Aquí el Epílogo n.n ...
To be a Princess… for Dummies
By Maureen
- Epílogo -
- Quisiera saber cuando vas a volver. ¡Te extrañamos! - decía la voz de su mejor amiga al otro lado de la línea.
- En menos de lo que crees, Janis. – rió Misty. – Seguramente en un par de semanas, ya sabes que Ash ha tenido que viajar a Londres y estas vacaciones se alargaron… -
- No, vacaciones no. Él no debería estar tan lejos de ti. – reclamó.
- Janis, él solo… tuvo una pequeña emergencia. – le explicó. - Además, nos la hemos pasado muy bien antes de… -
- Si, si, seguro. No me lo tienes que contar todo. Ustedes dos se divierten mucho desde ya casi tres años… Sobretodo en ese tour cultural en Europa al que te llevó. – denunció. – Seguramente aprendiste mucho, Mist, pero no estoy segura si fueron artes exactamente… - dijo Janis con ironía, haciéndole ver el doble sentido de su acusación.
Misty se mordió un labio. No podía discutir con su amiga sobre eso por teléfono. Tuvo que contener su respuesta.
- Si, bueno. En general, nos la hemos pasado bien. – enfatizó Misty.
- Me lo imagino. – se burló su amiga. – Y ahora que por fin has terminado la universidad Daisy no puede detenerte con excusas. –
- Eso también ayudó. – sonrió Misty. – Definitivamente. –
- ¿Algún nuevo paso? –
Suspiró. Sabía que Janis se refería a que si habían avanzado algo en su relación, además de su actual estado de convivencia como una pareja ya estable.
- Nada nuevo. – confesó Misty.
- Mmm. – pensó Janis. – Tal vez esté esperando a sorprenderte en tu cumpleaños. – le dijo. – Es en un mes, ¿Cierto? –
- Sí. –
Había olvidado lo pronto que se avecinaba su cumpleaños número veintitrés. Ya era una adulta por completo. Una mujer preparada para todo…
- Ten paciencia entonces. – la animó Janis. – Ash siempre ha sido de los que se le dan bien las sorpresas. -
- Es verdad. – suspiró Misty.
- Entonces relájate esas últimas semanas y vuelve pronto, porque Ash no es el único que tiene una sorpresa de cumpleaños para ti. – casi pudo sentir que Janis sonreía, aún sin verla realmente. Misty sonrió.
- ¿Debo asustarme? –
- No demasiado. – rió Janis. – Debo irme, no todas estamos de vacaciones en Molvania. –
- Hablamos luego, Janis. – le dijo a su amiga.
- ¡Adiós! –
Colgó el auricular y suspiró. Echó un vistazo a la habitación en la que se encontraba, la habitación de sus padres. Había pedido que dejen todo tal cual, no deseaba cambiar nada de nada, y eso Antonia también se lo agradeció. Para ella significaba tanto…
Ella estaba más que bien. El congreso salió a la perfección y ahora llevaba una República ya hacía tres años, donde ella era la gobernadora y Arthur la ayudaba. La ayudaba mucho.
Todo había resultado muy bien en Molvania, los problemas ya eran cosa del pasado. Luego de encariñarse tanto con su tía, Misty no pudo negarle a Antonia la petición de que fuera a visitarla dos veces por año al castillo de los Labourd. Además, la idea de vacacionar en un castillo que, por parte era suyo, se le hacía muy apetecible.
¡Y ahí estaban! De vacaciones… Aunque lamentablemente, para Edward esa palabra valía poco. Por algún motivo que ella desconocía, Ash tuvo que volar hasta Londres, dejándola sola ya casi dos días enteros.
Suspiró otra vez, ya cansada. Eran casi las once… Encendió el televisor de la habitación y se recostó a los pies de la cama, mirando sin mucho interés. Después de pocos minutos de aburrió y fue al baño para refrescarse, había sido un día muy largo y cansado… Tomó una ducha rápida. Eso la recompensó. Las noches en Molvania eran calurosas… Descolgó un pequeño camisón de baño color negro de satén y se lo colocó encima. Después de secar por unos minutos su cabello húmedo, se decidió volver a la cama e intentar dormir.
Abrió la puerta del baño y caminó descalza hasta el borde de la cama sin mirar atrás…
- Rayos. – una voz masculina la sobresaltó. - Como me hubiera gustado poder entrar a ese baño antes de que cubrieras con trapos innecesarios. -
Misty dio una vuelta brusca, escuchar su voz era algo inesperado… Al verlo así, apoyado en la pared con los brazos cruzados, vestido con esa camisa blanca desabotonada del cuello y esos pantalones negros… Le sonreía, y le encantaba. Misty sonrió.
- Tienes mi permiso de interrumpirme siempre que quieras. – le dijo ella.
Ash rió entre dientes y se acercó rápidamente para juntar sus labios con los de ella en un beso pasional y hambriento. Como lo había extrañado… Se aferró a él con fuerza. Al terminar, ambos necesitaron de más de un segundo para retomar su ritmo normal de respiración. Misty rió.
- Creí que demorarías hasta mañana… o tal vez más. -
- Hice todo lo más rápido que pude. – le dijo él. – Me sentí muy mal dejándote sola cuando se suponía que estaríamos juntos. –
- No te preocupes. – acarició por detrás de su cuello con una de sus manos. - Seguro que Edward te necesitaba por algo. –
- No nos volverá a molestar más. – prometió. – He hablado con él… -
- Me da gusto. – sonrió la pelirroja. – Y volviendo al tema… - su voz cambió a un tono más serio. - ¿Trapos, dijiste? – colocó ambas manos a la altura de la cadera. Ash rió.
- Bueno… soy de la idea de que no necesitas cubrirte ni un poquito. –
- Con que sí. – alzó una ceja. – Está bien. Pero este camisón me gusta y te prohíbo que lo desmerezcas de esa forma. –
- Trato hecho. – abrazó su cintura y la atrajo a sí. – Pero podemos deshacernos de él esta noche… - sonrió y se acercó a besar su cuello. Ella bufó.
- No te cansas, ¿Verdad? –
- De ti nunca. – dijo contra su piel.
Misty puso los ojos en blanco y luego lo besó suavemente. Comenzó despacio, como siempre acostumbraba hacerlo, o al menos la mayoría de veces. Los besos se fueron intensificando poco a poco, cada vez más ardientes, se eran irresistibles el uno al otro. Ash la tomó en brazos con tanta facilidad que parecía que Misty no pesara más de diez kilos. La llevó hasta el lecho, donde la recostó, aún besándola. Se acercó hasta posarse con cuidado sobre ella. Misty rodeó su cuello con sus brazos. Lo necesitaba. Ash tomó ambas muñecas suyas y las besó. Se detuvo un momento…
- ¿Sucede algo? – preguntó Misty algo confundida. Ash sonrió.
