no había dejado de proteger durante la paliza, sus ojos azules estaban completamente cerrados, y si Morinaga sabía que seguía viva era porque veía su pecho moverse lentamente, aún así, sabía que si no recibía los cuidados adecuados perdería a su bebe. Al otro lado estaba su compañero de ojos verdes y cabellos blancos sangrando profusamente por el costado, una puñalada era lo que había recibido, Morinaga aún se preguntaba cómo es que seguía consciente. Su fuerza de voluntad era increíble.

Las puertas del gran despacho se abrieron y entonces entró por ella la peor de las pesadillas del kohai del tirano, una chica de cabellos azules hasta la cintura, cara aniñada y ojos verdes, Usagi Kisaragi.

-Ha pasado tiempo Tet-chan. -Saludó la chica, ya mujer, con un tono infantil que hizo que Morinaga se estremeciera.

-No el suficiente Kisaragi.-dijo con marcado asco.

-Parece como si no te alegrases de verme, mi amor.

-¡No soy tu amor!, ¿¡No te entra en la cabeza que soy gay?! ¡Gay!

-Solo estas confundido, yo te quitaré la confusión.-dijo la chica acariciando la mejilla de Morinaga con dulzura, pero una dulzura que le daba asco al de ojos negros, estaba loca, muy loca, y obsesionada con él, lo cual no dejaba de aterrarle.

Usagi acercó sus labios a los de Morinaga con toda la intención de besarle, pero este apartó la cara, solo de imaginarlo le daba asco, a la única chica que había besado de esa manera era a Akira, y sinceramente deseaba que eso solo se limitara a ella, sus besos solo podían ser para Souichi, su querido tirano. Usami gruñó separándose de él.

-Bien, ya que no me besas por las buenas, tendrá que ser por las malas. -y dicho esto chasqueó los dedos. Con terror Morinaga vio como varios hombres de negro se acercaban a Haru y la agarraban por brazos y piernas, separando estas últimas, sabía lo que iban a hacerle. La muchacha pataleaba con fuerza y se retorcía tratando de cerrar las piernas.

-¡Sueltala Usagi!

-Tu no me quieres besar, así que alguien tendrá que recibir el amor en esta sala-dijo con indiferencia, como quien habla del tiempo en un ascensor. -y como con ella te llevas muy bien, ¿que mejor que ella para recibirlo?. Venga muchachos, denle su amor.

-¡Soltadme hijos de puta!-bramó Haru con el miedo en su voz. De sus ojos azules salían las lágrimas de fristración, miedo e ira que ya no podía contener.

-¡Está bien!-gritó Morinaga- ¡bésame, haz lo que quieras conmigo, pero a ellos déjalos en paz!

-Ya sabía yo que atenderías a razones. -volvió a chasquear los dedos y tan rapido como habían cogido a Haru, los hombres de negro, la soltaron. -entonces vamos a ello, dame un beso.

Y eso hizo, sintiendo el asco de esos labios sabor a cereza sobre los suyos, se le revolvió el estómago, y tuvo que forzarse a imaginar que era a su tirano al que besaba. Solo fueron unos segundos, pero a él se le hicieron meses, y no precisamente en el buen sentido. Esa loca los había arrastrado fuera de sus celdas y había hecho que les dieran una paliza sus guardaespaldas solo para tenerle a él para ella sola, la repudiaba, le daba mucho asco, solo quería volver a casa, a su sencilla vida.

-¿Ves no era tan dificil? -sonrio la chica y se giró al chico de cabellos blancos- ¿Ves onichan? Te dije que aceptaría besarme. Morinaga se quedó de piedra y se giró a ver al chico de blancos cabellos que miró con gran odio a la muchacha.

-Estás loca Usagi.

-¿Usami?-preguntó incrédulo.

-Arararara, ¿no me digas que mi hermanito no te dijo su nombre durante todo el tiempo que pasaron juntos? Seguro uso ese estúpido nombre de Shiro. -la chica negó y suspiró- onichan, eso no se hace, es de muy mala educación.

Su vista viajó del chico de pelo blanco a la muchacha, ¿cómo podía haber llegado a esos extremos de locura Usagi como para hacerle eso a su hermano?

-Mala educación es lo que haces tu Usagi, y de paso delito.-escupió con odio.

-¿Lo dices por esto o por lo de hace años?

-Ambas.

A estas alturas Morinaga no entendía nada, y para que decir Haru, la cual lo único que tenía en mente era que uno de sus mejores amigos tenía por hermana a la muy bastarda que la había secuestrado junto a su marido y por la cual temía perder a su bebe.

-¿A que te refieres con hace unos años?

