Capítulo XXIV
Aclaraciones
Edward's POV
Aro aún no tenía decidido hacernos una visita. Si bien la llamada de Carlisle había despertado su curiosidad, por tener además, la información que le había entregado Victoria; al parecer, no pareció encontrarlo tan urgente.
A pesar de esto y, para desgracia de Laurent, parte de la guardia Vulturi ya estaba en camino. Las deudas de honor eran seriamente tomadas y rigurosamente fiscalizadas. Nada que pudiera enturbiar, de alguna manera, la imagen de magnificencia de los vampiros que habitaban Volterra.
La tregua se extendía entonces, dándome un pequeño respiro. No me separaría de Bella, pero por ahora me dedicaría a acompañarla como su amigo e intentaría resarcir todo el daño que le había hecho, hasta que un día, esperaba, me aceptara de nuevo a su lado. Regresé a su casa cuando no hubo más noticias sobre los Vulturis. Frente a ella estaba estacionada una camioneta que no reconocí como de ninguno de sus conocidos.
De la casa dos carcajadas salían interrumpiendo el silencio de la noche. Una de las risas era de Bella; la otra, una voz masculina, no pude reconocerla.
-Si no, no te hubiera conocido. ¡Gracias Jessica!-le decía la voz masculina a Bella.
-¡Oh! No puedo creer que te alegres de sus sufrimientos.
Pude imaginármela con los ojos entrecerrados y una divertida sonrisa adornando sus labios.
-Isabella, Isabella. Isabella.-dijo con coz más seria.-Eres mi salvación. Gracias Cullen por abandonarla.
-No te preocupes más-le aseguró Bella con tono dulce-Todo saldrá bien.
-Eso espero. No se de qué otra forma ayudar a mi hermana. Jamás he podido resistirme a sus caprichos. Espero que sea lo correcto. ¿Podré visitarte nuevamente?
-Por supuesto. Eso queda fuera de discusión. Recuerda que te necesito-soltó con una risita y no pude soportarlo más.
Toqué a la puerta mientras cerraba la otra mano en puño. Sabía que debía comportarme.
Un hombre alto abrió la puerta. Su expresión cambió al reconocerme.
-Es un Cullen, sin duda. ¡Fantástico! Casi pasa por uno de nosotros.
Alcé una ceja. ¿Qué? ¿Quién era él y que sabía de nosotros? ¿Bella le había contado algo? ¿Por qué?
-¿Quién eres?-pregunté, tragándome el mal rato.
Me ofreció la mano al momento que decía:
-Me llamo David. Tu debes ser uno de los hijos del Dr. Cullen.
David. David, el de los sueños de Bella.
¿Tanto había cambiado? ¿Ya no había nada por hacer?
Me dirigí al salón, dejándolo en la puerta, cuando abría la boca para volver a hablar.
Me detuve al ver a Bella. Su semblante me asustó y su mirada me dolió. Estaba parada frente a mí con las mejillas sonrosadas y los ojos vidriosos. Me miraba sin expresión alguna como si quisiera eludir mi estudio. Respiraba con dificultad y no dijo nada al verme. Sentí mi rostro tensado en respuesta.
Bella cerró los ojos un momento y estornudó.
-¿Qué te pasa Bella?-quise saber.
-Tengo alergia-cuadró los hombros y volvió a mirarme.
David se puso a su lado y como si nos conociéramos de toda la vida me comentó:
-Está resfriada, Edward. Insistí en que reposara pero no me hizo caso.
Me obligué a mirarlo, la línea de sus pensamientos eran un pozo poco profundo. Sus intenciones eran claras pero no pude enterarme cómo Bella respondía a estas.
La respiración de Bella se volvió más pesada.
-Estoy bien. ¿Qué se te ofrece, Edward?
Pude sentir sus palabras, que sin ser sentidas ni en un tono hiriente, abrieron un hueco en mi interior. La frialdad y falta de emoción en su voz fue más doloroso que un orgulloso reproche.
-¿Bella no le quiere? Entonces me iré para que se lo diga.
-Espero que te mejores, Isabella.-Escuché que le decía-Y gracias.
Bella le ofreció una sonrisa y luego él se fue.
Nos miramos por un doloroso instante. Entonces, tenía que despedirme, pero no sabía qué decir.