- Si… de hecho tienes razón. – le dijo pensativo y se recostó al lado de su compañera.
Misty se apoyó en un codo para levantarse un poco y mirarlo con curiosidad. Él seguía con esa sonrisa torcida dibujada en su rostro.
- Me parece que debemos hablar, ¿No crees? – le dijo. Misty parpadeó con los ojos muy abiertos. ¿Se había interrumpido para únicamente hablar?
- Hablar… - repitió Misty sin entender. - ¿Sobre qué? –
- Nosotros. – respondió con naturalidad. – El pasado, el presente… el futuro. – agregó en un susurro.
- Oh… - Misty se sentó con los tobillos cruzados y se abrazó las piernas. – Ya veo. -
Ash se posó a su lado y acarició una de sus pantorrillas con delicadeza.
- Estuve pensando en ti estos últimos días… - comenzó a decir. – Puse atención a todo. Cuanto te extrañaba, cuantas veces decía tu nombre durante el día, cuando me preguntaba qué estarías haciendo… todo. – se alzó para besar su mejilla. – Y me puse a pensar también cuántas veces me había sentido igual. La impotencia que siento cada vez que no te tengo cerca, de no poder saber de ti… -
- Ash… - tomó una de sus manos.
- Y sobretodo, - continuó él. – recordé lo feliz que he sido desde el primer momento que pasé contigo, y lo increíblemente afortunado que soy de tenerte a mi lado. –
Misty sonrió. Era maravilloso poder escucharlo decir aquello. Ash siempre le recordaba cuanto la amaba y cuan perfecta era para él, pero la manera con que decía eso último… Por poco hacía que se le escarapelara el cuerpo.
- Tienes mi corazón. – runruneó ella. – Eso lo sabes, ¿Verdad? – Ash sonrió y la besó.
- No hay cosa que yo atesore más. – le susurró.
Misty apoyó su frente en la de él y soltó una risita. Ash la abrazó y la haló para sí, cayendo así los dos. Se quedaron así, ambos abrazados sin decir nada. A veces eso se sentía mejor que cualquier otra cosa…
- No me has contado sobre tu viaje. – dijo Misty. - ¿Que tal estuvo? -
- Aburrido. – suspiró Ash. Misty rió.
- ¿Cual era la emergencia? – preguntó.
Sentía bastante curiosidad sobre aquel tema. ¿Qué otro trabajo tendría Edward para Ash si este ya se había retirado de ser agente? Ash se demoró en responder. Sus labios se curvearon un poco y luego soltó una risotada.
- ¿Qué pasa? – preguntó Misty intrigada. Ash negó con la cabeza mientras sus risas cesaban.
- Nada. – le aseguró. – No era ninguna emergencia. Al menos no de ese tipo. –
- ¿Entonces? – Misty frunció el ceño. - ¿Qué cosa era tan importante como para que te obligue a dejarme? –
- Estaba algo alterado. – explicó con calma. – Ha encontrado a alguien... –
Misty alzó las cejas. Aún no comprendía la gravedad del asunto.
- Se llama Annete y es una recepcionista. – le dijo Ash. – Una mujer de treinta, viuda y con una hija de seis años. -
La mandíbula de Misty pareció quedar descolgada. Intentó decir algo pero solo balbuceó. ¿Que Edward QUE?
- ¿Está… saliendo con esa mujer? -
- Más que saliendo diría yo, y creo que la cosa va en serio. – dijo Ash tranquilo. – Me alegro de verdad, hacía mucho tiempo que no lo veía feliz. –
- Vaya… - Misty seguía como anonadada. – Una recepcionista. –
- Si, a mí también me sorprendió. Pero el amor llega de muchas maneras y no todas usuales. – se acercó para besarla.
- Por supuesto que no. – respondió Misty con ironía. Ash rió entre dientes.
- No somos el mejor ejemplo, ¿Eh? -
- Diría que no. – lo besó. – Pero no me molesta para nada. –
- Que suerte, tampoco a mí. – sonrió y le devolvió el beso.
Siguieron con los besos por unos minutos, hasta que Misty, al recordar algo, lo apartó rápidamente. Lo miró con el ceño fruncido.
- Un momento. – dijo ella. - ¿Qué estás haciendo en mi habitación? Solo Antonia tiene la copia de la llave y ella nunca te permite pasarte después de las diez. -
- ¿Estás molesta? – parecía confundido.
- No. – resopló. – Pero, ¿Cómo? – Ash sonrió con suficiencia.
- Hice un trato con Arthur, ya ves. – le explicó. – Tranquila, Antonia debe entender que ya no tienes quince años. –
- Si, bueno, veintidós tampoco es mucho… - comentó ella. – De todas maneras, no me refiero a eso pero… -
- Hasta los castillos tienen una llave maestra, Mist. – rió entre dientes. – Y siendo agente… -
- Ex agente. – corrigió Misty. – ¿O acaso tienes a alguien más para proteger? –
- No, solo a ti. – le afirmó. - ¿Eso te parece bien? -
- Bien. – ella sonrió. Se irguió hasta poder sentarse y se acomodó el camisón que, gracias a su compañero, estaba medio desatado. – Solo espero que no se infarte cuando te encuentre aquí en la mañana. –
- Oh, vamos. – se quejó. – Puedo decirle que me levanté muy temprano y pasé a verte… -
- Si, seguro. Y ella se lo tragará. – se burló Misty.
- Puedes hacerte la dormida. –
- Si, y me encontrará durmiendo desnuda. – alzó una ceja. – Gran idea. –
- ¿Y por qué tendrías que estar desnuda? – preguntó él con una risita.
Misty encogió los hombros y lo miró con las cejas altas y los labios fruncidos. Ash puso los ojos en blanco y rió.
- Si, bueno. – sonrió Ash. – Lo admito. - Misty suspiró. – De todas formas, ya veremos que le decimos en la mañana. – acarició su cuello con la yema de sus dedos, que fueron deslizándose poco a poco hasta descubrir un hombro desnudo. Se acercó a ella para besarla en los labios. - ¿Podemos? -
¿Cómo rechazar aquella petición cuando ella lo deseaba tanto? Se sintió vencida, y lo odiaba. Detestaba verse tan sumisa siempre que se trataba de él. Sabía exactamente qué decir y cómo decirlo. Sabía exactamente cómo amarla…
Sin responder, acercó ambas manos al cuello de su camisa y terminó por desatar los botones despacio. Ash sonrió mientras esperaba a que terminara. Una vez terminado el trabajo, Ash se apresuró a besarla en los labios y la recostó con cuidado a la vez que Misty entrelazaba sus brazos alrededor de su cuello. La manera en que sus cuerpos se amoldaban era perfecta. La noche era perfecta. La vida era perfecta.