-mmm, me pregunto sí debería decirte, Tet-chan-la chica hizo un leve puchero- bueno, supongo que ya no pasa nada, ha pasado mucho tiempo, y nuestra relación debe basarse en la sinceridad. -Usami tembló al ver a su hermana con una sonrisa que el catalogaría de demoniaca- ¿te acuerdas de tu querido Hikaru-kun? ¿Ika-chan para ti?, bueno digamos que no se suicidó él solito.

-No…

-Yo le eché una mano, o mejor dicho una cuerda. -la muchacha rió levemente mirando al techo.- la verdad es que fue interesante verle morir, y como llamaba a mi Onichan con su último aliento.-miró entonces al de cabellos blancos- debiste haberle dicho tú algo también onichan.

Morinaga se había quedado de piedra, en su mente se repetían las palabras de Usami junto con la imagen del cuerpo colgante de su mejor amigo, la ira inundó su cuerpo y vio rojo, antes de que alguien pudiera hacer algo se había abalanzado contra Usagi empotrándola contra la mesa de madera del despacho. Ella era la causante de la muerte de Hikaru, ella era causante de que él y Akira se separaran, ella era la causante de que Akira se rindiera con el amor, iba a matarla. O al menos eso pensaba hacer.

-Te voy a matar -dijo mientras como podía la golpeaba. Estaba desquiciado.

Por suerte para Usagi entre tres guardaespaldas pudieron quitárselo de encima, aunque hicieron falta cinco para reducirle en el suelo, Morinaga estaba furioso, muy furioso.

-Tet-chan, que violento, y yo que solo te he dicho la verdad.

-¿¡Cómo pudiste!?, Hikaru no te había hecho nada, incluso era amable contigo.

-Volvió gay a mi hermano, le confundió -se excusó- como hermana debía devolverle al buen camino, de una manera o de otra.

-¡¿Y tú cómo pudiste permitírselo?!, ¡¿Acaso no amabas a Hikaru?!, ¡¿Sabes cuanto sufrió por tú culpa?!-bramó mirando a Usami que solo agachó la mirada- ¡Cada maldito día tratando de olvidate, de no amarte!, ¡No te mereces el amor de Hikaru ni su perdón!.

-¡Ella me amenazó!-bramó Usami sin poder más, de sus ojos verdes salían lágrimas-¡me dijo que me mataría a mi, ¿Que hubieras hecho tu?!

-¡Moriría antes!, ¡Antes morir que matar a la persona que amas!

-Eres despreciable -susurró Haru como colofón a lo dicho por Morinaga.

-Bueno, no es como si ya tuviera remedio. -dijo Usagi- el chico ya está muerto y tu Morinaga, vas a ser mío.

-¡Eso no te lo crees ni tu perra! -dijo una voz tras la puerta, que se abrió de golpe. Una voz que Morinaga conocía bastante bien.

-Sempai-susurró.

-Morinaga es mío.

-Vaya, si es el caballero que viene a salvar a su princesa.-la sonrisa que la chica iba a esbozar se le borró en cuanto vio que tras el de cabello cenizo venía media Interpool, y encabezándolos Haku Soukata-y no viene solo.

-Usami Kisaragi quedas arrestada por tráfico de personas y por el asesinato de Hikaru Soukata. -dijo Haku armado, apuntando con la pistola a la chica que simplemente alzó las manos.

Mientra tanto Souichi se había acercado a Morginaga y había comenzado a desatarlo con premura. En cuanto se vio suelto, el moreno, atrajo a su sempai y lo besó con fuerza, importándoles a ambos muy poco que hubiera más personas en la sala, solo querían la prueba de que estaban ahí los dos, lo demás no importaba. Entre los brazos de Morinaga, Souichi sentía que todo volvía a su cauce.

-Sempai, sempai -le llamaba Morinaga enterrando su rostro en el cuello del otro, dioses, le había extrañado tanto.

-Todo esta bien Morinaga, todo está bien ahora.

Sin embargo no todo lo estaba. En un descuido de uno de los policías, Usami se había hecho con una pistola y ahora apuntaba a la pareja. De sus ojos verdes salían las lágrimas de un loco corazón roto, el resto de policías la apuntaba y le ordenaba bajar el arma, Morinaga por su parte se puso entre su sempai y la chica, si ella iba a disparar a alguien, no iba a dejar que fuera a su adorado tirano.

-Debí matarte en aquel momento, debí matarte cuando Masaki te dejó tan destrozado. -lloraba la chica sin dejar de apuntarle.- debiste aprender algo de todo esto Morinaga, proteger a tu pareja no te servirá, -ella se relamió una lágrima que fue a parar a sus labios- si no eres mío no eres de nadie.

Y disparo. Y al sonido de los disparos le siguió el sonido de los cristales rotos, dos cuerpos que caen al vacío de la noche mientras que otro lo hace sobre la moqueta. Dos gritos se oyen en la noche, dos sonidos agónicos que se apagan dejando tras de si el silencio solo roto por las alarmas de los coches.