Oculté mis manos en los bolsillos de mi chaqueta y las cerré en puño. Una con más cuidado que la otra, pues una se cerró en la promesa que venía a hacerle a Bella. Una promesa representada por el anillo de compromiso de mi madre, de la mujer que me había traído al mundo.
Bella's POV
Me dejé caer en un sillón, abrumada por el cúmulo de emociones que empezó a embargarme. Lo único en lo que podía pensar y que se agolpaba dolorosamente en mi pecho era "Viene a despedirse, no hay más después de esto".
Edward siguió congelado en su sitio lo que vino a confirmar mis tristes sospechas.
-Ya dilo, Edward. Por favor, se rápido.
Esperó un momento y me observó, no se que vio en mi pero parecía debatirse con algo. Su mirada cayó en la mesita frente a nosotros, el gran abismo entre él y yo.
-Quisiera ser tan fuerte como tu-me dijo con un tono que no llegué a comprender-cambiar de página y empezar de nuevo, poder hacerlo…
¿Qué? ¿De qué estaba hablando? ¿Por qué siempre tenía que ser tan enigmático en sus frases? ¿Me estaba halagando para luego terminar conmigo y no sentir tanta culpa? ¡Vampiro cobarde!
Había planeado un largo discurso para decirle en caso de que volviera a aparecer, mas en ese momento lo único que pude decir, aceptando la idea de lo doloroso que sería luego, fue:
-No lo quieras, sabes que me miento a mi misma-y me hubiera gustado agregar: No sabes cuánto me cuesta comportarme de esta manera, ahora debería estar a tu lado y disfrutar de cada momento, conservar tu tacto y, en lo posible, hacerte reír cada vez que pudiera pues nunca tus ojos se ven más adorables que cuando sonríes.
Me tapé la vista con una mano, se me estaba haciendo difícil soportar la luz. Sentí su mano sobre la mía al instante, la alejó de mi rostro y me obligó a mirarle.
Un dolor de cabeza totalmente distinto al que había sentido por meses, taladraba mi cerebro. No quería esto ahora.
-Entonces, ¿aún no es demasiado tarde?-preguntó con una tímida sonrisa.
-De verdad que no puedo seguirte, Edward-protesté, escondiendo mi cara en su hombro, lo más cercano que tenía a mi alcance. Supongo que fue ahí que sintió mi frente caliente y se percató de que no estaba en condiciones de sentirme peor.
Me tomó en sus brazos y subió conmigo hacia mi habitación.
-¡Por Dios, Bella!-dijo al entrar a mi cuarto-¿Cómo es posible que esté tu ventana abierta? Con razón te enfermaste.
Volvió a bajarme una vez que se aseguró que había dejado bien cerrada la ventana. Una proeza que, aún conmigo en sus brazos, no le costó en lo más mínimo.
En el salón nuevamente, me recostó en uno de los sillones, me arropó con suma delicadeza y luego apagó todas las luces de la casa.
-¿Dormiste en tu habitación con la ventana abierta de par en par?-quiso saber.
-No estaba abierta de par en par. ¡Qué exagerado!
-Entonces si dormiste con la ventana abierta.-alzó una ceja-Bella…
-Fue tu culpa-lo interrumpí y quise morderme la lengua segundos después.
Se detuvo, comprendiendo.
-Lo siento, Bella. Debí haberte avisado. No pude venir antes.
Me encogí de hombros y rehusé mirarlo, tapándome completamente con la frazada.
-Ese muchacho-escuché que decía-David, ¿lo conoces hace mucho?
-No-respondí.
Silencio.
-¿Podrías decirme dónde lo conociste?
-Si.
Silencio nuevamente.
Luego de un momento me saqué la frazada de la cara pues ya no podía respirar. Edward me recibió con una divertida sonrisa a la cual no tuve más opción que responder.
-David es el primo de Jessica Stanley-le conté-Lo conocí porque fuimos a quedarnos a su casa un fin de semana.
-¿Lo conoces bien?
-Lo suficiente.
Edward negó con la cabeza y el enfado volvió a tensar su rostro.
Edward's POV
-¿Por qué reaccionas así?-quiso saber.
-Se que no debería molestarme pero me enfurece que te llame Isabella. Es tan lejano a lo que tu eres. ¿No te molesta?
-No
-¿Por qué?
Esperó un momento y junto las manos.