*****
Cuatro días habían pasado. Días maravillosos. Era bastante bueno poderse relajar una temporada, sobretodo luego de haber terminado la universidad. Definitivamente ese era un motivo de celebración. Mucha celebración. Y al parecer se le había escapado de las manos…
Misty caminaba de un lado a otro, ida y vuelta. Nunca pensó que se volvería a sentir así de intranquila, al menos no tan pronto…
Trató de zafarse de la cabeza eso que la tenía media mareada y hacía que su corazón latiera a triple ritmo, fue directo a la mesa de cama de su madre y tomó el diario que ella le había dejado. Se dispuso repasar las últimas páginas, las que ella se había encargado de llenar con su propia historia.
Era bastante buena escribiendo, y la relajaba cada vez. Pasó página por página… París, Florencia y Sicilia, Delfos y Atenas, Londres y, por supuesto, Molvania… Esas fueron las vacaciones que había tomado con Ash luego de abdicar al trono. Hacía tanto tiempo… y tantas cosas habían pasado ese mes de viaje que tuvo que ser poco detallista para escribirlos en papel. Sobretodo lo último: el congreso de Antonia, que había ido a la perfección. Molvania por fin se había convertido en una República, y, para sorpresa de varios, Antonia había terminado por ser gobernadora. Claro, se encontraba más que feliz con Arthur a su lado en aquel bello palacio.
Sonrió. Sabía lo bien que se sentía cuando las cosas salían como uno lo esperaba. Eso la hizo recordar qué cosa ella estaba esperando… si es que acaso…
- ¿Amor? – Ash llamó y tocó la puerta un par de veces. - ¿Sigues ahí? Has estado encerrada como una hora entera… -
Sintió un nudo en la garganta y su corazón dio un vuelco.
'Maldición, cambia de color ya…'
- Dame un minuto… - dijo sin ánimos. Estaba demasiado concentrada en aquel dispositivo de color blanco que llevaba en mano. – Vamos… - susurró para sí.
Escuchó como Ash se reclinó en la puerta que daba a la alcoba de sus padres. Eso la puso más nerviosa. No había cosa que ella deseara más en ese momento que privacidad. Necesitaba pensar.
Agitó la prueba una vez más, esperando un cambio de color. Parecía que aquella cosa demoraba tan solo para molestarla.
'Una línea… dos líneas… ¡Vamos!'
Dejó de taconear en el suelo cuando comenzó a ver un pequeño tono rosado variar a morado… dos líneas. Era positivo.
Por un segundo sintió que se ahogaba…
- Oh, por Dios. – se oyó decir en voz alta sin haberlo previsto.
- ¿Pasa algo malo? – preguntó Ash preocupado. – Déjame pasar, Misty. –
No respondió. Agitó la prueba un par de veces más, tal vez era un error. Pero no cambió…
- ¡Oh, por Dios! - dijo aún más fuerte. – Imposible… - susurró.
Pero no era imposible, y ella lo sabía a la perfección. ¿Cómo había podido ser tan irresponsable? Era demasiado joven… Recordó que, hacía ya unos tres años, en el crucero, a la vez de hacer la misma prueba, una pequeña parte de ella deseaba que diera ese mismo resultado, pero lo interpretó como un instinto de maternidad tan natural en muchas mujeres… Aún así, tenía sólo veintidós años, y ya estaba embarazada…
- Voy a entrar. – escuchó gruñir a Ash cuando este empezó a forcejear la puerta.
Observó como se movía de forma casi violenta, pero no hizo mucho por evitarlo. La puerta se abrió con un crujido, y Misty se preocupó aún más de que esta se haya estropeado. Ash se apresuró a ella a paso fuerte y el ceño fruncido, mientras que la prueba colgaba de su mano sin fuerzas. Tenía la mirada media perdida y se tumbó a la cama sin prestarle atención a su novio.
- ¿Me vas a decir que pasa? – denunció ya irritado.
- Mmmm… - parecía más un gemido de dolor que una respuesta. Ash se sentó a su lado.
- ¿Tienes algo? ¿Estás enferma? – su tono había cambiado a ser de preocupación. Misty puso los ojos en blanco y se quejó.
- No estoy enferma. – dijo algo irónica.
- No entiendo entonces… - parecía confundido.
Alcanzó su mano libre y la estrechó. Buscó la otra, pero cuando intentó sostenerla, ya había algo que ella tenía aferrado con fuerza.
- ¿Y eso? – preguntó Ash.
Misty se levantó hasta quedar sentada. Soltó la mano de Ash y sostuvo el dispositivo con ambas manos, jugueteando con él cabizbaja, sin responder. Ash miró más de cerca aquella cosa, y al darse cuenta de lo que era tragó saliva y sus ojos se abrieron al máximo. No necesitaba ser un genio para saber de que se trataba…
- Eso es… - apuntó la prueba con un dedo.
- Tenemos que hablar de algo… - dijo Misty con seriedad, aunque su voz era monótona.
- Si, seguro. – Ash estrechó el brazo de su compañera. – De lo que sea. – intentó que no se notara el temblor de su voz, la idea de ella pueda estar…
Misty cerró sus ojos y tomó aire. Sin saber por qué, una sonrisa curvó sus labios y soltó una risita, aunque más era de nervios y miedo… Posó una de sus manos en su vientre.
- Estoy embarazada. – lo soltó con tanta naturalidad que le sorprendió.
Ash sintió su sangre helarse. Se lo temía, pero era peor escucharlo, la idea le aterraba… Embarazada. Sintió una punzada fría de culpabilidad, si tan sólo él hubiera tomado más precauciones… Se aclaró la garganta.
- Ya veo. – dijo con firmeza. - ¿Cómo te sientes tú? -
Misty lo miró con incredulidad, se esperaba otro tipo de reacción. Dejó la prueba a un lado y suspiró. Rió de nervios.
- Pues… no lo sé bien… - dijo Misty con el ceño fruncido, aunque sonriendo. – Es extraño… Debí darme cuenta antes, pero solo tenía un par de semanas de retraso y no era nada que no me hubiera pasado antes… - el aire se escapó de sus labios en otra carcajada. – ¡Por Dios, no puedo creerlo! - se volvió a tumbar a la cama y cubrió su rostro con las manos.
Ash se mordió el labio inferior. Era difícil estar en esa situación. ¿En qué momento se le había ocurrido que él podría encargarse de tal cosa como un bebé? Una vez se hizo la idea… cuando salió ese falso rumor, ¿Cómo había estado tan controlado entonces? Ya era muy tarde para lamentarse. Además, ¿Por qué lamentarse? ¿No era un hijo felicidad? Él y Misty ya estaban bastante conectados durante los tres años que ya llevaban juntos. ¿Qué de malo tenía un niño en su relación? Ese pensamiento le llevó a sonreír. Con cuidado, se posó sobre Misty y alcanzó sus labios con un beso ligero. Ella quitó ambas manos de sus ojos y lo miró confundida. Él le sonrió.
- Estoy contigo en esto, ¿Sabes? – le susurró y volvió a besarla. – Los dos juntos, no va a pasar nada malo. -
- Yo creí que tú te enfadarías… - ella frunció el ceño. – Además de mis hermanas… -
- ¿Por qué tendría que molestarme contigo? Si debiera enfadarme con alguien sería conmigo mismo, es por mi culp-.-
- ¡No es cierto! – interrumpió Misty. Luego aclaró su garganta al darse cuenta de que había gritado. – Digo, - se ruborizó. – para hacerlo se necesitan dos, ¿Verdad? – Ash rió.
- Si, es verdad. – acercó sus labios una vez más. Ese beso fue más largo y hambriento. – Pero aún así, me siento mal por haberte dado algo que tú no deseas… -
- ¿Quién dice que no lo deseo? – Misty lo separó de ella algo agresiva.
Ash abrió los ojos confundido. ¿No estaba molesta con él por dejarle esa carga? No podría volver a la universidad en ese estado, sus hermanas seguro la recriminarían… ¿No la había herido con eso acaso?
- ¿Quieres conservarlo? – le preguntó Ash. - ¿En serio? -
- ¡Por supuesto que sí! – se veía ofendida. – Es tuyo… ¿Qué esperabas? – su voz casi se cortó.
Vio como sus ojos brillaban, parecía que estaba a punto de llorar. Rayos, debió omitir ese tonto comentario. Le sonrió y acarició su mentón.
- Nada, mi amor. Sólo preguntaba… Es que yo creí… -
- ¿Qué cosa? – demandó ella. Ash suspiró.
- Creí que te molestaría tener que cargar con un hijo tan pronto… - Misty se mordió el labio inferior.
- Bueno, es algo que no me esperaba. Pero no significa que no pueda o no esté dispuesta a hacerlo. – sonrió débilmente. – Además, no sería una carga. Es mi hijo, Ash. –
- Nuestro. – él también sonrió. – O nuestra… Podría tratarse de una nueva princesita. –
Dijo eso de forma tan dulce que se sorprendió a si mismo. ¿Cómo podía esa criatura hacerlo sentir de esa forma sin haber nacido aún? Apoyó con cuidado su oreja en el vientre de Misty. Ella acarició sus cabellos con sus manos libres.
-¿Vas a decírselo a Antonia? –
- Tengo que. – suspiró con cansancio. – Al igual que a mis hermanitas. –
- Ellas no pueden juzgarte, tú tienes tu propia vida ahora. – la animó, sabía que ese tema le preocupaba más que nada.
- Te equivocas. – sonrió ella.
- ¿Qué? – levantó la cabeza para verla. – No entiendo. -
- No es propia, también te pertenece a ti. – le dijo y esta vez fue ella quien se inclinó para besarlo. Ash sonrió.
- No me voy a quejar. – bromeó.
La ayudó a ponerse de pie con cuidado, ahora eran dos personas amadas las que tenía que proteger. Misty se acomodó el cabello que se había despeinado a la hora de lanzarse a la cama y también la blusa celeste que traía puesta. Se colocó ambas manos en el vientre y lo frotó con cariño, sonriendo. Era algo enternecedor. Ash se acercó y la rodeó con sus brazos.
- Tenemos que llevarte al médico para ver cuando nacerá. – le dijo con esa media sonrisa que la derretía. Lo miró con dulzura.
- Sí. Mi pequeño príncipe… - sonrió a la vez que bajó la vista a ver su vientre aún plano. – O princesita… -
Ash no miró lo que acariciaban las manos de su compañera, la miraba con una intensidad que parecía arder. Ni si quiera sonreía ya, solo la miraba… profundamente, hasta que quedó prendido de ella. Cuando Misty se dio cuenta, quedó prendida en su mirada de fuego.
- Te amo. – le dijo él. Misty se sintió desfallecer, a poco y caía al piso, sumisa, otra vez.
- Yo también te amo. – respondió sin aliento. Siempre le pasaba eso cuando él la miraba de esa forma.
No hubo tiempo de más palabras. Él la aprisionó en sus brazos y la tumbó en el lecho tan rápido que hasta se olvidó de respirar. Casi le pareció un sacrilegio estar utilizando la cama de su madre para estar con él de esa forma, pero era muy tarde para echarse atrás…
*****
Misty se despertó una mañana fría y soleada, y se encontró con nada menos que Ash sentado a su lado, acariciando sus cabellos una vez más… Había tomado por costumbre hacer eso. Dormían en habitaciones separadas, claro, al menos la mayoría de las veces. Ella en la de sus padres y Ash en otra que había por ahí – y habían varias. Pero se levantaba muy temprano para acompañarla hasta que ella se despertara.
- ¿Hace cuanto estás aquí? – preguntó adormilada.
- Un par de horas. – le sonrió él.
- ¿No te aburres? –
- Me gusta estar contigo. – aseguró.
Misty se levantó a darle un beso rápido en los labios. Siempre le preocupaba su aliento en las mañanas y evitaba cualquier cosa que durara más de medio segundo. Salió de la cama rápidamente y corrió al baño. En unos diez minutos, salió ya aseada y peinada, llevando ese camisón de seda color rosa que usaba para dormir. Se apresuró a llegar a los brazos de Ash, quien la acunó en sus piernas.
- ¿Ya hiciste todas tus llamadas? – le preguntó él.
- Sí. – afirmó ella. – Pero aún no le he contado a nadie la gran noticia. –
- Bueno, así te ahorras un infarto o dos. –
Lo golpeó de forma juguetona en el hombro y él soltó una risita.