-Me incomodaría que me dijera Bella. Dejaría de sonar especial. Verás-agregó luego de un momento-en todos estos meses de incertidumbre los únicos momentos en que me sentía segura y a salvo era cuando escuchaba tu voz diciendo mi nombre.-Levantó la mirada, llena de emoción.-Supongo que ese lazo, que sentía hacia ti aún cuando no sabía que eras tu, se rompería.
Minutos después y con la voz embargada de una sobrecogedora emoción dijo:
-No me dejes.
-No, Bella-negué con la cabeza-Nunca.
Me acerqué a su lado y me recibieron sus calidos brazos. Acunó mi cabeza en su pecho y nos quedamos así, en silencio. Sintiéndonos nuevamente, sin dolor ni angustias.
Lo único que rompía aquel mágico silencio eran nuestras respiraciones sincronizadas, los latidos de su corazón respondiendo a mis caricias y sus callados sollozos.
Meses después
Bella's POV
-¡Bella!-dijo mi padre desde el primer piso.
-¡Ya voy!-Tomé mis zapatillas y mi mochila y bajé apresuradamente al primer piso. Edward me recibió con una sonrisa algo presuntuosa y mi padre me reprendió por hacerlo esperar.
Fulminé a Edward con la mirada para esconder una sonrisa divertida. ¡Vampiro tramposo! Si yo pudiera ser tan rápida como él…
-¿Por qué te demorabas tanto?-preguntó mi padre-Llegarán tarde a clases. El pobre Edward llega siempre tan temprano por ti.
¿Pobre Edward?
Me mordí el labio y me guardé todo lo que hubiera querido decir.
-Son recién las siete y media y él no duerme-protesté y bostecé.
Edward besó mi frente y Charlie, como cada mañana, se fue luego de dejarnos frente al desayuno.
Edward me miraba atento mientras me comía mi desayuno. Sabía que quería preguntarle algo. Pero no sabía cómo empezar.
-Anoche tuve un sueño muy extraño.
Edward asintió con la cabeza.
-¿Qué tan extraño?
Hice una mueca, recordándolo.
-Extrañísimo y aterrador.
-No sabes lo aliviado que me siento de que consideres soñar con Jacob como algo extrañísimo y aterrador-me citó.
-¿Soñar con Jacob? No soñé con él. Soñé con el lobo que estaba en el bosque aquél día en que Victoria…-mi voz se hizo un susurro hasta que me callé por completo. Aún me estremecía al pensar en eso.
Edward juntó las cejas.
-Era inmenso, como un caballo. Su pelaje era cobrizo y era espeluznante-intenté describírselo.
Edward me miró extrañado.
-Bella, ¿no recuerdas cuando te llevé lejos de ese lugar? Cuando te dejé en aquél claro para que no vieras nada…Me dijiste "ayúdalo, está sólo. No permitas que le pase nada malo."
Asentí, recordaba muy bien lo que le había dicho.
-Me pediste que protegiera a Jacob.
-Si. El nos siguió a Victoria y a mí a través del bosque. Si él no la hubiera distraído…-volví a hacer una mueca.
-El lobo que acabas de describirme, con el que soñaste, es Jacob. ¿Por qué te asusta?
-¿Qué?-me llevé una mano a la boca, petrificada.
-¿Bella?
No respondí. Estaba tratando de hilar toda la historia de mi amigo Jacob. No podía ser posible. Jacob y lobo no parecían calzar. Nada parecía calzar en este mundo.
Y yo, una simple humana. ¡Tan injusto!
-Debemos irnos-me avisó Edward.
Asentí con la cabeza mientras me levantaba.
-Las zapatillas-me recordó Edward.
Me las puse mientras recordaba todas las conversaciones que había tenido con Jacob y que no había podido descifrar. Ahora todo estaba claro.
-Jacob Black un lobo, ¡qué extraño!
-Y tu novio es un vampiro-negó con la cabeza-Te tocó vivir en un mundo extraño.
Antes de bajarnos, ya en el instituto, Edward me detuvo y me dijo:
-Se que quieres ver a Jacob y hablar con él.
Sonreí, me conocía muy bien.
-¿Podría ir contigo?
-Preferiría ir sola.
-Si, lo se. Lo que pasa es que acabo de romper el tratado y preferiría que se enterara por mí.