- ¿A qué hora salimos hoy? -
- Tenemos que estar en dos horas en el aeropuerto. El avión sale a las dos pero es mejor estar una o dos horas antes para evitar cualquier problema. – le explicó Ash. – Tampoco quiero que te agites mucho. – Misty bufó.
- Ya te he dicho que me siento con igual energía que siempre. – se quejó. - El doctor dijo que empezaría a sentir todos los cambios desde el segundo mes. -
- De todas formas, no quiero que nada pase. – Misty puso los ojos en blanco.
- Te preocupas de más. – le dijo. – En fin, será mejor que empaque mis cosas. – se levantó de su regazo. - Quiero tener tiempo para despedirme de Arthur y Antonia. –
- Están cabalgando. –
- ¿Tan temprano? – preguntó extrañada.
- Parece que Arthur quería hablar de algo con Antonia. – forjó una sonrisa. – Algo importante. –
Misty sonrió. Sabía de qué se trataba, Arthur había insinuado un par de veces qué sería si le propusiera matrimonio a Antonia. Se le hizo muy romántica la idea, a pesar de su edad. Pero nunca era demasiado tarde para encontrar el verdadero amor.
- ¡Es maravilloso! – celebró Misty. – Eso la hará feliz más que nada ahora. -
- Si, parece que lo del bebé le afectó un poco… -
- No es cierto, Ash. Se sorprendió eso es todo, como cualquiera lo haría. – le dijo. – Ella no nos juzga ni a ti ni a mí por esto. -
- Si tú lo dices. – Ash se encogió de hombros.
- Es verdad. – insistió Misty. – Ya, tú también deberías preparar tus cosas. –
- Ya lo hice. – Misty arqueó las cejas sorprendida.
- ¿En serio? –
- Anoche te quedaste dormida muy temprano. – le sonrió él. – Tenía que hacer algo que no te incluyera a ti así que aproveché en hacer las maletas. –
- ¿Y no hiciste las mías? – puso sus manos a ambos lados de la cadera.
- No puedo entrar a tu habitación pasadas las diez de la noche y lo sabes. – le dijo con cansancio. – Pequeña regla que tu tía impuso. –
- Si, si, está bien. – se cruzó de brazos. – Lo hago yo. -
'Estúpida regla.'
Ash rió al verla como a paso molesto se acercó a su armario y lo vació de mala gana. Fue donde ella y la tomó por la cintura. Ella lo miró con cara de pocos amigos.
- Yo te ayudo. – le dijo.
- No, yo puedo sola. – gruñó.
La verdad era que si quería que la ayude, tenía que llenar unas tres maletas con toda la ropa que tenía. Pero odiaba sentirse necesitada de él, sobretodo esas últimas semanas.
- Ya, Misty. – suspiró Ash. – Déjame hacerlo. -
- Sólo porque esté embarazada no significa que no pueda hacer nada sin tu ayuda. –
- ¿Ya comenzamos con los cambios de humor? – bromeó sin muchos ánimos.
- Sí, y vas a tener que soportarlos por ocho meses más. –
Ash suspiró y la soltó. No quería otro pleito innecesario, esa última semana habían discutido tantas veces por cosas sin sentido… Se alejó sin decir más.
- ¿Me vas a dejar hacerlo sola, entonces? – se quejó como una niña caprichosa.
Ash se tomó la cabeza entre los brazos. ¡Era imposible! Cualquiera llegaba a irritarse. ¿Era así siempre? Tomó aire para no gritar, no quería que rompiera a llorar otra vez.
- Creí que querías hacerlo tú, amor. – intentó ser dulce, pero no pudo, fue algo fingido.
Misty tomó aire y suspiró con tristeza, sus ojos comenzaban a brillar con las lágrimas que aún no caían. 'Por Dios, no de nuevo…' pidió Ash. Lo mataba verla llorar, era algo que lo desarmaba por completo.
- ¿De veras no te importa que lo haga sola? – su voz temblaba.
No podía soportarlo. Se apresuró a alcanzarla al momento que se agachó y sollozó. La abrazó fuerte y besó su nuca.
- Tranquila, mi amor. No quise que pensaras eso, ¡Pero es que no sé que quieres! – decía desesperado.
- Pues, ¡Estar contigo! – lloriqueó. – No quiero que me dejes sola… -
- No, nunca. – le dijo él. – Me quedaré contigo todo el día si es lo que quieres. –
Ella se dio vuelta para abrazarlo y esconder su rostro en el pecho. No dejaba de sollozar y Ash empezó a preocuparse.
- Ya, mi vida, no llores más… - intentó calmarla. – Dime lo que quieras y lo tendrás. -
- ¡No sé lo que quiero, Ash! – sollozó. – Creo que me estoy volviendo loca… -
- No, no es eso. – Ash sonrió. – Es que todo esto es muy nuevo para los dos. Perdóname si te hice sentir mal, amor. –
Misty se limpió las lágrimas con el dorso de la mano, los sollozos continuaban, pero iban callando poco a poco hasta que solo eran suspiros. Lo abrazó y comenzó a besarlo con necesidad. A él le sorprendió esa reacción de ella, pero le devolvió cada beso con la misma intensidad. Se detuvo antes de que llegar a un punto sin retorno.
- ¿Por qué no duermes un poco más? – le sugirió Ash, su respiración agitada. – Descansa y yo arreglo todo este desorden. -
Las prendas de ropa estaban tiradas por todos lados, debido a que Misty había desarmado el armario al mismo modo que un huracán. Rió un poco.
- La verdad, es que tengo muchísima hambre. – dijo algo avergonzada. Ash le sonrió.
- Entonces te acompaño a que comas algo y luego nos encargamos de esto. – le susurró. – Si es que quieres, claro. – agregó rápidamente para evitar cualquier otro conflicto. - Ya luego nos despediremos de Antonia, luego de que la felicites por su compromiso. –
Misty sonrió débilmente y suspiró.
- Si, eso está bien. – respondió suave.
Ash la ayudó a ponerse de pie y la llevó de la mano hasta el comedor. Empezaban a acostumbrarse a esa etapa de sus vidas, y eso que solo había pasado un mes. No iba a ser fácil, pero la amaba, y eso bastaba.
*****
- Pero, ¡Mira nada más! ¿Qué tenemos aquí? -
- ¡Janis! – exclamó Misty con alegría y corrió a los brazos de su amiga.
Esta la abrazó de bienvenida. Hacía como un mes que no se veían. El vuelo le había parecido más corto que de costumbre, seguramente porque se había quedado dormida la mayor parte del tiempo. Luego de hacer una parada en la casa de sus hermanas y pasar la noche ahí – ellas habían insistido – fue a visitar a su gran amiga. Por su cuenta, claro está. Ash tuvo que contenerse cuando ella le había dicho que quería hacer esa visita sola. Tenía cosas de que conversar.
- Ugh. – Janis frunció el ceño. La separó con cuidado y miró el abdomen de su amiga con curiosidad. – Misty, creo que exageraste un poco con la comida allá en tus vacaciones. - Misty sonrió.
- No, no es exactamente eso. – le dijo.
Manis la miró sin entender. Sin decir nada la hizo pasar adentro de la casa y acomodarse en la sala. Demoró unos minutos para ir a la cocina y preparar un par de bebidas.
- Y bien, ¿Deseas algo fuerte por tu llegada? O prefieres algo suave como champagne… - preguntó desde la cocina.
- No voy a beber, Janis. – dijo Misty, quien seguía sonriendo.
- Espera. – Janis se asomó por la puerta. - ¿No bebes? Algo va mal… - dijo preocupada.
- No, nada de eso. – rió Misty. – Todo va más que bien. Es sólo… - posó ambas manos sobre su vientre. – Que algo nos tomó por sorpresa. –
Janis abrió la boca como para decir algo, pero no salió sonido alguno. Balbuceó algo inteligible y luego sacudió la cabeza. Se acercó rápidamente para sentarse frente a su amiga.
- ¿Q-q-qué me estás tratando de decir? – titubeó. Parecía alterada. Misty suspiró.
- Nada malo, bueno… Resulta que, estoy en cinta. – se mordió el labio inferior.
Hubo silencio por unos segundos, que parecieron mucho más largos. Misty fue la primera en romperlo, ya que comenzó a reír de forma algo nerviosa. Manis alzó ambas cejas, mostrando su sorpresa y la acompañó con risas cortas y secas.
- Esto… ¡Vaya! – suspiró. – Es… - aclaró su garganta. - ¿Cómo te sientes? -
- Bastante bien. – sonrió. – Y rara… - agregó con algo de miedo en su voz. – No voy más de un mes pero es sumamente extraño… aún no lo siento moverse pero… -
- Claro, pero… - su amiga frunció el ceño. – Yo me refería a cómo estás tú con Ash. ¿Han hablado de esto? ¿Sobre qué harán y todo? –
- Pues, voy a tenerlo, claro. – respondió Misty. – Y él y yo… bueno… -
- Oh… - dijo Janis como para sí. – Aún no te ha dicho nada, ¿Cierto? –
- ¿De qué hablas? –
Janis se volvió a ella, parecía haberse distraído por un momento. Parpadeó un par de veces y luego reaccionó con un "¡Oh!". Aclaró su garganta.
- Bueno, - cruzó las piernas. – ya van más de tres años que ustedes salen, y casi dos años que conviven juntos… Yo creería que, ya tú habiendo terminado tus estudios, ustedes irían… más lejos. – Misty no parecía entenderla. Janis puso los ojos en blanco. – Me refiero, - dijo más claro. – a dar un paso más grande. –
- ¡Oh! – Misty alzó las cejas y abrió los ojos como platos. – Eso… -
- Uh huh… -
- No lo hemos conversado… - dijo Misty con la mirada en el vacío. – De hecho nunca tocamos el tema. – Janis suspiró.
- Pues ya va siendo hora, ¿No crees? Sobretodo con este niño que se viene. –
- Tal vez, pero no quiero apresurarlo a nada… - musitó.
- Claro. – dio una palmada. – No te preocupes por nada, es sólo cuestión de tiempo. –
Se levantó de su asiento y se acercó hasta donde estaba Misty con la vista algo perdida. Estaba algo preocupada, tenía que admitirlo. Le parecía apresurado… pero era inevitable sentirse mal. Misty realmente se veía contenta.
- De todas formas. – le sonrió su amiga. – Te felicito por todo. Seguro será un bebé precioso. -
Misty la miró con la boca semi-abierta, parecía algo ida. No tardó mucho en responder y sonreírle de vuelta a Janis.
- Ven. - le dijo esta ofreciéndole una mano. – Vamos de compras. -
- ¿Compras? ¿Por qué? –
- Duh. – se burló Janis. – Falta una semana para tu cumpleaños y además vas a necesitar ropa para cuando te pongas más grande. –
Misty la miró con los ojos entrecerrados y juntando un poco las cejas. Janis se echó a reír.
- Es broma. Estarás perfecta igual que siempre. – intentó bajar la tensión. - ¡Ahora vamos! -
*****
- Janis, - le dijo a su amiga, quien conducía. – no solo porque te dejé comprarme toda esa ropa, significa que jugarás siempre conmigo a la barbie. -
Janis torció una sonrisa con los labios apretados. De no haber sido por los lentes de sol que usaba hubiera notado su expresión sarcástica. Misty ya llevaba casi ocho semanas, y no se notaban mucho los cuantos kilos que había ganado. Esa era la ventaja del vestido verde de gasa que llevaba puesto. Llegaba justo arriba de sus rodillas, era fresco y el corte debajo del busto definitivamente disimulaba su leve bulto del vientre.
- De todas maneras, ¿Por qué estamos tan formales? – cuestionó con molestia. – Tan solo seremos Brock, Ash, tú y yo viendo tontas películas… -
- Sí, Uh huh… - fue lo único que dijo la morena. Se mordió un labio para que la pelirroja no notara su gracia.
- … y seguramente pedirán una pizza si es que ninguno se digna a cocinar. ¡Me siento una completa idiota usando esto! –
- Te ves linda y punto. – concluyó Janis.
- Bueno, pero es innecesario. – dijo mientras se apoyaba en el asiento del copiloto.
- Ya veremos… -
Msty resopló y se dejó caer en el asiento. Estaba tan distraída que no se dio cuenta cuando Janis viró el auto para dirigirse a otro lugar en vez de donde se suponía que iban… No fue hasta que detuvo el auto y con una sonrisa de suficiencia anunció el "¡Ya llegamos!". Se apresuró a ayudar a su amiga a bajar del auto. Esta levantó la vista y vio la mansión que tenían en frente. Abrió la boca…
- ¿Qué hacemos aquí? –demandó.
- Oh, solo pasamos a saludar. – sonrió Janis. Misty frunció el ceño.
- No vas a pensar que me voy a creer eso, ¿O si? – dijo ella. – Ya, en serio. –
- Vamos, solo un segundo… - suspiró su amiga. Misty alzó las cejas y soltó una risa sarcástica.
- ¡Planearon todo esto! – exclamó molesta. – Estoy segura, eso lo explica. –
- Bien, o bajas o llamo a alguno de los de seguridad. Dudo que te pueda cargar ya… -
- ¡Esta bien! – dijo Misty. – Ya bajo… -
Sin muchas ganas, lo hizo. Janis parecía más que complacida. Tocaron la gran puerta de la entrada. Ya comenzaba a anochecer, y el jardín poco a poco comenzó a iluminarse. Era casi igual a aquella noche del baile, pero no había tanta gente… La verdad es que no había nadie. Se abrió la puerta.
- ¡Carole! – exclamó Misty y una sonrisa apareció en su rostro. - ¿Qué haces aquí? -
- Bienvenidas las dos. – saludó la mujer muy amable. – Es un gusto verla de nuevo, Alte-.-
- No, no. Misty. – corrigió. – Pero si estás aquí… entonces es cierto… -
- ¡Duh! ¿En donde crees que estamos? Es obvio que si venimos a su casa ella tiene que estar presente. – dijo Janis con ironía.
- Eres una tramposa… -
Una vez adentro, pudo ver que la gran sala de la entrada, estaba ocupada por varias personas que hablaban plácidamente. Un par de mozos se paseaban con bandejas llenas de aperitivos o bebidas. Lily y Violet estaban acompañadas de sus novios - sin mencionar a Daisy quien estaba saliendo ya hacía un año con un tal Tracey - Jill y Patrick, Ariadna - Hans estaba de viaje, como era costumbre - Sarina, Gwen, Brock, Ash, Arthur y Antonia. Todos estaban ahí. La última se apresuró a darle una cálida bienvenida a su sobrina.
- Ya estaba preocupándome si vendrías o no. – le dijo con dulzura. Misty sonrió y se acercó para abrazarla. – ¡Oh! – exclamó Antonia cuando sintió la curvatura de su abdomen. – Veo que va creciendo… -
- Si, es algo rápido. – rió Misty. – Pero, tía… Creí que estarías en Suiza o algo así… -
- Hubo una cancelación de último minuto y no podía permitirme no estar presente cuando Ash me llamó. –
- Oh, ya veo que hubieron varios en el complot. – le lanzó una mirada de reojo a su amiga. Janis puso los ojos en blanco.
- ¿Qué esperabas? ¿Que no celebráramos tu cumpleaños? Veintitrés años no se cumplen todos los días. -
Misty encogió los hombros y suspiró. De veras que no le gustaba ser el centro de atención en ninguna ocasión. Y ella creía que ya casi tres años después lo habría superado.
- De acuerdo. – dijo rendida. – Será mejor que entre a saludar a todos. -
La noche no fue tan mala después de todo. Todos se alegraron de verla, claro, pero fue muy agradable para ella pasar un rato con las personas que más quería. Ella había insistido en que no quería que le regalasen nada pero las chicas se rehusaron a cumplir su petición. Y así entonces obtuvo una semana de crucero con todos los gastos pagos, un cupón para un día en el Spa de la abuela de Janis, un perfume de diseñador – cortesía de Sarina – dos boletos para un show en Broadway y un collar de perlas rosadas de su madre – de parte de Antonia. Se sintió algo incómoda recibiendo tales cosas, pensó que eran demasiado. Ella no necesitaba tanto… Ariadna fue algo menos extravagante y le obsequió una linda pulsera de plata. Misty se sintió más aliviada. Se sintió bastante agasajada y contenta luego del momento de los obsequios, y hasta se permitió brindar con un sorbo de champagne. Ash no la dejaría probar más… Misty salió por un momento a la terraza que daba al jardín trasero. Quería sentir el aire fresco de la noche.
- ¿Te la pasas bien? -
Misty estaba apoyada en un barandal con una copa de agua en la mano. Giró sutilmente y le sonrió al hombre de ojos cafés.
- Bastante. – respondió suavemente. – De veras que no debieron… -
- Querían pasarla contigo para variar. – se puso a su lado. – Las dos últimas veces estabas conmigo en alguna parte de Europa. –
- Si, es cierto. Para ser sincera si extrañaba un poco todo esto. – suspiró. – Pero no necesito de mucho para ser feliz, ya lo sabes. –
- Si. – acarició su mejilla con una mano. – Pero te mereces mucho más. –
Misty sonrió y se acercó para besarlo. Él la abrazó con cuidado y la atrajo más hacia sí. Descansó su frente en el hombro de él. Desde adentro se podía escuchar todo el bullicio de la "fiesta". Soltó una risa. Se sentía bien tener un tiempo a solas con él.
- Estuve conversando de algo con Janis. – dijo él de repente.
Ella levantó la vista y vio en sus ojos un poco de nerviosismo. Lo miró algo incrédula.
- Si, eso parece. – respondió. – Los vi cuchicheando… - Ash rió un poco.
- Tan solo hablamos un par de cosas… -
- Escucho. – Misty levantó ambas cejas. ¿Qué tanto ocultaba?
- Si, claro… - Ash suspiró y se relamió los labios.
Se deshizo de su abrazo y se volvió para el jardín, apoyado en aquel barandal.
- Yo… - comenzó a decir Ash. – no hace mucho le pregunté a Antonia si había algún motivo por el cual tú y yo no debamos estar juntos. -
'¿Qué? ¿Qué está queriendo decir…?'
- ¿Qué dijo ella? – preguntó intentando no sonar alarmada.
- Me hizo la misma pregunta a mí. – Ash sonrió. – Y le respondí que, a mi criterio, no había ninguna razón para alejarme de tu lado. –
- Oh… -
- Y entonces ella me preguntó, - continuó. - ¿Qué crees que respondería ella? –
- ¿Y tú qué le dijiste? – su voz se iba perdiendo.
- Yo, - se volvió a ella. – quería saber qué opinabas tú. – Misty pareció ofendida.
- ¿Tú qué crees? ¿Crees que estaría así de no quererte tanto? – su voz tembló.
Ash alcanzó sus manos rápidamente y las apretó. Tenía unas ganas inmensas de abrazarla, pero no sabía si en esos momentos ella se lo permitiría.
- Misty, sólo quiero saber qué piensas… -
- ¿Te vas a alejar de mí? – sintió como las lágrimas empezaban a remojar sus ojos.
- ¡Claro que no! – le aseguró él. - A menos que quieras… -
- ¡No! – le gritó.
Ash suspiró. Misty luchaba por contener las lágrimas y regular su respiración. Ash cerró los ojos con fuerza y bufó.
- Soy muy malo para esto. – se quejó. – Pésimo. -
- ¿Qué dices? – no lograba entender nada.
Ash vaciló por un momento y luego la abrazó. La besó con cuidado una vez más.
- Ven conmigo. – le susurró.
Misty asintió. No sabía qué esperar pero al parecer no iba a ser nada malo. Ash era tan complicado a veces… La llevó de la mano por el jardín, hasta llegar a aquella pérgola llena de luces y rosas en medio del jardín, rodeada de fuentes de agua. Empezó a sentirse mejor, de alguna forma. Tal vez se debía al ambiente. Sin soltarla aún, la llevó a una banca que estaba dentro y se sentó junto con ella. Suspiró.
- ¿Te sientes mejor? – preguntó con torpeza. Misty hizo una mueca.
- Esa es una pregunta innecesaria, Ash. –
- Lo sé, lo sé. – aclaró su garganta. – Supongo que estoy algo… intranquilo. –
Misty tomó su otra mano y las junto con las de ella.
- No lo estés… - le dijo. – Estamos juntos. -
- Sí… - Ash asintió. Suspiró otra vez de forma pesada. – Soy realmente malo… - Misty sonrió.
- ¿Me puedes decir ya qué pasa? – preguntó dulcemente.
Ash sonrió, pero no con esa seguridad que lo caracterizaba normalmente. Era una sonrisa llena de duda…
- Quiero decirte muchas cosas en este momento. – comenzó. – Tantas… Supongo que me limitaré a lo principal… - de nuevo aclaró su garganta. – Misty, supe desde un principio que tú serías especial para mí. Eres lo mejor que me ha pasado y… me atrevo a decir que la mujer de mi vida. – hizo una pausa. – Estos últimos años… han sido más que perfectos. Eres lo que le faltaba a mi vida. Y no podría vivir ni un minuto sin ti. -
- Ash… - Misty soltó una risita. – No tenías que traerme hasta aquí para hacerme saber esto. – hundió la nariz en su cuello. – Te amo. –
- Misty… - suavemente se retiró de su caricia y la miró a los ojos. – Eres mi vida. – lo último lo dijo con mucha más seguridad. Volvía a ser aquel Ash… - Quiero estar a tu lado. Hoy y siempre. Por todos los años de mi vida… -
Misty contuvo la respiración. Era ella la que empezaba a ponerse nerviosa en ese momento. ¿Era en serio? Esas palabras significaban mucho más que su simple contexto… Sintió como su pulso se aceleró al triple de su ritmo normal y como los ojos se le pusieron redondos cuando él se puso de una rodilla frente a ella, con su mano entre las de él.
- ¿Misty? - dijo él con una sonrisa. Parecía que había ganado toda su confianza.
- ¿Uh? – no tenía palabras. Se sintió como una tonta en ese momento. A Ash pareció hacerle gracia.
Claro, ahora él estaba preparado para todo… ¿Y ella?
Vio como el hombre frente a ella liberaba una mano para meterla en su bolsillo, y de él sacar un pequeño estuche de terciopelo azul.
- Te amo. – le dijo él. Ella asintió sin saber siquiera qué decir.
Soltó su otra mano para abrir aquel estuche. En el interior se encontraba un precioso anillo de oro blanco con un diamante justo en el centro. Misty soltó todo el aire de una sola vez y rió nerviosamente. No se había percatado de que se le habían escapado algunas lágrimas…
- ¿Te quieres casar conmigo? – fue la pregunta de él.
Ahí estaba. Sonriéndole. Se veía tan seguro de si mismo… más que ninguna otra vez. Completamente convencido de su decisión. Ella se cubrió la boca con las manos. Reía, pero no sabía por qué. Si de nervios… de alegría… de miedo… Pero no lo dudó.
- Por supuesto que sí. – dijo casi sin voz. – Sí, sí, sí. -
Se lanzó a sus brazos sin previo aviso. Era una suerte que él evitara que ambos cayeran al suelo. No podía dejar de reír, víctima de la euforia. Pero estaba bien…
- ¿Janis lo sabía? – preguntó.
- Sí. – confirmó Ash. – Sin la ayuda de ella no hubiera tenido el valor de pedírtelo hoy. –
- Tendré que agradecérselo, entonces. – bromeó Misty.
- Seguro. No esperará menos… - Ash puso los ojos en blanco.
- Con razón dijo lo de mi cumpleaños… - dijo Misty pensativa.
- ¿Qué? –
- Nada. – rió Misty. – Entonces, ¿Es este mi regalo de cumpleaños? O vamos a celebrarlo de la manera tradicional… -
Ash arqueó ambas cejas, sorprendido. Se le escapó una risa.
- Creo que tendríamos que esperar a estar solos y en otro lugar que no sea la casa de tu tía. – enfatizó la última palabra. – Pero me parece una buena idea para más tarde. -
Misty se acercó para besarlo otra vez. Más desaforadamente. Y él no tuvo problema con eso. Era bueno que aquella pérgola estuviera lejos de cualquier punto visual dentro de la casa. Janis la mataría de saber que estaba recostada con ese vestido en aquel piso con Ash.
- ¡Ouch! – gritó Misty de la nada.
- ¿Qué pasa? – Ash se levantó, preocupado.
- No, es solo… Oh… - respiró hondo. Se puso una mano en el vientre. – Creo que pateó… -
- ¿Cómo? –
- ¡Si! – Misty rió. – Creo… Se movió. –
Ash la ayudó a levantarse. Misty estaba maravillada. Acunaba su vientre de una forma muy maternal, esperando alguna otra señal de movimiento. Ash se acercó y puso sus manos sobre las de ella. Misty suspiró.
- Supongo que ya está cómodo. – dijo algo decepcionada.
- ¿Quieres ir a recostarte en algún sofá? –
- Estoy bien. – sonrió. Sus ojos tenían un brillo especial. Distinto. – Voy a contárselo a las demás. –
Le sonrió de vuelta. Ofreció su mano y ella la aceptó más que contenta. El diamante brillando en su dedo anular… Y eso no era el perfecto final feliz que ella siempre esperó. No, era el perfecto comienzo…
"-Pero, ¿Todas las niñas somos princesas?
-Si... ese es el derecho de toda mujer."
"-Pero, ¿Todas las niñas somos princesas?
-Si... ese es el derecho de toda mujer."
- Película: La Princesita
Bien, como despedida, espero que les haya gustado el Epílogo. Fue lo que más me costó hacer xD aunque no lo paresca. Bueno, mil gracias de nuevo a los que me acompañaron hasta el final. Y me gustaría que me den su opinión ya que esta historia esta COMPLETA. Un beso y nos vemos en otro fic....
- Maureen
